EL ARTE DE ESCUCHAR -24 - J.K. -


 Adyar, India, 1933 PRIMERA PLÁTICA EN ADYAR

 Mr. Warrington, el presidente en ejercicio de la Sociedad Teosófica, tuvo la bondad de invitarme a venir a Adyar para ofrecer aquí algunas pláticas. 

He aceptado con mucho gusto su invitación y aprecio su amistad, la cual espero que continúe, aun cuando podamos diferir completamente en nuestras ideas y opiniones. 

Confío en que todos ustedes escucharán sin prejuicios mis pláticas y que no pensarán que trato de atacar a su sociedad. 

Es completamente otra cosa lo que quiero hacer: quiero despertar el deseo por la verdadera investigación, y pienso que esto es todo cuanto un maestro puede hacer. 

Es todo cuanto quiero hacer. 

Si puedo despertar ese deseo en ustedes, he completado mi tarea, porque gracias a ese deseo adviene la inteligencia, esa inteligencia que está libre de todo sistema y de toda creencia organizada. 

Esta inteligencia está más allá de todo concepto de compromiso y falso amoldamiento. 

Así que, durante estas pláticas, aquéllos de ustedes que pertenecen a diversas sociedades o a grupos, tendrán la bondad de recordar que estoy muy agradecido a la Sociedad Teosófica y a su presidente en ejercicio por haberme invitado a venir aquí para hablar, y que no ataco a la Sociedad Teosófica. 

No estoy interesado en atacar. 

Pero sostengo que, mientras las organizaciones para el bienestar social del hombre son necesarias, las sociedades basadas en esperanzas y creencias religiosas, son nocivas. 

Por lo tanto, aunque pueda parecer que hablo con dureza, por favor, tengan presente que no ataco a ninguna sociedad en particular, sino que estoy contra todas estas falsas organizaciones que, aun cuando manifiesten ayudar al hombre, son en realidad un gran obstáculo y constituyen medios de constante explotación.

Cuando la mente está llena de creencias, ideas y conclusiones definidas a las cuales llama conocimientos y que se convierten en algo sagrado, entonces cesa el movimiento infinito del pensar. Es lo que ocurre con la mayoría de las mentes. 

Lo que llamamos conocimiento es meramente acumulación, impide el movimiento libre del pensar; no obstante, rendimos culto al así llamado conocimiento y nos aferramos a él. 

De esta manera, la mente queda enmarañada y enredada en el conocimiento. 

Sólo cuando la mente se libera de toda esta acumulación, cuando se libera de creencias, ideales, principios, recuerdos, existe un pensar creativo. 

Uno no puede desechar ciegamente la acumulación; sólo puede liberarse de ella cuando la comprende.

 Entonces hay pensamiento creativo, entonces hay un movimiento eterno. 

La mente ya no está separada de la acción. 

Ahora bien, las creencias, los ideales, las virtudes y las ideas santificadas que ustedes persiguen y a las que llaman conocimiento, impiden el pensar creativo y, de tal modo, ponen fin a la continua maduración del pensamiento. 

Porque el pensamiento no implica seguir un surco particular de ideas establecidas, hábitos y tradiciones.

 El pensamiento es crítico, es una cosa aparte del conocimiento heredado o adquirido. 

Cuando uno acepta meramente ciertas ideas y tradiciones, no está pensando, hay un lento estancamiento. 

Ustedes me dicen: 

“Tenemos creencias, tenemos tradiciones, tenemos principios; ¿acaso no son correctos? ¿Debemos desembarazarnos de ellos?” 

No voy a decirles que deben desembarazarse o que no deben hacerlo. 

En realidad, la prontitud misma con que están dispuestos a aceptar la idea de que deben o no deben desembarazarse de estas creencias y tradiciones, les impide pensar; se encuentran ya en un estado de aceptación; por lo tanto, carecen de capacidad crítica. 

Yo hablo a individuos, no a organizaciones o grupos de individuos. 

Hablo a cada uno de ustedes como individuo, no a un conjunto de personas que sostienen ciertas creencias. 

Si mi plática ha de tener algún valor para ustedes, traten de pensar por sí mismos, no con la conciencia grupal

No piensen en los términos con los cuales ya se han comprometido, porque son meramente formas sutiles de consuelo. 

Dicen: 

“Yo pertenezco a tal sociedad, a tal grupo. 

He hecho ciertas promesas a ese grupo y he aceptado de él ciertos beneficios.

 ¿Cómo puedo pensar aparte de estas condiciones y promesas? 

¿Qué debo hacer?” 

Yo digo: No piensen en términos de compromisos, porque éstos les impiden pensar creativamente.

 Donde hay mera aceptación no puede haber un pensar libre, fluido y creativo; sólo este pensar es inteligencia suprema, felicidad.

 El así llamado conocimiento al que rendimos culto, por el cual, a fin de obtenerlo, nos esforzamos leyendo libros, impide el pensamiento creativo. 

Pero porque yo diga que tal conocimiento y tal lectura impiden el pensar creativo, no se vuelvan inmediatamente a lo opuesto. 

No pregunten:

 “¿No debo leer en absoluto?”

 Hablo de estas cosas porque quiero mostrarles su significado intrínseco; no quiero instarles a que hagan lo opuesto. 

Ahora bien, si la actitud de ustedes es de aceptación, viven con el temor al juicio crítico, y cuando surge la duda, como debe surgir, la destruyen esmerada y diligentemente. 

Sin embargo, es sólo mediante la duda, mediante el juicio crítico, que pueden llegar a la plena realización; y el propósito de la vida, como lo explicaré enseguida, es esa realización plena, no el acumular, el lograr cosas. 

La vida es un proceso de búsqueda, búsqueda no de un objetivo particular, sino de liberar la energía creativa, la inteligencia creativa en el hombre; es un proceso de movimiento eterno, no limitado por creencias, por conjuntos de ideas, por dogmas o por el así llamado conocimiento.

Por lo tanto, cuando hablo de juicio crítico, tengan la bondad de no ser prosélitos. 

Yo no pertenezco a sus sociedades, no sostengo opiniones e ideales. 

Estamos aquí para examinar, no para tomar partido. 

Por consiguiente, tengan la bondad de seguir imparcialmente lo que diga, y tomen partido -si es que deben hacerlo- después de que hayan concluido estas pláticas. 

El hecho de pertenecer a un grupo determinado les da un sentimiento de bienestar, de seguridad.

 Piensan que porque muchos de ustedes sostienen ciertas ideas o principios, por eso crecerán internamente. 

Pero por ahora traten de no tomar partido. 

Traten de no estar influidos por el grupo al que hoy pertenecen y traten también de no tomar partido por mí. 

Todo lo que tienen que hacer durante estas pláticas es examinar, ser críticos, dudar, descubrir, investigar, profundizar en los problemas que tienen ante sí. 

Ustedes están acostumbrados a la oposición, no al juicio crítico. 

Cuando digo “ustedes”, no piensen, por favor, que hablo con una actitud de superioridad. 

Digo que no están acostumbrados al juicio crítico y esperan desarrollarse espiritualmente gracias a esta falta de espíritu crítico

Piensan que, mediante esta destrucción de la duda librándose de la duda, progresarán, porque eso es lo que les han presentado como una de las cualidades indispensables para el progreso espiritual; así es como son explotados. 

Pero en su esmerada destrucción de la duda, en su rechazo del espíritu crítico, han desarrollado meramente la oposición. 

Dicen:

 “Las Escrituras son mi autoridad en esto”, o “los Maestros han dicho tal cosa”, o “esto lo he leído”. 

En otras palabras, sostienen ciertas creencias, ciertos dogmas, ciertos principios con los cuales se oponen a cualquier situación nueva y conflictiva e imaginan que piensan, que son críticos, creativos. 

La posición de ustedes es como la de un partido político, que sólo actúa a base de oposición. 

Si son verdaderamente críticos, creativos, jamás ejercitarán la mera oposición; entonces se interesarán en realidades. 

Pero si su actitud es meramente la de oponerse, entonces la mente de ustedes no se encontrará con la mía; en consecuencia, no comprenderán lo que estoy tratando de comunicar.

Así, cuando la mente está habituada a la oposición, cuando ha sido cuidadosamente adiestrada -mediante la así llamada educación, mediante la tradición y la creencia, mediante los sistemas religiosos y filosóficos- a adquirir esta actitud de oposición, es natural que no tenga la capacidad de ejercer la crítica y de dudar verdaderamente. 

Pero si es que van ustedes a comprenderme, esto es lo primero que deben tener. 

Por favor no cierren sus mentes contra lo que estoy diciendo. 

El verdadero espíritu crítico es el deseo de descubrir. 

La facultad crítica existe solamente cuando desean descubrir el valor intrínseco de una cosa. 

Pero no están habituados a eso. 

Sus mentes han sido hábilmente adiestradas para atribuir valores a todo, pero mediante ese proceso jamás comprenderán el significado inherente de una cosa, de una experiencia o de una idea. 

Así que, para mí, el verdadero espíritu crítico consiste en tratar de descubrir el valor intrínseco de la cosa misma y no en atribuir una cualidad a esa cosa. 

Ustedes atribuyen una cualidad al medio que los rodea, a una experiencia, sólo cuando desean obtener algo de ello, cuando desean ganar algo o tener poder o felicidad. 

Esto destruye el verdadero espíritu crítico. 

La atribución de valores pervierte el deseo y, por lo tanto, no pueden ver claramente. 

En vez de tratar de ver la flor en su original y total belleza, la miran a través de vidrios de colores; en consecuencia, jamás pueden verla tal como es. 

Si quieren vivir, disfrutar, apreciar la inmensidad de la vida, si realmente quieren comprenderla, no sólo repetir como loros lo que les han enseñado, lo que inculcaron dentro de ustedes, entonces su primera tarea es eliminar las corrupciones en que se encuentran enredados. 

Les aseguro que ésta es una de las tareas más difíciles, porque estas corrupciones forman parte del adiestramiento, de la educación que les impartieron, y es muy difícil desprenderse de eso. 

La actitud crítica requiere que estemos libres de la idea de oposición. 

Por ejemplo, ustedes me dicen: 

“Nosotros creemos en los Maestros; usted no. ¿Qué tiene que decir a esto?” 

Y bien, ésa no es una actitud crítica, es una actitud infantil -por favor, no piensen que hablo con dureza-

Estamos discutiendo si ciertas ideas son fundamental e intrínsecamente genuinas, no si ustedes han ganado algo gracias a estas ideas; porque lo que han ganado pueden ser meramente corrupciones, prejuicios. 

Mi propósito durante esta serie de pláticas es despertar en ustedes su propia capacidad crítica, de modo que los maestros lleguen a serles innecesarios, que no sientan la necesidad de asistir a conferencias, a sermones, que comprendan por sí mismos lo que es verdadero y vivan de una manera completa.

El mundo será un lugar más feliz cuando ya no haya más maestros espirituales, cuando el hombre ya no sienta que debe predicarle a su prójimo. 

Pero ese estado puede acaecer sólo cuando ustedes, como individuos, estén de verdad despiertos, cuando duden muchísimo, cuando realmente hayan comenzado a cuestionar en medio del dolor. 

Ahora han dejado de sufrir. 

Han sofocado sus mentes con explicaciones, con conocimientos, han endurecido sus corazones. 

No se interesan en los sentimientos, sino en las creencias, en las ideas, en la santidad del así llamado conocimiento; por lo tanto, son estériles, han dejado de ser seres humanos, son máquinas. 

Veo que sacuden la cabeza. 

Si no están de acuerdo conmigo, mañana formúlenme preguntas. 

Escriban sus preguntas y entréguenmelas; yo las contestaré. 

Pero esta mañana voy a hablar y espero que sigan lo que tengo que decir. 

En la vida no hay sitio para el descanso. 

El pensamiento no tiene lugar de reposo. 

Pero ustedes buscan un lugar así. 

En sus múltiples creencias, religiones, han buscado un lugar de reposo semejante, y en esta búsqueda han dejado de ser críticos, de fluir con la vida, de disfrutar, de vivir exquisita y ricamente.

Como he dicho, la verdadera búsqueda -que es diferente de buscar con un objetivo o de buscar ayuda o de perseguir una ganancia- se deriva en la comprensión del, valor intrínseco de la experiencia. 

La verdadera búsqueda es como el movimiento rápido del río, y en este movimiento hay comprensión, un devenir eterno. 

Pero la búsqueda de una guía da meramente como resultado un alivio momentáneo, el cual implica la multiplicación de los problemas y un incremento en las soluciones de los mismos. 

