EL ARTE DE ESCUCHAR - 21 - J.K. -

 TERCERA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN 

Esta mañana sólo voy a contestar preguntas. 

Pregunta: 

¿Cree usted en la eficacia de la oración y en el valor de la oración orientada, con sincera simpatía, a la desgracia y el sufrimiento de otros? ¿No puede la oración, en su sentido correcto, traer alguno vez la libertad de la que usted habla? 

KRISHNAMURTI: Cuando usamos la palabra oración, pienso que la usamos en un sentido muy definido. Tal como por lo general se la entiende, significa orar a alguien, ajeno a nosotros mismos, para que nos dé fuerza, comprensión y demás. O sea, buscamos la ayuda de una fuente externa. Cuando ustedes sufren y acuden a otro para que los alivie de ese sufrimiento, no hacen sino crear en sus mentes y, por ende, en su acción, insuficiencia, dualidad

Por lo tanto, desde mi punto de vista la oración, tal como se la entiende comúnmente, carece de valor. En su oración puede que olviden su sufrimiento, pero no han comprendido la causa del sufrimiento. La oración sólo los ha absorbido, les ha sugerido ciertos modos de vivir. De manera que la oración, en el sentido corriente de la palabra, o sea, recurrir a otro para que nos alivie del sufrimiento, para mí no tiene ningún valor. Pero, si puedo usar la palabra con un sentido diferente, pienso que hay una oración que no consiste en recurrir a otro por ayuda; es un alerta continuo de la mente, un estado despierto en el que nos comprendemos a nosotros mismos. En ese estado de oración, conocemos la causa del sufrimiento, la causa de la confusión, la causa de un problema. 

Casi todos nosotros, cuando tenemos un problema buscamos inmediatamente una solución. Cuando encontramos una solución, pensamos que hemos resuelto el problema, pero no lo hemos resuelto. Sólo hemos escapado de él. La oración, en el sentido convencional de la palabra, es así un escape. Pero la verdadera oración, en mi sentir, es una acción con un intenso y despierto interés en la vida.

Pregunta:

 ¿Piensa usted que la oración de una madre por sus hijos puede ser buena para ellos?

 KRISHNAMURTI: 

¿Qué piensa usted? 

Comentario: 

Tengo la esperanza de que sea buena para ellos. 

KRISHNAMURTI: 

¿Qué entiende usted por buena para ellos? ¿No hay alguna otra cosa que uno pueda hacer para ayudarlos? ¿Qué puede uno hacer por otro cuando esa persona está sufriendo? Uno puede darle simpatía y afecto. Supongamos que estoy sufriendo porque amo a alguien que no me retribuye con su amor, y supongamos también que soy su hijo. Su oración no aliviará mi sufrimiento. ¿Qué ocurre? Usted discute el asunto conmigo, pero la pena sigue existiendo porque anhelo ese amor. ¿Qué quiere usted hacer cuando ve sufrir a alguien a quien ama? 

Quiere ayudarlo, quiere librarlo de su sufrimiento. 

Pero no puede hacerlo, porque ese sufrimiento es la prisión de esa persona. Es la prisión que ella misma ha creado, una prisión que usted no puede eliminar. 

Pero eso no quiere decir que su actitud deba ser de indiferencia. 

Ahora bien, cuando alguien a quien ama está sufriendo y usted no puede hacer nada por él, recurre a la oración, confiando en que ocurrirá algún milagro que aliviará su dolor. 

Pero una vez que comprenda que la causa del sufrimiento es la ignorancia creada por esa misma persona, entonces se dará cuenta de que puede darle simpatía, afecto, pero que no puede eliminar su sufrimiento. 

Comentario: 

Pero queremos aliviar nuestro propio sufrimiento.

KRISHNAMURTI:

 Eso es diferente. 

Pregunta: 

Usted dice: 

“Enfréntense a todos las experiencias tal como se presentan”. 

¿Qué hay respecto de tan terribles infortunios como el de ser condenado a prisión perpetua, o el de ser quemado vivo por sostener ciertas opiniones políticas o religiosas, infortunios que han sido realmente el destino de los seres humanos? 

¿Les pediría a esas personas que se sometieran a sus desdichas y no trataran de superarlas?

KRISHNAMURTI: 

Supongamos que cometo un asesinato; entonces la sociedad me encarcela porque he hecho algo que es intrínsecamente malo. O supongamos que alguna fuerza externa me impulsa a hacer algo que usted desaprueba, y usted, a cambio de eso, me produce un daño. ¿Qué puedo hacer? Supongamos que dentro de algunos años, en este país, usted decide que no me quiere aquí a causa de lo que digo. ¿Qué puedo hacer? No puedo venir aquí. Ahora bien, ¿acaso no es la mente la que, después de todo, da valor a estos términos fortuna e infortunio? 

Si sostengo cierta creencia y soy encarcelado por sostenerla, no considero a esa prisión como un sufrimiento, porque la creencia es realmente mía. 

Supongamos que creo en algo, algo no externo, algo que es verdadero para mí; si soy castigado por sostener esa creencia, no consideraré ese castigo como un sufrimiento, porque la creencia por la que me han castigado no es para mí meramente una creencia, sino una realidad. 

Pregunta: 

Usted ha hablado contra el espíritu de adquisición, tanto espiritual como material. La contemplación, ¿no nos ayuda a comprender y afrontarla vida de manera completa? 

KRISHNAMURTI: 

¿No es la contemplación la esencia misma de la acción? 

En la India hay personas que se apartan de la vida, del diario contacto con los demás, y se retiran al bosque para contemplar, para encontrar a Dios.

 ¿Llama usted contemplación a eso?

 Yo no lo llamaría contemplación, no es sino un escapar de la vida. La contemplación surge de enfrentarse completamente a la vida. 

La contemplación es acción. El pensamiento, cuando es completo, es acción. 

El hombre que, para pensar, se aparta del diario contacto con la vida, hace de su vida algo que es antinatural; para él la vida es confusión. Nuestra búsqueda misma de Dios o de la verdad es un escape. Buscamos porque encontramos que la vida que vivimos es fea, monstruosa. Decimos: “Si puedo comprender quién creó esto, comprenderé la creación; me apartaré de esto y me acercaré a aquello”. Pero, si en vez de apartarse, tratara usted de comprender la causa de la confusión en la confusión misma, entonces su hallazgo, su descubrimiento, destruiría lo que es falso.

A menos que la haya experimentado, usted no puede saber qué es la verdad. Ninguna cantidad de páginas que la describan ni el hábil ingenio del hombre puede decirle qué es la verdad. Usted sólo puede conocerla por sí mismo, y sólo puede hacerlo cuando ha liberado a su mente de toda ilusión. Si la mente no es libre, usted no crea más que opuestos y estos opuestos se convierten en sus ideales, ideales como Dios o la verdad. Si estoy atrapado en el sufrimiento, en la angustia, creo la idea de la paz, la idea de la tranquilidad. Creo la idea de la verdad, conforme a mi agrado y desagrado; por lo tanto, esa idea no puede ser verdadera. Sin embargo, es lo que hacemos constantemente. Cuando nos dedicamos a contemplar del modo en que generalmente lo hacemos, sólo estamos tratando de escapar de la confusión. “Pero”, dice usted, “cuando estoy atrapado en la confusión no puedo comprender; tengo que escapar de ella a fin de comprender”. O sea, que usted trata de aprender del sufrimiento. Pero, tal como lo veo, uno no puede aprender nada del sufrimiento, si bien no debe apartarse de él. La función del sufrimiento es darnos una tremenda sacudida; el despertar causado por esa sacudida nos ocasiona dolor y entonces decimos: “Veamos qué puedo aprender de ello”. Ahora bien, si, en vez de decir esto, nos mantenemos despiertos durante la sacudida del sufrimiento, entonces esa experiencia entregará comprensión. La comprensión se encuentra en el sufrimiento mismo, no lejos de él; el sufrimiento mismo nos libera del sufrimiento. 

Comentario: 

Usted dijo el otro día que el autoanálisis es destructivo, pero yo pienso que analizar la causa del sufrimiento le da a uno sabiduría.

 KRISHNAMURTI: La sabiduría no está en el análisis. Usted sufre, y analizando procura encontrar la causa; o sea, que está analizando un suceso muerto, la causa que ya se encuentra en el pasado. Lo que tiene que hacer es encontrar la causa del sufrimiento en el instante mismo del sufrimiento. Analizando el sufrimiento no encuentra la causa; analiza sólo la causa de un acto particular. Entonces dice: 

“He comprendido la causa de ese sufrimiento”. 

Pero en realidad sólo ha aprendido a evitar el sufrimiento; no ha liberado del sufrimiento a la mente. Este proceso de acumulación, de aprender mediante el análisis de su acto particular, no genera sabiduría. La sabiduría surge sólo cuando la conciencia del “yo” -que es el creador, la causa del sufrimiento- se disuelve. ¿Estoy haciendo difícil esto?

¿Qué sucede cuando sufrimos? Deseamos alivio inmediato, y así aceptamos cualquier cosa que nos ofrecen. La examinamos superficialmente por el momento y decimos que hemos aprendido. Cuando esa droga demuestra ser insuficiente para proveernos alivio, tomamos otra, pero el sufrimiento continúa. ¿No es así? Pero cuando uno sufre completamente, totalmente, no sólo de modo superficial, entonces algo ocurre; cuando todas las vías de escape que la mente ha inventado han sido entendidas y bloqueadas, sólo queda el sufrimiento, y entonces uno lo comprende. No hay terminación del sufrimiento mediante una droga intelectual. Como dije el otro día, para mí la vida no es un proceso de aprendizaje; no obstante, tratamos a la vida como si fuera meramente una escuela para aprender cosas, meramente un sufrimiento a fin de aprender, como si todo sirviera únicamente como un medio para alguna otra cosa. Ustedes dicen que si pueden aprender a contemplar, afrontarán la vida plenamente, mientras que yo digo que, si la acción de ustedes es completa, o sea, si la mente y el corazón se encuentran en armonía total, entonces esa acción misma es contemplación, ausencia de todo esfuerzo.

 Pregunta: 

¿Puede un ministro que se ha liberado de las doctrinas, seguir siendo un ministro en la iglesia luterana?

 KRISHNAMURTI: Pienso que no permanecerá en el ministerio. ¿Qué entiende usted por ministro? ¿Uno, que le da lo que usted desea espiritualmente, o sea, consuelo? La pregunta ya ha sido, por cierto, contestada. Usted acude a mediadores para que le ayuden. Me convierte también a mí en un ministro -un ministro sin doctrinas, pero piensa en mí como en un ministro-. Me temo que no lo soy. No puedo darle nada. Una de las doctrinas convencionalmente aceptadas es que otros pueden conducirlo a uno hacia la verdad, que uno puede comprenderla mediante el sufrimiento de otro. Pero yo digo que nadie puede conducirlo a uno hacia la verdad. 

Pregunta: Supongamos que el ministro está casado y depende de su posición para vivir.

