Más Allá del Tiempo - Diálogo 11°

 11 El fin del conocimiento “psicológico”

 KRISHNAMURTI: ¿Qué hace que la mente siga siempre un determinado patrón? ¿Que esté siempre buscando? Si abandona un patrón, adquiere otro; todo el tiempo se mantiene funcionando de ese modo. Uno puede dar explicaciones de por qué procede así: por protección, por seguridad, por indiferencia, por cierta dosis de insensibilidad, porque uno descuida el propio florecimiento, etcétera. Pero es en verdad muy importante explorar profundamente por qué nuestras mentes están siempre operando en una dirección particular. Dijimos que, después de pasar por todo el afán, la investigación y el discernimiento, uno llega a un muro en blanco. Y ese muro en blanco sólo puede desaparecer o derrumbarse, cuando hay amor e inteligencia. Antes de que investiguemos eso, quisiera preguntar por qué los seres humanos, por inteligentes o ilustrados que sean, por mucho que se interesen en la filosofía o en la religión, siempre caen en este hábito arraigado de buscar patrones. 

DAVID BOHM: Pienso que el hábito, la rutina, es inherente a la naturaleza del conocimiento acumulado. 

K: ¿Está usted diciendo que el conocimiento debe invariablemente crear una rutina? 

DB: Tal vez no sea inevitable pero, si nos estamos refiriendo al conocimiento psicológico, parece desarrollarse de ese modo en la humanidad, o al menos... 

K: Obviamente, de eso estamos hablando. ¿Pero por qué la mente no se da cuenta de ello, por qué no ve el peligro de esta repetición mecánica y el hecho de que en ella no hay nada nuevo? ¿Por qué no ve cómo seguimos siempre en lo mismo? 

DB: A mi entender, la rutina, o el conocimiento acumulado, parece tener una significación que va mucho más allá de su significación real. Si decimos que tenemos conocimiento con respecto a algún objeto -como el micrófono- eso tiene cierta importancia limitada. Pero el conocimiento acerca de la nación a que uno pertenece, parece tener una importancia inmensa. 

K: Sí. ¿Es, entonces, esta atribución de importancia la causa de que la mente se limite de esa manera? 

DB: Debido a que este conocimiento parece tener un valor tremendo, superior a todos los otros valores, ello hace que la mente se apague a él. Parece la cosa más importante en el mundo. 

K: En la India, existe esta filosofía de que el conocimiento debe terminar. Usted conoce eso, desde luego, el Vedanta. Pero, al parecer, muy, muy pocas personas terminan realmente con el conocimiento y hablan desde la libertad. 

DB: Por lo general, el conocimiento parece ser extremadamente importante, aun cuando una persona pueda decir verbalmente que el conocimiento debe terminar... 

K: ¿Quiere usted decir que uno es tan estúpido que no ve que este conocimiento psicológico tiene una importancia muy pequeña, y que por eso la mente se aferra a él? DB: Yo no lo expondría del todo así, que la persona es estúpida, sino más bien que su conocimiento embota el cerebro. 

K: Lo embota, muy bien. Pero el cerebro no parece ser capaz de desembarazarse de ese embotamiento. 

DB: Está ya tan embotado, que no puede ver lo que está haciendo. 

K: ¿Qué hará, entonces? He estado observando por muchos años a personas que intentan liberarse de ciertas cosas. Ésta es la raíz de ello, ¿comprende? Esta acumulación psicológica se convierte en conocimiento psicológico. Y así divide. Y alrededor y dentro de ello ocurren toda clase de cosas. Y, sin embargo, la mente se niega a desprenderse de su conocimiento psicológico. 

DB: Sí. 

K: ¿Por qué? ¿Es porque en ello hay certidumbre, seguridad?

DB: En parte es eso, pero pienso que, de algún modo, ese conocimiento asume la significación de lo absoluto, en vez de ser relativo. 

K: Comprendo todo eso, pero usted no contesta mi pregunta. Soy un hombre común, me doy cuenta de todo esto, y de la importancia limitada que el conocimiento tiene en distintos niveles, pero muy profundamente dentro de mí, este conocimiento acumulado es muy destructivo. 

