SAANEN - Segunda sesión de preguntas y respuestas. Miercoles, 24 de julio

Segunda sesión de preguntas y respuestas

Miércoles, 24 de julio 

Olvidemos por el momento las preguntas. Ya volveremos a ellas. ¿Qué nos está ocurriendo a todos nosotros que vivimos en este mundo tan terrible? Si ustedes han viajado algo, habrán visto los peligros -explosiones en los aeropuertos, terroristas, etcétera. Cuando miran todo eso, ¿cómo se enfrentan al mundo? Podemos ser viejos, pero la próxima generación, los hijos, los nietos, etc., ¿qué les va a suceder a ellos? ¿Consideran eso alguna vez? ¿Qué futuro tiene la próxima generación de la que ustedes forman parte? ¿Cómo educamos a nuestros hijos, cuál es el propósito de la educación? Presumiblemente, todos hemos recibido educación. Si somos afortunados, hemos ido a la escuela, al colegio a la universidad, o nos hemos educado nosotros mismos observando todos estos acontecimientos que ocurren en el mundo y aprendiendo de ellos. Pero ese aprender es muy limitado, muy estrecho y pequeño. Y si uno tiene hijos y nietos, ¿cómo los trata? ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Acaso no nos interesan en absoluto? Creo que hay cerca de 500.000 niños que en los EE.UU. escapan de sus hogares y van a parar a Nueva York, con la prostitución y todo eso -¿comprenden lo que eso significa? En un país como éste, que forma parte del resto del mundo, no hay pobreza, no hay barrios pobres literalmente no hay nadie que padezca hambre. En los EE.UU., en Inglaterra, en Francia, sí que hay barrios pobres, y están todas esas personas que mueren de hambre en la India y en Asia; eso es completamente espantoso, degradante. Y cuando nos miramos a nosotros mismos y a la generación futura, uno se pregunta: ¿Qué va a suceder? ¿Va a repetirse el mismo patrón? ¿La misma insensibilidad? ¿La irresponsabilidad de ser adiestrados para matar a miles y miles de seres humanos y ser muerto? ¿Cuál es nuestra responsabilidad? ¿O es que ustedes no quieren pensar en ello para nada? ¿Es que solamente se interesan en el propio placer, en sus propios problemas, en su propia actividad egoísta, egocéntrica? Éste es realmente un problema muy serio, atemorizador, angustioso. Cuando miramos todo esto, ¿qué hacemos? ¿Tenemos escuelas apropiadas? ¿Qué lugar ocupa el conocimiento en todo esto, ya sea el conocimiento teórico o el conocimiento físico? ¿Qué relación tenemos nosotros con todo eso? Están las torturas. Todos los países han consentido que unos seres humanos torturen a otros. Mi madre, mi hijo pueden ser torturados para sacarles alguna información, por alguna razón nacionalista, comunista o democrática. ¿Derramamos lágrimas? ¿O, siendo incapaces de hacer algo al respecto, nos volvemos cínicos, amargados y nos despreocupamos de todo? Tenemos, pues, que considerar todas estas cosas, no meramente nuestro propio progreso, nuestra propia felicidad, nuestras propias actividades egocéntricas. ¿Podemos proseguir con las preguntas? Tal vez eso sea más agradable, tal vez no nos rete tanto, no nos exija tanto de nuestras energías y de las capacidades del cerebro. Si ustedes han observado todo el progreso habido en los campos de la medicina y la cirugía, de la tecnología, de las computadoras -avances tremendos, incalculables- habrán visto que el cerebro posee una capacidad y una energía extraordinarias. Y eso va a continuar y continuar. En otras direcciones el cerebro es muy limitado, y esa limitación es utilizada por el mundo tecnológico -se nos explota despiadadamente. Los comunistas siguen teniendo sus campos de concentración, y no sólo existen los campos de concentración propios de las tiranías, sino que también están los campos de concentración de los gurús. ¿No les molesta que diga eso? Y están los campos de concentración de todos los monjes en el mundo. Este es realmente un problema tremendo. Cuando uno comprende algo, ¿debe actuar de acuerdo con esta comprensión, o