 KRISHNAMURTI: 

Usted dice que si el ministro renunciara a su trabajo, su mujer y sus hijos sufrirían, lo cual es para él un verdadero sufrimiento, tal como lo es para su mujer y sus hijos. ¿Debería renunciar? Supongamos que yo soy un ministro, que ya no creo en las iglesias y siento la necesidad de librarme de ellas. ¿Considero la situación de mi mujer y mis hijos? 

Una decisión así necesita muchísima comprensión. 

Pregunta:

 Usted ha dicho que la memoria representa una experiencia que no ha sido comprendida. ¿Significa eso que nuestras experiencias carecen de valor para nosotros? ¿Y por qué una experiencia plenamente comprendida no deja recuerdo? 

KRISHNAMURTI: 

Me temo que la mayoría de las experiencias que tenemos carecen de valor. Repetimos la misma cosa una y otra y otra vez, mientras que para mí una experiencia realmente comprendida libera a la mente de toda búsqueda de experiencias. Ustedes se enfrentan con un acontecimiento del cual esperan aprender, del cual esperan obtener un beneficio, y multiplican las experiencias, una tras otra. Con esa idea de la sensación, del aprendizaje, de la ganancia, se enfrentan a diversas experiencias y lo hacen con una mente predispuesta. Así, usan estas experiencias sólo como un medio para obtener alguna otra cosa: para enriquecerse emocional o mentalmente, para disfrutar. Piensan que estas experiencias no tienen un valor intrínseco, las consideran sólo como un medio para obtener de ellas alguna otra cosa. Donde hay anhelo tiene que haber memoria, la cual crea al tiempo. Y la mayoría de las mentes, por estar presas en el tiempo, encaran la vida con esa limitación. Es decir, atadas por esta limitación tratan de comprender algo que no tiene límites. Por lo tanto, hay conflicto. En otras palabras, las experiencias de las cuales tratamos de aprender, se originan en una reacción. No hay tal cosa como aprender de la experiencia o por medio de la experiencia.

El interlocutor quiere saber por qué una experiencia comprendida plenamente no deja recuerdo. Nos sentimos solos, vacíos; estando conscientes de esa vacuidad, de esa soledad, recurrimos a la experiencia para llenarlas. Decimos: “Aprenderé de la experiencia; llenemos la mente con la experiencia que destruye la soledad”. 

La experiencia destruye, efectivamente, la soledad, pero nos torna muy superficiales. 

Es lo que siempre estamos haciendo. Pero si nos damos cuenta de que este anhelo mismo origina la soledad, entonces la soledad desaparecerá. 

Pregunta: 

Yo siento el enredo y la confusión del apego en los pensamientos y sentimientos que componen la riqueza y variedad de mi vida. 

¿Cómo puedo aprender a desapegarme de la experiencia, de la cual parezco incapaz de escapar?

KRISHNAMURTI: 

¿Por qué quiere desapegarse? Porque el apego le ocasiona sufrimiento. La posesión es un conflicto en el cual hay celos, una vigilancia continua, una lucha interminable. El apego le causa sufrimiento; por lo tanto, dice: “Tengo que desapegarme”. O sea, que su desapego es meramente un escapar del sufrimiento. Dice: 

“Debo encontrar una manera, un medio por el cual dejar de sufrir”. 

En el apego hay conflicto que lo despierta, que lo provoca; para no ser despertado, anhela usted el desapego. 

Va por la vida deseando el opuesto exacto de lo que le ocasiona sufrimiento, y ese deseo mismo no es sino un escapar de la cosa en la que está atrapado. No es una cuestión de aprender a desapegarse, sino de mantenerse despierto. 

El apego le causa dolor. 

Pero si, en vez de tratar de escapar, procurara mantenerse despierto, encararía abiertamente cada experiencia y la comprendería. 

Si está apegado y se siente satisfecho estándolo, no experimenta ninguna perturbación. 

Sólo en época de aflicción y sufrimiento anhela usted lo opuesto que, espera, le traerá un alivio. 

Si está apegado a una persona y hay paz y quietud, todo se mueve suavemente por un tiempo; luego ocurre algo que le causa aflicción. 

Tome, por ejemplo, un marido y su esposa; en su posesión mutua, en su amor, hay ceguera completa, felicidad. 

La vida se desliza suavemente hasta que algo sucede él puede abandonarla o ella puede enamorarse de otro-. 

Entonces hay sufrimiento. 

En una situación así uno se dice a sí mismo: 

“Tengo que aprender a desapegarme”. 

Pero si vuelve a enamorarse, repite la misma cosa. 

Al experimentar otra vez dolor en el apego, uno anhela lo opuesto. 

Así es la naturaleza humana, eso es lo que cada ser humano desea. 

No es, entonces, una cuestión de adquirir desapego. 

Se trata de ver la necedad del apego cuando uno está sufriendo a causa del apego; entonces uno no se dirige hacia lo opuesto. 

¿Qué ocurre ahora? 

Usted desea apegarse y, al mismo tiempo, desea desapegarse, y en este conflicto hay sufrimiento. 

Si en el sufrimiento mismo comprende usted la finalidad del sufrimiento, si no trata de escapar hacia lo opuesto, entonces ese sufrimiento lo liberará tanto del apego como del desapego.

  9 de septiembre de 1933

EL ARTE DE ESCUCHAR - 20 - J.K. -

 SEGUNDA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN 

Amigos: 

Hoy quiero explicar que hay una manera de vivir naturalmente, espontáneamente, sin la constante fricción de la autodisciplina, sin la batalla constante del ajuste. Pero para comprender lo que voy a decir, tengan la bondad de considerarlo no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente. Deben sentirlo; porque la realización plena de la vida puede darse sólo cuando tanto sus emociones como sus pensamientos actúan en armonía. Cuando ustedes viven en armonía completa de la mente y el corazón, entonces la acción es natural, espontánea y exenta de esfuerzo. Las mentes, en su mayoría, buscan la seguridad. Queremos estar seguros. Investimos de autoridad a aquéllos que nos ofrecen esta seguridad, y les rendimos culto como nuestra autoridad porque nosotros mismos buscamos una certidumbre a la cual la mente pueda aferrarse, en la que pueda sentirse a salvo, segura. Si consideran la cuestión, encontrarán que casi todos ustedes vienen a escucharme porque están buscando certidumbre -certidumbre del conocimiento, certidumbre de un objetivo, de una verdad, de una idea- a fin de poder actuar a base de esa certidumbre, escoger por medio de esa certidumbre. La opción y las acciones de ustedes no despiertan el verdadero discernimiento o la verdadera percepción, porque están constantemente comprometidos en acumular conocimientos, experiencias, en descubrir distintas formas de ganar, en buscar autoridades que les proporcionen seguridad y consuelo, en esforzarse por desarrollar el carácter. Esperan, mediante todos estos intentos de acumulación, tener la garantía de la certidumbre; certidumbre que les quita toda duda y ansiedad, que les proporciona -al menos así lo esperan- la certeza de la opción. Con el pensamiento de la certidumbre, escogen confiando en ganar más comprensión. Así, en la búsqueda de certidumbre, se origina el miedo de ganar y perder lo ganado. De este modo, la vida se convierte en una escuela donde aprendemos a sentirnos seguros. ¿Acaso no es eso la vida de ustedes? Una escuela donde aprenden, no a vivir, sino cómo estar seguros. Para ustedes, la vida es un proceso de acumular, no una cuestión de vivir.

Ahora bien, yo diferencio entre el vivir y el acumular. Un hombre que vive de verdad, no tiene sentido de acumulación. Pero el hombre que busca certidumbre y seguridad, que busca un refugio desde el cual pueda actuar -el refugio del carácter, de la virtud-, ese hombre piensa en la vida como una acumulación y, en consecuencia, la vida se vuelve para él un proceso de aprendizaje, ganancia y lucha. Donde existe la idea de acumulación y ganancia, tiene que haber un sentido del tiempo y, en consecuencia, la acción es incompleta. Si estamos constantemente ocupados con una futura ganancia, con un futuro del que habremos de obtener provecho, desarrollo, mayor fuerza de adquisición, entonces nuestra acción en el presente tiene que ser, por fuerza, incompleta. Si nuestras mentes y nuestros corazones están buscando continuamente ganar, lograr, tener éxito, entonces nuestra acción, cualquiera que fuere, carece de un verdadero significado; nuestros ojos están fijos en el futuro, nuestras mentes sólo se interesan en el futuro. Por lo tanto, toda acción en el presente crea insuficiencia. De esta insuficiencia surge el conflicto, al cual tratamos de superar por medio de la autodisciplina. Discriminamos en nuestras mentes entre las cosas que deseamos ganar, a las que llamamos lo esencial, y las cosas que no deseamos adquirir, a las que llamamos lo no esencial. De este modo, hay una batalla constante, una continua lucha; en esta discriminación tiene su origen el sufrimiento. Explicará este punto de otra manera, porque a menos que lo vean y de verdad lo entiendan, no podrán comprender plenamente lo que habré de decir más adelante.

Hemos hecho de la vida una escuela de aprendizaje continuo. Pero para mí la vida no es una escuela, no es un proceso de acumular en lo interno. La vida es para ser vivida naturalmente, plenamente, sin esta constante batalla de los conflictos, sin esta discriminación entre lo esencial y lo no esencial. En esta idea de la vida como una escuela, se origina el constante deseo de logro, de éxito y, por consiguiente, la búsqueda de un objetivo, el deseo de encontrar la verdad suprema, Dios, la perfección final que nos dará -al menos así lo esperamos- certidumbre; de aquí nuestros intentos continuos de ajustarnos a ciertas condiciones sociales, a exigencias morales y éticas, al desarrollo del carácter y al cultivo de las virtudes. Estas pautas y exigencias, si realmente reflexionamos sobre ellas, vemos que no son sino refugios desde los cuales actuamos, refugios desarrollados a causa de la resistencia. Ésta es la vida que vive la mayor parte de la gente, una vida de lucha constante para ganar, para acumular; por lo tanto, es una vida de insuficiencia en la acción. Siempre llevamos en nuestras mentes la idea de ganancia, la cual divide a la acción en pasada, presente y futura; debido a eso, jamás hay comprensión completa de la acción en sí. La mente piensa todo el tiempo en la ganancia y, por esto, no encuentra un sentido en la acción que la ocupa.

Éste es, entonces, el estado en que vivimos. Para mí, ese estado es totalmente falso. La vida no es un proceso de acumular internamente, no es una escuela en la que tenemos que aprender, en la que tenemos que disciplinarnos, en la que existen esta lucha y resistencia constantes. Donde impera este permanente adquirir en lo interno, este deseo de acumulación, tiene que haber insuficiencia, la cual da origen al anhelo; si uno no anhela, no acumula. Y donde hay anhelo, no hay discernimiento, aun cuando pueda pasar por el proceso de la opción. Entonces ustedes me preguntan: “¿Cómo puedo librarme de este anhelo? ¿Cómo puedo librar a mi mente de este proceso de acumular en lo interno? ¿Cómo he de vencer estos obstáculos? Usted dice que la vida no es una escuela para que aprendamos en ella, pero ¿cómo he de vivir naturalmente? Enséñeme el camino por el que debo transitar, el método que debo practicar todos los días para vivir plenamente”. 

