EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 25 DE MARZO DE 1983

 25, marzo, 1983 

Es el segundo día que gozamos de una exquisita mañana primaveral. 

Todo es aqui extraordinariamente bello, llovió copiosamente la noche anterior, y todas las cosas están bañadas y limpias, todas las hojas relucen brillantes a la luz del sol. 

El aire está impregnado con el perfume de muchas flores y el cielo azul se halla salpicado de nubes pasajeras. 

La belleza de una mañana así es intemporal. 

No es ésta mañana; es la mañana del mundo. 

Es la manana de un millar de ayeres. 

Es la mañana que uno espera que continue, que dure etemamente. 

Es una mañana plena de luz, una luz solar suave, resplandeciente, clara, y el aire es muy puro aqui, a bastante altura sobre el valle. 

Los naranjos y sus frutos de un amarillo brillante han sido lavados y relucen como si ésta fuera la primera mañana de su nacimiento. 

La tierra está cargada de lluvia y en las altas montañas hay nieve. 

Es realmente una mañana intemporal. 

Al otro lado, las montañas distantes que encierran este valle ansían el sol, porque la noche ha sido fría y todas las rocas y los guijarros y el pequeño torrente, parecen estar atentos y llenos dde vida. 

Uno está sentado quietamente, lejos de todo, y contempla el cielo azul, percibe toda la tierra, la pureza y la belleza de todas las cosas que viven y se mueven sobre esta tierra -excepto el hombre, por supuesto-.

 El hombre es lo que es ahora, después de muchos miles de siglos. 

Y es posible que continúe de la misma manera; lo que él es ahora, es lo que será mañana y en millares de mañanas. 

El tiempo, la evolución, lo ha traído hasta lo que hoy es. 

El futuro será lo que el hombre es ahora, a menos, desde luego, que haya una mutación profunda y duradera en la totalidad de su psique. 

El tiempo se ha vuelto extraordinariamente importante para el hombre, para todos nosotros -tiempo para aprender, para adquirir una destreza, tiempo para llegar a ser esto o aquello, y tiempo para morir; tiempo tanto exteriormente en el mundo físico, como tiempo en el mundo psicológico-. 

Es necesario disponer de tiempo para aprender un idioma, para aprender a manejar un automóvil, para aprender a hablar, para adquirir conocimientos. 

Si uno no dispusiera de tiempo, no podría unir entre sí las cosas que se requieren para construir una casa, para colocar ladrillo sobre ladrillo. 

Necesitamos tiempo para ir de aquí hasta donde queremos ir. 

El tiempo es un factor extraordinário en nuestra vida -para adquirir, para administrar, para recuperar la salud, para escribir una simple carta-. 

Y, al parecer, creemos que necesitamos del tiempo psicológico, el tiempo de lo que ha sido modificado ahora y continuando en el futuro. 

El tiempo es el pasado, el presente y el futuro. 

Internamente, el hombre asegura su esperanza en el tiempo; la esperanza es tiempo, el futuro, los infinitos mañanas, tiempo para llegar a ser algo internamente -uno es «esto», uno llegarâ a ser «aquello»-. 

El llegar a ser, el devenir, igual que en el mundo físico, desde el pequeño empresario al gran empresario, desde la persona sin importancia a lo más alto en alguna profesión - es devenir. 

Creemos que necesitamos tiempo para cambiar de «esto» a «aquello». 

Las palabras mismas «cambio» y «esperanza», intrinsecamente implican tiempo. 

Uno puede entender que el tiempo es necesario para viajar, para llegar a un puerto, para aterrizar después de un largo vuelo hasta el lugar deseado. 

El lugar deseado es el futuro.

Eso es bastante obvio, y el tiempo es necesario en el reino del logro, de la ganancia, de la eficiencia en alguna profesión, en una carrera que exige adiestramiento. 

Ahí, el tiempo no sólo parece necesario, sino que tiene que existir. 

Y este mismo movimiento, este devenir, lo extendemos al mundo de la psique. 

Pero, ¿existe en absoluto un devenir psicológico? 

Nunca cuestionamos eso. 

Lo hemos aceptado como algo natural. 

Las religiones, los libres evolucionistas, nos han informado que necesitamos tiempo para cambiar de «lo que es» a «lo que debería ser». 

La distancia cubierta es tiempo. 

Y hemos aceptado que hay cierto placer y dolor en el llegar a ser no-violento cuando uno es violento, que alcanzar el ideal requiere de una enorme cantidad de tiempo. 

Y hemos seguido ciertamente este patrón todos los dias de nuestra vida, lo hemos seguido sin cuestionarlo jamás. 

No dudamos. 

Seguimos el viejo patrón tradicional. 

Y tal vez ésa sea una de las desdichas del hombre -la esperanza de realización, y el dolor de ver que esa realización no se alcanza, no se obtiene fácilmente. 

¿Existe realmente el tiempo en el mundo psicológico -o sea, cambiar eso que es , en algo por completo diferente ? 

¿Por qué existen en absoluto los ideales, las ideologías, o ya sean políticas o religiosas? 

¿No es éste uno de los conceptos divisivos del hombre que han generado conflicto? 

Después de todo, las ideologías, la derecha, la izquierda o el centro, son creadas por el estudio, por la actividad del pensamiento que sopesa, juzga y llega a una conclusion cerrando así la puerta a toda investigation más completa. 

Las ideologías han existido tal vez tanto como el hombre puede recordar. 

Son como la creencia o la fe, que separan al hombre del hombre. 

Y esta separación se origina a través dei tiempo. 

El «yo», el ego, la persona, de la familia al grupo, a la tribu, a la nación. 

Uno se pregunta si las divisiones tribales podrán superarse alguna vez. 

El hombre ha tratado de unificar las naciones, que son realmente una forma glorificada del espíritu tribal. 

No podemos unificar las naciones. 

Siempre seguirán estando separadas, la evolución genera grupos separados. 

Y nosotros continuamos con las guerras, las religiosas y las otras. 

Y el tiempo no ha de cambiar esto. 

El conocimiento, la experiencia, las conclusiones definidas, jamás producirán una comprensión global, una relación global, una mente global. 

De modo que la pregunta es: /¿Hay posibilidad de producir un cambio en «lo que es», en la realidad, haciendo totalmente caso omiso del tiempo? /, ¿Hay posibilidad de cambiar la violência -no tratando de convertimos en no-violentos, lo cual constituye meramente el opuesto de «lo que es»? 

El opuesto de «lo que es», es sólo otro movimiento del pensar. 

Nos preguntamos: /¿Puede la envidia, con todas sus implicaciones, cambiar sin que el tiempo esté involucrado en ello, sabiendo uno que la misma palabra «cambiar» implica tiempo? -ni siquiera diremos «transformarse», porque esa misma palabra «transformarse» significa moverse de una forma a otra-. /, ¿Puede, pues, la envidia terminar radicalmente sin la intervención dei tiempo? 

El tiempo es pensamiento. 

El tiempo es pasado. 

El tiempo es motivo. 

Sin motivo alguno, /. ¿puede haber cambio? /.Acaso la misma palabra motivo no implica ya una dirección, una conclusion? 

Y cuando hay un motivo, realmente no existe cambio alguno en absoluto. 

El deseo es, por otra parte, una cosa bastante compleja, compleja en su estructura. 

El deseo de producir un cambio, o la voluntad de cambiar, se convierten en el motivo y, por tanto, ese motivo distorsiona aquello que ha de experimentar el cambio, aquello que ha de terminarse. 

La terminación de algo no contiene tiempo.

Las nubes se están reuniendo lentamente alrededor de la montaña, y se mueven hasta oscurecer el sol; es probable que llueva nuevamente, como ayer. 

Porque aqui, en esta parte del mundo, es la estación de las lluvias. 

Nunca llueve durante la época del verano; cuando el tiempo es caluroso y seco, este valle está desierto.

Más allá de los cerros, el desierto se extiende amplio, inacabable y yermo. 

Y otras veces se ve muy hermoso, tan vasto en su espacio. 

Su propia vastedad hace de él un desierto. 

Cuando la primavera termina, hace más y más calor; los árboles parecen marchitarse, las flores han desaparecido y la temperatura alta y seca limpia nuevamente todas las cosas.

«Señor, ¿por qué dice usted que el tiempo es innecesario para el cambio?» 

«Averigüemos cuál es la verdad del asunto, Sin aceptar ni rechazar lo que uno ha dicho al respecto, sino sosteniendo un diálogo para explorar juntos esta cuestión. 

Uno ha sido educado para creer -y és a es la tradición- que el tiempo es necesario para el cambio. 

Es así, ¿no? 

Usamos el tiempo para convertir lo que somos en algo más grande, en algo “más” . 

No estamos hablando del tiempo físico, del tiempo necesario para lograr una destreza física, sino que más bien estamos considerando si la psique puede llegar a ser algo más que lo que es, si puede llegar a ser mejor de lo que es, si puede alcànzar un estado más alto de conciencia. 

Todo eso es el movimiento de la medida, de la comparación. 

Nos estamos preguntando juntos, ¿no es así?, qué implica el cambio. 

Vivimos en desorden, confusos; inseguros, reaccionando contra esto y a favor de aquello, buscando la recompensa y evitando el castigo. 

Queremos estar seguros, aunque todo lo que hacemos parece generar inseguridad. 

Esto, y más, es lo que produce desorden en nuestra vida cotidiana. 

Usted no puede ser desordenado o negligente, por ejemplo, en los negocios. 

Tiene que ser preciso, tiene que pensar con claridad, con lógica. 

Pero esta misma actitud no la extendemos al mundo psicológico. 

Tenemos este constante impulso de alejamos de “lo que es”, de convertimos en otra cosa que la comprensión de “lo que es”, de eludir las causas del desorden.» 

«Eso lo entiendo», dijo el interlocutor.>

 «Realmente escapamos de “lo que es”. 

Jamás consideramos atentamente, diligentemente, qué es lo que ocurre, qué está sucediendo ahora en cada uno de nosotros. 

Sólo tratamos de reprimir o de trascender “lo que es” . 

Si experimentamos un gran sufrimiento -psicológico, interno- nunca lo observamos cuidadosamente.

Queremos borrarlo de inmediato, encontrar algún consuelo. 

Y siempre está la lucha por alcanzar un estado libre de dolor, un estado en el que no haya desorden.

Pero el intento mismo de producir orden, parece incrementar el desorden o generar otros problemas.»,parèce generar inseguridad. 

«No sé si ha notado usted que cuando los políticos tratan de resolver un problema, esa misma solución multiplica otros problemas. 

También esto prosigue todo el tiempo.» 

«¿Está usted diciendo, señor, que el tiempo no es un factor de cambio? 

Esto puedo captarlo vagamente, pero no estoy muy seguro de comprenderlo en realidad. 

De hecho, lo que usted sostiene es que si tengo un motivo para cambiar, ese motivo se vuelve un obstáculo para el cambio, porque ese motivo es mi deseo, es mi impulso por alejarme de aquello que es desagradable o perturbador, para ir hacia algo mucho más satisfactorio, algo que me dará una felicidad mayor. 

De modo que un motivo o una causa ya han dictado, o han moldeado la finalidad, la finalidad psicológica. 

Esto lo entiendo, empiezo a vislumbrar lo que usted expresa. 

Estoy comenzando a percibir la implicación que tiene el cambio sin tiempo.»

«Formulémonos entonces la pregunta: ¿Existe una: percepción intemporal de “lo que es” ? 

O sea, el mirar, el observar “lo que es” sin que intervenga el pasado, sin todos los recuerdos acumulados, los nombres, las palabras, las reacciones -mirar ese sentimiento, esa reacción que llamamos, por ejemplo, “envidia” . 

Observar este sentimiento sin el actor -el actor, que es toda la rememoración de las cosas que han ocurrido con anterioridad. 

«El tiempo no es solamente la salida y puesta del sol, o el ayer, el hoy y el mañana. 

El tiempo es algo mucho más complicado, intrincado y sutil. 

Y para comprender realmente la naturaleza y profundidad del tiempo, uno ha de meditar sobre la cuestión de si el tiempo puede detenerse; no un tiempo fictício ni el de la imaginación que evoca tantas probabilidades románticas, fantásticas -sino el tiempo que está en el campo de la psique -si ese tiempo puede cesar verdaderamente, de hecho-. 

