EL ARTE DE ESCUCHAR - 27 - J.K. -

 CUARTA PLÁTICA EN ADYAR 

(Krishnamurti fue obsequiado con una guirnalda por un miembro del auditorio, quien le deseó un feliz año nuevo). 

KRISHNAMURTI: Gracias. Había olvidado que es un nuevo año. Les deseo también a todos un feliz año nuevo. 

En mi breve plática de esta mañana quiero explicar cómo puede uno descubrir por sí mismo qué es la verdadera satisfacción

La mayoría de las personas en el mundo se halla atrapada en algún tipo de insatisfacción y busca constantemente la satisfacción. 

O sea, que su búsqueda de satisfacción es la búsqueda de un opuesto. 

Ahora bien, la insatisfacción, el descontento, surge del sentimiento de vacuidad, del sentimiento de soledad, de hastío, y cuando uno experimenta esta insatisfacción, busca llenar el hueco, el vacío que hay en su vida. 

Cuando están insatisfechos buscan constantemente algo que reemplace lo que causa insatisfacción, algo que les sirva como sustituto, algo que les proporcione satisfacción. 

Recurren a una serie de logros, de éxitos, para llenar el doloroso vacío que experimentan en la mente y en el corazón. 

Eso es lo que la mayoría de ustedes trata de hacer. 

Si hay miedo, buscan valor, el cual esperan les produzca contentamiento, felicidad

En esta búsqueda de lo opuesto, se destruyen poco a poco los sentimientos profundos. 

Ustedes se vuelven más y más superficiales, más y más vacuos, porque todo su concepto de la satisfacción, de la felicidad, se basa en la sustitución. 

El anhelo, el hambre de la mayoría de la gente, es por lo opuesto. 

En su anhelo por obtenerlo, persigue ideales espirituales o busca que se le confiera títulos mundanos, y ambas cosas vienen a ser exactamente lo mismo. 

Tomemos un ejemplo que tal vez pueda aclarar un poco más el asunto, aunque, en su mayor parte, los ejemplos resultan confusos y desastrosos para la comprensión porque no proporcionan una percepción clara de lo abstracto; sólo a partir de esa percepción puede uno llegar a lo práctico. 

Supongamos que deseo algo y que, gracias a mis esfuerzos, termino por poseerlo. 

Pero esta posesión no me da la satisfacción que había esperado, no me da una felicidad profunda y perdurable. 

Por lo tanto, cambio mi deseo dirigiéndolo hacia alguna otra cosa y poseo esa cosa. 

Pero ni siquiera ésta me da una satisfacción permanente. 

Entonces acudo al afecto, a la amistad; después a las ideas, y finalmente recurro a la búsqueda de la verdad o de Dios. 

Este proceso gradual de cambio en cuanto a los objetos del deseo es llamado evolución, crecimiento hacia la perfección. 

Pero si reflexionan realmente sobre ello, verán que este proceso es nada más que el proceso de satisfacción y, por ende, una vacuidad y superficialidad siempre crecientes. 

Si lo consideran, verán que ésta es la esencia de sus vidas. 

No hay alegría en el trabajo que hacen, en el medio donde viven; tienen miedo, sienten envidia de las posesiones de otros. 

De eso surge la lucha, y de esa lucha emana el descontento. 

Entonces, para superar ese descontento, para encontrar satisfacción, recurren a lo opuesto. 

Del mismo modo, cuando cambian su deseo pasando de lo así llamado transitorio, no esencial, a lo que llaman esencial, permanente, lo que han hecho es cambiar meramente el objeto de su satisfacción, el objeto a ganar. 

Primero fue una cosa concreta y ahora es la verdad. 

Sólo han cambiado el objeto de sus deseos y, con eso, se han vuelto más superficiales, más vanos, más vacuos. 

La vida se ha tornado insatisfactoria, superficial, pasajera. 

No sé si están de acuerdo o en desacuerdo con lo que digo, pero si están dispuestos a reflexionar sobre ello, a discutirlo y cuestionarlo, verán que su hambre por la verdad, como he estado tratando de explicarlo durante estas pláticas, es meramente el deseo de gratificación, de satisfacción, el anhelo de seguridad, de certidumbre. 

Esa hambre jamás contiene en sí lo real. 

Es hambre superficial, pasivo; su resultado es nada más que artificio, vacuidad y creencia incondicional.

 Hay un hambre verdadera, un anhelo verdadero; no es el deseo de un opuesto, sino el deseo de comprender la causa de la cosa misma en la que uno está atrapado. 

Ahora ustedes están buscando constantemente opuestos; cuando tienen miedo, buscan valor como un sustituto para el miedo, pero ese sustituto no los libera realmente del miedo. 

En lo fundamental, siguen atemorizados; ese miedo básico lo han tapado meramente con la idea del valor. 

El hombre que persigue el valor, o cualquier otra virtud, está actuando superficialmente, mientras que si tratara de comprender inteligentemente esta persecución del valor, ello lo conduciría al descubrimiento de la verdadera causa del miedo, descubrimiento que lo liberaría tanto del miedo como de su opuesto. 

Y ése no es un estado negativo; es el único modo dinámico y positivo de vivir.

¿Cuál es, por ejemplo, nuestro interés inmediato cuando experimentamos un dolor físico

Queremos alivio instantáneo, ¿no es así? 

No pensamos en los momentos en que no sentíamos dolor ni en los momentos en que no sentiremos dolor. 

Sólo nos interesa el alivio inmediato de ese dolor. 

Buscamos el opuesto. 

Estarnos tan consumidos por ese dolor que anhelamos librarnos de él. 

La misma actitud existe cuando todo nuestro ser se halla consumido por el miedo. 

Cuando ese miedo surja, no escapen de él. 

Afróntenlo completamente, con todo el ser, no traten de desarrollar valor. 

Sólo entonces comprenderán su causa fundamental y, con eso, liberarán del miedo a la mente y al corazón. 

La civilización moderna ha contribuido a adiestrar nuestra mente y nuestro corazón para que no sientan con intensidad. 

La sociedad, la educación, la religión, nos han alentado a buscar el éxito, a confiar en la ganancia. 

Y en este proceso de éxito y ganancia, en este proceso de logro y crecimiento espiritual, hemos destruido esmerada y diligentemente la inteligencia, la profundidad en el sentir. 

Cuando ustedes sufren realmente, como ocurre cuando muere alguien a quien de verdad amaban, ¿cuál es su reacción? 

Están tan presos en sus emociones, en sus sufrimiento, que momentáneamente se encuentran paralizados por el dolor. 

¿Qué sucede, entonces? 

Anhelan tener de regreso nuevamente al amigo muerto. 

Por lo tanto, persiguen todos los medios y recursos para llegar a esa persona: el estudio del más allá, la creencia en la reencarnación, el uso de un médium... persiguen todas estas cosas a fin de entrar en contacto con el amigo que han perdido. 

¿Qué ha sucedido, pues? 

La agudeza de la mente y del corazón que percibieron en medio de su dolor, se ha embotado, ha muerto.

 Por favor, traten de seguir inteligentemente lo que estoy diciendo. 

Aun cuando puedan creer en el más allá, tengan la bondad de no cerrar la mente y el corazón a lo que he de decir. 

Desean tener al amigo que han perdido, y ese deseo mismo destruye la agudeza, la plenitud de percepción. 

Porque, después de todo, ¿qué es el sufrimiento? 

El sufrimiento es una conmoción para despertarnos, para ayudarnos a comprender la vida. Cuando ustedes experimentan la muerte de alguien, sienten una soledad absoluta, la pérdida de un apoyo; son como el hombre al que han privado de sus muletas. 

Pero si buscan inmediatamente las muletas de nuevo en la forma de consuelo, compañía, seguridad, despojan a la conmoción de su significado. 

Llega otra conmoción y pasan otra vez por el mismo proceso. 

Así, aunque tengan muchas experiencias durante su vida, conmociones de sufrimiento que deberían despertar su inteligencia, su comprensión, ustedes mitigan gradualmente esas conmociones al desear y perseguir el consuelo.

De ese modo, utilizan la idea de la reencarnación, la creencia en el más allá, como una especie de droga o narcótico. 

En esta idea a la que recurren, no hay inteligencia. 

Buscan meramente escapar del sufrimiento, aliviarse del dolor. 

Cuando hablan de la reencarnación, no ayudan a otro a que comprenda verdaderamente la causa del dolor, no lo ayudan a librarse del sufrimiento. 

Sólo le ofrecen un medio de escapar. 

Si el otro acepta el consuelo, el escape que ustedes le ofrecen, sus sentimientos se vuelven superficiales, vacuos, porque se refugia en la idea de la reencarnación. 

A causa de esta plácida garantía que ustedes le dan, ya no siente con profundidad la muerte de alguien, porque ha embotado sus sentimientos, ha ahogado sus pensamientos. 

Así, en esta búsqueda de contentamiento, de consuelo, su pensar y su sentir se vuelven superficiales, estériles, triviales, y la vida llega a ser una cáscara vacía. 

Pero si ven el absurdo de la sustitución y perciben la idea del contentamiento con sus logros, entonces hay una gran profundidad en el pensar y el sentir, entonces la acción misma revela el significado de la vida. 

Pregunta: 

Hay muchos sistemas de meditación y autodisciplina adaptados a los distintos temperamentos, y todos esos sistemas tienen el propósito de cultivar y agudizar la mente, las emociones, o ambas a la vez.

 Ahora bien, la utilidad y el valor de un instrumento son grandes o pequeños según el instrumento esté afilado o desafilado; por lo tanto: 1) ¿Piensa que todos estos sistemas son igualmente inútiles y perjudiciales sin excepción? 2) ¿Cómo abordaría usted las diferencias temperamentales de los seres humanos? 3) ¿Qué valor tiene para usted la meditación del corazón? 

KRISHNAMURTI: Diferenciemos entre concentración y meditación. 

Cuando ustedes hablan de meditación, la mayoría entiende por tal el mero aprendizaje de un truco de concentración. 

Pero mediante la concentración no se llega al júbilo de la meditación. 

Consideren lo que ocurre en lo que llaman meditación, la cual es para ustedes nada más que el proceso de adiestrar la mente para que pueda concentrarse sobre un objeto o una idea en particular. 

Excluyen de su mente todos los otros pensamientos o imágenes, excepto aquello que deliberadamente han escogido; tratan de enfocar la mente sobre esa idea, imagen o palabra. 

Ahora bien, eso es mera contracción, limitación del pensamiento. 

Cuando durante este proceso de contracción surgen otros pensamientos, ustedes los desechan, los dejan de lado. 

De ese modo, la mente se vuelve cada vez más estrecha, cada vez menos elástica, menos libre. 

¿Por qué desean concentrarse? 

Porque ven que un atractivo, una recompensa los espera como resultado de la concentración. 

Quieren convertirse en discípulos, quieren encontrar al Maestro, quieren evolucionar espiritualmente, quieren comprender la verdad. 

Por consiguiente, la concentración que practican se vuelve destructivo respecto del pensamiento y las emociones, porque consideran la meditación, la concentración, desde el punto de vista de la ganancia, la utilizan para escapar de la confusión en que viven. 

Sólo reflexionen sobre ello un momento aquéllos de ustedes que han practicado por años la meditación, la concentración. 

Han estado forzando a la mente para que se ajuste a un patrón determinado, para que se amolde a una imagen o idea en particular, para que se conforme a cierta idiosincrasia, a cierto prejuicio. 

Ahora bien, todas las creencias, los ideales, las idiosincrasias dependen de los agrados y desagrados personales. 

La autodisciplina de ustedes, la así llamada meditación, es meramente un proceso mediante el cual tratan de obtener, algo a cambio. 

Y esta garantía de obtener algo a cambio, este buscar una recompensa, también explica el gran número de miembros de las iglesias y sociedades religiosas: estas instituciones prometen un premio, una recompensa a los seguidores que adhieran fielmente a su disciplina. 

Donde hay control, no hay meditación del corazón

Cuando están buscando con miras a ganar, a obtener una recompensa, su búsqueda ya ha terminado.

 Tomen, por ejemplo, el caso de un científico, un gran científico, no un seudocientífico

Un verdadero científico está experimentando continuamente sin buscar resultados. 

En su búsqueda existen lo que llamamos resultados, pero él no está limitado por ellos, porque experimenta constantemente. 

Encuentra alegría en ese movimiento mismo de experimentar. 

Eso es la verdadera meditación. 

La meditación no consiste en la búsqueda de un resultado, de un subproducto. 

Tal resultado es meramente accidental, una expresión externa de esa gran búsqueda que es extática, eterna. 