la comprensión actúa por sí misma? ¿Correcto? ¿Está clara la pregunta? Ahora bien, ¿qué entendemos por comprensión? Usamos esa palabra con mucha facilidad. Debemos, pues, investigar, explorar el significado de la palabra. Estamos discutiendo, explorando juntos; quien les habla no está contestando la pregunta. Juntos la estamos considerando; juntos investigamos, ahondamos primeramente en el significado de las palabras según el diccionario, significado que constituye el uso corriente del idioma. ¿Qué entendemos por comprensión, por comprender algo? Comprendernos a nosotros mismos, comprender cómo trabaja la computadora, que es tan maravillosa, comprender todo el proceso quirúrgico. ¿Qué significado le asignamos a esa palabra ‘comprensión’? ¿Una comprensión puramente intelectual, que implica una comunicación rápida entre dos personas, o entre media docena o un centenar de personas, una comprensión del significado de la palabra rápidamente traducido en el cerebro, y con el intelecto que dice: «Sí, comprendo»? Esto es, tengo un problema, lo he analizado, he llegado a una conclusión y lo comprendo. O comprendo cómo hay que desarmar un automóvil, etcétera. ¿Es, entonces, la comprensión un asunto puramente intelectual, un asunto teórico sobre el cual puedo hablar interminablemente, añadiéndole más ideas y pensando que con ello estoy expandiéndome, creciendo interiormente? En esa comprensión, ¿hay alguna cualidad emocional? ¿Hay algo que dice: «Eso no está muy, muy completo, tienes que añadirle más»? Está el intelecto, está la emoción, está la acción -¿correcto? Las emociones existen naturalmente -así lo espera uno- pero cuando esas emociones se han vuelto románticas, sentimentales y muy, muy superficiales, tienen que ser reconocidas por el cerebro; en consecuencia, forman parte del cerebro -parte de la sensación de experimentar, de la sensación de imaginar, de contemplar una montaña, su belleza, su silencio, su dignidad, su majestad, y trasladar eso al lienzo o escribir un poema al respecto. Todo eso sigue formando parte de la actividad del cerebro. ¿Es, entonces, el intelecto que dice, «Yo comprendo», es la capacidad de discernir, de distinguir, de determinar y emprender una acción y, por consiguiente, de dominar toda otra cosa? Ahora nos preguntamos: ¿Es la comprensión un movimiento total, no solamente un acto del cerebro, un acto del intelecto? ¿Comprenden mi pregunta? ¿Tendremos que examinar ahora qué es la acción? ¿Qué es lo que uno ha de hacer? ¿Qué determina la acción? ¿Qué origina la acción? ¿Qué entendemos por acción? Actuar. Hacer. ¿Se basa esa acción en un ideal, en una teoría, en una conclusión dialéctica o imaginativa? Esto es, yo actúo a base de una idea, ¿verdad? ¿Qué es, entonces, una idea? ¿Por qué tenemos tantas ideas? Estamos investigando la palabra idea, no si está bien o mal tener ideas. Los científicos, los físicos y los filósofos teóricos necesitan tener ideas, de lo contrario se sienten perdidos. Necesitan ideas nuevas todo el tiempo. Tenemos que examinar entonces lo que entendemos por idea. Existe un hecho. Hay un reloj ahí, dice que son las once menos diez; y ése es un hecho. Y están los ‘no hechos’. Los ‘no hechos’ se hallan totalmente alejados del hecho. Hay una distancia. Existe, entonces, el hecho y la idea acerca del hecho. Y nosotros perseguimos la idea, no la investigación del hecho. Una idea se vuelve mucho más importante que el hecho. Los socialistas, los comunistas y otros, de la derecha, de la izquierda, del centro, todos tienen ideas, teorías, conclusiones, y tratan de encajar al hombre dentro de esas ideas. Y para que los hombres encajen, los torturan, les dicen: «Tú no puedes hacer esto, tú no puedes hacer aquello». De modo que para ellos las ideas se vuelven mucho más importantes que lo humano -y lo humano es el hecho. ¿Estamos, entonces, nosotros, cada uno de nosotros, alejándonos siempre del hecho, persiguiendo una