ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN - Domingo, 7 de julio -

 Primera plática 

Domingo, 7 de Julio 

Uno quisiera señalar -si se le permite- que ésta es una reunión de gente seria que se interesa en la vida cotidiana. No estamos de ninguna manera interesados en creencias ideologías, suposiciones, conclusiones teóricas o conceptos teológicos, ni tratamos de fundar una secta, un grupo de personas que sigan a alguien. No somos frívolos -así lo espero- sino que más bien nos preocupamos juntos por lo que está sucediendo en el mundo -todas las tragedias, la completa desdicha, la pobreza- y nuestra responsabilidad hacia ello. Uno también quisiera señalar, si le es permitido, que ustedes y yo, quien les habla, estamos caminando, viajando juntos, no en un avión a 30.000 o 40.000 pies de altura, sino que paseamos por un camino tranquilo, un largo camino interminable por todo el mundo, donde uno ve terrorismo espantoso, matanza de personas sin propósito alguno, amenazas, secuestros, asaltos, asesinatos, guerras. Eso no parece importarnos demasiado. Solamente cuando ocurre muy cerca de nosotros nos preocupamos, nos inquietamos, sentimos miedo. Cuando sucede muy lejos de nosotros, nos mostramos más indiferentes. Esto es lo que está ocurriendo en el mundo -división económica, división política, y todas las divisiones religiosas, sectarias. Hay muchísimo riesgo, muchísimo peligro. Uno no sabe qué va a ocurrir en el futuro, no sólo con nuestra propia vida sino con la de nuestros hijos y la de nuestros nietos. Todo el mundo se encuentra en un gran estado de crisis, y la crisis no sólo está afuera sino también dentro de cada uno de nosotros. De modo que si somos por completo conscientes de todo esto, ¿cuál es la responsabilidad que en ello tiene cada uno de nosotros? Tenemos que habernos formulado esta pregunta con bastante frecuencia. ¿Qué es lo que hemos de hacer? ¿Por dónde tiene uno que empezar? ¿Qué debe hacer cada uno de nosotros al enfrentarse a esta terrible sociedad en que vivimos, una sociedad en la que cada cual se interesa sólo en sí mismo, en su propia realización, en su propia desdicha, en sus luchas económicas, etc., etc., etc. Cada uno de nosotros se interesa solamente en sí mismo. ¿Qué hemos de hacer? ¿Imploraremos a Dios -repitiendo plegarias una y otra y otra vez? ¿O habremos de pertenecer a alguna secta, o seguiremos a algún gurú, o escaparemos del mundo vistiendo algún traje medieval o ropas modernas de un color peculiar? ¿Podemos de modo alguno apartarnos del mundo, como los monjes? Al ver todo esto, al observarlo íntimamente -no como algo sobre lo cual uno ha leído en los diarios, o que le ha sido relatado por los periodistas, las novelas, la televisión- ¿cuál es el papel, la responsabilidad que en ello tiene cada uno de nosotros? Como dijimos, no estamos tratando de entretenerles o decirles lo que deben hacer -lo que cada uno de nosotros debe hacer. Hemos tenido líderes a granel, líderes políticos, económicos, religiosos, sectarios, y ellos han sido completamente inútiles; tienen sus propias teorías, hacen lo que quieren, y hay miles de personas que los siguen en todo el mundo. Poseen realmente riquezas enormes (no sólo la riqueza de la iglesia católica romana, sino también la riqueza de los gurús). Todo ello viene a parar en el dinero. Por lo tanto, si a uno le es permitido preguntarlo: ¿Qué haremos ustedes y yo juntos? ¿O qué hará cada uno de nosotros como ser humano? ¿Nos interesa en absoluto todo esto o estamos buscando alguna satisfacción particular, alguna gratificación para nosotros mismos? ¿Estamos comprometidos con cierto símbolo -religioso o de otra clase- y nos aferramos a él, esperando que lo que se encuentra tras de ese símbolo nos ayude? Ésta es una pregunta muy seria. Y se está volviendo mucho más seria ahora, porque hay amenaza de guerra y, por tanto, una incertidumbre total. ¿Puedo, puede quien les habla, informarles acerca de una conversación que él ha tenido con un Sr. X, la cual continuó por varios días? El Sr. X le contó a quien les habla, que ha viajado por casi todo el mundo. Es bastante instruido, ha estado en diversas organizaciones, incorporándose algunas veces a ellas y abandonándolas apresuradamente. Ha seguido a uno que otro gurú y renunció a ellos. Y por unas cuantas semanas trató de convertirse en monje y también desistió de eso. Y miró los diversos partidos políticos, todo el espectro de las actividades políticas, y al final dijo: «He venido a hablar con usted. Me gustaría que tuviéramos una conversación, pero al mismo nivel en que yo estoy, no en el que se supone que está usted. Yo no conozco su verdadera posición o lo que usted es, aunque algo he leído al respecto». ¿Puedo continuar con esta conversación? ¿Les interesa? Y él prosiguió: «Discutamos las cosas juntos usted y yo, como dos amigos -como dos amigos que han vivido juntos en el mundo y han pasado por toda clase de afanes. ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué el hombre ha nacido así? ¿Por qué después de muchos, muchos, muchos milenios ha llegado a ser lo que es ahora -sufriente, ansioso, solitario, desesperado con la enfermedad, con la muerte; y siempre los dioses por ahí, en alguna parte? Olvidémoslo todo acerca de esos dioses y hablemos juntos como dos seres humanos que viven en este mundo, en este país maravilloso, en esta tierra que es tan bella, que es la madre de todas las cosas». Y así este Sr. X mostró algo de sus pensamientos íntimos, de sus actividades externas. Y dijo: «¿Qué significa todo esto? ¿Por qué los seres humanos, que son tan refinados, tan educados, que se han vuelto expertos en tecnología, que pueden inventar dioses y diosas y todo lo demás -por qué los seres humanos están en perpetuo conflicto en todo el mundo, en conflicto con el ambiente, con los gobiernos que ellos mismos han elegido, o con algún dogma inventado por antiguos sacerdotes? ¿Por qué cada ser humano, desde el momento que nace hasta que muere, vive en este conflicto?» Ésta fue la primera pregunta que formuló el Sr. X. ¿Por qué? ¿Cuál es la causa de este conflicto, no sólo en lo externo sino también muy profundamente en lo interno, en lo subjetivo, bajo la piel, por decirlo así? ¿Por qué el hombre está en conflicto? Siglos antes del cristianismo, las religiones han hablado interminablemente acerca de la paz -«sé pacífico, sé tranquilo, sé gentil, generoso, afectuoso, amable». A pesar de su propaganda, este conflicto continúa. ¿Existe una respuesta a esta pregunta, una respuesta final, irrefutable? O sea, ¿pueden los seres humanos en este mundo, viviendo su existencia cotidiana, yendo a la oficina, manejando una casa, con el sexo, los hijos y todo eso, y también con esta búsqueda, con este anhelo de algo más que las cosas materiales de la vida -pueden terminar con el conflicto? Este interrogante, ¿puede ser resuelto alguna vez? Aparentemente, el hombre no lo ha resuelto aunque, como ser humano, ha vivido en esta tierra por tantos millones de años. «Hemos adquirido una experiencia tremenda», le estaba diciendo el Sr. X a quien les habla. «Hemos acumulado muchísimo conocimiento; hemos reunido una inmensa cantidad de información tecnológica, pero internamente seguimos siendo bárbaros, tratando de matarnos unos a otros, de competir unos con otros, de destruirnos mutuamente». De modo que el Sr. X recorrió todo ese camino, una larga distancia en ómnibus, en tren y en avión. Y dijo: «Responda a esta pregunta: ¿Existe una causa para este conflicto? Y si existe una causa, descubramos entonces cuál es la causa. No se trata de que usted me guíe o me diga qué debo hacer y yo acepte eso, ni que me ponga a pensar al respecto y llegue a alguna clase de conclusión propia, sino que juntos, como dos seres humanos -no uno sentado en una plataforma y el otro sentado abajo- sino juntos como dos seres humanos que han pasado por muchísimas cosas en la vida, la desesperación, la ansiedad, la incertidumbre, el desear amor y no encontrarlo, o el amar y no satisfacerse con eso, siempre apremiando, apremiando, siempre deseando lograr algo, ya sea el cielo o la iluminación o el esclarecimiento, o deseando llegar a ser multimillonarios (que es más o menos la misma cosa), jamás contentos, sin saber nunca qué es la paz, sin sentarnos nunca quietamente bajo un árbol mirando las montañas, los ríos, la brizna de hierba y la belleza de la tierra y de la luz del sol, o la gloria de un temprano amanecer -dos seres humanos que se preguntan si existe una causa para este conflicto». Así que el Sr. X le dijo a quien les habla: Hablemos, cuestionémonos el uno al otro, sin aceptar jamás lo que el otro dice. Yo no aceptaré nada de usted, ni usted aceptará nada de mí. Estamos en el mismo nivel. Usted puede ser muy inteligente, puede tener una reputación -que es una tontería- puede haber recorrido la tierra o cierta parte de la tierra, pero todo eso no cuenta, no tiene valor». Con lo cual quien les habla estuvo sinceramente de acuerdo. «Exploremos, pues, esta maldición que el hombre ha soportado desde el principio del tiempo: por qué el hombre -que incluye, desde luego, a la mujer- vive de esta manera; por qué el hombre está en conflicto en sus propias relaciones íntimas, sexualmente, en familia -toda la red del conflicto». El Sr. X volvió al día siguiente y continuamos. El día era hermoso. Nos sentamos en la terraza mirando desde lo alto el valle con las grandes montañas coronadas de nieve alrededor de nosotros, con los valles maravillosos, y el bello cielo azul celeste, y el sol relumbrando sobre las hojas, sobre la tierra moteada. Todo parecía tan extraordinariamente vivo palpitante, lleno de energía. Estábamos ahí, él y quien les habla, observando esta gran belleza sin participar jamás de la belleza, siempre observándola, nunca sintiendo la belleza con la totalidad del corazón y de la mente, nunca siendo completamente sensibles a toda la gloria de la tierra. Él dijo: «No hablaremos de la belleza, eso le incumbe a usted, usted me hablará de ella». Uno respondió que lo haría un poco más tarde. «Primero exploremos juntos esta cuestión del conflicto. La pregunta es: ¿Acaso los seres humanos tienen que tolerar el conflicto, acostumbrarse a él, soportarlo sin ser jamás, jamás capaces de desecharlo completamente, de tal manera que sus cerebros puedan funcionar como es debido, completamente desembarazados, completamente libres, no programados, no condicionados?» De modo que ahora el que les habla les formula esta pregunta a ustedes. Nosotros también hemos discutido, considerado, debatido este punto: ¿Cuál es la causa del conflicto? Estamos viajando juntos; no es cuestión de que me lo digan ni que yo se lo diga a ustedes. ¿Cuál es la causa del conflicto? En todas partes hay lucha. Ustedes podrían decir que la lucha existe en la naturaleza, que el animal grande vive del animal más pequeño, etcétera. Que en el bosque el árbol pequeño lucha por la luz con los árboles gigantes. Podrían decir que en toda la tierra, en la naturaleza, hay conflicto, que se desarrolla alguna clase de lucha. Y entonces, ¿por qué eso mismo no debería ocurrir también con nosotros, puesto que somos parte de la naturaleza? Lo que los seres humanos llaman conflicto, puede que no lo sea en el mundo externo; puede ser el modo más normal en que la naturaleza actúa -el halcón, el águila matan al conejo, los osos matan al salmón, el tigre o el chita matan rápidamente a algún otro animal; en la naturaleza el matar, matar y matar prosigue incesantemente, y uno podría decir que nosotros formamos parte de la naturaleza y que, por lo tanto, es inevitable que estemos en constante lucha. Si uno acepta que eso es natural, inevitable, no hay nada más que decir al respecto; si decimos que es natural seguiremos actuando de ese modo porque formamos parte de toda la tierra. Pero si comenzamos a cuestionar eso, entonces, ¿dónde nos encontramos? ¿Están ustedes dispuestos a descubrirlo, puesto que se supone que somos un poco más activos, más inteligentes que los árboles, los tigres, los elefantes? (afortunadamente los elefantes no matan demasiadas cosas, pero destruyen los árboles). De modo que, si uno no acepta el conflicto como el estilo natural de vida, ¿qué es lo que ha de hacer? ¿Por dónde ha de comenzar uno a fin de comprender el movimiento total del conflicto? ¿Cómo ha de tentar el camino en todo esto? Quien les habla le dijo al Sr. X que una manera de hacerlo es analizar muy cuidadosamente, uno tras otro, todos los factores del conflicto -ya sea mediante el autoanálisis o siendo analizado por algún otro, o aceptando el consejo de profesores, filósofos y psicólogos. Pero el análisis, ¿contribuirá al descubrimiento de la causa, aunque pueda llevarlo a uno a ciertas conclusiones intelectuales? O, ¿puede uno reunir todos los factores intelectuales y ver la totalidad? ¿Es eso posible? ¿O hay un modo diferente de abordar el problema? Me pregunto si el Sr. X comprende lo que se está diciendo. Quien habla está diciéndole al Sr. X que el análisis implica un analizador -¿correcto? Por lo tanto, existen un analizador y lo analizado, el sujeto y el objeto. ¿Existe en uno mismo esa diferencia entre el sujeto