Entonces, en lugar de desterrar cada pensamiento que surge, como hacen cuando practican la así llamada meditación, traten de comprender y vivir el significado de cada pensamiento a medida que se les presenta; hagan esto no en un período determinado, a una hora o en un momento particular, sino a lo largo del día, continuamente. 

En esa conciencia despierta comprenderán la causa y el significado de cada pensamiento. 

Esa percepción alerta liberará de los opuestos a la mente, la liberará de su pequeñez, de su superficialidad; en esa percepción alerta hay libertad, plenitud del pensamiento. 

Es un movimiento eterno,  sin limitación, y en ese movimiento está el verdadero júbilo de la meditación, hay una paz vital. 

Pero cuando ustedes buscan un resultado, la meditación que practican se vuelve superficial, vacua, como queda demostrado por sus actos. 

Muchos de ustedes han meditado durante años. 

¿En qué los ha beneficiado? 

Han divorciado el pensamiento, de la acción. 

En los templos, en los santuarios, en las capillas de meditación han llenado sus mentes con la supuesta imagen de la verdad, de Dios, pero cuando salen de ahí para entrar al mundo, sus acciones no exhiben ninguna de esas cualidades que tratan de obtener. 

Sus acciones son completamente lo opuesto: son crueles, explotadoras, posesivas, destructivas. 

Por lo tanto, en esta búsqueda de un premio, de una recompensa, han diferenciado entre pensamiento y acción, los han dividido, y la que llaman meditación está vacía, carece de hondura, de profundidad en el sentir o grandeza en el pensar. 

Si están constantemente atentos, plenamente alerta a cada pensamiento y emoción que aparece, en esa llama la acción de ustedes será el armonioso resultado de su pensar y sentir. 

Ése es el júbilo, la paz de la verdadera meditación; no lo es este proceso de autodisciplina, este retorcer la mente adiestrándola para que se amolde a una actitud particular. 

Tal disciplina, tal distorsión, sólo significa deterioro, aburrimiento, rutina, muerte. 

Pregunta:

 Durante la Convención Teosófica de la semana anterior, hablaron algunos líderes y admiradores de la Dra. Besant, rindiendo tributo a sus elevados méritos. 

¿Cuál es su tributo y su opinión respecto de esa gran figura que fue su madre y amiga? 

¿Cuál fue la actitud de ella hacia usted durante los muchos años en que fue tutora suya y de su hermano y también con posterioridad?

 ¿No siente gratitud por la guía, la educación y el cuidado que recibió de ella? 

KRISHNAMURTI: Mr. Warrington me pidió amablemente que hablara acerca de esta cuestión, pero le dije que no deseaba hacerlo. 

Ahora no me condenen usando palabras tales como “tutoría”, “gratitud”, etc. 

Señores, ¿qué puedo decir? 

La Dra. Besant fue nuestra madre, se ocupó de nosotros, nos cuidó. 

Jamás me dijo: “Haz esto”, “no hagas aquello”. 

Me dejó tranquilo. 

Bueno, con estas palabras le he rendido el más grande de los tributos. (Aplausos).

Ustedes saben, los seguidores destruyen a los líderes, y ustedes han destruido a los suyos. 

En su seguimiento de un líder, explotan a ese líder; en el uso constante que hacen del nombre de la Dra. Besant, sólo la están explotando. 

La explotan a ella y a otros maestros. 

El peor servicio que pueden hacer a un líder es seguir a ese líder. 

Veo que inclinan la cabeza a manera de aprobación. 

Pero déjenme citar su nombre y santificar su memoria, y podré explotarlos porque ustedes desean ser explotados; desean ser usados como instrumentos, porque eso es para ustedes más fácil que pensar. 

Son todos piezas, partes de máquinas usadas por los explotadores. 

Las religiones los usan en el nombre de Dios, la sociedad los usa en el nombre de la ley, los políticos y los educadores los usan y los explotan. 

Los así llamados maestros y guías religiosos, los explotan en nombre de las ceremonias, en nombre de los Maestros

Yo meramente los insto a que vean estos hechos. 

Pueden hacer lo que quieran en relación con ellos; eso no me interesa porque no pertenezco a ninguna sociedad y es probable que no regrese aquí nuevamente. 

Comentario: 

Pero nosotros queremos que venga. 

KRISHNAMURTI: Por favor, no se pongan sentimentales acerca de esto. Probablemente algunos de ustedes se alegrarán de que no vuelva otra vez. 

Comentario:

 No.

 KRISHNAMURTI: Esperen un momento, por favor. Yo no quiero que me pidan o que no me pidan que vuelva. Eso no tiene ninguna importancia. 

Señores, estas dos cosas son por completo diferentes: lo que ustedes piensan y hacen y lo que yo hablo y hago. 

Las dos cosas no pueden combinar. 

Todo el sistema de ustedes se basa en la explotación, en el seguimiento de la autoridad, en la creencia en la religión y la fe. 

No sólo su sistema, sino los sistemas de todo el mundo. 

No puedo ayudar a aquéllos de ustedes que están satisfechos con este sistema. 

Deseo ayudar a los que están ansiosos por romper con él, por comprender. 

Naturalmente, ustedes me rechazarán porque me opongo a todo lo que consideran caro, sagrado y meritorio. 

Pero su rechazo no me importará. 

No estoy apegado a éste ni a ningún otro lugar. 

Repito, lo que ustedes están haciendo y lo que yo hago son dos cosas por completo diferentes, no tienen nada en común. 

Pero estaba contestando la pregunta acerca de la Dra. Besant. 

La mente humana es perezosa, apática. 

Ha sido tan embotada por la autoridad, tan moldeada, controlada, condicionada, que no puede sostenerse por sí misma. 

Pero sostenerse por uno mismo es el único modo de comprender la verdad. 

Entonces, ¿están ustedes verdadera y profundamente interesados en comprender la verdad? 

No, la mayoría no lo está. 

Sólo les interesa apoyar el sistema que hoy mantienen, encontrar sustitutos, buscar consuelo y seguridad; y en esa búsqueda explotan a otros y ustedes mismos son explotados. 

En eso no hay felicidad ni riqueza ni plenitud. 

A causa de que siguen este estilo de vida, tienen que escoger. 

Cuando basan su vida ya sea en la autoridad del pasado o en la esperanza del futuro, cuando guían sus acciones por la grandeza pasada o las ideas pasadas de un líder, no están viviendo; meramente imitan, actúan como piezas de una máquina. 

¡Y ay de una persona así! 

Para ella la vida no contiene felicidad ni riqueza, sino sólo superficialidad y vacuidad. 

Esto me parece tan claro, que me sorprende que la pregunta surja una y otra y otra vez.

Pregunta: 

Usted ha hablado en términos claros sobre el tema de la existencia de los Maestros y el valor de las ceremonias. 

¿Puedo formularle una pregunta directa y franca? ¿Nos revela usted su genuino punto de vista sin ninguna reserva mental? ¿O la despiadada manera en que presenta usted su parecer es meramente un modo de poner a prueba nuestra devoción a los Maestros y nuestra lealtad a la Sociedad Teosófica a la que pertenecemos? 

Por favor, formule su respuesta francamente, aun cuando pueda ser lesiva para algunos de nosotros.

 KRISHNAMURTI:

 ¿Qué piensan ustedes que soy?

 No les he dado una reacción momentánea, les he dicho lo que realmente pienso. 

Si desean usarlo como prueba para fortalecerse, para atrincherarse en sus viejas creencias, yo no puedo evitarlo. 

Les he dicho lo que pienso, lo he dicho francamente, directamente, sin disimulo alguno. 

No intento hacerlos actuar de un modo u otro, no trato de atraerlos hacia ninguna sociedad ni a una forma particular de pensamiento, no agito una recompensa delante de ustedes. 

Les he dicho francamente que los Maestros no son esenciales, que la idea de los Maestros es nada más que un juguete para el hombre que busca realmente la verdad. 

No trato de atacar sus creencias, me doy cuenta de que soy un invitado aquí; ésta es meramente mi opinión franca, como lo he declarado tantas y tantas veces. 

Sostengo que donde hay falta de rectitud, hay ceremonias, ya sea en Mylapore, en Roma o aquí. 

Pero, ¿por qué discutir más acerca de esto? 

Ustedes conocen mi punto de vista, ya que lo he expresado repetidamente. 

Les he dado las razones de mi opinión en relación con los Maestros y las ceremonias. 

Pero, a causa de que desean a los Maestros, de que gustan de practicar ceremonias porque tal práctica les da cierta sensación de autoridad, de seguridad, de exclusividad, continúan con sus prácticas. 

Las continúan con fe ciega, con aceptación ciega, sin razonar, sin que haya detrás de sus actos un verdadero pensar o sentir. 

Pero de esa manera jamás comprenderán la verdad, jamás conocerán la terminación del dolor. 

Podrán encontrar olvido al dolor, pero nunca descubrirán la raíz, la causa del dolor ni se liberarán de él.

Pregunta:

 Usted condena con toda justicia una actitud hipócrita de la mente, así como los sentimientos y las acciones que se derivan de ella. 

Pero, ya que dice que no nos juzga, sino que, por alguna razón, parece considerar como hipócrita la actitud de algunos de nosotros, ¿podrá decirnos qué es lo que le da tal impresión? 

KRISHNAMURTI: 

Muy simple. 

Ustedes hablan de hermandad y, no obstante, son nacionalistas

Yo llamo hipocresía a eso, porque el nacionalismo y la hermandad no pueden existir juntos. 

Además, hablan acerca de la unidad del hombre, hablan de ella teóricamente; sin embargo, tienen sus religiones particulares, sus prejuicios particulares, sus diferencias de clase.

A eso lo llamo hipocresía. 

Por otra parte, recurren a la autoglorificación, una autoglorificación sutil en lugar de la que consideran autoglorificación grosera, propia de los hombres de mundo que buscan distinciones, concesiones y honores del gobierno. 

Ustedes también son hombres de mundo y su glorificación es exactamente la misma, sólo que un poco más sutil. 

Ustedes, con sus distinciones, sus reuniones secretas, su exclusividad, también están tratando de llegar a ser nobles, de obtener honores y grados, pero en un mundo diferente. 

A eso lo llamo hipocresía. 

Es hipocresía porque pretenden ser abiertos, hablan de la hermandad y unidad del hombre, mientras que, al mismo tiempo, sus actos son completamente opuestos a sus palabras. 

Que esto lo hagan consciente o inconscientemente, carece de importancia. 

El hecho es que lo hacen. 

Sí lo hacen conscientemente, con interés totalmente despierto, entonces, al menos lo hacen sin hipocresía. 

Entonces saben lo que están haciendo. 

Si dicen: 

“Quiero glorificarme a mí mismo pero, dado que no puedo obtener distinciones y honores en este mundo, trataré de adquirirlos en otro; me convertiré en discípulo, seré llamado esto y aquello, seré honrado como un hombre de calidad, de virtud”, entonces, al menos, son perfectamente honestos.

 Entonces hay alguna esperanza de que descubran que este proceso no lleva a ninguna parte. 

Pero ahora están tratando de hacer simultáneamente dos cosas incompatibles. 

Son posesivos y, al mismo tiempo, hablan de estar libres de la posesión. 

Hablan de tolerancia y, no obstante, se están volviendo más y más exclusivos con el fin de “ayudar al mundo”. 

Palabras, palabras sin profundidad alguna. 

Eso es lo que yo llamo hipocresía. 

En un momento hablan de amor por el Maestro, de reverencia a un ideal, a una creencia, a Dios; sin embargo, al momento siguiente actúan con terrible crueldad. 

Sus actos son actos de explotación, afán posesivo, nacionalismo, maltrato de mujeres y niños, crueldad con los animales. 

Son insensibles a todo esto y, no obstante, hablan de afecto. 

¿No es hipocresía eso? 

Dicen: “No advertimos estas condiciones”. 

Sí, es justamente por eso que existen.

Entonces, ¿por qué hablan de amor? 

Así que, para mí, sus sociedades, sus reuniones en las que hablan de sus creencias, de sus ideales, son reuniones de la hipocresía. 

¿No es así?

 No estoy hablando con dureza, todo lo contrario; ustedes saben lo que siento con respecto al estado del mundo. 

No obstante, ustedes que pueden ayudar, que dicen que desean ayudar, ustedes que tratan de ayudar, se están volviendo cada vez más estrechos, más fanáticos, más sectarios. 

Han dejado de gritar, de llorar, de sonreír. 

La emoción nada significa para ustedes. 

Sólo se interesan en la ganancia incesante, en ganar conocimiento que los sofoca, que es meramente teórico, que es ciega vacuidad. 

El conocimiento no tiene nada que ver con la sabiduría. 

La sabiduría no puede comprarse; es natural, espontánea, libre. 