Entiendo que éste no es el modo de considerar el problema. La cuestión no es cómo han de vivir plenamente sino, más bien, qué los impulsa a esta constante acumulación; la cuestión no es cómo podrán librarse de la idea de adquirir, de acumular; antes bien, se trata de descubrir qué es lo que da origen en ustedes a este deseo de acumular. Espero que vean la diferencia. Ahora consideran el problema desde el punto de vista de librarse de algo, de lograr el sentido de no adquisición, lo cual es exactamente igual que desear adquirir alguna cosa, ya que todos los opuestos son lo mismo. Entonces, ¿qué es lo que nos impide vivir naturalmente, armoniosamente? Yo sostengo que es este proceso de acumular, esta búsqueda de certidumbre.

Entonces desean saber cómo librarse de la búsqueda de certidumbre. Les digo que no aborden el problema de este modo. La futilidad de la ganancia tendrá sentido para ustedes sólo cuando se hallen realmente en conflicto, cuando estén plenamente conscientes de la falta de armonía en sus acciones. Si no ven que están atrapados en el conflicto, entonces continúan del modo actual; si son en absoluto inconscientes de la lucha y del sufrimiento, si no se dan cuenta de su propia falta de armonía, entonces sigan viviendo como viven. No traten de ser espirituales, porque ni siquiera saben lo que eso significa.

 El éxtasis de la comprensión adviene sólo cuando hay un gran descontento, cuando se destruyen todos los valores falsos que los rodean. Si no están descontentos, si no se dan cuenta de la intensa falta de armonía que hay dentro y alrededor de ustedes, entonces no podrán encontrar sentido en lo que les digo sobre la futilidad de la acumulación. 

Pero si existe en ustedes esta divina rebelión, comprenderán cuando digo que la vida no es una escuela para aprender en ella, que la vida no es un proceso de acumulación constante, un proceso que contiene en sí este continuo anhelo que nos ciega. Entonces, esa rebelión misma, ese mismo sufrimiento, les proporciona la comprensión, porque despierta en ustedes la llama de la percepción alerta

Y cuando estén plenamente conscientes de que el anhelo los ciega, verán su pleno significado, y esta percepción disipa el anhelo. Entonces estarán libres del anhelo, libres de la acumulación interna. Pero si son inconscientes de esa lucha, de esa rebelión, no pueden sino continuar con la vida que viven, en un estado semidespierto. 

Cuando las personas sufren, cuando están atrapadas en el conflicto, ese sufrimiento mismo, ese conflicto debería mantenerlas intensamente despiertas; pero casi todas ellas sólo preguntan cómo librarse del anhelo. 

Cuando uno comprende el significado pleno que tiene el no desear adquirir, acumular, entonces ya no existe la lucha para librarse de algo.

Expresémoslo de otra manera: 

¿Por qué pasan ustedes por el proceso de la autodisciplina? 

Lo hacen a causa del miedo. 

¿Por qué tienen miedo? 

Porque anhelan seguridad, la seguridad que nos da un patrón social, una creencia religiosa o la idea de adquirir virtud. 

Entonces comienzan a disciplinarse. 

O sea, cuando la mente se halla esclavizada por la idea de la ganancia o el amoldamiento a un patrón, hay autodisciplina. 

El hecho de que estén despiertos al sufrimiento, no es sino la indicación de que la mente está procurando librarse de todos los patrones; pero cuando ustedes sufren, tratan inmediatamente de aquietar ese sufrimiento drogando a la mente con lo que llaman consuelo, seguridad, certidumbre. 

De ese modo, continúan con este proceso de buscar certidumbre, la cual no es otra cosa que un hipnótico. 

Pero si comprenden la ilusión de la certidumbre (y pueden comprenderla únicamente en la intensidad del conflicto; sólo a partir de éste puede tener comienzo una verdadera investigación), entonces el anhelo que da origen a la certidumbre, desaparece. La cuestión no es, entonces, cómo librarse del anhelo; es más bien ésta: 

¿Nos hallamos plenamente conscientes cuando hay sufrimiento? 

¿Están ustedes plenamente conscientes del conflicto, de la falta de armonía en la vida que los rodea y en su propia vida interna? 

Si lo están, entonces en esa llama de la conciencia alerta hay verdadera percepción, sin esta constante batalla del ajuste, de la autodisciplina. 

Sin embargo, el hecho de ver la falsedad de la autodisciplina no significa que uno puede ceder a la imprudencia, a la acción impetuosa. Por el contrario, la acción nace, entonces, de un estado de integridad. 

Pregunta: 

¿Puede haber felicidad cuando ya no hay más ninguna conciencia del “yo”? ¿Puede uno sentir siquiera algo, si la conciencia del “yo” se ha extinguido? 

KRISHNAMURTI

Ante todo, ¿qué entiende uno por la conciencia del “yo”? ¿Cuándo es usted consciente de este “yo”?

 Uno es consciente de sí mismo como “yo”, como una entidad, cuando sufre, cuando experimenta frustración, conflicto, lucha. Usted pregunta: 

“Si ese ‘yo’ no existe, ¿qué hay allí?” 

Le contesto que lo descubrirá sólo cuando su mente esté libre de ese “yo”; por lo tanto, no lo pregunte ahora. Cuando su mente y su corazón estén en armonía, cuando ya no se encuentren atrapados en el conflicto, lo sabrá. 

Entonces no preguntará qué es aquello que siente, qué piensa. En tanto exista esta conciencia del “yo”, tiene que existir el conflicto de la opción, desde el cual surgen las sensaciones de felicidad e infelicidad.

 O sea, que este conflicto le da el sentido de la conciencia limitada, del “yo”, con el cual la mente se identifica. 

Usted descubrirá esa vida que no se identifica con el “yo” o el “tú”, esa vida que es eterna, infinita, sólo cuando esta conciencia limitada se disuelva a sí misma. 

No es usted quien disuelve esa conciencia limitada; ella misma se disuelve. 

Pregunta: 

El otro día usted habló de la memoria como un obstáculo para la verdadera comprensión. Recientemente tuve la desgracia de perder a mi hermano. ¿Debo tratar de olvidar esa pérdida?

 KRISHNAMURTI: 

El otro día expliqué lo que entiendo por memoria. Trataré de explicarlo otra vez. Después de que usted ha visto una hermosa puesta del Sol, vuelve a su casa o a su oficina y empieza a vivir otra vez en esa puesta del Sol; dado que su casa o su oficina no son como usted quisiera que fueran, no son hermosas, para escapar de esa fealdad vuelve al recuerdo de esa puesta del Sol. 

De este modo, crea en su mente una distinción entre su casa, que no le proporciona alegría, y la cosa que le produce un gran deleite, la puesta del Sol. 

Así, cuando se enfrenta con circunstancias que no son agradables, regresa al recuerdo de lo que es gozoso. Pero si, en lugar de volverse a un recuerdo muerto, tratara de cambiar las circunstancias desagradables, estaría viviendo con intensidad en el presente y no en el pasado muerto.

De esta manera, cuando uno pierde a alguien a quien amaba intensamente, ¿por qué este constante mirar hacia atrás, ese constante aferrarnos a eso que nos daba placer, este anhelo de tener otra vez a esa persona? 

Todos pasan por esto cuando experimentan una pérdida semejante. 

Escapan del dolor de esa pérdida volviendo al recuerdo de la persona que se ha ido, o viviendo en un futuro, en la creencia en el más allá -lo cual es también una especie de memoria-. 

Debido a que nuestras mentes se han desnaturalizado a causa del escape, a causa de su incapacidad para afrontar el sufrimiento abiertamente, con frescura, tenemos que volver sobre el recuerdo, y así el pasado invade al presente. 

El problema no es, entonces, si usted debe o no debe recordar a su hermano, a su mujer o a sus hijos; es, más bien, una cuestión de vivir de manera completa, total, en el presente, aunque eso no implica que sea indiferente hacia aquéllos que son cercanos a usted. 

Cuando vive de manera completa, total, en esa intensidad existe la llama del vivir, la cual no es la mera impresión de un acontecimiento. 

¿Cómo ha de vivir uno de manera completa en el presente, de modo que la mente no se pervierta con recuerdos del pasado y anhelos del futuro, que son también memoria? 

Otra vez, la cuestión no es cómo debe uno vivir completamente. 

Porque cuando usted pregunta cómo, está buscando un método, un medio. 

Y, a mi entender, un método destruye la comprensión. 

Si uno sabe qué es lo que le impide vivir completamente, entonces uno mismo, desde su propia percepción alerta y su propia comprensión, se liberará de ese impedimento. 

Lo que le impide liberarse es su búsqueda de certidumbre, su anhelo continuo de ganancia, de acumulación, de logro. 

Pero no pregunte: 

“¿Cómo he de triunfar sobre estos obstáculos?”, porque todo triunfo no es sino un proceso de ulterior ganancia, de ulterior acumulación.

Si esta pérdida está creando realmente sufrimiento en usted, si le genera realmente un dolor intenso -no superficial-, entonces no preguntará cómo; verá inmediatamente la futilidad de mirar hacia atrás o hacia adelante en busca de consuelo. 

Cuando la mayoría de las personas dice que sufre, ese sufrimiento no es sino superficial. 

Sufren, pero al mismo tiempo anhelan otras cosas: anhelan consuelo, tienen miedo y buscan maneras y medios de escapar. 

El sufrimiento superficial va siempre acompañado por el deseo de bienestar. 

El sufrimiento superficial es como un arado superficial del suelo; no consigue nada. 

Sólo cuando uno labra el suelo profundamente, hasta alcanzar la profundidad plena de la reja del arado, hay riqueza. 

En el estado de sufrimiento completo, hay comprensión completa; en ella, los obstáculos de los recuerdos -tanto del pasado como del futuro- dejan de existir. Entonces uno está viviendo en el presente eterno.

Vea, comprender un pensamiento o una idea no implica sólo concordar con ella intelectualmente. Hay diversas clases de recuerdos: está el recuerdo que se impone a sí mismo sobre usted en el presente, el recuerdo hacia el cual usted se vuelve de manera activa y el recuerdo de anticipación que se proyecta hacia el futuro. Todas estas cosas le impiden vivir completamente. 

Pero no empiece a analizar sus recuerdos. 

No pregunte: 

“¿Qué recuerdo está impidiendo mi vivir completo?” 

Cuando pregunta de ese modo, no actúa; sólo examina intelectualmente la memoria, y un examen así carece de valor porque trata con una cosa muerta. 

De una cosa muerta no puede surgir la comprensión. Pero si de verdad está alerta en el presente, en el momento de la acción, entonces todos estos recuerdos entran en actividad y usted no necesita pasar por el proceso de analizarlos. 

Pregunta: 

¿Piensa usted que es correcto criar a los hijos con una educación religiosa? 

KRISHNAMURTI: 

Contestaré esta pregunta indirectamente, porque cuando ustedes comprendan lo que voy a decir, podrán contestarla específicamente por sí mismos. 