Ésa es realmente la cuestión. 

Uno puede analizar la naturaleza del tiempo, investigarla y tratar de descubrir si la continuidad de la psique es una realidad, o si es la esperanza del hombre por aferrarse a algo que le ofrezca alguna clase de seguridad, de consuelo. 

¿Tiene el tiempo sus raíces en el cielo? 

Cuando uno mira los cielos, los planetas y el inimaginable número de las estrellas, se pregunta si ese universo puede ser comprendido por la cualidad de la mente que está ligada al tiempo.

 ¿Es necesario el tiempo para captar, para comprender todo el movimiento del cosmos y del ser humano -para ver instantáneamente lo que siempre es verdadero? »

Si es que puede uno señalarlo, tenemos que contener esto en nuestra mente, no pensar al respecto sino sólo observar todo el movimiento dei tiempo, que es realmente el movimiento del pensar. 

El pensanúento y el tiempo no son dos cosas diferentes, dos movimientos, dos acciònes diferentes. 

El tiempo es pensamiento y el pensamiento es tiempo. 

¿Existe, para expresarlo de una manera diferente, la terminación total del pensamiento? 

O sea, la terminación del conocimiento. 

El conocimiento es tiempo, el pensamiento es tiempo, y nos estamos preguntando si este proceso acumulativo dei conocimiento que recoge más y más información, que persigne más y más las intrincaciones de la existencia, si este proceso puede llegar a su fin. 

¿Puede el pensamiento, que después de todo es la esencia de la psique -los temores, los placeres, las ansiedades, la soledad, el dolor, y el concepto del yo (“yo”como separado de otro)- puede esa actividad centrada en uno mismo, toda esa actividad egocéntrica, llegar a su fin? 

Cuando llega la muerte, hay un final para todo eso. 

Pero no hablamos de la muerte, del final definitivo; nos estamos preguntando si podemos percibir realmente que el pensamiento, el tiempo, tienen un final. »

El conocimiento, después de todo, es la acumulación* a través del tiempo, de numerosas experiencias, el registro de múltiples incidentes, acontecimientos, etc.; este registro se almacena naturalmente en el cerebro, este registro es la esencia del tiempo. 

¿Podemos descubrir cuándo el registro es necesario, y si el registro psicológico es necesario en absoluto? 

No es cuestión de que el conocimiento y la perícia que son necesarios se separen de lo otro, sino de empezar a comprender la naturaleza del registrar, comprender por qué los seres humanos registran y luego reaccionan a partir de ese registro. 

Cuando alguien nos insulta o nos lastima psicológicamente con una palabra, con un gesto, con una acción, por qué debería registrarse esa ofensa? 

¿Es posible no registrar la alabanza ni el insulto, de modo que la mente no se desordene jamás, de modo que tenga un vasto espacio, y la psique de la cual somos conscientes como el “yo”-que a su vez es creado por el pensamiento y el tiempo- llegue a su fin? 

Siempre estamos temerosos de algo que jamás hemos visto percibido -de algo que no hemos experimentado-. 

Uno no puede experimentar la verdad. 

Para experimentar, tiene que haber un experimentador. 

El experimentador es el resultado del tiempo, de la memória acumulada, del conocimiento, etcétera.

 Como dijimos al principio, el tiempo exige una comprensión rápida, atenta, vigilante. 

En nuestra vida cotidiana, ¿podemos existir sin el concepto del futuro? 

No el concepto -perdóneme, no la palabra “concepto”-pero , ¿puede uno vivir intemamente sin el tiempo? 

Las raíces del cielo no están en el tiempo y el pensamiento.»

«Señor, lo que usted dice se ha vuelto verdaderamente una realidad en la vida cotidiana. 

Sus diversas declaraciones acerca del tiempo y del pensamiento parecen ahora, mientras le escucho, tan sencillas, tan claras... y tal vez por un segundo o dos el tiempo cesa, se detiene. 

Pero cuando regrese a mi rutina ordinaria, con la fatiga y el hastío de todo eso -hasta el placer se vuelve más bien fastidioso- cuando regrese volveré a tomar los viejos hilos. 

Parece tan extraordinariamente difícil soltar los viejos hilos y mirar, sin reacción alguna, el paso dei tiempo. 

Pero estoy empezando a comprender (y espero que no sea sólo verbalmente) que existe una posibilidad de no registrar, si puedo usar esa palabra. 

Me doy cuenta de que yo soy el registro. 

He sido programado para ser esto o aquello. 

Eso puede uno verlo con bastante facilidad, y tal vez pueda descartarlo por completo. 

Pero la terminación del pensamiento y de las intrincaciones del tiempo requiere una observación intensa, muchísima investigación. 

Pero, ¿quién es el que va a investigar, puesto que el investigador mismo es el resultado dei tiempo?

 Capto algo. 

Lo que usted realmente dice es: Sólo observar sin reacción alguna, prestar atención total a las cosas comunes de la vida, y ahí descubrir la posibilidad de terminar con el tiempo y el pensamiento. Verdaderamente, ha sido ésta una interesante conversación.»

EL ÚLTIMO DIARIO - J.K.- 18 DE MARZO DE 1983

 18, marzo, 1983 

En el comedero de los pájaros había una docena o más de ellos piando, picoteando los granos, pugnando, peleándose entre sí* y cuando llegó otro pájaro grande todos escaparon batiendp las alas. 

Cuando el pájaro grande volvió a irse, regresaron con su parloteo, riñendo, piando, haciendo una bulla tremenda. 

Pronto pasó cerca un gato, y hubo agitación, chillidos y un gran alboroto. 

Ahuyentaron al gato -era uno de esos gatos salvajes, no un gato mimado; hay muchos de esos gatos salvajes alrededor de aqui, los hay de diferentes formas, tamaños y colores-. 

En el comedero había pájaros durante todo el día, algunos pequeños, otros grandes, y después llegó una urraca regañando a todos, a todo el universo, y ahuyentó a todos los otros pájaros -o más bien se fueron cuando la urraca llegó-. 

Estaban todos muy alertas a causa de los gatos. 

Y cuando estuvo cercano el anochecer, todos los pájaros volaron y hubo silencio, quietud, paz. 

Los gatos iban y venían, pero ya no había pájaros. 

Esa mañana las nubes estaban llenas de luz y el aire contenía

la promesa de más lluvias. 

Había estado lloviendo durante las últimas semanas. 

Hay un lago artificial, y las aguas estaban a punto de desbordarse. 

Todas las hojas verdes y los arbustos y los grandes árboles aguardaban la presencia del sol, que no había aparecido con ese brillo que tiene el sol califomiano; por algunos dias no había mostrado su rostro. 

Uno se prégurita cuál es el futuro de la humanidad, el futuro de todos esos niños que vemos gritando, jugando, con sus rostros tan felices, dulces y hermosos -¿cuál es el futuro de ellos?. 

El futuro es lo que somos ahora. 

Esto ha sido así historicamente por muchos miles de años -el vivir y el morir, y todo el tormento de nuestras existencias-. 

Parece que no prestamos mucha atención al futuro. 

Vemos en la televisión el interminable entretenimiento que se desarrolla desde la mañana hasta tarde en la noche excepto en uno o dos canales, pero las transmisiones de éstos son muy breves y no demasiado serias. 

Los niños se entretienen. 

Todos los comerciales alimentan la sensación de que con esto se nos distraemos. 

Y ello ocurre prácticamente en todo el mundo.

 ¿Cuál será el futuro de estos niños? 

Está el entretenimiento dei deporte -treinta, cuarenta mil espectadores mirando a unas pocas personas én el campo de juego y gritando hasta quedarse roncos-. 

Y uno también va y presencia alguna ceremonia que se realiza en una gran catedral, algún ritual, y eso también es una forma de entretenimiento; solo que lo llamamos sagrado, religioso; pero sigue siendo un entretenimiento -una experiencia romántica, sentimental, una sensación de religiosidad-. 

Observando todo esto en diferentes partes del mundo, viendo como la mente está ocupada con la diversion, el entretenimiento; el deporte, es inévitable que uno se pregunte, si es que de algún modo le interésa. 

¿Qué será del futuro? 

¿Más de lo mis mo en formas diferentes? 

¿Una variedad de diversiones? 

Tenemos que considerar, pues, si es que dé alguna manera nos damos cuenta de lo que nos está pasando, cómo los mundos del entretenimiento y del deporte están aprisionando nuestra mente, moldeando nuestra vida. 

¿Adónde conduce todo esto? 

¿O acaso es algo que no nos interesa en absoluto? 

Probablemente no nos preocupa. 

Quizá ni hemos pensado al respecto, o, si lo hemos hecho, tal vez digamos que es demasiado complejo, demasiado alarmante, demasiado peligroso pensar en los años venideros -no en nuestra vejez particular sino en el destino (si se puede usar esa palabra), en el resultado de nuestro actual estilo de vida, lleno de toda clase de sentimientos y búsquedas románticas, emocionales, sentimentales, y con todo el mundo del entretenimiento golpeando contra nuestra mente-. 

Si de algún modo nos damos cuenta de todo esto, ¿cuál cs el futuro de la humanidad? 

Como dijimos antes, el futuro es lo que somos ahora. 

Si no hay un cambio -no adaptaciones superficiales, no ajustes superficiales a algún patrón político, religioso o social, sino un cambio mucho más profundo que exige nuestra atención, nuestro cuidado, nuestro afecto- si no hay un cambio fundamental, entonces el futuro es lo que estamos haciendo cada día de nuestra vida en el presente. 

«Cambio» es una palabra más bien difícil. 

¿Cambiar a qué? ¿Cambiar de un patrón a otro patrón? ¿De un concepto a otro concepto? ¿De un sistema político o religioso a otro? ¿Cambiar de esto a aquello? 

Aquello sigue estando en el reino, del campo de «lo que es» . 

El cambiar a aquello es proyectado por el pensamiento, formulado por el pensamiento, decidido por el proceso material.

Uno debe, pues, investigar cuidadosamente esta palabra «cambio». 

¿Hay cambio si existe un motivo?, ¿Hay cambio si existe una dirección particular, una finalidad particular, una conclusión que parece sensata, racional? 

O tal vez una expresión mejor que «cambio» sea, «terminación de lo que es». 

La terminación, no el movimiento de «lo que es» a «lo que debería ser». Eso no es verdadero cambio.

 Pero la terminación, la cesación, la... ¿cuál es lapalabra apropiada?... pienso que «terminación» es una buena palabra, así que atengámonos a ella. 

La terminación. 

Pero si la terminación tiene un motivo, un propósito, si es un asunto de decisión, entonces es meramente un cambio de esto a aquello. 

La palabra «decisión» implica una acción de la voluntad: «Yo haré esto», «yo no haré aquello». 

Cuando en el acto de terminar con algo se introduce el deseo, éste se convierte en la causa de la terminación. 

Donde hay una causa hay un motivo, y entonces no existe en absoluto una verdadera terminación. 

El siglo xx ha conocido una gran cantidad de cambios producidos por dos guerras devastadoras, y el materialismo dialéctico, y el escepticismo con respecto a las creencias religiosas, a las actividades de los rituales, etc., aparte del mundo tecnológico que ha dado origen a muchísimos cambios; y habrá futuros cambios cuando la computadora esté completamente desarrollada -nos hallamos sólo en el comienzo de ese desarrollo-. 

Entonces, cuando la computadora tome el mando, ¿qué va a ocurrir con nuestras mentes humanas? 

Pero ésta es otra cuestión. 

Cuando la industria del entretenimiento asume la dirección, tal como gradualmente lo está haciendo ahora, cuando los jóvenes, los niños, los estudiantes son constantemente instigados al placer, a la fantasía, a la sensualidad romántica, las palabras moderación y austeridad se dejan a un lado y ni siquiera se les dedica jamás un solo pensamiento. 

La llamada austeridad de los monjes, de los sanyasis que niegan el mundo, que visten sus cuerpos con alguna clase de uniforme o un simple taparrabo -esta negación del mundo material, ciertamente no es austeridad-. 

