ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN - Miércoles, 10 de Julio -

 Segunda plática 

Miércoles, 10 de Julio 

¿Podemos continuar con lo que estuvimos hablando el otro día? Pienso que es importante comprender que esto no es un culto a la personalidad. La persona llamada K no es importante en absoluto. Lo que importa es lo que esa persona dice, no lo que parece, no su personalidad y toda esa tontería. Así que, por favor, si se le permite a uno señalarlo cuidadosa y definitivamente, la persona que está hablando en el estrado no es de manera alguna importante. El otro día hablamos acerca de diversas formas de conflicto, de cuál es la causa del conflicto, y por qué, durante toda la historia de la humanidad, el hombre -incluyendo, por supuesto a la mujer- ha vivido en conflicto y jamás ha podido resolver ese problema. A través de los siglos, después de este largo período de evolución, de muchos, muchos milenios, seguimos estando en conflicto unos con otros -conflicto entre el hombre y la mujer, entre los seres humanos, entre un grupo de personas, entre naciones, sexos, religiones. Estoy seguro de que uno es consciente de todo esto: del terrorismo, de la brutalidad, de la espantosa crueldad, de todas las cosas horribles que están ocurriendo en el mundo... ¿Quién es el responsable de todo eso? Como dijimos el otro día, ésta es una reunión seria, no para pasar meramente una hermosa mañana sentados bajo una carpa o escuchando hablar a alguien; ésta es una reunión seria, activa, cooperativa y con un propósito bien definido. Nos estamos preguntando esta mañana: ¿Quién es el responsable de todo esto? La responsabilidad implica cuidado, atención, no sólo a lo que ocurre exteriormente en el mundo, sino también internamente en todos nosotros; ¿quién es el responsable de todo esto? ¿Son los políticos los responsables? Vale decir, dejémosles que hagan lo que quieran, puesto que en una sociedad llamada democrática somos nosotros mismos quienes los hemos elegido. En los estados totalitarios no los elegimos, simplemente llegan al poder y nos dominan a todos. Por tanto, ¿quién es el responsable? ¿Las religiones? ¿El mundo islámico? ¿El mundo cristiano? ¿El mundo hindú, el budista, etc.? ¿O los responsables somos nosotros, cada uno de nosotros? Por favor, consideren esto. ¿Es cada uno de nosotros, viviendo en este mundo, en este medio, no sólo en la bella Suiza sino en todas partes del mundo, es cada uno de nosotros -ustedes sentados ahí y quien les habla, aquí somos nosotros los responsables de todo esto? Espero que se estén formulando esta pregunta a sí mismos. ¿Son ustedes los responsables por crear este mundo espantoso, brutal, peligroso y aterrador? Si han ido a diversos países, habrán visto todo esto, una pobreza enorme, millones y millones de personas pobres, hambrientas, y aquellas que son terriblemente ricas, que han nacido para ocupar una alta posición y que por el resto de sus vidas conservan sus riquezas, sus castillos, sus mansiones, etc. ¿Quién es el responsable? ¿Somos los responsables por haber creado esta sociedad que nos rodea, la cultura, la religión, los dioses y toda esa repetición y sensación ritualista? ¿Somos los responsables por ser iracundos, codiciosos, violentos, desordenados, por odiar y limitar nuestro afecto a muy, muy, muy pocas personas? ¿Ha creado cada uno de nosotros esta sociedad en que vivimos? ¿Es cada uno de nosotros el responsable? Ustedes dicen: «Lo siento, yo no soy el responsable, o puede que sean indiferentes a toda la cosa mientras están a salvo en un país particular, protegidos por las fronteras. Llegamos, pues, a una pregunta muy seria: ¿Qué es el orden y qué es el desorden? Por favor, estamos discutiendo, investigando juntos esta cuestión. No se trata de que ustedes acepten, ni que en modo alguno se conformen con lo que dice quien les habla; eso sería completamente inútil. ¿Podemos, en cambio, hacer juntos un largo viaje, no sólo intelectualmente, verbalmente, sino a una profundidad mucho mayor, a fin de descubrir por qué la sociedad de la que somos responsables está creando un desorden y una crueldad tan terribles? ¿Somos diferentes de la sociedad, de la cosa que hemos creado? ¿Acaso no tiene que haber primero orden en nuestra propia casa -no sólo entre las paredes externas de la casa y el jardín, sino también en el mundo interno en que todos vivimos, el mundo subjetivo, psicológico? ¿Hay desorden ahí? ¿Comprenden mi pregunta? Espero estar expresándome con claridad. En tanto vivamos, cada uno de nosotros, en desorden -psicológicamente, subjetivamente, internamente- cualquier cosa que hagamos creará desorden. Los estados totalitarios han dicho que, cambiando la sociedad, el medio, forzándolo, obligándolo, ellos cambiarán la humanidad, el cerebro humano. No han tenido éxito. Hay disenso constante, hay rebelión y todas esas cosas. De modo que si ustedes ven esto, que somos nosotros los que hemos creado este desorden, y que este desorden es la sociedad en que vivimos, ¿qué es lo que harán? ¿Por dónde han de comenzar? ¿Desean cambiar la sociedad como lo hacen los reformadores, los benefactores sociales, los hombres que quieren cambiar las leyes mediante el terrorismo y la compulsión? ¿O pondrán internamente en orden la propia casa? ¿Es clara la pregunta? Entonces, ¿cómo pondremos yo o ustedes la casa en orden? Porque ése es el único sitio por donde puedo comenzar, no por la reforma externa, no por el cambio externo de las leyes, o constituyendo las Naciones Unidas, etc. Si se me permite hacer una pequeña digresión, el año anterior y este año fuimos invitados a hablar en las Naciones Unidas. Uno de los personajes importantes en las mismas, se puso de pie después de que K hubo hablado, y dijo: «En los últimos cuarenta años de trabajar muy duramente en esta institución, he llegado a la conclusión de que no debemos matarnos los unos a los otros». ¡Cuarenta años! Y estamos en lo mismo, esperando que algo ocurra ahí afuera, algo que nos obligue, que nos fuerce, que nos persuada, que nos dirija. Hemos dependido siempre de lo externo -retos externos, guerras externas, etcétera. ¿Qué haremos, pues? No es bueno afiliarse a pequeñas comunidades, o seguir a algún gurú. Eso es una irresponsabilidad total. Abandonarse, entregarse a alguien que se titula a sí mismo iluminado, los conduce a... a cualquier cosa que él quiera conducirlos -generalmente al dinero de ustedes. ¿Cómo, pues, empezaremos a generar orden internamente? El orden implica que no hay conflicto, ¿no es así? Nada de conflicto interno, completa ausencia de conflicto, ¿verdad? El otro día examinamos esta cuestión de la causa del conflicto. Se han escrito volúmenes al respecto. Psicólogos, psiquiatras, terapeutas, etc., lo han explicado verbalmente; se han vertido millones de palabras sobre el tema y, no obstante, todos nosotros seguimos viviendo en conflicto. Donde la mente, el cerebro se halla en desorden, que es la esencia del conflicto, ese cerebro jamás puede ser ordenado, sencillo, claro. Esto puede darse por sentado como una ley, como la ley de la gravedad, o la ley que hace que el sol asome por oriente y se ponga en occidente: Donde hay conflicto interno o subjetivo, tiene que haber desorden. Por favor, investíguenlo cuidadosamente. Y, ¿cuál es la naturaleza del desorden? No qué es el orden, porque una mente confusa puede inventar un orden y decir: «Eso es el orden». Un cerebro que está preso en ilusiones -como lo está el de la mayoría- creará su propio orden desde la confusión -¿correcto? ¿Cuál es, entonces, la naturaleza del desorden? ¿Por qué los separamos? Decimos que nos damos cuenta de que estamos en desorden, lo cual es bastante sencillo, y después buscamos el orden a partir de ese desorden. Los políticos saben que hay desorden y buscan el orden. ¿Está claro esto? Por supuesto que sí. No sólo los políticos, sino cada uno de nosotros sabe que nuestra vida es desordenada. Ir a la oficina desde las nueve de la mañana a las cinco de la tarde -¡qué vida llevan ustedes!- luchando, riñendo, trepando la escalera social, ambiciosos, codiciosos, agresivos; y después, cuando vuelven a sus casas son muy dóciles y se someten a la esposa, o al marido, o a quien sea. En esto hay desorden, y todo el tiempo el cerebro está buscando el orden -todo el tiempo- porque no puede vivir en desorden; no puede funcionar claramente, bellamente, exquisitamente, a su más alta capacidad, cuando hay desorden. Por lo tanto, en todos nosotros hay una sutil búsqueda del orden. Así que nos preguntamos: ¿Por qué existe esta división, desear el orden y luego vivir en desorden? No sé si están siguiendo esto. No se desconcierten, es muy sencillo. Vivimos en desorden, eso es seguro. ¿Por qué preocuparnos por el orden? Veamos si podemos esclarecer el desorden. Si uno puede esclarecer el desorden, entonces hay orden. No existe ese conflicto entre el desorden y el orden. Vean, esto es bastante sencillo. Somos personas violentas, agresivas, no sólo físicamente sino también psicológica, internamente. Queremos lastimar a otros. Decimos acerca de ellos cosas brutales. La violencia no es una acción meramente física; la violencia es también psicológica -agredir, imitar, compararse uno mismo con otro, etc., todo eso es una forma de violencia. Por nuestra naturaleza que proviene del animal, somos violentos. Y no permanecemos con eso reconociendo: «Yo soy violento»; inventamos la no violencia. Decimos: «No debo ser violento». ¿Por qué ocuparnos de no ser violentos? Somos violentos; veamos eso, permanezcamos con eso, no nos apartemos de eso. Entonces podremos examinarlo juntos y ver hasta dónde podemos disipar la violencia. Pero si uno está luchando constantemente para volverse no violento, entonces no puede resolver