Vea, estamos influidos no sólo por las condiciones externas, sino también por una condición interna que desarrollamos. Al criar a un niño, los padres lo someten a muchas influencias y circunstancias limitadoras, una de las cuales es la educación religiosa. 

Ahora bien, si dejan que el niño crezca sin semejante obstáculo, sin influencias limitadoras, ya sea internas o externas, entonces el niño, a medida que vaya madurando, comenzará a cuestionar y descubrirá inteligentemente por sí mismo. 

Entonces, si desea religión, la tendrá, tanto si usted prohibe o si alienta en él la actitud religiosa. 

En otras palabras, si la mente y el corazón del niño no son influenciados ni obstaculizados, ya sea por normas externas o internas, entonces él descubrirá genuinamente lo verdadero. 

Esto requiere una gran percepción, una gran comprensión. 

Ahora bien, los padres quieren influir en el niño de un modo u otro. 

Si usted es muy religioso, quiere inducir al niño en el sentido de la religión; si no lo es, trata de alejarlo de la religión. 

Ayude al niño a ser inteligente; entonces él descubrirá por sí mismo el verdadero significado de la vida.

Pregunta:

 Usted habla de la armonía del corazón y la mente en la acción. ¿Qué es esta acción? ¿Implica un movimiento físico, o la acción puede tener lugar cuando uno está completamente quieto y a solas?

 KRISHNAMURTI:

 La acción, ¿no implica pensamiento? ¿No es acción el pensamiento mismo? 

Usted no puede actuar sin pensar. Sé que mucha gente lo hace, pero su acción no es inteligente, no es armoniosa. 

El pensamiento es acción, la cual es también movimiento. Además, nosotros pensamos aparte de nuestro sentimiento, estableciendo así a otra entidad separada de nuestra acción. 

De este modo dividimos nuestras vidas en tres partes distintas: pensar, sentir, actuar. 

Por eso usted pregunta: 

“¿Es la acción puramente física? ¿Es puramente mental, o es emocional?” 

Para mí las tres cosas son una sola: pensar-sentir-actuar, no hay distinción. 

En consecuencia, puede usted estar solo y quieto por un rato o puede estar trabajando, moviéndose, actuando; ambos estados pueden ser acción. 

Cuando comprenda esto, no separará entre el pensar, el sentir y el actuar. 

Para la mayoría de las personas, el pensar no es sino una reacción. Si es meramente una reacción, ya no es más un pensar, porque entonces carece de creatividad. 

La mayoría de los que dicen que piensan, no hace otra cosa que seguir ciegamente sus propias reacciones; tiene ciertas normas, ciertas ideas conforme a las cuales actúa. 

Estas personas han memorizado, y cuando dicen que piensan no hacen sino seguir estos recuerdos. 

Tal imitación no es un pensar; es un reflejo, una reacción. 

El genuino pensar existe sólo cuando uno descubre el verdadero valor de estas normas, de estas ideas preconcebidas, de estas seguridades.

Para exponerlo de una manera distinta: 

¿Qué es la mente? La mente es el habla, el pensamiento, la consideración, la comprensión; es todas estas cosas y es también sentimiento. 

No podemos separar el sentir del pensar; la mente y el corazón son completos en sí mismos. 

Pero como a causa del conflicto hemos creado innumerables escapes, surge la idea del pensamiento como algo aparte del sentimiento, como algo aparte de la acción; en consecuencia, nuestra vida es incompleta, está fragmentada. 

Pregunta:

 Entre sus oyentes hay personas viejas y débiles de mente y cuerpo. También pueden encontrarse los adictos a las drogas, a la bebida y al tabaco. ¿Qué pueden hacer estas personas para cambiarse a sí mismas, cuando encuentran que no pueden cambiar por más que anhelan hacerlo? 

KRISHNAMURTI: Que permanezcan como están. 

Si de verdad anhelan cambiar, cambiarán. 

Vea, es justamente eso: intelectualmente ustedes anhelan cambiar, pero emocionalmente siguen atraídos por el placer de fumar o por el consuelo de una droga. Entonces preguntan:

 “¿Qué debo hacer? Quiero dejar esto, pero al mismo tiempo no quiero dejarlo. Por favor, dígame cómo puedo hacer ambas cosas”.

 Suena divertido, pero es realmente lo que ustedes preguntan. Ahora bien, si abordan el problema totalmente, no con la idea de querer o no querer, dejar o no dejar, descubrirán si realmente desean o no desean fumar. Si encuentran que en realidad lo desean, entonces fumen. De ese modo descubrirán el verdadero valor de ese hábito, sin llamarlo constantemente inútil mientras continúan con él. 

Si abordan el acto de manera completa, total, entonces no dirán:

 “¿Debo dejar de fumar o no?” 

Pero ahora desean fumar porque eso les proporciona una sensación placentera, y al mismo tiempo no lo desean porque mentalmente ven el absurdo que implica. 

Por lo tanto, comienzan a disciplinarse diciendo: 

“Tengo que sacrificarme; tengo que abandonar esto”. 

Pregunta:

 ¿No está usted de acuerdo en que el hombre ganará el reino de los cielos mediante una vida totalmente dedicado al servicio, como la de Jesús

KRISHNAMURTI: Espero que no le choque cuando le diga que el hombre no ganará el reino de los cielos de esa manera. 

Ahora vea lo que está diciendo:

 “Mediante el servicio obtendré algo que deseo”. Su declaración implica que usted no sirve de manera completa; busca obtener una recompensa por su servicio. 

Dice: 

“Mediante una conducta virtuosa conoceré a Dios”. 

Es decir, lo que le interesa realmente no es la conducta virtuosa sino conocer a Dios; separa así a Dios de la conducta virtuosa. 

Pero no es mediante el servicio, ni mediante el amor o la adoración o la plegaria, sino sólo en la acción misma, donde se encuentra la verdad, Dios, ¿Comprende? 

Cuando usted pregunta: “¿Ganaré el reino de los cielos mediante el servicio?”, su servicio no tiene sentido, porque usted se interesa fundamentalmente en el reino de los cielos, se interesa en obtener algo a cambio; es una especie de trueque, como lo es la mayor parte de nuestra vida. Por lo tanto, cuando dice: 

“Mediante la virtud, mediante el amor, llegaré, realizaré”, lo que le interesa es la realización, la cual no es más que un escape, una forma de imitación. 

Por eso, su amor o su acto virtuoso no tiene sentido. 

Si usted es bondadoso conmigo porque puedo darle algo a cambio, ¿qué significación tiene su bondad?

 Ése es todo el proceso de nuestra vida. 

Tenemos miedo de vivir. Sólo cuando alguien cuelga una recompensa ante nuestros ojos, nos decidimos a actuar, y entonces actuamos no por la acción misma, sino con el fin de obtener esa recompensa. En otras palabras, actuamos por lo que podemos conseguir gracias a la acción. Lo mismo ocurre con nuestras plegarias. 

O sea: debido a que nuestra acción carece en sí misma de significado, a que creemos que necesitamos un estímulo para actuar correctamente, hemos puesto delante de nosotros una recompensa, algo que deseamos, y confiamos en que ese aliciente, ese juguete nos dará satisfacción. 

Pero cuando actuamos con la esperanza de una recompensa, la acción en sí misma nada significa. 

Por eso digo que están atrapados en este proceso de recompensa y ganancia, en este obstáculo nacido del temor, todo lo cual se deriva en conflicto. 

Cuando vean esto, cuando tengan plena conciencia de esto, entonces comprenderán que la vida, la conducta, el servicio, todo, tiene significación en sí mismo. 

Entonces uno ya no pasa por la vida con el propósito de obtener alguna otra cosa, porque sabe que la acción misma tiene un valor intrínseco. 

Entonces no es meramente un reformador, es un ser humano; conoce esa vida que es flexible y, por lo tanto, eterna. 

8 de septiembre de 1933





EL ARTE DE ESCUCHAR - 19 - J.K. -


 PRIMERA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN 

Amigos: Nuestra búsqueda misma de una comprensión de la vida, de su significado, nuestra lucha por abarcar toda la esencia de la vida o de descubrir la verdad, destruye nuestra comprensión. En esta plática voy a tratar de explicar que donde existe una búsqueda con el fin de comprender la vida, de descubrir su significado, esa búsqueda misma pervierte nuestro juicio. Si sufrimos, deseamos una explicación de ese sufrimiento; sentimos que si no buscamos, si no tratamos de descubrir el sentido de la existencia, no estamos progresando o ganando en sabiduría. Así, hacemos constantemente un esfuerzo para comprender, y en esa búsqueda de comprensión establecemos, consciente o inconscientemente, una meta hacia la cual somos impulsados. Establecida una meta, el ideal de una vida perfecta, tratamos de ser auténticos respecto de esa meta, de ese propósito. Lo mismo con un principio o una creencia; una vez establecidos, procuramos ser auténticos al respecto. Así es como tratamos de ser fieles a una experiencia que no hemos comprendido sino sólo parcialmente. Mediante este proceso afirmamos una dualidad. A causa de que no entendemos lo inmediato con sus problemas y sus convenciones, a causa de que no comprendemos el presente, establecemos una idea, una meta, un propósito hacia el cual tratamos de avanzar.

Como no nos hallamos preparados para estar alerta en el acto de afrontar al sufrimiento totalmente tal como se presenta -puesto que no tenemos la capacidad de enfrentarnos directamente a la experiencia-, tratamos de establecer una meta y ser consecuentes con ella. De tal modo, desarrollamos una dualidad en la acción, en el pensamiento y en el sentimiento, y de esta dualidad surge un problema. En ese desarrollo de la dualidad, radica la causa del problema. Todos los ideales deben serlo, por fuerza, respecto del futuro. Una mente dividida, una mente que se esfuerza en pos del futuro, no puede comprender el presente y, de ese modo, desarrolla una dualidad en la acción. Ahora bien, habiendo creado un problema, un conflicto, y sin poder afrontar de manera total el presente, tratamos de encontrar una solución para el problema. Eso es lo que constantemente hacemos, ¿no es así? Todos tenemos problemas. Casi todos ustedes están aquí porque piensan que voy a ayudarles a resolver sus numerosos problemas, y se sentirán decepcionados cuando les diga que no puedo resolverlos. Lo que voy a hacer es tratar de mostrarles la causa del problema, y entonces ustedes, al comprenderla, podrán resolver el problema por sí mismos. El problema existe mientras la mente y el corazón actúan divididos. O sea, cuando hemos fijado una idea en el futuro y tratamos de ser consecuentes con ella, somos incapaces de afrontar de manera completa el presente; así, habiendo creado un problema, tratamos de buscar una solución, la cual no es sino un escape. Imaginamos que encontramos soluciones para diversos problemas, pero al encontrar soluciones no los hemos resuelto verdaderamente, no hemos comprendido la causa del problema. Tan pronto hemos resuelto un problema surge otro, y así continuamos hasta el fin de nuestras vidas, buscando soluciones a una interminable serie de problemas. En esta plática quiero explicar la causa del problema y la manera de disolverla.