y el objeto? Ésa es una pregunta que quien les habla le formula al Sr. X. Ustedes son el Sr. X. Al analizador lo han estimulado a través de la educación, del condicionamiento, de la programación, para creer que él -el analizador- es por completo diferente de aquello que analiza. Pero quien les habla dice: «Voy a cuestionar toda esta actitud hacia el análisis». Dice: «Yo no acepto lo que afirman acerca del análisis los profesionales, incluyendo esas personas que proceden de Viena o los recientes psicólogos norteamericanos». Quien habla le dice al Sr. X: «Yo no acepto nada de eso. Lo cuestiono, cuestiono no sólo la actividad del análisis sino al analizador. Si uno puede comprender primeramente al analizador, ¿qué necesidad hay, entonces, de análisis?» ¿Comprenden, señores? ¿Voy demasiado rápido? ¿Podemos investigar esto juntos? Yo me analizo a mí mismo. He sido iracundo, o codicioso, o sexual -lo que fuere. Y al analizar eso, o sea, al dividirlo y observarlo minuciosamente, paso a paso, ¿quién es el observador? ¿Acaso el observador, el analizador, no es todos los recuerdos acumulados? Él está condicionado por la experiencia, por sus conocimientos, por su modo de considerar la vida, por sus tendencias particulares, por sus prejuicios, por su programación religiosa; todo esto es el pasado, todo esto es el trasfondo de su vida desde la infancia. Él es el observador, él es el analizador; ya sea que ese trasfondo incluya o no la memoria comunal, la memoria racial, la conciencia racial, él es el observador. Y entonces el observador divide eso en el observador y lo observado, de modo tal que la división misma crea conflicto en el análisis. ¿Estamos juntos? Ustedes son el Sr. X, yo soy el que le habla. ¿Estamos haciendo juntos el mismo viaje? Quien habla dice que, en el momento que existe una división entre el analizador y lo analizado, tiene que haber, inevitablemente, conflicto de alguna clase; puede ser sutil, ilusorio, sin sentido, pero es un conflicto -vencer, conquistar, reprimir, trascender, que son todos esfuerzos en mayor o menor grado. Uno descubre así que donde hay división entre los suizos y los alemanes, entre los franceses y los ingleses, entre mí y usted, entre nosotros y ellos -donde hay división tiene que haber conflicto. No es que no exista la división; los ricos son muy poderosos. Pero si creamos una división subjetivamente -yo pertenezco a esto y usted pertenece a aquello, yo soy católico, usted es protestante, yo soy judío y usted es árabe- entonces hay conflicto. Así, dondequiera que haya división entre dos personas, entre el hombre y la mujer, entre Dios y la tierra, entre ‘lo que debería ser’ y ‘lo que es’ -me pregunto si el Sr. X está siguiendo todo esto, no sólo verbalmente, intelectualmente (lo cual no tiene sentido) sino con el corazón, con todo su ser, con toda su vitalidad, energía y pasión- donde hay división hay conflicto. Uno comienza, pues, a descubrir la raíz del conflicto. ¿Es posible para un ser humano que vive en un mundo moderno, que va a un empleo, que se gana la vida (los negocios allá, la familia aquí, agresivo en los negocios y sumiso con su mujer)- es posible para él vivir de modo tal que su vida no se vuelva una contradicción? ¿Puede terminar esa contradicción? Si no, uno vivirá en conflicto, se convertirá en un hipócrita. Si a uno le gusta ser un hipócrita, está bien, que lo sea; pero si uno quiere vivir honestamente -lo cual es absolutamente necesario- vivir con una grande y austera honestidad, no hacia alguien, no hacia el propio país, o hacia el propio ideal, sino decir exactamente lo que uno quiere decir y querer decir lo que uno dice, no lo que otros han dicho y uno repite, y no creer en algo y hacer completamente lo contrario, lo cual no es honesto -si uno desea vivir muy honestamente, no tiene que haber contradicción. Todos hablan de la paz. Todos los gobiernos, todas las religiones y todos los predicadores -inclusive quien les habla- hablan de la paz. Y vivir pacíficamente exige tremenda honestidad e inteligencia. ¿Es posible, entonces, viviendo en el siglo veinte, vivir ante todo internamente, ante todo psicológicamente, subjetivamente, sin que haya dentro de uno ningún tipo de división? Por favor, inquieran, examinen, averígüenlo con pasión. La pasión no incluye el fanatismo, la pasión no exige martirio. No es algo a lo cual uno está tan apegado que ese apego mismo le da a uno la pasión -¿comprenden? Eso no es pasión, es estar atados a algo que nos da el sentimiento de pasión, la energía, como un burro atado a un poste; puede dar vueltas y vueltas y vueltas, pero sigue retenido ahí. ¿Pueden, pues, el Sr. X y quien les habla, sin decirse el uno al otro lo que deben hacer, descubrir por sí mismos con total honestidad, sin ningún sentido de engaño o de ilusión, si es posible vivir en este mundo -en el cual ustedes conocen todos los horrores que suceden- vivir sin conflicto, sin división alguna? No se duerman, por favor, es demasiado temprano en la mañana. Si se les pregunta esto -ustedes son el Sr. X- ¿cuál sería la respuesta interna de ustedes? Si son suizos, o hindúes, o musulmanes, o si van detrás de alguna camarilla o de algún grupo, o si son los seguidores de algún gurú, ¿no tendrían que abandonar todo eso completamente? Uno puede tener un pasaporte, suizo o lo que fuere (quien les habla tiene un pasaporte indio pero él no es un indio -en la India no les gusta eso, pero les hemos dicho varias veces que no pertenecemos a ningún culto, a ningún gurú, a nada). Ustedes van a encontrar esto terriblemente difícil. Al final de ello se quedan solos, pero existe la comprensión, la percepción interna, el discernimiento con respecto a todo lo que es realmente absurdo. Pertenecer a algo, pertenecer a un grupo, pertenecer a alguna secta, puede proporcionarnos una satisfacción momentánea, pero todo eso llega a ser bastante aburrido, lastimoso y feo. ¿Puede uno, pues, no atarse a ninguna de estas cosas -incluyendo especialmente lo que está diciendo quien les habla? Extrañamente, el cerebro de cada uno de ustedes, aunque no es el cerebro de otro, es también el del otro -¿comprenden? Nuestro cerebro es como el cerebro de todos los otros seres humanos. Tiene una capacidad inmensa, una energía inmensa. Vean lo que se ha logrado en el campo tecnológico. Todos los científicos de EE.UU. están ahora ocupados con la guerra de las galaxias. No examinaremos todo eso. El cerebro posee esta energía extraordinaria si uno se concentra en algo, si pone su atención en algo. Ellos han puesto su atención en matar a otros seres humanos, y así es como surgió la bomba atómica. Nuestros cerebros no son ‘nuestros’, han evolucionado a lo largo de un gran período de tiempo, y en esa evolución hemos acumulado una cantidad tremenda de conocimientos, de experiencias, pero en todo eso hay muy poco de lo que se llama amor. Yo puedo amar a mi mujer, o a mis hijos, o a mi país. Mi país ha sido dividido geográficamente por el pensamiento, pero está en el mundo. El mundo en que uno vive, es el mundo en su totalidad. De modo que mi cerebro, que ha evolucionado a lo largo de un gran período de tiempo, ese cerebro con su conciencia no es ‘mío’, porque comparto mi conciencia con todos los demás seres humanos. El Sr. X dice: «He leído acerca de lo que usted ha dicho y no repito sus palabras sino que esto es lo que yo también siento. He visto, por dondequiera que haya estado, en todos los rincones de la tierra, que hay seres humanos que sufren dolor, ansiedad, una soledad desesperada, y así es como compartimos nuestra conciencia con todos los demás seres humanos». ¿Se dan ustedes cuenta de esto -no intelectualmente sino en realidad? Si sintiéramos verdaderamente esto entonces no habría división. Le pregunto al Sr. X: «¿Ve usted esta realidad, no un concepto de ella, no una idea de ella no la hermosa conclusión sino la realidad de ello? La realidad es diferente de la idea acerca de la realidad -¿correcto? Usted está sentado ahí, eso es real, pero yo puedo imaginar que usted está sentado ahí, lo cual es por completo diferente». De modo que nuestro cerebro, que es el centro de nuestra conciencia, con todas sus reacciones nerviosas y sus reacciones sensorias, que es el centro de todo nuestro conocimiento, de toda nuestra experiencia, de toda nuestra memoria (nuestra memoria puede ser distinta de la de otro, pero sigue siendo memoria; uno puede ser sumamente educado y el otro puede carecer en absoluto de educación, puede no saber siquiera leer y escribir, pero sigue siendo parte de la totalidad) -de modo que compartimos nuestra conciencia con todos los demás seres humanos de esta tierra. Por lo tanto, ustedes son toda la humanidad. ¿Comprenden, señores? Lo son en realidad, no teóricamente o teológicamente o a los ojos de Dios -¡es probable que los dioses no tengan ojos!- sino que en realidad exista este hecho extraño e irrevocable de que todos pasamos por el mismo molde: la misma ansiedad, la misma esperanza, el mismo miedo, la misma muerte, la misma soledad que trae consigo tal desesperación... De modo que somos la humanidad. Y cuando uno se da cuenta de eso profundamente, el conflicto con el otro toca a su fin, porque el otro es como uno mismo. Es acerca de esto, pues, que hemos hablado el Sr. X y K. Y también proseguimos hablando de otras cosas, puesto que él permaneció ahí por varios días. Pero primero establecimos una verdadera relación, que es tan necesaria cuando hay cualquier clase de discusión, cualquier clase de comunicación -no sólo verbal, porque las palabras no comunican profundamente lo que uno desea transmitir. Así que al final del segundo día dijimos: ¿Dónde nos encontramos? Usted, Sr. X y K, ¿dónde se encuentran en esto? ¿Hemos producido un cambio -no un cambio, el cambio implica tiempo (investigaremos esto en otra oportunidad)- o meramente hemos recogido cosas, como recogemos la cosecha? Nosotros sembramos -o sea, que ustedes han venido aquí, lo cual forma parte del sembrar, y han escuchado a K y al Sr. X; ¿qué han recogido? Recoger significa acumular. Ustedes han acumulado muchísima información -por favor, sigan esto, pronto terminaremos, no se duerman ni se pongan nerviosos. Han recogido muchísima información de los profesionales, de los psicólogos, de los psiquiatras -han recogido, recogido y recogido. El cerebro es como un imán: recoge. Y K le pregunta al Sr. X: «¿También usted ha estado recogiendo? Si lo ha hecho, entonces esto termina por ser como cualquier otra reunión». Así que K le pregunta al Sr. X: «¿Qué ha recogido usted? ¿O no ha recogido nada porque está libre de ello?» Por favor, si tienen paciencia presten atención a esto. ¿Alguna vez dejamos de recoger, de acumular? Para las cosas prácticas en la vida uno tiene que acumular, pero el arte de vivir llega cuando uno ve dónde el acumular no es necesario. Porque si estamos acumulando, nuestro cerebro jamás está libre, jamás está vacío -no investigaremos esta cuestión del vacío porque es un asunto por completo diferente. ¿Nos damos cuenta de que estamos acumulando, acumulando y acumulando, como acumulamos hábitos? Y cuando uno ha acumulado tanto, es muy difícil librarse de ello. Este acumular condiciona al cerebro. Habiendo nacido en la India, y pertenecido a cierto tipo de gente, a una tradición religiosa o muy, muy ortodoxa, uno ha acumulado todo eso. Y entonces librarse de todo eso requiere una investigación inmensa, muchísima exploración, observación vigilancia, atención. ¿Es, entonces, posible no acumular en absoluto? Por favor, consideren esto, no lo rechacen. Descubran. Uno tiene que acumular conocimientos para ir a su casa, para manejar un automóvil, para hablar un idioma extranjero, pero internamente, ¿es en absoluto necesario acumular? Iluminación no es acumulación. Por el contrario, es estar completamente libre de todo eso. Lo cual, después de todo, es amor, ¿verdad? Yo no amo a alguien porque lo haya ‘acumulado’ en mí. He quedado sexualmente satisfecho con esa persona, o ella es muy afable, o yo me siento solo y, por tanto, dependo de ella; entonces eso se convierte en un asunto comercial; entonces nos explotamos, nos utilizamos, nos traicionamos el uno al otro. Por cierto que eso no es amor, ¿verdad? El amor es la calidad de un cerebro que no acumula absolutamente nada, y entonces lo que diga será lo que ha descubierto, no lo que otras personas han dicho. Y en eso hay una pasión tremenda. No lujuria; pasión. Pero esa pasión no es fanatismo. No me convertiré súbitamente en un estricto vegetariano, ni dejaré de tocar la sal. Todos los fanáticos sienten pasión de alguna clase, pero se han vuelto violentos, propensos al martirio y cosas así. De modo que K le está pidiendo al Sr. X que averigüe si uno puede vivir sin acumular. Es algo que nadie puede decirles. Podemos explorarlo juntos, pero el hecho real de no acumular jamás, de que la memoria acumulada no opere nunca, es realmente muy sutil; requiere muchísima investigación. ¿Podemos detenernos ahora? Hemos hablado por una hora. Ustedes no, pero K ha hablado. Hemos establecido las bases para una comunicación mutua en la cual nadie es superior ni inferior, ni hay uno que sabe y uno que no sabe.

ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN - Prólogo -

 KRISHNAMURTI 

ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN 

Titulo del original en inglés: Last Talks at Saanen 1985

 Prólogo 

Este libro es una conmemoración de las últimas pláticas que Krishnamurti ofreció en Saanen, Suiza, después de veinticinco años de sostener ahí reuniones internacionales durante todos los veranos. Fue una coincidencia afortunada que Mark Edwards se encontrara ese verano en Saanen para fotografiar la reunión desde el comienzo, puesto que la decisión de Krishnamurti de no ofrecer más pláticas en ese lugar no fue anunciada sino hasta casi finalizar las actividades. La razón de que Krishnamurti desistiera de continuar con las reuniones de Saanen fue que, a los noventa años, sintió que debía limitar un poco sus viajes. Saanen, situado en el Oberland Bernés, es un hermoso pueblo que Krishnamurti vio por vez primera cuando en 1957 fue a hospedarse con un amigo en la vecina ciudad de Gstaad. Sin embargo, ya conocía bien Suiza gracias a las muchas visitas que hiciera a Villars a través de los años. Siempre había amado las montañas y los paisajes montañeses. En el verano de 1961, una amiga italiana alquiló para él una casa amueblada en Gstaad, el Chalet Tanneg, y por los siguientes veintitrés años Krishnamurti pasaría algunas semanas en esta misma casa de campo que era alquilada todos los veranos. (Fue sólo durante los dos últimos años, después de que Tanneg se vendiera, que él tuvo que encontrar otro alojamiento cerca de Saanen). Siempre llegaba a Tanneg anticipándose bastante al comienzo de las pláticas y permanecía por algún tiempo después de que éstas finalizaban. Durante el primer verano de 1961, se arregló para él una pequeña reunión en la Landhaus de Saanen (el Town Hall) que sólo daba cabida a unas 350 personas; sin embargo, en las pláticas que ofrecía ahí estuvieron representadas 19 nacionalidades diferentes. Se encontraba ese verano en Gstaad Aldous Huxley, un gran amigo a quien Krishnamurti había conocido por primera vez en California, el que acudió luego varias veces para oírle hablar. Al relatar la plática del 6 de agosto, Huxley escribió: «... estuvo entre las cosas más impresionantes que yo haya escuchado jamás. Era como escuchar un discurso del Buda -tal poder, tal autoridad intrínseca, tan inflexible rechazo a permitir al homme moyen sensuel (al hombre medio sensual) cualquier tipo de gurús, salvadores, führers (líderes), iglesias. “Yo les muestro el dolor y la terminación del dolor -y si ustedes no se deciden a satisfacer las condiciones para terminar con el dolor, estén preparados, cualesquiera sean los gurús, iglesias, etc. en que puedan creer, para la continuación del dolor”». Al año siguiente se organizó una reunión más grande en una carpa con cúpula geodésica inventada por Buckminster Fuller, el famoso arquitecto diseñador norteamericano. La carpa se levantó en la pista de aterrizaje de Saanen. En 1963, la misma carpa se levantó en el único terreno completamente llano de Saanen, apartado de la pista de aterrizaje que no había sido desmantelada. El río Saanen corre junto a este sitio de 1,75 acres y hay bosquecillos a ambos lados. Este terreno se compró en 1965 con fondos aportados para la labor de Krishnamurti y administrados por un comité legalmente constituido. De ahí en adelante todas las reuniones se efectuaron en este lugar. En 1968 se reemplazó la ya gastada carpa con cúpula, y desde entonces hubo un solo reemplazo más. La asistencia a estas reuniones de Saanen se fue incrementando año tras año. En la última reunión se apiñaron dentro de la carpa más de 3000 personas para las cinco pláticas y las tres sesiones de preguntas y respuestas ofrecidas por Krishnamurti. Estuvieron representadas casi todas las nacionalidades, una enorme variedad de tipos y una amplia gama de edades. Algunas personas vinieron meramente por un día; muchas más permanecieron durante toda la reunión. Las casas rodantes y los excursionistas fueron acomodados en el campamento municipal; otros alquilaron chalets o se alojaron en hoteles o en casas de huéspedes de Saanen y de pueblos vecinos. Algunos, que no podían afrontar los gastos de las casas de huéspedes, pernoctaron en dormitorios colectivos, ya sea en viejas escuelas en desuso o en edificios ocasionalmente utilizados por las fuerzas militares. A quienes lo deseaban, se les proporcionaba una comida caliente diaria a un costo mínimo, la cual se cocinaba en una cocina improvisada y se comía al aire libre. Las reuniones jamás hubieran podido realizarse de no ser por la voluntaria y generosa ayuda de tantas personas a lo largo de esos veinticinco años. En las últimas reuniones, las pláticas se grabaron en cinta magnetofónica y también en vídeo. Las cintas se transcribían inmediatamente y se entregaban copias a los traductores, quienes superponían las traducciones en una pista paralela existente en las grabaciones de vídeo, registrándolas también en cintas de audio. De este modo, al día siguiente no sólo estaban a la venta los videos y los casetes correspondientes a la plática del día anterior, en inglés, alemán, francés, italiano, holandés y español, sino que se exhibían videos en esos mismos idiomas. La última reunión de Saanen en 1985 fue bendecida con el hechizo de un tiempo realmente hermoso. En la primera sesión de preguntas y respuestas, después de que se anunciara que ésta sería la última reunión, Krishnamurti comenzó su discurso de una manera característica: «Se me dice que hay muchas personas que se sienten tristes por dejar definitivamente Saanen. Si uno está triste, es por el tiempo que hemos desaprovechado». Pero en su última reunión él habló con gran sentimiento: «Hemos tenido los días más maravillosos, hermosas mañanas, bellos atardeceres, largas sombras, profundos valles azules, un claro cielo celeste y la nieve. Nunca ha habido todo un verano como éste. Así es como las montañas, los valles, los árboles y el río, nos dicen adiós». 

Más Allá del Tiempo - Fin de estos diálogos - Última página -

 (Última página del Exterior)

 Por primera vez en lengua española, este libro contiene la versión magnetofónica fiel del diálogo sostenido por un filósofo (Krishnamurti) y un físico sobresaliente (David Bohm). Esta es la pregunta fundamental de este coloquio: “¿El rumbo que la humanidad tomó está equivocado y dio origen a interminable división, conflicto y destrucción?” A partir de allí resulta cada vez más viable explorar los temas expuestos y, en particular, los que nos dan una clave sobre la naturaleza del hombre y su relación con la sociedad. ¿Acaso el conflicto humano surge de la incapacidad del individuo para enfrentarse con lo que él es desde el punto de vista psicológico, y de la imposición de una meta ilusoria a la que debe tratar de llegar? Tal incapacidad tiene su raíz en las profundas divisiones que el pensamiento introdujo en la psique y, en especial, el que genera la experiencia del tiempo psicológico y del “yo”. Las restantes respuestas podrá ir descubriéndolas el lector a medida que compruebe, a lo largo de estas páginas, las descollantes dotes de dos hombres de nuestro tiempo, poseedores de enorme discernimiento, sabiduría y lucidez.

Más Allá del Tiempo - Diálogo 13°

 13 ¿Pueden ser resueltos los problemas personales, y terminar la fragmentación?

KRISHNAMURTI: Hemos cultivado una mente que puede resolver casi cualquier problema tecnológico. Pero, al parecer, los problemas humanos nunca han sido resueltos. Los seres humanos están ahogados por sus problemas: los problemas de la comunicación, del conocimiento, de las relaciones, los problemas del cielo y del infierno; todo el problema de la existencia humana se ha vuelto un inmenso y complejo problema. Y, aparentemente, ha sido igual a lo largo de toda la historia, a pesar de su conocimiento, a pesar de sus siglos de evolución, el hombre jamás ha estado libre de problemas.

 DAVID BOHM: Sí, de problemas insolubles. 

K: Yo pongo en duda que los problemas humanos sean insolubles.

DB: Quiero decir, tal como están planteados ahora. 

K: Por supuesto, tal como son ahora, estos problemas se han vuelto increíblemente complejos e insolubles. Ningún político, científico o filósofo va a resolverlos, ¡ni aun por medio de guerras y todo eso! ¿Por qué, entonces, en ninguna parte del mundo los seres humanos han sido capaces de resolver los problemas cotidianos de la existencia? ¿Qué cosas impiden la solución completa de estos problemas? ¿Es que jamás hemos pensado seriamente en ello? ¿Es porque pasamos todos nuestros días, y probablemente la mitad de las noches, pensando en problemas tecnológicos, de modo que no tenemos tiempo para lo otro? 

DB: En parte es eso. Muchas personas sienten que lo otro debería cuidar de sí mismo. 

K: ¿Pero por qué? Pregunto, en este diálogo que estamos sosteniendo, si es posible no tener problemas humanos en absoluto, sólo problemas tecnológicos que pueden ser resueltos. Pero los problemas humanos parecen insolubles. ¿Es a causa de nuestra educación, de nuestras tradiciones tan profundamente arraigadas, que aceptamos las cosas como son? 

DB: Esa es, ciertamente, una parte de ello. Estos problemas se acumulan a medida que la civilización envejece y la gente continúa aceptando cosas que generan problemas. Por ejemplo, existen ahora muchas más naciones en el mundo que las que solía haber, y cada una crea nuevos problemas. 

K: Por supuesto. 

DB: Si uno retrocede en el tiempo... 

K: ...una tribu se convierte en nación... 

DB: ...y luego el grupo debe combatir a su vecino. 

K: Los hombres utilizan esta maravillosa tecnología para matarse unos a otros. Pero nosotros estamos hablando de los problemas de relación, problemas de falta de libertad; este sentimiento de constante incertidumbre y temor, el esfuerzo del trabajo para ganarnos la subsistencia por el resto de nuestra vida... ¡Toda la cosa parece tan extraordinariamente errónea! 

DB: Pienso que la gente ha perdido de vista eso. Hablando en general, todos aceptan la situación en que se encuentran, y tratan de hacer con ella lo mejor que pueden, intentando resolver pequeños problemas para aliviar sus circunstancias. Ellos ni siquiera considerarían seriamente toda esta situación. 

K: Pero las personas religiosas han creado un problema tremendo para el hombre. 

DB: Sí. Ellas también están tratando de resolver problemas. Entiendo que cada cual se encuentra atrapado en su propio pequeño fragmento, resolviendo cualquier cosa que supone poder resolver, pero todo eso incrementa el caos. 

K: ¡El caos y las guerras! Es lo que estamos diciendo. Vivimos en el caos. Pero yo quiero descubrir si puedo vivir sin un solo problema por el resto de mi vida. ¿Es eso posible? 

DB: Vea, yo no sé si deberíamos siquiera llamar problemas a estas cosas. Un problema sería algo razonablemente solucionable. Si planteo el problema de cómo lograr cierto resultado, entonces eso presupone que razonablemente puedo encontrar un medio de obtener ese resultado tecnológicamente. Pero en lo psicológico, el problema no puede considerarse de ese modo: el de proponer un resultado que habré de obtener, y después encontrar la manera de hacerlo. 

K: ¿Cuál esa la raíz de todo esto? ¿Cuál es la causa de todo este caos humano? Estoy tratando de llegar a ello desde un ángulo diferente, descubrir si los problemas pueden terminar por completo. Mire, personalmente, me niego a tener problemas. 

DB: Alguien podría argüir con usted acerca de eso, y decir que usted quizá no tiene que enfrentarse a ningún reto. 