idea y actuando conforme a esa idea, la cual probablemente nada tiene que ver con el hecho? ¿Qué entendemos, entonces, por actuar? Si uno actúa conforme a sus recuerdos, a sus experiencias del pasado, o conforme a alguna conclusión ideológica acerca del futuro, esa acción basada en el pasado o en el futuro, no es un hecho. ¿Estamos poniendo esto en claro? Si actuamos conforme a ciertos recuerdos, conclusiones, experiencias o conocimientos, entonces estamos actuando desde el pasado. La palabra actuar significa hacer algo, no de acuerdo con el pasado o de acuerdo con el futuro. Así que la pregunta es -investiguen esto, es muy serio- ¿existe una acción que no se base en el tiempo? No se sientan desconcertados. ¿Puede uno captar la significación, el contenido, el sentido profundo del pasado, cómo el pasado, modificándose, se proyecta en el futuro, y cómo si uno actúa conforme a ese pasado o conforme a algún concepto del futuro, eso no es acción? Es meramente memoria, es haber llegado a ciertas conclusiones y obrar de acuerdo con ellas. Por lo tanto, ese obrar está siempre preso en el campo del tiempo, en el ciclo del tiempo -¿de acuerdo? Ahora preguntamos: ¿Existe una acción que no se base en el tiempo? Considérenlo cuidadosamente, señores. Considérenlo, no esperen que lo explique quien les habla; considérenlo. Es una pregunta muy sencilla, pero tras ella hay un significado tremendo. Esto es, yo he actuado siempre de acuerdo con mi tradición. La tradición puede tener un año o cinco mil años de antigüedad. Ustedes saben qué quiere decir tradición -del latín tradere, entregar. Así, mis padres, mis abuelos, un millar de ascendientes, han entregado ciertas tradiciones, las consecuencias de su pensar, de su sentir, que han ido filtrándose gradualmente a través de múltiples generaciones; y yo soy eso, soy parte de eso. Ese es mi trasfondo y de acuerdo con él actúo. O rechazo todo eso diciendo: «¡Qué estúpido!» y miro hacia el futuro: «Debo hacer esto, no debo hacerlo», de acuerdo con algún líder al que sigo. Y a ambas cosas las llamo ‘acción’. Pero quien les habla pregunta: ¿Existe una acción que no se base en esto, una acción que no sea el proceso del tiempo? Lo siento, tienen ustedes que usar sus cerebros. ¿Qué ha de hacer uno cuando se le formula esa pregunta: Existe una acción que no esté presa en la rueda del tiempo? ¿Cómo reacciona nuestro cerebro ante esa pregunta -el cerebro que se ha condicionado, moldeado conforme al pasado y al futuro, o sea, que está preso en el campo del tiempo, en la red del tiempo? Por el momento, el cerebro se retrae, no puede responder; dice: «Hay demasiados problemas, ¡por Dios!, déjeme tranquilo. Estoy habituado a este patrón, que ha traído su desdicha, su sufrimiento, pero también está la otra parte que compensa esto. No haga estas preguntas tan difíciles». No son difíciles. La palabra ‘difícil’ lo hace difícil. De modo que no usaré esa palabra. Pero tengo que descubrir si existe una acción que no sea del tiempo. ¿Puedo investigarlo? ¿Quieren que lo investigue? La acción se relaciona con el amor, no con la memoria. La memoria, el rememorar imágenes, no es amor; es sensación a través de la cual actuamos, y la sensación no es amor. Por lo tanto, ¿qué relación tiene el amor con la acción? ¿Entienden? ¿Es memoria el amor? Hemos estado juntos, hemos dormido juntos, hemos hecho juntos toda clase de cosas, escalar la montaña, descender al valle, pasear por las colinas; hemos sido compañeros, nos hemos tomado de las manos, hemos reñido -y a eso lo llamamos afecto, amor, pero casi todo eso se basa en la sensación, en la imagen y el apego. Sin el apego estoy perdido, me siento terriblemente solo. Sintiéndome solo estoy desesperado, me lleno de amargura, etcétera. Todo eso, ¿es amor? Obviamente, no lo es. Ya lo hemos investigado. ¿Cuál es, entonces, la relación que hay entre el amor y la acción? ¡Vamos, señores! Si el amor está en el campo