DB: El conocimiento engaña a la mente, de tal modo que la persona no advierte normalmente que es destructivo. Una vez que este proceso ha comenzado, la mente no se encuentra en un estado que le permita juzgarlo, porque está eludiendo el problema. Hay un tremendo mecanismo defensivo o de escape que impide considerar toda la cuestión. 

K: ¿Por qué? 

DB: Porque parece que algo sumamente precioso podría estar comprometido. 

K: Uno es extrañamente inteligente, capaz o diestro en otras direcciones, pero aquí, donde la raíz de todo es esta dificultad, ¿por qué no comprendemos lo que está sucediendo? ¿Qué le impide a la mente hacer esto? 

DB: Una vez que se le ha dado importancia al conocimiento, hay un proceso mecánico que resiste a la inteligencia. 

K: ¿Qué haré, entonces? Me doy cuenta de que debo desprenderme del conocimiento psicológico acumulado -que es divisivo, destructivo e insignificante- pero no puedo hacerlo. ¿Es porque me falta energía? 

DB: No originalmente, si bien la energía es disipada por el proceso. 

K: ¿Habiendo disipado una gran cantidad de energía, no tengo la energía para abordar esto? 

DB: La energía volvería inmediatamente si pudiéramos comprender esto. No creo que sea ése el punto principal. 

K: No. ¿Qué haré, entonces, al darme cuenta de que este conocimiento está formando inevitablemente una rutina en la cual vivo? ¿Cómo he de terminar con el conocimiento? 

DB: Yo no estoy seguro de que, por lo general, esté claro para la gente que este conocimiento hace todo eso; o que el conocimiento es conocimiento. Puede suponerse que es algún “ser”, el “ego”, el “yo”. Este conocimiento crea el “yo”, y el “yo” es la experiencia como una entidad, la cual parece no ser conocimiento sino algún ser real. 

K: ¿Está usted diciendo que este “ser” es diferente del conocimiento? 

DB: Parece serlo, finge una diferencia. 

K: ¿Pero es diferente? 

DB: No lo es, pero la ilusión tiene un gran poder. 

K: Ése ha sido nuestro condicionamiento. 

DB: Sí. Entonces la pregunta es: ¿Cómo pasamos a través de esa ilusión para deshacer la rutina, ya que ella crea la imitación o la presunción de un estado del ser? 

K: Ese es el punto clave. El movimiento central del hombre es éste, y parece que en él no hay ninguna esperanza. Y al darme cuenta de que no hay ninguna esperanza, me quedo sentado y digo que no puedo hacer nada. Pero si aplico mi mente a ello, surge la pregunta: ¿Es posible funcionar en este mundo sin el conocimiento psicológico? Estoy bastante interesado en esto; parece el problema básico que el hombre debe resolver en todo el mundo. 

DB: Correcto. Usted puede discutirlo con alguien, y esa persona piensa que ello parece razonable. Pero tal vez su “status” se sienta amenazado, y tenemos que decirle que eso es el conocimiento psicológico. A esa persona no le parece que eso sea conocimiento, sino algo más. Y no ve que el conocimiento que tiene de su “status”, está detrás de la perturbación que experimenta. A primera vista, el conocimiento parece ser algo pasivo, algo que uno podría usar si lo necesitara y, si así lo quisiera, podría simplemente dejarlo de lado, que es como debería ser. 

K: Comprendo todo eso. 

DB: Pero entonces llega el instante en que el conocimiento ya no parece ser conocimiento. 

K: Los políticos y las personas que están en el poder, no escucharían esto. Tampoco lo harían las que se llaman personas religiosas. Las que escucharán son sólo las personas descontentas, las que sienten que lo han perdido todo. Pero aun ellas no siempre escuchan de modo tal que esto sea realmente algo que arde y quema. ¿Cómo emprende uno esto? Digamos, por ejemplo, que he dejado el catolicismo, el protestantismo y todo eso. También tengo una profesión y sé que ahí es necesario poseer conocimientos. Entonces veo lo importante que es no estar atrapado en el proceso del conocimiento psicológico y, sin embargo, no puedo desprenderme de él. Está siempre esquivándome; jugamos tretas. Es como el juego de escondite. ¡Muy bien! Dijimos que ése es el muro que tengo que derrumbar. No, no “yo”; ése es el muro que tiene que ser derrumbado. Y hemos dicho que este muro puede ser derrumbado por el amor y la inteligencia. ¿No estamos pidiendo algo enormemente difícil?