¿Qué es, entonces, lo que están buscando? ¿Cuál de estas cosas desean? ¿Desean investigar, descubrir, o desean encontrar ayuda, una guía? 

Casi todos desean ayuda, un alivio momentáneo del sufrimiento; quieren curar los síntomas antes que encontrar la causa del sufrimiento. 

“Estoy sufriendo”, dicen, “deme un método que me libre de sufrir”. 

O dicen: 

“El mundo está en una condición caótica. Denos un sistema que resuelva los problemas del mundo, que genere orden”. 

Así, la mayoría de ustedes está buscando un alivio transitorio, un refugio transitorio; no obstante, llaman a eso la búsqueda de la verdad. 

Cuando hablan de servicio, de comprensión, de sabiduría, están pensando meramente en términos de bienestar. 

En tanto sólo deseen aliviar el conflicto, la lucha, la disensión, el caos, el sufrimiento, son como un médico que trata sólo con los síntomas de una enfermedad. 

En tanto se interesen meramente en encontrar consuelo, no existe una verdadera búsqueda. 

Ahora seamos completamente francos. 

Si somos de verdad francos, podemos llegar lejos. 

Admitamos que todo cuanto estamos buscando es seguridad, alivio; ustedes buscan estar seguros ante el cambio constante, buscan un alivio al dolor. 

A causa de que se sienten insuficientes, dicen:

 “Por favor, deme suficiencia”. 

Así, lo que llaman búsqueda de la verdad, es un intento de hallar alivio al dolor, lo cual nada tiene que ver con la realidad. 

En esas cosas somos como niños. 

En momentos de peligro corremos hacia nuestra madre, siendo esa madre la creencia, el gurú, la religión, la tradición, el hábito. 

Aquí encontramos refugio y, por esto, nuestras vidas son vidas de constante imitación, sin que jamás haya un momento de comprensión plena.

Ahora bien, quizás estén de acuerdo con mis palabras y digan: “Usted tiene mucha razón: no estamos buscando la verdad, sino alivio, y ese alivio resulta momentáneamente satisfactorio”.

Si están satisfechos con esto, no hay nada más que decir. 

Si sostienen esa actitud puedo, con igual razón, no decir una sola cosa más. 

Pero, ¡gracias a Dios!, no todos los seres humanos sostienen esa actitud. 

No todos han alcanzado el estado de sentirse satisfechos con sus propias pequeñas experiencias que llaman conocimientos y en las cuales se estancan. 

Cuando ustedes dicen: 

“Estoy buscando”, implican que están buscando lo desconocido. 

Desean lo desconocido, y ése es el objeto de su búsqueda. 

A causa de que lo conocido es para ustedes terrible, insatisfactorio, vano y conduce al dolor, anhelan descubrir lo desconocido y, de aquí, las preguntas: 

“¿Qué es la verdad? ¿Qué es Dios?” De esto surge la pregunta: “¿Quién me ayudará a lograr la verdad?” 

En ese intento mismo de hallar la verdad, de encontrar a Dios, ustedes crean a los gurús, a los maestros, quienes se convierten en sus explotadores. Por favor, no se ofendan por mis palabras, no prejuzguen contra lo que estoy diciendo y no piensen que me dejo llevar por mi pasatiempo favorito. 

Sólo les muestro la causa de que sean explotados; esa causa es su búsqueda de una meta, de un objetivo.

 Cuando comprendan la falsedad de la causa, esa comprensión los liberará. 

No les pido que sigan mis enseñanzas, porque si lo que desean es comprender la verdad, no pueden seguir a nadie; si desean comprender la verdad, tienen que permanecer completamente solos. 

¿Cuál es una de las cosas más importantes en las que se interesan al buscar lo desconocido? 

“Dígame qué hay del otro lado”, piden, “dígame qué le ocurre a una persona después de la muerte”. 

A la respuesta a tales preguntas, la llaman conocimiento. 

Así, cuando indagan en lo desconocido, encuentran a una persona que les ofrece una explicación satisfactoria de ello, y entonces se amparan en esa persona o en la idea que tal persona les da. 

Por consiguiente, esa persona o esa idea se convierte en el explotador de ustedes, y ustedes mismos son los responsables de esa explotación, no el hombre o la idea que los explota. 

De tal indagación en lo desconocido nace la idea de un gurú que habrá de conducirnos hacia la verdad.

 De una indagación así surge la confusión respecto a lo que es la verdad, porque, en nuestra búsqueda de lo desconocido, cada maestro, cada guía, nos ofrece una explicación de lo que es la verdad, y esa explicación depende, obviamente, de sus propios prejuicios, de sus propias ideas; pero por intermedio de esa enseñanza esperan ustedes aprender qué es la verdad. 

La búsqueda de lo desconocido es, entonces, meramente un escape. 

Cuando conozcan la verdadera causa, cuando comprendan lo conocido, entonces no indagarán en lo desconocido. 

La persecución de la multiplicidad y diversidad de ideas acerca de la verdad, no reditúa comprensión.

 Ustedes se dicen: “Voy a escuchar a este maestro, luego escucharé a algún otro y después a otro más, y así aprenderé de cada uno de ellos los diversos aspectos de la verdad”. 

Pero mediante este proceso jamás comprenderán. 

Todo cuanto hacen es escapar; tratan de encontrar lo que les ofrece la mayor satisfacción, y a aquél que les brinda la más grande de ellas, lo estiman como su gurú, el ideal, la meta. 

De este modo, ha cesado la búsqueda de la verdad. 

Ahora bien, no piensen que el hecho de mostrarles la futilidad de esta búsqueda, es mero ingenio de mi parte; les explico la causa de la explotación que en todo el mundo tiene lugar en nombre de la religión, en nombre del gobierno, en nombre de la verdad. 

Lo desconocido no les concierne. 

Cuídense del hombre que describe para ustedes lo desconocido, la verdad o a Dios. 

Tal descripción de lo desconocido les ofrece un escape; además, la verdad desafía toda descripción. 

En ese escape no hay comprensión, no hay plenitud de realización. Sólo hay rutina y deterioro. 

La verdad no puede ser explicada ni descrita.

 Es. 

Yo digo que existe una belleza que no puede ser expresada en palabras; si lo fuera, se destruiría, dejaría de ser la verdad. 

Pero uno no puede conocer esta belleza, esta verdad, preguntando acerca de ella; sólo puede conocerla cuando ha comprendido lo conocido, cuando ha captado la plena significación de lo que tiene por delante.

Así que estamos buscando constantemente escapar, y a estos intentos de escape los dignificamos con diversos nombres espirituales, con palabras altisonantes; estos escapes nos satisfacen momentáneamente, o sea, hasta que sopla la siguiente tormenta de sufrimiento y se lleva nuestro refugio. 

Entonces, descartemos esto desconocido e interesémonos en lo conocido. 

Desechen por el momento sus creencias, su esclavitud a las tradiciones, su dependencia respecto de su Bhagavad Gita, de sus Escrituras, de sus Maestros. 

Yo no ataco sus creencias favoritas, sus sociedades favoritas; les estoy explicando que, si quieren comprender la verdad de lo que digo, tienen que tratar de escuchar sin prejuicios. 

Por medio de nuestros diversos sistemas de educación, que pueden ser la enseñanza universitaria o el seguimiento de un gurú o la dependencia respecto del pasado en la forma de una tradición o un hábito, sistemas que crean insuficiencia en el presente, por medio de estos sistemas de educación hemos sido alentados a obtener y adorar el éxito. 

Todo nuestro sistema de pensamiento, así como toda nuestra estructura social, se basan en la idea de la ganancia. 

Acudimos al pasado porque no podemos comprender el presente. Para comprender el presente, que es la experiencia, la mente debe descargarse de las tradiciones y los hábitos del pasado. 

En tanto nos abrume el peso del pasado, no podemos captar plenamente el perfume de una experiencia. Por consiguiente, en tanto haya búsqueda de ganancia, tiene que haber insuficiencia. 

No es mera suposición hipotética de mi parte afirmar que todo nuestro sistema de pensamiento se basa en la ganancia; es un hecho. 

Y la idea central de toda nuestra estructura social es la ganancia, el logro, el éxito. 

Pero por el hecho de que yo haya dicho que la persecución de esta idea de ganancia no se deriva en un vivir completo, no vayan ahora a pensar en términos de lo opuesto. 

No digan:

 “¿No debemos buscar? ¿No debemos ganar? ¿No debemos triunfar?” 

Esto muestra un pensar muy limitado. 

Lo que quiero que hagan es cuestionar la idea misma de ganancia. 

Como he dicho, toda la estructura social, económica y la así llamada estructura espiritual de nuestro mundo se basan en esta idea central de la ganancia: obtener ganancia de la experiencia, del vivir, de los maestros. 

Y, a causa de esta idea de la ganancia, cultivamos gradualmente en nosotros la idea del temor, porque en nuestra búsqueda de ganancia siempre tenemos miedo a la pérdida. 

Así, teniendo este miedo a la pérdida, este miedo de perder una oportunidad, crean ustedes al explotador, ya sea el hombre que los guía moralmente, espiritualmente, o una idea a la cual se aferran.

 Tienen miedo y desean valor; por lo tanto, el valor se convierte en el explotador de ustedes. 

Una idea se convierte en el explotador.

El intento de lograr, de ganar, es para ustedes meramente una huida, un escapar de la inseguridad.

 Cuando hablan de ganar, están pensando en la seguridad; y después de establecer la idea de seguridad, quieren encontrar un método de obtener y conservar esa seguridad. 

¿No es así? 

Si consideran la vida que llevan, si la examinan críticamente, encontrarán que se basa en el temor. 

Están siempre atentos a la ganancia; y, después de averiguar cuáles son sus seguridades, después de establecerlas como sus ideales, recurren a alguien que les ofrece un método, un plan por el cual lograr y defender sus ideales. 

Por lo tanto, dicen:

 “A fin de lograr esa seguridad, debo comportarme de cierta manera, debo perseguir la virtud, debo servir y obedecer, debo seguir a los gurús, a los maestros y los sistemas; debo estudiar y practicar a fin de obtener lo que deseo”. 

En otras palabras, dado que el deseo de ustedes es de seguridad, encuentran explotadores que les ayudarán a obtener lo que desean. 

De este modo ustedes, como individuos, establecen religiones para que les sirvan como patrones de una conducta convencional; causa del miedo a la pérdida, del miedo a verse privados de algo que desean, aceptan esas guías y esos ideales que las religiones ofrecen. 

Ahora bien, habiendo establecido sus ideales religiosos, que son en realidad sus seguridades, deben tener formas particulares de conducta, prácticas, ceremoniales y creencias, a fin de alcanzar esos ideales. 

Al tratar de llevarlas a la práctica, surge la división en el pensamiento religioso, la cual se deriva en cismas, sectas, credos. Usted tiene sus creencias y el otro tiene las suyas; usted se aferra a su forma particular de religión y el otro a la suya; usted es cristiano, otro es mahometano, otro es hindú. 

Así es como tienen ustedes estas discusiones y discriminaciones religiosas, pero, no obstante, hablan de amor fraternal, de tolerancia, de unidad -no dicen que tiene que haber uniformidad de pensamientos e ideas-. La tolerancia de la que hablan es tan sólo una hábil invención de la mente; esta tolerancia indica nada más que el deseo de aferrarse a sus propias idiosincrasias, a sus propias ideas limitadas y a sus prejuicios, permitiendo que el otro persiga los suyos. En esta tolerancia no hay diversidad inteligente, sino sólo una especie de superior indiferencia. Esta tolerancia contiene en sí una absoluta falsedad. Ustedes dicen: “Continúe a su propio modo y yo continuaré al mío; pero seamos tolerantes, fraternales”.

 Cuando hay verdadera fraternidad, amistad, cuando hay amor en nuestro corazón, no hablamos de tolerancia. 

Sólo cuando nos sentimos superiores en nuestra certidumbre, en nuestra posición, en nuestro conocimiento, sólo entonces hablamos de tolerancia. 

Somos tolerantes sólo cuando hay discriminación. 

Cuando cese la discriminación, no hablarán de tolerancia. 

Entonces no hablarán de hermandad porque serán hermanos en el corazón. 

Así ustedes, como individuos, establecen diversas religiones que actúan como su seguridad. 

Ningún maestro ha establecido estas religiones organizadas y explotadoras. 

Son ustedes los que, a causa de su inseguridad, de su confusión, de su falta de comprensión, han creado las religiones como guías. 

Entonces, después de haber establecido las religiones, buscan y escogen a sus gurús e instructores, escogen a los Maestros para que los ayuden. 