Es probable que la mayoría ni siquiera escuche esto, que no preste atención a las implicaciones que tiene la austeridad. 

Cuando desde la infancia se nos ha educado para que nos divirtamos y escapemos de nosotros mismos mediante los entretenimientos, religiosos o de otra indole, y cuando la mayoría de los psicólogos dicen que debemos expresar todo lo que sentimos y que cualquier forma de abstinencia o restricción es nociva y conduce a diversas formas de neurosis, es natural que entremos más y más en el mundo dei deporte, de las diversiones y los entretenimientos, todo lo cual nos ayuda a escapar de nosotros mismos, de lo que somos. 

Comprender la naturaleza de lo que somos, comprenderlo sin distorsión alguna, sin ningún prejuicio, sin ningún tipo de reacciones ante lo que descubrimos que somos, es el principio de la austeridad. 

La observación, la percepción alerta de cada pensamiento, de cada sentimiento, sin refrenarlos, sin controlarlos, sino observándolos como observamos un pájaro que vuela, sin introducir en tal observación los propios prejuicios y distorsiones. Ese observar da origen a un extraordinário sentido de austeridad que está mucho más allá de toda restricción, de todo el tonto engañarnos a nosotros mismos y de toda esta idea dei mejoramiento propio, de la propia realización personal. 

Todo eso es más bien infantil. 

En este observar existe una gran libertad y en ella reside el sentido de dignidad que hay en la austeridad.

Pero si uno dijera todo esto a un moderno grupo de estudiantes o niños, ellos probablemente mirarían hacia fuera por la ventana llenos de aburrimiento, porque este mundo sólo está dispuesto a la persecución dei propio placer. 

Una gran ardilla de color castaño amarillento bajó del árbol, subió al comedero, mordisqueó unos pocos granos y se sento ahí, en la parte superior, mirando alrededor con sus ojos como dos grandes cuentas brillantes y su curva cola levantada; una criatura maravillosa. 

Permaneció allí por un momento y después bajó, recorrió unas cuantas rocas, y finalmente se lanzó hacia lo alto del árbol y desapareció. 

Al parecer, el hombre siempre ha escapado de sí mismo, de lo que él es, eludiendo ver adónde va, huyendo de todo esto que le concieme.-el universo, su vida cotidiana, el morir y el comenzar-. 

Es extraño que nunca nos demos cuenta de que por mucho que escapemos de nosotros mismos, por mucho que podamos alejarnos de manera consciente, deliberada, inconsciente o sutil, el conflicto, el placer, el dolor, el miedo, etc., siempre están ahí..

Y finalmente dorminan. 

Uno puede tratar de reprimirlos, puede tratar de apartarlos deliberadamente por un acto de la voluntad, pero vuelven a la superfície. 

Y el placer es uno de los factores que predominan; también conlleva los mismos conflictos, el mismo dolor, el mismo hastío. 

El cansancio y el desgaste del placer forman parte de esta confusión que es nuestra vida. 

No podemos eludir esto. 

No podemos escapar de esta insondable confusión a menos que realmente le dediquemos cierta reflexión, y no sólo reflexión, sino que veamos con atención cuidadosa, con diligente vigilância todo el movimiento del pensar y del yo. 

Muchos podrán decir que esto es demasiado fatigoso, tal vez innecesario. 

Pero si no le prestamos atención, si no le hacemos caso, el futuro no sólo va a ser más destructivo, más intolerable, sino que carecerá de mayor significación. 

Éste no es un punto de vista deprimente, desalentador; es realmente así. 

Lo que somos ahora, es lo que seremos en los días que vendrán. 

No podemos evitarlo. 

Es algo tan preciso como la salida y puesta del sol. 

Esto lo compartirán todos los seres humanos, toda la humanidad, a menos que cambiemos todos, cada uno de nosotros, que cambiemos hacia algo que no sea proyectado por el pensamiento.

EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 17 DE MARZO DE 1983

 17, marzo,1983 

Las nubes estaban muy bajas esta mañana. 

Había llovido la última noche, no demasiado, pero eso regó la tierra, la nutrió, la enriqueció. 

En una mañana como ésta -con los cerros flotando entre las nubes y con semejante cielo- cuando uno piensa en la enorme energía que el hombre ha gastado sobre esta tierra, en el vasto progreso tecnológico de los últimos cincuenta años, en todos los ríos más o menos contaminados, en el desperdicio de energia dedicada a este perpetuo entretenimiento... todo eso se ve muy extraño y muy enfermizo. 

En la galeria, esta mañana el tiempo está muy lejos del hombre -el tiempo como movimiento, el tiempo como el ir de aquí hasta allá, el tiempo para aprender, el tiempo para actuar, el tiempo como un medio para cambiar de esto a aquello en las cosas comunes de la vida-. 

Uno puede entender que el tiempo sea necesario para aprender un idioma, para aprender alguna destreza, para construir un avión, para armar una computadora, para viajar alrededor del mundo; el tiempo de la juventud, el tiempo de la vejez, el tiempo como el sol que se pone o como el sol que se levanta lentamente sobre los cerros, el tiempo de las largas sombras y el crecimiento de un árbol que madura poco a poco, el tiempo para llegar a ser un buen jardinero, un buen carpintero, etcétera. 

En el mundo físico, en la acción física, el tiempo se vuelve indispensable y útil.

 ¿Es que trasladamos y extendemos el mismo uso dei tiempo al mundo psicológico?

¿Extendemos este modo de pensar, de actuar, de aprender, al mundo que está bajo la piel, que está en el área de la psique, como esperanza, como llegar a ser esto o aquello, como mejoramiento propio? 

Suena más bien absurdo -cambiar de esto a aquello, de «lo que es» a «lo que debería ser»-. 

Pensamos que el tiempo es necesario para cambiar toda la compleja cualidad de la violencia transformándola en lo que no es violento. 

Sentado tranquilamente a solas en la galería que da sobre el largo y ancho valle, uno casi podia contar las hileras de naranjos, los huertos bellamente conservados. 

Ver la belleza de la tierra, del valle, no involucra al tiempo, pero el trasladar esa percepción a un lienzo o a un poema, requiere tiempo. 

Tal vez usamos el tiempo como un medio de escapar de «lo que es», de lo que somos, de lo que el futuro será para nosotros mismos y para el resto de la humanidad. 

En el reino psicológico, el tiempo es el enemigo del hombre. 

Queremos que la psique evolucione, crezca, se expanda, se realice, se convierta en algo más que lo que es. 

Jamás ponemos en tela de juicio la validez de tal deseo, de tal concepto; fácilmente,quizá muy contentos, aceptamos que la psique puede evolucionar, florecer, y que un día habrá paz y felicidad en el mundo. 

Pero en realidad no existe la evolución psicológica. 

Hay un colibri: que va de flor en flor, ¡un resplandor intenso en esta quieta luz, con tanta vitalidad en esa pequeñita criatura! 

La rapidez de las alas y el ritmo tan fantástico y constante; parece capaz de moverse hacia adelante y hacia atrás. 

Es algo maravilloso observarlo, sentir la delicadeza, el color brillante, y sorprenderse de esa belleza tan diminuta, tan veloz y que tan rápidamente ha desaparecido... 

Y hay un sinsonte sobre el cable telefónico. 

Otro pãjaro está posado en la copa de aquel árbol y desde allí examina todo el mundo. 

Ha estado sin moverse de ahí por más de media hora, pero vigilando, moviendo su cabecita para advertir el más mínimo peligro. 

Y ahora también ha desaparecido. 

Las nubes están comenzando a alejarse, y ¡qué verdes se ven los cerros! 

Como se ha dicho, la evolución psicológica no existe. 

La psique nunca puede devenir o desarrollarse hasta convertirse en algo que no es. 

El orgullo y la arrogancia no pueden convertirse sino en un orgullo y una arrogancia mayores, ni puede el egoísmo, que es el destino común a todos los seres humanos, llegar a ser otra cosa que más y más egoísmo, más y más de su propia naturaleza. 

Es más bien alarmante darse cuenta de que la propia palabra «esperanza» contiene todo el mundo del futuro. 

Este movimiento de «lo que es» a «lo que debería ser» es una ilusión, es realmente -si uno puede usar esa palabra- una mentira. 

Aceptamos como una cuestión de hecho lo que el hombre ha repetido a través de los siglos, pero cuando empezamos a cuestionar, a dudar, podemos ver muy claramente -si es que queremos verlo y no lo ocultamos detrás de alguna imagen o alguna antojadiza construcción verbal- la naturaleza y estructura de la psique, del ego, del «yo». 

El «yo» jamás puede convertirse en algo mejor. 

Lo intentará, pensará que puede, pero el «yo» subsiste siempre en sutiles formas. 

Se esconde tras de muchas vestiduras, adopta múltipies estructuras; varía de vez en cuando, pero siempre existe este «yo», esta actividad separativa, egocéntrica que imagina que un día hará de sí misma algo que en realidad no es. 

Uno ve, pues, que no existe una evolución del yo; sólo existe la terminación del egoísmo, de la ansiedad, de la aflicción y el dolor que constituyen el contenido de la psique, del «yo». 

Sólo existe el fin de todo eso, y ese fin no requiere tiempo. 

No es que todo eso vaya a terminar pasado mañana. Terminará solamente cuando exista la percepción de ese movimiento. 

Una percepción no sólo objetiva, sin distorsión, sin prejuicio alguno, sino libre de todas las acumulaciones del pasado. 

Ser testigo de todo esto sin el observador; el observador pertenece al tiempo, y por mucho que quiera producir una mutación en sí mismo seguirá siendo el observador; los recuerdos, por gratos que puedan ser, carecen de realidad, son cosas del pasado, cosas desaparecidas, terminadas, muertas. 

Sólo observando sin el observador, uno comprende realmente la naturaleza del tiempo y la terminación dei tiempo. 

El colibri ha regresado. 

Un rayo de sol que se filtra por una abertura de las nubes , lo ha atrapado haciendo destellar sus colores , el largo y fino pico y el movimiento rápido de las alas. 

La pura observación de ese pequeño pájaro, el sólo observado sin reacción alguna, es observar todo el mundo de la belleza. 

«El otro día le escuché decir que el tiempo es el enemigo de{ hombre. 

Usted explico brevemente algo al respecto. 

Parece una afirmación muy extravagante. 

Y usted ha hecho otras declaraciones similares. 

He encontrado que algunas de ellas son verdaderas, naturales, pero mi mente nunca puede ver con facilidad lo real, la verdad, el hecho. 

Me estuve preguntando, y también lo pregunté a otros, por qué nuestras mentes se han vuelto tan torpes, tan lerdas, por qué no podemos ver instantáneamente si algo es falso o verdadero. 

¿Por qué necesitamos explicaciones pára cosas que parecen tan obvias, si usted ya las ha explicado? ¿Por qué yo, o cualquiera de nosotros, no ve la verdad de este hecho? ¿Qué ha sucedido con nuestras mentes? 

Me gustaría, si es posible, dialogar sobre esto con usted a fin de averiguar por qué mi mente no es sutil, rápida. 

<< ¿puede esta mente, que ha sido adiéstrada y educada, llegar alguna vez a ser real y profundamente rápida, sutil, y ver algo instantáneamente, percibiendo la cualidad y lá verdad o falsedad de ello?>>

 <<Señor, comencemos por inquirir por qué nos hemos convertido en esto que somos. Ciertamente, ello nada tiene que ver con la vejez.

 ¿Es por el modo en que vivimos, el beber, el fumar, las drogas, el bullicio, la fatiga de la perpetua ocupación? 

Tanto exteriormente como interiormente, estamos siempre ocupados con algo. 

¿Es la naturaleza misma del conocimiento la que contribuye a esto? 

Se nos adiestra para adquirir conocimientos -a través del colégio, de la universidad o en la acción de ejecutar algo hábilmente-.

 ¿Es el conocimiento uno de los factores de esta falta de sutileza? 

Nuestros cerebros están llenos de muchísimas cosas, han reunido una gran cantidad de información proveniente dé la televisión y de todos los diários y revistas, y registran lo más que pueden; están todo el tiempo absorbiendo, reteniendo.