No es una mercadería que puedan comprar, al precio de la disciplina, a un gurú, a un maestro. 

La sabiduría, digo, no tiene nada que ver con el conocimiento. 

Aun así, ustedes buscan el conocimiento, y en esa búsqueda de conocimiento, de ganancia, están perdiendo el amor, todo sentimiento por la belleza, toda sensibilidad respecto de la crueldad. 

Se están volviendo cada vez menos impresionables. 

Eso nos trae a otra cuestión que tal vez discutiremos más adelante, la cuestión de las impresiones y las reacciones. 

Están poniendo el énfasis en la conciencia egocéntrica, en la limitación. 

Cuando dicen:

 “Hago esto porque me gusta, porque me da satisfacción, placer”, estoy enteramente con ustedes, porque entonces comprenderán. 

Pero si dicen: 

“Estoy buscando la verdad, trato de ayudar a la humanidad”, y al mismo tiempo incrementan su conciencia egocéntrica, su autoalabanza, entonces a esa actitud y a esa vida de ustedes la llamo hipocresía, porque están buscando poder mediante la explotación de otros. 

Pregunta:

 El verdadero espíritu crítico, según usted, excluye la mera oposición, lo cual viene a ser lo mismo que decir que excluye toda censura, toda crítica mezquina o destructiva. 

El espíritu crítico, en el sentido en que usted lo expresa, ¿no es lo mismo que el pensamiento puro dirigido a aquello que está bajo consideración? 

Si es así, ¿cómo puede despertarse o desarrollarse la capacidad de un verdadero espíritu crítico o de un pensar puro? 

KRISHNAMURTI:

 Para despertar ese verdadero espíritu crítico exento de oposición, uno debe saber primero que no es auténticamente crítico, que no está pensando con claridad. 

Eso es lo primero que hay que considerar. 

Para despertar el claro pensar, primero debo saber que no pienso claramente. 

En otras palabras, tengo que darme cuenta de lo que estoy pensando y sintiendo. 

Sólo entonces puedo saber si pienso correctamente o falsamente. 

¿No es así? 

Cuando ustedes dicen que son críticos, sólo se están oponiendo a causa del prejuicio, del agrado y desagrado personal, de las reacciones emocionales. 

En ese estado dicen que piensan claramente, que son críticos. 

Pero yo digo que para ser inteligentemente críticos, debemos estar libres de esa predisposición y oposición personal, debemos darnos cuenta primeramente de que nuestro pensar es estrecho, fanático, personal, que está sometido a influencias, aunque no hayamos sido conscientes de esta esclavitud. 

Lo primero, pues, es tomar clara conciencia de esto. 

Vean cómo la tensión del auditorio ha disminuido. 

O bien están ustedes cansados, o este tema no les interesa tanto como las ceremonias y los Maestros. 

No ven la importancia del espíritu crítico porque sus capacidades de dudar, de cuestionar, han sido destruidas por la educación, por la religión, por las condiciones sociales. 

Temen que la duda y el juicio crítico puedan demoler la estructura de la creencia que tan esmeradamente han edificado. 

Saben que las olas de la duda socavarán los cimientos de la casa que han construido sobre la arena de la fe. 

Tienen miedo de dudar y de cuestionar. 

Por eso su interés, su tensión, han descendido. 

Pero la tensión es necesaria para actuar; sin tal tensión ustedes no podrán hacer nada, ni en el mundo físico ni en el mundo del pensamiento y el sentimiento, que son todos una sola cosa. 

Así que, primero que nada, tienen que darse cuenta de que están pensando de una manera muy personal, de que ese pensamiento está dominado por los agrados y los desagrados, por las reacciones de placer y dolor. 

Ahora se dicen a sí mismos: “Me agrada su apariencia; por lo tanto, seguiré lo que usted enseña”. 

O, de otro, dicen: 

“No me agradan sus creencias; por lo tanto, no lo escucharé. 

Ni siquiera trataré de averiguar si lo que dice tiene algún valor intrínseco, simplemente me opondré a él”. 

O bien:

 “Él es un maestro con autoridad, por consiguiente, tengo que obedecerlo”. 

A causa de un pensar semejante, de tales actitudes, destruimos gradualmente pero con certeza, todo sentido de verdadera inteligencia, todo pensar creativo. 

Nos estamos convirtiendo en máquinas cuya única actividad es la rutina, cuyo único final es el hastío y el deterioro. 

Aun así, nos preguntamos por qué sufrimos y buscamos una disciplina por medio de la cual podamos escapar de ese sufrimiento. 

Pregunta:

 ¿Cuáles son las normas y principios de su vida? 

Ya que, presumiblemente, se basan en su propia concepción del amor, de la belleza, de la verdad, de Dios, ¿cuál es esa concepción?

 KRISHNAMURTI:

 ¿Cuáles son mis normas y principios de vida? 

No tengo. 

Por favor, entiendan crítica e inteligentemente lo que digo. 

No objeten:

 “¿Acaso no debemos tener normas? De lo contrario, nuestra vida sería un caos”. 

No piensen en términos de opuestos. 

Piensen intrínsecamente en relación con lo que estoy diciendo.

¿Por qué quieren normas y principios? ¿Por qué los quieren, ustedes que tienen tantos principios por los que moldean, controlan, dirigen sus vidas? ¿Por qué quieren normas? “Porque”, contestan, “no podemos vivir sin ellas. 

Sin normas y principios, haríamos exactamente las cosas que nos placen; podríamos comer en exceso o ser demasiado indulgentes con el sexo, podríamos desear poseer más de lo que debemos. 

Necesitamos principios y normas que guíen nuestras vidas”. 

En otras palabras, para restringirse sin comprensión, ustedes deben tener estos principios, estas normas.

 Esta es toda la estructura artificial de sus vidas -restricción, control, represión-, porque detrás de esta estructura está la idea de ganancia, de seguridad, de consuelo, la cual da origen al temor. 

Pero el hombre que no persigue la adquisición, que no está atrapado en la promesa de recompensa o en la amenaza del castigo, no requiere normas; el hombre que trata de vivir y de comprender por completo cada experiencia, no necesita de principios y normas, porque son sólo las creencias que nos condicionan las que exigen que nos amoldemos. 

Cuando el pensar es libre, incondicionado, entonces se reconocerá como eterno. 

Ustedes tratan de controlar el pensamiento, de moldearlo y dirigirlo, porque han establecido una meta, una conclusión hacia la cual anhelan dirigirse, y ese objetivo es siempre lo que ustedes quieren que sea, aunque puedan llamarlo Dios, perfección, realidad 

Ustedes me preguntan acerca de mi concepción de Dios, de la verdad, de la belleza, del amor. 

Pero yo digo que, si alguien describe la verdad, si alguien les habla de la naturaleza de la verdad, ¡cuídense de esa persona! 

Porque la verdad no puede ser descrita, no puede ser medida por las palabras. 

Ustedes inclinan sus cabezas en señal de asentimiento, pero mañana tratarán nuevamente de medir la verdad, de encontrar una descripción de ella. 

La actitud que tienen hacia la vida se basa en el principio de crear un molde y, entonces, encajarse a sí mismos dentro de ese molde. 

El cristianismo les ofrece un molde, el hinduismo otro, el mahometanismo, el budismo, la teosofía, les ofrecen los suyos. 

¿Pero para qué quieren ustedes un molde? ¿Por qué sienten estima por las ideas preconcebidas? 

Todo lo que pueden conocer es la pena, el sufrimiento y algunas alegrías efímeras. 

Pero quieren escapar de la pena sin conocer su causa, quieren escapar del sufrimiento sin conocer su profundidad. 

Antes bien, recurren a lo opuesto en busca de consuelo. 

En medio de su dolor, dicen que Dios es amor, que Dios es justo, misericordioso. 

Mental y emocionalmente acuden a este ideal de amor, de justicia, y se moldean a sí mismos conforme a ese patrón. 

Pero el amor podrán comprenderlo sólo cuando ya no sean posesivos; todo el dolor surge de ese afán de poseer. 

Sin embargo, todo su sistema de pensamiento y emoción se basa en ese instinto posesivo; ¿cómo pueden, entonces, saber del amor? 

Así que nuestro primer interés es liberar del instinto posesivo a la mente y al corazón, y eso podemos hacerlo sólo cuando tal instinto posesivo se vuelve un veneno para nosotros, cuando sentimos el sufrimiento, la angustia que ese veneno ocasiona. 

Ahora ustedes tratan de escapar de ese sufrimiento. 

Quieren que yo les diga cuál es mi ideal del amor, de la belleza, de modo que puedan convertirlo en otro patrón, en otra norma, o comparar mi ideal con el de ustedes, esperando con eso comprender. 

La comprensión no adviene comparando. 

Yo no tengo ningún ideal, ningún patrón de conducta. 

La belleza no está divorciada de la acción. 

La verdadera acción es la armonía misma de todo el ser. 

¿Qué significa eso para ustedes? 

Significa nada más que palabras vacías, porque sus acciones carecen de armonía, porque piensan una cosa y hacen otra. 

Uno puede encontrar la libertad duradera, la verdad, la belleza, el amor -que son una y la misma cosa-, cuando ya no busca nada de eso. 

Por favor, traten de comprender lo que estoy diciendo. 

El significado que le asigno es sutil sólo en el sentido de que ello puede ser realizado infinitamente.

 Digo que la búsqueda misma de ustedes está destruyendo el amor, destruyendo su sentido de la belleza, de la verdad, porque esa búsqueda no es sino un escapar, un evadirse del conflicto. 

Y la belleza, el amor, la verdad, esa esencia divina de la comprensión, no puede hallarse escapando del conflicto; se encuentra en el conflicto mismo. 

1º de enero de 1934





EL ARTE DE ESCUCHAR - 26 -J.K. -

 TERCERA PLÁTICA EN ADYAR 

Si uno pudiera encontrar una garantía absoluta de seguridad, entonces no tendría miedo de nada. 

Si uno pudiera estar seguro de alguna cosa, el miedo cesaría por completo, tanto respecto del presente como respecto del futuro. 

Por eso, siempre estamos buscando seguridad, consciente o inconscientemente, seguridad que a la larga se convierte en nuestra posesión exclusiva. 

Ahora bien, está la seguridad física que, en el presente estado de la civilización, un hombre puede acumular mediante su astucia, su ingenio y por medio de la explotación. 

De este modo, puede asegurarse físicamente, mientras que emocionalmente recurre por seguridad al así llamado amor, el cual es, en su mayor parte, espíritu posesivo; recurre a las egoístas discriminaciones emocionales de la familia, los amigos, la nacionalidad

Luego está la constante búsqueda de seguridad mental en las ideas, en las creencias, en la persecución de la virtud, de los sistemas, de las certidumbres y del así llamado conocimiento

Así es como nos atrincheramos continuamente; mediante el afán de poseer edificamos a nuestro alrededor seguridades, consuelos y, con eso, tratamos de sentirnos seguros, a salvo. 

Es lo que hacemos constantemente. 

Pero aunque nos atrincheremos detrás de las seguridades del conocimiento, de la virtud, del amor, de la posesión, aunque edifiquemos muchas certidumbres, edificamos sobre la arena, porque las olas de la vida golpean constantemente contra los cimientos y ponen al descubierto las estructuras que tan esmerada y diligentemente hemos construido. 

Las experiencias que llegan, una tras otra, destruyen todo conocimiento previo, todas las anteriores certidumbres y barren con todas las seguridades, las disipan como si fueran paja frente al viento. 

Por consiguiente, aunque podamos pensar que estamos seguros, vivimos con el miedo continuo a la muerte, a la pérdida y al cambio, miedo a la revolución, miedo a la corrosión de la incertidumbre.

 Estamos todo el tiempo conscientes de la transitoriedad del pensamiento. 

Hemos edificado innumerables muros tras de los cuales buscamos seguridad y consuelo, pero el miedo sigue corroyendo nuestros corazones y nuestras mentes. 

Por eso buscamos continuamente la sustitución y ésta se convierte en nuestra meta, en nuestra aspiración. 

Decimos: 

“Esta creencia ha probado carecer de valor, así que recurramos a otra serie, de creencias, de ideas, a otra filosofía”. 

Nuestra duda termina meramente en la sustitución, no en el cuestionamiento de la creencia misma. 

No es la duda la que cuestiona, sino el deseo de seguridades. 

De aquí, que nuestra así llamada búsqueda de la verdad se convierte en una mera búsqueda de seguridades más permanentes, y aceptamos como maestro, como guía, a cualquiera que nos ofrece seguridad absoluta, certidumbre, consuelo. 

Eso es lo que ocurre con la mayoría de la gente. 

Anhelamos y buscamos. 