No piensen que estoy tratando de atacar su creencia favorita; simplemente establezco hechos, no para que los acepten, sino para que los examinen, para que los sometan a un juicio crítico y los verifiquen.

 Usted tiene su Maestro y otro tiene su guía particular; usted tiene su salvador y otro tiene el suyo. 

A causa de una división así del pensamiento y la creencia, crecen la contradicción y el conflicto de méritos entre diversos sistemas. 

Estas disputas ponen al hombre contra el hombre; pero puesto que hemos intelectualizado la vida, ya no pelearnos abiertamente, tratamos de ser tolerantes. 

Por favor, reflexionen sobre lo que estoy diciendo. 

No acepten ni rechacen meramente mis palabras. 

Para examinar imparcialmente, críticamente, deben poner de lado sus prejuicios e idiosincrasias y abordar abiertamente toda la cuestión.

En todo el mundo, las religiones han separado a los hombres. 

Individualmente, cada cual busca su propia pequeña seguridad y se interesa en su propio progreso; individualmente, cada cual busca crecer, expandirse, triunfar, lograr, y así acepta a cualquier maestro que le ofrezca ayudarlo en su progreso y crecimiento. 

Y, como resultado de esta actitud de aceptación, han cesado el espíritu crítico y la verdadera investigación. 

Se ha instalado el estancamiento. 

Aunque se muevan a lo largo de un surco estrecho de pensamiento y de vida, ya no hay un verdadero pensar ni un vivir pleno, sino sólo una reacción defensiva. 

Mientras la religión mantenga separados a los hombres, no puede haber hermandad, no más de lo que puede haberla en tanto haya nacionalidades, las cuales siempre tienen que causar, por fuerza, conflicto entre los hombres. 

La religión con sus creencias, disciplinas, atractivos, sus esperanzas y castigos, los fuerza a una conducta virtuosa, los fuerza a ser fraternales, a amar. 

Y, puesto que se los obliga a ello, o bien obedecen a la autoridad externa que lo establece, o -lo cual viene a ser la misma cosa- comienzan a desarrollar su propia autoridad interna como reacción contra la externa, y después la siguen. 

Donde hay una creencia, donde existe el seguimiento de un ideal, no puede haber un vivir completo. 

La creencia indica la incapacidad de comprender el presente. 

Ahora no acudan a lo opuesto diciendo: 

“¿No debemos tener creencias? ¿No debemos tener ideales en absoluto?” 

Yo simplemente les estoy mostrando la causa y naturaleza de la creencia. 

Debido a que no pueden comprender el veloz movimiento de la vida, a que no pueden captar la significación de su rápido fluir, piensan que la creencia es necesaria. 

En su dependencia de la tradición, de los ideales, de las creencias, de los Maestros, no viven en el presente, el cual es lo eterno. 

Puede que muchos de ustedes piensen que lo que digo es negativo. 

No lo es, porque cuando uno ve realmente lo falso, comprende lo verdadero. 

Todo cuanto estoy tratando de hacer es mostrarles lo falso para que puedan descubrir lo verdadero. 

Esto no es negación. 

Por el contrario, este despertar de la inteligencia creativa es la única ayuda positiva que puedo darles.

 Pero ustedes no consideran positivo eso; probablemente me llamarían positivo sólo si les diera una disciplina, un curso de acción, un nuevo sistema de pensamiento. 

Pero hoy no podemos avanzar más lejos en esta cuestión. 

Si mañana o los días subsiguientes van a querer formular preguntas acerca de esto, trataré de contestarlas. 

Los individuos han creado la sociedad agrupándose entre ellos con fines de ganancia, pero esto no produce verdadera unidad. 

Esta sociedad se convierte en su prisión, en su molde; no obstante, cada individuo quiere libertad para crecer, para triunfar. 

Así, cada uno se convierte en explotador de la sociedad y la sociedad, a su vez, lo explota. 

La sociedad se convierte en el ápice de su deseo, y el gobierno en el instrumento para llevar a cabo ese deseo al conferir honores a aquéllos que tienen el mayor poder de poseer, de ganar. 

La misma actitud estúpida existe en la religión; la autoridad religiosa considera al hombre que se ha ajustado enteramente a su dogma y a sus creencias, una persona verdaderamente espiritual. 

Confiero honores al hombre que posee virtud. 

Así, en nuestro deseo de poseer -y otra vez no hablo en términos de opuestos, antes bien, estoy examinando la cosa misma que da origen al deseo de posesión-, en nuestra búsqueda de posesión, creamos una sociedad de la cual nos volvemos, inconscientemente, esclavos. 

Nos convertimos en piezas de esa maquinaria social, aceptando todos sus valores, sus tradiciones, esperanzas, anhelos y sus ideas establecidas, porque hemos creado la sociedad y ésta nos ayuda a obtener lo que deseamos. 

Por lo tanto, el orden establecido, ya sea del gobierno o de la religión, pone fin a la investigación, a la búsqueda, a la duda. 

En consecuencia, cuanto más nos unimos en nuestras múltiples posesiones, más tendemos a volvernos nacionalistas.

Después de todo, ¿qué es una nación? 

Es un grupo de individuos que viven juntos con propósitos de conveniencia económica y defensa propia, y que explotan a unidades similares. 

No soy un economista, pero esto es un hecho obvio. 

De este espíritu adquisitivo emana la idea de “mi familia”, “mi casa”, “mi país”. 

En tanto exista esta condición posesiva, no puede haber hermandad o verdadero internacionalismo

Las fronteras de ustedes, sus costumbres, sus barreras arancelarias, sus tradiciones, sus creencias, sus religiones están separando al hombre del hombre. 

Esta mentalidad de ganancia, este espíritu separativo, este deseo de estar a salvo, de tener seguridad, ¿qué es lo que han creado? 

Han creado las nacionalidades. 

Y donde hay nacionalismo tiene que haber guerra. 

Es función de las naciones prepararse para la guerra; de lo contrario, no pueden ser verdaderas naciones.

 Eso es lo que está sucediendo en todo el mundo, y nos encontramos al borde de otra guerra. 

Todos los periódicos defienden el nacionalismo y el espíritu de separación. 

¿Qué se dice en casi todos los países, en América, en Inglaterra, en Alemania, en Italia? 

Dicen:

 “Primero nosotros y nuestra seguridad individual, después consideremos al mundo”. 

Parece que no nos damos cuenta de que estamos todos en el mismo bote. 

Los pueblos ya no pueden estar separados como lo estuvieron siglos atrás. No debemos pensar en términos de separación, pero insistimos en pensar desde el punto de vista nacionalista o de conciencia de clase porque seguimos aferrándonos a nuestras posesiones, a nuestras creencias. 

El nacionalismo es una enfermedad, no puede producir unidad en el mundo ni unidad en el hombre. 

No podemos lograr la salud por medio de la enfermedad; primero debemos librarnos de la enfermedad.

 La educación, la sociedad, la religión contribuyen a mantener separadas a las naciones, porque cada una busca crecer individualmente, busca ganar, explotar. 

Ahora bien, a causa de este deseo de crecer, de ganar, de explotar, damos origen a innumerables creencias -creencias que conciernen a la vida después de la muerte, a la reencarnación, a la inmortalidad- y encontramos personas dispuestas a explotarnos, gracias a nuestras creencias. 

Por favor, entiendan que al decir esto no me estoy refiriendo a ningún líder o maestro en particular; no estoy atacando a ninguno de sus líderes. 

Atacar a cualquiera es pura pérdida de tiempo. 

No me interesa atacar a ningún líder, tengo algo más importante que hacer en la vida. 

Quiero actuar como un espejo para que puedan ver claramente las corrupciones y engaños que existen en la sociedad, en la religión.

Toda nuestra estructura social e intelectual se basa en la idea de la ganancia, del logro; y cuando la mente y el corazón están atrapados en la idea de la ganancia, no puede haber un verdadero vivir, la vida no puede fluir libremente. 

¿No es así?

 Si constantemente se ocupan del futuro, de un logro, de una ganancia, de una esperanza, ¿cómo pueden ustedes vivir por completo en el presente? 

¿De qué modo pueden actuar inteligentemente como seres humanos? ¿Cómo pueden pensar y sentir en la plenitud del presente, cuando tienen siempre los ojos puestos en el distante futuro? 

Nuestra religión, nuestra educación, nos convierten en seres sumamente insignificantes y, siendo conscientes de esa completa insignificancia, anhelamos ganar, triunfar. 

De este modo, seguimos constantemente a maestros, gurús, sistemas. 

Si realmente comprenden esto, actuarán; no sólo lo discutirán intelectualmente. 

En su persecución de la ganancia, ustedes pierden de vista el presente. 

Depositan su seguridad en el pasado y, de ese modo, no comprenden plenamente la experiencia inmediata. 

Esa experiencia deja una cicatriz, un recuerdo que resulta del carácter incompleto de tal experiencia, y de esa creciente insuficiencia se desarrolla la conciencia del “yo”, el ego. 

Las divisiones que ustedes hacen del ego no son sino el refinamiento superficial del egocentrismo en su búsqueda de ganancia. 

Intrínsecamente, en ese carácter incompleto de la experiencia, en ese recuerdo, tiene sus raíces el ego.

 Por mucho que pueda crecer, expandirse, siempre retendrá el centro de la conciencia personal. 

Así, cuando ustedes buscan la ganancia, el éxito, cada experiencia incremento la conciencia egocéntrica.

 Pero discutiremos esto en otra oportunidad. 

En esta plática quiero presentar lo más que pueda mi pensamiento, así, en las pláticas siguientes tendrá tiempo de responder a las preguntas que deseen formular. 

Cuando la mente está atrapada en el pasado o en el futuro, no puede comprender el significado de la experiencia presente. 

Esto es obvio. 

Cuando uno se ocupa de la ganancia, no puede comprender el presente. 

Y dado que ustedes no comprenden el presente, que es la experiencia, ésta deja su cicatriz, su insuficiencia en la mente. 

Uno no queda libre de esa experiencia. 

Esta falta de libertad, de plenitud, crea la memoria, y el aumento de esa memoria no es sino la conciencia egocéntrica, el ego. 

Así, cuando decimos:

 “Recurramos a la experiencia para que nos dé libertad”, lo que en realidad hacemos es aumentar, intensificar, expandir esa conciencia egocéntrica, ese ego, porque tenemos la vista puesta en la ganancia, en la acumulación, como medios para lograr la felicidad, para realizar la verdad. 

Después de haber establecido en nuestra mente la conciencia del “yo”, la mente alimenta esa conciencia, y de ahí surge la cuestión de si viviremos o no después de la muerte, si podemos abrigar esperanzas en la reencarnación

Ustedes quieren saber categóricamente si la reencarnación es un hecho. 

En otras palabras, utilizan la idea de la reencarnación como un medio de postergación, y en eso encuentran consuelo. 

Dicen: 

“Mediante el progreso ganaré comprensión; lo que no he comprendido hoy lo comprenderé mañana. 

Por lo tanto, asegúreme que la reencarnación es verdadera”. 

De ese modo, nos aferramos a esta idea del progreso, a esta idea de ganar más y más hasta llegar a la perfección. 

Eso es lo que ustedes llaman progreso, adquirir más y más, acumular más y más. 

Pero para mí, la perfección es realización plena y total, no esta acumulación progresiva. 

Ustedes usan la palabra progreso para indicar acumulación, ganancia, logro; es la idea fundamental que tienen del progreso. 

Pero la perfección no se encuentra por medio del progreso; es plenitud de realización. 

La perfección no se realiza mediante la multiplicación de experiencias, sino que es la realización plena en la experiencia, en la acción misma. 

El progreso aparte de esta plenitud de realización conduce a la completa superficialidad. 

Un sistema así de escape es el que prevalece hoy en el mundo. 

La teoría de la reencarnación que ustedes sustentan, torna al hombre cada vez más superficial; basándose en ella dice:

 “Dado que no puedo realizarme hoy, lo haré en el futuro”. 

Si no pueden realizarse en esta vida, encuentran consuelo en la idea de que siempre hay una próxima vida. 

De esto surge la indagación en el más allá, y la idea de que el hombre que ha adquirido el súmmum del conocimiento -el cual no es sabiduría- alcanzará la perfección. 

Pero la sabiduría no es el resultado de la acumulación, la sabiduría no es posesión; la sabiduría es espontánea, inmediata. 

En tanto la mente está escapando de la vacuidad por medio de la ganancia, esa vacuidad aumenta, y ustedes no tienen un solo día, ni un instante en el que puedan decir:

 “He vivido”.

 Sus acciones son siempre incompletas en su realización y, por esto, buscan continuar. 