¿Es, pues,el conocimiento uno de los factores que destmye la sutileza de la mente? 

Pero no podemos desembárazarnos de nuestros conocimientos o dejarlos de lado; tenemos que poseerlos. 

Señor, usted necesita del conocimiento para manejar un automóvil, para escribir una carta, para realizar distintas gestiones; hasta tiene que poseer alguna clase de conocimiento para saber cómo empuñar una pala. 

Por süpuesto que los necesita, Tenemos que poseer conocimientos en el mundo de la actividad cotidiana.

Pero estamos hablando dei conocimiento acumulado en el mundo psicológico, el conocimiento que hemos reunido acerca de nuestra esposa, si es que tenemos una esposa; ese conocimiento mismo de haber vivido con nuestra esposa por diez días o por cincuenta años, ha embotado nuestro cerebro, ¿no es así? 

Los recuerdos, las imágenes, todo está almacenado ahí. 

Estamos hablando de esta clase de conocimiento interno. 

El conocimiento tiene sus propias sutilezas superficiales -cuándo ceder, cuándo resistir, cuándo acumular y cuándo no- pero nosotros estamos preguntando otra cosa: ese conocimiento mismo, ¿no hace que nuestra mente, nuestro cerebro se vuelva mecánico y repetitivo a causa del hábito? 

La enciclopédia contiene todo el conocimiento de todas las personas que han escrito eh ella.

 ¿Por qué no dejar ese conocimiento en el estante y utilizarlo cuándo sea necesario? 

No cargarlo en nuestro cerebro.

 Preguntamos: Ese conocimiento, ¿impide el instante de comprensión, la percepción instantânea que da origen a la mutación, la sutileza que no se encuentra en las palabras? ¿Es que estamos condicionados por los periódicos, por la sociedad en que vivimos, la que, dicho sea de paso, nosotros hemos creado, porque cada ser humano desde las pasadas generaciones hasta el presente ha creado esta sociedad, ya sea en esta parte del mundo o en cualquier otra parte?

 ¿Es el condicionamiento por medio de las religiones lo que ha moldeado nuestro pensamiento? 

Cuándo uno cree intensamente en alguna figura, en alguna imagen, esa misma intensidad de la creencia impide la sutileza, la rapidez mental. 

¿Es que estamos tan constantemente ocupados que no hay espacio en nuestra mente y en nuestro corazón -espacio tanto interno como externo? 

Todos necesitamos un poco de espacio, pero uno no puede tener espacio fisicamente si está en una ciudad atestada, o se encuentra atestado en su propia familia, atestado por todas las impresiones que ha recibido, por todas las presiones. 

Y psicológicamente tiene que haber espacio, no el espacio que el pensamiento puede imaginar, no el espacio del aislamiento, no el espacio que divide política, social y racialmente a los seres humanos, no el espacio entre continentes; sino un espacio interno que no tiene centro. 

Donde hay un centro, hay una periferia, una circunferencia. 

No estamos hablando de tal espacio.

¿Y otra razón de que no seamos sutiles, ágiles, y,será pqrque nos hemos vuelto especialistas? 

Podemos ser ágiles en nuestra propia especialización, pero uno duda de que haya comprensión alguna de la naturaleza del dolor, de la angustia, de la soledad, etcétera, en una persona especializada, adiestrada. 

Desde luego que uno no puede adiestrarse para tener una mente buena y. clara; la palabra “adiestrado” implica estar condicionado.

¿Cómo puede ser clara jamás una mente condicionada?

 De modo, señor, que todos éstos pueden ser los factores que nos impiden tener una buena mente, una mente clara y sutil.

 <<Gracias, señor, por recibirme>>

Tal vez, y así lo espero, algo de lo que usted ha dicho -no es que yo lo haya comprendido completamente- pero algunas de las cosas que usted ha dicho puede que hayan echado semillas en mi, y que yo permita que esas semillas germinen, florezcan sin interferencia alguna de mi parte.

 Quizás entonces pueda ver algo muy rápidamente, comprender algo sin necesidad de tremendas explicaciones, de análisis verbales, etcétera.

<< Hasta luego, senor.>>

EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 16 DE MARZO DE 1983 - (CONTINÚA EL DIÁLOGO DEL DÍA 15)

 Ojai, California

16, 3, 1983

(Continua el dialogo dei âía 15)

«El hombre ha matado al hombre en diferentes estados de la mente.

Lo ha matado por razones religiosas, por razones patrióticas, por la paz o mediante la guerra organizada. 

Éste ha sido nuestro sino, matamos perpetuamente unos a otros.

Senor, ¿Ha considerado usted lo que implica esta clase de matanza, el dolor que ha traído al hombre, el inmenso dolor de la humanidad que ha proseguido a través de las edades, las lágrimas, la agonía, la brutalidad, el terror de todo eso? 

Y ello aún continúa. 

Elmundo está enfermo. 

Los políticos, sean de la izquierda, de la derecha, de centro, o los totalitários, no van a traemos la paz.

Cada uno de nosotros es responsable, y siendo responsables, tenemos que ver que las matanzas lleguen a su fin de modo que vivamos en esta tierra, que es nuestra, bellamente y en paz. 

Ésta es una tragédia inmensa que ni afrontamos ni queremos resolver. 

Dejamos todo eso a los expertos; y el peligro que implican los expertos es tan grande como el peligro de un precipicio profundo o el de una serpiente venenosa.

<<De modo que, descartado todo eso, ¿cuál es el significado de

la muerte? Para usted, senor, ¿qué significa la muerte?>>

Para mí significa que todo lo que he sido, todo lo que soy, súbitamente termina a causa de alguna enfermedad, un accidente o la vejez. 

Por supuesto, he leído y he hablado de ello con asiáticos,  con hindúes para quienes existe la creencia en la reencamación. 

No sé si eso es verdadero o no, pero hasta donde yo puedo entenderlo, la muerte significa el fin de una cosa viviente; la muerte de un árbol, la muerte de un pez,la muerte de una araña, la muerte de mi mujer y de mis hijos -una súbita interrupción, un súbito fin de aquello que ha estado viviendo, con todos sus recuerdos, sus ideas, su dolor, su ansiedad, sus alegrias y placeres, el contemplar juntos una puesta de sol... todo eso ha llegado a su fin-. 

Y no es sólo el recuerdo de todo eso lo que arranca lágrimas, sino también el darse cuenta de la propia insuficiência, de la propia soledad. 

Y la idea de separarse uno de la esposa y de los hijos, de las cosas por las que uno ha trabajado, que uno ha querido y a las que se ha aferrado, los apegos y el dolor del apego; todo eso y más termina subitamente. 

Pienso que en general eso es lo que entendemos por muerte; la muerte significa eso. 

Para mí es el final.

Hay una fotografia de mi mujer y mis hijos sobre el piano en mi cabaña junto al mar. 

Acostumbrábamos tocar el piano juntos. 

El recuerdo de ello está en la fotografia sobre el piano, pero la realidad ha desaparecido. 

El recuerdo es doloroso o puede darle a uno placer; pero el placer es más bien débil, porque lo que domina es el dolor. 

Todo eso implica la muerte para mí.

Teníamos un hermoso gato persa, una cosa verdaderamente bella. 

Y una mañana se había muerto. 

Estaba en el portal del frente. 

Debió de haber comido alguna cosa; y ahí estaba, carente de vida, de significación; nunca más ronronearía. 

Eso es la muerte. 

El final de una vida larga, o el final de un bebé recién nacido. 

Una vez tuve una plantita nueva que prometia convertirse en un árbol saludable. 

Pero alguna persona imprudente, distraída, pasó junto a la planta, la pisoteo, y ésta jamás llegó a ser un gran árbol. 

Ésa también es una forma de muerte. 

El final de un día, de un día que ha sido pobre o rico y bello, también puede llamarse muerte. 

El principio y el fin. 

Señor, ¿qué es vivir? 

Desde el instante en que uno nace hasta que muere, ¿qué es el vivir? 

Es muy importante comprender el modo en que vivimos -por qué vivimos de este modo después de tantos siglos-. 

Es cosa suya, señor, si esa vida es una constante lucha, ¿no es así? 

Conflicto, dolor, alegría, placer, ansiedad, soledad, depresión, y trabajar, trabajar, trabajar, esforzarse por uno mismo o por otros; ser egocêntrico y, quizás, ocasionalmente generoso; ser envidioso, iracundo, tratando de reprimir la ira o dejando que la ira se desate desenfrenadamente, etcétera. 

Esto es lo que llamamos el vivir. 

Lágrimas, risas, dolor y la adoración de algo que hemos inventado; vivir a base de mentiras, de ilusionesy odio, la fatiga de todo eso, el hastío, las insensateces: ésta es nuestra vida. 

No sólo la vida suya, sino la vida de todos los seres humanos en esta tierra. 

Y también el tratar de escapar de todo eso. 

Este proceso de adoración, de aflicción extrema y miedo,ha proseguido desde la antigüedad hasta nuestros dias -esfuerzo, lucha, sufrimiento, incertidumbre, así como dicha y risas-. 

Todo esto es parte de nuestra existencia. 

A la terminación de todo esto se le llama muerte. 

La muerte pone fin a todos nuestros apegos, por superficiales o profundos que sean. 

El apego del monje, del sanyasi y el apego del ama dè casa, el apego a la propia familia... toda forma de apego tiene que terminar con la muerte. 

Hay vários problemas implicados en esto; uno es la cuéstión de la inmortalidad.

¿Existe tal cosa como la inmortalidad? 

O sea, aquello que no es mortal -puesto que “mortal” implica lo qué conoce la muerte-. 

Lo inmortal es lo que está más allá dei tiempo y es totalmente ajeno a este final.

 ¿Es inmortal el si mismo, el yo? ¿conoce la muerte? 

El sí mismo nunca puede volverse inmortal. 

El “yo” , el “mí” con todas sus cualidades se forma a través del tiempo, que es pensamiento; ese «yo» jamás puede ser inmortal. 

Podemos inventar una idea de inmortalidad, una imagen, un dios , una representación pictórica y aferrarnos a ello para obtener consuelo; pero eso no es inmortalidad.

El segundo problema es un poquito más complejo: ¿Es posible vivir con la muerte? 

No morbosamente, no en alguna forma de autodestrucción.

¿Por qüé hemos separado la muerte dei vivir?

La muerte es parte de nuestra vida, es parte de nuestra existencia; el morir y el vivir, el vivir y el morir.

 Son inseparables. 

La envidia, la ira, el dolor, la soledad y el placer que uno disfruta (todo eso que llamamos el vivir), y esta cosa que denominamos muerte ¿por qué las separamos? ¿Por qué las mantenemos a millas de distancia? 

Sí, apartadas a millas de tiempo; Aceptamos la muerte de un anciano; es natural. 

Pero cuando una persona joven muere debido a un accidente o a una enfermedad, nos rebelamos contra ello. 

Décimos que es injusto, que no debería ser. 

De modo que siempre estamos separando la vida y la muerte. 

Es éste un problema que debemos cuestionar y comprender -o no tratar esto como un problema, sino mirarlo, ver sus implicaciones internas sin engañarnos.

 Otro problema es la cuestión del tiempo; el tiempo que implica el vivir, el aprender, el acumular, el actuar, el hacer; y la cesación dei tiempo tal como lo conocemos: el tiempo que separa el vivir del final.

Donde hay separación, división, de aqui hasta allá, de “lo que es” a “lo que debería ser” , está involucrado el tiempo. 

Para mí, el factor principal es el mantenimiento de esta división entre lo que llamamos muerte y eso que llamamos vida.

 Cuando existe esta división, esta separación, hay miedo. 

Entonces surge el esfuerzo por superarlo, y con él la búsqueda de consuelo, de la satisfacción que brinda un sentimiento de continuidad. 

(Estamos hablando dei mundo psicológico, no del mundo físico o técnico.) 

Es el tiempo el que ha formado el yo, y el pensamiento es el que sostiene al ego, al sí mismo.

 ¡Si tan sólo pudiéramos captar realmente la significación del tiempo y de la división, de la separación psicológica del hombre contra el hombre, de la raza contra la raza, de un tipo de cultura contra otro!