del tiempo, entonces eso no es amor. Por consiguiente, el amor es acción -me pregunto si ustedes captan esto. No existe el amor primero y la acción después. Para quien les habla -no lo acepten- para quien les habla no hay división alguna entre la percepción, la calidad de ese amor y la acción. Cuando existe esa calidad, ella es acción. No es un proceso intelectual de determinación u opción. Es una acción de percepción inmediata. Ahora tenemos que proseguir. Ayer sólo contestamos tres preguntas y hay muchas más. Usted ha dicho muchas cosas sobre la violencia. ¿Permitiría que atacaran delante de usted a uno de sus amigos? Es una muy vieja pregunta. ¿Qué haría si atacaran delante de usted a su propia hermana? Es la misma pregunta. ¿Qué es lo que haría usted -usted? ¿Golpear a esa persona? ¿Matarla a tiros? ¿Karate? ¿Sabe lo que significa esa palabra ‘karate’? Me lo explicaron. Significa ‘no yo’. No quiere decir el arte marcial de defenderse uno mismo. ¿Qué es, entonces, lo que usted haría? Averígüelo, señor. Usted está ahí con su esposa o su novia, y viene alguien y descarga su violencia contra ella. ¿Qué haría usted instintivamente? Atacaría a esa persona, ¿no es así? Naturalmente. La golpearía. Si conociera el karate o alguna clase de trucos yoga, le echaría una zancadilla o algo por el estilo. De modo que esta pregunta se me formula a mí, a quien les habla -¿correcto? Conocemos la reacción normal de la gente, que es la violencia. Si usted es violento conmigo, yo seré violento. Si usted se enoja conmigo, yo me enojaré doblemente con usted. Si usted me llama idiota, yo diré que usted es un idiota mayor. Ha sido siempre una vieja pregunta, pero yo trato todas las preguntas como algo nuevo. ¿Qué haría yo? ¿Esperan que les conteste? Si durante toda mi vida he vivido una existencia violenta, entonces mi respuesta será naturalmente violenta. Pero si he vivido, como lo he hecho, sin violencia, no sólo sin violencia física sino también sin violencia psicológica, que es agresión, competencia, comparación, imitación, conformidad (todo eso forma parte de la violencia) -si he vivido como K ha vivido- entonces cuando atacan a mi amigo, a mi hermano, o a mi esposa, actuaré como he vivido. Una respuesta sencilla. Esto no los confunde, ¿verdad? No. Otra pregunta: ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué piensan ustedes que sea la inteligencia? Si buscaran en un buen diccionario etimológico, verían que uno de los significados de esa palabra es interlegere: leer entre líneas. Otro significado es el de reunir información de toda clase y discernir entre las distintas clases de información cuál es la correcta. Eso depende de la opción, de la educación que uno ha recibido, del modo en que vive la vida, etcétera. Después está la inteligencia del cuerpo -si es que uno no lo molesta. El cuerpo es un instrumento extraordinario -en el modo como todos los nervios están conectados al cerebro, como trabaja el hígado, el corazón. Desde el momento en que nace hasta que muere, el corazón se mantiene latiendo. Es una máquina extraordinaria. ¿Han visto algunas de las fotografías que en la televisión muestran el cuerpo humano? Es asombroso lo que la naturaleza ha hecho en uno o dos millones de años. Pero nosotros destruimos la inteligencia natural del cuerpo haciendo toda clase de cosas extravagantes -bebida, drogas, sexo (si bien el sexo tiene su lugar)- ustedes ya conocen toda la secuela de ello, la ambición, la codicia, el pelear, el esforzarse, una tensión tremenda que ejercemos sobre el cuerpo; y el corazón falla. Todo eso afecta el cerebro, los nervios, el organismo. Y así, el instrumento físico, biológico, se va destruyendo gradualmente; poco a poco se marchita, pierde su vitalidad, su energía. Si uno lo deja en paz, el cuerpo cuida de sí mismo, uno no tiene que hacer absolutamente nada -excepto para una persona como K, que a los noventa años tiene que cuidarse un