K: Fui retado el otro día por algo muy, muy serio. Eso no es un problema. 

DB: Entonces es materia de esclarecimiento. Parte de la dificultad es el esclarecimiento del lenguaje. 

K: Esclarecimiento, no sólo del lenguaje, sino de la relación y la acción. El otro día surgió un problema que involucraba a una gran cantidad de personas y a cierta acción que tenía que emprenderse. Pero en lo personal, eso no era un problema para mí. 

DB: Tenemos que poner en claro lo que usted quiere decir, porque sin un ejemplo yo no puedo saberlo. 

K: Entiendo por un problema, algo que ha de ser resuelto, algo que a uno lo preocupa; algo que uno está cuestionando y de lo cual se ocupa continuamente. También a las dudas e incertidumbres, y a tener que decidir alguna clase de acción que uno finalmente lamentará. 

DB: Comencemos por el problema técnico, donde la idea surgió inicialmente. Hay un reto, algo que necesita ser realizado, y uno dice que es un problema. 

K: Sí, a eso se le llama generalmente un problema. 

DB: Entonces la palabra “problema” se basa en la idea de proponer algo -una posible solución- y después tratar de lograrlo. 

K: O bien, tengo un problema pero no sé cómo habérmelas con él.

DB: Si usted tiene un problema y no tiene idea de cómo habérselas con él... 

K: ...entonces doy vueltas por ahí, pidiendo consejos a la gente y confundiéndome más y más. 

DB: Esto ya sería un cambio respecto de la simple idea de un problema técnico, donde por lo general uno tiene cierta noción de lo que hay que hacer. 

K: Me pregunto si la tenemos. Seguramente, los problemas técnicos son bastante simples. 

DB: A menudo traen consigo desafíos que nos exigen profundizar mucho y cambiar nuestras ideas. Con un problema técnico, generalmente sabemos lo que tenemos que hacer para resolverlo. Por ejemplo, si hay falta de alimentos, lo que tenemos que hacer es encontrar maneras y medios de producir más. Pero con un problema psicológico, ¿podemos hacer lo mismo? 

K: Ése es el punto. ¿Cómo abordamos esto? 

DB: Bueno, ¿qué clase de problema discutiremos? K: Cualquier problema de los que surgen en las relaciones humanas. 

DB: Digamos que la gente no puede ponerse de acuerdo; todos disputan constantemente unos con otros. 

K: Sí, tomemos eso como un ejemplo simple. Parece casi imposible que un grupo de personas piensen en conjunto, que tengan la misma perspectiva y actitud. No quiero decir que se copien unas de otras, por supuesto. Pero cada persona expone su opinión, que contradice otra persona, lo cual ocurre todo el tiempo y en todas partes. 

DB: Muy bien. ¿Podemos decir, entonces, que nuestro problema es trabajar juntos, pensar juntos? 

K: Trabajar juntos, pensar juntos, cooperar sin que en ello estén involucradas utilidades monetarias. 

DB: Ése es otro problema: si la gente bien remunerada trabajará en conjunto. 

K: ¿Cómo resolvemos, entonces, este problema? En un grupo, todos estamos emitiendo opiniones diferentes, y no nos aceptamos en absoluto el uno al otro. Y parece casi imposible renunciar a las propias opiniones. 

DB: Sí, ésa es una de las dificultades, pero no estoy seguro de que pueda considerarse un problema que nos lleve a preguntarnos qué podemos hacer para renunciar a las opiniones. 

K: No, por supuesto. Pero ése es un hecho. Observando, pues, eso, y viendo la necesidad de que todos nos reunamos, la gente sigue sin poder abandonar sus opiniones, sus ideas, sus propias experiencias y conclusiones. 

DB: A menudo eso puede no parecerles una opinión, sino la verdad.

K: Sí, lo llamarían un hecho. ¿Pero qué puede hacer el hombre con respecto a estas divisiones? Vemos la necesidad de trabajar juntos, no por algún ideal, alguna creencia, algún principio o algún dios. En diversos países del mundo, y aun en las Naciones Unidas, la gente no trabaja en conjunto. 

DB: Algunas personas podrían decir que no sólo tenemos opiniones, sino intereses personales. Si dos personas tienen intereses particulares en conflicto, no hay modo, mientras mantengan su apego a estos intereses, de que puedan trabajar juntas. ¿Cómo irrumpimos en esto, entonces? 

K: Si usted me señala que debemos trabajar juntos, y me muestra la importancia de ello, entonces también yo veo que es importante. ¡Pero no puedo hacerlo! 

DB: Ése es el punto. Ni siquiera basta con ver que la cooperación es importante, y tener la intención de cooperar. Con esta incapacidad, se introduce un nuevo factor. ¿Por qué no podemos llevar a cabo nuestras intenciones? 

K: Uno puede dar muchas razones para ello, pero esas causas y razones y explicaciones, no resuelven el problema. Volvemos a lo mismo: ¿qué hará que la mente humana cambie? Vemos que el cambio es necesario y, a pesar de eso, no estamos dispuestos a cambiar o somos incapaces de hacerlo. ¿Qué factor -qué nuevo factor- se necesita para esto? 

DB: Pienso que es la capacidad que una persona pueda tener para observar profundamente qué es lo que la retiene impidiéndole cambiar. 

K: ¿El nuevo factor es, entonces, la atención? 

DB: Sí, eso es lo que quise decir. Pero también tenemos que considerar qué clase de atención. 

K: Discutamos primero qué es la atención. 

DB: Puede tener muchos significados para diferentes personas. 

K: Por supuesto, como de costumbre, ¡hay tantas opiniones! Donde hay atención, no hay problema. Donde hay inatención, surgen todas las dificultades. Entonces, sin hacer de la atención misma un problema, ¿qué entendemos por atención? ¿Podemos comprender lo que significa, no verbalmente, no intelectualmente, sino profundamente, en nuestra propia sangre? Es obvio que la atención no es concentración. No es un esfuerzo, una experiencia, una lucha por estar atento. Usted debe revelarme la naturaleza de la atención, la cual consiste en que, cuando hay atención, no hay un centro desde el cual “yo” esté atento. 

DB: Sí, pero ésa es la dificultad. 

K: No hagamos de ello un problema. 

DB: Quiero decir que la gente ha estado intentando esto por mucho tiempo. Pienso que, en primer lugar, hay alguna dificultad en comprender qué se entiende por atención, dificultad que se debe al contenido del pensamiento mismo. Cuando una persona está considerando ese contenido, puede pensar que está atenta. 

K: No, en ese estado de atención no hay pensamientos. 

DB: ¿Pero cómo detiene usted el pensamiento, entonces? Vea, mientras el pensamiento está en marcha, se tiene cierta impresión de estar atento, lo que no es atención. Pero uno cree, uno supone que está prestando atención. 

K: Cuando uno supone que está prestando atención, eso no es atención. 

DB: ¿Cómo comunicamos, entonces, el verdadero significado de “atención”? 

K: ¿O diría usted, más bien, que para descubrir lo que es la atención, deberíamos discutir lo que es la inatención? 

DB: Sí. 

K: Y a través de la negación, llegar a lo positivo. ¿Qué ocurre cuando estoy inatento? En mi inatención, me siento solo, deprimido, ansioso, etcétera. 

DB: La mente comienza a dividirse y entra en confusión. 

K: Se produce la fragmentación. Y, en mi falta de atención, me identifico con muchas otras cosas. 

DB: Sí, y ello puede ser placentero, pero también puede ser doloroso.

K: Descubro, más tarde, que lo que era placentero, se convierte en dolor. Todo eso es, por lo tanto, un movimiento en que no hay atención. ¿Correcto? ¿Estamos llegando a alguna parte? 

DB: No lo sé. 

K: Yo siento que la atención es la solución verdadera para todo esto: ¡Una mente que está en verdad atenta, que ha comprendido la naturaleza de la inatención y se ha alejado de ésta! 

DB: Pero en primer lugar, ¿cuál es la naturaleza de la inatención? 

K: Indolencia, negligencia, interés en uno mismo, contradicción interna; todo eso es la naturaleza de la inatención. 

DB: Sí. Vea, una persona que sólo se interesa en sí misma, puede sentir que está atendiendo, pero está meramente ocupándose de sí misma. 

K: Sí. Si en mi existe una contradicción interna y presto atención con el fin de no ser contradictorio conmigo mismo, eso no es atención.

DB: ¿Podemos aclarar esto? Porque comúnmente uno podría pensar que esto es atención. 

K: No, no lo es. Es meramente un proceso de pensamiento, que dice: “Soy tal cosa, no debo ser tal otra”. 

DB: Entonces, lo que usted dice es que este intento de llegar a ser algo, este devenir, no es atención. 

K: Sí, correcto. Porque el devenir psicológico genera inatención. 

DB: Sí. 

K: ¿No es muy difícil, señor, estar libre del devenir? Ésa es la raíz del problema: terminar con el devenir psicológico, con ese querer llegar a ser esto o aquello. 

DB: Sí. No hay atención, y por eso existen estos problemas. 

K: Sí, y cuando usted señala eso, el prestar atención también se vuelve un problema. 

DB: La dificultad está en que la mente juega tretas, y al tratar de habérselas con esto, vuelve otra vez a hacer lo mismo. 

K: Por supuesto. ¿Puede la mente, que está tan repleta de conocimientos, de vanidad, de contradicción interna y todo lo demás, llegar a un punto en que, psicológicamente, se sienta incapaz de moverse? 

DB: No hay parte alguna hacia la cual moverse. 

K: ¿Qué le diría usted a una persona que ha llegado a ese punto? Yo acudo a usted; estoy lleno de esta confusión, de esta ansiedad y de un sentimiento de desesperación, no sólo por mí mismo, sino por el mundo. Llego a ese punto y quiero abrirme paso a través de eso. Por lo tanto, ello se vuelve un problema para mí. 

DB: Entonces estamos de vuelta en lo mismo; es otra vez un intento de llegar a ser otra cosa. 

K: Sí. Eso es lo que quiero averiguar. ¿Es ése, pues, el origen de todo esto? ¿El deseo de “llegar a ser”? 

DB: Debe tratarse de algo muy próximo a eso. 

K: ¿Cómo examino, entonces, sin ese movimiento del devenir, del llegar a ser, todo este complejo problema de mí mismo? 

DB: Parece como si uno no hubiera tomado en cuenta lo total. No hemos considerado la totalidad del devenir cuando usted dijo: “¿Cómo puedo prestar atención?”. Una parte de ello pareció desprenderse inadvertidamente, convirtiéndose en el observador. ¿Correcto? 

K: El devenir psicológico ha sido la maldición en todo esto. Un hombre pobre anhela ser rico, y el rico anhela ser más rico; ése es, todo el tiempo, el movimiento del devenir, tanto externa como internamente. Y aunque ello trae consigo muchísimo dolor, y a veces placer, este sentimiento de “llegar a ser”, de realizarse, de lograr algo psicológicamente ha convertido mi vida en todo eso que es. Ahora me doy cuenta de ello, pero no puedo detenerlo. 

DB: ¿Por qué no puede detenerlo? 

K: Investiguemos eso. En parte, el llegar a algo me interesa porque al final de ello hay una recompensa; también estoy eludiendo de ese modo el dolor o el castigo. Y en ese circuito estoy atrapado. Ésa es, probablemente, una de las razones por las que la mente continúa tratando de llegar a algo, de devenir internamente. Y la otra razón tal vez sea una ansiedad o un temor profundamente arraigado, de que si no llego a esto o a aquello, estoy perdido. Me siento perplejo, inseguro, y por eso la mente ha aceptado estas ilusiones y dice: “No puedo poner fin a este proceso del devenir”. 

DB: ¿Pero por qué la mente no termina con eso? También tenemos que investigar el problema que implica estar atrapado en estas ilusiones. 

K: ¿Cómo me convence usted de que estoy preso en una ilusión? No puede, a menos que yo lo vea por mí mismo. Y no puedo verlo debido a que mi ilusión es muy fuerte. Esa ilusión ha sido alimentada, cultivada por la religión, por la familia, etc. Está tan profundamente arraigada, que me niego a desprenderme de ella. Eso es lo que ocurre con un gran número de personas. Dicen: “Quiero hacer esto, pero no puedo”. Dada, pues, esa situación, ¿qué pueden hacer? ¿Les ayudarán las explicaciones, la lógica y todas las diversas teorías contradictorias? Obviamente, no. 

DB: Porque todo eso es absorbido dentro de la estructura. 

K: ¿Qué es lo que sigue, entonces? 

DB: Vea, si alguien dice: “Quiero cambiar”, también está ahí el deseo de no cambiar. 