DB: Es difícil. 

K: Estoy de este lado del muro, y usted me pide que tenga ese amor y esa inteligencia que destruirán el muro. Pero yo no sé qué es ese amor, qué es esa inteligencia, porque estoy atrapado en esto, en este otro lado del muro. Lógicamente, sensatamente, comprendo que lo que usted está diciendo es exacto, lógico, y veo la importancia de ello, pero el muro es tan fuerte, tan dominante y poderoso, que no puedo ir más allá de él. Dijimos el otro día que el muro podría ser derrumbado mediante el discernimiento, si el discernimiento no se transforma en una idea. 

DB: Sí. 

K: Cuando se discute el discernimiento, existe el peligro de que uno haga de él una abstracción; eso significa que nos alejamos del hecho y que la abstracción se vuelve sumamente importante. Lo cual implica, nuevamente, conocimiento. 

DB: Sí, la actividad del conocimiento. 

K: ¡Y así estamos otra vez en lo mismo! 

DB: Pienso que la dificultad general es que el conocimiento no está meramente situado ahí como una especie de información, sino que se halla extremadamente activo, afrontando y moldeando cada instante conforme al conocimiento del pasado. Así, incluso cuando se suscita esta cuestión, el conocimiento está todo el tiempo aguardando, y después actúa. Toda nuestra tradición dice que el conocimiento no es activo sino pasivo. Pero es realmente activo, aunque la gente, por lo general, no lo considere de ese modo. Piensa que el conocimiento está meramente situado ahí... 

K: ...aguardando. 

DB: Aguardando para actuar. Y cualquier cosa que intentemos hacer al respecto, el conocimiento ya está actuando. En el momento mismo en que nos damos cuenta de que éste es el problema, el conocimiento ya ha actuado. 

K: Sí. ¿Pero me doy cuenta de ello como un problema? ¿O como una idea que debo llevar a cabo? ¿Ve la diferencia? 

DB: El conocimiento lo convierte todo automáticamente en una idea que debemos llevar a cabo. Ése es totalmente el modo en que está estructurado. 

K: Ése es totalmente el modo en que hemos vivido. 

DB: El conocimiento no puede hacer ninguna otra cosa. 

K: ¿Cómo hemos de romper con eso siquiera por un segundo?

DB: A mi me parece que si uno pudiera ver, observar, darse cuenta... si el conocimiento pudiera verse a sí mismo mientras opera... El punto es que el conocimiento parece operar sin saberlo, simplemente aguardando y después actuando, en cuyo lapso ha desorganizado el orden del cerebro. 

K: Esto me interesa muchísimo, porque dondequiera que vaya, es esto lo que está sucediendo. Es algo que tiene que ser resuelto. ¿Diría usted que la capacidad de escuchar es mucho más importante que cualquiera de estas cosas, que cualquier explicación o razonamiento lógico? 

DB: Eso viene a parar en el mismo problema. 

K: No, no. No lo hace. Quiero ver si hay una posibilidad de que el muro se derrumbe, cuando escucho completamente lo que usted está diciendo. ¿Entiende? ¿La hay? Estoy tratando de descubrirlo, señor. Soy un hombre común y usted me está diciendo todo esto, y yo comprendo que lo que usted dice es así. Estoy de veras profundamente involucrado en eso que usted expresa, pero de algún modo la llama no está encendida; todo el combustible está ahí, pero no hay fuego. ¿Qué puedo hacer, entonces? ¡Éste es mi eterno clamor! 

DB: El cerebro posee la capacidad de escuchar; tenemos que preguntarnos si el hombre común está tan lleno de opiniones que no puede escuchar. 