Tratamos de analizar los sustitutos que otros nos sugieren en reemplazo de las seguridades que conocemos y que son firmemente corroídas, devoradas por la experiencia de la vida. 

Pero uno no puede librarse del miedo mediante la sustitución, eliminando un conjunto de creencias y reemplazándolo por otro. 

Sólo cuando descubrimos el exacto valor de las creencias que sostenemos, el profundo significado de nuestros instintos posesivos, de nuestro conocimiento, de las seguridades que hemos edificado, sólo en esa comprensión podemos poner fin al miedo. 

La comprensión no surge de la búsqueda de sustitutos, sino del cuestionamiento, de entrar realmente en conflicto con las tradiciones, de la duda con respecto a las ideas establecidas de la sociedad, de la religión, de la política

Después de todo, la causa del miedo es el ego y la conciencia de ese ego, la cual se origina en la falta de comprensión. 

Esta falta de comprensión es la que nos hace buscar seguridades, con lo cual fortalecemos esa limitada conciencia egocéntrica. 

Ahora bien, en tanto el ego exista, en tanto haya una conciencia del “yo”, tiene que haber miedo; y este ego existirá mientras no comprendemos las cosas que nos rodean, las cosas que hemos establecido, los monumentos mismos de la tradición, los hábitos, las ideas, las creencias que constituyen nuestro refugio. 

Y podemos comprender estas tradiciones y creencias, descubrir su exacto significado, sólo cuando entramos en conflicto con ellas. 

No podemos comprenderlas teóricamente, intelectualmente, sino sólo en la plenitud de pensamiento y emoción, es decir, en la acción misma. 

Para mí, el ego representa la falta de percepción, la cual crea al tiempo. 

Cuando comprendernos un hecho completamente, cuando comprendernos en su totalidad y sin reserva las experiencias de la vida, el tiempo cesa. 

Pero no podemos comprender la experiencia de un modo completo si estamos buscando constantemente certidumbre, consuelo, si nuestra mente se halla atrincherada en la seguridad. 

Para comprender una experiencia en toda su significación, debemos cuestionar, poner en duda las seguridades, las tradiciones, los hábitos que hemos edificado, porque impiden la plenitud de comprensión. 

Gracias a ese cuestionamiento, a ese conflicto -si el conflicto es real-, amanece la comprensión; y en esa comprensión desaparece la limitada conciencia egocéntrica. 

Tienen que descubrir qué es lo que están buscando, si es seguridad o comprensión. 

Si buscan seguridad, la encontrarán en la filosofía, en las religiones, en las tradiciones, en la autoridad; pero si desean comprender la vida, en la cual no existen la seguridad, el consuelo, entonces dan con una perdurable libertad. 

Y pueden descubrir lo que están buscando, sólo estando atentos en la acción; no pueden descubrir cuestionando meramente la acción. 

Cuando cuestionan y analizan la acción, ponen fin a la acción. 

Pero si están atentos, si son intensos en su actuar, si dedican a ello por completo el corazón y la mente, entonces esa acción revelará si de esa misma manera están buscando consuelo, seguridad, o si buscan esa comprensión infinita que es el movimiento eterno de la vida.

Pregunta: 

En su autobiografía, la Dra. Besant ha dicho que, por primera vez en su vida, pasó de la tempestad a la paz cuando conoció a su gran Maestro

De ahí en adelante, su magnífica vida tuvo su fuerza motriz en la ilimitada e incesante devoción a su Maestro, expresada en el júbilo al servirle. 

Usted mismo, en sus poéticas palabras, ha declarado su júbilo inexpresable en la unión con el Bienamado y en el hecho de ver su rostro dondequiera que se volviese. 

¿No podría la influencia de un Maestro ser igualmente significativa en otras vidas, tal como lo fue, evidentemente, en la grandiosa vida de la Dra. Besant y en la suya propia? 

KRISHNAMURTI:

 Ustedes me preguntan, en otras palabras, si los Maestros son necesarios, si yo creo en los Maestros, si la influencia de ellos es benéfica y si existen. 

Ésa es toda la pregunta, ¿verdad? 

Muy bien, señores. 

Ahora bien, ya sea que ustedes crean o no crean en los Maestros (y algunos de ustedes sí creen en ellos), por favor, no cierren sus mentes contra lo que voy a decir. 

Sean abiertos, críticos. 

Examinemos la cuestión comprensivamente, antes que discutir si creen o no creen en los Maestros. Ante todo, para comprender la verdad uno tiene que permanecer solo, completa y totalmente solo. 

Ningún Maestro ni instructor ni gurú, ningún sistema, ninguna autodisciplina levantarán jamás para ustedes el velo tras el cual se oculta la sabiduría

La sabiduría consiste en comprender los valores perdurables y en vivir tales valores. 

Nadie puede conducirlos a la sabiduría. 

Eso es obvio, ¿no es así? Ni siquiera necesitamos discutirlo. 

Nadie puede forzarlos, ningún sistema puede instarles a que se liberen del instinto posesivo, hasta que ustedes mismos comprenden voluntariamente. 

En esa comprensión está la sabiduría. 

Ningún Maestro ni gurú ni instructor, ningún sistema, pueden forzarlos hacia esa comprensión. 

Sólo el sufrimiento que ustedes mismos experimenten puede hacerles ver el absurdo de la posesión, la cual es el origen del conflicto. 

A causa de ese sufrimiento, adviene la comprensión. 

Pero cuando buscan escapar del sufrimiento, cuando buscan refugio, consuelo, entonces tienen que tener Maestros, filosofías y creencias; entonces recurren a refugios de seguridad tales como la religión.

 Así, con esta comprensión, voy a contestar su pregunta. 

Olvidemos por el momento lo que la Dra. Besant ha dicho y hecho, o lo que yo he dicho y hecho.

 Dejemos eso de lado. 

No introduzcamos a la Dra. Besant en la discusión; si lo hacen, reaccionarán emocionalmente, tanto aquéllos de ustedes que simpatizan con las ideas de ella como los que no simpatizan. 

Dirán que ella me ha educado, que soy desleal, y palabras como ésas que utilizan para demostrar su desaprobación. 

Dejemos de lado todo esto por ahora y consideremos la cuestión de manera clara y simple. 

En primer lugar, ustedes quieren saber si los Maestros existen. 

Yo digo que tiene muy poca importancia si existen o no existen. 

Ahora no piensen, por favor, que estoy atacando sus creencias. 

Me doy cuenta de que hablo a miembros de la Sociedad Teosófica y de que soy aquí el invitado de ustedes. 

Pero me han formulado una pregunta y simplemente la estoy contestando. 

Consideremos, pues, por qué quieren saber si los Maestros existen o no. 

“Porque”, se dicen ustedes, “los Maestros pueden guiarnos a través de la confusión como la luz del faro guía al marino”. 

Pero al decir eso demuestran que sólo buscan un puerto seguro, que temen al mar abierto de la vida. 

O también puede que formulen la pregunta porque desean reforzar su propia creencia; quieren verificarla, corroborarla. 

Señores, algo que es un juguete, aunque pueda embellecerse por la corroboración de miles de personas, sigue siendo un juguete. 

Ustedes me dicen:

 “Nuestros Maestros nos han dado fe, pero ahora viene usted para arrojar la duda sobre esa fe. 

Por lo tanto, queremos saber si los Maestros existen o no. 

Por favor, fortalézcanos en nuestra creencia de que existen, díganos si usted mismo ha sido guiado por ellos o no”. 

Si desean meramente ser fortalecidos en su fe, entonces no puedo contestar su pregunta porque no estoy de acuerdo con la fe. 

La fe es mera autoridad, ceguera, esperanza, anhelo; es un medio de explotación, ya sea aquí o en la iglesia católica romana o en cualquier otra religión. 

Es un medio para obligar al hombre a la acción, a la acción virtuosa o no virtuosa. 

El fortalecer la fe no reditúa comprensión; antes bien, el dudar de esa fe y descubrir su significado es lo que trae comprensión. 

¿Cuál sería la diferencia si ustedes vieran a los Maestros físicamente todos los días? 

Seguirían aferrándose a sus prejuicios, a sus tradiciones, a sus hábitos; seguirían siendo esclavos de sus propias crueldades, de sus creencias fanáticas y estrechas, de su falta de amor, de su orgullo nacional, pero mantendrían estas cosas en secreto bajo llave. 

De la primera pregunta surge, entonces, una segunda: 

“¿Pone usted en duda a los mensajeros de los Maestros?” 

Yo dudo de todo, porque sólo gracias a la duda puede uno descubrir, no depositando su fe en alguna cosa. 

Pero ustedes han evitado, cuidadosa y diligentemente, la duda; la han descartado como un impedimento.

 Entonces, nuevamente, dirán: 

“Si entro en contacto con los Maestros, podré descubrir su plan para la humanidad”. 

¿Quieren ustedes decir un plan social, un plan para el bienestar físico del hombre? ¿O se refieren al bienestar espiritual del hombre? 

Si contestan: 

“Ambas cosas”, entonces yo digo que el hombre no puede lograr el bienestar espiritual por medio de alguna otra persona. 

Eso descansa enteramente en sus propias manos. 

Nadie puede planearlo para otro. 

Cada hombre debe descubrirlo por sí mismo, debe comprenderlo; hay integridad en la realización plena, no en el progreso. 

Pero si dicen: 

“Buscamos un plan para el bienestar físico del hombre”, entonces tienen que estudiar economía y sociología. 

En tal caso, ¿por qué no convertir en el maestro de ustedes a Harold Laski, a Keynes, a Marx o a Lenin?

 Cada uno de ellos ofrece un plan para el bienestar físico del hombre. 

Pero eso no es lo que ustedes desean. 

Lo que desean, cuando buscan a los Maestros, es un amparo, un refugio de seguridad; desean protegerse de su sufrimiento, esconderse de la agitación y el conflicto. 

Yo digo que no hay tal cosa como el refugio, el consuelo. 

Uno sólo puede fabricarse un refugio artificial creado intelectualmente. 

Por haber hecho esto durante generaciones, han perdido su inteligencia creativa. 

Han quedado atados a la autoridad, mutilados por las creencias, por las falsas tradiciones y los hábitos.

 Sus corazones se han endurecido, están secos. 

Por eso soportan toda clase de crueles sistemas de pensamiento que conducen a la explotación. 

Por eso estimulan el nacionalismo, por eso les falta el sentido de hermandad. 

Hablan de hermandad, pero sus palabras nada significan en tanto sus corazones están comprometidos con las diferencias de clase. 

Ustedes, que creen tan profundamente en todas estas ideas, ¿qué es lo que tienen, qué es lo que son?

 Cáscaras vacías resonando con palabras, palabras y palabras. 

Han perdido todo sentimiento por la belleza, por el amor; sostienen instituciones falsas, ideas falsas.

 Aquéllos de ustedes que creen en los Maestros y siguen el sistema y el plan de estos Maestros, que siguen a sus mensajeros, ¿qué son? 

En su explotación, en su nacionalismo, en su maltrato de las mujeres y los niños, en su codicia, son exactamente tan crueles como el hombre que no cree en los Maestros, en su plan, en sus mensajeros.

 Simplemente, han establecido nuevas tradiciones en lugar de las viejas, han cambiado nuevas creencias por las viejas; su nacionalismo es tan cruel como el antiguo, sólo que tienen argumentos más sutiles para justificar sus crueldades y su explotación. 

Mientras la mente esté atrapada en la creencia, no hay comprensión, no hay libertad. 

Por lo tanto, que los Maestros existan o no existan, para mí carece de pertinencia con respecto a la acción, a la plenitud de realización, que es lo que debe interesarnos. 

Aun cuando su existencia fuera un hecho, no es importante; porque para comprender, ustedes tienen que ser independientes, tienen que sostenerse por sí mismos, completamente desnudos, despojados de toda seguridad. 

Esto es lo que he dicho en mi plática introductoria. 

Ustedes tienen que descubrir si están buscando seguridad, consuelo, o si están buscando comprensión.

 Si realmente examinan sus propios corazones, casi todos encontrarán que están buscando seguridad, consuelo, refugios seguros, y en esa búsqueda se proveen de filosofías, gurús, sistemas de autodisciplina. 

De este modo bloquean, limitan continuamente al pensamiento. 

En su esfuerzo por escapar del temor, se atrincheran en las creencias y, debido a eso, incrementan la propia conciencia egocéntrica, el propio egotismo; se han vuelto meramente más sutiles, más ingeniosos. 

Sé que todas estas cosas las he dicho antes de una manera diferente, pero, al parecer, mis palabras no han tenido efecto. 

O bien desean comprender lo que digo, o están satisfechos con sus propias creencias y desdichas. 

Si están satisfechos con ellas, ¿por qué me han invitado a hablar aquí? ¿Por qué me escuchan? 