Como he dicho, un problema existe en tanto hay reacción, ya sea una reacción a pautas externas o una reacción a pautas internas, como cuando dicen: “Debo ser fiel a esta idea”’, o “debo ser fiel a esta creencia”. Las personas más educadas han descartado las pautas externas, pero han desarrollado pautas internas. Descartarnos una norma externa porque hemos creado una norma interna a la cual tratamos de ser fieles, una norma que continuamente está guiándonos y moldeándonos, una norma que origina dualidad en nuestra acción. En tanto haya normas a las cuales tratemos de ser fieles, habrá problemas y, en consecuencia, existirá la continua búsqueda de solución para estos problemas. Estas pautas, estas normas internas existen mientras no afrontamos de manera total las experiencias e incidentes de la vida. En tanto haya un principio que guíe nuestras vidas y al cual tratemos de ser fieles, tiene que haber dualidad en la acción y, por ende, un problema. Esa dualidad existirá en tanto haya conflicto, y el conflicto existe dondequiera se encuentra la limitación de la conciencia propia, el “yo”. Aun cuando hayamos descartado las normas externas y hayamos encontrado para nosotros mismos un principio interno, una ley interna a la cual tratamos de ser fieles, sigue habiendo discriminación en nuestros actos y, por esto, la comprensión es incompleta. Sólo cuando comprendemos, cuando ya no vamos en busca de la comprensión, hay una existencia fluida y sin esfuerzos. Por lo tanto, cuando digo que no busquen una solución, que no vayan a la búsqueda de un objetivo, no quiero decir que deban volverse a lo opuesto y estancarse. Mi pregunta es: ¿Por qué buscan una solución? ¿Por qué son incapaces de afrontar la vida abiertamente, desnudamente, de manera simple y plena? Es porque todo el tiempo están tratando de ser consecuentes. Por lo tanto, ejercitan la voluntad para vencer el obstáculo inmediato; hay, conflicto, y ustedes no procuran descubrir la causa del conflicto. Para mí, esta continua búsqueda de la verdad, de la comprensión, de una solución para los diversos problemas, no es progreso; este ir de un problema a otro no es evolución. Sólo cuando la mente y el corazón afrontan de manera completa cada idea, cada incidente, cada experiencia, cada expresión de la vida, sólo entonces puede haber un devenir constante que no es estancamiento. Pero la búsqueda de una solución, búsqueda que llamamos erróneamente progreso, no es otra cosa que estancamiento.

Pregunta: 

¿Quiere usted decir que tarde o temprano e inevitablemente, todos los seres humanos obtendrán, en el curso de la existencia, la perfección, la liberación completa respecto de todo cuanto los ata? Si es así, ¿por qué hacer un esfuerzo ahora? 

KRISHNAMURTI: Vea, yo no estoy hablando de la masa. Para mí no existe esta división del individuo y la masa. Les hablo a ustedes como individuos. Después de todo, la masa no es sino usted mismo multiplicado. Si usted comprende, transmitirá comprensión. La comprensión es como la luz que disipa la oscuridad. Pero si usted no comprende, si lo que digo lo aplica tan sólo al otro hombre, al hombre de allá afuera, entonces no hace sino aumentar la oscuridad. Por lo tanto, quiere saber si usted -no este hombre imaginario de la masa- obtendrá inevitablemente la perfección. Si así fuera, piensa, ¿por qué hacer esfuerzo alguno en el presente? Estoy completamente de acuerdo. Si piensa que realizará inevitablemente el éxtasis del vivir, ¿por qué preocuparse? Sin embargo, por estar atrapado en el conflicto, hace usted un esfuerzo.

Lo expondré de un modo diferente: es como decir que un hombre hambriento encontrará inevitablemente un medio para satisfacer su hambre. ¿Cómo le ayudará hoy que usted le diga que él será alimentado de aquí a diez días? Durante ese tiempo puede estar muerto. Así que la pregunta no es: “¿Existirá finalmente la perfección para mí como individuo?” 

Es, más bien: 

“¿Por qué hago este esfuerzo incesante?” 

En mi sentir, un hombre que está persiguiendo la virtud, ha dejado de ser virtuoso. No obstante, es lo que hacemos todo el tiempo. Tratamos de ser perfectos, nos comprometemos en este esfuerzo incesante por ser alguna cosa. Pero si hacemos un esfuerzo porque realmente estamos sufriendo y ansiamos librarnos de ese sufrimiento, entonces nuestro interés principal no es la perfección; no sabemos qué es la perfección, sólo podemos imaginarla o leer al respecto en los libros. Por consiguiente, tiene que ser ilusoria. Lo que nos interesa fundamentalmente no es la perfección, sino la pregunta: 

“¿Qué es lo que da origen a este conflicto que exige esfuerzo?” 

Pregunta: 

¿No es siempre perfecto el hombre espiritual? 

KRISHNAMURTI: Un hombre espiritual puede que lo sea, pero nosotros no. Es decir, tenemos un sentido de la dualidad; pensamos en un hombre superior que es perfecto y en un hombre inferior que no lo es, y pensamos en el superior como procurando dominar al inferior. Por favor, trate de seguir esto por unos instantes, ya sea que concuerde o discrepe. Usted sólo puede conocer el presente conflicto; no puede conocer la perfección mientras se halla en conflicto. Así que no necesita interesarse en la perfección, en la cuestión de si el hombre es o no es perfecto, si el espíritu es o no es perfecto, si el alma es perfecta o no lo es; eso no le concierne. Pero sí le concierne, por cierto, lo que da origen al sufrimiento. Vea, un hombre confinado en una prisión se interesa en destruir esa prisión para ser libre; no se ocupa de la libertad como una idea abstracta. Ahora bien, usted no se interesa en la causa del sufrimiento, sino en el modo de escapar del sufrimiento hacia la perfección. Por consiguiente, quiere saber si, como individuo, realizará alguna vez la perfección.

Yo le digo que eso no es lo fundamental. Lo fundamental es: ¿Tiene usted conciencia en el presente, percibe en el presente, de manera completa, las limitaciones que crean el sufrimiento? Si conoce la causa del sufrimiento, gracias a eso sabrá qué es la perfección. Pero no puede conocer la perfección antes de estar libre del sufrimiento. Ésa es la causa de la limitación. Por lo tanto, no pregunte si alguna vez obtendrá la perfección, si el alma es perfecta o si el Dios que hay en usted es perfecto; tome, más bien, plena conciencia de las limitaciones de su mente y de su corazón. Y estas limitaciones puede descubrirlas sólo cuando actúa, cuando no trata de imitar una idea o una guía o un principio. Vea, nuestras mentes están obstruidas con patrones nacionales e internacionales, con normas que hemos recibido de nuestros padres y normas que nosotros mismos hemos desarrollado. Afrontamos la vida guiados por estas normas. En consecuencia, somos incapaces de comprender. Sólo podemos comprender cuando nuestras mentes son de verdad sencillas, frescas, entusiastas, no cuando están agobiadas por las ideas. Ahora cada uno de nosotros tiene muchas limitaciones, limitaciones de las que somos por completo inconscientes. La pregunta misma: “¿Existe la perfección?”, implica la conciencia de la limitación. Pero uno no puede descubrir estas limitaciones analizando el pasado. El intento de analizarse es destructivo, pero es lo que ustedes tratan de hacer. Dicen: “Sé que tengo muchas limitaciones; por lo tanto, las examinaré. Buscaré y descubriré cuáles son mis barreras y limitaciones y entonces seré libre”. Cuando proceden así, no hacen sino crear un nuevo conjunto de barreras, de obstáculos. Para descubrir realmente los falsos patrones y las barreras del pasado, tienen que actuar con percepción plena en el presente, y en esa actividad toman conciencia de todos los obstáculos ocultos. Experimente y lo verá. Comience por moverse con percepción plena, con una conciencia plenamente despierta en la acción, y verá que tiene innumerables barreras, creencias, limitaciones que le impiden actuar libremente.

Digo, por lo tanto, que el autoanálisis, el análisis para descubrir la causa en el pasado, es falso. Ustedes no pueden descubrir jamás desde aquello que está muerto, sino sólo desde lo que está vivo; y lo que está vivo se halla siempre en el presente y no en el pasado. Lo que deben hacer es enfrentarse al presente con plena percepción alerta. 

Pregunta: 

¿Quién es el salvador de almas

KRISHNAMURTI: Si uno piensa por un instante en la frase “el salvador de almas”, ve que no tiene sentido. ¿Qué es lo que queremos decir con “un alma”? ¿Una entidad individual? Por favor, corríjame si me equivoco. ¿Qué queremos decir cuando hablamos acerca de un alma? Nos referimos a una conciencia limitada. Para mí, sólo existe esa vida eterna, en contraste con la conciencia limitada que llamamos el “yo”. Cuando ese “yo” existe, hay dualidad: el alma y el salvador de almas, lo inferior y lo superior. Usted puede comprender la completa unidad de la vida sólo con la cesación de la conciencia del sí mismo, del “yo”, la cual crea la dualidad. Para mí, la inmortalidad, ese devenir eterno, no tiene nada en común con la individualidad. Si el hombre puede liberarse de sus numerosas limitaciones, entonces esa libertad es la vida eterna; la mente y el corazón conocen la eternidad. Pero el hombre no puede descubrir la eternidad mientras existe la limitación. Por lo tanto, la  pregunta: 

“¿Quién es el salvador de almas?”, pierde toda significación. La pregunta se suscita porque miramos la vida desde el punto de vista de la conciencia autolimitada que llamamos el “yo”. Por eso decimos: “¿Quién me salvará? ¿Quién salvará mi alma?” Nadie puede salvarlo. Ustedes han mantenido esa creencia por siglos y, no obstante, están sufriendo; sigue habiendo un caos completo en el mundo. Usted, mismo tiene que comprender; nada puede darle sabiduría excepto su propia acción en el presente, la cual debe crear armonía exenta de conflicto.

 Sólo de ahí puede surgir la sabiduría. 

Pregunta: Algunos dicen que su enseñanza es sólo para los eruditos y los intelectuales y no para las masas, las que están predestinadas a la lucha constante y al sufrimiento en la vida cotidiana. ¿Está de acuerdo? 

KRISHNAMURTI: ¿Usted qué dice? ¿Por qué debería yo estar de acuerdo o en desacuerdo? Tengo algo que decir y lo digo. Me temo que no es el erudito el que comprenderá. Tal vez esta breve historia aclare lo que quiero decir: 

Cierta vez, un mercader que tenía un poco de tiempo disponible, fue a ver a un sabio de la India y le dijo: “Tengo una hora para concederle; por favor, dígame qué es la verdad”.

El sabio contestó: “Usted ha leído y estudiado muchos libros. Lo primero que tiene que hacer, es suprimir todo lo que ha aprendido”. 