K: Usted no puede escuchar con opiniones; podría, con igual razón, estar muerto. 

DB: Pienso que el conocimiento tiene toda clase de defensas. ¿Es posible, digamos, que el hombre común tenga esta percepción? Eso es, en realidad, lo que usted está preguntando, ¿no? 

K: Sí. Pero tiene que haber una comunicación entre usted y ese hombre, algo tan fuerte que el propio acto de escucharlo él a usted, y de comunicarse usted con él, opere. 

DB: Sí, entonces uno tiene que abrirse paso a través de sus opiniones, a través de toda la estructura. 

K: Por supuesto. Por eso es que este hombre ha venido aquí, para eso. Él ha terminado con todas las iglesias y las doctrinas. Comprende que lo que aquí se ha dicho es verdadero. Cuando usted se comunica con él, su comunicación es intensa y real, porque usted no está hablando desde el conocimiento o las opiniones. Un ser humano libre está tratando de comunicarse con este hombre común. Entonces, ¿puede él escuchar con esa intensidad que usted, el comunicante, le está dando? Él quiere escuchar a alguien que está diciendo la verdad, y mientras usted la dice, algo está ocurriendo en él. Esto ocurre a causa de que él está escuchando tan ardientemente. Es un poco lo que le pasa a usted, como científico, cuando le está diciendo algo a uno de sus estudiantes. Le está hablando de algo que debe ser enormemente importante, porque usted ha dedicado a ello toda la vida. Y el estudiante ha abandonado muchas cosas sólo para venir aquí. ¿Es culpa del comunicante que el oyente no lo reciba de inmediato? ¿O el oyente es incapaz de escuchar lo que usted le comunica? 

DB: Bueno, si él es incapaz de escuchar, entonces nada puede hacerse. Pero digamos que viene alguien que ha atravesado algunas de estas defensas, aunque hay otras de las que no es consciente; eso no es tan simple como lo que usted ha descrito. 

K: Yo siento que, de algún modo, es terriblemente simple. Si uno pudiera escuchar con todo su ser, el cerebro no estaría atrapado en la rutina. Generalmente, en la comunicación, usted me está diciendo algo y yo lo estoy asimilando, pero hay un intervalo entre lo que usted dice y lo que yo asimilo. 

DB: Sí. 

K: Y ese intervalo es el peligro. Si no asimilo eso de manera absoluta, si no escucho con todo mí ser, se acabó. ¿Es difícil escuchar porque en esto no hay vestigio alguno de placer? Usted no está ofreciendo ningún placer, ninguna gratificación. Dice: Esto es así; tómelo. Pero mi mente está tan comprometida con el placer, que yo no escucharé nada que no sea completamente satisfactorio o placentero. También me doy cuenta del peligro que hay en eso, en buscar satisfacción y placer; de modo que también eso lo dejo de lado. No hay placer, ni recompensa, ni castigo. En el escuchar, hay únicamente observación pura. Llegamos, entonces, al punto: la observación pura, que es realmente el escuchar, ¿es amor? Pienso que lo es. Si usted afirma esto, entonces mi mente dice otra vez: “Déme eso. Dígame qué debo hacer”. Pero cuando yo le pido que me diga lo que debo hacer, estoy de vuelta en el campo del conocimiento. ¡Es algo tan instantáneo! De modo que rehuso preguntarle qué debo hacer. Entonces, ¿dónde estoy? Usted se ha referido a la percepción, que no tiene dirección ni motivo alguno. La percepción pura es amor. Y en esa percepción, el amor es inteligencia. No son tres cosas separadas, son una sola cosa total. Usted señaló todo esto muy cuidadosamente, paso a paso, y yo he llegado a ese punto en que tengo un sentimiento de ello. Pero éste se va muy rápidamente. Entonces comienzo a preguntar: “¿Cómo puedo recuperarlo?” Y de nuevo, el recuerdo de ello, que es conocimiento, bloquea la percepción. 

DB: Lo que usted señala es que, cada vez que hay una comunicación, el conocimiento comienza a operar en muchas formas diferentes. 