No, fundamentalmente no están satisfechos. 

Pueden aparentar que lo están, pueden ingresar en instituciones, practicar nuevas ceremonias, pero internamente sienten incertidumbre, los roe incesantemente algo que jamás se atreven a afrontar. 

En lugar de eso, buscan sustitutos; quieren saber si yo puedo ofrecerles nuevos refugios y por eso me han formulado esta pregunta. 

Quieren que los apoye en aquellas creencias de las que se sienten inseguros. 

Anhelan permanencia interna, pero les digo que tal permanencia no existe. 

Desean que yo les dé ciertas certidumbres, garantías. 

Les digo que tienen tales certidumbres, tales garantías en centenares de sus libros, en sus filosofías, pero no son de valor para ustedes, son polvo y cenizas, porque en lo profundo de ustedes no hay comprensión. 

Podrán tener comprensión, se los aseguro, sólo cuando empiecen a dudar, cuando empiecen a cuestionar los refugios en los que encuentran consuelo, amparo.

Pero esto significa que deben entrar en conflicto con las tradiciones y los hábitos que han establecido.

 Quizás han descartado tradiciones antiguas, antiguos gurús, antiguas ceremonias y han adoptado otras nuevas. 

¿Cuál es la diferencia? 

Las nuevas tradiciones, los gurús nuevos, las ceremonias nuevas, son lo mismo que las viejas, excepto que son más exclusivas. 

Cuestionando constantemente descubrirán el real, inherente valor de las tradiciones, de los gurús, de las ceremonias. 

No les estoy pidiendo que abandonen las ceremonias, que dejen de seguir a los Maestros. 

Ese punto es muy secundario y poco inteligente; no es importante si practican ceremonias y si recurren en busca de guía a los Maestros. 

Pero en tanto exista falta de comprensión habrá miedo, dolor, y el mero intento de disimular ese miedo, ese dolor, por medio de las ceremonias, de la guía de los Maestros, no los liberará. 

Me han formulado esta pregunta antes, me han preguntado la misma cosa el año pasado. 

Y cada vez la preguntan porque quieren encontrar un refugio tras mi respuesta, quieren sentirse a salvo, poner fin a la duda. 

Bien, yo puedo contradecir la creencia de ustedes, puedo afirmar que no hay Maestros. 

Entonces viene otro y les dice que los Maestros sí existen. 

Yo les digo que duden de ambas respuestas, que las cuestionen; no se limiten a aceptarlas. 

Ustedes no son niños, no son monos que imitan la acción de algún otro; son seres humanos y no deben estar condicionados por el miedo. 

Se supone que son creativamente inteligentes, pero ¿cómo pueden serlo si siguen a un maestro, una filosofía, una práctica, un sistema de autodisciplina? 

La vida es rica sólo para el hombre que está en el constante movimiento del pensar, para el hombre cuyas acciones son armoniosas. 

En él hay afecto, consideración. 

Aquél cuyas acciones son armoniosas, utilizará un inteligente sistema para curar las supuradas heridas del mundo. 

Sé que lo que estoy diciendo hoy lo he dicho en innumerables oportunidades; lo he expresado una y otra vez. 

Pero ustedes no sienten estas cosas, porque han justificado con explicaciones su sufrimiento y encuentran refugio y consuelo en estas explicaciones, en sus creencias. 

Sólo se interesan en sí mismos, en su propia seguridad, en su bienestar, como los hombres que luchan por obtener nombramientos del gobierno. 

Ustedes hacen la misma cosa de diferentes maneras, y sus palabras acerca de la hermandad, de la verdad, nada significan, no son sino charla vacía. 

Pregunta: 

Se dice que el único pesar de la Dra. Besant ha sido el hecho de que usted fracasó en ponerse a la altura de sus expectativas respecto a su condición de Instructor del Mundo. 

Algunos de nosotros, francamente, compartimos ese pesar y ese sentimiento de decepción, y sentimos que no carece por completo de alguna justificación. ¿Tiene usted algo que decir? 

KRISHNAMURTI: Nada, señores. (Risas). Cuando digo “nada”, quiero decir nada para aliviar su decepción o la decepción de la Dra. Besant -si es que estuvo decepcionada, porque a menudo me expresó lo contrario-. 

No me encuentro aquí para justificarme, no estoy interesado en justificarme.

 La pregunta es: ¿Por qué está decepcionado usted, si es que lo está? 

Usted habrá pensado ponerme en cierta jaula, y dado que no encajé en esa jaula, es natural que se haya sentido decepcionado. 

Tenía una idea preconcebida de lo que yo debería ser, de lo que debería decir, de lo que debería pensar.

 Yo digo que existe la inmortalidad, un devenir eterno. 

La cuestión no es que yo lo sé, sino que existe. 

Cuídense del hombre que dice “yo sé”. 

Existe el devenir eterno de la vida pero, para realizarlo, nuestra mente debe estar libre de todas las ideas preconcebidas acerca de lo que eso es.

 Ustedes tienen ideas preconcebidas de Dios, de la inmortalidad, de la vida. 

“Esto está escrito en los libros”, dicen, o “alguien me ha dicho esto”. 

De ese modo, han elaborado una imagen de la verdad, una representación mental de la inmortalidad y de Dios. 

Quieren aferrarse a esa imagen, a esa representación y se sienten decepcionados de cualquiera cuyas ideas difieran de las de ustedes o no se adapten a las de ustedes. 

En otras palabras, si no se convierte en la herramienta de ustedes, se sienten decepcionados de él. 

La decepción de ustedes no se basa en la reflexión ni en la inteligencia ni en el afecto profundo, sino en alguna imagen de hechura propia, por falsa que pueda ser. 

Encontrarán a personas que les dirán que yo las he decepcionado, y que crearán un conjunto de opiniones sosteniendo que he fracasado. 

Pero no creo que dentro de cien años importará mucho que ustedes estén decepcionados o no. 

La verdad de la que hablo es lo que permanecerá, no las fantasías o las decepciones de ustedes.

 Pregunta:

 ¿Considera usted un pecado que un hombre y una mujer disfruten de una relación sexual ilegítima?

 Un hombre joven desea librarse de esa dicha ilegítima que él considera equivocada. 

Trata todo el tiempo de controlar su mente, pero no lo consigue. ¿Puede usted mostrarle algún modo práctico de ser feliz?

KRISHNAMURTI: 

En tales cuestiones no hay “un modo práctico”. 

Pero consideremos el problema, tratemos de comprenderlo, aunque no desde el punto de vista de si cierto acto es o no es un pecado. 

Para mí no hay tal cosa como el pecado. 

¿Por qué el sexo ha llegado a ser un problema en nuestra vida? ¿Por qué hay tantas distorsiones, perversiones, inhibiciones, represiones? ¿No es porque estamos hambreados mental y emocionalmente, porque somos incompletos en nosotros mismos, porque nos hemos vuelto meras máquinas imitadoras y entonces la única expresión creativa que nos queda, la única cosa en la que encontramos felicidad, es esa cosa que llamamos sexo? 

Mental y emocionalmente, hemos dejado de existir como individuos. 

Somos meras máquinas en la sociedad, en la política, en la religión. 

Como individuos, hemos sido total y despiadadamente destruidos a causa del temor, de la imitación, de la autoridad. 

No hemos librado nuestra inteligencia creativa a través de los canales sociales, políticos o religiosos.

 Por lo tanto, la única expresión creativa que nos han dejado como individuos es el sexo, y es natural que le asignemos una importancia tremenda, que pongamos en él un énfasis extraordinario. 

Por eso el sexo se ha convertido en un problema, ¿no es así? 

Si pudieran liberar el pensamiento creativo, la emoción creativa, entonces el sexo ya no sería un problema. 

Para liberar total y completamente esa inteligencia creativa, tienen que cuestionar el hábito mismo del pensamiento, la tradición en la que están viviendo, esas creencias que se han vuelto automáticas, espontáneas, instintivas. 

A causa del cuestionamiento entran ustedes en conflicto, y ese conflicto y la comprensión del mismo despertarán la inteligencia creativa; en ese cuestionar liberarán gradualmente el pensamiento creativo, lo liberarán de la limitación, de la autoridad y del temor. 

Ése es un lado del problema. Hay también otro lado que concierne al alimento y al ejercicio, y al amor que sientan por el trabajo que realizan. 

Han perdido el amor por el trabajo. 

Se han convertido en meros oficinistas, esclavos de un sistema, que trabajan por quince rupias o por cien mil rupias, no por amor a lo que hacen. 

En cuanto a la relación sexual ilegítima, consideremos lo que ustedes entienden por matrimonio. 

En la mayoría de los casos, el matrimonio no es sino la santificación, por medio de la religión y la ley, del instinto posesivo. 

Supongamos que uno ama a una mujer; quiere vivir con ella, poseerla. 

La sociedad actual tiene innumerables leyes para ayudarlo a poseer y diversas ceremonias para santificar esa posesión. 

Un acto que uno habría considerado como pecaminoso antes del matrimonio, lo considera legítimo después de esa ceremonia. 

O sea, antes de que la ley legalice y la religión santifique su deseo de poseer, usted considera el acto de la relación ilegítimo, pecaminoso. 

Donde hay amor, verdadero amor, no hay cuestión de pecado, de legalidad e ilegalidad. Pero a menos que ustedes reflexionen profundamente acerca de esto, a menos que hagan un esfuerzo genuino para no tomar en sentido erróneo lo que he dicho, ello conducirá a todo tipo de confusiones. 

Tenemos miedo de muchas cosas. 

Para mí, la terminación de los problemas del sexo radica no en la mera legislación, sino en liberar esa inteligencia creativa, en ser completos en la acción, en no separar el corazón y la mente. 

El problema desaparece sólo viviendo de manera plena, total. 

Como he estado tratando de aclarar, ustedes no pueden cultivar el nacionalismo y, al mismo tiempo, hablar de hermandad. 

Creo que fue Hitler el que desterró de Alemania la idea de hermandad porque, dijo, se opone al nacionalismo. 

Pero aquí ustedes tratan de cultivar ambas cosas. 

En el fondo son nacionalistas, posesivos, tienen diferencias de clase; sin embargo, hablan de hermandad universal, de un mundo en paz, de la unidad e integridad de la vida. 

Mientras que la acción que desarrollan esté dividida, mientras no haya una íntima relación entre el pensar, el sentir y el actuar, y no exista una percepción lúcida y plena de esa relación íntima, habrá innumerables problemas, los cuales asumen tal predominancia en sus vidas, que se convierten en una constante fuente de deterioro. 

Pregunta:

 Lo que usted dice sobre la necesidad de que estemos libres de todo amoldamiento, de todo liderazgo y toda autoridad es una enseñanza útil para algunos de nosotros. 

Pero la sociedad y quizás incluso la religión, junto con sus instituciones y un gobierno capaz, son esenciales para la inmensa mayoría de la humanidad y, en consecuencia, resultan útiles para ella. 

Hablo desde años de experiencia. ¿Discrepa usted con este punto de vista? 

KRISHNAMURTI: 

Lo que es un veneno para uno es un veneno para otro. 

Si la creencia religiosa, si la autoridad es falsa para uno, es falsa para todos los demás. 

Cuando ustedes consideran al hombre tal como lo hace el interlocutor, entonces retienen y cultivan en él una mentalidad servil. 

Es lo que yo llamo explotación. 

Ésa es la actitud adquisitiva o capitalista:

 “Lo que es beneficioso y útil para mí es peligroso para ustedes”. 

Así, mantienen como esclavos a quienes se hallan atados a la autoridad, a las creencias religiosas. 

No dan nacimiento a nuevas organizaciones, a nuevas instituciones que ayuden a otros esclavos a liberarse y a no esclavizarse otra vez a las nuevas organizaciones e instituciones. 

Ahora bien, yo no me opongo a las organizaciones, pero sostengo que ninguna organización puede conducir al hombre hacia la verdad. 

Sin embargo, todas las sociedades religiosas, las sectas y los grupos se basan en la idea de que el hombre puede ser guiado hacia la verdad. 

Las organizaciones deben existir para el bienestar del hombre, organizaciones no divididas por nacionalidades, por diferencias de clase. 

Ésta es la cosa fundamental que resolverá el problema inmediato con el que se enfrentan los seres humanos, el problema de la explotación, el problema del hambre. 

Ustedes podrán insistir en que, tal como es la gente, tiene que estar sometida a la autoridad. 

Pero si perciben que la autoridad corrompe, mutila, entonces combatirán la autoridad, descubrirán nuevos métodos de educación que ayudarán a liberarse al hombre, sin esta calamidad de las discriminaciones. 