¿Qué es lo que ha sucedido a causa de este deseo? 

Nos hemos vuelto más y más vacuos, más y más superficiales, irreflexivos, carentes de espíritu crítico.

 Aceptamos al hombre que nos ofrece consuelo, seguridad, y cada uno de nosotros, como individuo, ha hecho de ese hombre su explotador. 

Nos hemos convertido en sus esclavos, esclavos de su sistema, de sus ideales. 

En esta actitud de aceptar no hay realización plena, sino postergación. 

En consecuencia, necesitan la idea de la propia continuidad, la creencia en la reencarnación, y de ello surge la idea de progreso, de acumulación. 

En nada de lo que hacen hay armonía, significación, porque están pensando constantemente desde el punto de vista de la ganancia. 

Consideran la perfección como un objetivo, no como la realización misma. 

Como he dicho, la perfección radica en la comprensión, en comprender por completo el significado de una experiencia; y esa comprensión es realización plena, la cual es inmortalidad. 

Por lo tanto, tiene que haber conciencia plena de nuestra acción en el presente. 

El incremento de la conciencia egocéntrica se origina en la superficialidad de la acción y en la incesante explotación, que empieza con las familias, los maridos, las esposas, los hijos, y se extiende a la sociedad, a los ideales, a la religión, porque todo eso se basa en esta idea de la ganancia. 

Lo que en realidad persiguen es su propia codicia, aunque puedan ser inconscientes de ello y de la explotación. 

Quiero dejar en claro que sus religiones, sus creencias, sus tradiciones, su autodisciplina se basan en esta idea de la ganancia. 

No son sino incitaciones, alicientes para una conducta virtuosa, y de ellas emanan el explotador y el explotado. 

Si están persiguiendo su codicia, persíganla conscientemente, no hipócritamente. 

No digan que buscan la verdad, porque la verdad no llega de este modo. 

Entonces, esta idea de crecer más y más es, para mí, falsa, porque lo que crece no es eterno. 

¿Alguna vez se ha demostrado que cuanto más tienen más comprenden? 

En teoría podría ser así, pero en la realidad no lo es. 

Un hombre aumenta sus propiedades y se encierra en ellas; otro aumenta sus conocimientos y éstos lo atan. 

¿Cuál es la diferencia? 

Este proceso de crecimiento acumulativo es superficial, falso desde el comienzo mismo, porque aquello que es capaz de crecer no es eterno. 

Es una ilusión, una falsedad que no contiene en sí nada que sea verdadero. 

Pero si persiguen esta idea del crecimiento acumulativo, persíganla con la totalidad de la mente y del corazón. 

Entonces descubrirán cuán superficial, vana y artificial es esa idea. 

Y cuando perciban que es falsa, entonces conocerán la verdad. 

Nada necesita sustituir lo falso. 

Entonces ustedes ya no buscan la verdad en sustitución de lo falso; porque en la percepción directa lo falso ya no existe. 

Y en esa comprensión está lo eterno. 

Entonces hay felicidad, inteligencia creativa. 

Entonces vivirán naturalmente, completamente, como la flor; y en eso hay inmortalidad. 

29 de diciembre de 1933







EL ARTE DE ESCUCHAR - 23 - J.K. -

 CUARTA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN 

Amigos: 

Hoy voy a hacer un resumen de lo que he estado diciendo aquí. Tenemos la idea de que la sabiduría es un proceso de adquisición mediante la constante multiplicación de experiencias. 

Pensamos que, multiplicando las experiencias, aprenderemos, y que ese aprender nos dará sabiduría; y con esa sabiduría en acción esperamos encontrar la riqueza de la vida, la suficiencia propia, la felicidad, la verdad. 

O sea, que para nosotros la experiencia no es sino un cambio constante de sensaciones, porque recurrimos al tiempo para que nos dé sabiduría. 

Cuando pensamos de esta manera, que por medio del tiempo adquiriremos sabiduría, tenemos la idea de llegar a alguna parte; decimos que el tiempo, gradualmente, revelará la sabiduría. 

Pero el tiempo no revela la sabiduría, porque utilizamos el tiempo sólo como un medio para llegar a alguna parte. 

Cuando tenemos la idea de obtener sabiduría mediante el constante cambio de experiencias, estamos buscando la adquisición, y así no hay percepción inmediata, la cual es sabiduría.

Tomemos un ejemplo; tal vez aclare lo que quiero decir. 

Este cambio de deseos, este cambio de sensaciones, esta multiplicación de experiencias que el cambio de sensaciones produce es lo que llamamos progreso. 

Supongamos que vemos un sombrero en una tienda y deseamos poseerlo; habiendo obtenido ese sombrero, anhelamos alguna otra cosa: un automóvil, etc. 

Después nos volvemos hacia los anhelos emocionales y pensamos que, cambiando de este modo nuestro deseo de un sombrero por una sensación emocional, hemos crecido. 

De la sensación emocional nos volvemos, entonces, a las sensaciones intelectuales, a las ideas, a Dios, a la verdad. 

O sea, pensamos que hemos progresado, gracias al constante cambio de experiencias, desde el estado de desear un sombrero al estado de anhelar y buscar a Dios. 

Por lo tanto, creemos que mediante las experiencias, mediante la opción, hemos progresado. 

Y bien, para mí esto no es progreso, es meramente un cambio de sensación: sensaciones más y más sutiles, más y más refinadas pero que, no obstante, siguen siendo sensación; por consiguiente, son superficiales. 

Sólo hemos cambiado el objeto de nuestro deseo; primero era un sombrero, luego eso se cambió por Dios, con lo cual pensamos que hemos hecho un progreso tremendo. 

Es decir, pensamos que por intermedio de este proceso gradual de refinar la sensación, descubriremos qué es la verdad, Dios, la eternidad

Yo digo que jamás encontrarán la verdad cambiando gradualmente el objeto del deseo. 

Pero si comprenden que sólo en la percepción inmediata, en el discernimiento instantáneo se encuentra la plenitud de la sabiduría, entonces desaparecerá esta idea del cambio gradual de los objetos del deseo.

 ¿Qué es lo que hacemos, pues? 

Pensamos: “Yo era diferente ayer, soy diferente hoy y seré diferente mañana”; por lo tanto, prestamos atención a las diferencias, a los cambios, no al discernimiento. 

Tomemos, por ejemplo, la idea del desapego. Nos decimos: 

“Hace dos años yo estaba mucho más apegado, hoy estoy menos apegado y dentro de unos cuantos años lo estaré menos aún; finalmente llegaré a un estado en el cual me habré desapegado por completo”.

 Pensamos así que hemos evolucionado desde el apego al desapego, a través del constante impacto de la experiencia, y a esto lo llamamos progreso, desarrollo del carácter. 

Para mí, esto no es progreso. 

Si uno percibe con todo su ser la plena significación del apego, entonces no progresa hacia el desapego. La mera persecución del desapego no revela la superficialidad del apego, la cual puede ser comprendida sólo cuando la mente y el corazón no escapan a través de la idea del desapego.

Esta comprensión no se origina en el tiempo, sino comprendiendo que en el apego mismo están tanto el dolor como la dicha pasajera. 

Entonces ustedes me preguntan:

 “¿No me ayudará el tiempo a percibir eso?” 

El tiempo no lo hará. 

Lo que hará que perciban es, ya sea la transitoriedad de la dicha o la intensidad del dolor que hay en el apego. Si están plenamente atentos a esto, entonces ya no se hallan atrapados en la idea de que son diferentes ahora de como lo fueron varios años atrás, y de que luego serán de nuevo diferentes. 

Se vuelve ilusoria la idea del tiempo progresivo. 

Para expresarle de un modo diferente: 

Pensamos que mediante la opción avanzaremos, aprenderemos, cambiaremos. Optamos mayormente a causa del deseo. A lo que no nos satisface en la opción, lo llamamos no esencial, y a lo que nos satisface lo llamamos esencial. Así estamos constantemente atrapados en el conflicto de la opción, de la cual esperamos aprender. 

La opción, entonces, es meramente la acción de los opuestos; es cálculo entre opuestos y no discernimiento duradero. 

En consecuencia, progresamos desde lo que llamamos lo no esencial a lo que llamamos lo esencial, y eso, a su vez, se convierte en lo no esencial. 

O sea, progresamos desde el deseo por el sombrero -que pensábamos era lo esencial y que ahora se ha vuelto lo no esencial- a lo que pensamos que es lo esencial, sólo para descubrir que también esto es lo no esencial. 

Creemos así que, optando, llegaremos a la plenitud de la acción, a la integridad de la vida.

Como he dicho, para mí la percepción o el discernimiento es intemporal. 

El tiempo no nos da discernimiento respecto a las experiencias; sólo nos hace más listos, más ingeniosos en el modo de enfrentarnos a las experiencias. 

Pero si ustedes perciben y viven de manera completa en la cosa misma que están experimentando, entonces desaparece esta idea del cambio desde lo no esencial a lo esencial, y así la mente se libera ella misma de la idea del tiempo progresivo. 

Ustedes recurren al tiempo para cambiar. 

Se dicen: 

“Mediante la multiplicación de experiencias, tales como cambiar del deseo por el sombrero al deseo por Dios, aprenderé sabiduría, aprenderé la comprensión”. 

En las acciones que nacen de la opción no hay discernimiento, porque la opción es cálculo, un recuerdo de acción incompleta. 

O sea, que ahora, al afrontar una experiencia, lo hacen parcialmente, con un prejuicio religioso, con ideas preconcebidas de diferencias sociales o de clase, y esta mente falseada, cuando se enfrenta a la vida, crea la opción; no genera en ustedes la plenitud de la comprensión. Pero si afrontan la vida con libertad, con apertura, con sencillez, entonces la opción desaparece, porque viven completamente, sin crear el conflicto de los opuestos.

Pregunta: 

¿Qué entiende usted por vivir plenamente, abiertamente, libremente? Por favor, dé un ejemplo práctico. Tenga la bondad de explicar, con un ejemplo práctico, cómo en el intento de vivir plena, abierta y libremente, uno llega a tomar conciencia de los obstáculos que le impiden ser libre, y cómo, al volverse plenamente consciente de sus obstáculos, puede liberarse de ellos. 

KRISHNAMURTI

Supongamos que soy un esnob y que estoy inconsciente de ser un esnob; es decir, tengo prejuicios de clase, y encaro la vida siendo inconsciente de estos prejuicios. Por supuesto, al tener mi mente deformada por esta idea de las diferencias de clase, no puedo comprender la vida, no puedo afrontarla de manera abierta, libre y sencilla. 

Por otra parte, si he sido criado con fuertes doctrinas religiosas o con alguna educación particular, mis pensamientos y mis emociones se han falseado; con este trasfondo de prejuicios salgo para encontrarme con la vida y, naturalmente, estos prejuicios me impiden comprenderla de manera completa. 

Así es como estamos atrapados en un trasfondo de tradiciones y valores falsos, de diferencias de clase y prejuicios religiosos, de temores e ideas preconcebidas. 

Con ese trasfondo, con esos patrones establecidos, ya sean internos o externos, salimos para encontrarnos con la vida y tratar de comprenderla. 

Desde estos prejuicios surgen el conflicto, las dichas pasajeras y el sufrimiento. Pero somos inconscientes de esto, de que nos hallamos esclavizados a ciertas formas de tradición, al medio social y político, a los valores falsos. 

Ahora bien, yo digo que para librarse de esta esclavitud no traten de analizar el pasado, el trasfondo de la tradición que los esclaviza y del cual no son conscientes. 

Si uno es un esnob, no debe tratar de averiguar si es un esnob cuando su acción ya ha pasado. 

Ha de estar plenamente alerta y, a través de lo que dice y hace, el esnobismo del que uno es inconsciente, entrará en actividad; entonces puede uno librarse de él, porque esta llama de la percepción alerta crea un conflicto intenso, el cual disuelve el esnobismo. 

Como dije el otro día, el autoanálisis es destructivo, porque cuanto más se analiza uno menos acción hay. 

El autoanálisis tiene lugar sólo cuando el acontecimiento ha pasado, cuando ha llegado a su fin; entonces uno regresa intelectualmente a ese acontecimiento e intelectualmente trata de disecarlo, de comprenderlo. 

No hay comprensión a base de una cosa muerta. 

Antes bien, si uno está plenamente consciente en su acción, no como un observador que sólo observa, sino como un actor totalmente comprometido en esa acción, si está totalmente alerta y no se aparta de ella, entonces el proceso de autoanálisis no existe.