el problema, porque cuando trata de volverse no violento, está sembrando todo el tiempo las semillas de la violencia. Yo soy violento, y espero que un día no tendré más violencia; ese día está muy lejos en el tiempo, y durante el intervalo yo siembro violencia, sigo siendo violento -tal vez no tanto, pero sigo siendo violento. Así que digo: No nos ocupemos de no ser violentos, comprendamos la violencia, comprendamos cuál es su naturaleza, por qué existe y si es posible librarse de ella completamente. Eso es mucho más interesante y vital que perseguir la no violencia. Así, de manera similar, es importante comprender el desorden y olvidarse del orden. Porque si comprendemos eso, moviéndonos fuera de la comprensión intelectual, verbal, entonces podremos descubrir el modo de vivir una vida que sea completamente no violenta. Espero que esta cuestión esté clara para nosotros. ¿Qué es, entonces, el desorden? El cerebro está buscando orden; no se concentra, no está atento a fin de descubrir qué es el desorden. Éste es un diálogo entre nosotros. No esperen que quien les habla conteste esa pregunta, porque entonces sólo repetirán. Si pueden descubrir, encontrar la verdad de ello, eso que han descubierto les pertenece, y entonces pueden actuar. Pero si meramente escuchan lo que está diciendo quien les habla, entonces sólo lo repiten, no lo saben -«no comprendo, ¡es tan difícil!», y todas esas tonterías. Entonces, ¿qué es el desorden? Decir una cosa y pensar otra, actuar en cierto sentido y en otro sentido ocultar los propios pensamientos y sentimientos. Esa es sólo una cuestión muy sencilla. Requiere una gran honestidad decir las cosas que uno mismo quiere decir -no repetir las que otros le han dicho a uno. Es probable que todos ustedes hayan leído muchísimo, de modo que sus cerebros están llenos con los conocimientos, con los conceptos y prejuicios de otras personas, los cuales se agregan a los propios. De modo que repiten. Jamás se sientan, o caminan en el bosque, y descubren qué es el desorden. Para descubrir, uno ha de ser tremendamente honesto -afrontar las cosas como son. Si tengo miedo, tengo miedo y no finjo no tener miedo. Si he mentido, digo que he mentido, no defiendo la mentira. Enfrentarse exactamente a lo que uno es, no a lo que uno debería ser. ¿Estamos juntos en esto? Así, gradualmente -o instantáneamente- uno descubre por sí mismo las causas, de cualquier clase que sean, físicas, subjetivas o psicológicas. El conflicto existe cuando hay dos factores opuestos en la vida: lo bueno y lo malo. ¿Es lo bueno algo totalmente separado de lo malo? ¿O lo bueno es en parte lo malo? ¿Me expreso con claridad? No. ¿Qué es malo? ¿Y qué es bueno? Obviamente, matar a otro es malo, ya sea en el nombre de Dios, en el nombre de otro ser humano, etc., etc. ¿Y qué es bueno, qué es ser bueno? ¿Están ustedes esperando que yo lo describa? Probablemente, nunca han investigado todo esto. ¿Está lo bueno separado de lo malo? ¿O es que lo bueno tiene sus raíces, su origen en lo malo? -¿comprenden? Existen dos elementos en los seres humanos: el elemento bueno y el malo. Lo malo, digamos, es ser iracundo, lo bueno es no ser iracundo. Pero yo he conocido la ira, y cuando digo: «No debo ser iracundo, seré bueno», lo bueno ha nacido de mi ira. Cuando digo: «Tengo que ser bueno», yo he conocido lo malo. Si no conozco lo malo, soy lo bueno. Me pregunto si comprenden ustedes esto. O sea, que si soy violento no sé qué es lo otro. Si no soy violento, entonces existe lo otro. ¿Nace, pues, lo bueno de lo malo? Si lo bueno nace de lo malo, entonces lo bueno no es bueno. ¿Estamos juntos en esto? Parece algo confuso, pero créanme que no lo es. Es muy sencillo. Es por eso que dije: Por favor, pensemos sencillamente, claramente, sin prejuicios, sin preferencias. Del mismo modo, el amor no es odio, ¿de acuerdo? Si el amor ha nacido del odio, entonces no es amor. ¿Está claro eso? Quien les habla no odia a nadie, pero supongamos que sí; entonces dice: «No debo odiar, tengo que amar». Eso no es amor, sigue siendo parte del odio. Es una decisión, un acto del pensamiento. Y el pensamiento no es amor. ¿Podemos, pues, nosotros, cada uno de nosotros, sentirnos responsables por haber creado esta sociedad en que vivimos, que es monstruosa, inmoral más allá de toda imaginación -puede cada uno de nosotros, viviendo en este mundo, en esta sociedad, estar completamente libre del desorden? Eso significa la completa terminación del conflicto, el fin de este sentido de dualidad en nosotros -dualidad, los elementos opuestos dentro de nosotros. ¿No es, entonces, cuestión de estar tremendamente alertas -alertas a cada pensamiento? ¿Podemos estarlo? Esto nos lleva al punto siguiente: ¿Qué es el pensamiento? ¿Qué es el pensar? Si a ustedes se les pregunta qué es el pensar, ¿qué responderían? Yo lo pregunto, quien les habla les está preguntando: ¿Qué es el pensar? Y ustedes empiezan a pensar. Toda nuestra vida es pensamiento y sensación. El niño dice: «Mi libro», «¡Ése es mi columpio!» -eso es pensar. Mediante el pensar, la humanidad ha enviado un cohete a la luna. Pero ese pensar también pone allá arriba una bandera. ¡Recorrer todo ese camino hasta la luna y colocar allá una bandera! No, no se rían. Vean lo que hace el pensamiento. El pensamiento ha creado todo el mundo de la tecnología. Se han hecho cosas asombrosas que ni siquiera nos imaginamos, acerca de las cuales es muy poco lo que sabemos -la computadora, los extraordinarios submarinos, etc., etc. Todo eso lo ha hecho el pensar -¿de acuerdo? Y el pensamiento ha construido también los edificios más extraordinarios. Cuando uno escribe una carta tiene que pensar, y tiene que pensar cuando maneja un automóvil; de modo que el pensar se ha vuelto extraordinariamente importante para todos nosotros. El pensar forma parte de nuestro programa. Hemos sido programados: yo soy católico, usted es protestante, yo soy musulmán, usted es hindú; usted es comunista, yo soy demócrata... ¿entienden? Eso forma parte de nuestro condicionamiento. Hemos sido programados por los diarios, las revistas, los políticos, los sacerdotes, el arzobispo, el Papa -ustedes conocen toda la cosa, cómo hemos sido programados. ¿Qué es, entonces, el pensar? ¿Por qué piensan ustedes? ¿Por qué piensan en absoluto? ¿Por qué simplemente no actúan? No pueden. Primero planean muy cuidadosamente lo que van a hacer -«¿esta bien o está mal, es como debería ser o no lo es?»- y entonces sus emociones, sus sensaciones dicen que eso está muy bien o está muy mal, y ustedes van y lo hacen o no lo hacen. Todo esto es un proceso de pensar. «¿Debería casarme, no debería? Esa muchacha es apropiada, la otra no lo es, o a la inversa». El pensar ha ocasionado muchísimo daño -odio, celos, guerras, el deseo de lastimar a otros. ¿Qué es, entonces, el pensar? El llamado buen pensar y el llamado mal pensar, el pensar correcto y el pensar incorrecto; todo eso sigue siendo el pensar. El pensar oriental y el pensar occidental, siguen siendo pensar. ¿Qué es el pensar? No esperen que yo lo diga. Formúlense esa pregunta a sí mismos. ¿Qué es el pensar? Ustedes no pueden pensar sin la memoria. ¿Qué es, entonces, la memoria? Prosigan. Dediquen sus cerebros a ello. Rememoración, una larga asociación de ideas, un largo manojo de recuerdos; recuerdo la casa en que he vivido, recuerdo mi infancia. ¿Qué es eso? Es el pasado. El pasado es memoria. Uno no sabe lo que sucederá mañana, pero puede proyectar lo que podría suceder. Eso sigue siendo la acción de la memoria en el tiempo. ¿Cómo surge la memoria? Todo esto es muy sencillo. La memoria no puede existir sin el conocimiento. Si tengo el conocimiento del accidente automovilístico que me ocurrió ayer -no ocurrió- recuerdo ese accidente. Pero previo a esa recordación existió el accidente -¿correcto? El accidente se convierte en conocimiento, y entonces desde ese conocimiento surge la memoria. Si no hubiera tenido un accidente, no existiría el recuerdo de un accidente. De modo que el conocimiento se basa en la experiencia, y la experiencia es siempre limitada, siempre. Yo no puedo experimentar la inmensidad del orden universal. No puedo experimentarlo, pero puedo imaginarlo. ¡Es maravilloso! La experiencia es limitada y, por tanto, el conocimiento es limitado, ya sea ahora o en el futuro, porque se suman más y más conocimientos. El conocimiento científico se basa en eso. El conocimiento es siempre limitado, ahora o en el futuro, de modo que la memoria es limitada. Por consiguiente, el pensamiento es limitado. ¿Correcto? Aquí es donde radica la dificultad. El pensamiento es limitado. Ya sea noble o innoble, religioso o no religioso, virtuoso o no virtuoso, moral o inmoral, el pensamiento sigue siendo limitado. Cualquier cosa que haga el pensamiento es limitada. ¿Estamos de acuerdo en esto? ¿Puede, pues, el pensamiento generar orden, puesto que el pensamiento mismo, siendo limitado, tal vez sea el origen del desorden? No sé si captan ustedes esto. ¿Comprenden mi pregunta? Es muy interesante. Examínenla. Cualquier cosa que sea limitada tiene que crear desorden, si soy un musulmán -que es algo muy limitado- debo por fuerza crear desorden; si soy un israelí, tengo que crear desorden, o si soy un hindú, un budista, un cristiano, etcétera, etcétera ¿Es, entonces, el pensamiento la raíz misma del desorden? Investíguenlo, señores. Por favor, sean escépticos, no acepten nada de lo que dice quien les habla. Averígüenlo ustedes, investiguen, no mañana sino ahora; sentados ahí examínenlo, descubran. Pongan pasión en ello, no fanatismo. Entonces comenzarán a descubrir. Así que, como seres humanos, hemos vivido por millones de años en un estado de violencia, de desorden y conflicto -y todo eso es producto del