Lo que yo digo no sólo es aplicable a la clase ociosa, a las personas que se supone son inteligentes, muy educadas -empleo deliberadamente las palabras se supone-, sino también a las así llamadas masas. ¿Quienes mantienen a las masas en la dura faena cotidiana? Los inteligentes, los que son supuestamente instruidos, ¿no es así? Pero si fueran de verdad inteligentes, encontrarían una manera de liberar de la dura faena cotidiana a las masas. Lo que yo digo es aplicable no sólo a las personas instruidas, sino a todos los seres humanos. Usted tiene tiempo libre para escucharme. Puede que diga:

 “Bien, lo he entendido un poco; por lo tanto, voy a usar ese poco de comprensión para cambiar al mundo”. 

Pero de ese modo no cambiará ni modificará al mundo. Puede que escuche por un rato y quizá piense que ha comprendido algo y se diga: “Voy a usar este conocimiento para reformar al mundo”. 

Tal reforma sería meramente a base de remiendos. Pero si de verdad comprendió lo que estoy diciendo, creará perturbación en el mundo -esa inquietud emocional y mental que da origen a un mejoramiento de las condiciones-. Es decir, si comprende tratará de crear un estado de descontento a su alrededor, y eso puede hacerlo sólo si cambia usted mismo; no puede hacerlo si piensa que lo que digo es aplicable sólo para el erudito y no para usted. El hombre en la calle es usted. Así que la pregunta es: Usted, ¿comprende lo que estoy diciendo? Si se halla intensamente atrapado en el conflicto, necesita descubrir la causa de ese conflicto. Ahora bien, si está plenamente consciente del conflicto, encontrará que su mente trata de escapar, procura evitar tener que enfrentarse de un modo completo con ese conflicto. No es cuestión de si me comprende o no, sino si usted, como individuo, está plenamente alerta, despierto como para enfrentarse de un modo completo con la vida. 

¿Qué le impide hacerlo? 

Ése es el punto clave. Lo que le impide afrontar la vida de un modo total es la continua acción de la memoria, de un patrón mental que da origen al temor.

Pregunta: 

Según usted, parece no haber conexión entre el intelecto y la inteligencia. Pero habla de una inteligencia despierta como uno podría hacerlo respecto de un intelecto adiestrado. ¿Qué es la inteligencia y cómo puede ser despertado? 

KRISHNAMURTI: Adiestrar el intelecto no da como resultado la inteligencia. Antes bien, la inteligencia adviene cuando uno actúa en perfecta armonía, tanto intelectual como emocionalmente. Hay una diferencia inmensa entre intelecto e inteligencia. El intelecto es meramente pensamiento que funciona independientemente de la emoción. Cuando el intelecto, sin tener en cuenta a la emoción, es adiestrado en una dirección particular, uno puede tener un gran intelecto pero no tiene inteligencia, porque en la inteligencia hay una capacidad inherente tanto de sentir como de razonar; en la inteligencia ambas capacidades están igualmente presentes de manera intensa y armónica. Ahora bien, la educación moderna desarrolla el intelecto, ofreciendo más y más explicaciones de la vida, más y más teorías, sin la armoniosa calidad del afecto. Así, hemos desarrollado mentes hábiles para escapar del conflicto; en consecuencia, nos satisfacen las explicaciones que nos dan los científicos y los filósofos. La mente -el intelecto- está satisfecha con estas innumerables explicaciones, pero la inteligencia no lo está porque, para comprender, el corazón y la mente tienen que estar completamente unidos en la acción. O sea, ahora ustedes tienen una mente comercial, una mente religiosa, una mente sentimental. Sus pasiones no tienen nada que ver con los negocios; la mente utilitaria de todos los días no tiene nada que ver con sus emociones, y ustedes dicen que esta condición no puede ser cambiada. Dicen que si introducen las emociones en los negocios, éstos no pueden ser bien manejados o ser honestos. Así, dividen la mente en compartimentos: en un compartimento guardan su interés religioso, en otro sus emociones, en un tercero su interés por los negocios, el cual nada tiene que ver con su vida intelectual y emocional. La mente comercial trata a la vida meramente como un medio de ganar dinero para vivir. Así es como continúa esta existencia caótica de ustedes, esta división que hacen de la vida.

Si realmente usaran su inteligencia en los negocios, o sea, si sus emociones y su pensamiento actuaran armoniosamente, sus negocios podrían fracasar. Probablemente fracasarían. Y es probable que los dejaran fracasar si realmente sintieran el absurdo, la crueldad y la explotación que contiene esa forma de vivir. Hasta que realmente lo aborden todo en la vida con inteligencia en vez de hacerlo meramente con el intelecto, ningún sistema en el mundo salvará al hombre de la incesante y dura lucha por el pan.

 Pregunta: 

Usted habla a menudo de la necesidad de comprender nuestras experiencias. ¿Querría explicar qué entiende por comprender una experiencia en el verdadero sentido? 

KRISHNAMURTI: Para comprender una experiencia plenamente, debemos llegar a ella de una manera nueva cada vez que la afrontamos. Para comprender una experiencia, ha de tener usted una claridad abierta y natural de mente y corazón. Pero nosotros no abordamos las experiencias de la vida con esa actitud. La memoria nos impide abordar la experiencia abiertamente, desnudamente. ¿No es así? La memoria nos impide encarar la experiencia de un modo total; por lo tanto, nos impide comprenderla completamente, ¿Cuál es, entonces, la causa de la memoria? Para mí, no es sino el signo de una comprensión incompleta. Cuando afrontamos una experiencia de modo total, cuando la vivimos plenamente, esa experiencia o ese acontecimiento no deja la cicatriz del recuerdo. Sólo cuando vivimos parcialmente, cuando no nos enfrentamos a la experiencia de un modo total, hay recuerdo; sólo en la insuficiencia hay recuerdo. ¿No es así? Tomemos, por ejemplo, nuestra consecuencia con un principio. ¿Por qué somos consecuentes? Porque no podemos afrontar la vida de una manera abierta, franca; por lo tanto, decimos: “Debo tener un principio que me guíe”. De aquí la lucha constante por ser consecuentes, y con esa memoria como trasfondo, encaramos cada acontecimiento de la vida. Así, nuestra comprensión es incompleta porque abordamos la experiencia con una mente ya cargada. Sólo cuando nos enfrentemos a todas las cosas, cualesquiera que fueren, con una mente aliviada de sus cargas, sólo entonces, tendremos verdadera comprensión. “Pero”, dicen ustedes, “¿qué he de hacer con todos los recuerdos que tengo?” No pueden descartarlos. Pero pueden afrontar de manera total la experiencia siguiente; entonces verán cómo esos recuerdos del pasado entran en acción, y entonces es el momento de encararlos y disolverlos.

Por consiguiente, lo que produce una verdadera comprensión no es el residuo de muchas experiencias. No podemos encarar totalmente las nuevas experiencias cuando el residuo de las experiencias pasadas carga nuestra mente. Sin embargo, ése es el modo como las encaramos. O sea, nuestra mente ha aprendido a ser cauta, a ser astuta, a actuar como una señal, a dar un aviso; por lo tanto, no podemos encarar de manera plena ningún acontecimiento. Para liberar de la memoria a la mente, para liberarla de esta carga de la experiencia, tenemos que encarar la vida plenamente; en esa acción entran en actividad los recuerdos del pasado y se disuelven en la llama de la percepción alerta. 

Pónganlo a prueba y lo verán. 

Cuando se vayan de aquí se encontrarán con los amigos; verán la puesta del Sol, las largas sombras. Estén plenamente atentos en estas experiencias y encontrarán que suben a la superficie toda clase de recuerdos; en la aguda percepción alerta comprenderán la falsedad y la fuerza de estos recuerdos y podrán disolverlos. Entonces afrontarán en estado de atención total cada experiencia de la vida. 

6 de septiembre de 1933

EL ARTE DE ESCUCHAR - 18 - J.K. -

 Oslo, Noruega, 1933 

PLÁTICA EN EL SALÓN DE LA UNIVERSIDAD, OSLO 

Amigos: Me han entregado algunas preguntas que contestaré después de mi plática. Dondequiera que uno vaya por el mundo, encuentra sufrimiento. No parece haber límite para el sufrimiento, ni un término para los innumerables problemas que preocupan al hombre, ni una salida para este conflicto continuo del hombre consigo mismo y con sus vecinos. El sufrimiento parece ser siempre nuestro destino común, y el hombre trata de superar ese sufrimiento mediante la búsqueda de bienestar; piensa que buscando consuelo, bienestar, se librará de esta continua batalla, de sus problemas de conflicto y sufrimiento. Se empeña en descubrir qué le dará la satisfacción mayor, qué le dará el mayor consuelo en esta continua batalla del sufrimiento, y va de un consuelo a otro, de una sensación a otra, de una satisfacción a otra. De este modo, mediante el proceso del tiempo, establece gradualmente innumerables seguridades, refugios hacia los cuales escapa cuando experimenta un sufrimiento intenso. Ahora bien, hay muchas clases de seguridades, muchas clases de refugios. Están los que dan una transitoria satisfacción emocional, como las drogas o la bebida; están las diversiones y todo lo que pertenece al placer pasajero. Además, están las innumerables creencias en las que el hombre busca refugiarse de su sufrimiento; se aferra a las creencias o a los ideales, con la esperanza de que moldearán su vida y que así escapará gradualmente del dolor. O busca refugio en sistemas de pensamiento a los que llama filosofías, pero al placer pasajero. Además, están las innumerables creencias en las que el hombre busca refugiarse de su sufrimiento; se aferra a las creencias o a los ideales, con la esperanza de que moldearán su vida y que así escapará gradualmente del dolor. O busca refugio en sistemas de pensamiento a los que llama filosofías, pero que son meramente teorías transmitidas a través de los siglos, o teorías que pueden haber sido verdaderas para aquéllos que las han desarrollado, pero que no son necesariamente verdaderas para otros. O bien el hombre se vuelve hacia la religión, hacia un sistema de pensamiento que procura moldearlo conforme a un patrón particular, conducirlo hacia un objetivo final; porque la religión, en lugar de dar comprensión al hombre, le proporciona meramente consuelo. No hay tal cosa como, el consuelo en la vida, no hay tal cosa como la seguridad. Pero en su búsqueda de consuelo, el hombre ha elaborado en el curso de los siglos las seguridades de la religión, los ideales, las creencias y la idea de Dios. Para mí, Dios existe, es una realidad viviente, eterna. Pero esta realidad no puede ser descrita; cada uno debe realizarla por sí mismo. Todo aquél que trata de imaginar qué es Dios, qué es la verdad, no hace sino buscar un escape, un refugio para la rutina diaria del conflicto. Cuando el hombre ha establecido una seguridad -la seguridad de la opinión pública, o la de la felicidad que obtiene de las posesiones o de la práctica de la virtud, la cual no es sino un escape-, afronta cada suceso de la existencia, cada una de las innumerables experiencias de la vida, con el trasfondo de esa seguridad; o sea, que jamás afronta la vida como es realmente. Llega a ella con un prejuicio, con un trasfondo ya desarrollado a causa del temor; con esta mente por completo envuelta en las ideas, cargada con ellas, aborda la vida. Para expresarle de una manera diferente: En general, el hombre ve la vida sólo a través de la tradición del tiempo, a la cual lleva en su mente y en su corazón; mientras que para mí la vida es permanentemente fresca, se renueva, se mueve, jamás es estática. La mente y el corazón humanos están agobiados por el no cuestionado deseo de bienestar, el cual debe necesariamente engendrar a la autoridad. El hombre aborda la vida mediante la autoridad y, por esto, es incapaz de comprender el pleno significado de la experiencia; sólo esa comprensión puede liberarlo del sufrimiento. Se consuela con los falsos valores de la vida y se convierte meramente en una máquina, una pieza en la estructura social o en el sistema religioso.