poco. Luego está la inteligencia de un físico ingenioso, o la de un tecnólogo, o la de un hombre que construye una máquina muy, muy compleja, y la inteligencia de las miles de personas que se unieron para enviar un cohete a la luna -eso requiere una gran inteligencia y cooperación -un cierto tipo de inteligencia. También está la muy aguda, calculada inteligencia que ha inventado todos los rituales del mundo -los templos, las mezquitas, las iglesias- controlando a la gente mediante la sucesión apostólica -lo siento, si ustedes son católicos, perdónenme por lo que estoy diciendo. (También en la India hay para eso, para ese transmitir de arriba hacia abajo, una palabra en sánscrito). Se requiere una gran inteligencia para controlar a la gente, para hacer que crea en algo que puede existir o no, para hacer que tenga fe, que se bautice. Eso, si ustedes lo han observado, es muy ingenioso, muy inteligente. Los comunistas lo están haciendo; ellos tienen su dios, Lenin, y después de él Stalin, y todo el camino recorrido hasta llegar a los señores actuales. De modo que es el mismo movimiento. Todo eso es muy inteligente sólo de una manera parcial. Y los científicos, los físicos teóricos, también son parcialmente muy inteligentes. ¿Qué es, entonces, una inteligencia holística? ¿Comprenden? La inteligencia total, no fragmentada. Soy inteligente en una dirección, pero en otras direcciones soy torpe. Existe la inteligencia parcial en distintas fases de la vida. Pero nosotros nos preguntamos: ¿Hay una inteligencia que sea completa, que no esté fragmentada? ¿Van ustedes a averiguarlo? ¿O voy a averiguarlo yo y se lo diré a ustedes? Por favor, ¿voy a contestar yo esa pregunta, o la contestarán ustedes? ¿Hay una inteligencia que sea incorruptible, que no se base en las circunstancias, que no sea pragmática ni egocéntrica y, por lo tanto, que no esté fragmentada, que sea total? ¿Existe una inteligencia impecable, que no contenga huecos, que cubra el campo total del hombre? Para investigar eso, el cerebro tiene que estar completamente libre de toda conclusión, de cualquier clase de apego, de cualquier clase de movimiento egocéntrico, libre del interés propio; por lo tanto, ha de ser un cerebro totalmente libre del miedo, del dolor. Cuando el dolor toca a su fin, tras ello hay pasión. La palabra dolor tiene, etimológicamente, un significado más profundo que el mero derramar lágrimas, que la pena, la angustia y la ansiedad. La pasión no es por algo. La pasión es per se, por sí misma. Una creencia puede invocar la pasión en mí, o puede hacerlo la devoción a un símbolo, a una comunidad, a algo que imagino, pero todo eso sigue siendo muy limitado. Uno ha de descubrir, pues, ha de dar con esta pasión que no es lujuria ni tiene tras sí motivo alguno. ¿Existe una pasión así? Existe cuando el dolor llega a su fin. Cuando el dolor termina, hay amor y compasión. Y cuando hay compasión -no por esto o por aquello- entonces esa compasión tiene su propia quintaesencia suprema de inteligencia. Es decir, que esa inteligencia no es del tiempo, no pertenece a ninguna teoría, a ninguna tecnología, a nadie; esa inteligencia no es personal o universal, ni está cercada por las palabras. ¿Hay algún beneficio para el ser humano en la enfermedad física? ¿Hay algún beneficio, recompensa, provecho para el ser humano en la enfermedad física, en estar enfermo? Ahora les formulo esa pregunta a ustedes. Estoy seguro de que casi todos nosotros hemos estado enfermos una u otra vez, ya sea mentalmente enfermos -ésa es una enfermedad del cerebro que se vuelve neurótico, psicopático, etc.