pensamiento. Todo eso. De modo que uno empieza a inquirir: ¿Hay alguna otra cosa que sea tan activa, tan precisa y energética como el pensamiento? K descubrió hace mucho tiempo que el pensamiento es muy limitado. Nadie se lo dijo; él lo descubrió, él dio con ello. Entonces comenzó a preguntarse: ¿Existe otro instrumento como ése? El pensamiento está dentro de este cerebro, dentro de este cráneo. El cerebro contiene todos los pensamientos, todos los recuerdos, todas las experiencias. Es también el conjunto de todas las emociones, sensaciones y reacciones nerviosas. Es la vasta memoria que está contenida ahí, la racial, la no racial, la personal -todo eso está ahí. Y el centro de todo eso es el pensamiento. Éste puede decir: «No, es otra cosa», pero eso sigue siendo pensamiento. Cuando éste dice que busca una superconciencia, ello sigue siendo pensamiento. De modo que uno pregunta, K pregunta: ¿Existe otro instrumento -o no un instrumento- una onda, un movimiento que no sea de esta clase? ¿Se están formulando ustedes esta pregunta? Si lo hacen, ¿quién va a contestarles? Sean cuidadosos, por favor. Esto exige gran sutileza y habilidad, porque el pensamiento puede ser muy engañoso. Dice «Muy bien, he comprendido que el pensamiento es limitado», pero sigue estando en actividad. Y entonces empieza a inventar: «Yo sé que el pensamiento es limitado, pero Dios es infinito, y yo estoy buscando a Dios». El pensamiento es limitado, pero inventa los rituales, las vestiduras medievales de los monjes y los sacerdotes, etcétera. ¿Puede, pues el cerebro utilizar el pensamiento -actuar reflexivamente cuando es indispensable, pero de lo contrario no tener pensamientos? ¿Comprenden? ¿Puede el cerebro utilizar el pensamiento cuando es necesario? Es necesario vivir con el pensamiento cuando uno maneja un automóvil, cuando uno come, cuando escribe una carta, cuando hace esto o aquello. Todo eso es el movimiento limitado del pensar. O sea, que cuando se le necesita, el pensamiento puede actuar; pero en caso contrario, ¿por qué debería parlotear todo el día? ¿Existe, entonces, otro instrumento que no sea en absoluto el pensar -que no sea producto del pensamiento, ni sea concebido o elaborado sutilmente por el pensamiento? Descúbranlo. Ello requiere comprender el tiempo. ¿Puedo investigar esto? ¿No están cansados? Ustedes tienen que comprender qué es el tiempo. No el tiempo de salida y puesta del sol, ni el tiempo de la luna nueva, ni el tiempo del día desde la mañana a la noche. El tiempo es también todo lo que sucedió en nuestra vida -que son miles de ayeres- y todo lo que podría suceder mañana. El tiempo es horizontal y vertical. El tiempo es el pasado, es el ahora mientras estamos sentados aquí, y también es el mañana. Y éste es el ciclo en que estamos atrapados. Miles de ayeres, muchos días en nuestra vida, y antes de que muramos habrá algunos días más. Así que todo este movimiento cíclico es el tiempo. El tiempo es necesario para que la pequeña semilla se desarrolle hasta convertirse en un árbol grande, o el bebé en un hombre adulto. Está el tiempo físico y también el tiempo psicológico, yo soy esto, pero seré aquello. Llegar a ser aquello requiere tiempo. ¿Están siguiendo todo esto? Así, el cerebro vive en el tiempo. El cerebro se ha cultivado, ha crecido, ha evolucionado a través del tiempo. Todo este movimiento de la vida tal como lo conocemos, es tiempo -¿de acuerdo? Sabemos lo que fue ayer. Uno puede recordar su infancia, puede recordar su vida de hace veinte años o de diez días atrás, lo cual es el pasado. Ese pasado es el presente ligeramente cambiado, ligeramente modificado por las circunstancias actuales. ¿Entienden lo que se está diciendo o estoy hablando para mí mismo? Otros diez minutos, por favor. No se aburran ni se duerman. Es de la vida de ustedes que estamos hablando, no de mi vida. Es la vida de ustedes, la que viven todos los días -la que es realmente no la que debería ser. Es la cotidiana, monótona, solitaria desesperada, ansiosa e incierta vida de ustedes. Y esa vida forma parte del movimiento del tiempo. El tiempo es también llegar a un final cuando muero. Por lo tanto, el tiempo nos concierne. Tendré un empleo mejor si me empeño en ello; si adquiero mayor destreza, ganaré más dinero. Todo eso es tiempo. Y el ayer, muchos ayeres un poco modificados por las circunstancias, por las presiones, son el ahora. Todo eso ha sucedido como resultado de un millar de ayeres refinándose ligeramente, modificándose ligeramente y marchando hacia el futuro -¿correcto? El pasado, modificándose a través del presente, se convierte en el futuro. De modo que el futuro es ahora. No sé si ustedes ven esto. Por favor, dedíquenle sólo un poco de tiempo. Uno vivió en la India con todas las creencias, con los dogmas culturales, supersticiosos, con las inmensas tradiciones que tienen de tres a cinco mil años de antigüedad, uno se educó en eso y vivió ahí en ese pequeño círculo del brahmanismo, y si uno no hubiera despertado, habría permanecido ahí por el resto de su vida hasta morir. Pero las circunstancias, las circunstancias económicas, los viajes, esto y aquello, hacen que uno abandone esto; la tradición de tres a cinco mil años cambia a través de la modificación, o sea, a través de la economía: tengo que ganar dinero, mi esposa, mis hijos deben tener más ropas. Pero el pasado sigue moviéndose y cambia a causa de las circunstancias, y el cambio continúa en el futuro. Eso está claro. Entonces nos preguntamos: ¿Qué es el futuro? ¿Es lo que somos ahora el futuro, modificado, pero no obstante el futuro? Existe una continuidad desde el pasado que se modifica un poco hacia el futuro -¿correcto? Hemos vivido en esta tierra como seres humanos, como ‘homo sapiens’, por millones de años. Fuimos salvajes entonces y aún somos salvajes, pero con ropas limpias, afeitados, bañados, refinados, mientras que internamente nos odiamos unos a otros, nos matamos unos a otros, somos tribales y todas esas cosas. No hemos cambiado mucho. De modo que el futuro es ahora, porque lo que he sido es lo que sigo siendo ahora, modificado, y proseguiré siendo así. Por lo tanto, el futuro es ahora; y a menos que rompa el ciclo, el futuro siempre será el ahora. Me pregunto si comprenden esto. No es muy difícil; por favor, no lo hagan difícil. Supongamos que yo he sido codicioso por los últimos treinta años, y esa codicia llega a modificarse porque no puedo ganar tanto, no puedo satisfacerme hasta ese punto, pero sigo siendo codicioso. Y eso continúa. Así que, a menos que termine con la codicia ahora, mañana seré codicioso. Es muy sencillo. Nuestra pregunta es, entonces, la siguiente: ¿Puede ‘lo que es’, el pasado, cambiar, terminar completamente? Entonces rompen ustedes el ciclo. Cuando rompen el ciclo, cambian las células mismas del cerebro. Hemos discutido esta cuestión con especialistas del cerebro -pero no nos ocuparemos de todo eso. Vean, señores, yo he vivido noventa años -quien les habla tiene noventa años. ¡No simpaticen con él, por Dios! Todo lo que ha sucedido durante estos noventa años, o cincuenta años, o diez años, o incluso diez días es el pasado -la memoria, las experiencias, hablar aquí y allá, pequeños auditorios, la reputación y todas esas tonterías -y todo eso está en el pasado. Y él se siente importante sentado en una plataforma, tiene una reputación. Por lo tanto, él desea que esta reputación, este sentarse en la plataforma, todo ese asunto continúe -¿correcto? Pero él puede envejecer -no que puede, es viejo- y puede perder los auditorios porque su cerebro podría volverse ‘gagá’ -no, escuchen esto atentamente, por favor, escuchen; no es cosa de risa. Puede ser gracioso, pero sólo considérenlo. A menos que él se libere del auditorio ahora, que se libere de su reputación ahora, quedará atascado en eso. De modo que le pone fin. Podrá volverse ‘gagá’ el año que viene, muy bien, pero él ha terminado con eso. El cerebro ha roto el ciclo del tiempo. El cerebro se compone de millones y millones de células y son esas mismas células las que matan. Existe una especie diferente de célula, porque uno se ha movido de una dirección a otra dirección diferente. ¿Entienden? O sea, que uno ha estado yendo hacia el norte durante toda su vida. Viene alguien y dice: «Vea, en el norte no hay nada, ¡por Dios! no malgaste su energía yendo al norte, vaya al sur o al este». En el momento que uno se vuelve hacia el este, ha roto el patrón. Uno ha roto el patrón que han establecido las células y se ha dirigido al este. Es así de sencillo si uno lo hace. Uno puede hablar interminablemente, puede escribir libros interminablemente, pero una vez que ve la naturaleza del tiempo, ve que es muy poco lo que hemos cambiado a través de estos millones de años. Seguimos matándonos unos a otros, sólo que de un modo más diabólico. La bomba atómica puede barrernos, vaporizarnos en un segundo. No existiremos más, nada existirá. Pero es lo mismo que cuando un hombre mataba a otro hombre hace dos millones de años. Seguimos haciendo eso. A menos que rompamos el patrón, haremos la misma cosa mañana. Esto es muy sencillo de entender. Hace dos mil años los hombres mataban con una maza; más tarde inventaron la flecha. Pensaban que la flecha pondría fin a las guerras. Ahora tenemos los terribles medios de destrucción modernos. Es lo mismo que dos millones de años atrás: seguimos matando. Ese es el patrón que el cerebro ha aceptado y con el que ha vivido; el cerebro ha creado el patrón. Si el cerebro puede darse cuenta por sí mismo, no mediante la presión o la compulsión, si puede comprender por sí mismo que el tiempo carece de validez en el movimiento del cambio, entonces uno ha roto el patrón. Entonces existe un modo por completo diferente de vivir.

ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN - Domingo, 7 de julio -

 Primera plática 

Domingo, 7 de Julio 

Uno quisiera señalar -si se le permite- que ésta es una reunión de gente seria que se interesa en la vida cotidiana. No estamos de ninguna manera interesados en creencias ideologías, suposiciones, conclusiones teóricas o conceptos teológicos, ni tratamos de fundar una secta, un grupo de personas que sigan a alguien. No somos frívolos -así lo espero- sino que más bien nos preocupamos juntos por lo que está sucediendo en el mundo -todas las tragedias, la completa desdicha, la pobreza- y nuestra responsabilidad hacia ello. Uno también quisiera señalar, si le es permitido, que ustedes y yo, quien les habla, estamos caminando, viajando juntos, no en un avión a 30.000 o 40.000 pies de altura, sino que paseamos por un camino tranquilo, un largo camino interminable por todo el mundo, donde uno ve terrorismo espantoso, matanza de personas sin propósito alguno, amenazas, secuestros, asaltos, asesinatos, guerras. Eso no parece importarnos demasiado. Solamente cuando ocurre muy cerca de nosotros nos preocupamos, nos inquietamos, sentimos miedo. Cuando sucede muy lejos de nosotros, nos mostramos más indiferentes. Esto es lo que está ocurriendo en el mundo -división económica, división política, y todas las divisiones religiosas, sectarias. Hay muchísimo riesgo, muchísimo peligro. Uno no sabe qué va a ocurrir en el futuro, no sólo con nuestra propia vida sino con la de nuestros hijos y la de nuestros nietos. Todo el mundo se encuentra en un gran estado de crisis, y la crisis no sólo está afuera sino también dentro de cada uno de nosotros. De modo que si somos por completo conscientes de todo esto, ¿cuál es la responsabilidad que en ello tiene cada uno de nosotros? Tenemos que habernos formulado esta pregunta con bastante frecuencia. ¿Qué es lo que hemos de hacer? ¿Por dónde tiene uno que empezar? ¿Qué debe hacer cada uno de nosotros al enfrentarse a esta terrible sociedad en que vivimos, una sociedad en la que cada cual se interesa sólo en sí mismo, en su propia realización, en su propia desdicha, en sus luchas económicas, etc., etc., etc. Cada uno de nosotros se interesa solamente en sí mismo. ¿Qué hemos de hacer? ¿Imploraremos a Dios -repitiendo plegarias una y otra y otra vez? ¿O habremos de pertenecer a alguna secta, o seguiremos a algún gurú, o escaparemos del mundo vistiendo algún traje medieval o ropas modernas de un color peculiar? ¿Podemos de modo alguno apartarnos del mundo, como los monjes? Al ver todo esto, al observarlo íntimamente -no como algo sobre lo cual uno ha leído en los diarios, o que le ha sido relatado por los periodistas, las novelas, la televisión- ¿cuál es el papel, la responsabilidad que en ello tiene cada uno de nosotros? Como dijimos, no estamos tratando de entretenerles o decirles lo que deben hacer -lo que cada uno de nosotros debe hacer. Hemos tenido líderes a granel, líderes políticos, económicos, religiosos, sectarios, y ellos han sido completamente inútiles; tienen sus propias teorías, hacen lo que quieren, y hay miles de personas que los siguen en todo el mundo. Poseen realmente riquezas enormes (no sólo la riqueza de la iglesia católica romana, sino también la riqueza de los gurús). Todo ello viene a parar en el dinero. Por lo tanto, si a uno le es permitido preguntarlo: ¿Qué haremos ustedes y yo juntos? ¿O qué hará cada uno de nosotros como ser humano? ¿Nos interesa en absoluto todo esto o estamos buscando alguna satisfacción particular, alguna gratificación para nosotros mismos? ¿Estamos comprometidos con cierto símbolo -religioso o de otra clase- y nos aferramos a él, esperando que lo que se encuentra tras de ese símbolo nos ayude? Ésta es una pregunta muy seria. Y se está volviendo mucho más seria ahora, porque hay amenaza de guerra y, por tanto, una incertidumbre total. ¿Puedo, puede quien les habla, informarles acerca de una conversación que él ha tenido con un Sr. X, la cual continuó por varios días? El Sr. X le contó a quien les habla, que ha viajado por casi todo el mundo. Es bastante instruido, ha estado en diversas organizaciones, incorporándose algunas veces a ellas y abandonándolas apresuradamente. Ha seguido a uno que otro gurú y renunció a ellos. Y por unas cuantas semanas trató de convertirse en monje y también desistió de eso. Y miró los diversos partidos políticos, todo el espectro de las actividades políticas, y al final dijo: «He venido a hablar con usted. Me gustaría que tuviéramos una conversación, pero al mismo nivel en que yo estoy, no en el que se supone que está usted. Yo no conozco su verdadera posición o lo que usted es, aunque algo he leído al respecto». ¿Puedo continuar con esta conversación? ¿Les interesa? Y él prosiguió: «Discutamos las cosas juntos usted y yo, como dos amigos -como dos amigos que han vivido juntos en el mundo y han pasado por toda clase de afanes. ¿Qué significa todo esto? ¿Por qué el hombre ha nacido así? ¿Por qué después de muchos, muchos, muchos milenios ha llegado a ser lo que es ahora -sufriente, ansioso, solitario, desesperado con la enfermedad, con la muerte; y siempre los dioses por ahí, en alguna parte? Olvidémoslo todo acerca de esos dioses y hablemos juntos como dos seres humanos que viven en este mundo, en este país maravilloso, en esta tierra que es tan bella, que es la madre de todas las cosas». Y así este Sr. X mostró algo de sus pensamientos íntimos, de sus actividades externas. Y dijo: «¿Qué significa todo esto? ¿Por qué los seres humanos, que son tan refinados, tan educados, que se han vuelto expertos en tecnología, que pueden inventar dioses y diosas y todo lo demás -por qué los seres humanos están en perpetuo conflicto en todo el mundo, en conflicto con el ambiente, con los gobiernos que ellos mismos han elegido, o con algún dogma inventado por antiguos sacerdotes? ¿Por qué cada ser humano, desde el momento que nace hasta que muere, vive en este conflicto?» Ésta fue la primera pregunta que formuló el Sr. X. ¿Por qué? ¿Cuál es la causa de este conflicto, no sólo en lo externo sino también muy profundamente en lo interno, en lo subjetivo, bajo la piel, por decirlo así? ¿Por qué el hombre está en conflicto? Siglos antes del cristianismo, las religiones han hablado interminablemente acerca de la paz -«sé pacífico, sé tranquilo, sé gentil, generoso, afectuoso, amable». A pesar de su propaganda, este conflicto continúa. ¿Existe una respuesta a esta pregunta, una respuesta final, irrefutable? O sea, ¿pueden los seres humanos en este mundo, viviendo su existencia cotidiana, yendo a la oficina, manejando una casa, con el sexo, los hijos y todo eso, y también con esta búsqueda, con este anhelo de algo más que las cosas materiales de la vida -pueden terminar con el conflicto? Este interrogante, ¿puede ser resuelto alguna vez? Aparentemente, el hombre no lo ha resuelto aunque, como ser humano, ha vivido en esta tierra por tantos millones de años. «Hemos adquirido una experiencia tremenda», le estaba diciendo el Sr. X a quien les habla. «Hemos acumulado muchísimo conocimiento; hemos reunido una inmensa cantidad de información tecnológica, pero internamente seguimos siendo bárbaros, tratando de matarnos unos a otros, de competir unos con otros, de destruirnos mutuamente». De modo que el Sr. X recorrió todo ese camino, una larga distancia en ómnibus, en tren y en avión. Y dijo: «Responda a esta pregunta: ¿Existe una causa para este conflicto? Y si existe una causa, descubramos entonces cuál es la causa. No se trata de que usted me guíe o me diga qué debo hacer y yo acepte eso, ni que me ponga a pensar al respecto y llegue a alguna clase de conclusión propia, sino que juntos, como dos seres humanos -no uno sentado en una plataforma y el otro sentado abajo- sino juntos como dos seres humanos que han pasado por muchísimas cosas en la vida, la desesperación, la ansiedad, la incertidumbre, el desear amor y no encontrarlo, o el amar y no satisfacerse con eso, siempre apremiando, apremiando, siempre deseando lograr algo, ya sea el cielo o la iluminación o el esclarecimiento, o deseando llegar a ser multimillonarios (que es más o menos la misma cosa), jamás contentos, sin saber nunca qué es la paz, sin sentarnos nunca quietamente bajo un árbol mirando las montañas, los ríos, la brizna de hierba y la belleza de la tierra y de la luz del sol, o la gloria de un temprano amanecer -dos seres humanos que se preguntan si existe una causa para este conflicto». Así que el Sr. X le dijo a quien les habla: Hablemos, cuestionémonos el uno al otro, sin aceptar jamás lo que el otro dice. Yo no aceptaré nada de usted, ni usted aceptará nada de mí. Estamos en el mismo nivel. Usted puede ser muy inteligente, puede tener una reputación -que es una tontería- puede haber recorrido la tierra o cierta parte de la tierra, pero todo eso no cuenta, no tiene valor». Con lo cual quien les habla estuvo sinceramente de acuerdo. «Exploremos, pues, esta maldición que el hombre ha soportado desde el principio del tiempo: por qué el hombre -que incluye, desde luego, a la mujer- vive de esta manera; por qué el hombre está en conflicto en sus propias relaciones íntimas, sexualmente, en familia -toda la red del conflicto». El Sr. X volvió al día siguiente y continuamos. El día era hermoso. Nos sentamos en la terraza mirando desde lo alto el valle con las grandes montañas coronadas de nieve alrededor de nosotros, con los valles maravillosos, y el bello cielo azul celeste, y el sol relumbrando sobre las hojas, sobre la tierra moteada. Todo parecía tan extraordinariamente vivo palpitante, lleno de energía. Estábamos ahí, él y quien les habla, observando esta gran belleza sin participar jamás de la belleza, siempre observándola, nunca sintiendo la belleza con la totalidad del corazón y de la mente, nunca siendo completamente sensibles a toda la gloria de la tierra. Él dijo: «No hablaremos de la belleza, eso le incumbe a usted, usted me hablará de ella». Uno respondió que lo haría un poco más tarde. «Primero exploremos juntos esta cuestión del conflicto. La pregunta es: ¿Acaso los seres humanos tienen que tolerar el conflicto, acostumbrarse a él, soportarlo sin ser jamás, jamás capaces de desecharlo completamente, de tal manera que sus cerebros puedan funcionar como es debido, completamente desembarazados, completamente libres, no programados, no condicionados?» De modo que ahora el que les habla les formula esta pregunta a ustedes. Nosotros también hemos discutido, considerado, debatido este punto: ¿Cuál es la causa del conflicto? Estamos viajando juntos; no es cuestión de que me lo digan ni que yo se lo diga a ustedes. ¿Cuál es la causa del conflicto? En todas partes hay lucha. Ustedes podrían decir que la lucha existe en la naturaleza, que el animal grande vive del animal más pequeño, etcétera. Que en el bosque el árbol pequeño lucha por la luz con los árboles gigantes. Podrían decir que en toda la tierra, en la naturaleza, hay conflicto, que se desarrolla alguna clase de lucha. Y entonces, ¿por qué eso mismo no debería ocurrir también con nosotros, puesto que somos parte de la naturaleza? Lo que los seres humanos llaman conflicto, puede que no lo sea en el mundo externo; puede ser el modo más normal en que la naturaleza actúa -el halcón, el águila matan al conejo, los osos matan al salmón, el tigre o el chita matan rápidamente a algún otro animal; en la naturaleza el matar, matar y matar prosigue incesantemente, y uno podría decir que nosotros formamos parte de la naturaleza y que, por lo tanto, es inevitable que estemos en constante lucha. Si uno acepta que eso es natural, inevitable, no hay nada más que decir al respecto; si decimos que es natural seguiremos actuando de ese modo porque formamos parte de toda la tierra. Pero si comenzamos a cuestionar eso, entonces, ¿dónde nos encontramos? ¿Están ustedes dispuestos a descubrirlo, puesto que se supone que somos un poco más activos, más inteligentes que los árboles, los tigres, los elefantes? (afortunadamente los elefantes no matan demasiadas cosas, pero destruyen los árboles). De modo que, si uno no acepta el conflicto como el estilo natural de vida, ¿qué es lo que ha de hacer? ¿Por dónde ha de comenzar uno a fin de comprender el movimiento total del conflicto? ¿Cómo ha de tentar el camino en todo esto? Quien les habla le dijo al Sr. X que una manera de hacerlo es analizar muy cuidadosamente, uno tras otro, todos los factores del conflicto -ya sea mediante el autoanálisis o siendo analizado por algún otro, o aceptando el consejo de profesores, filósofos y psicólogos. Pero el análisis, ¿contribuirá al descubrimiento de la causa, aunque pueda llevarlo a uno a ciertas conclusiones intelectuales? O, ¿puede uno reunir todos los factores intelectuales y ver la totalidad? ¿Es eso posible? ¿O hay un modo diferente de abordar el problema? Me pregunto si el Sr. X comprende lo que se está diciendo. Quien habla está diciéndole al Sr. X que el análisis implica un analizador -¿correcto? Por lo tanto, existen un analizador y lo analizado, el sujeto y el objeto. ¿Existe en uno mismo esa diferencia entre el sujeto y el objeto? Ésa es una pregunta que quien les habla le formula al Sr. X. Ustedes son el Sr. X. Al analizador lo han estimulado a través de la educación, del condicionamiento, de la programación, para creer que él -el analizador- es por completo diferente de aquello que analiza. Pero quien les habla dice: «Voy a cuestionar toda esta actitud hacia el análisis». Dice: «Yo no acepto lo que afirman acerca del análisis los profesionales, incluyendo esas personas que proceden de Viena o los recientes psicólogos norteamericanos». Quien habla le dice al Sr. X: «Yo no acepto nada de eso. Lo cuestiono, cuestiono no sólo la actividad del análisis sino al analizador. Si uno puede comprender primeramente al analizador, ¿qué necesidad hay, entonces, de análisis?» ¿Comprenden, señores? ¿Voy demasiado rápido? ¿Podemos investigar esto juntos? Yo me analizo a mí mismo. He sido iracundo, o codicioso, o sexual -lo que fuere. Y al analizar eso, o sea, al dividirlo y observarlo minuciosamente, paso a paso, ¿quién es el observador? ¿Acaso el observador, el analizador, no es todos los recuerdos acumulados? Él está condicionado por la experiencia, por sus conocimientos, por su modo de considerar la vida, por sus tendencias particulares, por sus prejuicios, por su programación religiosa; todo esto es el pasado, todo esto es el trasfondo de su vida desde la infancia. Él es el observador, él es el analizador; ya sea que ese trasfondo incluya o no la memoria comunal, la memoria racial, la conciencia racial, él es el observador. Y entonces el observador divide eso en el observador y lo observado, de modo tal que la división misma crea conflicto en el análisis. ¿Estamos juntos? Ustedes son el Sr. X, yo soy el que le habla. ¿Estamos haciendo juntos el mismo viaje? Quien habla dice que, en el momento que existe una división entre el analizador y lo analizado, tiene que haber, inevitablemente, conflicto de alguna clase; puede ser sutil, ilusorio, sin sentido, pero es un conflicto -vencer, conquistar, reprimir, trascender, que son todos esfuerzos en mayor o menor grado. Uno descubre así que donde hay división entre los suizos y los alemanes, entre los franceses y los ingleses, entre mí y usted, entre nosotros y ellos -donde hay división tiene que haber conflicto. No es que no exista la división; los ricos son muy poderosos. Pero si creamos una división subjetivamente -yo pertenezco a esto y usted pertenece a aquello, yo soy católico, usted es protestante, yo soy judío y usted es árabe- entonces hay conflicto. Así, dondequiera que haya división entre dos personas, entre el hombre y la mujer, entre Dios y la tierra, entre ‘lo que debería ser’ y ‘lo que es’ -me pregunto si el Sr. X está siguiendo todo esto, no sólo verbalmente, intelectualmente (lo cual no tiene sentido) sino con el corazón, con todo su ser, con toda su vitalidad, energía y pasión- donde hay división hay conflicto. Uno comienza, pues, a descubrir la raíz del conflicto. ¿Es posible para un ser humano que vive en un mundo moderno, que va a un empleo, que se gana la vida (los negocios allá, la familia aquí, agresivo en los negocios y sumiso con su mujer)- es posible para él vivir de modo tal que su vida no se vuelva una contradicción? ¿Puede terminar esa contradicción? Si no, uno vivirá en conflicto, se convertirá en un hipócrita. Si a uno le gusta ser un hipócrita, está bien, que lo sea; pero si uno quiere vivir honestamente -lo cual es absolutamente necesario- vivir con una grande y austera honestidad, no hacia alguien, no hacia el propio país, o hacia el propio ideal, sino decir exactamente lo que uno quiere decir y querer decir lo que uno dice, no lo que otros han dicho y uno repite, y no creer en algo y hacer completamente lo contrario, lo cual no es honesto -si uno desea vivir muy honestamente, no tiene que haber contradicción. Todos hablan de la paz. Todos los gobiernos, todas las religiones y todos los predicadores -inclusive quien les habla- hablan de la paz. Y vivir pacíficamente exige tremenda honestidad e inteligencia. ¿Es posible, entonces, viviendo en el siglo veinte, vivir ante todo internamente, ante todo psicológicamente, subjetivamente, sin que haya dentro de uno ningún tipo de división? Por favor, inquieran, examinen, averígüenlo con pasión. La pasión no incluye el fanatismo, la pasión no exige martirio. No es algo a lo cual uno está tan apegado que ese apego mismo le da