Esta separación, esta división como el vivir y el morir, es producida por el pensamiento y el tiempo. 

Y vivir una vida junto con la muerte, sin separarlas, implica un cambio profundo en toda nuestra perspectiva de la existencia. 

Terminar con el apego sin tiempo ni motivo alguno, es morir mientras vivimos.

 En el amor no existe el tiempo. 

No es mi amor opuesto a su amor. 

El amor nunca es personal; uno puede amar a otro ser humano, pero cuando ese amor se limita, cuando se reduce a una sola persona, entonces deja de ser amor. 

Donde verdaderamente hay amor, no existe la división del tiempo, del pensamiento, todas las complejidades de la vida; toda la desdicha y la confusión, las incertidumbres, los celos; las ansiedades que implica esa división.

Tenemos que dedicar muchísima atención al tiempo y al pensamiento.

 No es que uno deba vivir sólo en el presente, eso seria completamente absurdo.

El tiempo es el pasado, que se modifica y prosigue como el futuro. 

Es un continuo, y el pensamiento se aferra, se adhiere a esto. 

Se adhiere a algo que él mismo ha creado, ha fabricado. 

Otro problema es: puesto que los seres humanos represèntan a la humanidad total -uno es toda la humanidad, no la representa, tal como uno es el mundo y el mundo es uno mismo- 

¿qué ocurre cuando uno muere? 

Cuando usted u otro mueren, usted y el otro son la manifestación de una vasta corriente de acción y reacción humana, la comente de la conciencia, de la conducta humana, etc.; usted pertenece a esa corriente. 

Esa corriente ha condicionado la mente humana, el cerebro humano, y en tanto permanecemos condicionados por la codicia, por la envidia, el placer, la alegria y todo eso, somos parte de esta corriente. 

El organismo de uno puede llegar a su fin, pero uno pertenece a esa corriente, tal como uno es, mientras vive, la corriente misma. 

Esa corriente que cambia, con lentitud a veces, rápidamente otras, que es profunda y superficial, que se estrecha entre ambos márgenes y se abre paso por la estrechez hasta convertirse en un inmenso caudal de agua -mientras uno pertenezca a esa corriente, no habrã libertad-. 

Uno no está libre del tiempo, de la confusión y desdicha de todos los recuerdos y apegos acumulados.

Sólo cuando hay un final de esa corriente -el final, no el salirse uno momentáneamente de ella para volver convertido en alguna otra cosa, sino el final de la corriente- sólo entonces existe una dimensión por completo distinta. 

Esa dimensión no pueden medirla las palabras.

Terminar con la corriente sin motivo alguno; es todo el significado dei vivir y el morir. 

<<En el vivir y el morir están las raíces del cielo.>>

EL ÚLTIMO DIARIO -J.K. - 15 DE MARZO DE 1983 -

15,marzo,1983 

Este extremo del Valle, particularmente en una bella y serena mañana como ésta, era apacibíe, no había ningún sonido de tránsito. 

Los cerros estaban detrás de nosotros y la montaña más alta de la región tenía más de 6.000 pies. 

La casa se encuentra rodeada por huertos de brillantes naranjales amarillos, y en el cielo azul no se veia ni una sola nube . 

En la aún silenciosa mañana; podía escucharse el murmullo de las abejas entre las flores. 

El viejo roble* que está detrás de la casa tenía muchísimos años; los 

* La siempre verde encina de California

 fuertes vientos habían roto numerosas ramas muertas. 

El árbol ha sobrevivido a muchas tormentas, a muchos veranos de calor intenso y a los frios inviemos.

Probablemente podría contamos innumerables historias, pero esta mañana estaba muy quieto, no soplaba ni una brisa. 

Todo alrededor de uno se hallaba poblado de verdes y brillantes naranjos con sus frutos amarillos y relucientes, y el aroma llenaba el aire - el aroma del jazmín. 

Este valle está muy lejos de todo el ruido y el alboroto del tráfico humano, de la humanidad, de todas las cosas feas que ocurren en el mundo. 

Los naranjos recién comenzaban a mostrar sus frescas y jóvenes flores. 

El perfume de éstas impregnaría el valle dentro de una semana o dos, y se escucharía el zumbido de miles de abejas. 

Era una mañana apacible, y más allá estaba el mundo enfermo, un mundo que se está volviendo más y más peligroso, más y más corrupto, más y más embotado en su búsqueda de entretenimientos, religiosos y de otras clases. 

Está prosperando la superficialidad de la existência. 

El dinero parece ser el valor más grande en la vida y, naturalmente, con él marchan el poder, la posición y el dolor que todo eso implica. 

«En una mañana tan hermosa, yo quiero hablar con usted acerca de un tema más bien triste, atemorizador, el sentimiento de aprensión que invade a la humanidad y a mi mismo. 

Quisiera comprender realmente -no de manera sólo intelectual o descriptiva- por qué, como tantos otros, me espanta la terminación de la ■Vida.;..: . . »

Matamos con gran facilidad -se llaman “deportes con derramamiento de sangre” la caza de pájaros por diversión para destacar la propia habilidad, la caza dei zorro , la matanza por millones de las criaturas vivientes dei mar; la muerte parece estar en todas partes-. 

Sentado en esta tranquila galeria, contemplando esos brillantes naranjos amarillos, es difícil -o más bien parece impropio- hablar acerca de algo tan alarmante. 

A través de las edades, el hombre jamás ha resuelto realmente ni ha comprendido la cosa que llamamos muerte.

<<Naturalmente, he estudiado diversas racionalizaciones y creencias religiosas y científicas que asumen el aspecto de realidades; algunas son lógicas, consoladoras, pero subsiste el hecho de que siempre está ahí el miedo a lo desconocido.>>

Estuve discutiendo este hecho con un amigo mío cuya mujer

falleció recientemente. 

É1 es un hombre más bien solitário y propenso no sólo a vivir de sus recuerdos sino también a descubrirpor sí mismo a través de sesiones espiritistas, médiums y todo eso, si su esposa, a quien realmente amaba, se había evaporado meramente en el aire o si seguia habiendo una continuidad de ella en otra dimensión, en un mundo diferente de éste.

É1 dijo: “Con bastante extrañeza me encontré con que en una de estas sesiones la médium mencionó mi nombre y dijo que tenía un mensaje de mi esposa. 

Y el mensaje era algo que sólo conocíamos mi esposa y yo. 

Por supuesto, la médium puede haber leído mis pensamientos o puede ser que mi esposa exista. 

Ese pensamiento estaba en el aire -el pensamiento de ese secreto que hubo entre nosotros-. 

He interrogado a numerosas personas acerca de sus experiencias. 

Y todo eso parece muy fútil y más bien tonto, incluyendo el mensaje de mi esposa, mensaje muy trivial, muy carente de significación”. »

Yo no quiero discutir con usted si hay una entidad personal que continúa después de la muerte. 

No es ése mi interés. 

Algunos dicen que existe una continuidad, otros sostienen que hay una total aniquilación. 

Esta contradicción -la aniquilación, el fin total de una persona, o la continuidad de un individuo- ha figurado en toda la literatura, desde la antigüedad hasta el presente. 

Pero para mí, todo eso no viene al caso. 

Su validez sigue estando en el reino de la especulación, de la superstición, de la creencia y del deseo de consuelo, de esperanza. 

Realmente, todo eso no me interesa. 

Y es lo que en verdad quiero decir. 

Al menos de eso estoy completamente seguro. 

Pero me gustaría, si es posible, dialogar con usted acerca dei significado de todo ello -de todo este asunto dei vivir y morir-.

¿Carece todo ello absolutamente de sentido, de profundidad, de cualquier significación? 

Millones han muertoy millones nacerán y continuarán y morirán. 

Yo soy uno de ésos. 

Y siempre me pregunto: ¿Cuál es el significado dei vivir y morir? 

La tierra es hermosa, he viajado muchísimo, he hablado con numerosas personas que se supone son sabias y muy ilustradas, pero ellas también se mueren. »

He recorrido una larga distancia para llegar aquí, por lo que tal vez tenga usted la bondad de tomarse tiempo para que discutamos, con serena paciencia, esta cuestión.» 

«La duda es algo precioso. Limpia, purifica la mente. 

El propio cuestionar, el hecho mismo de que la semilla de la duda esté en uno, ayuda a clarificar nuestra investigación. 

No sólo dudar de lo que todos los demás han dicho -incluyendo el concepto de la regeneración, y la creencia y el dogma cristiano de la resurrección-, sino también la aceptación del mundo asiático de que existe una continuidad. 

Al dudar de todo eso, al cuestionarlo, hay cierta libertad que es indispensable para nuestra investigación. 

Si podemos descartar todo eso realmente, no sólo de manera verbal sino profundamente dentro de nosotros mismos, entonces no alimentamos ilusiones. 

Y es necesario estar libres de cualquier tipo de ilusión -las ilusiones que otros nos han impuesto y las ilusiones que nosotros mismos nos hemos creado-. 

Todas las ilusiones son cosas con las que jugamos; y si uno es serio, las ilusiones no tienen cabida en absoluto, ni tampoco la fe se introduce en todo esto. »

Habiendo, pues* descartado todo eso, no por un momento, sino al ver la completa falsedad de ello, la mente no está atrapada en las mentiras que el hombre ha inventado acerca de la muerte, acerca de dios y de todos los rituales que ha creado el pensamiento* 

Uno tiene qué estar libre de cualquier juicio u opinión, porque sólo entonces puede explorar deliberadamente, realmente, con cierta vacilación, en el significado del diario vivir y morir -en la existência y el fín dé la éxistencia-. 

Si uno está preparado para esto si uno está dispuesto o mejor aún si uno se interesa realmente, profundamente en descubrir la verdad de la cuestión (el vivir y el morir constituyen un problema muy complejo, un asunto que requiere un examen muy cuidadoso), ¿por dónde ha de empezar? ¿Por la vida o por la muerte? ¿Por el vivir o por el final de eso que llamamos el vivir?»

 «Tengo más de cincuenta años, y he vivido de una manera más bien extravagante, interesado en muchas, muchas cosas. 

Pienso que me gustaría comenzar... vacilo un poco, estoy algo indeciso, no sé bien por dónde debería comenzar.» 

«Yo creo que deberíamos empezar por el principio de la existencia, de la existencia humana; empezar por la existencia de uno mismo como ser humano.» 

«Nací en Una familia bastante acomodada, y fui criado y educado con esmero. 

He estado en diversos negocios y tengo dinero suficiente; ahora soy un hombre que está solo. 

Estuve casado, tuve dos hijos, y ambos, junto con mi esposa, murieron en un accidente automovilístico.

Nunca ha vuelto a casarme. 

Pienso que me gustaría comenzar por mi infanda. 

Desde el principio, como ocurre con cualquier otro niño en el mundo, pobre o rico, hubo una psique bien desarrollada y la habitual actividad egocentrica. 

Es extraño, cuando uno mira hacia atrás, ver cómo eso comienza desde la más tiema infancia, esa posesiva continuidad mía como J. Smith. 

Pasé por la escuela, expandiéndome, agresivo, arrogante , aburrido; después vinieron el colegio y la universidad. 

Y como mi padre manejaba una buena empresa, entré en su companía. 

Llegué a la cima, y cuando murieron mi esposa y mis hijos, empecé esta investigación. 

Como les sucede a todos los seres humanos* aquello fue una gran conmoción interna, un gran dolor -la pérdida de los tres, los recuerdos relacionados con ellos-. 

Y cuando el choque emocional que eso produjo desapareció, comencé a investigaria leer, a interrogar, a viajar por diferentes partes dei mundo, hablando sobre esta cuestión con algunos de los llamados líderes espirituales, los gurues. Leía muchísimo, pero jamás estaba satisfecho con lo que leía. 

Creo, por lo tanto, que debemos comenzar, si es que puedo sugerirlo, con el vivir real -la formación cotidiana de mi cultivada y restringida mente-. 

Yo soy eso. 

Vea, ésa ha sido mi vida. 

Mi vida nada tiene de excepcional. 

Probablemente podría considerárseme como perteneciente a la clase media alta, y por un tiempo eso resultó agradable, excitante, y otras veces aburrido, fatigoso y monótono. 