Pero cuando consideran la vida desde el punto de vista estrecho, egoísta y fanático, formulan inevitablemente una pregunta como ésta; la formulan porque temen que aquéllos sobre quienes ejercen autoridad, ya no los obedecerán. 

para ustedes”. Así, mantienen como esclavos a quienes se hallan atados a la autoridad, a las creencias religiosas. 

No dan nacimiento a nuevas organizaciones, a nuevas instituciones que ayuden a otros esclavos a liberarse y a no esclavizarse otra vez a las nuevas organizaciones e instituciones. 

Ahora bien, yo no me opongo a las organizaciones, pero sostengo que ninguna organización puede conducir al hombre hacia la verdad. 

Sin embargo, todas las sociedades religiosas, las sectas y los grupos se basan en la idea de que el hombre puede ser guiado hacia la verdad. 

Las organizaciones deben existir para el bienestar del hombre, organizaciones no divididas por nacionalidades, por diferencias de clase. Ésta es la cosa fundamental que resolverá el problema inmediato con el que se enfrentan los seres humanos, el problema de la explotación, el problema del hambre. Ustedes podrán insistir en que, tal como es la gente, tiene que estar sometida a la autoridad. Pero si perciben que la autoridad corrompe, mutila, entonces combatirán la autoridad, descubrirán nuevos métodos de educación que ayudarán a liberarse al hombre, sin esta calamidad de las discriminaciones. Pero cuando consideran la vida desde el punto de vista estrecho, egoísta y fanático, formulan inevitablemente una pregunta como ésta; la formulan porque temen que aquéllos sobre quienes ejercen autoridad, ya no los obedecerán. Esta consideración por las masas, por la mayoría es muy superficial, falsa; emana del temor y debe conducir, inevitablemente, a la explotación. Pero si percibieran realmente lo que significa la autoridad, el amoldarse a la tradición, el ajustarse conforme a un patrón determinado, el condicionar la mente y el corazón según un principio o ideal, entonces ayudarían inteligentemente al hombre para que pudiera liberarse él mismo de estas cosas. Entonces verían la superficialidad de todo ello, su efecto degenerativo no sólo sobre uno mismo o unos pocos hombres, sino sobre el total de la humanidad. De tal modo, ayudarían a liberar el poder creativo en el ser humano, ya sea el propio o el de alguien más; ya no mantendrían esta distinción artificial entre hombre y hombre: superior e inferior, evolucionado y no evolucionado. Pero esto no quiere decir que hay o habrá igualdad; no hay tal cosa. Sólo existe el hombre en proceso de realización. Pero la mente que crea las diferencias porque piensa en sí misma como algo separado, es una mente explotadora, cruel, y la inteligencia debe estar siempre en rebelión contra una mente semejante. 

31 de diciembre de 1933




EL ARTE DE ESCUCHAR - 25 - J.K. -

   SEGUNDA PLÁTICA EN ADYAR 

Como decía ayer, el pensamiento está mutilado, inutilizado, cuando se halla sujeto por la creencia; no obstante, nuestro pensar es, en su mayor parte, una reacción basada en la creencia, en una creencia en particular o en un ideal. 

Por lo tanto, nuestro pensar nunca es genuino, fluido, creativo. 

Siempre está frenado por una creencia determinada, una tradición o un ideal. 

Uno puede realizar la verdad, esa comprensión perdurable, sólo cuando el pensar está continuamente en movimiento, no sujeto por el pasado o por el futuro. 

Esto es tan simple que a menudo no lo percibimos. 

Un gran científico no tiene un objetivo en su investigación; si estuviera meramente buscando un resultado, dejaría de ser un gran científico. 

Así tiene que ser con nuestro pensar. 

Pero nuestro pensar está mutilado, atado, obstruido por una creencia, un dogma, un ideal; en consecuencia, no hay un pensar creativo

¿En qué se basa nuestra creencia? ¿En qué se funda la mayoría de nuestros ideales? 

Sí lo consideran, encontrarán que, o bien la creencia tiene como motivo la idea de una ganancia, de una recompensa, o sirve como un incentivo, una guía, un patrón de conducta. 

Ustedes dicen:

 “Perseguiré la virtud, actuaré de este modo o del otro a fin de obtener la felicidad; averiguaré qué es la verdad a fin de superar la confusión, la desdicha; serviré a fin de lograr las bendiciones del cielo”. 

Pero esta actitud respecto de la acción como un medio para futuras adquisiciones, está mutilando constantemente nuestro pensamiento. 

O, por otra parte, la creencia se basa en las consecuencias del pasado. 

O bien tenemos principios externos que nos han sido impuestos, o hemos desarrollado ideales internos conforme a los cuales vivimos. 

Los principios externos son impuestos por la sociedad, por la tradición, por la autoridad, todo lo cual se basa en el miedo. 

Éstos son los principios que usamos constantemente como nuestra norma:

 “¿Qué pensará mi vecino?” “¿Qué sostiene la opinión pública?” “¿Qué dicen los libros sagrados o los maestros?” 

O desarrollamos una ley interna, la cual es nada más que una reacción a lo externo; o sea, desarrollamos una creencia interna, un principio interno, basados en el recuerdo de la experiencia, en la reacción, para que nos guíen en el movimiento de la vida.

Por lo tanto, la creencia pertenece ya sea al pasado o al futuro. 

Es decir, cuando hay un anhelo, el deseo crea el futuro; pero cuando uno se guía en el presente conforme a una experiencia que ha tenido, ese patrón es el pasado, ya es algo muerto. 

Así, desarrollamos la resistencia contra el presente, y a eso lo llamamos voluntad

Ahora bien, para mí la voluntad existe - sólo cuando hay falta de comprensión. 

¿Para qué necesitamos voluntad? 

Cuando vivo una experiencia y la comprendo, no tengo que combatirla, no tengo que resistirla. 

Cuando comprendo una experiencia completamente, ya no hay espíritu de imitación, de amoldamiento, o el deseo de resistir la experiencia. 

La comprendo completamente y, en consecuencia, me libero de la carga que implica. 

Ustedes tendrán que reflexionar sobre lo que estoy diciendo; mis palabras no son tan confusas como pueden sonar. 

La creencia se basa en la idea de adquirir y en el deseo de obtener resultados mediante la acción.

 Ustedes buscan la ganancia; han sido moldeados por conjuntos de creencias que se basan en el concepto de ganancia, en la búsqueda de recompensa, y la acción que desarrollan es el resultado de esa búsqueda. 

Si estuvieran en el movimiento mismo del pensar, no buscando un objetivo, una meta, una recompensa, entonces habría resultados pero no se interesarían en ellos. 

Como he dicho, un científico que busca resultados no es un verdadero científico; y un verdadero científico cuya búsqueda es profunda, no se interesa en los resultados que obtiene, aun cuando estos resultados puedan ser útiles al mundo. 

Por lo tanto, interésense en el movimiento de la acción misma; en eso se encuentra el éxtasis de la verdad. 

Pero deben darse cuenta de que sus pensamientos están atados por la creencia, de que actúan meramente conforme a ciertos conjuntos de creencias, de que la acción de ustedes está mutilada por la tradición. 

En esta libertad de la percepción alerta, hay integridad de acción

Supongamos, por ejemplo, que soy un maestro en una escuela. 

Si trato de moldear la inteligencia de los alumnos en el sentido de una acción determinada, entonces eso ya no es inteligencia. 

Es cosa del propio alumno el modo como empleará su inteligencia. 

Si es inteligente actuará de la manera apropiada porque no estará actuando por motivos de ganancia, de recompensa, de tentación, de poder. 

Para comprender este movimiento del pensar, esta integridad de la acción -la cual nunca puede ser estática, como ocurre con una norma, un ideal-, la mente debe estar libre de la creencia, porque la acción que busca recompensa no puede comprender su propia integridad, su propia plenitud de realización. 

No obstante, la mayoría de nuestras acciones se basa en la creencia. 

Ustedes creen en la guía de un Maestro, creen en un ideal, en dogmas religiosos, en las tradiciones establecidas de la sociedad

Pero con ese trasfondo de creencias jamás comprenderán, jamás podrán ahondar en la experiencia que afrontan, porque la creencia les impide vivir la experiencia plenamente, con la totalidad del ser. 

Sólo cuando ya no se encuentren amarrados por la creencia, conocerán la plenitud e integridad de la acción. 

Ahora son inconscientes de esta carga que está corrompiendo a la mente. 

Perciban esta carga plenamente, en la acción misma, y sólo esa percepción directa liberará a la mente, la liberará de todas las perversiones. 

Ahora contestaré algunas de las preguntas que se me han formulado. 

Pregunta:

 Por sanción de las Escrituras y el acuerdo de muchos maestros, la duda ha sido considerada en el curso de los tiempos como un impedimento que debe ser destruido antes de que la verdad pueda asomarse en el alma. 

Usted, por el contrario, parece considerar a la duda bajo una luz muy diferente. 

Incluso la ha llamado un ungüento precioso. 

¿Cuál de estos dos puntos de vista contradictorios es el correcto? 

KRISHNAMURTI:

 Dejemos a las Escrituras fuera de esta discusión, porque cuando uno empieza a citar las Escrituras en apoyo de sus opiniones, ¡tenga la seguridad de que el Demonio también puede encontrar en las Escrituras textos que apoyen el punto de vista totalmente contrario! 

En los Upanishads, en los Vedas, estoy seguro de que puede encontrarse lo opuesto de lo que usted dice que enseñan las Escrituras:

estoy seguro de que pueden encontrarse textos que dicen que uno debe dudar. 

Así que no nos citemos mutuamente las Escrituras; es como arrojarnos ladrillos a la cabeza el uno al otro. 

Como he dicho, nuestras acciones se basan en creencias, ideales, que hemos heredado o adquirido.

 Carecen de realidad. 

Ninguna creencia es jamás una realidad viviente. 

Para el hombre que está realmente vivo, las creencias son innecesarias. 

Ahora bien, puesto que la mente se halla mutilada por muchas creencias, muchos principios, muchas tradiciones, por valores falsos e ilusiones, tenernos que empezar a cuestionar eso, a dudar de ello.

 Ustedes no son niños. 

No pueden aceptar cualquier cosa que se les ofrece o se les obliga a aceptar. 

Tienen que empezar a cuestionar el fundamento mismo de la autoridad, porque ése es el principio del genuino espíritu crítico; tienen que cuestionar como para descubrir por sí mismos el verdadero significado de los valores tradicionales. 

Sólo esta duda, nacida del intenso conflicto, liberará a la mente y les dará el éxtasis de la libertad, un éxtasis exento de toda ilusión. 

Lo primero es, entonces, dudar, no alimentar nuestras creencias. 

Pero el deleite de los explotadores es instarles a que no duden, a que consideren a la duda como un impedimento. 

¿Por qué debería uno tener miedo de dudar?

 Si Ustedes se sienten satisfechos con las cosas como están, entonces continúen viviendo como lo hacen. 

Digamos que están satisfechos con sus ceremonias; pueden haber rechazado las viejas y aceptado las nuevas, pero ambas vienen a ser finalmente lo mismo. 

Si están satisfechos con ellas, lo que yo digo no los perturbará en su estancada tranquilidad. 

Pero no estamos aquí para que se nos pongan límites, trabas; estamos aquí para vivir inteligentemente y, si ustedes desean vivir así, lo primero que deben hacer es cuestionar. 

Ahora bien, nuestra así llamada educación, destruye despiadadamente la inteligencia creativa. 

La educación religiosa, que sostiene autoritariamente ante ustedes la idea del temor en diversas formas, los insta a que se abstengan de cuestionar, de dudar. 

Puede que hayan descartado la vieja religión de Mylapore, pero han adoptado una nueva religión que contiene muchos “debes” y “no debes”. 

La sociedad, mediante la fuerza de la opinión pública que es poderosa, vital, también les impide dudar; y ustedes dicen que si se pusieran contra la opinión pública, ésta los aplastaría. 

Así, en todas partes, la duda es desalentada, destruida, desechada. 

No obstante, uno puede encontrar la verdad sólo cuando empieza a cuestionar, a poner en duda los valores con los cuales la sociedad y la religión, antigua y moderna, nos han acorralado. 

Así que no comparen lo que yo digo con lo que dicen las Escrituras; de ese modo jamás comprenderemos. 

La comparación no conduce a la comprensión. 

Sólo cuando consideramos una idea por sí misma y la examinamos profundamente, no de manera comparativa o relativa, sino con el propósito de descubrir su valor intrínseco, sólo entonces comprendemos. 

Tomemos un ejemplo. 

Ustedes saben que es costumbre aquí casarse muy jóvenes, y eso se ha vuelto casi sagrado. 

Y bien, ¿no deben ustedes cuestionar esa costumbre? 