Uno no puede descubrir cuál es el valor auténtico en tanto su mente esté buscando consolación; y puesto que nuestras mentes, en su mayoría, buscan consolación, bienestar, seguridad, no pueden descubrir qué es la verdad. Así, muy pocas personas son individuos; son meramente piezas en un sistema. Para mí, un individuo es una persona que, mediante el cuestionamiento, descubre los valores genuinos; y uno puede cuestionar de verdad sólo cuando está sufriendo. ¿Saben?, cuando nuestra mente sufre, se vuelve aguda, activa; entonces no teorizamos, y sólo en ese estado de la mente podemos preguntarnos cuál es el verdadero valor de los patrones y las normas que la sociedad, la religión y la política han establecido respecto de nosotros. Sólo en ese estado podemos cuestionarlos, y cuando cuestionamos, cuando descubrimos los valores genuinos, entonces somos verdaderos individuos, no antes de eso. Es decir, no somos individuos en tanto permanecemos inconscientes de los valores a los que nos hemos acostumbrado a causa de las seguridades, de las religiones, de la persecución de creencias e ideales. Somos meramente máquinas, esclavos de la opinión pública, esclavos de los innumerables ideales que las religiones han fijado respecto a nosotros, esclavos de los sistemas económicos y políticos que aceptamos. Y ya que todos somos piezas en esta maquinaria, jamás podemos descubrir los valores genuinos, perdurables; sólo en ellos hay felicidad eterna, eterna realización de la verdad. Lo primero a comprender, pues, es que tenemos estas barreras, estos valores que hemos recibido. Para descubrir su significado viviente, tenemos que cuestionar, y podemos cuestionar sólo cuando nuestras mentes y nuestros corazones están ardiendo con un sufrimiento intenso. Y, de hecho, todos sufrimos; el sufrimiento no es el don de unos pocos. Pero cuando sufrimos buscamos alivio inmediato, consuelo; por lo tanto, no hay más cuestionamiento, no hay más duda, sino mera aceptación. En consecuencia, donde hay deseo no puede haber comprensión de los valores genuinos, que son lo único que puede liberar al hombre y darle la oportunidad de existir como un ser humano completo. Y, como decía, cuando afrontamos la vida parcialmente, con todo este trasfondo tradicional de valores no cuestionados y muertos, es natural que haya conflicto en la vida, y este conflicto crea en cada uno de nosotros la idea de la conciencia del ego. O sea, cuando nuestras mentes prejuzgan a base de una idea o de una creencia o de valores no cuestionados, hay limitación, y esa limitación crea la conciencia de uno mismo, la cual, a su vez, da origen al sufrimiento.

Lo expondré de otra manera: En tanto la mente y el corazón estén presos en los falsos valores que las religiones y las filosofías han establecido respecto a nosotros, en tanto la mente no haya descubierto por sí misma la verdad, los valores vivientes y genuinos, habrá limitación de la conciencia, de la comprensión, y esta limitación origina la idea del “yo”. Y de esta idea del “yo”, del hecho de que la conciencia conoce la limitación del tiempo como un comienzo y un final, de esto brota el dolor. Una conciencia semejante, una mente y un corazón semejantes, están presos en el miedo a la muerte y, de aquí, la indagación en el más allá. La vida puede ser comprendida sólo cuando comprendemos esa verdad, cuando descubrimos por nosotros mismos, sin ninguna autoridad, sin imitación, el verdadero significado del sufrimiento, el valor viviente de cada acción; entonces la mente se libera de la conciencia egocéntrica.

Puesto que casi todos nosotros buscamos inconscientemente un refugio, un lugar seguro en el cual no seremos lastimados, puesto que casi todos buscamos en los falsos valores un modo de escapar del continuo conflicto, yo les digo: 

Tomen conciencia de que, actualmente, todo el proceso del pensamiento es una constante búsqueda de refugio, de autoridad, de patrones a los cuales poder amoldarse, de sistemas a seguir, de métodos a imitar. 

Cuando nos damos cuenta de que no hay tal cosa como el consuelo, ni tal cosa como la seguridad, ya sea en la posesión de objetos materiales o de ideas, entonces afrontamos la vida tal como es, no con el trasfondo de un intenso anhelo de bienestar. Entonces nos damos cuenta de las cosas, pero sin la constante lucha por darnos cuenta, una lucha que prosigue en tanto nuestra mente y nuestro corazón están buscando continuamente escapar de la vida por medio de ideales, del amoldamiento, de la imitación, de la autoridad. Cuando nos damos cuenta de eso, renunciamos a seguir buscando escapes; entonces somos capaces de enfrentarnos a la vida completamente, desnudamente, totalmente, y en eso hay comprensión; sólo gracias a esa comprensión podemos conocer el éxtasis de la vida. Para expresarle de otro modo: Puesto que durante siglos nuestras mentes y nuestros corazones han sido mutilados por valores falsos, somos incapaces de afrontar la experiencia de una manera total. Si uno es un cristiano, la afronta de cierta manera dictada por sus prejuicios del cristianismo y su educación religiosa. Si es un conservador o un comunista, cada cual la afronta a su propio modo particular. Si se aferra a una creencia determinada, encara la existencia de ese modo determinado y espera comprender la plena significación de la vida por medio de una mente llena de prejuicios. Sólo cuando uno se da cuenta de que la vida -ese movimiento libre, eterno- no puede ser encarada parcialmente y con prejuicios, sólo entonces está uno libre sin esfuerzo alguno. Entonces está desembarazado de todas las cosas que posee, por tradición heredada o por conocimiento adquirido. Digo conocimiento, no sabiduría, porque la sabiduría no entra aquí. La sabiduría es natural, espontánea, adviene sólo cuando encaramos la vida abiertamente y sin barrera alguna. Para ello, el hombre debe liberarse de todo el conocimiento; no tiene que buscar una explicación del sufrimiento, porque cuando busca tal explicación, está atrapado por el temor.

Por lo tanto, repito: Hay un modo de vivir sin esfuerzo, sin la constante tensión del logro y de la lucha por el éxito, sin el constante temor del ganar y perder; digo que hay un modo de vivir armonioso que adviene cuando encaramos cada experiencia, cada acción de manera completa, cuando nuestra mente no está dividida contra sí misma, cuando nuestro corazón no está en conflicto con nuestra mente, o sea, cuando hacemos las cosas de manera total, con unidad completa de mente y corazón. Entonces, en esa riqueza, en esa plenitud, está el deleite de la vida; eso es para mí lo perdurable, eso es para mí lo eterno.

 Pregunta: 

Usted dice que sus enseñanzas son para todos, no para unos cuantos elegidos. Si es así, ¿por qué encontramos difícil comprenderlo? 

KRISHNAMURTI: No es cuestión de comprenderme. ¿Por qué debería usted comprenderme? La verdad no es mía, para que usted deba comprenderme. Ustedes encuentran mis palabras difíciles de comprender porque sus mentes están sofocadas por las ideas. Lo que yo digo es muy simple. No es para unos pocos elegidos, es para todos los que traten de entender. Yo digo que si se liberaran de las ideas, de las creencias, de todas las seguridades que los hombres han construido en el curso de los siglos, entonces comprenderían. Sólo pueden liberarse cuestionando, y pueden cuestionar sólo cuando se hallan en estado de rebelión, no cuando están estancados en ideas satisfactorias. Cuando sus mentes están sofocadas por creencias, cuando están cargadas con el conocimiento adquirido de los libros, es imposible que comprendan la vida. Así que no es una cuestión de comprenderme.

Por favor, digo sin presunción alguna que he encontrado un modo; no un método que ustedes pueden practicar, no un sistema que se convierte en una jaula, en una prisión. 

He realizado a Dios, la verdad o el nombre que quieran darle. 

Digo que existe esa eterna realidad viviente, pero no puede ser realizada mientras la mente y el corazón se hallan cargados, mutilados con la idea del “yo”. En tanto exista esa conciencia de sí mismo, esa limitación, no puede haber realización de lo total, de la totalidad de la vida. El “yo” existe mientras hay valores falsos, valores falsos que hemos heredado o que diligentemente hemos creado en nuestra búsqueda de seguridad, o que hemos establecido como la autoridad en nuestra búsqueda de consuelo. Los valores genuinos, los valores vivientes, pueden ustedes descubrirlos tan sólo cuando sufren, cuando están grandemente descontentos. Los encontrarán si están dispuestos a librarse de correr tras la ganancia. Pero muy pocos de nosotros queremos librarnos de eso; deseamos conservar lo que hemos ganado, ya sea en virtud o en conocimientos o en posesiones; deseamos conservar todas estas cosas. Así cargados tratamos de afrontar la vida, y de aquí la absoluta imposibilidad de comprenderla íntegramente. Por lo tanto, la dificultad radica no en comprenderme, sino en comprender la vida misma; y esa dificultad existirá en tanto nuestras mentes estén cargadas con esta conciencia que llamamos el “yo”. No puedo entregarle los valores genuinos. Si le hablara de ellos, usted haría de eso un sistema y lo imitaría, estableciendo así nada más que otra serie de valores falsos. Pero podrá descubrir los valores genuinos por sí mismo cuando llegue a ser verdaderamente un individuo, cuando deje de ser una máquina. Y uno puede librarse de esta máquina aniquiladora, de esta máquina de los valores falsos, sólo cuando se halla en un intenso estado de rebelión.

Pregunta: 

Algunos han afirmado que usted es el Cristo que ha venido otra vez. Nos gustaría saber de una manera absolutamente definida qué tiene que decir al respecto. ¿Acepta o rechaza la afirmación?

 KRISHNAMURTI: 

Ni lo uno ni lo otro. Eso no me interesa. ¿Qué valor tiene, amigos, que me pregunten eso? Dondequiera que voy me formulan esa pregunta. La gente quiere saber si lo soy o no lo soy. Si digo que lo soy, o bien tomarán mis palabras como una autoridad, o se reirán de ellas; si digo que no lo soy, quedarán satisfechos. No lo afirmo ni lo niego. Para mí, esa afirmación tiene muy poca importancia porque siento que lo que tengo que decir es, de sí, intrínsecamente verdadero. No depende de títulos o grados, de revelación o autoridad alguna. Lo que importa es la comprensión de ustedes al respecto, la inteligencia, el deseo que tengan de descubrir, el amor que sientan por la vida, no la afirmación de que soy o de que no soy el Cristo. 