No existe porque uno está encarando la vida de manera total, no está separado de la experiencia, y en esa llama de la percepción alerta uno pone en actividad todos sus prejuicios, todos los patrones falsos que han mutilado su mente; y al traerlos a la plenitud de la conciencia, se libera de ellos porque crean perturbación y conflicto, y ese conflicto mismo hace que uno se libere. 

Nos aferramos a la idea de que el tiempo nos dará comprensión. 

Para mí, esto no es sino un prejuicio, un obstáculo. 

Ahora supongamos que ustedes consideran por un momento esta idea -no la acepten, sólo reflexionen sobre ella y deseen descubrir si es verdadera-. 

Encontrarán que sólo pueden ponerla a prueba en la acción, no teorizando sobre ella. Entonces no preguntarán si lo que digo es verdadero, lo probarán en la acción. Yo digo que el tiempo no les trae comprensión; cuando recurren al tiempo como un proceso gradual de descubrimiento, están creando un obstáculo. 

Esto pueden probarlo sólo por medio de la acción; sólo en la experiencia pueden percibir si esta idea tiene en sí misma algún valor. 

Pero perderán su significación profunda si tratan de usarla para alguna otra cosa. La idea del tiempo como un proceso de descubrimiento, no es sino un método cultivado de postergación. 

Ustedes no encaran la cosa con la que se enfrentan, porque tienen miedo; no quieren encarar la experiencia de manera total, ya sea a causa de sus prejuicios o a causa del deseo de postergación.

 Cuando uno tiene un tobillo torcido, no puede destorcerlo gradualmente. Esta idea de que aprendemos a través de muchas y crecientes experiencias, de multiplicar alegrías y sufrimientos, es uno de nuestros prejuicios, uno de nuestros obstáculos.

Para descubrir si esto que digo es verdadero, ustedes tienen que actuar; jamás lo descubrirán sentándose y discutiendo al respecto. 

Pueden descubrirlo sólo en el movimiento de la acción, viendo cómo reaccionan el corazón y la mente, no moldeándolos, no empujándolos hacia un objetivo particular; entonces verán que ellos reaccionan meramente conforme al prejuicio de la acumulación. 

Ustedes dicen: 

“Hace diez años yo era diferente; hoy soy diferente y de aquí a diez años seré aun más diferente”; pero el encarar las experiencias con esta idea de que serán diferentes, de que aprenderán de manera gradual, les impide comprenderlas, les impide el discernimiento pleno e instantáneo. 

Pregunta: 

¿Querría usted dar también un ejemplo práctico de que el autoanálisis es destructivo? Su enseñanza en este punto, ¿surge de su propia experiencia? 

KRISHNAMURTI: 

Ante todo, yo no he estudiado filosofías ni los libros sagrados

Lo que les entrego pertenece a mis propias experiencias. 

A menudo me preguntan si he estudiado los libros sagrados, las filosofías y otros escritos semejantes.

 No lo he hecho. 

Les hablo de lo que para mí es la verdad, la sabiduría, y es cosa de ustedes descubrirlo. 

Pienso que en ese mismo proceso de acumulación que llamamos aprendizaje, radica nuestro infortunio.

 Cuando la mente se halla cargada de conocimientos, de erudición, está mutilada -lo cual no quiere decir que no debamos leer-. 

Pero la sabiduría no puede comprarse, tiene que ser experimentada en la acción. Creo que eso responde a la segunda parte de la pregunta. 

Contestaré la pregunta de una manera diferente, y espero explicarlo con mayor claridad. 

¿Por qué piensa usted que tiene que analizarse?

Porque no ha vivido plenamente en las experiencias y éstas han creado en usted una perturbación. 

Por lo tanto, se dice: 

“La próxima vez que me enfrente a eso, debo estar preparado, así que consideraré ese acontecimiento que es el pasado y aprenderé de él; entonces afrontaré plenamente las experiencias siguientes y éstas no me perturbarán”. 

En consecuencia, comienza a analizar, lo cual constituye un proceso intelectual y, por ende, no totalmente auténtico; como no lo ha comprendido de manera completa, dice: 

“He aprendido algo de la experiencia pasada; ahora con ese pequeño conocimiento, afrontaré la próxima experiencia y aprenderé un poco más”. 

Así que no vive completamente en la experiencia misma; siempre tiene lugar este proceso intelectual de aprendizaje, de acumulación.

Esto es lo que ustedes hacen todos los días, sólo que inconscientemente. 

No tienen el deseo de encarar la vida de una manera armoniosa, íntegra; antes bien, creen que aprenderán a afrontarla armoniosamente por medio del análisis. 

Es decir, esperan que agregando poco a poco al granero de la mente, llegarán a ser plenos y tendrán la capacidad de encarar plena y totalmente la vida. 

Pero la mente de ustedes jamás llegará a liberarse mediante este proceso; puede llegar a llenarse, pero jamás a ser libre, abierta, sencilla. 

Y lo que impide que sea sencilla, abierta, es este constante proceso de analizar un incidente del pasado, el cual tiene que ser necesariamente incompleto. 

Sólo en el movimiento mismo de la experiencia en sí, puede haber comprensión completa. 

Cuando se encuentra en medio de una gran crisis, cuando tiene que haber acción, usted no analiza, no calcula; deja todo eso de lado, porque en ese momento su mente y su corazón están en armonía creativa y hay verdadera acción. 

Pregunta: 

¿Cuál es su punto de vista con respecto al ceremonial religioso y a las prácticas ocultas, para mencionar sólo algunas de las actividades que ayudan a la humanidad? Su actitud hacia ellas, ¿es meramente de completa indiferencia o es de antagonismo? 

KRISHNAMURTI: 

A mí me parece que emprender tales prácticas es un esfuerzo desperdiciado. Cuando usted dice “practicar”, quiere decir seguir un método, una disciplina que espera habrá de darle la comprensión de la verdad. 

He dicho muchísimas cosas en relación con esto, y no tengo tiempo para examinarlo plenamente otra vez. Toda la idea de seguir una disciplina genera rigidez en la mente y en el corazón, y hace que sean consecuentes con una pauta previa. 

Habiendo establecido ya un plan de conducta y deseando ser consecuente con él, usted se dice:

 “Debo hacer esto y no debo hacer aquello”, y su recuerdo de esa disciplina lo guía a lo largo de toda la vida. 

O sea, a causa del temor a los dogmas religiosos y a la situación económica, usted afronta las experiencias parcialmente, haciéndolo a través del velo de estos métodos y estas disciplinas. 

Afronta la vida con temor, lo cual crea prejuicios; hay, pues, comprensión incompleta y de ésta surge el conflicto. Y, a fin de sopesar estos conflictos, usted encuentra un método, una disciplina conforme a la cual juzga: “debo” y “no debo”. 

Por lo tanto, habiendo establecido una consecuencia con un patrón de conducta, se disciplina de acuerdo con eso recordándolo constantemente, y esto es lo que llama disciplina, prácticas ocultas.

 Yo digo que tal autodisciplina, tales prácticas, este continuo ajuste o no ajuste a un patrón, a una norma, no libera a la mente. 

Lo que la libera es el afrontar la vida plenamente, estar totalmente alerta, lo cual no exige práctica alguna. 

Usted no puede decirse a sí mismo: 

“Debo estar alerta, debo estar alerta”. 

La percepción alerta adviene en la intensidad completa de la acción. 

Cuando uno sufre mucho, cuando disfruta mucho, en esos momentos se enfrenta a la vida con percepción alerta total y no con una conciencia dividida; entonces responde a las cosas completamente, y en esto hay libertad. 

Con respecto a las ceremonias religiosas, la cuestión es, desde mi punto de vista, muy simple. 

Una ceremonia es meramente una sensación glorificada. 

Algunos de ustedes probablemente no estén de acuerdo con esta opinión. 

Vean, con las ceremonias religiosas es como con las pompas mundanas: cuando un rey celebra las ceremonias palaciegas, los espectadores se sienten grandemente impresionados y son grandemente explotados. 

La razón por la que la mayoría de las personas acude a la iglesia es para encontrar consuelo, para escapar, para explotar y ser explotada; y si algunos de ustedes han prestado atención a lo que he estado diciendo durante los últimos cinco o seis días, comprenderán mi actitud y mi acción con respecto a las ceremonias. 

“Su actitud hacia ellas, ¿es meramente de completa indiferencia o es de antagonismo?” 

Mi actitud no es indiferente ni antagónica. 

Digo que las ceremonias tienen que sembrar siempre la semilla de la explotación; por lo tanto, no son inteligentes ni virtuosas.

Pregunta: 

Ya que usted no busca seguidores, ¿por qué, entonces, le pide a la gente que abandone sus religiones y siga su consejo? 

¿Está dispuesto a asumir las consecuencias de un consejo semejante? 

¿O entiende que la gente necesita ser guiada? 

Si no, ¿por qué predica en absoluto? 

KRISHNAMURTI: 

Lo siento, jamás he creado tal cosa como un seguidor. 

Jamás le he dicho a nadie:

 “Deje su iglesia y sígame”. 

Eso hubiera sido pedirles que vinieran a otra iglesia, que entraran en otra prisión. 

Lo que digo es que, siguiendo a otro, uno no hace otra cosa que convertirse en un esclavo, en una persona carente de inteligencia; se vuelve una máquina, un autómata imitativo. 

Siguiendo a otro, usted jamás puede descubrir qué es la vida, qué es la eternidad. 

Digo que seguir a otro es destructivo, cruel, que conduce a la explotación. 

Me ocupo de sembrar la semilla. 

No les pido que me sigan. 

Digo que en la acción misma de seguir a otro, está la destrucción de esa vida que es un devenir eterno.

 Para expresarle de un modo distinto: 

Siguiendo a otro destruye usted la posibilidad de descubrir la verdad, la eternidad. 

¿Por qué sigue? 

Porque desea que lo guíen, que lo ayuden. 

Piensa que no puede comprender; por lo tanto, acude a otro, aprende su técnica y se vuelve esclavo de ese método. 

Se convierte en el explotador y el explotado; no obstante, espera que, practicando continuamente ese método, liberará el pensar creativo. 

Jamás podrá liberar el pensar creativo siguiendo a otro. 

Sólo cuando empieza a cuestionar la idea misma del seguimiento, la idea de crear autoridades y rendirles culto, puede descubrir lo verdadero; y la verdad liberará su mente y su corazón. 

“¿Entiende usted que la gente necesita ser guiada?” 

Yo digo que la gente no necesita guía; necesita despertar. 

Si usted es guiado hacia ciertas acciones virtuosas, esas acciones dejan de ser virtuosas; son meramente imitativas, obligadas. 

Pero si usted mismo cuestiona si está continuamente alerta y descubre los valores genuinos -y eso sólo usted mismo puede hacerlo y nadie más-, entonces toda la cuestión del seguir, del ser guiado, pierde su significación. 

La sabiduría no es una cosa que adviene por medio de la guía, del seguimiento, de la lectura de libros.

 Uno no puede aprender sabiduría de segunda mano, si bien esto es lo que ustedes tratan de hacer.

 Dicen:

 “Guíeme, ayúdeme, libéreme”. 

Pero yo digo que se cuiden del hombre que los ayuda, que los libera.

“¿Por qué predica usted en absoluto?” 

Eso es muy simple: porque no puedo evitarlo, y también porque hay tanto sufrimiento, tanta dicha que se desvanece. 

Para mí existe un devenir eterno que es éxtasis; y quiero mostrar que esta existencia caótica puede ser transformada en una cooperación ordenada e inteligente en la cual el individuo no sea explotado. 

Y esto no ha de ocurrir por intermedio de una filosofía oriental o sentándose bajo un árbol o apartándose de la vida, sino todo lo contrario: ocurre mediante la acción que uno descubre cuando está plenamente despierto, completamente alerta en medio de un gran dolor o de una gran alegría. 

Esta llama de la percepción alerta consume los obstáculos que uno mismo ha creado y que destruyen y corrompen la inteligencia creativa del ser humano. 

Pero casi todos, cuando experimentan sufrimiento, buscan alivio inmediato o tratan de atrapar una dicha fugaz por medio de la memoria. 

De ese modo, sus mentes están escapando todo el tiempo. 

Pero yo digo que se vuelvan plenamente alerta y ustedes mismos librarán del temor a sus mentes; y esta libertad es la comprensión de la verdad. 

Pregunta: 

¿Es su experiencia de la realidad algo peculiar de este tiempo? Si no lo es, ¿por qué no ha sido posible en el pasado?

Usted quiere decir con su pregunta si la gente no ha buscado la verdad y no ha luchado por encontrarla en el curso de los siglos. 