Cuestionarían esta costumbre tradicional si amaran realmente a sus hijos. 

Pero la opinión pública está tan fuertemente a favor del matrimonio temprano, que no se atreven a ir contra ella y así jamás investigan honestamente esta superstición. 

Además, ustedes han descartado ciertas ceremonias y han adoptado otras nuevas. 

Entonces, ¿por qué han abandonado las ceremonias viejas

Las han abandonado porque no los satisfacían, y han adoptado las ceremonias nuevas porque son más prometedoras más atractivas, ofrecen una esperanza mayor. 

Nunca han dicho:

 “Voy a descubrir el valor intrínseco de las ceremonias, ya sean hindúes, cristianas o de cualquier otro credo”. 

Para descubrir su valor intrínseco, deben desechar las esperanzas, los atractivos que ofrecen, y examinar críticamente toda la cuestión. 

No puede existir esta actitud de aceptación. 

Uno acepta sólo cuando desea ganar, cuando está buscando consuelo, refugio, seguridad y, en esa búsqueda de seguridad, de consuelo, hace de la duda un impedimento, una ilusión que debe ser desterrada y destruida. 

Una persona que quiera vivir auténticamente y comprender la vida de manera completa, debe conocer la duda. 

No decir: 

“¿Se terminará alguna vez la duda?” 

La duda existirá en tanto uno sufra, en tanto no haya descubierto los valores genuinos

Para comprender los valores genuinos debemos comenzar a dudar, a ser críticos respecto de la autoridad, de las tradiciones en la que nuestra mente ha sido educada. 

Pero esto no significa que nuestra actitud tenga que ser de oposición no inteligente. 

Para mí, la duda es un ungüento precioso. 

Cura las heridas del que sufre. 

Tiene una influencia benigna. 

La comprensión adviene sólo cuando dudamos no con el propósito de una ulterior adquisición o sustitución, sino para comprender. 

Donde existe el deseo de ganancia, ya no hay más dudas. 

Donde existe el deseo de ganancia hay aceptación de la autoridad, ya sea la autoridad de uno, de cinco o de un millón. 

Tal autoridad alienta la aceptación y califica a la duda de impedimento. 

A causa de que están continuamente buscando consuelo, seguridad, encuentran ustedes explotadores que les aseguran que la duda es un obstáculo, una cosa que debe ser desterrada. 

Pregunta: 

Usted dice que uno no puede trabajar por el nacionalismo y, al mismo tiempo, por la hermandad. ¿Quiere sugerir que: 

1) nosotros, que somos una nación sojuzgada y creemos firmemente en la hermandad, debemos dejar de luchar por gobernarnos a nosotros mismos, o que:

 2) en tanto estemos intentando librarnos del yugo extranjero, debemos dejar de trabajar por la hermandad’? 

KRISHNAMURTI:

 No consideremos esta cuestión desde el punto de vista de una nación explotadora. 

Cuando nos llamamos a nosotros mismos una nación sojuzgada, estamos creando un explotador. 

No consideremos la cuestión de este modo, por el momento. 

Para mí, el punto no es la solución de un problema inmediato, porque si comprendemos plenamente el propósito fundamental para el que estamos trabajando, entonces, al trabajar para ese propósito, resolvemos sin gran dificultad el problema inmediato. 

Ahora, por favor, sigan lo que voy a decir; puede que sea nuevo para ustedes, pero no lo rechacen por esa razón. 

Sé que la mayoría de ustedes son nacionalistas y, al mismo tiempo, se supone que abogan por la hermandad. 

Sé que están tratando de mantener simultáneamente el espíritu del nacionalismo y el espíritu de hermandad. 

Pero, por favor, pongan de lado por el momento la actitud nacionalista y consideren la cuestión desde un punto de vista diferente.

La solución final para los problemas de la falta de empleo y del hambre es la unidad humana, la unidad del mundo. 

Ustedes dicen que hay millones de personas que sufren y mueren de hambre en la India, y que si pudieran librarse del dominio inglés encontrarían maneras y medios para satisfacer al pueblo hambriento. 

Pero yo les digo que no aborden el problema desde este punto de vista. 

No consideren los sufrimientos inmediatos de la India, sino toda la cuestión del hambre de millones en el mundo. 

Millones de chinos mueren por falta de alimentos. 

¿Por qué no piensan en ellos? 

“No, no”, dicen, “mi primer deber es con mi propia casa”. 

Eso es también lo que dicen los chinos: 

“Mi primer deber es con mi casa”. 

Es lo que proclaman los ingleses, los alemanes, los italianos, es lo que sostienen todos los nacionalistas.

 Pero yo digo: 

No consideren el problema desde este punto de vista -no lo llamaré un punto de vista estrecho ni un punto de vista amplio-. 

Digo que consideren toda la causa del hambre en el mundo, no por qué carece de alimento suficiente un pueblo en particular. 

¿Qué es lo que da origen al hambre? 

La falta de un plan organizado para toda la humanidad. 

¿No es así? 

Hay alimento suficiente. 

Existen algunos métodos excelentes que pueden ser utilizados para la distribución de ropas y alimentos y para que el hombre no carezca de empleos. 

Hay bastante de todas las cosas. 

¿Qué es, entonces, lo que impide que la humanidad haga un uso inteligente de todas estas cosas? 

Las diferencias de clase, las diferencias nacionales, las diferencias religiosas y sectarias, todo eso impide la cooperación inteligente. 

En el fondo, cada uno de ustedes se esfuerza por ganar, está gobernado por el instinto de posesión. 

Por eso acumulan despiadadamente, legan sus posesiones a sus familias; y esto se ha vuelto un veneno para el mundo. 

En tanto exista este espíritu, ningún sistema inteligente podrá trabajar a satisfacción, porque no hay suficientes personas con inteligencia para utilizarlo prudentemente. 

Cuando ustedes hablan de nacionalismo, quieren decir:

 “Mi país, mi familia y yo primero”. 

Por medio del nacionalismo jamás podrán llegar a la unidad humana, a la unidad del mundo. 

El absurdo y la crueldad del nacionalismo están más allá de toda duda, pero los explotadores usan el nacionalismo para sus propios fines.

Aquéllos de ustedes que hablan de hermandad, en el fondo son, por lo general, nacionalistas.

 ¿Qué es lo que la hermandad significa, una idea o una realidad? ¿Cómo pueden ustedes tener realmente en sus corazones el sentimiento de un amor fraternal, cuando sostienen cierto conjunto de creencias dogmáticas, cuando tienen discriminaciones religiosas? 

Y eso es lo que están haciendo en sus diversas sociedades, en sus distintos grupos. 

¿Están actuando de acuerdo con el espíritu de hermandad cuando existen estas discriminaciones? ¿Cómo pueden conocer ese espíritu, cuando están condicionados por las diferencias de clase? ¿Cómo puede haber unidad o hermandad cuando cada uno piensa sólo desde el punto de vista de su familia, de su nacionalidad, de su dios? 

Mientras estén tratando de resolver meramente el problema inmediato -aquí, el problema del hambre en la India-, estarán enfrentados con dificultades insuperables. 

No hay proceso ni sistema ni revolución que puedan cambiar en el acto ese estado de cosas. 

Librarse del dominio inglés inmediatamente, o sustituir una burocracia blanca por una burocracia morena, no alimentará a los millones que mueren de hambre en la India. 

El hambre existirá en tanto haya explotación. 

Y ustedes, individualmente, con su anhelo de poder que crea las discriminaciones, con su deseo de seguridad personal tanto espiritual como física, están involucrados en esta explotación. 

Yo digo que, mientras el espíritu de explotación exista, siempre habrá hambre en el mundo. 

O, lo que puede ocurrir es esto: 

Tal, vez sean ustedes despiadadamente empujados a aceptar otro conjunto de ideas, a adoptar un nuevo orden social, les guste o no. 

Hoy en día es costumbre -que se reconoce como legítima- explotar, poseer y aumentar las posesiones, guardar, acumular, atesorar, heredar. 

Cuanto más tiene uno, mayor es su poder de explotación. 

En reconocimiento por sus posesiones, por su poder, el gobierno lo honra, le confiere títulos y monopolios, lo llama “Sir”, etc. 

Esto es lo que ocurre en la existencia material de ustedes, y en su así llamada vida espiritual existe exactamente la misma condición. 

Adquieren honores espirituales, títulos espirituales; ingresan en las distinciones espirituales de discípulos, Maestrosgurús

Existe la misma lucha por el poder, el mismo afán posesivo, la misma espantosa crueldad de la explotación mediante los sistemas religiosos y sus explotadores, los sacerdotes. 

Y esto se considera espiritual, moral. 

Ustedes son esclavos del sistema que existe en la actualidad. 

Ahora está surgiendo otro sistema, llamado comunista

Este sistema está haciendo inevitablemente su aparición porque aquéllos que poseen son tan inhumanos, tan despiadados en su explotación, que los que sienten lo cruel y horrible de esa explotación, tienen que encontrar algún modo de resistencia. 

Así, comienzan a despertar, a rebelarse y, a causa de que ustedes son tan inhumanos, los arrastrarán a ese sistema de pensamiento. (Risas). 

No, no se rían. 

Ustedes no se dan cuenta de la espantosa crueldad generada por sus mezquinos sistemas de posesión. Un nuevo sistema está llegando y, les guste o no, serán despojados de sus posesiones y conducidos como ovejas hacia la no posesión, tal como ahora se los conduce hacia la posesión. 

En ese sistema, el honor es para aquéllos que son no posesivos. 

Ustedes serán los esclavos de ese nuevo sistema, tal como son esclavos del viejo. 

Uno de ellos los obliga a poseer, el otro a no poseer. 

Tal vez el nuevo sistema beneficiará a las multitudes, a las masas populares, pero si a ustedes se los obliga, individualmente, a aceptarlo, entonces llega a su fin el pensamiento creativo. 

Digo, pues, que actúen voluntariamente, comprensivamente. 

Estén libres tanto de la posesión como de su opuesto, la no posesión. 

Pero ustedes han perdido por completo el significado del verdadero sentir. 

Por eso están luchando por el nacionalismo; sin embargo, no les interesan las numerosas implicaciones del nacionalismo. 

Cuando están ocupados con las diferencias de clase, cuando luchan por conservar lo que tienen, de hecho son explotados individual y colectivamente, y esta explotación conducirá inevitablemente a la guerra. 

¿Acaso eso no es hoy llamativamente obvio en Europa? 

Cada nación continúa amontonando armamentos y, no obstante, habla de paz y asiste a las conferencias de desarme. 

Ustedes están haciendo exactamente lo mismo de una manera diferente. 

Hablan acerca de la hermandad y, no obstante, se aferran a las diferencias de casta, los dividen los prejuicios religiosos, y las costumbres sociales se han convertido en crueles barreras. 

La unidad del hombre es siempre destruida por sus creencias, sus ideales y prejuicios. 

¿Cómo pueden hablar de hermandad cuando no la sienten en sus corazones, cuando sus acciones se oponen a la unidad del hombre, cuando están persiguiendo constantemente la propia expansión y glorificación personal? 

Si no estuvieran persiguiendo sus propios objetivos egoístas, ¿creen que pertenecerían a organizaciones que les prometen recompensas espirituales y temporales? 

Eso es lo que sus religiones, sus grupos selectos, sus gobiernos están haciendo, y ustedes pertenecen a unos y a otros para su propia expansión y glorificación personal. 

Si enfocan con inteligencia toda esta cuestión del nacionalismo, si le dedican real reflexión y, por lo tanto, actúan correctamente al respecto, podrán crear una unidad mundial que será la única solución para el problema inmediato del hambre. 

Pero es difícil que piensen en estos términos, porque durante años han sido adiestrados para pensar conforme a la rutina nacionalista. 

Sus historias, sus revistas, sus periódicos acentúan todos el nacionalismo. 

Están adiestrados por sus explotadores políticos para no escuchar a alguien que llama al nacionalismo una enfermedad, que dice que no es un medio que conduzca a la unidad mundial. 

Pero ustedes no deben separar el medio del fin; el fin está directamente relacionado con el medio, no es distinto de él. 

El fin es la unidad mundial, un plan organizado para la totalidad de los seres humanos, aunque esto no significa un igualamiento de la individualidad. 

Sin embargo, tendrá lugar un igualamiento mecánico y carente de vida, si no actúan voluntariamente, con inteligencia. 

Me pregunto cuántos de ustedes sienten la urgencia, la necesidad de estas cosas. 

El fin es la unidad humana, de la cual hablan tanto, pero sólo hablan sin desear una acción inteligente; no sienten eso y sus acciones niegan sus palabras. 

El fin es la unidad humana, una planificación organizada para el hombre como totalidad, no para su condicionamiento. 