K: Desde luego. El hombre que dice; “Quiero cambiar”, también tiene en el fondo de su mente: “En realidad, ¿por qué debería yo cambiar?”. Ambas cosas marchan juntas. 

DB: Tenemos, pues, una contradicción. 

K: Hemos vivido en esta contradicción. La hemos aceptado. 

DB: ¿Pero por qué deberíamos haberla aceptado? 

K: Porque es un hábito. 

DB: Pero cuando la mente es sana, no aceptará una contradicción. 

K: Pero nuestra mente no es sana. La mente está tan enferma, es tan corrupta, tan confusa, que aun cuando usted señala todos los peligros que hay en esto, ella se niega a verlos. ¿Cómo, pues, ayudamos a un hombre que está preso en esto, a que vea claramente el peligro del devenir psicológico? Expresémoslo de ese modo. El devenir psicológico implica identificación con una nación, un grupo y todas esas cosas. 

DB: Sí, aferrarse a opiniones. 

K: Opiniones y creencias; he tenido una experiencia que me brinda satisfacción y voy a aferrarme a eso. ¿Cómo me ayuda usted a liberarme de todo esto? Yo escucho sus palabras -parecen completamente ciertas pero no puedo salir de todo eso. Me pregunto si hay otro factor, otro modo de comunicación que no se base en las palabras, en el conocimiento, en las explicaciones, en la recompensa y el castigo. ¿Existe otro modo de comunicarse? Mire, en eso también hay peligro. Yo estoy seguro de que existe un modo que no es verbal, analítico o lógico, lo cual no significa falta de sensatez.

DB: Tal vez exista. 

K: Mi mente siempre se ha comunicado con otra mediante palabras, explicaciones, lógica o sugestión. Debe haber otro elemento que se abra paso a través de todo eso... 

DB: A través de la incapacidad de escuchar. 

K: Sí, la incapacidad de escuchar, la incapacidad de observar, de oír, etc. Debe haber un modo diferente. He conocido a algunos hombres que han estado con cierto santo, y dicen que en su compañía se resuelven todos los problemas. Pero cuando esos hombres vuelven a su vida cotidiana, están otra vez en el viejo juego. 

DB: No había inteligencia en eso, ya lo ve. 

K: Ése es el peligro. En presencia de aquel hombre -el santo- que está tranquilo y sin pronunciar palabra, ellos se sienten tranquilos y piensan que sus problemas se han resuelto. 

DB: Pero esto proviene aun del exterior. 

K: Por supuesto. Es como ir a la iglesia. En una iglesia antigua o en una catedral, uno se siente extraordinariamente tranquilo. Es la atmósfera, la estructura, usted sabe; la atmósfera misma hace que uno se sienta tranquilo. 

DB: Sí, comunica lo que entendemos por quietud; lo comunica de manera no-verbal. 

K: Eso no es nada. ¡Es como el incienso! 

DB: Es superficial. 

K: Totalmente superficial; ¡se evapora como el incienso! De modo que dejemos de lado todo eso. Y entonces, ¿qué nos queda? Ningún agente externo, ningún dios, ningún salvador. ¿Qué me ha quedado? ¿Qué hay ahí que pueda ser comunicado, que pueda abrirse paso a través del muro que han levantado los propios serse humanos? ¿Es amor? Esa palabra se ha corrompido, está cargada, sucia. Pero purificando esa palabra, ¿es amor el factor que irrumpirá a través de este enfoque ingenioso y analítico? ¿Es amor el elemento que está faltando? 

DB: Bueno, tenemos que discutirlo; tal vez la gente desconfíe algo de esa palabra. 

K: ¡Yo desconfío más allá de las palabras! 

DB: Y, por lo tanto, como la gente se resiste a escuchar, también resistirá al amor. 

K: Por eso dije que es una palabra peligrosa. 

DB: El otro día estuvimos diciendo que el amor contiene inteligencia. 

K: Por supuesto. 

DB: Que es afecto también; entendemos por amor esa energía que también contiene inteligencia y afecto; todo eso... 

K: ¡Ahora espere un momento! Usted tiene esa cualidad y yo estoy atrapado en mi desdicha, en mi ansiedad, etc.; usted, con esa inteligencia, está tratando de penetrar esta masa de oscuridad. ¿Cómo lo hará? ¿Actuará eso? Si no, los seres humanos están perdidos. ¿Entiende, señor? Por lo tanto, hemos inventado a Jesús, Buda, Krishna, imágenes que se han vuelto absurdas, superficiales y carentes de sentido. ¿Qué haré, entonces? Pienso que ése es el otro factor. Atención, percepción, inteligencia y amor; usted me trae todo esto y yo soy incapaz de recibirlo. Digo: “Suena atractivo; lo percibo, pero no puedo retenerlo en mí”. No puedo retenerlo, porque en el momento que salgo de esta habitación, ¡estoy perdido! 

DB: Ése es realmente el problema. 

K: Sí, ése es el verdadero problema. ¿Es el amor algo externo, como el cielo?; todas esas cosas son externas. ¿Es el amor algo externo que usted me trae, que usted despierta en mí, que usted me da como un obsequio? ¿O en mi oscuridad, en mi ilusión y sufrimiento, existe esa cualidad? Obviamente no, no puede existir. 

DB: Entonces, ¿dónde está? 

K: De eso se trata, justamente. El amor no es suyo ni mío; no es personal, no es una cosa que pertenezca a alguien; el amor no es eso.

DB: Ése es un punto importante. De manera similar, usted estuvo diciendo que el aislamiento no pertenece a ninguna persona en particular, aunque tendemos a pensar que el aislamiento es un problema personal. 

K: Por supuesto. Eso es común a todos nosotros. Tampoco la inteligencia es personal. 

DB: Pero eso va otra vez contra todo nuestro pensar. 

K: Lo sé. 

DB: Todos dicen que tal persona es inteligente y tal otra no. Ésta puede ser, entonces, una de las barreras para toda la cosa: que detrás del pensamiento normal de cada día, está el pensamiento más profundo de la humanidad; pero nosotros generalmente nos sentimos separados, y decimos que estas diversas cualidades nos pertenecen o que no nos pertenecen. 

K: De acuerdo. Es la mente fragmentaria la que inventa todo esto.

DB: Ha sido inventado, Sí, pero nosotros lo hemos recogido e incorporado verbalmente y no verbalmente, por deducción, desde la infancia. En consecuencia, ello nos penetra, es el fundamento mismo de todos nuestros pensamientos, de todas nuestras percepciones. Tenemos, pues, que cuestionarlo. 

K: Lo hemos cuestionado: hemos dicho que la pena no es “mi” pena, que la pena es humana, etc., etc. 

DB: ¿Pero cómo puede la gente ver eso, si una persona que experimenta pena siente que ésa es su pena personal? 

K: Pienso que ello se debe en parte a nuestra educación, y en parte a nuestra sociedad y a las tradiciones. 

DB: Pero es algo que está implícito en todo nuestro modo de pensar. ¡Tenemos que saltar fuera de eso! 

K: Sí. Saltar fuera de eso se vuelve un problema, y entonces, ¿qué he de hacer? 

DB: Tal vez podamos ver que el amor no es personal. 

K: La tierra no es la tierra inglesa ni es la tierra francesa, ¡la tierra es la tierra! 

DB: Estaba pensando en un ejemplo que tenemos en Física: si el científico o el químico está estudiando un elemento como el sodio, no dice que es su sodio, o que algún otro estudia “su” sodio. Y, desde luego, ellos comparan notas, etcétera. 

K: De acuerdo. El sodio es el sodio. 

DB: El sodio es el socio, universalmente. Del mismo modo, tenemos que decir que el amor es el amor, universalmente. 

K: Sí. Pero mi mente rehusa ver eso debido a que soy terriblemente personal, y me intereso terriblemente “en mi y mis problemas”. Me niego a desprenderme de eso. Cuando usted dice que el sodio es el sodio, eso es muy simple, puedo verlo. Pero cuando me dice que la pena es común a todos nosotros, esto es difícil de ver. 

DB: Es algo que no puede lograrse con el tiempo, pero ya lo ve, le tomó bastante tiempo a la humanidad comprender que el sodio es el sodio. 

K: ¿Es el amor algo común a todos nosotros? 

DB: Bueno, en cuanto que existe, tiene que ser común. 

K: Por supuesto. 

DB: Puede no existir, pero si existe, tiene que ser común. 

K: No estoy seguro de que no exista. La compasión no es “yo soy compasivo”. La compasión está ahí, es algo que no pertenece al “yo”. 

DB: Si decimos que la compasión es lo mismo que el sodio, ésta es universal. Entonces la compasión de una persona es igual a la de otra persona. 

K: Compasión, amor e inteligencia. Usted no puede tener compasión sin inteligencia. 

DB: ¡Entonces digamos que la inteligencia también es universal! 

K: Obviamente. 

DB: Pero nosotros tenemos métodos para probar el nivel de inteligencia en personas particulares. 

K: Oh, no. 

DB: Tal vez todo eso forme parte de la cosa que nos está obstaculizando. 

K: Parte de esta divisiva, fragmentaria forma de pensar. 

DB: Bueno, puede haber un pensar holístico, aunque no estemos en eso todavía. 

K: Entonces el pensar holístico no es pensar; es algún otro factor. DB: Algún otro factor que aún no hemos investigado. 

K: Si el amor es común a todos nosotros, ¿por qué estoy ciego a él?

DB: Pienso que en parte es porque la mente se intimida; se niega completamente a considerar un cambio tan fantástico de concepción en la manera de mirar las cosas. 

K: Pero usted acaba de decir que el sodio es el sodio. 

DB: Vea, tenemos muchísimas evidencias de eso en toda clase de experimentos, desarrollados mediante una gran cantidad de trabajo y experiencia. No podemos hacer eso con el amor. No podemos entrar en el laboratorio y comprobar que el amor es amor. 

K: Oh, no. El amor no es conocimiento. ¿Por qué la mente se niega a aceptar un factor muy obvio? ¿Es el temor de abandonar mis viejos valores, patrones y opiniones? 

DB: Pienso que probablemente se trate de algo más profundo. Es difícil de determinar, pero no es algo simple, aunque lo que usted sugiere es una explicación parcial. 

K: Es una explicación parcial, lo sé. ¿Será la profundamente arraigada ansiedad, el anhelo de estar totalmente seguros? 

DB: Pero eso se basa otra vez en la fragmentación. 

K: Por supuesto. 

DB: Si aceptamos que estamos fragmentados, es inevitable que necesitemos sentirnos totalmente seguros, porque al estar fragmentados estamos siempre en peligro. 

K: ¿Es ésa la raíz de ello? ¿Es este impulso, esta exigencia interna, este deseo de estar totalmente seguros en nuestras relaciones con todas las cosas? ¿Es el anhelo de seguridad? Por supuesto, ¡la seguridad completa sólo existe en la nada! 

DB: No es la exigencia de seguridad lo que está mal, sino las fragmentaciones. El fragmento no puede estar seguro. 

K: Eso es cierto. De igual modo que cada país, al tratar de estar seguro, no está seguro. 

DB: Pero la completa seguridad podría alcanzarse si todos los países se unieran. El modo en que usted lo ha expuesto, suena como si debiéramos vivir eternamente en la inseguridad. 

K: No, eso lo hemos aclarado bien. 

DB: Requerir seguridad tiene sentido, pero nosotros lo intentamos de un modo incorrecto. ¿Cómo le comunicamos que el amor es universal, no personal, a un hombre que ha vivido completamente en el angosto surco del logro personal? Parece que el primer punto es: ¿Cuestionará él su estrecha personalidad “única”? 

K: La gente la cuestiona; todos ven la lógica de lo que estamos discutiendo y, sin embargo, curiosamente, los que son muy serios en estos asuntos, han tratado de encontrar la totalidad de la vida por medio del hambre, de la tortura, usted sabe, toda clase de métodos. Pero uno no puede aprehender o percibir o ser lo total, por medio de la tortura. ¿Qué haremos, entonces? Digamos que tengo un hermano que se niega a ver todo esto. Y como yo siento un gran afecto por él, quiero que salga de la fragmentación. Y he tratado de comunicarme con él verbalmente, y a veces no verbalmente, con un gesto o una mirada; pero todo eso pertenece aún a lo externo. Y quizá sea ésa la razón de que él se resista. ¿Puedo hacerle notar a mi hermano que esta llama puede despertarse en él mismo? Eso significa que él debe escucharme, pero mi hermano se niega a escuchar. 

DB: Parece que hay algunas acciones que no son posibles. Si una persona está presa en cierto pensamiento, como la fragmentación, entonces no puede cambiarlo, porque hay una gran cantidad de pensamientos detrás de ése. 

K: Por supuesto. 

DB: Pensamientos que esa persona no conoce. Por lo tanto, no está realmente libre para emprender esta acción, debido a toda la estructura de pensamientos que se lo impide. 