Para mí, esa lucha misma en pos de la verdad ha impedido que la gente la comprendiera. 

Pregunta: 

Usted dice que el sufrimiento no puede darnos comprensión, sino que sólo puede despertarnos. Si es así, ¿por qué no cesa el sufrimiento cuando estamos plenamente despiertos? 

KRISHNAMURTI: 

Es justamente eso. 

El sufrimiento no nos despierta plenamente. 

Supongamos que alguien muere. 

¿Qué sucede?

 Uno quiere inmediatamente un alivio para su dolor; así acepta una idea, una creencia, o va en busca de entretenimientos. 

¿Qué ha ocurrido, entonces? 

Ha habido verdadero sufrimiento, se ha provocado una lucha, una conmoción, y para superar la conmoción, el sufrimiento, hemos aceptado una idea como la reencarnación, o la fe en el más allá, o la creencia en la comunicación con los muertos. 

Éstas son todas vías de escape. 

O sea, cuando usted está despierto, hay conflicto, lucha, a lo cual llama sufrimiento, pero inmediatamente quiere eliminar esa lucha, ese despertar; anhela olvidar mediante una idea, una teoría o una explicación, lo cual no es sino un proceso de echarse a dormir nuevamente. 

Éste es, entonces, el proceso diario de la existencia: uno se despierta a causa del impacto con la vida, con la experiencia, lo cual causa sufrimiento, y uno desea ser consolado; por consiguiente, busca y escoge personas, ideas, explicaciones que puedan darle consuelo, satisfacción, y esto da origen al explotador y al explotado. 

Pero si en ese estado de cuestionamiento agudo, el cual implica sufrimiento, si en ese estado de interés despierto uno se enfrenta a la experiencia completamente, descubrirá el verdadero valor y significado de todos los refugios y las ilusiones que los seres humanos hemos creado; y sólo la comprensión de ello lo liberará a uno del sufrimiento. 

Pregunta: 

¿Cuál es el camino más corto para liberarnos de todos nuestros tormentos y aflicciones y resentimientos y alcanzar así la dicha y la libertad?

 KRISHNAMURTI: 

No hay un camino más corto; pero los resentimientos, los tormentos y las aflicciones mismas lo liberarán si no trata de escapar de ello mediante el deseo de dicha y libertad. 

Usted dice que anhela dicha y libertad porque los resentimientos y las aflicciones son difíciles de soportar. 

De ese modo está meramente escapando de ellos, no comprende por qué existen; no comprende por qué tiene tormentos, por qué tiene aflicciones, resentimientos, amargura, sufrimiento y alegrías fugaces. 

Y en vista de que no comprende, quiere conocer el camino más corto para salir de esta confusión. 

Yo le digo que se cuide del hombre que le enseña la salida más corta. 

No hay salida del sufrimiento y la aflicción, excepto a través del sufrimiento mismo, de la propia aflicción. 

Esto no es una afirmación dura; la comprenderá si reflexiona sobre ella. 

Tan pronto deje de tratar de escapar, comprenderá; no puede sino comprender, porque entonces ya no está enredado en explicaciones. 

Cuando todas las explicaciones han cesado, cuando ya no tienen significación alguna, entonces la verdad está ahí. 

Ahora usted busca explicaciones, busca el camino más corto, el método más rápido; recurre a las prácticas, a los ceremoniales, a la más reciente teoría científica. 

Son todos escapes. 

Pero cuando usted comprenda realmente la ilusión del escape, cuando esté enfrentándose plenamente con la cosa que da origen al conflicto dentro de nosotros, entonces esa cosa misma lo liberará.

 Ahora la vida crea en usted perturbación, problemas de posesión, sexo, odio. 

Por lo tanto, dice:

 “Tengo que encontrar una vida superior, una vida divina, una vida de no posesión, una vida de amor”.

 Pero su esfuerzo mismo por dar con una vida semejante, no es sino un escape respecto de estas perturbaciones. 

Si toma clara conciencia de la falsedad del escape, y esto puede comprenderlo sólo cuando hay conflicto, entonces verá cómo su mente está habituada al escape. 

Y cuando usted ha cesado de escapar, cuando su mente ya no está buscando una explicación -que no es sino una droga-, entonces esa cosa misma de la que usted ha estado tratando de escapar, revela su plena significación. 

Esta comprensión libera del dolor al corazón y a la mente. 

Pregunta: 

¿No tiene ninguna fe en el poder de la Divinidad que moldea el destino del hombre? Si no la tiene, ¿es usted, entonces, un ateo?

KRISHNAMURTI:

 La creencia de que hay una Divinidad que puede moldear al hombre, es uno de los obstáculos del hombre; pero cuando yo digo eso, no significa que soy un ateo. 

Pienso que las personas que dicen creer en Dios son ateas, no sólo aquéllas que no creen en Dios, porque ambas son esclavas de una creencia. 

Usted no puede creer en Dios; tiene que creer en Dios sólo cuando no hay comprensión, y no puede tener comprensión buscándola. 

Antes bien, cuando su mente está en verdad libre de todos los valores que se han vuelto el núcleo mismo de la conciencia egocéntrico, entonces existe Dios. 

Nosotros tenemos la idea de que algún milagro nos cambiará; pensamos que alguna influencia divina o externa producirá cambios en nosotros y en el mundo. 

Hemos vivido con esa esperanza durante siglos, y lo que pasa en el mundo es un caos completo, irresponsabilidad en la acción, porque pensamos que algún otro va a hacerlo todo por nosotros.

 Descartar esta idea no significa que debamos volvernos a su opuesto. 

Cuando liberamos a la mente de los opuestos, cuando vemos la falsedad de la creencia acerca de que algún otro cuida de nosotros, entonces se despierta en nosotros una nueva inteligencia. 

Usted quiere saber qué es Dios, qué es la verdad, qué es la vida eterna; por eso me pregunta:

 “¿Es usted ateo o creyente? Si cree en Dios, entonces dígame qué es Dios”. 

Yo digo que para el hombre que describe qué es la verdad o qué es Dios, la verdad no existe. 

Cuando la verdad es puesta en la jaula de las palabras, la verdad ya no es más una realidad viviente. Pero si usted comprende los falsos valores en que está atrapado, si se libera de ellos, entonces hay una realidad viva y eterna. 

Pregunta: 

Cuando sabemos que nuestro modo de vivir disgustará inevitablemente a otros y producirá un completo malentendido en sus mentes, ¿cómo deberíamos actuar, si es que hemos de respetar sus sentimientos y sus puntos de vista? 

KRISHNAMURTI: Esta pregunta me parece tan simple que no veo dónde está la dificultad.

“¿Cómo deberíamos actuar a fin de no perturbar a otros?” 

¿Es eso lo que usted quiere saber? 

Me temo que no deberíamos actuar en absoluto. 

Si usted vive de manera completa, sus acciones pueden causar perturbación; pero ¿qué es más importante, descubrir lo verdadero o no perturbar a otros? 

Esto parece tan simple que apenas si requiere una respuesta. 

¿Por qué quiere respetar los sentimientos y puntos de vista de otras personas? 

¿Teme que sean lastimados sus propios sentimientos, que cambien sus propios puntos de vista? 

Si hay personas cuyos juicios difieren de los suyos, usted sólo puede descubrir si están en lo cierto cuestionándolas, entrando en contacto activo con ellas. 

Y si encuentra que ni esos juicios ni esos sentimientos son verdaderos, su descubrimiento puede perturbar a aquéllos que los sostienen y aprecian. 

Entonces, ¿qué debe usted hacer? 

¿Obrar de acuerdo con esos sentimientos y esos puntos de vista, transigir con ellos a fin de no lastimar a sus amigos? 

Pregunta: 

¿Piensa usted que el alimento puro tiene algo que ver con la realización de sus ideas acerca de la vida? ¿Es usted vegetariano? (Risas). 

KRISHNAMURTI: Vean, el humor es impersonal. 

Espero que el interlocutor no se sienta lastimado cuando la gente se ríe. 

Si soy vegetariano, ¿qué hay con ello?

No es lo que entra en su boca lo que va a liberarlo, sino el descubrir los valores genuinos, de los cuales emana la acción completa. 

Pregunta: 

Su mensaje de desinteresada lejanía y desapego ha sido predicado, en todos los tiempos y en muchos credos, a unos pocos discípulos escogidos. ¿Qué le hace pensar que este mensaje es ahora apto para todos en una sociedad humana donde por necesidad hay dependencia recíproca en todas las acciones sociales? 

KRISHNAMURTI:

 Lo siento mucho, pero jamás he dicho que uno debe ser lejanamente desinteresado, que uno debe desapegarse; todo lo contrario. 

Así que primero comprenda lo que digo y después vea si tiene algún valor. 

Tomemos la cuestión del desapego. 

Usted sabe, durante siglos hemos estado recogiendo, acumulando, asegurándonos. 

Intelectualmente, usted puede ver lo necia que es la posesividad, y se dice a sí mismo: 

“Tengo que desapegarme”.

 O, más bien, no ve la necedad que ello implica; por eso comienza a practicar el desapego, el cual no es sino otro modo de acumular, de atesorar en lo interno. 

Porque si percibe realmente lo necio de la posesividad, entonces está libre tanto del desapego como de su opuesto. 

El resultado no es una lejana inactividad sino, más bien, una acción completa. 

Vea, somos esclavos de la legislación. 

Si mañana aprobaran una ley decretando que no debemos poseer propiedad alguna, nos veríamos forzados a acatarla con muchísima protesta. 

En esa ley también habría seguridad, seguridad en la no posesión. 

Por lo tanto, digo que no sean juguetes de la legislación, sino que descubran la cosa misma de la que son esclavos, o sea, el afán adquisitivo. 

Descubran su, verdadera significación sin escapar hacia el desapego; vean cómo les confiere distinciones sociales, poder, y cómo los conduce a una vida vacía, superficial. 

Si se despojan de las posesiones sin comprenderlas, encontrarán el mismo vacío en la no posesión -la sensación de seguridad en el ascetismo, en el desapego, los cuales se convertirán en el refugio hacia el cual se dirigirán para apartarse en tiempos de conflicto-. 

Mientras haya temor, tiene que haber persecución de opuestos; pero si la mente se libera de la causa misma del temor, que es la conciencia egocéntrica, el “yo”, la conciencia limitada, entonces hay realización plena, integridad de la acción. 

12 de septiembre de 1933


EL ARTE DE ESCUCHAR - 22 - J.K. -

 PLÁTICA EN EL COLISEO, OSLO 

Amigos: 

Ustedes saben, vamos de creencia en creencia, de experiencia en experiencia, con la esperanza de encontrar alguna comprensión permanente que nos dará iluminación, sabiduría; y, con eso, también esperamos descubrir por nosotros mismos qué es la verdad. Así comenzamos la búsqueda de la verdad, de Dios, o de la vida. Ahora bien, yo siento que esta búsqueda misma de la verdad es una negación de la verdad, porque esa vida eterna, esa verdad, puede ser comprendida sólo cuando la mente y el corazón están libres de todas las ideas, de todas las doctrinas, de todas las creencias, y cuando comprendemos la verdadera función de la individualidad. Yo digo que existe una vida eterna que conozco y de la que hablo, pero que uno no puede comprenderla buscándola. 

¿Qué es actualmente nuestra búsqueda? 

No es más que un escapar de nuestros sufrimientos y conflictos, de nuestras confusiones de todos los días; un escapar de nuestra confusión del amor, en el que hay una batalla constante de confusión y de celos; un escapar de la continua lucha por la existencia. Por eso decimos:

 “Si puedo comprender qué es la verdad, si puedo comprender qué es Dios, entonces comprenderé y superaré la confusión, la lucha, el sufrimiento, las innumerables batallas de la opción. Descubramos, por lo tanto, lo que es y, al comprender eso, comprenderé la vida cotidiana en la que hay tanto sufrimiento”.

 Para mí, la comprensión de la verdad no radica en su búsqueda; está en la comprensión del verdadero significado de todas las cosas; toda la significación de la verdad se encuentra en lo transitorio y no aparte de ello. Por lo tanto, nuestra búsqueda de la verdad no es sino un escape. 

Nuestra búsqueda y nuestra indagación, nuestro estudio de las filosofías, nuestra imitación de sistemas éticos y nuestro continuo andar a tientas en pos de esa realidad que yo digo que existe, no son más que vías de escape

Comprender esa realidad es comprender la causa de nuestros múltiples conflictos, luchas y sufrimientos; pero, a causa del deseo de escapar de estos conflictos, hemos elaborado muchas formas sutiles de evitar el conflicto y en ellas nos refugiamos. 