Pregunta: Su realización de la verdad, ¿es permanente y está presente todo el tiempo, o hay períodos oscuros en los que usted se enfrenta con la esclavitud del miedo y del deseo? 

KRISHNAMURTI: 

La esclavitud del miedo existe mientras se mantiene la limitación de conciencia que ustedes llaman el “yo”. Al volverse uno rico en sí mismo, ya no experimentará deseo. Es en esta continua batalla del deseo, en esta búsqueda de sacar provecho de las circunstancias, que existen el miedo y la oscuridad. Creo que estoy libre de eso. ¿Cómo puede usted saberlo? No puede. Yo podría estar engañándole. Así que no se preocupe al respecto. Pero tengo esto que decir: Uno puede vivir fácilmente de una manera que no puede ser alcanzada mediante el esfuerzo; uno puede vivir sin esta lucha incesante en pos del logro espiritual; puede vivir armoniosamente, íntegramente, en la acción -no en teoría, sino en la vida cotidiana, en el contacto diario con los seres humanos-. Digo que hay un modo de liberar a la mente de todo sufrimiento, un modo de vivir íntegramente, totalmente, eternamente. Pero para eso debemos estar por completo abiertos a la vida; no debemos permitir la subsistencia de refugios o reservas donde la mente pueda residir, hacia los cuales el corazón pueda retirarse en tiempos de conflicto.

 Pregunta: 

Usted dice que la verdad es simple. A nosotros, lo que usted afirma nos parece muy abstracto. ¿Cuál es, según usted, la relación práctica entre la verdad y la vida real? 

KRISHNAMURTI: 

¿Qué es lo que llamamos la vida real? Ganar dinero, explotar a otros y ser explotados, casarnos, tener hijos, buscar amigos, experimentar celos, reñir, temer a la muerte, indagar en el más allá, guardar dinero para la vejez... a todas estas cosas las llamamos la vida cotidiana. Ahora bien, para mí, la verdad o el devenir eterno de la vida no pueden ser encontrados aparte de todo esto. En lo transitorio está lo eterno, no aparte de lo transitorio. Por favor, ¿por qué explotamos, ya sea en las cosas físicas o en las espirituales? ¿Por qué somos explotados por las religiones que nosotros mismos hemos establecido? ¿Por qué somos explotados por los sacerdotes de los que esperamos obtener consuelo? Ello ocurre porque hemos considerado a la vida como una serie de logros, no como una acción completa. Cuando miramos a la vida como un medio de adquirir cosas o ideas, cuando la vemos como una escuela en la que debemos aprender, crecer, entonces dependemos de esa conciencia egocéntrico, de esa limitación, creamos al explotador y nos convertimos en los explotados. Pero si llegamos a ser individuos totales, completamente suficientes en nosotros mismos, únicos en nuestra comprensión, entonces no diferenciamos entre el vivir real y la verdad o Dios.

Vea, a causa de que encontramos difícil la vida, de que no comprendemos todas las intrincaciones de la acción cotidiana, de que deseamos escapar de esa confusión, recurrimos a la idea de un principio objetivo; de ese modo, diferenciamos, discriminamos a la verdad como algo no práctico, como algo que no tiene nada que ver con la vida de todos los días. Así, la verdad, o Dios, se convierte es un escape al cual acudimos en días de conflicto y dificultad. Pero si, en nuestra vida cotidiana, descubriéramos por qué actuamos, si nos enfrentáramos de una manera completa a los incidentes, a las experiencias, a los sufrimientos de la vida, entonces no estableceríamos diferencia alguna entre la vida práctica y la verdad no práctica. Debido a que no afrontamos las experiencias, tanto mental como emocionalmente, con la totalidad de nuestro ser, debido a que no somos capaces de hacer eso, separamos la vida diaria y la acción práctica, de la idea que tenemos de la verdad. 

Pregunta: 

¿No piensa usted que el apoyo que dan las religiones y los maestros religiosos, es de gran ayuda para el hombre en su esfuerzo por liberarse de todo eso que lo ata? 

KRISHNAMURTI: 

Ningún maestro puede darnos los valores genuinos. Usted puede leer todos los libros del mundo, pero no puede recoger sabiduría de ellos. Puede seguir todos los sistemas religiosos del mundo y, no obstante, seguir siendo un esclavo de ellos. Únicamente cuando permanece solo puede usted encontrar la sabiduría y ser totalmente libre, ser un hombre liberado. Por soledad no entiendo el vivir apartado de la humanidad. Me refiero a la soledad que surge de la comprensión, no de la separación respecto del mundo. En otras palabras, esa soledad existe cuando uno es enteramente un individuo (no un individualista). Usted sabe, creemos que practicando continuamente el piano bajo la dirección de un maestro, llegaremos a ser grandes pianistas, músicos creativos; del mismo modo, acudimos a la guía de los maestros religiosos. Nos decimos: “Si practico diariamente lo que ellos han prescrito, tendré la llave de la comprensión creadora”. 

Yo digo que podemos practicar eso indefinidamente y seguiremos sin tener esa llama creativa. Conozco a muchos que practican diariamente ciertos ideales, pero sólo se marchitan más y más en su comprensión, porque están imitando, viven meramente conforme a una norma. Se han liberado de un maestro y han ido a otro; no han hecho sino trasladarse de una jaula a otra. Pero si usted no busca consuelo, si cuestiona continuamente -y puede hacerlo sólo cuando se encuentra en rebelión-, entonces se libera de todos los maestros y de todas las religiones; entonces es supremamente humano, no pertenece a ningún partido, a ninguna religión, a ninguna jaula. 

Pregunta: ¿Quiere usted decir que no hay ayuda para los hombres cuando la vida se vuelve difícil? ¿Están abandonados enteramente a la ayuda que ellos mismos puedan prestarse? 

KRISHNAMURTI: 

Creo, si no estoy equivocado -si lo estoy, tenga la bondad de corregirme-, que el interlocutor quiere saber si no existe una fuente, una persona o una idea a la cual uno pueda recurrir en tiempos difíciles, en tiempos de angustia y sufrimiento. Yo digo que no hay una fuente permanente que pueda darnos comprensión. Vea, para mí la gloria del hombre consiste en que nadie puede salvarlo excepto él mismo. Cuando uno observa al hombre en todo el mundo, ve que siempre ha recurrido a otro en busca de ayuda. En la India, acudimos por ayuda a las teorías, a los maestros. Aquí, también ustedes hacen lo mismo. En todas partes del mundo, el hombre recurre a alguien que pueda sacarlo de su propia ignorancia. Yo digo que nadie puede sacarlos de su propia ignorancia. Son ustedes los que la han creado a causa de su miedo, de su imitación, de su búsqueda de seguridad; por esto han establecido las autoridades. Cada uno de ustedes ha creado esta ignorancia que lo sujeta, y nadie puede liberarlos excepto ustedes mismos mediante la propia comprensión. Otros pueden liberarlos momentáneamente, pero en tanto exista la causa fundamental de la ignorancia, ustedes crean meramente otro conjunto de ilusiones.

Para mí, la raíz, la causa fundamental de la ignorancia, es la conciencia del “yo”, de la cual surgen el conflicto y el dolor. Mientras existe la conciencia del “yo”, tiene que haber sufrimiento, del cual nadie puede liberarlos. En su devoción a una persona o a una idea, pueden separarse momentáneamente de esa conciencia del “yo”, pero mientras ésta subsiste, es como una herida que siempre está supurando. La mente puede liberarse de esa ignorancia sólo cuando afronta la vida de manera total, cuando experimenta completamente, sin prejuicios, sin ideas preconcebidas, cuando ya no se halla mutilada por una creencia o una idea. Una de las ilusiones que alimentamos, es que algún otro puede salvarnos, que no podemos emerger nosotros mismos de este lodazal del sufrimiento. Durante siglos hemos buscado la ayuda externa, y aun seguimos estando sujetos por esa creencia. 

Pregunta: ¿Cuál es la verdadera causa del presente caos en el mundo, y cómo puede remediarse este lamentable estado de cosas?

KRISHNAMURTI: 

En primer lugar -es mi sentir-, no acudiendo a un sistema como remedio. Vea, durante siglos hemos desarrollado un sistema, el sistema posesivo basado en la seguridad. Nosotros lo hemos desarrollado; cada uno de nosotros es responsable de este sistema donde la adquisición, la ganancia, el poder, la autoridad y la imitación juegan el papel más importante. Hemos elaborado leyes para preservar ese sistema, leyes basadas en nuestro egocentrismo, y nos hemos vuelto esclavos de esas leyes. Ahora queremos introducir un nuevo conjunto de leyes a las cuales otra vez nos esclavizaremos, leyes por las cuales la posesión llega a ser un crimen. Pero si comprendiéramos la verdadera función de la individualidad, podríamos abordar la causa fundamental de todo este caos en el mundo, este caos que existe porque no somos verdaderos individuos. Por favor, comprenda lo que entiendo por ser un individuo; no quiero decir individualista. Durante siglos hemos sido individualistas, buscando la propia seguridad, el propio bienestar. Hemos recurrido a las cosas físicas de la vida en procura de protección interna, felicidad, sosiego espiritual. Hemos estado muertos sin saberlo. Imitando y siguiendo, hemos explotado ciegamente las creencias. Y, estando espiritualmente muertos, es natural que hayamos intentado realizar nuestros poderes creativos, en el mundo de la adquisición; de aquí el caos presente, donde cada hombre busca tan sólo su propio beneficio. Pero si cada uno, individualmente, empieza a liberarse de toda imitación y, de este modo, empieza a realizar esa vida creativa, esa energía creativa que es libre, espiritual, entonces, en mi sentir, ya no buscará ni la posesión ni la no posesión, ya no pondrá énfasis en ninguna de las dos. ¿No es así? Nuestras vidas son, en su totalidad, un proceso de imitación. La opinión pública dice tal cosa, por lo tanto, eso es lo que debemos hacer. No estoy diciendo, ¡por favor!, que ustedes deben ir contra toda convención, que deben hacer impetuosamente lo que les plazca; eso sería igualmente estúpido. Lo que digo es esto: 

En vista de que somos meramente máquinas, de que somos despiadadamente individualistas en el mundo de la adquisición, les digo que se liberen de toda imitación, que se conviertan en individuos; que cuestionen todas las normas establecidas, todo cuanto los rodea, no sólo intelectualmente, no cuando se sienten cómodos con la vida que llevan, sino en el instante del sufrimiento, cuando la mente y el corazón están sensibles y despiertos. 

Entonces, en esa realización que surge del descubrimiento de los valores genuinos, no dividirán la vida en secciones -económica, doméstica, espiritual-, la afrontarán como una unidad completa; abordarán la vida como seres humanos íntegros.

Para poner fin al caos en el mundo, a la despiadada agresión y explotación, no pueden recurrir a ningún sistema. Sólo ustedes mismos pueden hacerlo cuando se vuelven responsables, y pueden ser responsables sólo cuando están creando de verdad, cuando ya no imitan. En esa libertad habrá verdadera cooperación, no en el individualismo que hoy existe. 

5 de septiembre de 1933