Pero la muerte de mi mujer y de mis hijos, de algún modo me sacó de eso. 

No me he vuelto morboso, pero necesito saber la verdad acerca de toda esta cuestión, si es que existe una verdad con respecto al vivir y al morir.» 

«¿Cómo se forma la psique, el ego, el sí mismo, el yo, la persona? ¿Cómo ha nacido esta cosa desde la cual surge el concepto de individuo, del “yo” separado de todos los demás? ¿Cómo se pone en marcha este movimiento -este impulso, este sentido del yo, del sí mismo? 

Usaremos la palabra «yo» para incluir la persona, el nombre, la forma, las características, el ego.

 ¿Cómo nace este yo? ¿Nace con ciertas características transmitidas por los padres? ¿Es el yo meramente una serie de reacciones? ¿Es solamente la continuidad de siglos de tradición? ¿Es el yo producto de circunstancias, de incidentes, de acontecimientos? ¿Es el resultado de la evolución -siendo la evolución el proceso gradual dei tiempo- el que pone el acento en el yo y le da tanta importância? ¿0, como algunos sostienen; excepcionalmente en el mundo religioso, la cáscara externa del yo contiene dentro de sí el alma y la antigua noción de los hindúes, de los budistas? ¿Es la sociedad la que da origen al yo y fortalece la fórmula de que uno está separado del resto de la humanidad? 

Todos estos conceptos contienen ciertas verdades, ciertos hechos, y constituyen el yo. 

Y al yo se le ha concedido una importância tremenda en este mundo. 

La expresión del yo en el mundo democrático se 1lama “libertad” y en el mundo totalitario esa “libertad” es reprimida, negada y castigada.

 ¿Diría usted, entonces, que ese instinto comienza en el niño con el impulso de poseer? 

Esto existe también en los animales, de modo que tal vez hemos derivado de los animales este instinto de poseer. 

Donde hay cualquier clase de posesión, tiene que existir el principio del yo. 

Y a partir de este instinto, de esta reacción, el yo crece gradualmente en vitalidad, en fuerza, y adquiere estabilidad. 

La posesión de una casa, la posesión de tierras, la posesión de conocimientos, la posesión de ciertas capacidades -todo esto es el movimiento de yo-. ´

Y este movimiento le da a uno la sensación de estar separado como individuo. 

Ahora puede uno avanzar más en los detalles.

¿Están el tú, el yo, séparadòs del resto de la humanidad?

 ¿Es usted, debido a que tiene un nombre separado, un organismo físico separado, ciertas tendencias diferentes de las de otro, tal vez algún talento -hace eso de usted un individuo? 

Esta idea de que cada uno de nosotros en todo el mundo está separado de otro, ¿es una realidad, puede que todo el concepto sea ilusorio, al igual que la división que hemos hecho del mundo en comunidades y naciones separadas, lo cual es realmente una forma glorificada dei sentimiento tribal? 

Este interés en uno mismo y la idea de que la propia comunidad es diferente de otras comunidades, de otros yoes, ¿se basa en una realidad factual? 

Por supuesto, usted puede decir que es real porque usted es norteamericano y otros son franceses, rusos, indios, chinos, etc. 

Estas, diferencias lingüísticas, culturales, religiosas, han originado desastres en el mundo -guerras terribles, daño incalculable- 

Y también, desde luégo, en ciertos aspectos de ello hay una gran belleza, como en la expresión de algunos hombres de talento, como un pintor, un músico, un científico, etcétera. ¿Se consideraria usted a sí mismo como ün individuo separado, con un cerebro separado que es “suyo” y de nadie más? 

Ese es su pensar, y se supone que su pensar es diferente del pensar de otro. 

Pero, ¿es en absoluto individual el pensar? sólo existe el pensar, que es compartido por toda la humanidad, ya se trate de más talentoso de los científicos o de la persona más ignorante y primitiva.

Todas estas preguntas y más, surgen cuando estamos considerando la muerte de un ser humano. 

De modo que; observando cuidadosamente todo esto -las reacciones, el nombre, la forma, el instinto posesivo, el impulso de estar separado de otro (impulso alimentado por la sociedad y las religiones)-, al examinar todo esto con lógica, con sensatez, razonablemente, ¿se consideraría a sí mismo un individuo? Ésta es una pregunta importante en el contexto dei significado de la muerte.

 Veo lo que usted quiere decir. 

Tengo una comprensión intuitiva, una percepción de que en tanto piense que soy un individuo, mi pensar estará separado del pensar de los demás -mi ansiedad, mi dolor, me separarán del resto de la humanidad-. 

Tengo la sensación -por favor, corríjame si no es así- de que he reducido el vasto y complejo vivir del resto de la humanidad a un asunto muy pequeño, mezquino e insignificante.

 ¿Está usted diciendo, efectivamente, que yo no soy en absoluto un individuo?

 ¿Qué mi pensar no es mío? ¿que mi cerebro no es mío, que no está separado de los demás cerebros? ¿Es eso lo que usted insinua, lo que sostiene? ¿Es ésa su conclusión?» 

«Si me permite señalarlo, la palabra “conclusión” no se justifica. 

Concluir significa cerrar algo, terminar con ello -concluir un argumento, concluir una paz después de una guerra-. 

Nosotros no estamos concluyendo nada; solo estamos señalando, porque debemos alejarnos de las conclusiones, de la fmalidad y esas cosas que limitan, que restringen nuestra investigación. 

En cambio el hecho, el hecho racional, observable, es que su pensar y el pensar de otro son similares.

 La expresión de su pensamiento puede variar; si usted es un artista puede expresar algo de cierta manera, y otra persona que no es artista puede expresarlo de una manera distinta

Usted juzga, evalúa de aeuerdo con la expresión, y entonces la expresión lo divide a usted como artista, lo separa de otro como jugador de fútbol. 

Pero usted como artista y él como jugador de fútbol, piensan . 

Ambos sufren, experimentan ansiedad, gran dolor, desengaño, aprensión; uno cree en Dios y el otro no cree en Dios, uno tiene fe y el otro no tiene fe, pero esto es común a todos los seres humanos, aunque cada uno pueda pensar que es diferente.

Yo puedo pensar que mi dolor es por completo diferente del dolor de otro, que mi soledad, mi desesperación son totalmente opuestas a las de otras personas. 

Esa es nuestra tradición, ése es nuestro condicionamiento, hemos sido educados para eso -uno es un árabe, otro es un judío, etcétera-. 

Y de esta división se origina no sólo la individualidad, sino las diferencias raciales de las comunidades.

 El individuo, al identificarse con una comunidad, con uná nación, con una raza, con una religión, genera invariablemente conflicto entre los seres humanos. 

Ésa es una ley natural. 

Pero nosotros sólo nos interesamos en los efectos, no en las causas de la guerra, en las causas de esta división. »

De modo que estamos meramente señalando, no afirmamos nada, no sacamos la conclusión de que usted, señor, es psicológicamente, profundamente, el resto de la humanidad. 

Sus reacciones las comparte toda la humanidad. 

Su cerebro no es “suyo”, ha evolucionado en el tiempo durante siglos. 

Usted puede estar condicionado como cristiano, puede creer en diversos dogmas y rituales; otro tiene su propio dios, sus propios rituales, pero todo eso es producto del pensamiento. 

Estamos, pues, poniendo profundamente en duda que el individuo exista en absoluto como tal. 

Somos la humanidad total, cada uno de nosotros es el resto de la humanidad. 

Ésta no es una declaración romántica, fantástica; y es importante, necesario entenderla si vamos a considerar juntos el significado de la muerte. »

¿Qué dice a todo esto, señor?»

 «Debo decir que estoy desconcertado con todos estos interrogantes. No sé bien por qué siempre me he considerado separado de usted o de algún otro. 

Lo que usted dice parece verdadero, pero tengo que reflexionar al respecto, necesito un poco de tiempo para asimilar todo lo que usted ha dicho hasta ahora.» 

«El tiempo es el enemigò de la percepción. Si va usted a reflexionar sobre lo que hemos hablado hasta aqui, si va a argüir consigo mismo, a discutir lo que se ha dicho, a analizar lo que hemos considerado juntos, ello va a tomarle tiempo. 

Y el tiempo es un nuevo factor que se interpone en la percepción de lo verdadero. 

De cualquier modo, ¿lo dejamos por el momento?» 

Volvió después de un par de dias, y se le veia bastante tranquilo y más interesado. 

Era una mañana nublada y probablemente llovería. 

En esta parte del mundo se necesita mucho más de la lluvia, porque al otro lado de los cerros hay un vasto desierto. 

Debido a eso, por las noches hace aqui mucho frio.

 «He regresado después de vários dias de sereno pensar. Tengo una casa frente al mar y vivo allí completamente solo. 

Es una de esas pequeñas cabañas costeras, y uno tiene frente a si la playa y el azul Pacífico; se puede caminar millas y millas por la playa. 

Yo generalmente salgo para hacer largos paseos en la mañana o en el atardecer. Después de verle a usted el otro dia, caminé a lo largo de la playa, tal vez unas cinco millas o más, y decidí regresar y verle nuevamente. 

Al principio me sentí muy perturbado. 

No podia comprender del todo lo que usted decía, lo que me señalaba. 

Aunque soy una persona más bien escéptica sobre estas cuestiones, permití que lo dicho por usted ocupara mi mente. 

No era que internamente yo lo aceptara o lo negara, pero me intrigaba; y deliberadamente uso la palabra “permití” -permití que penetrara en mi mente-. 

Y luego de reflexionar un poco, subí a mi auto, y después de manejar a lo largo de la costa regresé tierra adentro hasta llegar aqui. 

Es un valle muy hermoso. 

Me alegro de encontrarle aqui. 

¿Podríamos, pues, continuar con lo que estuyimosconsiderando el otro dia? >>

Si es que lo comprendo claramente, usted estuvo señalando que la tradición, el pensamiento largamente condicionado, puede producir una fijación, un concepto que aceptamos fácilmente, tal vez sin demasiada reflexión -aceptamos la idea de que somos indivíduos separados-. 

Y cuanto más pienso al respecto-uso la palabra “pienso” en el sentido comente de pensar, racionalizar, cuestionar, argumentar- es como si estuviera sosteniendo una discusión conmigo mismo, un diálogo prolongado; y pienso que capto realmente lo que todo ello implica. 

Veo lo que hemos hecho del maravilloso mundo en que vivimos. 

Veo toda la secuencia histórica. 

Y después de un considerable ir y venir delpensamiento, comprendo realmente la profundidad y verdad de lo que usted ha dicho. 

De modo que si dispone de tiempo, me gustaría avanzar más en todo esto. 

Como usted sabe, yo vine en realidad para descubrir esas cosas acerca de la muerte, pero veo la importância de empezar por la propia comprensión de uno mismo y, a través de la puerta del yo -si es que puedo usar esa palabra- llegar a la cuestión de lo que es la muerte.» 

«Como estuvimos diciendo el otro día, nosotros compartimos, toda la humanidad comparte, la luz del sol [él no había dicho esto]; esa luz del sol no es suya ni mía. 

Es la energia vivificante que todos compartimos. 

La belleza de una puesta de sol, si uno la observa con sensibilidad, es compartida por todos los seres humanos. 

No es la puesta suya o mía en el oeste, en el este, en el norte o en el sur; lo importante es la puesta de sol. 

Y nuestra conciencia, que incluye nuestras acciones y reacciones, nuestras ideas y conceptos, nuestros patrones de pensamiento, los sistemas de creencias, las ideologias, los temores, los placeres, la fe, la adoración de algo que nosotros mismos hemos proyectado, nuestros dolores, nuestras penas y angustias; esto es compartido por todos los seres humanos. 

Cuando sufrimos* hemos convertido eso en un asunto personal. 

Excluimos todos el sufrimiento de la humanidad. 

Igual que el placer; tratamos el placer como una cosa privada; nuestra, con la excitación que ello produce, etc. 

Olvidamos que el hombre -incluyendo a la mujer, por supuesto, no es necesario repetirlo- que el hombre ha sufrido desde tiempos que están más allá de toda medida posible. 