K: Usted ve, entonces, que es enormemente difícil estar libre del conocimiento. 

DB: Uno podría preguntarse por qué el conocimiento no espera hasta que se le necesita. 

K: Eso implica estar psicológicamente libre del conocimiento, y cuando surge la necesidad, uno actúa desde la libertad y no desde el conocimiento. 

DB: Pero el conocimiento interviene para informar mi acción, aunque él no la haya originado. 

K: Eso es estar libre del conocimiento. Y, al estar libre, es desde la libertad y no desde el conocimiento que uno se comunica. O sea, que hay comunicación desde el vacío. Cuando usamos palabras, éstas en si son el resultado del conocimiento, pero surgen desde ese estado de completa libertad. Ahora bien, supongamos que yo, como un ser humano común, he llegado a ese punto en que existe esta libertad, y desde ella tiene lugar la comunicación. Usted, como científico eminente, ¿se comunicará conmigo sin ninguna barrera? ¿Entiende mi pregunta? 

DB: Sí. Esta libertad con respecto al conocimiento, existe cuando el conocimiento es visto como información. Pero, por lo común, parece ser más que información, y el conocimiento mismo no ve que el conocimiento no es libre. 

K: Jamás es libre. Y si he de comprenderme a mí mismo, debo estar libre para mirar. ¿Cómo se comunicará usted conmigo, he llegado a cierto punto en que estoy ardiendo por recibir lo que usted expresa, recibirlo de manera tan completa que el conocimiento psicológico se termine? ¿O me estoy engañando a mí mismo, con que me encuentro en ese estado? 

DB: Ésa es la cuestión: el conocimiento está constantemente engañándose a sí mismo. 

K: ¿De modo que mi mente está engañándose siempre? ¿Qué haré entonces? Volvamos a eso. 

DB: Nuevamente pienso que la respuesta es escuchar. 

K: ¿Por qué no escuchamos? ¿Por qué esto no lo comprendemos inmediatamente? Uno puede dar todas las razones superficiales del porqué; vejez, condicionamiento, pereza, etcétera. 

DB: ¿Pero es posible dar la razón profunda de ello? 

K: Pienso que se debe a que el conocimiento, que es el “yo”, es tan tremendamente fuerte como una idea. 

DB: Sí, por eso he tratado de decir que la idea tiene una tremenda importancia y significación. Suponga, por ejemplo, que usted tiene la idea de Dios; ésta adquiere un poder tremendo. 

K: O, si se tengo la idea de que soy inglés, o francés, esta idea me da una gran energía. 

DB: Y así la idea crea un estado del cuerpo que parece ser la existencia misma del yo. Entonces la persona no experimenta eso como mero conocimiento... 

K: Sí, ¿pero seguimos y seguimos girando en círculos? Parece que así fuera. 

DB: Bueno, me estaba preguntando si hay alguna cosa que pudiera comunicarse con respecto al poder abrumador que parece venir con el conocimiento. .. 

K: ...y con la identificación. 

DB: Eso parece ser algo que valdría la pena investigar. 

K: ¿Cuál es, entonces, la raíz etimológica de “identificación”?

 DB: “Siempre lo mismo”. 

K: Siempre lo mismo, correcto. ¡Muy cierto! No hay nada nuevo bajo el sol. 

DB: Usted dice que el yo es siempre el mismo. Él trata de ser siempre el mismo en esencia, si no en detalle. 

K: Sí, sí. 

DB: Pienso que esto es lo que anda mal con el conocimiento, que intenta involucrarse en lo que siempre es lo mismo, y así se adhiere a ello. El propio conocimiento trata de encontrar lo que es permanente y perfecto. Quiero decir, incluso independientemente de cualquiera de nosotros. Es como incorporar eso dentro de las células. 

K: De esto surge la pregunta: ¿Es posible prestar atención diligentemente? Uso “diligencia” en el sentido de ser exacto. 

DB: En realidad, significa esmerarse. 