El propósito no es obligar al hombre a que piense en ninguna dirección particular, sino ayudarlo a ser inteligente de modo que pueda actuar con plenitud, con creatividad. 

Pero tiene que haber una planificación organizada para el bienestar del hombre, y eso podrá producirse sólo cuando el nacionalismo y las diferencias de clase con su explotación, ya no existan más. 

Señores, ¿cuántos de ustedes sienten la gran necesidad de una acción semejante? 

Soy bien consciente de su actitud: 

“Millones mueren de hambre en la India”, dicen, ¿no es importante abordar de inmediato ese problema?” 

Pero, ¿qué es lo que ustedes hacen incluso con respecto a eso? 

Hablan acerca de hacer algo, pero lo que en realidad hacen es argüir y debatir cómo se organizarán sus planes, qué sistemas se adoptarán y quién será el líder que los dirija. 

Eso está en sus corazones. 

No se interesan realmente en los millones que mueren de hambre en todo el mundo. 

Por eso hablan de nacionalismo. 

Si trataran el problema como una totalidad, si realmente sintieran a la humanidad en su conjunto, entonces verían la inmensa necesidad de una acción completa, la cual sólo podrá tener lugar cuando dejen de hablar en términos de nacionalidades, de clases, de religiones. 

Pregunta: 

¿Está usted todavía categóricamente inclinado a negar que es el genuino producto de la cultura teosófica?

KRISHNAMURTI:

 ¿Qué entiende usted por cultura teosófica? 

Vea cómo esta cuestión se relaciona con la anterior del nacionalismo. 

Usted pregunta: 

“¿Acaso no lo han educado nuestra sociedad, nuestra religión, nuestro país?” 

Y a esto sigue la otra pregunta:

 “¿Por qué es usted ingrato con nosotros?” 

La inteligencia no es el producto de ninguna sociedad, aunque sé que las sociedades y los grupos gustan de explotarla. 

Si yo estuviera de acuerdo con que soy “el genuino producto de la cultura teosófica” -cualquier cosa que eso pueda significar-, ustedes dirían:

 “¡Vean qué hombre maravilloso es! 

Nosotros lo hemos producido; así que nos sigue a nosotros y a nuestras ideas”. 

(Risas). 

Sé que estoy exponiendo esto crudamente, pero así es como piensan muchos de ustedes. 

No se rían. 

Se ríen con demasiada facilidad, se ríen superficialmente, mostrando que no sienten de una manera vital. 

Quiero que consideren por qué me formulan esta pregunta, no si soy o no soy el resultado de la cultura teosófica. 

La cultura es universal. 

La verdadera cultura es infinita; no pertenece a ninguna sociedad, a ninguna nación, a ninguna religión.

 Un verdadero artista no es, como tal, hindú ni cristiano, americano o inglés, porque un artista condicionado por la tradición o por el nacionalismo, no es un verdadero artista. 

Así que no discutamos si soy el resultado de la cultura teosófica o si no lo soy. 

Consideremos por qué formulan esta pregunta. 

Eso es más importante. 

A causa de que ustedes se aferran a sus creencias particulares, dicen que su camino es el único camino, que es mejor que todos los otros caminos. 

Pero yo digo que no hay camino que conduzca hacia la verdad. 

Sólo cuando estemos libres de esta idea de los senderos, que no son sino ilusiones temperamentales, comenzaremos a pensar de manera inteligente y creativa.

Ahora bien, yo no ataco a la sociedad de ustedes. 

Han sido bastante amables al invitarme a hablar aquí, y no estoy abusando de esa amabilidad. 

La sociedad de ustedes es como miles de otras sociedades en todo el mundo, cada una sosteniendo sus propias creencias, cada una pensando:

 “El nuestro es el mejor camino; nuestra creencia es verdadera y las otras creencias están equivocadas”.

 En tiempos antiguos, a las personas cuyas creencias diferían de la ortodoxia aceptada, se las quemaba o torturaba. 

Hoy nos hemos vuelto lo que llamamos tolerantes, o sea, nos hemos intelectualizado. 

Eso es lo que viene a ser la tolerancia. 

Ustedes me formulan esta pregunta porque quieren convencerse a sí mismos de que su cultura, su creencia son las mejores; desean atraer a otros hacia esa creencia, hacia esa cultura. 

Hoy Alemania sostiene que habrá un país compuesto sólo de gente nórdica, que no habrá más que una cultura. 

Ustedes dicen exactamente lo mismo, de una manera diferente. 

Dicen: “Nuestras creencias resolverán los problemas del mundo”. Y eso es lo que dicen los budistas y los mahometanos, es lo que dicen los católicos romanos y otros:

 “Nuestras creencias son las mejores; nuestra institución es la más preciosa”. 

Cada secta y cada grupo creen en su propia superioridad, y de tales creencias surgen los cismas, las disputas y guerras religiosas sobre cosas que no importan un comino. 

Para un hombre que vive de manera plena, completa, para un hombre verdaderamente culto, las creencias son innecesarias. 

Él es creativo. 

Es auténticamente creativo, y esa creatividad no es el resultado de una reacción a alguna creencia. 

El hombre culto de verdad es inteligente. 

En él no hay separación alguna entre su pensamiento y su emoción; por lo tanto, sus acciones son completas, armoniosas. 

La verdadera cultura no es nacionalista ni pertenece a grupo alguno. 

Cuando comprendan esto, existirá el verdadero espíritu de hermandad; nadie pensará en términos de catolicismo romano o de protestantismo, en términos de hinduismo o de teosofía. 

Pero ustedes están tan conscientes de sus posesiones y de su lucha por adquirir más y más, que dan origen a las discriminaciones, y de éstas surgen el explotador y el explotado. 

Algunos de ustedes, lo sé, han cerrado sus mentes contra lo que estoy diciendo y lo que voy a decir. 

Es obvio por sus rostros. 

Comentario: 

Dudamos de usted, eso es todo.

 KRISHNAMURTI: 

Es perfectamente correcto que duden de mí. 

Me alegra si dudan. 

Pero ustedes no dudan. 

Si de verdad dudaran, ¿cómo pueden formularme una pregunta como ésta, si soy o no soy el resultado de la cultura teosófica? 

El pensamiento no es para que se lo condicione, para que se lo moldee; no obstante, sé que es esto lo que está ocurriendo. 

Pero, por cierto, ustedes no pueden aceptar las cosas como son. 

Aceptan sólo cuando se sienten satisfechos, contentos. 

No aceptan cuando están sufriendo. 

Cuando sufren empiezan a cuestionar. 

En consecuencia, ¿por qué no deberían dudar? ¿No los he invitado desde el principio a examinar las cosas, a poner en tela de juicio todo lo que digo, de modo que puedan llegar a ser seres humanos inteligentes, afectuosos? ¿Han llegado a esa inteligente comprensión de la vida? 

Les pido que cuestionen, que duden, no sólo de lo que estoy diciendo, sino también de los valores pasados y de aquéllos en que están atrapados actualmente. 

La duda produce una comprensión perdurable; la duda no es un fin en sí misma. 

Lo verdadero se revela sólo a través de la duda, cuestionando las numerosas ilusiones, los valores tradicionales, los ideales. 

¿Están haciendo eso? 

Si saben que esto es lo que están haciendo sinceramente, entonces también conocerán el significado perdurable de la duda. 

El corazón y la mente, ¿se están liberando del afán posesivo? 

Si ustedes estuvieran verdaderamente despiertos a la sabiduría de la duda, el instinto de adquisición debería destruirse completamente, porque ese instinto es la causa de mucha desdicha. 

En él no hay amor, sino sólo caos, conflicto, dolor. 

Si dudan verdaderamente, percibirán la falsedad del instinto de posesión.

Si son críticos, si cuestionan, ¿por qué se aferran a las ceremonias? 

No comparan una ceremonia con otra a fin de decidir cuál es la mejor; antes bien, descubran si las ceremonias son útiles en absoluto. 

Si ustedes dicen: 

“Las ceremonias que practico son muy satisfactorias para mí”, entonces no tengo nada más que decir. Su afirmación demuestra meramente que no conocen la duda. 

Sólo se interesan en estar satisfechos. 

Las ceremonias separan a la gente, y cada uno de los que creen en ellas dice: 

“Las mías son las mejores; tienen más poder espiritual que las otras”. 

Esto es lo que sostienen los miembros de todas las religiones, de todas las sectas o sociedades religiosas, y sobre estas distinciones artificiales ha habido disputas durante generaciones. 

Estas ceremonias y otras barreras irreflexivas semejantes han separado al hombre del hombre. 

¿Puedo decir algo más? 

Si ustedes dudan, o sea, si desean intensamente descubrir, deben soltar esas cosas a las que tan profundamente se aferran. 

No puede haber verdadera comprensión si conservan las que tienen. 

No pueden decir:

 “Me aferraré a este prejuicio, a esta creencia, a esta ceremonia y, al mismo tiempo, examinaré lo que usted dice”. 

¿Cómo podrían hacerlo? 

Una actitud así no es de duda, no es de inteligente espíritu crítico. 

Demuestra que están buscando meramente un sustituto. 

Trato de ayudarlos a que comprendan verdaderamente la plenitud de la vida. 

No les pido que me sigan. 

Si están satisfechos con su vida tal como es, entonces continúen con ella. 

Pero si no lo están, entonces pongan a prueba lo que digo. 

No lo acepten, sino empiecen por ser inteligentemente críticos. 

Para vivir de un modo completo, tienen que estar libres de las corrupciones, de las ilusiones en que se hallan presos. 

Para descubrir el profundo significado de la ceremonia, deben examinarla críticamente, objetivamente, y para hacerlo no tienen que estar seducidos por ella ni enredados en ella. 

Esto es obvio, por cierto. 

Examinen tanto la práctica como la no práctica de las ceremonias. 

Duden, cuestionen, reflexionen profundamente sobre esto. 

Cuando comiencen a despojarse del pasado, crearán dentro de ustedes un conflicto y, de ese conflicto, tiene que surgir una acción nacida de la comprensión. 

Ahora tienen miedo de soltar, porque ese acto de despojo traerá disturbios; de ese acto podría surgir la decisión de que las ceremonias son inútiles, lo cual iría contra sus familias, sus amigos y sus propias afirmaciones del pasado. 

Hay miedo detrás de todo esto, por eso sólo dudan intelectualmente. 

Son como el hombre que se aferra a todas sus posesiones, a sus ideas, a sus creencias, a su familia y, no obstante, habla de la no posesión. 

Su pensamiento no tiene nada que ver con sus actos.

 Su vida es hipócrita.

Por favor, no piensen que hablo con dureza, no es así. 

Pero tampoco voy a ponerme sentimental o emocional a fin de provocarlos a la acción. 

De hecho, no estoy interesado en provocarlos a la acción; lo harán ustedes mismos cuando comprendan. Lo que me interesa es mostrarles lo que está ocurriendo en el mundo. 

Quiero incitarlos a que vean la crueldad, la opresión espantosa, la explotación que los rodea. 

La religión, la política, la sociedad, los están explotando y los condicionan; ustedes están siendo forzados en una dirección particular. 

No son seres humanos, son meras piezas de una máquina. 

Sufren pacientemente, se someten a las crueldades del medio, aun cuando ustedes, individualmente, tienen las posibilidades de cambiar todo eso. 

Señores, es tiempo de actuar. 

Pero la acción no puede tener lugar mediante el mero razonamiento y las discusiones. 

La acción tiene lugar sólo cuando sienten intensamente. 

La verdadera acción ocurre sólo cuando sus pensamientos y sentimientos se vinculan armoniosamente entre sí. 

Pero han divorciado sus sentimientos de sus pensamientos porque, a causa de su armonía, la acción resultante tiene que crear conflicto, y ustedes no están dispuestos a afrontarlo. 

Pero yo les digo que se liberen de los valores falsos de la sociedad, de las tradiciones; vivan individualmente de un modo completo. 

Por individualmente no quiero decir de una manera individualista. 

Cuando hablo de la individualidad, entiendo por ella la comprensión de los valores genuinos, la cual los libera de la maquinaria social y religiosa que los está destruyendo. 

Para ser auténticamente individual, la acción debe nacer de la inteligencia creativa; esto implica ausencia de temor y no estar presos en ninguna ilusión. 

Ustedes pueden hacer esto. 

Podrán vivir de un modo completo -no sólo ustedes, sino las personas cercanas a ustedes- cuando se vuelvan creativamente inteligentes. 

Pero ahora están empeñados en la ganancia, buscando siempre el poder. 

Son impulsados por tentaciones, por creencias, por sustitutos. 

En este no hay felicidad, no hay inteligencia creativa, no hay verdad. 

30 de diciembre de 1933