K: ¿Cómo, entonces, ayudo -uso esa palabra con gran precaución- a mi hermano? ¿Cuál es la raíz de todo esto? Hablamos de la posibilidad que él tiene de percibirlo, pero todo eso es verbal, puede ser explicado de diferentes maneras: la causa, el efecto y todas esas cosas. Después de que he explicado todo esto, él dice: “Tú me has dejado donde estoy”. Y mi inteligencia, mi afecto, responden: “Yo no puedo abandonarlo”. ¿Significa eso que estoy ejerciendo presión sobre él? No estoy usando ninguna clase de presión, o de recompensa; mi responsabilidad es que no puedo abandonar a otro ser humano. No es la responsabilidad del deber y toda esa pesada carga, sino que es la responsabilidad de la inteligencia para decirle a él todo eso. Existe en la India una tradición de que uno a quien llaman el Buda Maitreya, juró que no llegaría a ser el supremo Buda hasta que hubiera liberado también a los otros seres humanos. 

DB: ¿A todos? 

K: Sí. Ya ve, la tradición no ha cambiado nada. ¿Cómo puede uno, si tiene esa inteligencia, esa compasión, ese amor -que no pertenecen a un país, a una persona, a un ideal o a un salvador- transmitir esa pureza a otro? ¿Viviendo con él, hablándole? Uno ve que todo eso puede volverse mecánico. 

DB: ¿Diría usted que esta cuestión jamás ha sido verdaderamente resuelta? 

K: Así lo pienso. Pero nosotros tenemos que resolverla, ¿entiende? No ha sido resuelta, pero nuestra inteligencia dice: Resuélvela. No, pienso que la inteligencia no dice, resuélvela; la inteligencia dice que éstos son los hechos, y que tal vez algunas personas lo captarán. 

DB: A mí me parece que, en realidad, hay dos factores: uno es la preparación, por medio del razonamiento, para demostrar que todo eso tiene sentido; y entonces, a partir de ahí, es posible que algunos lleguen a captarlo. 

K: Hemos hecho eso, señor. Uno ha desplegado el mapa, y él ha visto todo muy claramente: los conflictos, la desdicha, la confusión, la inseguridad, el devenir. Todo eso es sumamente claro. Pero al final del capítulo, él está de vuelta en el comienzo. O tal vez tiene una vislumbre de ello, y su anhelo de aprehender esa visión fugaz y de aferrarse a ella, la convierte en un recuerdo. ¿Entiende? ¡Y toda la pesadilla empieza! Al enseñarle el mapa muy claramente, ¿podemos también hacerle ver algo mucho más profundo que eso, algo que es amor? Después de todo esto, él anda a tientas. Pero el peso del cuerpo, del cerebro, de la tradición; todo eso lo hace retroceder. De modo que hay una constante batalla; y pienso que toda la cosa es un gran error. 

DB: ¿Cuál es el error? 

K: El modo en que estamos viviendo. 

DB: Ahora ya hay mucha gente que debe ver eso. 

K: Nos hemos preguntado si el hombre ha torcido el rumbo y penetró en un valle del que no hay modo de escapar. No puede ser así; eso es demasiado deprimente, demasiado aterrador. 

DB: Pienso que algunas personas podrían objetar tal cosa. El mero hecho de que eso sea aterrador, no lo convierte en falso. Pienso que usted tendría que dar alguna razón más firme para explicar por qué siente que eso es falso. 

K: Oh, sí. 

DB: ¿Percibe usted en la naturaleza humana alguna posibilidad de un cambio real? 

K: Por supuesto. De lo contrario, todo carecería de sentido; seríamos monos, máquinas. La facultad de un cambio radical es atribuida a algún agente externo; por consiguiente, acudimos a eso y en eso nos perdemos. Si no acudimos a nadie y estamos completamente libres de toda dependencia, entonces la soledad es común a todos nosotros. Eso no es aislamiento. Es un hecho obvio que cuando uno ve todo esto -la estupidez e irrealidad de la fragmentación y la división- uno está naturalmente solo. Ese sentimiento de madura soledad, es común a todos los seres humanos, no es personal. 

DB: Sí, pero el sentimiento corriente de soledad es personal, en el sentido de que cada persona lo experimenta como propio. 

K: El aislamiento (loneliness) no es soledad; no es la soledad creativa del hombre libre de toda dependencia (aloneness). 

DB: Yo pienso que todas las cosas fundamentales son de carácter universal; lo que usted dice, por tanto, es que cuando la mente profundiza en sí misma, penetra en algo universal. 

K: Correcto. 

DB: Lo llamemos o no absoluto. 

K: El problema es hacer que la mente penetre a una gran, gran profundidad dentro de sí misma. 

DB: Sí. Ahora se me ha ocurrido algo. Cuando empezamos por considerar un problema particular, nuestra mente es muy poco profunda; después pasamos a algo más general. La palabra “general” tiene la misma raíz etimológica que “generar”; el género es la generación común... 

K: Generar, por supuesto. 

DB: Cuando pasamos a algo más general, se genera una profundidad. Pero avanzando más todavía, lo general sigue estando limitado, porque es pensamiento. 

K: Completamente de acuerdo. Pero para penetrar profundamente, se requiere no sólo un valor tremendo, sino el sentimiento de estar siguiendo constantemente el mismo curso. 

DB: Bueno, eso no es realmente diligencia; sigue siendo limitado, ¿verdad? 

K: Sí, la diligencia es demasiado limitada. Acompaña a una mente religiosa en el sentido de que en la acción de esa mente, en sus pensamientos, etc., hay diligencia, pero ésta es aun limitada. Si la mente puede ir de lo particular a lo general, y de lo general... 

DB: ...a lo absoluto, a lo universal. Pero muchas personas dirían que eso es muy abstracto y nada tiene que ver con la vida cotidiana. 

K: Lo sé. Sin embargo, es una cosa muy práctica, no es una abstracción. 

DB: De hecho, la abstracción es lo particular. 

K: Absolutamente. Lo particular es sumamente peligroso. 

DB: También es sumamente abstracto, porque uno sólo puede llegar a lo particular mediante una abstracción. 

K: Por supuesto, por supuesto. 

DB: Pienso que esto puede ser parte del problema. Casi todos sienten que desean algo que realmente les afecte en su vida cotidiana. No quieren perderse meramente en palabras; por lo tanto, dicen: “Todas estas insípidas generalidades no nos interesan”. Es verdad que lo que estamos discutiendo debe operar en la vida cotidiana, pero la vida cotidiana no contiene la solución de sus propios problemas. 

K: No. La vida cotidiana es lo general y lo particular. 

DB: Los problemas humanos que surgen en la vida cotidiana, no pueden resolverse ahí. 

K: De lo particular, es preciso moverse hacia lo general; de lo general, moverse a mayor profundidad aún, y allí tal vez se encuentre la pureza de lo que llamamos compasión, amor e inteligencia. Pero eso implica entregar nuestra mente, nuestro corazón, todo nuestro ser a esta investigación. Esta vez hemos hablado durante mucho tiempo; creo que hemos llegado a alguna parte.

 27 de septiembre de 1980, Brockwood Park, HAMPSHIRE

Más Allá del Tiempo - Diálogo 12°

12 La mente en el universo

 KRISHNAMURTI: Hablábamos el otro día de una mente que está por completo libre de todo movimiento, de todas las cosas que el pensamiento ha puesto ahí: el pasado, el futuro, etc. Pero antes de que sigamos examinando eso, quisiera que discutiéramos las razones por las que el hombre está aprisionado en actitudes y valores materialistas; y también quiero preguntarle cuál es la naturaleza del materialismo. 

DAVID BOHM: Bueno, ante todo, materialismo es el nombre de cierta doctrina filosófica... 

K: No es a eso que me refiero. Quiero explorar esto. 

DB: La materia es todo lo que existe. 

K: O sea, que la naturaleza y todos los seres humanos reaccionan físicamente. Esta reacción es alimentada por el pensamiento. Y el pensamiento es un proceso material. Por lo tanto, la reacción en la naturaleza es una respuesta materialista. 

DB: Creo que la palabra “materialista” no es del todo exacta. Digamos que es la respuesta de la materia. 

K: La respuesta de la materia; expresémoslo de ese modo. Es mejor. Estamos hablando acerca de tener una mente vacía, y hemos llegado al punto en que el muro ha sido derribado. Este vacío y lo que se encuentra más allá del vacío o a través de él... ya llegaremos a eso, pero antes de hacerlo, pregunto: ¿Es materia toda reacción? 

DB: Es materia en movimiento. Podría decirse que hay evidencia a favor de eso, que la ciencia ha descubierto que un enorme número de reacciones se deben a los nervios. 

K: ¿Diría usted, entonces, que la materia y el movimiento son las reacciones que existen en toda la materia orgánica? 

DB: Sí, toda la materia, tal como la conocemos, se rige por la ley de acción y reacción. Cada acción tiene una reacción correspondiente.

 K: Por lo tanto, acción y reacción son un proceso material, como lo es el pensamiento. Ahora bien, la cuestión es ir más allá de eso. 

DB: Pero antes de afirmar algo así, digamos que algunas personas podrían pensar que no hay ningún sentido en ir más allá. Esa sería la filosofía del materialismo. 

K: Pero si uno está viviendo meramente en esa área, su vida es muy, muy superficial. ¿Correcto? Realmente, no tiene en absoluto significado alguno. 

DB: Tal vez deberíamos referirnos a una cosa que algunas personas han dicho, que la materia no es solamente acción y reacción, sino que puede tener un movimiento creativo. La materia puede crear formas nuevas. 

K: Pero eso sigue estando en la misma área. 

DB: Sí. Pongámoslo en claro. Tenemos que ver que existen formas muy sutiles de materialismo que podrían ser difíciles de detectar. 

K: Empecemos por preguntar si usted consideraría que el pensamiento es un proceso material. 

DB: Sí. Bueno, algunas personas podrían argüir que en parte es material y en parte es algo que trasciende lo material. 

K: Lo sé. He discutido esto. Pero no es así. 

DB: ¿Cómo podemos expresar eso sencillamente para que resulte bien claro? 

K: Porque cualquier movimiento del pensar es un proceso material.

DB: Tenemos que ampliar esto de modo que no sea una cuestión de autoridad. Uno dice, a titulo de observación, que el pensamiento es un proceso material. Ahora bien, ¿cómo puede uno ver que es así? 

K: ¿Cómo podría uno darse cuenta de que el pensamiento es un proceso material? Pienso que es bastante claro. Hay una experiencia, un incidente que se registra, el cual se convierte en conocimiento. Y desde ese conocimiento surge el pensar, y entonces tiene lugar la acción. 

DB: Sí. Por lo tanto, decimos que el pensamiento es eso. Que proviene constantemente del trasfondo. ¿Afirma usted, entonces, que si surge algo nuevo, no es parte de este proceso? 

K: Sí. Si ha de haber algo nuevo, el pensamiento, como proceso material debe terminar. Es obvio. 

DB: Y entonces puede reanudarse después. 

K: Después, sí. Espere, veamos lo que ocurre después. Decimos, entonces, que toda acción y reacción, y la acción que se deriva de esa reacción, constituyen un movimiento de la materia. 

DB: Sí, un muy sutil movimiento de la materia. 

K: Por consiguiente, en tanto la mente de uno está dentro de esa área, tiene que haber un movimiento de la materia. ¿Es, entonces, posible, que la mente supere la reacción? Ése es el próximo paso. Como dijimos antes, uno se irrita, y ésa es la primera reacción. Después, la reacción a eso -la segunda reacción- es: “No debo estar irritado”. Entonces viene la tercera reacción: “Debo controlarme o justificarme”. Así que, constantemente, hay acción y reacción. ¿Puede uno ver que éste es un movimiento continuo y sin fin? 

DB: Sí, la reacción es continua, pero en cierto momento parece haber terminado, y al momento siguiente es como si fuera un movimiento nuevo. 

K: Pero sigue siendo una reacción. 

DB: Sigue siendo lo mismo, pero se presenta de una manera diferente. 

K: Es exactamente lo mismo siempre... 

DB: Pero se presenta como algo siempre diferente, siempre nuevo.

K: Por supuesto. Es justamente eso. Usted dice algo, yo me irrito, pero esa irritación es una reacción. 

DB: Sí, parece ser algo súbitamente nuevo. 

K: Pero no lo es. 

DB: Uno tiene que darse cuenta de que no lo es. Por lo general, la mente tiende a no percatarse de ello. 