a uno la pasión -¿comprenden? Eso no es pasión, es estar atados a algo que nos da el sentimiento de pasión, la energía, como un burro atado a un poste; puede dar vueltas y vueltas y vueltas, pero sigue retenido ahí. ¿Pueden, pues, el Sr. X y quien les habla, sin decirse el uno al otro lo que deben hacer, descubrir por sí mismos con total honestidad, sin ningún sentido de engaño o de ilusión, si es posible vivir en este mundo -en el cual ustedes conocen todos los horrores que suceden- vivir sin conflicto, sin división alguna? No se duerman, por favor, es demasiado temprano en la mañana. Si se les pregunta esto -ustedes son el Sr. X- ¿cuál sería la respuesta interna de ustedes? Si son suizos, o hindúes, o musulmanes, o si van detrás de alguna camarilla o de algún grupo, o si son los seguidores de algún gurú, ¿no tendrían que abandonar todo eso completamente? Uno puede tener un pasaporte, suizo o lo que fuere (quien les habla tiene un pasaporte indio pero él no es un indio -en la India no les gusta eso, pero les hemos dicho varias veces que no pertenecemos a ningún culto, a ningún gurú, a nada). Ustedes van a encontrar esto terriblemente difícil. Al final de ello se quedan solos, pero existe la comprensión, la percepción interna, el discernimiento con respecto a todo lo que es realmente absurdo. Pertenecer a algo, pertenecer a un grupo, pertenecer a alguna secta, puede proporcionarnos una satisfacción momentánea, pero todo eso llega a ser bastante aburrido, lastimoso y feo. ¿Puede uno, pues, no atarse a ninguna de estas cosas -incluyendo especialmente lo que está diciendo quien les habla? Extrañamente, el cerebro de cada uno de ustedes, aunque no es el cerebro de otro, es también el del otro -¿comprenden? Nuestro cerebro es como el cerebro de todos los otros seres humanos. Tiene una capacidad inmensa, una energía inmensa. Vean lo que se ha logrado en el campo tecnológico. Todos los científicos de EE.UU. están ahora ocupados con la guerra de las galaxias. No examinaremos todo eso. El cerebro posee esta energía extraordinaria si uno se concentra en algo, si pone su atención en algo. Ellos han puesto su atención en matar a otros seres humanos, y así es como surgió la bomba atómica. Nuestros cerebros no son ‘nuestros’, han evolucionado a lo largo de un gran período de tiempo, y en esa evolución hemos acumulado una cantidad tremenda de conocimientos, de experiencias, pero en todo eso hay muy poco de lo que se llama amor. Yo puedo amar a mi mujer, o a mis hijos, o a mi país. Mi país ha sido dividido geográficamente por el pensamiento, pero está en el mundo. El mundo en que uno vive, es el mundo en su totalidad. De modo que mi cerebro, que ha evolucionado a lo largo de un gran período de tiempo, ese cerebro con su conciencia no es ‘mío’, porque comparto mi conciencia con todos los demás seres humanos. El Sr. X dice: «He leído acerca de lo que usted ha dicho y no repito sus palabras sino que esto es lo que yo también siento. He visto, por dondequiera que haya estado, en todos los rincones de la tierra, que hay seres humanos que sufren dolor, ansiedad, una soledad desesperada, y así es como compartimos nuestra conciencia con todos los demás seres humanos». ¿Se dan ustedes cuenta de esto -no intelectualmente sino en realidad? Si sintiéramos verdaderamente esto entonces no habría división. Le pregunto al Sr. X: «¿Ve usted esta realidad, no un concepto de ella, no una idea de ella no la hermosa conclusión sino la realidad de ello? La realidad es diferente de la idea acerca de la realidad -¿correcto? Usted está sentado ahí, eso es real, pero yo puedo imaginar que usted está sentado ahí, lo cual es por completo diferente». De modo que nuestro cerebro, que es el centro de nuestra conciencia, con todas sus reacciones nerviosas y sus reacciones sensorias, que es el centro de todo nuestro conocimiento, de toda nuestra experiencia, de toda nuestra memoria (nuestra memoria puede ser distinta de la de otro, pero sigue siendo memoria; uno puede ser sumamente educado y el otro puede carecer en absoluto de educación, puede no saber siquiera leer y escribir, pero sigue siendo parte de la totalidad) -de modo que compartimos nuestra conciencia con todos los demás seres humanos de esta tierra. Por lo tanto, ustedes son toda la humanidad. ¿Comprenden, señores? Lo son en realidad, no teóricamente o teológicamente o a los ojos de Dios -¡es probable que los dioses no tengan ojos!- sino que en realidad exista este hecho extraño e irrevocable de que todos pasamos por el mismo molde: la misma ansiedad, la misma esperanza, el mismo miedo, la misma muerte, la misma soledad que trae consigo tal desesperación... De modo que somos la humanidad. Y cuando uno se da cuenta de eso profundamente, el conflicto con el otro toca a su fin, porque el otro es como uno mismo. Es acerca de esto, pues, que hemos hablado el Sr. X y K. Y también proseguimos hablando de otras cosas, puesto que él permaneció ahí por varios días. Pero primero establecimos una verdadera relación, que es tan necesaria cuando hay cualquier clase de discusión, cualquier clase de comunicación -no sólo verbal, porque las palabras no comunican profundamente lo que uno desea transmitir. Así que al final del segundo día dijimos: ¿Dónde nos encontramos? Usted, Sr. X y K, ¿dónde se encuentran en esto? ¿Hemos producido un cambio -no un cambio, el cambio implica tiempo (investigaremos esto en otra oportunidad)- o meramente hemos recogido cosas, como recogemos la cosecha? Nosotros sembramos -o sea, que ustedes han venido aquí, lo cual forma parte del sembrar, y han escuchado a K y al Sr. X; ¿qué han recogido? Recoger significa acumular. Ustedes han acumulado muchísima información -por favor, sigan esto, pronto terminaremos, no se duerman ni se pongan nerviosos. Han recogido muchísima información de los profesionales, de los psicólogos, de los psiquiatras -han recogido, recogido y recogido. El cerebro es como un imán: recoge. Y K le pregunta al Sr. X: «¿También usted ha estado recogiendo? Si lo ha hecho, entonces esto termina por ser como cualquier otra reunión». Así que K le pregunta al Sr. X: «¿Qué ha recogido usted? ¿O no ha recogido nada porque está libre de ello?» Por favor, si tienen paciencia presten atención a esto. ¿Alguna vez dejamos de recoger, de acumular? Para las cosas prácticas en la vida uno tiene que acumular, pero el arte de vivir llega cuando uno ve dónde el acumular no es necesario. Porque si estamos acumulando, nuestro cerebro jamás está libre, jamás está vacío -no investigaremos esta cuestión del vacío porque es un asunto por completo diferente. ¿Nos damos cuenta de que estamos acumulando, acumulando y acumulando, como acumulamos hábitos? Y cuando uno ha acumulado tanto, es muy difícil librarse de ello. Este acumular condiciona al cerebro. Habiendo nacido en la India, y pertenecido a cierto tipo de gente, a una tradición religiosa o muy, muy ortodoxa, uno ha acumulado todo eso. Y entonces librarse de todo eso requiere una investigación inmensa, muchísima exploración, observación vigilancia, atención. ¿Es, entonces, posible no acumular en absoluto? Por favor, consideren esto, no lo rechacen. Descubran. Uno tiene que acumular conocimientos para ir a su casa, para manejar un automóvil, para hablar un idioma extranjero, pero internamente, ¿es en absoluto necesario acumular? Iluminación no es acumulación. Por el contrario, es estar completamente libre de todo eso. Lo cual, después de todo, es amor, ¿verdad? Yo no amo a alguien porque lo haya ‘acumulado’ en mí. He quedado sexualmente satisfecho con esa persona, o ella es muy afable, o yo me siento solo y, por tanto, dependo de ella; entonces eso se convierte en un asunto comercial; entonces nos explotamos, nos utilizamos, nos traicionamos el uno al otro. Por cierto que eso no es amor, ¿verdad? El amor es la calidad de un cerebro que no acumula absolutamente nada, y entonces lo que diga será lo que ha descubierto, no lo que otras personas han dicho. Y en eso hay una pasión tremenda. No lujuria; pasión. Pero esa pasión no es fanatismo. No me convertiré súbitamente en un estricto vegetariano, ni dejaré de tocar la sal. Todos los fanáticos sienten pasión de alguna clase, pero se han vuelto violentos, propensos al martirio y cosas así. De modo que K le está pidiendo al Sr. X que averigüe si uno puede vivir sin acumular. Es algo que nadie puede decirles. Podemos explorarlo juntos, pero el hecho real de no acumular jamás, de que la memoria acumulada no opere nunca, es realmente muy sutil; requiere muchísima investigación. ¿Podemos detenernos ahora? Hemos hablado por una hora. Ustedes no, pero K ha hablado. Hemos establecido las bases para una comunicación mutua en la cual nadie es superior ni inferior, ni hay uno que sabe y uno que no sabe.

ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN - Prólogo -

 KRISHNAMURTI 

ÚLTIMAS PLÁTICAS EN SAANEN 

Titulo del original en inglés: Last Talks at Saanen 1985

 Prólogo 

Este libro es una conmemoración de las últimas pláticas que Krishnamurti ofreció en Saanen, Suiza, después de veinticinco años de sostener ahí reuniones internacionales durante todos los veranos. Fue una coincidencia afortunada que Mark Edwards se encontrara ese verano en Saanen para fotografiar la reunión desde el comienzo, puesto que la decisión de Krishnamurti de no ofrecer más pláticas en ese lugar no fue anunciada sino hasta casi finalizar las actividades. La razón de que Krishnamurti desistiera de continuar con las reuniones de Saanen fue que, a los noventa años, sintió que debía limitar un poco sus viajes. Saanen, situado en el Oberland Bernés, es un hermoso pueblo que Krishnamurti vio por vez primera cuando en 1957 fue a hospedarse con un amigo en la vecina ciudad de Gstaad. Sin embargo, ya conocía bien Suiza gracias a las muchas visitas que hiciera a Villars a través de los años. Siempre había amado las montañas y los paisajes montañeses. En el verano de 1961, una amiga italiana alquiló para él una casa amueblada en Gstaad, el Chalet Tanneg, y por los siguientes veintitrés años Krishnamurti pasaría algunas semanas en esta misma casa de campo que era alquilada todos los veranos. (Fue sólo durante los dos últimos años, después de que Tanneg se vendiera, que él tuvo que encontrar otro alojamiento cerca de Saanen). Siempre llegaba a Tanneg anticipándose bastante al comienzo de las pláticas y permanecía por algún tiempo después de que éstas finalizaban. Durante el primer verano de 1961, se arregló para él una pequeña reunión en la Landhaus de Saanen (el Town Hall) que sólo daba cabida a unas 350 personas; sin embargo, en las pláticas que ofrecía ahí estuvieron representadas 19 nacionalidades diferentes. Se encontraba ese verano en Gstaad Aldous Huxley, un gran amigo a quien Krishnamurti había conocido por primera vez en California, el que acudió luego varias veces para oírle hablar. Al relatar la plática del 6 de agosto, Huxley escribió: «... estuvo entre las cosas más impresionantes que yo haya escuchado jamás. Era como escuchar un discurso del Buda -tal poder, tal autoridad intrínseca, tan inflexible rechazo a permitir al homme moyen sensuel (al hombre medio sensual) cualquier tipo de gurús, salvadores, führers (líderes), iglesias. “Yo les muestro el dolor y la terminación del dolor -y si ustedes no se deciden a satisfacer las condiciones para terminar con el dolor, estén preparados, cualesquiera sean los gurús, iglesias, etc. en que puedan creer, para la continuación del dolor”». Al año siguiente se organizó una reunión más grande en una carpa con cúpula geodésica inventada por Buckminster Fuller, el famoso arquitecto diseñador norteamericano. La carpa se levantó en la pista de aterrizaje de Saanen. En 1963, la misma carpa se levantó en el único terreno completamente llano de Saanen, apartado de la pista de aterrizaje que no había sido desmantelada. El río Saanen corre junto a este sitio de 1,75 acres y hay bosquecillos a ambos lados. Este terreno se compró en 1965 con fondos aportados para la labor de Krishnamurti y administrados por un comité legalmente constituido. De ahí en adelante todas las reuniones se efectuaron en este lugar. En 1968 se reemplazó la ya gastada carpa con cúpula, y desde entonces hubo un solo reemplazo más. La asistencia a estas reuniones de Saanen se fue incrementando año tras año. En la última reunión se apiñaron dentro de la carpa más de 3000 personas para las cinco pláticas y las tres sesiones de preguntas y respuestas ofrecidas por Krishnamurti. Estuvieron representadas casi todas las nacionalidades, una enorme variedad de tipos y una amplia gama de edades. Algunas personas vinieron meramente por un día; muchas más permanecieron durante toda la reunión. Las casas rodantes y los excursionistas fueron acomodados en el campamento municipal; otros alquilaron chalets o se alojaron en hoteles o en casas de huéspedes de Saanen y de pueblos vecinos. Algunos, que no podían afrontar los gastos de las casas de huéspedes, pernoctaron en dormitorios colectivos, ya sea en viejas escuelas en desuso o en edificios ocasionalmente utilizados por las fuerzas militares. A quienes lo deseaban, se les proporcionaba una comida caliente diaria a un costo mínimo, la cual se cocinaba en una cocina improvisada y se comía al aire libre. Las reuniones jamás hubieran podido realizarse de no ser por la voluntaria y generosa ayuda de tantas personas a lo largo de esos veinticinco años. En las últimas reuniones, las pláticas se grabaron en cinta magnetofónica y también en vídeo. Las cintas se transcribían inmediatamente y se entregaban copias a los traductores, quienes superponían las traducciones en una pista paralela existente en las grabaciones de vídeo, registrándolas también en cintas de audio. De este modo, al día siguiente no sólo estaban a la venta los videos y los casetes correspondientes a la plática del día anterior, en inglés, alemán, francés, italiano, holandés y español, sino que se exhibían videos en esos mismos idiomas. La última reunión de Saanen en 1985 fue bendecida con el hechizo de un tiempo realmente hermoso. En la primera sesión de preguntas y respuestas, después de que se anunciara que ésta sería la última reunión, Krishnamurti comenzó su discurso de una manera característica: «Se me dice que hay muchas personas que se sienten tristes por dejar definitivamente Saanen. Si uno está triste, es por el tiempo que hemos desaprovechado». Pero en su última reunión él habló con gran sentimiento: «Hemos tenido los días más maravillosos, hermosas mañanas, bellos atardeceres, largas sombras, profundos valles azules, un claro cielo celeste y la nieve. Nunca ha habido todo un verano como éste. Así es como las montañas, los valles, los árboles y el río, nos dicen adiós». 

Más Allá del Tiempo - Fin de estos diálogos - Última página -

 (Última página del Exterior)

 Por primera vez en lengua española, este libro contiene la versión magnetofónica fiel del diálogo sostenido por un filósofo (Krishnamurti) y un físico sobresaliente (David Bohm). Esta es la pregunta fundamental de este coloquio: “¿El rumbo que la humanidad tomó está equivocado y dio origen a interminable división, conflicto y destrucción?” A partir de allí resulta cada vez más viable explorar los temas expuestos y, en particular, los que nos dan una clave sobre la naturaleza del hombre y su relación con la sociedad. ¿Acaso el conflicto humano surge de la incapacidad del individuo para enfrentarse con lo que él es desde el punto de vista psicológico, y de la imposición de una meta ilusoria a la que debe tratar de llegar? Tal incapacidad tiene su raíz en las profundas divisiones que el pensamiento introdujo en la psique y, en especial, el que genera la experiencia del tiempo psicológico y del “yo”. Las restantes respuestas podrá ir descubriéndolas el lector a medida que compruebe, a lo largo de estas páginas, las descollantes dotes de dos hombres de nuestro tiempo, poseedores de enorme discernimiento, sabiduría y lucidez.

Más Allá del Tiempo - Diálogo 13°

 13 ¿Pueden ser resueltos los problemas personales, y terminar la fragmentación?

KRISHNAMURTI: Hemos cultivado una mente que puede resolver casi cualquier problema tecnológico. Pero, al parecer, los problemas humanos nunca han sido resueltos. Los seres humanos están ahogados por sus problemas: los problemas de la comunicación, del conocimiento, de las relaciones, los problemas del cielo y del infierno; todo el problema de la existencia humana se ha vuelto un inmenso y complejo problema. Y, aparentemente, ha sido igual a lo largo de toda la historia, a pesar de su conocimiento, a pesar de sus siglos de evolución, el hombre jamás ha estado libre de problemas.

 DAVID BOHM: Sí, de problemas insolubles. 

K: Yo pongo en duda que los problemas humanos sean insolubles.

DB: Quiero decir, tal como están planteados ahora. 

K: Por supuesto, tal como son ahora, estos problemas se han vuelto increíblemente complejos e insolubles. Ningún político, científico o filósofo va a resolverlos, ¡ni aun por medio de guerras y todo eso! ¿Por qué, entonces, en ninguna parte del mundo los seres humanos han sido capaces de resolver los problemas cotidianos de la existencia? ¿Qué cosas impiden la solución completa de estos problemas? ¿Es que jamás hemos pensado seriamente en ello? ¿Es porque pasamos todos nuestros días, y probablemente la mitad de las noches, pensando en problemas tecnológicos, de modo que no tenemos tiempo para lo otro? 

DB: En parte es eso. Muchas personas sienten que lo otro debería cuidar de sí mismo. 

K: ¿Pero por qué? Pregunto, en este diálogo que estamos sosteniendo, si es posible no tener problemas humanos en absoluto, sólo problemas tecnológicos que pueden ser resueltos. Pero los problemas humanos parecen insolubles. ¿Es a causa de nuestra educación, de nuestras tradiciones tan profundamente arraigadas, que aceptamos las cosas como son? 