Así, la verdad se vuelve nada más que otro refugio en el cual la mente y el corazón pueden hallar consuelo. 

Ahora bien, esa idea misma de consuelo es un obstáculo; ese concepto mismo del cual derivamos consuelo no es sino una forma de evadir el conflicto de todos los días. 

Durante siglos hemos estado construyendo vías de escape, tales como la autoridad; puede ser la autoridad de las normas sociales, de la opinión pública o de las doctrinas religiosas; puede ser un patrón externo, como los que la mayoría de la gente instruida descarta hoy en día, o un patrón interno, como los que uno crea después de descartar el externo. 

Pero una mente que estima a la autoridad, es decir, una mente que acepta las cosas sin cuestionarlas, una mente que imita, no puede comprender la libertad de la vida

Por eso, si bien durante los siglos pasados hemos establecido esta autoridad que nos proporciona una momentánea pacificación, un consuelo momentáneo, un bienestar transitorio, tal autoridad ha llegado a ser nada más que nuestro escape. 

Lo mismo ocurre con la imitación, la imitación de normas, la imitación de un sistema o un método de vida; para mí, esto también es un obstáculo. 

Y nuestra búsqueda de certidumbre no es más que una manera de escapar; queremos estar seguros, nuestras mentes desean aferrarse a las certidumbres, de modo que, desde ese trasfondo, desde ese refugio podamos mirar la vida e ir hacia adelante. 

Ahora bien, para mí todas estas cosas son obstáculos que impiden la acción natural y espontánea, la única que libera a la mente y al corazón de modo que el hombre pueda vivir armoniosamente y pueda comprender la genuina función de la individualidad

Cuando sufrimos buscamos certidumbre, queremos recurrir a los valores que nos darán consuelo -y ese consuelo no es sino memoria-. 

Entonces volvemos a entrar en contacto con la vida y otra vez experimentamos sufrimiento. 

De este modo pensamos que aprendemos del sufrimiento, que cosechamos comprensión gracias al sufrimiento. 

Una creencia o una idea o una teoría nos producen una satisfacción momentánea cuando sufrimos y, a causa de esta satisfacción, pensamos que hemos comprendido o que hemos cosechado comprensión de esa experiencia. 

Así vamos de sufrimiento en sufrimiento aprendiendo cómo amoldarnos a las condiciones externas. 

O sea, no comprendemos el verdadero proceso del sufrimiento; sólo nos volvemos más hábiles y sutiles en nuestro trato con el sufrimiento. 

Ésta es la superficialidad de la cultura y civilización modernas: se exponen muchas teorías, muchas explicaciones de nuestro sufrimiento, y en estas explicaciones y teorías nos refugiamos, yendo de experiencia en experiencia, sufriendo, aprendiendo y esperando encontrar la sabiduría por medio de todo esto.

Yo digo que la sabiduría no puede comprarse. 

La sabiduría no se encuentra en el proceso de acumulación, no es el resultado de innumerables experiencias, no se adquiere mediante el aprendizaje. 

La sabiduría, que es la vida misma, puede entenderse sólo cuando la mente está libre de todo sentido de búsqueda, de esta búsqueda de consuelo, de esta imitación, porque estas cosas no son sino vías de escape que hemos cultivado durante siglos. 

Si examinamos nuestra estructura del pensamiento, de la emoción, toda nuestra civilización, vemos que no es más que un proceso de escape, de amoldamiento. 

Cuando sufrimos, nuestra reacción inmediata es un deseo de alivio, de consuelo y, sin descubrir la causa de nuestro sufrimiento, aceptamos las teorías que nos ofrecen; o sea, que quedamos momentáneamente satisfechos, viviendo de manera superficial y, de este modo, no descubrimos por nosotros mismos cuál es la causa de nuestro sufrimiento. 

Permítanme exponer esto de otro modo:

 Aun cuando tenemos experiencias, estas experiencias no nos mantienen despiertos, sino que más bien nos adormecen, porque nuestras mentes y nuestros corazones, generación tras generación, han sido educados meramente para imitar, para amoldarse. 

Después de todo, cuando hay cualquier clase de sufrimiento, no deberíamos recurrir a ese sufrimiento en procura de enseñanza, sino más bien mantenernos plenamente despiertos a fin de poder encarar la vida con total percepción alerta, no en ese estado semiconsciente con que casi todos los seres humanos se enfrentan al vivir. 

Explicaré esto nuevamente como para que quede bien claro, porque si lo comprenden, comprenderán naturalmente lo que voy a decir.

Digo que la vida no es un proceso de aprender, de acumular. 

La vida no es una escuela en la que aprueban exámenes aprendiendo, aprendiendo de las experiencias, de las acciones, del sufrimiento. 

La vida es para ser vivida, no para aprender de ella. Si consideran a la vida como algo de lo cual tienen que aprender, sólo actúan superficialmente. 

O sea, que si la acción, si el diario vivir, no es más que un medio para alcanzar una recompensa, un objetivo, entonces la acción en sí carece de valor. 

Hoy por hoy, cuando ustedes tienen experiencias, dicen que deben aprender de ellas, comprenderlas.

 Por lo tanto, la experiencia en sí carece de valor porque buscan una ganancia por intermedio de la experiencia, del sufrimiento, de la acción. 

Pero para comprender la acción completamente, lo cual es para mí el éxtasis de la vida -éxtasis que es inmortalidad-, la mente debe estar libre de la idea de adquirir, de la idea de aprender mediante la experiencia, mediante la acción. 

Ahora tanto la mente como el corazón están atrapados en esta idea de adquirir, esta idea de que la vida es un medio para alguna otra cosa. 

Pero cuando ustedes ven la falsedad de este concepto, ya no tratan al sufrimiento como un medio para un fin. 

Ya no aceptan consuelo en las ideas, en las creencias; ya no aceptan refugio en patrones de pensamiento o sentimiento. 

Entonces empiezan a estar totalmente alerta, no con el propósito de ver qué pueden ganar con ello, sino para liberar a la acción, inteligentemente, de la imitación y de la búsqueda de una recompensa. 

O sea, ven el significado de la acción y no meramente qué beneficio les traerá.

En la actualidad, casi todas las mentes están atrapadas en la idea de adquisición, en la búsqueda de recompensa. 

El sufrimiento llega para despertarlas de esta ilusión, para despertarlas de su estado de semiconciencia, pero no para enseñarles una lección. 

Cuando la mente y el corazón actúan con un sentido de dualidad, creando de este modo opuestos, tiene que haber conflicto y sufrimiento. 

¿Qué ocurre cuando ustedes sufren? 

Buscan alivio inmediato, ya sea en la bebida o en la diversión o en la idea de Dios. 

Para mí, todas estas cosas son lo mismo, porque son meramente vías de escape que la mente sutil ha ideado, haciendo del sufrimiento una cosa superficial. 

Por lo tanto, les digo que se vuelvan plenamente conscientes de sus acciones, cualesquiera que puedan ser; entonces percibirán cómo la mente está todo el tiempo encontrando un escape; verán que no están enfrentándose a las experiencias de manera completa, con todo el ser, sino sólo parcialmente, semiconscientemente. 

Hemos construido muchos obstáculos que se han vuelto refugios en los que nos amparamos en momentos de dolor. 

Estos refugios no son sino escapes y, por lo tanto, carecen en sí mismos de cualquier valor intrínseco.

 Pero para descubrir estos refugios, estos falsos valores que hemos creado respecto de nosotros, que nos retienen y aprisionan, no debemos tratar de analizar las acciones que emanan de estos refugios. 

En mi sentir, el análisis es la negación misma de la acción completa. 

Uno no puede comprender un obstáculo, examinándolo. 

No hay comprensión en el análisis de una experiencia pasada, porque está muerta; la comprensión existe sólo en la acción viva del presente. 

Por lo tanto, el autoanálisis es destructivo. 

Descubrir las innumerables barreras que nos rodean es tornarnos plenamente conscientes y alerta a cualquier acción que tenga lugar cerca de nosotros o en cualquier cosa que estemos haciendo. 

Entonces todos los obstáculos del pasado, tales como la tradición, la imitación, el miedo, las reacciones defensivas, el deseo de seguridad, de certidumbre, todo esto entra en actividad; y sólo en aquello que está activo hay comprensión. 

En esta llama de la percepción alerta, la mente y el corazón se liberan de todos los obstáculos, de todos los valores falsos; entonces hay liberación en la acción misma, y esa liberación es la libertad de la vida, la cual es inmortalidad. 

Pregunta: 

¿Es sólo a causa del dolor y el sufrimiento que uno despierta a la realidad de la vida?

KRISHNAMURTI

El sufrimiento es la cosa con la que más familiarizados estamos, con la cual vivimos constantemente. Conocemos el amor y su dicha, pero en su estela siguen muchos conflictos. 

Cualquier cosa que nos provoque la gran conmoción que llamamos sufrimiento, nos mantendrá despiertos para afrontar la vida plenamente, nos ayudará a descartar las muchas ilusiones que hemos creado en y alrededor de nosotros. 

No es sólo el sufrimiento del conflicto lo que nos mantiene despiertos, sino cualquier cosa que nos sacuda, que nos haga cuestionar todos los patrones y valores falsos que hemos creado respecto de nosotros en nuestra búsqueda de seguridad. 

Cuando usted sufre intensamente se vuelve totalmente alerta, y en esa intensidad de percepción alerta descubre los valores genuinos. 

Esto libera a la mente de crear ulteriores ilusiones. 

Pregunta:

 ¿Por qué temo a la muerte? ¿Y qué hay más allá de la muerte? 

KRISHNAMURTI: 

Pienso que uno teme a la muerte porque siente que no ha vivido. 

Si usted es un artista, quizá tenga miedo de que la muerte se lo llevará antes de que haya acabado su obra; teme porque no se ha realizado. 

O si es un hombre con una vida común, sin capacidades especiales, teme porque tampoco se ha realizado. 

Dice: 

“Si me lleva la muerte, ¿qué hay allá? 

Como no comprendo esta confusión, este afán, esta opción y este conflicto constantes, ¿hay para mí una nueva oportunidad?” 

Usted teme a la muerte cuando no se ha realizado plenamente en la acción; es decir, teme a la muerte cuando no encara la vida totalmente, completamente, con plenitud de mente y corazón. 

En consecuencia, la pregunta no es por qué teme a la muerte, sino más bien qué es lo que le impide encarar plenamente la vida. 

Todo se desgasta, debe morir. 

Pero si usted tiene la comprensión que lo capacita para afrontar la vida plenamente, entonces en eso hay vida eterna, inmortalidad, no hay principio ni final, y no existe el miedo a la muerte

Repito, la cuestión no es cómo liberar a la mente del miedo a la muerte, sino cómo afrontar la vida enteramente, de modo que haya realización plena. 

Para afrontar la vida enteramente, uno debe estar libre de todos los valores defensivos. 

Pero nuestras mentes y corazones están sofocados con tales valores, los cuales tornan incompleta nuestra acción y, en consecuencia, hay miedo a la muerte. 

Para encontrar los valores genuinos, para estar libres de este miedo continuo a la muerte y del problema del más allá, tenemos que conocer la verdadera función del individuo, tanto en el aspecto creativo como en el colectivo. 

Ahora vamos a la segunda parte de la pregunta:

 “¿Qué hay más allá de la muerte?” 

¿Hay un más allá?

 ¿Sabe usted por qué una persona formula habitualmente tales preguntas, por qué quiere saber qué hay del otro lado? 

Pregunta porque no sabe cómo vivir en el presente; está más muerta que viva. 

Dice: 

“Debo averiguar qué viene después de la muerte”, porque no tiene la capacidad de comprender este presente eterno. 

Para mí, el presente es eternidad; la eternidad se encuentra en el presente, no en el futuro. Pero para un interlocutor así, la vida ha sido toda una serie de experiencias incompletas, sin comprensión, sin sabiduría. 

Por lo tanto, el más allá es para él más atractivo que el presente; por eso las innumerables preguntas acerca de lo que hay más allá. 

El hombre que indaga en el más allá, ya está muerto. 

Si uno vive en el presente eterno, el más allá no existe; entonces la vida no se divide en pasado, presente y futuro. 

Entonces sólo hay plenitud, y en eso radica el éxtasis de la vida. 

Pregunta:

 ¿Piensa usted que la comunicación con los espíritus de los muertos es una ayuda para comprender la vida en su totalidad?

KRISHNAMURTI: 

¿Por qué debe usted considerar a los muertos más útiles que los vivos? 

Porque los muertos no pueden contradecirlo, no pueden oponerse a usted, mientras que los vivos sí pueden hacerlo. 