- o físicamente enfermos, cuando algún órgano no funciona adecuadamente. Ahora sólo escuchen: ¿Cuál es la diferencia entre la enfermedad y la salud? Qué es la salud? ¿Qué implica sentirse extraordinariamente bien? La pregunta dice: ¿Hay algún provecho, algún beneficio que se derive de la enfermedad? ¿Qué piensan ustedes? A esa pregunta, quien les habla contestaría que sí, que lo hay -¡lo siento! Cuando uno está enfermo, ¿cuáles son sus reacciones, sus respuestas? Cuando estamos enfermos el deseo es evitar el dolor, tomar rápidamente una píldora o acudir enseguida al médico, y él nos dice qué tenemos que hacer. Queremos superar rápidamente la enfermedad porque podríamos perder el trabajo, etcétera, etcétera. Pero si no le tememos a la enfermedad, ésta tiene un significado por completo diferente. Quien les habla, si puedo ser un poco personal, estuvo paralizado durante un mes en Cachemira por diversas razones; al pobre tipo le dieron dosis excesivas de antibióticos, y pocos días más tarde quedó paralizado por un mes. Pensé que era el final. Me dije: Es esto entonces. Quien les habla no tuvo miedo. Dijo: «Muy bien estoy paralizado por el resto de mi vida». Esto ocurrió realmente, no exagero. Estuvieron trasladándome de aquí para allá, bañándome y todas esas cosas durante todo un mes. ¿Saben ustedes lo que eso significa? Afortunadamente no. Pero si yo hubiera luchado contra ello diciendo: «Qué médicos estúpidos, lo que me pasa es por culpa de los antibióticos», lo hubiera empeorado y no habría aprendido nada de ello; ello no habría limpiado mi cuerpo, no me habría beneficiado. Quien les habla ha estado varias veces muy, muy enfermo. No voy a entrar en eso. Pero si uno no tiene miedo de permanecer con la enfermedad, si no corre de inmediato a ver al médico ni toma una píldora, la enfermedad física tiene cierto provecho natural, cierto beneficio. Pueden tomar una píldora más tarde, pero enfrentándose a la enfermedad lentamente, pacientemente, observando cuáles son las propias reacciones, por qué existe esta manía de estar sanos, de no experimentar dolor -la cual hace que uno resista a la enfermedad. Puede que sea ésta la verdadera razón de la enfermedad. ¿Comprenden todo esto? ¿Está claro? Muy bien. ¿Por qué diferencia usted entre el cerebro y la mente? Me temo que ésta ha de ser la última pregunta. Quedan varias, pero ésta ha de ser la última. En primer lugar, ¿qué es el cerebro? Recuerden que nosotros no somos profesionales; somos personas comunes, no especialistas del cerebro. Aunque he hablado con especialistas del cerebro, no lo soy -subrayo el ‘no’. De manera que nos preguntamos el uno al otro qué es el cerebro, no la estructura físico-biológica del cerebro -no conozco nada al respecto. Pero, ¿qué es esta cosa con la cual vivimos y que opera en nuestra existencia cotidiana? No la conciencia superior o la conciencia inferior. Ustedes conocen ese juego. Es el que juegan los gurús. Ellos les ayudan a ustedes a bajar la conciencia superior y traerla hasta la conciencia inferior, o a alcanzar el más alto grado de conciencia mediante la meditación, mediante la repetición de ciertas prácticas, o mediante el acto de seguirlos a ellos. Nosotros no hacemos ninguna de esas cosas. Pronto llegaremos a lo que es la conciencia. ¿No tienen inconveniente en que examinemos todo esto? ¿Cuál es, entonces, la función, la función cotidiana del cerebro? -el cerebro de ustedes, no mi cerebro, el cerebro de ustedes, el cerebro humano, sea que vivan en Suiza, en América, en Rusia o en el Lejano Oriente. ¿Qué ocurre en nuestra vida cotidiana que es el ejercicio del cerebro, el ejercicio del pensamiento, el ejercicio de la opción, de la decisión y de la acción? Dondequiera que vivamos, la actividad del cerebro juega un gran papel en nuestra vida. ¿Qué es, entonces, este cerebro? Somos aficionados que estamos aprendiendo. Observemos nuestro propio cerebro. Acción y reacción. Sensación. Condicionamiento desde el pasado -yo soy hindú usted es cristiano, yo soy budista, usted es musulmán, etcétera, etcétera; yo pertenezco a este país y usted pertenece a aquel otro país; yo tengo creencias muy arraigadas, he llegado a ciertas conclusiones y permanezco fijo en ellas; me apego a mis prejuicios y opiniones que son muy