Y ese sufrimiento es el suelo sobre el cual todos nosotros estamos parados. Y es compartido por todos los seres humanos. »

Nuestra conciencia, pues, no es de propiedad suya o mía; es la conciencia del hombre, que ha sido acumulada, que ha evolucionado, crecido a través de siglos, de muchos siglos. 

En esta conciencia está contenida la fe, están los dioses, todos los rituales que el hombre ha inventado.

 Es realmente una actividad del pensamiento. 

Es el pensamiento el que ha formado el contenido -la conducta, la acción, la cultura, la ambición-, 

Toda la actividad del hombre es la actividad del pensamiento. 

Y esta conciencia es el sí mismo, el yo, el ego, la personalidad, etc. 

Creo que es indispensable comprender esto muy a fondo, no sólo de manera argumental, lógica, sino profundamente; igual que la sangre, está en todos nosotros, forma parte de nosotros, es la esencia, el proceso natural de todos los seres humanos. 

Cuando uno comprende esto, nuestra responsabilidad adquiere extraordinária importancia. 

En tanto continue el contenido de nuestra conciencia, somos los responsables por todo lo que ocurre en el mundo. 

En tanto el miedo, las nacionalidades, el impulso dei êxito -usted sabe, todas esas cosas-, existan, cada uno de nosotros es parte de la humanidad, parte dei movimiento humano. »

Esto es sumamente importante que se comprenda. 

Es así: el yo es producto del pensamiento. 

Y el pensamiento, como dijimos, no es suyo ni mío; el pensar no es un pensar individual. 

El pensar es compartido por todos los seres humanos. 

Y cuando en verdad hemos visto profundamente el significado de todo esto, entonces pienso que podemos comprender la naturaleza de lo que implica morir. »

Cuando usted era un muchacho, tiene que haber seguido una suave corriente que gorgoteaba a lo largo de un valle pequeño y estrecho, con las aguas que corrían más y más rápidas, y al encontrar algo, digamos un trozo de madera, lo arrojo usted en la corriente y siguió su curso hacia abajo viendo cómo pasaba por un desvío, por un montículo; a través de una pequena grieta -lo siguió hasta que el trozo de madera pasó por encima de una cascada y desapareció-. 

Esta desaparición es nuestra vida. »

¿Qué significa la muerte? ^

<<¿Qué es la palabra misma, el sentimiento amenazador que la acompaña? 

Al parecer, jamás la aceptamos.»

EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 11 DE MARZO - (CONTINÚA)...

 Ojai, California 

11, marzo, 1983 (continuúa) 

Era una mañana realmente encantadora, una clara y hermosa mañana. 

Todas las hojas estaban cubiertas de rocio. 

Y mientras el sol ascendia lentamente, extendiéndose en silencio sobre la bella tierra, en este valle reinaba una gran paz. 

Los árboles estaban cargados de naranjas, pequeñas pero abundantes. 

Poco a poco, el sol ilumino cada árbol y cada fruto. 

Sentado en esa galeria que da al valle, uno podia ver las largas sombras de la mañana. 

La sombra es tan bella como el árbol . 

Tuvimos deseos de salir, no en automóvil, sino de caminar afuera entre los árboles, y aspirar el aire fresco y el aroma de innumerables naranjas y flores, y escuchar el sonido de la tierra. 

Más tarde subimos hasta la cumbre misma dei cerro que dominaba el ancho valle. 

La tierra no pertenece a nadie; es la tierra sobre la cual todos nosotros hemos de vivir por muchos años, arando, cosechando y destruyendo. 

Uno es siempre un huésped en esa tierra, y tiene la austeridad propia dè un huésped. 

La austeridad es algo mucho más profundo que el poseer sólo unas pocas cosas. 

La palabra «austeridad» ha sido estropeada por los monjes, los sanyasis, los ermitaños. 

Sentado ahí, en ese alto cerro, solo en medio de la solitud de tantas cosas, de tantas rocas y pequeños animales y hormigas, esa palabra carecia de significado. 

Al otro lado de los cerros, muy lejos en la distancia, estaba el ancho mar, radiante, resplandeciente.

Nosotros hemos dividido latierra como «tuya» y «mia» -tu nación, mi nación, tu bandera y la bandera de él, esta religión particular y la religión dei hombre distante-. 

El mundo, la tierra, están divididos, fragmentados. 

Y por eso es que reñimos y peleamos, y los políticos se regocijan en su poder a fin de mantener esta división y no miran jamás el mundo como una totalidad. 

Les falta la mente global . 

Nunca sienten ni perciben la inmensa posibilidad de no ser nacionalistas, de no tener divisiones; jamás pueden percibir la fealdad de su poder, de su posición y del sentido; de su propia importância. 

Ellos son como cualquier otra persona, sólo que ocupan el sitial del poder con sus insignificantes, mezquinos deseos y ambiciones, y así es, por lo visto, como mantienen la actitud tribal hacia la vida desde que el hombre ha estado sobre esta tierra. 

Carecen de una mente no comprometida con ningún tipo de resultados, ideales e ideologias -una mente que se mueva más allá de las divisiones de raza, cultura y religión que el hombre ha inventado. 

Los gobiemos deben existir en tanto el hombre no sea luz para sí mismo, en tanto no viva su vida cotidiana con orden, con atención, trabajando, observando, aprehdiendo diligentemente. 

Prefiere más bien que le digan lo que debe hacer. 

Y se lo han dicho desde la antigüedad los sacerdotes, los gurús, y él acepta sus ordenes, sus peculiares disciplinas destructivas como si ellos fueran dioses en esta tierra, como si ellos conocieran todas las implicaciones de esta vida tan extraordinariamente compleja. 

Sentado ahí, muy por encima de todos los árboles, sobre una roca que tiene su propio sonido como toda cosa viviente en esta tierra, observando el cielo azul, claro, inmaculado, uno se pregunta cuánto tiempo le tomará al hombre aprender a vivir en este mundo sin rencillas, sin disputas, guerras y conflictos. 

El hombre ha creado el confücto al dividir la tierra lingüísticamente, culturalmente, superficialmente.

Uno se pregunta cuánto tiempo le tomará al hombre -que ha evolucionado durante tantos siglos de dolor y aflicción, de ansiedad y placer, temor y conflicto-, cuánto tiempo le tomará vivir una clase diferente de vida. 

Mientras uno estaba sentado quietamente, sin movimiento alguno, se acerco un lince. 

Como el viento soplaba por encima del valle, el animal no advirtió el olor de ese ser humano.

Ronroneaba, frotándose contra una roca, su pequeña cola levantada, regocijándose con la maravilla de la tierra. 

Después desapareció cerro abajo entre los arbustos. 

Estaba protegiendo su guarida, su cueva o el lugar donde dormía. 

Protegia sus necesidades, sus propios gatitos, cuidándolos del peligro. 

Temía al hombre más que a ninguna otra cosa, al hombre que cree en Dios, que reza, al hombre rico con su escopeta, con su matar indiferente. 

Casi podia sentirse el olor de ese lince cuando pasó cerca. 

Uno estaba tan inmóvil, tan completamente quieto, que el animal ni siquiera lo miró: uno era parte de esa roca, parte del ambiente.  

Por qué -se pregunta uno- el hombre no se da cuenta de que puede vivir en paz, sin guerras, sin violência? 

¿Cuánto tiempo le tomará comprender esto, cuántos siglos y siglos? 

Desde los siglos pasados, en millares de ayeres, no ha aprendido. 

Lo que es ahora, así será su futuro. 

Esa roca se estaba poniendo demasiado caliente. 

La concentración del calor podia sentirse a través de los pantalones; de modo que uno se levantó y descendió siguiendo al lince que había desaparecido mucho tiempo atrás. 

Había otras criaturas: la ardilla de la tierra, una gran culebra y una serpiente de cascabel. 

Silenciosamente se ocupaban de sus asuntos. 

Se desvaneció el aire de la manñna; paulatinamente, el sol llegó al oeste. 

Tomaría una hora o dos antes de que se pusiera detrás de aquellos cerros, con el maravilloso contorno de las rocas y los colores dei atardecer -azul, rojo y amarillo-. 

Después, empezaría la noche, los sonidos de la noche llenarían el aire; sólo más tarde habría un silencio total. 

Las raíces del cielo son de inmenso vacío, porque en ese vacío hay energia, incalculable, vasta y profunda energia.

EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 11 DE MARZO DE 1983

 11, marzo, 1983 

Era una mañana moderadamente fresca, y había una luz que sólo existe en Califórnia, especialmente en la parte sur. 

Es en verdad una luz realmente extraordinária. 

Hemos viajado probablemente por todo el mundo, por la mayor parte del mundo al menos, hemos visto innumerables luces y nubes en muchas partes de la tierra. 

En Holanda, las nubes están muy próximas al suelo; aquí en Califórnia, las nubes contra el cielo azul parecen retener la luz etemamente, la luz que contienen las grandes nubes con su forma y cualidad extraordinárias. 

Era una mañana fresca, muy bella. 

Y cuando uno escala el sendero rocoso que lleva hasta la cumbre, y miro hacia abajo en el valle y vé las hileras e hileras de naranjos, de aguacates, y los cerros que rodean el valle, era como si uno estuviera fuera de este mundo, tan completamente perdido se hallaba para todas las cosas, para la fatiga, para las feas acciones y reacciones del hombre. 

Uno dejaba atrás todo eso a medida que ascendía más y más por el sendero rocoso. 

Dejaba atrás, muy abajo, la vanidad, la arrogancia, la vulgaridad de los uniformes, de las condecoraciones que el hombre exhibe sobre todo su pecho, y la vanidad y las extrañas vestimentas de los sacerdotes. 

Todo eso quedaba atrás. 

Y cuando uno ascendía casi pisó a una codorniz madre con su docena o más de pequeñas crías que se diseminaron pisando entre los arbustos. 

Al llegar más arriba uno miró hacia atrás, y vio que la codorniz ya había reunido nuevamente a las crías alrededor de ella, las cuales estaban completamente seguras bajo las alas de su madre.

Es preciso escalar hora tras hora para alcanzar la gran cima.

Algunos dias uno vio un oso a muy poca distancia, el cual no le prestó atención alguna. 

Los ciervos al otro lado del arroyo también parecían indiferentes a la presencia del hombre. 

Finalmente uno llegó a la cima de una meseta rocosa, y al otro lado de las colinas, bacia el suroeste, se veía el mar distante, tan azul, tan quieto, tan infinitamente lejano. 

Uno se sentó sobre una roca lisa, agrietada, a la que el sol debió resquebrajar sin remordimiento alguno por siglos y siglos. 

Y en las pequeñas grietas había diminutas criaturas vivientes que se escurrían; y el silencio era completo, total e infinito. 

Un ave muy grande -la llaman condor- volaba describiendo círculos en el cielo. 

Aparte de ese movimiento no había actividad alguna excepto estos diminutos insectos; solo ese silencio, esa paz que existe únicamente donde el hombre jamás ha estado antes. 

Todo quedo atrás en ese pequeño poblado que se veia a tanta distancia debajo. 

Literalmente todo: la propia identidad -si es que uno tenía alguna-, las pertenencias, la posesión de las propias experiencias, los recuerdos de cosas que significaban algo para uno -todo eso quedó atrás, muy abajo entre los resplandecientes huertos y naranjales-. 

Aquí el silencio era absoluto y uno estaba completamente solo. 

La mañana era maravillosa y el aire fresco, que se estaba tornando más y más frio, lo envolvía a uno; y uno estaba totalmente perdido para todas las cosas. 

Era la nada y más allá de la nada.

 Habría que olvidarse realmente de la palabra meditación. 

Es una palabra que ha sido corrompida. 

El significado corriente de esa palabra -considerar algo, pensar o reflexionar acerca de ello es más bien trivial y común. 

Si queremos comprender la naturaleza de la meditación, tenemos que olvidar realmente la palabra, puesto que no podemos medir con palabras aquello que es inmensurable, que está más allá de toda medida. 

No hay palabras que puedan comunicarlo, ni sistema alguno, ni métodos de pensamiento, ni prácticas o disciplinas. 