En la comunicación con los muertos usted puede imaginar cosas; por lo tanto, recurre a los muertos antes que a los vivos, en procura de ayuda. 

Para mí, la cuestión no es si hay una vida más allá de lo que llamamos muerte, no es si podemos comunicarnos con los espíritus de los muertos; considero que todo eso no viene al caso. 

Algunas personas dicen que uno puede comunicarse con los espíritus de los muertos; otras dicen que no. 

Para mí, la discusión parece tener muy poco valor, porque para comprender la vida con sus rápidos movimientos, con su sabiduría, uno no puede recurrir a otro para librarse de las ilusiones que uno mismo ha creado. 

Ni los muertos ni los vivos pueden librarlo de sus ilusiones. 

Sólo en el despierto e intenso interés por la vida, en el alerta constante de la mente y del corazón, hay un vivir armonioso, hay realización plena; sólo en eso está la riqueza de la vida. 

Pregunta:

 ¿Cuál es su opinión respecto del problema del sexo y del ascetismo, a la luz de la presente crisis social?

 KRISHNAMURTI: 

Si es que se me permite sugerirlo, no miremos este problema desde el punto de vista de la condición actual, porque las condiciones cambian constantemente. Consideremos más bien el problema mismo, porque si comprendemos el problema, entonces también podremos comprender la crisis actual. El problema del sexo, que parece perturbar a tanta gente, ha surgido a causa de que hemos perdido la llama de la creatividad, del vivir armonioso. 

Nos hemos vuelto nada más que máquinas imitativas; hemos cerrado las puertas a la emoción y al pensamiento creativos. 

Nos estamos amoldando constantemente, atados a la autoridad, a la opinión pública, al temor, y así tenemos que enfrentarnos con este problema del sexo. 

Pero si la mente y el corazón se liberan a sí mismos del sentido de imitación, de los valores falsos, de la exageración del intelecto, y de ese modo liberan su propia función creativa, entonces el problema no existe. 

Se ha vuelto un gran problema porque nos gusta sentirnos seguros, porque pensamos que la felicidad se encuentra en el sentimiento de posesión. 

Pero si comprendemos el verdadero significado y la naturaleza ilusoria de la posesión, entonces la mente y el corazón se liberan tanto de la posesión como de la no posesión. 

Lo mismo, entonces, con respecto a la segunda parte de la pregunta, que concierne al ascetismo. 

Usted sabe, creemos que cuando nos enfrentamos con un problema en este caso, el problema del sexo-, podemos comprenderlo y resolverlo acudiendo a su opuesto. 

Vengo de un país donde el ascetismo está en nuestra sangre. 

El clima estimula ese hábito. 

La India es calurosa, y allá es mucho mejor poseer muy pocas cosas, sentarse a la sombra de un árbol y discutir sobre filosofía, o apartarse enteramente de la vida inquietante y conflictiva y retirarse al bosque para meditar. 

El problema del ascetismo surge también cuando uno es un esclavo de la posesión. 

El ascetismo carece de valor intrínseco. 

Cuando usted lo practica, está escapando meramente de la posesión hacia su opuesto, que es el ascetismo. 

Es como el hombre que busca el desapego porque experimenta dolor en el apego. 

“Debo desapegarme”, dice. 

De igual modo, usted dice:

 “Me convertiré en un asceta”, porque la posesión ocasiona sufrimiento. 

Lo que usted hace, en realidad, es ir meramente de la posesión a la no posesión, la cual es otra forma de posesión. 

Pero en ese movimiento también hay conflicto, porque usted no comprende el significado de la posesión. 

O sea, que recurre a la posesión en procura de bienestar. 

Piensa que la seguridad, la felicidad, el halago de la opinión pública radican en poseer muchas cosas, ya sea ideas, virtudes, tierras o títulos. 

Debido a que pensamos que la felicidad y la seguridad y el poder están en la posesión, acumulamos, nos esforzamos en poseer, luchamos y competimos con otros, nos ahogamos y explotamos el uno al otro.

 Eso es lo que pasa en todo el mundo, y una mente lista dice:

“Convirtámonos en ascetas, no poseamos, volvámonos esclavos del ascetismo; hagamos leyes que obliguen al hombre a no poseer”. 

En otras palabras, uno no hace más que cambiar una prisión por otra, sólo que llamando a la nueva con un nombre diferente. 

Pero si uno comprende de verdad el valor transitorio de la posesión, ni se convierte en asceta ni es una persona agobiada por el deseo de la posesión; entonces uno es verdaderamente un ser humano.

 Pregunta: 

He recibido la impresión de que usted siente cierto desdén por la adquisición de conocimientos.

 ¿Entiende usted que la educación o el estudio de los, libros -por ejemplo, el estudio de la historia o la ciencia- no tiene valor? 

¿Quiere decir que usted mismo no ha aprendido nada de sus maestros? 

KRISHNAMURTI: 

Hablo de vivir una vida completa, una vida humana, y de que ninguna cantidad, de explicaciones, sean de la ciencia o de la historia, librarán del sufrimiento a la mente y al corazón. 

Usted puede estudiar, puede aprender de memoria la enciclopedia, pero es un ser humano que actúa; sus acciones son voluntarias, su mente es flexible y usted no puede sofocarla mediante, el conocimiento. 

El conocimiento es necesario, la ciencia es necesaria. 

Pero si la mente está atrapada en las explicaciones y la causa del sufrimiento se justifica con explicaciones intelectuales, entonces usted lleva una vida superficial, una vida sin profundidad. 

Y eso es lo que está sucediendo con nosotros. 

Nuestra educación nos torna cada vez más superficiales; no nos enseña ni hondura en el sentir ni libertad en el pensar, y nuestras vidas carecen de armonía. 

El interlocutor quiere saber si no he aprendido de los maestros. 

Me temo que no, porque no hay nada que aprender. 

Alguien puede enseñarle a tocar el piano, o a resolver problemas de matemáticas, pueden enseñarle los principios de la ingeniería o la técnica de la pintura; pero nadie puede enseñarle la realización creadora, que es la vida misma. 

Sin embargo, ustedes piden constantemente que se les enseñe. 

Dicen:

 “Enséñeme la técnica del vivir y sabré qué es la vida”. 

Yo digo que el deseo mismo, la propia idea de un método, destruye nuestra libertad de acción, que es la verdadera libertad de la vida en sí. 

Pregunta: 

Usted dice que nadie más que nosotros mismos puede ayudarnos. 

¿No cree que la vida de Cristo fue una reparación por nuestros pecados? 

¿No cree en la gracia de Dios?

KRISHNAMURTI: 

Me temo que éstas son palabras que no comprendo. 

Si usted quiere decir que otro puede salvarlo, entonces le digo que nadie puede salvarlo. 

Esta idea de que otro puede salvarlo es una ilusión consoladora. 

La grandeza del hombre consiste en que nadie puede ayudarlo o salvarlo más que el hombre mismo.

 Usted tiene la idea de que un Dios externo puede mostrarnos el camino a través de este conflictivo laberinto de la vida, de que un maestro, un salvador del hombre puede enseñarnos el modo, puede sacarnos y conducirnos fuera de las prisiones que nosotros mismos nos hemos creado. 

Si alguno le ofrece la libertad, cuídese de esa persona, porque usted creará otras prisiones a causa de su propia falta de comprensión. 

Pero si cuestiona, si está despierto, alerta, constantemente atento a su acción, entonces su vida es armoniosa, entonces su acción es completa porque nace de la armonía creativa, y ésta es la verdadera realización. 

Pregunta: 

Cualquier actividad que una persona emprenda, ¿cómo puede hacer otra cosa que una labor de remiendos, mientras no haya logrado plenamente la realización de la verdad?

KRISHNAMURTI: Usted piensa que el trabajo y la asistencia social pueden ayudar a aquéllos que sufren. 

Para mí, un intento semejante de actuar socialmente para el bienestar del hombre es una labor de remiendos. 

No digo que esté mal; es, indudablemente, necesario, porque la sociedad se encuentra en un estado que requiere que existan los que trabajan para que haya un cambio social, los que trabajan por mejores condiciones sociales. Pero también tienen que existir los trabajadores del otro tipo, aquéllos que trabajan para evitar que las nuevas estructuras de la sociedad se basen en ideas falsas. 

Para expresarle de una manera diferente: 

Supongamos que algunos de ustedes se interesan en la educación; han escuchado lo que he estado diciendo, y supongamos que fundan una escuela o que enseñan en una escuela. 

Ante todo, averigüen si están meramente interesados en mejorar las condiciones educativas o si les interesa sembrar la semilla de la verdadera comprensión, despertar a las personas al vivir creativo; descubran si están meramente interesados en mostrarles una salida para las dificultades, en darles consuelo, panaceas, o si están realmente ávidos de despertarlas a una comprensión de sus propias limitaciones, de modo que ellas mismas puedan destruir las barreras que ahora las detienen. 

Pregunta: 

Por favor, explique qué entiende usted por inmortalidad. 

¿Es la inmortalidad tan real para usted como el suelo sobre el que está parado, o es sólo una idea sublime? 

KRISHNAMURTI: 

Lo que voy a decirle acerca de la inmortalidad será difícil de comprender, porque para mí la inmortalidad no es una creencia; existe. 

Lo cual es una cosa muy diferente. 

Existe la inmortalidad -y no se trata de que yo la conozca o que crea en ella-. 

Espero que vea la diferencia. 

Tan pronto digo “la conozco”, la inmortalidad se vuelve un objetivo, una cosa estática. 

Pero cuando no hay “yo”, hay inmortalidad. 

Cuídese de la persona que dice: 

“Yo conozco la inmortalidad”, porque para ella la inmortalidad es una cosa estática, lo cual implica que hay dualidad: están el “yo” y aquello que es inmortal, dos cosas distintas. 

Lo que digo es que existe la inmortalidad, y existe porque no existe la conciencia del “yo”. 

Ahora, por favor, no diga que no creo en la inmortalidad. 

Para mí, la creencia no tiene nada que ver con eso. 

La inmortalidad no es externa. 

Pero donde hay una creencia en algo, tiene que haber un objeto y un sujeto. 

Por ejemplo, uno no cree en la luz del Sol: ésta existe. 

Sólo una persona ciega que nunca haya visto la luz del Sol tiene que creer en ella. 

Para mí hay vida eterna, una vida que es un eterno devenir; es un devenir eterno, no un crecimiento eterno, porque aquello que crece es transitorio. 

Ahora bien, para comprender esa inmortalidad que yo digo que existe, la mente tiene que estar libre de la idea de continuidad y no continuidad. 

Cuando una persona pregunta: 

“¿Existe la inmortalidad?”, quiere saber si, como individuo, continuará o si, como individuo, será destruida. 

O sea, piensa sólo en términos de opuestos, en términos de dualidad: o existe o no existe. 

Si trata de comprender mi respuesta desde el punto de vista de la dualidad, fracasará totalmente. 

Yo digo que la inmortalidad existe. 

Pero para realizar esa inmortalidad, que es el éxtasis de la vida, la mente y el corazón deben estar libres de la identificación con el conflicto que da origen a la conciencia del “yo”, y también deben estar libres de la idea de aniquilación de la conciencia egocéntrica. 

Pongámoslo de otro modo. 

Uno conoce sólo los opuestos: 

valor y miedo, posesión y no posesión, desapego y apego. 

Toda nuestra vida está dividida en opuestos -virtud y falta de virtud, bueno y malo porque jamás afrontamos la vida completamente, sino que siempre lo hacemos con esta reacción, con este trasfondo de la división. 

Nosotros hemos creado este trasfondo, nosotros hemos mutilado nuestra mente con estas ideas y entonces preguntamos:

 “¿Existe la inmortalidad?” 

Yo digo que existe, pero para comprenderla, la mente tiene que librarse de esta división. 

O sea, si usted tiene miedo, no busque valor, deje que la mente se libere a sí misma del miedo; vea la futilidad de lo que usted llama valor, comprenda que no es otra cosa que un escapar del miedo, y que el miedo existirá en tanto exista esta idea de ganar y perder. 

En vez de estar siempre tratando de alcanzar el opuesto, en vez de esforzarse en desarrollar la cualidad opuesta, permita que la mente y el corazón se liberen a sí mismos de aquello en que están atrapados. 

No trate de desarrollar lo opuesto. 

Entonces sabrá por sí mismo, sin que nadie se lo diga ni lo conduzca a ello, qué es la inmortalidad, inmortalidad que no es ni el “yo” ni el “tú”, sino la vida misma. 

10 de septiembre de 1.933