fuertes, quiero realizarme personalmente, quiero llegar a ser algo o alguien -¿entienden? Ésta es nuestra rutina diaria, esto y mucho más: la angustia de la ansiedad, el tremendamente depresivo sentimiento de soledad, y el escapar de esa soledad mediante la televisión, los libros, los rituales, el templo, la mezquita, la iglesia, Dios. Conflicto, conflicto y conflicto. En eso está preso el cerebro todo el tiempo. Esto no es una exageración. Estamos enfrentándonos a hechos. Es así. El cerebro es el centro de todo esto -los recuerdos, las reacciones nerviosas, los agrados y desagrados- es el centro mismo de toda nuestra existencia, en lo emocional, en lo imaginativo, en el arte, en la ciencia, en el conocimiento. Por lo tanto, el cerebro es muy, muy limitado y, no obstante, tiene una capacidad extraordinaria. Tecnológicamente ha hecho cosas increíbles, inimaginables cincuenta años atrás. Todo eso es la actividad del condicionado cerebro. Y al vivir dentro de este condicionamiento -religioso, político, comercial, etc.- el cerebro es muy limitado, se interesa en sí mismo, está al servicio de sí mismo. Eso es obvio. El cerebro dice: «Yo soy materialista», y también dice: «No, no, soy mejor que eso. Existe un alma». O usa la palabra en sánscrito: «Existe un atman», etc., etc., etc. De modo que la conciencia es todo eso -¿correcto? Se han escrito libros y libros sobre la conciencia -profesionales y no profesionales. Pero nosotros no somos profesionales, estamos tratando con ‘lo que es’. La conciencia es su contenido. Está compuesta por lo que contiene. Contiene ansiedad, creencia, fe, amargura, soledad, odio, violencia -ustedes saben, todas las cualidades, las experiencias de los seres humanos. O sea, que nuestra conciencia no es ‘nuestra’, porque todos los seres humanos en esta tierra -ya sea el más pobre, el más degradado, o el más altamente refinado, el más educado- todos tienen estos problemas. Pueden ponerse túnicas y guirnaldas y todo ese circo, pero quítenles todo eso y son como ustedes y yo. Por lo tanto, compartimos la conciencia de todos los seres humanos del mundo. Yo sé que no aceptarán esto, pero no importa; éste es un hecho, porque ustedes sufren y ese aldeano de la India que vive con una sola comida al día, también sufre, no del modo en que sufren ustedes, pero igualmente sufre. Los recuerdos de uno pueden ser diferentes de los de otro, pero siguen siendo memoria. La experiencia de uno puede ser diferente, pero sigue siendo experiencia. De modo que nuestra conciencia no es ‘nuestra’. Psicológicamente, es la conciencia de toda la humanidad. Usted puede ser alto, puede ser rubio, yo puedo ser negro, puedo ser pelirrojo, pero no obstante, esa conciencia es común a todos nosotros -psicológicamente. Por lo tanto, uno es toda la humanidad. ¿Saben lo que eso significa? Si lo aceptan como una idea, entonces se alejan del hecho, de la verdad de ese hecho, de su realidad de su sustancia. Cuando existe esa realidad, esa verdad de que uno es los demás seres humanos, entonces todo el movimiento de la vida experimenta un cambio. Uno no matará a otro, porque entonces se está matando a sí mismo. Habla un general norteamericano... ¡Oh!, he olvidado su nombre... Él va a la guerra y se enfrenta al enemigo. E informa al superior: «Nos hemos encontrado con el enemigo. Nosotros somos el enemigo». ¿Comprenden? Nos hemos enfrentado al enemigo en el campo de batalla, pero el enemigo somos nosotros, el enemigo es uno mismo. Cuando existe, pues, en ustedes esta verdad de que uno es toda la humanidad, descansen en esa verdad, examínenla, tanteen el camino en ella, no la nieguen ni la acepten, entréguense a ella, como el río que fluye. Verán qué transformación profunda ocurre en ustedes, una transformación que no es intelectual ni imaginativa ni romántica. En ella hay un sentido inmenso de compasión, de amor. Y cuando eso existe, uno actúa de acuerdo con la inteligencia suprema.