K: Nosotros somos sensibles a ello, estamos alertas al problema. Entonces, si uno está despierto, atento, la reacción llega a su fin: si uno comprende este proceso reactivo, si lo comprende no sólo lógicamente sino a través del discernimiento, ese proceso puede, por supuesto, cesar. Por eso es muy importante que esto se comprenda antes de que discutamos lo que es la mente vacía y si existe algo más allá de esto, o si en ese mismo vaciado de la mente, hay alguna otra cualidad. Entonces, ¿es esa mente vacía una reacción? ¿Una reacción a los problemas del dolor, el placer y el sufrimiento? ¿Es un intento de escapar de todo esto hacia algún estado de no-ser? 

DB: Sí, la mente siempre puede hacer eso. 

K: Puede inventar. Ahora hemos llegado al punto de preguntarnos si esta cualidad del vacío no es una reacción. ¿De acuerdo, señor? Antes de ir más lejos, ¿es posible tener una mente que de veras esté completamente vacía de todas las cosas que el pensamiento ha acumulado? 

DB: De modo que el pensamiento cese de actuar. 

K: Así es. 

DB: Por un lado, tal vez uno pudiera decir que la reacción se debe a la naturaleza de la materia, la cual continuamente está reaccionando y moviéndose. ¿Pero entonces la materia es afectada por este discernimiento? 

K: No le entiendo bien. ¡Ah, sí, ya comprendo! ¿Afecta el discernimiento las células del cerebro que contienen la memoria?

DB: Sí. La memoria está reaccionando continuamente, se está moviendo, como el aire, el agua y todo lo que nos rodea. 

K: Después de todo, si no reacciono físicamente, estoy paralizado. Pero estar reaccionando continuamente, es también una forma de parálisis. 

DB: Bueno, ¡la forma impropia de reacción! La reacción en torno a la estructura psicológica. Pero si damos por sentado que la reacción en torno a la estructura psicológica ha comenzado con la humanidad, ¿por qué debería terminar alguna vez? La reacción produce otra reacción y otra y otra, y entonces cabria esperar que eso continuara para siempre y que nada lo detuviera. 

K: Solamente el discernimiento en la naturaleza de la reacción, termina con la reacción psicológica. 

DB: Entonces usted sostiene que la materia es afectada por el discernimiento, el cual está más allá de la materia. 

K: Sí, más allá de la materia. Este vacío, ¿se encuentra, entonces, dentro del cerebro mismo? ¿O es algo que el cerebro ha concebido como un estado de vacío? Uno debe ser muy claro al respecto. 

DB: Sí. Pero cualquier cosa que discutamos, no importa cuál sea el problema, el pensamiento empieza a querer hacer algo al respecto, porque siente que siempre puede hacer una contribución. 

K: De acuerdo. 

DB: En el pasado, el pensamiento no comprendió que no tenía ninguna contribución útil que hacer, pero ha continuado en el hábito de decir que el vacío es muy bueno. Por lo tanto, el pensamiento dice: “Trataré de producir el vacío”. 

K: Por supuesto. 

DB: ¡El pensamiento trata de ser útil! 

K: Ya hemos pasado por todo eso. Hemos visto la naturaleza del pensar, su movimiento, el tiempo y todo eso. Pero ahora quiero descubrir si este vacío está dentro de la propia mente, o si está más allá. 

DB: ¿Qué entiende usted por mente? 

K: La mente es todo: las emociones, el pensamiento, la conciencia, el cerebro; la totalidad de eso es la mente. 

DB: La palabra “mente” ha sido usada de muchas maneras. Ahora usted la está usando en el sentido de que representa el pensamiento, el sentimiento, el deseo y la voluntad, todo el proceso material. 

K: Sí, todo el proceso material. 

DB: ¡Que la gente ha denominado no-material! 

K: De acuerdo. Pero la mente es todo el proceso material. 

DB: Que se desarrolla en el cerebro y en los nervios. 

K: En toda la estructura. Uno puede ver que esta reacción materialista puede terminar. Y la pregunta siguiente es si ese vacío está adentro o afuera. (Afuera, en el sentido de estar en otra parte).

DB: ¿Dónde podría estar? 

K: Yo no pienso que podría estar en otra parte, sino que simplemente formulo la pregunta... 

DB: Bueno, cualquier cosa así es un proceso material. 

K: Está dentro de la mente misma. No fuera de ella. ¿Correcto? 

DB: Sí. 

K: ¿Cuál es, ahora, el próximo paso? Ese vacío, ¿no contiene nada? ¿Ninguna cosa? 

DB: Ninguna cosa, o sea nada que tenga forma, estructura, estabilidad. 

K: Sí. Todo eso: forma, estructura, reacción, estabilidad, capacidad. Entonces, ¿qué es ese vacío? ¿Es la energía total? 

DB: Sí, el movimiento de la energía. 

K: El movimiento de la energía. No es un movimiento de reacción.

 DB: No es un movimiento de cosas que reaccionan entre sí. El mundo puede considerarse compuesto por un número de cosas que reaccionan mutuamente, y ésa es una clase de movimiento; pero nosotros estamos refiriéndonos a una clase diferente de movimiento.

K: Por completo diferente. 

DB: No hay en él cosa alguna. 

K: Ninguna cosa; por lo tanto, ese movimiento no pertenece al tiempo. ¿Es eso posible? ¿O sólo estamos cediendo a la imaginación, a algún tipo de sensación prometedora, romántica, agradable? No creo que sea así, porque ya hemos pasado por todo eso, paso a paso, hasta llegar a este punto. En consecuencia, no nos estamos engañando a nosotros mismos. Ahora decimos que ese vacío no tiene un centro, como el “yo” y todas las reacciones. En ese vacío hay un movimiento de energía intemporal. 

DB: Cuando usted se refiere a la energía intemporal, podríamos repetir lo que ya hemos dicho acerca de que el tiempo y el pensamiento son la misma cosa. 

K: Sí, por supuesto. 

DB: Entonces usted estuvo diciendo que el tiempo sólo puede intervenir en un proceso material. 

K: Correcto. 

DB: Ahora bien, si tenemos una energía que es intemporal pero que, no obstante, se mueve... 

K: Sí, no es estática... 

DB: Entonces, ¿qué es el movimiento? 

K: ¿Qué es el movimiento desde aquí hacia allá? 

DB: Esa es una forma de movimiento. 

K: Una forma. O desde ayer a hoy, y desde hoy a mañana. 

DB: Hay distintas clases de movimiento. 

K: ¿Qué es, entonces, el movimiento? ¿Existe un movimiento que no sea un “movimiento”? ¿Comprende? ¿Existe un movimiento que no tenga principio ni fin? A diferencia del pensamiento, que tiene un comienzo y un final. 

DB: Salvo que uno dijera que el movimiento de la materia podría tener un comienzo y no un final; el movimiento reactivo. ¿No está usted hablando de eso? 

K: No, no hablo de eso. El pensamiento tiene un comienzo y el pensamiento tiene un final. Hay un movimiento de la materia como reacción y está el cese de esa reacción. 

DB: En el cerebro. 

K: Si. Pero hay varias clases de movimientos. Es todo cuanto sabemos. Y viene alguien y dice que existe una clase por completo diferente de movimiento. Pero para comprender eso, debemos estar libres del movimiento del pensar y del movimiento del tiempo, para comprender un movimiento que no es... 

DB: Bueno, hay dos cosas en relación con este movimiento, el cual no tiene comienzo ni fin, pero tampoco está determinado por una serie de secuencias del pasado. 

K: Por supuesto. No hay causalidad. 

DB: Pero vea, la materia puede juzgarse como una serie de causas; ello quizá no sea adecuado. Y ahora usted está diciendo que este movimiento no tiene principio ni fin; que no es el resultado de una serie de causas que siguen una a la otra. 

K: Por lo tanto, yo quiero comprender verbalmente un movimiento que no es un movimiento. No sé si lo estoy expresando claramente.

DB: Entonces, ¿por qué llamarlo movimiento si no es un movimiento? 

K: Porque no está quieto, está activo. 

DB: Es energía. 

K: Tiene una tremenda energía; por lo tanto, jamás puede estar quieto. Pero en esa energía, tiene quietud. 

DB: Pienso que el lenguaje común no comunica esto adecuadamente, pero digamos que la energía misma está quieta, y que también está en movimiento. 

K: Pero ese movimiento es un movimiento de quietud. ¿Suena como una locura? 

DB: Puede decirse que el movimiento emerge de la quietud. 

K: Correcto. De eso se trata. Dijimos que este vacío está en la mente. No tiene causa ni efecto. No es un movimiento del pensar, del tiempo. No es un movimiento de reacciones materiales. No es ninguna de esas cosas. Lo cual quiere decir: ¿Es la mente capaz de tener esa extraordinaria quietud sin movimiento alguno? Cuando está así, completamente quieta, hay un movimiento que surge de ahí. 

DB: Creo que antes he mencionado que algunas personas, como Aristóteles, tuvieron esta noción en el pasado; hemos discutido eso. Él hablaba del “motor inmóvil” cuando trataba de describir a Dios.

K: Ah, Dios, no. ¡No quiero hacer eso! 

DB: Usted no quiere describir a Dios, pero alguna clase de noción similar a ésta ha sido sostenida en el pasado por diversas personas. Pienso que desde entonces pasó de moda. 

K: ¡Pongámosla de moda! ¿Sí? 

DB: No estoy diciendo que la idea de Aristóteles fuera correcta. Digo meramente que él estuvo considerando algo en cierto modo similar, aunque probablemente distinto en muchos aspectos. 

K: ¿Era un concepto intelectual o una realidad? 

DB: Esto es muy difícil de decir, porque se conoce muy poco. 

K: Por lo tanto, no tenemos que introducir a Aristóteles. 

DB: Yo solamente quería señalar que el concepto de un movimiento de quietud, no era una locura, porque otras personas muy respetables habían sostenido algo similar. 

K: ¡Me alegro! ¡Me alegro de que se me asegure que no estoy loco! ¿Y es ese movimiento que emerge de la quietud, el movimiento de creación? No estamos hablando de lo que los poetas, escritores y pintores llaman creación. Para mí, eso no es creación; sólo es capacidad, destreza, memoria y conocimiento operando. Aquí, pienso que esta creación no se expresa en la forma. 

DB: Es importante establecer la diferencia. Por lo general, pensamos que la creación se expresa en la forma, o como estructuras. 

K: Sí, estructuras. ¡Hemos superado la locura, así que podemos continuar! ¿Diría usted que este movimiento, al no ser del tiempo, es eternamente nuevo? 

DB: Sí. Es eternamente nuevo en el sentido de que la creación es eternamente nueva. ¿Correcto? 

K: La creación es eternamente nueva. Esa novedad es la que los artistas tratan de descubrir. Debido a eso, se complacen en toda suerte de absurdos, pero son pocos los que llegan a ese punto en que la mente está en absoluto silencio, silencio desde el cual surge este movimiento que es siempre nuevo. El instante en que ese movimiento se expresa... 

DB: ...¿la primera expresión es en el pensamiento? 

K: Es justamente eso. 

DB: Y eso puede ser útil, pero después queda fijo y se convierte en una barrera. 

K: Un erudito indio me contó una vez que, antes de que los escultores comenzaran a esculpir la cabeza de un dios, o lo que fuere, tenían que entrar en una meditación profunda. En el momento exacto, tomaban el martillo y el cincel. 

DB: Entonces ello surgía del vacío. Vea, hay otro punto. Los aborígenes de Australia dibujan figuras en la arena, de modo que éstas no tienen permanencia. 

K: Eso es verdad. 

DB: Tal vez el pensamiento pudiera ser considerado de esa manera. El mármol es demasiado estático y permanece por miles de años. Así, aunque el escultor original pueda haber comprendido, los que vienen después ven eso como una forma fija. 

K: ¿Qué relación tiene todo esto con mi vida cotidiana? ¿De qué modo opera a través de mis acciones, de mis habituales respuestas físicas al ruido, al dolor, a las múltiples formas de perturbación? ¿Qué relación tiene lo físico con ese movimiento silencioso? 

DB: En cuanto la mente se halla en silencio, el pensamiento está en orden. 

K: Estamos llegando a algo. ¿Diría usted que el movimiento silencioso, con su inagotable frescura, es el orden total del universo?

DB: Podríamos considerar que el orden del universo emerge de este silencio y vacío. 

K: ¿Cuál es, entonces, la relación de esta mente con el universo? 

DB: ¿La mente particular? 

K: No; la mente. 

DB: ¿La mente en general? 

K: La mente. Pasamos por lo general y lo particular, y más allá de eso está la mente. 

DB: ¿Diría usted que es universal? 

K: No me gusta usar la palabra “universal”. 

DB: Universal en el sentido de que está más allá de lo particular. Pero tal vez esa palabra origine dificultades. 

K: ¿Podemos encontrar otra palabra? “Global” no. ¿Una mente que está más allá de lo particular? 