Si pudiéramos más bien encontrar otra palabra que no haya sido tan mutilada, tan corrompida, tan vulgarizada, que no se haya convertido en el medio de ganar muchísimo dinero, si pudiéramos hacer a un lado la palabra «meditación», entonces comenzaríamos a percibir suavemente, serenamente, un movimiento que no es del tiempo. 

Por otra parte, la palabra «movimiento» implica tiempo. 

Lo que quiere indicarse es un movimiento sin principio ni fin, un movimiento en el sentido de una ola -ola tras ola que comienzan en ninguna parte y sin playa alguna donde puedan romper-. 

Una ola infinita. 

El tiempo, por lento que sea, es mas bien tedioso. 

El tiempo significa crecimiento y evolución -devenir, lograr y aprender, cambiar-. 

Y el tiempo no es el camino hacia aquello que está mucho más allá de la palabra «meditación». 

El tiempo no tiene nada que ver con eso. 

El tiempo es la acción de la voluntad, el deseo, y el deseo no puede en modo alguno [palabra o palabras inaudibles aquí]... aquello que se encuentra mucho más alla de la palabra meditación. 

Aquí está uno sentado sobre esta roca, con el cielo azul -asombrosamente azul- y el aire purísimo, incontaminado. 

Muy lejos, al otro lado de esta cadena de montañas, está el desierto. 

Pueden verse millas y millas de desierto. 

Es realmente una percepcion intemporal de «lo que es». 

Solamente esa perception puede decir que aquello es. 

Uno permaneció sentado ahí observando durante lo que parecieron muchos dias, muchos años, muchos siglos. 

A medida que el sol bajaba hacia el mar, uno fue abriéndose paso en descenso hacia el valle, y todo alrededor estaba iluminado, esa brizna de hierba y ese sumac [un arbusto silvestre], el altísimo eucalipto y la tierra floreciente. 

Tomo tanto tiempo descender como el que había tomado el ascenso. 

Pero aquello que es intemporal no puede ser medido por las palabras. 

Y «méditacion» es solo una palabra. 

Las raíces del cielo se hallan en el profundo y perdurable silencio.

EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 10 DE MARZO DE 1983

 10, marzo, 1983 

El otro día, mientras uno paseaba por un apartado sendero boscoso, lejos dei ruido y la brutalidad y vulgaridad de la civilización, muy lejos de cuanto el hombre ha producido, había una sensación de gran quietud que abarcaba todas las cosas -serena, distante y colmada del sonido de la tierra-. 

Mientras uno caminaba tranquilamente, sin perturbar las cosas de la tierra que le rodeaban -los arbustos, los árboles, los grillos y los pájaros- subitamente - a la vuelta de un recodo, aparecieron dos pequeñas criaturas riñendo la una con la otra, peleando a su pequeño modo peculiar. 

Una estaba tratando de ahuyentar a la otra que molestaba intentando introducirse en el pequeño agujero que no le pertenecía, y la propietaria la rechazaba. 

Pronto venció la propietaria y la otra escapó. 

Y nuevamente hubo quietud, un sentido de profunda soledad. 

Y mientras uno iba mirando hacia arriba, el sendero se internaba alto en las montañas, la cascada murmuraba dulcemente cayendo a un lado del camino; había una gran belleza y una dignidad infinita -no la dignidad que logra el hombre y que parece tan vana y arrogante-. 

La pequeña criatura se había identificado con su hogar, tal como lo hacen los seres humanos. 

Nosotros estamos siempre tratando de identificarnos con nuestra raza, con nuestra cultura, con las cosas en que creemos, con alguna figura mística, o algún salvador, alguna clase de autoridad suprema. 

El identificarse con algo parece ser la naturaleza del hombre. 

Probablemente este sentimiento nuestro se deriva de ese pequeño animal. 

Uno se pregunta por qué existe esta ansia, este anhelo de identificación. 

Es comprensible la identificación con las propias necesidades físicas-las cosas indispensables, ropas, alimento, albergue, etcétera-. 

Pero internamente, bajo la piel por así decir, tratamos de identificamos con el pasado, con la tradición, con alguna extravagante imagen romântica, con algún símbolo muy apreciado. 

E indudablemente, en esta identificación hay una sensación de estar seguros, a salvo, de ser dueños de aquello con que nos identificamos y, a la vez, de pertenecerle. 

Esto nos proporciona un gran bienestar. 

Y ese bienestar, esa seguridad la obtenemos de cualquier forma de ilusión. 

Y el hombre, aparentemente, necesita muchas ilusiones. 

En la distancia se oye el ulular de un búho, y llega una profunda respuesta gutural desde el otro lado del valle. 

Todavia está amaneciendo. 

El ruido del día no ha comenzado y todo está muy quieto. 

Existe algo extraño y sagrado allí donde el sol se.asoma. 

Hay una plegaria, un canto a la aurora, a esa extraña luz quieta. 

En esa madrugada Ia luz era suave, no soplaba una brisa y toda la vegetación, los árboles, los arbustos, estaban inmóviles; silenciosos, aguardando. 

Aguardando la salida del sol. 

Y quizás el sol no se levantaria aún por una media hora o algo así, y el amanecer estaba cubriendo lentamente la tierra con una extraña calma. 

Gradualmente, pausadamente, la más alta de las montañas se estaba volviendo más brillante, dorada y clara mientras el sol la iba tocando; y la nieve era pura, no la afectaba la luz del día. 

A medida que uno ascendía dejando muy abajo los pequeños senderos de la aldea, el sonido de la tierra, los grillos, las codornices y otros pájaros empezaron su cántico matinal de exquisita adoración al día. 

Y mientras el sol se levantaba, uno era parte de esa luz y había dejado atrás todo lo que es producto del pensamiento. 

Había un completo olvido de uno mismo. 

La psique estaba libre de sus luchas y pesares. 

Y mientras uno caminaba ascendiendo más y más, no existia sentido alguno de separación ni siquiera el sentido; de ser uno un ser humano. 

La niebla de la mañana se estaba concentrando lentamente en el valle, y esa niebla era uno mismo, era el hombre volviéndose más y más espeso, sumergiéndose más y más en la fantasía, en el romance, en la necedad de la propia vida. 

Y después de un largo período de tiempo, uno llegó abajo.  

Se escuchaba el murmullo del viento, de los insectos, los llamados de innumerables pájaros. 

Y a medida que uno descendía, la niebla iba desapareciendo. 

Había calles, tiendas, y la gloria del amanecer se estaba desvaneciendo rápidamente.  

Y la gente comenzaba su rutina diaria, atrapada en el hábito del trabajo, en las disputas entre hombre y hombre, en las divisiones de la identificación, la división de las ideologias, las preparaciones para las guerras, el propio pesar interno y el perpetuo dolor del hombre. 


EL ÚLTIMO DIARIO - J.K. - 28 DE FEBRERO DE 1983

 28,febrero,1983 

Volando a 41.000 pies de altura, de un continente a otro, uno no ve más que nieve, millas y millas de nieve; todas las montañas y los cerros están cubiertos de nieve, y también los ríos están helados. 

Se les ve ondular, serpentear por toda la tierra. 

Y muy lejos, abajo, las granjas distantes están cubiertas de hielo y nieve. 

Es un largo y fatigoso viaje de once horas. 

Los pasajeros parloteaban todo el tiempo. 

Detrás de uno había una pareja que no paraba de hablar, sin mirar jamás la gloria de esos maravillosos cerros y montanas, sin mirar siquiera a los otros pasajeros. 

Aparentemente, estaban ambos absortos en sus propios pensamientos, en sus propios problemas, en sus charlas. 

Y al fin, después de un tedioso y sereno vuelo en lo más recio del inviemo, aterrizamos en la ciudad del Pacífico. 

Después dei ruido y del alboroto, abandonamos esa fea, desproporcionada, vulgar y vociferadora ciudad con sus intermittables tiendas que venden casi todas ellas las mismâs cosas. 

Dejamos todo eso detrás y recorremos la costa por la carretera dei azul Pacífico, siguiendo la orilla por un bello camino que pasa a través de los cerros y se encuentra a menudo con el mar; y cuando el Pacífico queda atrás, penetramos en el campo después de serpentear por varias pequeñas colinas apacibles, tranquilas, llenas de esa extrana dignidad de la tierra, y finalmente llegamos al valle. 

Uno ha estado ahí por los últimos sesenta años, y cada vez se asombra al entrar en este valle silencioso que casi no ha sido tocado por el hombre. 

Penetra en este valle que parece una inmensa copa, un nido. 

Entonces abandona el pequeño poblado y asciende unos 1.400 pies, atravesando hileras e hileras de huertos y naranjales. 

El aire está perfumado de azahar. 

Todo el valle se halla impregnado de ese aroma. 

Y el perfume de azahar llena la mente, el corazón, todo el cuerpo. 

Es la más extraordinária sensación la de vivir en medio de un perfume que perdurará por cerca de tres semanas o más. 

Y hay quietud en las montañas, una gran dignidad. 

Y cada vez que uno mira esos cerros y la alta cumbre que está a más de 6.000 pies, se sorprende realmente de que exista una región semejante. 

Siempre que uno llega a este valle tan quieto y apacible, hay un extraño sentimiento de distancia, de silencio profundo y de una vasta y lenta expansión de tiempo. 

EI hombre trata de estropear el valle, pero éste ha sido preservado. 

Y esa mañana las montañas se veían extraordinariamente bellas. 

Uno casi podia tocarlas. 

Contienen toda la majestad, el inmenso sentido de permanencia. 

Y uno penetra silenciosamente en la casa donde ha vivido por más de sesenta años, y la atmosfera, el aire es -si se puede usar esa palabra- sagrado; uno lo siente, casi puede tocarlo con la mano. 

Como ha llovido considerablemente, porque es la estación de las lluvias, todos los cerros y los pequenos pliegues de la montaña están verdes, florecientes, plenos - con cierta callada y profunda comprensión de su propia existencia la tierra sonrie ante tanto deleite, con cierta callada y profunda comprensión de su propia existência.

«Usted ha dicho una y otra vez que la mente, o si lo prefiere, el cerebro, debe vaciarse a sí mismo de todo el conocimiento que ha reunido no sólo para ser libre sino para poder comprender algo que no es del tiempo, ni del pensamiento, ni de acción alguna. 

Usted ha dicho esto de diferentes maneras en la mayoría de sus pláticas, y yo encuentro terriblemente difícil de captar no sólo la idea, la profundidad de eílo, sino el sentimiento de silencioso vacío -si puedo usar esa palabra-. 

Jamás he podido tantear mi camino en ello. 

He intentado diversos métodos para terminar con el parloteo de la mente, con la incesante ocupación en una cosa u otra y con los problemas que crea esta misma ocupación. 

Y del modo en que uno vive, está atrapado en todo esto. 

Ésta es nuestra vida cotidiana: el tedio, la charla permanente que tiene lugar en una familia; y cuando no se charla está la televisión o un libro. 

La exigencia de la mente parece ser la de hallarse ocupada, la de moverse de una cosa a otra, de un conocimiento a otro, de una acción a otra con el constante movimiento dei pensar.»

«Como lo señalamos, el pensamiento no puede ser detenido por la mera determinación, por una decisión de la voluntad, o por el apremiante y urgente deseo de penetrar en la cualidad del quieto, silencioso vacío.»

«Yo me descubro a mí mismo envidioso con respecto a algo que creo, que siento que es verdadero y que me gustaría tener, pero ello siempre me ha eludido, ha permanecido siempre más allá de mi captación. 

He venido, como lo he hecho a menudo, para hablar con usted.

¿Por qué en mi vida cotidiana, en mis ocupaciones diarias no existe la estabilidad, la firmeza de áquella quietud?

¿Por qué falta esto en mi vida? 

Me he preguntado a mí mismo qué he de hacer. 

Y también me doy cuenta de que no puedo hacer mucho al respecto, o que no puedo hacer absolutamente nada. 

Pero la irritación sigue ahí, no puedo despreocuparme de ella. 

Si sólo pudiera experimentar aquello una vez, entonces ese recuerdo mismo me sostendría, daria signifícación a una vida en realidad bastante: absurda. 

He venido, pues, a inquirir, a sondear esta cuestión: ¿Por qué la mente -tal vez  la palabra cerebro seria mejor- exige estar siempre ocupada?»