K: Por supuesto. Esmerarse en captar la cosa total. Tiene que haber algún otro modo por completo diferente a todo este asunto intelectual. Esto lo hemos ejercitado muchísimo, y esa capacidad intelectual nos ha conducido hasta el muro en blanco. Yo abordo la cosa desde todas direcciones, pero a la larga está ahí el muro, que es el “yo”, con mi conocimiento, mis prejuicios y todo lo demás. Y entonces, el “yo” dice: “Debo hacer algo al respecto”. Lo cual sigue siendo el “yo”. 

DB: El “yo” siempre quiere ser constante, pero al propio tiempo quiere cambiar. 

K: Ponerse una chaqueta diferente. Es siempre el mismo. En consecuencia, la mente que está funcionando con el “yo”, es siempre la misma mente. ¡Dios mío, ya lo ve, estamos de vuelta en lo mismo! Lo hemos intentado todo -ayuno, toda clase de disciplinas- para deshacernos del “yo” con todos sus conocimientos e ilusiones. Uno trata de identificarlo con otra cosa, que es la misma cosa. Entonces uno vuelve a la pregunta fundamental: ¿Qué hará desaparecer totalmente el muro en blanco? Pienso que esto sólo es posible cuando el hombre que está bloqueado puede prestar atención completa a lo que el hombre libre está diciendo. No hay otro modo de derrumbar el muro: ni el intelecto, ni las emociones, ni ninguna otra cosa. Cuando alguien que ha ido más allá del muro, que lo ha derrumbado, dice: “Escuchen, por el amor de Dios, escuchen”, y yo le escucho con mi mente vacía, entonces se acabó el problema. ¿Entiende lo que estoy diciendo? No tengo la sensación de que espero que algo ocurra o que algo vuelva, ni tampoco me preocupa el futuro. La mente está vacía y, por lo tanto, escucha. Punto final. Para que un científico pueda descubrir algo nuevo, debe tener cierto vacío desde el cual habrá una percepción diferente. 

DB: Sí, pero sólo en el sentido de que, por lo general, el problema es limitado, y así la mente puede estar vacía con respecto a ese problema particular, permitiendo el descubrimiento merced a una percepción lúcida e instantánea en esa área. Pero nosotros no estamos cuestionando esta área particular, sino la totalidad del conocimiento. 

K: Es realmente extraordinario cuando uno lo investiga. 

DB: Y usted dijo antes que la terminación del conocimiento es el Vedanta. 

K: Ésa es la verdadera respuesta. 

DB: Pero, por regla general, muchas personas sienten que deben conservar el conocimiento en un área, para poder cuestionarlo en otra. Podría preocuparles la pregunta: “¿Con qué conocimiento cuestiono la totalidad del conocimiento?”

 K: Sí. ¿Con qué conocimiento cuestiono mi conocimiento? De acuerdo. 

DB: En cierto sentido, poseemos de hecho un conocimiento, porque hemos visto que toda esta estructura del conocimiento psicológico no tiene sentido, que es inconsistente, sin significación alguna. 

K: Desde ese vacío del que estuvimos hablando, ¿hay una base o una fuente en la cual tienen su comienzo todas las cosas? La materia, los seres humanos, sus capacidades, sus necedades, ¿todo el movimiento parte de ahí? 

DB: Podríamos considerar eso. Pero tratemos de clarificarlo un poco. Tenemos el vacío. 

K: Sí, el vacío en que no hay movimiento alguno del pensar como conocimiento psicológico. Y por lo tanto, no existe el tiempo psicológico. 

DB: Aunque sigue existiendo el tiempo del reloj... 

K: Sí, pero hemos ido más allá de eso; no retrocedamos. No existe el tiempo psicológico, no hay movimiento alguno del pensar. Ese vacío, ¿es el origen de todo movimiento? 

DB: Bueno... ¿Usted diría que el vacío es “la base”? 

K: Es lo que pregunto. Examinemos esto muy despacio. 

DB: Previamente, estuvimos diciendo que existe el vacío y que más allá de ese vacío está “la base”. 

K: Lo sé, lo sé. Discutamos esto más adelante.

 18 de septiembre de 1980, Brockwood Park,HAMPSHIRE