DB: Uno podría decir que es la fuente, la esencia. Se la ha llamado “el absoluto”. 

K: Tampoco quiero utilizar la palabra “absoluto”. 

DB: “Absoluto” significa literalmente lo que está libre de toda limitación, de toda dependencia. 

K: Muy bien, si usted está de acuerdo con que “absoluto” significa libertad respecto de toda dependencia y limitación. 

DB: Y de todas las relaciones. 

K: Entonces usaremos esa palabra. 

DB: Tiene connotaciones desafortunadas. 

K: Desde luego. Pero por el momento usémosla en nuestro diálogo por una cuestión de conveniencia. Existe esta quietud absoluta y, en o desde esa quietud, hay un movimiento, y ese movimiento es eternamente nuevo. ¿Cuál es la relación de esa mente con el universo? 

DB: ¿Con el universo de la materia? 

K: Con la totalidad del universo: la materia, los árboles, la naturaleza, el hombre, los cielos. 

DB: Ésa es una pregunta interesante. 

K: El universo está en orden; ya sea destructivo o constructivo, sigue estando en orden. 

DB: Vea, el orden tiene el carácter de ser absolutamente necesario; en cierto sentido, no puede ser de otro modo. El orden que por lo general conocemos nosotros, no es absolutamente necesario. Podría cambiar, depender de alguna otra cosa. 

K: La erupción de un volcán es orden. 

DB: Es orden con respecto a todo el universo. 

K: De acuerdo. Entonces, en el universo hay orden, y esta mente quieta, silenciosa, está completamente en orden. 

DB: La mente profunda, la absoluta. 

K: La mente absoluta. Por lo tanto, ¿es esta mente el universo? 

DB: ¿En qué sentido es el universo? Tenemos que comprender qué significa decir eso. 

K: Significa lo siguiente: ¿Existe una división, o una barrera entre esta mente absoluta y el universo? ¿O son la misma cosa? 

DB: Son la misma cosa. 

K: Eso es lo que quiero averiguar. 

DB: O tenemos una dualidad de mente y materia, o ambas son la misma cosa. 

K: Así es. ¿Es eso presuntuoso? 

DB: No necesariamente. Quiero decir que éstas son sólo dos posibilidades. 

K: Quiero estar completamente seguro de que no estamos caminando sobre algo que realmente necesita ser abordado de una manera muy sutil, que necesita un cuidado extremo. ¿Sabe lo que quiero decir?

DB: Sí. Regresemos al cuerpo. Hemos dicho que la mente que pertenece al cuerpo -pensamiento, sentimiento, deseo, la mente particular y la general- es parte del proceso material. 

K: Absolutamente. 

DB: Y que no es diferente del cuerpo. 

K: Correcto. Todas las reacciones son procesos materiales. 

DB: Y, en consecuencia, eso que por lo general llamamos “mente” no se diferencia de lo que llamamos “cuerpo”. 

K: De acuerdo. 

DB: Ahora usted está ampliando mucho esto, al proponer que consideremos la totalidad del universo. Y nos estamos preguntando si lo que llamamos mente en el universo, se diferencia de lo que llamamos universo en sí. 

K: Correcto. Usted ve por qué yo siento que en nuestra vida diaria tiene que haber orden, pero no el orden del pensamiento. 

DB: Sí, el pensamiento es un orden limitado, relativo. 

K: Así es. Por lo tanto, tiene que haber un orden que esté... 

DB: ...libre de la limitación. 

K: Sí. En nuestra vida diaria tenemos que tener ese orden, que implica ausencia absoluta de conflicto, de contradicción. 

DB: Consideremos el orden del pensamiento. Cuando el pensamiento es racional, está en orden. Pero en la contradicción, el orden del pensamiento se ha desbaratado, ha llegado a su límite. El pensamiento opera hasta que llega a una contradicción, y ése es el límite. 

K: Entonces, si en mi vida diaria hay un orden completo en el cual no existe perturbación alguna, ¿cuál es la relación de ese orden con el orden infinito? ¿Puede ese movimiento silencioso del orden, de esa cosa extraordinaria, afectar mi vida cotidiana, cuando tengo orden psicológico interno? ¿Comprende mi pregunta? 

DB: Sí. Hemos dicho, por ejemplo, que el volcán es una manifestación del orden total del universo. 

K: Absolutamente. O el tigre matando un ciervo. 

DB: La pregunta es, entonces, si un ser humano, en su vida corriente, puede ser algo similar. 

K: De eso se trata. Si no fuera así, ¿cuál es el sentido de lo otro, lo universal? 

DB: Bueno, ello no tiene sentido para el ser humano. Algunas personas dirían, ¿a quién le interesa el universo? Todo lo que nos interesa es nuestra propia sociedad y lo que nosotros estamos haciendo. Pero entonces eso se malogra porque está lleno de contradicción. 

K: Obviamente. Es sólo el pensamiento el que dice eso. De modo que el universo, que se halla en orden total, afecta realmente mi vida cotidiana. 

DB: Sí. Pienso que los científicos podrían preguntar cómo la afecta. Vea, uno podría decir: Yo comprendo que el universo está constituido por materia y que las leyes de la materia afectan nuestra vida cotidiana. Pero no está claro cómo influyen en la mente, ni si existe esta mente absoluta que afecta la vida cotidiana. 

K: ¡Ah! ¿Qué es mi vida cotidiana? Desorden y una serie de reacciones, ¿verdad? 

DB: Bueno, en su mayor parte es eso. 

K: Y el pensamiento está siempre esforzándose por introducir orden en eso. Pero cuando lo hace, eso sigue siendo desorden. 

DB: Porque el pensamiento está siempre limitado por sus propias contradicciones. 

K: Desde luego. El pensamiento siempre está creando desorden porque en sí mismo es limitado. 

DB: Tan pronto trata de ir más allá del límite, eso es desordenado. 

K: Correcto. He comprendido eso, lo he investigado, tengo en ello un instante lúcido de discernimiento y, por lo tanto, hay cierta clase de orden en mi vida. Pero ese orden todavía es limitado. Lo reconozco y digo que la existencia es limitada. 

DB: Ahora bien, algunas personas aceptarían eso y dirían: “¿Por qué debe usted obtener más?” 

K: No estoy obteniendo más. 

DB: Pero otras podrían decir: “Seríamos felices si pudiéramos vivir una vida material con un orden verdadero”. 

K: Y yo digo: ¡Hagámoslo! Ello debe hacerse. Pero en el mismo hacerlo, uno tiene que darse cuenta de que eso es limitado. 

DB: Sí, incluso el más elevado orden que podamos producir es limitado. 

K: Y la mente se da cuenta de su limitación y dice: Vayamos más allá de esa limitación. 

DB: ¿Por qué? Algunas personas dirían: ¿Por qué no ser felices dentro de esos limites, expandiéndolos continuamente, tratando de descubrir nuevas ideas, un orden nuevo? El artista descubrirá nuevas formas de arte, el científico una clase nueva de ciencia. 

K: Pero todo eso es siempre limitado. 

DB: A menudo sentimos que podemos llegar hasta aquí y debemos aceptar que sólo esto es posible. 

K: ¿Se refiere usted al sentimiento de que debemos aceptar la condición humana? 

DB: Bueno, mucha gente dirá que el hombre podría hacer las cosas mejor de lo que las hace. 

K: Sí, pero todo esto sigue siendo la condición humana, un poco reformada, un poco mejor. 

DB: Algunas personas dirían que enormemente reformada. 

K: ¡Pero sigue siendo limitada! 

DB: Sí. Tratemos de poner en claro qué hay de malo en la limitación.

 K: En esa limitación no hay libertad; hay sólo una libertad restringida. 

DB: Sí. Por lo tanto, finalmente llegamos al límite de nuestra libertad. Algo nos hace reaccionar, y a causa de la reacción, caemos de vuelta en la contradicción. 

K: Sí, ¿pero qué sucede cuando veo que estoy moviéndome siempre dentro de cierta área...? 

DB: Entonces estoy bajo el control de las fuerzas. 

K: Es inevitable que la mente se rebele contra eso. 

DB: Ése es un punto importante. Uno ve que la mente necesita libertad. ¿Correcto? 

K: Es obvio. 

DB: La mente dice que la libertad es el valor supremo. ¿Aceptamos eso, entonces, y lo vemos realmente como un hecho? 

K: Vale decir: comprendo que dentro de esa limitación soy un prisionero. 

DB: Algunas personas se acostumbran a ello y dicen: “Lo acepto”.

K: ¡Yo no lo aceptaré! Mi mente dice que debo liberarme de mi prisión. Soy un prisionero, y la prisión es muy agradable, muy refinada y todo lo demás. Pero mi mente sigue siendo limitada, aunque dice que más allá de todo eso tiene que haber libertad. 

DB: ¿Qué mente dice esto? ¿La mente particular del ser humano? 

K: ¡Ah! ¿Quién dice que tiene que haber libertad? Oh, eso es muy simple. El dolor mismo, el sufrimiento mismo exige que superemos esa limitación. 

DB: Esta mente particular, aun cuando acepta la limitación, encuentra que es dolorosa. 

K: Por supuesto. 

DB: Y, en consecuencia, esta mente particular siente de algún modo que eso no está bien. Pero no puede evitarlo. Y la libertad parece ser algo necesario. 

K: La libertad es necesaria, y cualquier impedimento a esa libertad implica regresión. ¿Correcto? 

DB: Esa necesidad no es una necesidad externa originada en la reacción. 

K: La libertad no es una reacción. 

DB: La necesidad de libertad no es una reacción. Algunas personas podrían decir que, habiendo estado en prisión, uno reaccionó de este modo. 

K: ¿Dónde nos encontramos, entonces? Esto quiere decir que debe haber libertad con respecto a la reacción, con respecto a la limitación del pensamiento, a todo movimiento del tiempo. Sabemos que tiene que haber libertad completa respecto de todo eso, antes de que podamos comprender de veras qué es la mente vacía y el orden del universo, que entonces es el orden de la mente. Estamos pidiendo muchísimo. ¿Nos sentimos dispuestos a llegar tan lejos? 

DB: Bueno, usted sabe que la falta de libertad tiene sus atracciones

K: Por supuesto, pero a mi no me interesan estas atracciones. 

DB: Pero usted preguntó si estamos dispuestos a llegar tan lejos. Por lo tanto, eso parece sugerir que puede haber algo atractivo en esta limitación. 

K: Sí, en la ausencia de libertad he encontrado certidumbre, seguridad, placer. Me doy cuenta de que en el placer o en el dolor, no hay libertad. La mente dice, no como una reacción, que uno debe liberarse de todo esto. Llegar a ese punto y liberarse sin conflicto exige su propia disciplina, su propio discernimiento. Por eso, a aquellos de nosotros que han investigado todo esto a cierta profundidad, les dije: ¿Puede uno llegar tan lejos como eso? ¿O las respuestas del cuerpo -las responsabilidades de la acción cotidiana, con la esposa de uno, los hijos y todo eso- impiden este sentido de completa libertad? Los monjes, los santos y los sanyasis han dicho: “Debes abandonar el mundo”. 

DB: Ya examinamos eso. 

K: Sí, ésa es otra forma de estupidez, aunque siento tener que expresarlo de ese modo. Hemos pasado por todo eso, de manera que rehuso entrar en ello nuevamente. Ahora pregunto: El universo y la mente que se ha vaciado de todo esto, ¿son una sola cosa? 

DB: ¿Lo son? 

K: No están separados, son una sola cosa. 

DB: ¿Está usted diciendo, entonces, que el universo material es como el cuerpo de la mente absoluta? 

K: Sí, exacto. 

DB: ¡Puede ser un modo pintoresco de expresarlo! 

K: Debemos cuidarnos mucho, también, de no caer en la trampa de pensar que la mente universal está siempre ahí. 

DB: ¿Cómo lo expresaría usted, entonces? 

K: El hombre ha dicho que Dios está siempre ahí; Brahma o el principio supremo está siempre presente, y todo lo que usted tiene que hacer es purificarse y alcanzar eso. También ésta es una aseveración muy peligrosa, porque entonces yo podría decir que lo eterno está en mí. 

DB: Pero yo pienso que eso es proyectar. 

K: ¡Por supuesto! 

DB: Existe una dificultad lógica cuando decimos que ello está siempre ahí, porque “siempre” implica tiempo, y nosotros estamos tratando de discutir algo que nada tiene que ver con el tiempo. ¡Por lo tanto, no podemos situarlo no aquí, ni allá, ni ahora ni luego! 

K: Hemos llegado al punto en que existe esta mente universal, y la mente humana puede ser parte de ella cuando hay libertad. 

20 de septiembre de 1980, Brockwood Park, HAMPSHIRE