DB: Esa es, ciertamente, una parte de ello. Estos problemas se acumulan a medida que la civilización envejece y la gente continúa aceptando cosas que generan problemas. Por ejemplo, existen ahora muchas más naciones en el mundo que las que solía haber, y cada una crea nuevos problemas. 

K: Por supuesto. 

DB: Si uno retrocede en el tiempo... 

K: ...una tribu se convierte en nación... 

DB: ...y luego el grupo debe combatir a su vecino. 

K: Los hombres utilizan esta maravillosa tecnología para matarse unos a otros. Pero nosotros estamos hablando de los problemas de relación, problemas de falta de libertad; este sentimiento de constante incertidumbre y temor, el esfuerzo del trabajo para ganarnos la subsistencia por el resto de nuestra vida... ¡Toda la cosa parece tan extraordinariamente errónea! 

DB: Pienso que la gente ha perdido de vista eso. Hablando en general, todos aceptan la situación en que se encuentran, y tratan de hacer con ella lo mejor que pueden, intentando resolver pequeños problemas para aliviar sus circunstancias. Ellos ni siquiera considerarían seriamente toda esta situación. 

K: Pero las personas religiosas han creado un problema tremendo para el hombre. 

DB: Sí. Ellas también están tratando de resolver problemas. Entiendo que cada cual se encuentra atrapado en su propio pequeño fragmento, resolviendo cualquier cosa que supone poder resolver, pero todo eso incrementa el caos. 

K: ¡El caos y las guerras! Es lo que estamos diciendo. Vivimos en el caos. Pero yo quiero descubrir si puedo vivir sin un solo problema por el resto de mi vida. ¿Es eso posible? 

DB: Vea, yo no sé si deberíamos siquiera llamar problemas a estas cosas. Un problema sería algo razonablemente solucionable. Si planteo el problema de cómo lograr cierto resultado, entonces eso presupone que razonablemente puedo encontrar un medio de obtener ese resultado tecnológicamente. Pero en lo psicológico, el problema no puede considerarse de ese modo: el de proponer un resultado que habré de obtener, y después encontrar la manera de hacerlo. 

K: ¿Cuál esa la raíz de todo esto? ¿Cuál es la causa de todo este caos humano? Estoy tratando de llegar a ello desde un ángulo diferente, descubrir si los problemas pueden terminar por completo. Mire, personalmente, me niego a tener problemas. 

DB: Alguien podría argüir con usted acerca de eso, y decir que usted quizá no tiene que enfrentarse a ningún reto. 

K: Fui retado el otro día por algo muy, muy serio. Eso no es un problema. 

DB: Entonces es materia de esclarecimiento. Parte de la dificultad es el esclarecimiento del lenguaje. 

K: Esclarecimiento, no sólo del lenguaje, sino de la relación y la acción. El otro día surgió un problema que involucraba a una gran cantidad de personas y a cierta acción que tenía que emprenderse. Pero en lo personal, eso no era un problema para mí. 

DB: Tenemos que poner en claro lo que usted quiere decir, porque sin un ejemplo yo no puedo saberlo. 

K: Entiendo por un problema, algo que ha de ser resuelto, algo que a uno lo preocupa; algo que uno está cuestionando y de lo cual se ocupa continuamente. También a las dudas e incertidumbres, y a tener que decidir alguna clase de acción que uno finalmente lamentará. 

DB: Comencemos por el problema técnico, donde la idea surgió inicialmente. Hay un reto, algo que necesita ser realizado, y uno dice que es un problema. 

K: Sí, a eso se le llama generalmente un problema. 

DB: Entonces la palabra “problema” se basa en la idea de proponer algo -una posible solución- y después tratar de lograrlo. 

K: O bien, tengo un problema pero no sé cómo habérmelas con él.

DB: Si usted tiene un problema y no tiene idea de cómo habérselas con él... 

K: ...entonces doy vueltas por ahí, pidiendo consejos a la gente y confundiéndome más y más. 

DB: Esto ya sería un cambio respecto de la simple idea de un problema técnico, donde por lo general uno tiene cierta noción de lo que hay que hacer. 

K: Me pregunto si la tenemos. Seguramente, los problemas técnicos son bastante simples. 

DB: A menudo traen consigo desafíos que nos exigen profundizar mucho y cambiar nuestras ideas. Con un problema técnico, generalmente sabemos lo que tenemos que hacer para resolverlo. Por ejemplo, si hay falta de alimentos, lo que tenemos que hacer es encontrar maneras y medios de producir más. Pero con un problema psicológico, ¿podemos hacer lo mismo? 

K: Ése es el punto. ¿Cómo abordamos esto? 

DB: Bueno, ¿qué clase de problema discutiremos? K: Cualquier problema de los que surgen en las relaciones humanas. 

DB: Digamos que la gente no puede ponerse de acuerdo; todos disputan constantemente unos con otros. 

K: Sí, tomemos eso como un ejemplo simple. Parece casi imposible que un grupo de personas piensen en conjunto, que tengan la misma perspectiva y actitud. No quiero decir que se copien unas de otras, por supuesto. Pero cada persona expone su opinión, que contradice otra persona, lo cual ocurre todo el tiempo y en todas partes. 

DB: Muy bien. ¿Podemos decir, entonces, que nuestro problema es trabajar juntos, pensar juntos? 

K: Trabajar juntos, pensar juntos, cooperar sin que en ello estén involucradas utilidades monetarias. 

DB: Ése es otro problema: si la gente bien remunerada trabajará en conjunto. 

K: ¿Cómo resolvemos, entonces, este problema? En un grupo, todos estamos emitiendo opiniones diferentes, y no nos aceptamos en absoluto el uno al otro. Y parece casi imposible renunciar a las propias opiniones. 

DB: Sí, ésa es una de las dificultades, pero no estoy seguro de que pueda considerarse un problema que nos lleve a preguntarnos qué podemos hacer para renunciar a las opiniones. 

K: No, por supuesto. Pero ése es un hecho. Observando, pues, eso, y viendo la necesidad de que todos nos reunamos, la gente sigue sin poder abandonar sus opiniones, sus ideas, sus propias experiencias y conclusiones. 

DB: A menudo eso puede no parecerles una opinión, sino la verdad.

K: Sí, lo llamarían un hecho. ¿Pero qué puede hacer el hombre con respecto a estas divisiones? Vemos la necesidad de trabajar juntos, no por algún ideal, alguna creencia, algún principio o algún dios. En diversos países del mundo, y aun en las Naciones Unidas, la gente no trabaja en conjunto. 

DB: Algunas personas podrían decir que no sólo tenemos opiniones, sino intereses personales. Si dos personas tienen intereses particulares en conflicto, no hay modo, mientras mantengan su apego a estos intereses, de que puedan trabajar juntas. ¿Cómo irrumpimos en esto, entonces? 

K: Si usted me señala que debemos trabajar juntos, y me muestra la importancia de ello, entonces también yo veo que es importante. ¡Pero no puedo hacerlo! 

DB: Ése es el punto. Ni siquiera basta con ver que la cooperación es importante, y tener la intención de cooperar. Con esta incapacidad, se introduce un nuevo factor. ¿Por qué no podemos llevar a cabo nuestras intenciones? 

K: Uno puede dar muchas razones para ello, pero esas causas y razones y explicaciones, no resuelven el problema. Volvemos a lo mismo: ¿qué hará que la mente humana cambie? Vemos que el cambio es necesario y, a pesar de eso, no estamos dispuestos a cambiar o somos incapaces de hacerlo. ¿Qué factor -qué nuevo factor- se necesita para esto? 

DB: Pienso que es la capacidad que una persona pueda tener para observar profundamente qué es lo que la retiene impidiéndole cambiar. 

K: ¿El nuevo factor es, entonces, la atención? 

DB: Sí, eso es lo que quise decir. Pero también tenemos que considerar qué clase de atención. 

K: Discutamos primero qué es la atención. 

DB: Puede tener muchos significados para diferentes personas. 

K: Por supuesto, como de costumbre, ¡hay tantas opiniones! Donde hay atención, no hay problema. Donde hay inatención, surgen todas las dificultades. Entonces, sin hacer de la atención misma un problema, ¿qué entendemos por atención? ¿Podemos comprender lo que significa, no verbalmente, no intelectualmente, sino profundamente, en nuestra propia sangre? Es obvio que la atención no es concentración. No es un esfuerzo, una experiencia, una lucha por estar atento. Usted debe revelarme la naturaleza de la atención, la cual consiste en que, cuando hay atención, no hay un centro desde el cual “yo” esté atento. 

DB: Sí, pero ésa es la dificultad. 

K: No hagamos de ello un problema. 

DB: Quiero decir que la gente ha estado intentando esto por mucho tiempo. Pienso que, en primer lugar, hay alguna dificultad en comprender qué se entiende por atención, dificultad que se debe al contenido del pensamiento mismo. Cuando una persona está considerando ese contenido, puede pensar que está atenta. 

K: No, en ese estado de atención no hay pensamientos. 

DB: ¿Pero cómo detiene usted el pensamiento, entonces? Vea, mientras el pensamiento está en marcha, se tiene cierta impresión de estar atento, lo que no es atención. Pero uno cree, uno supone que está prestando atención. 

K: Cuando uno supone que está prestando atención, eso no es atención. 

DB: ¿Cómo comunicamos, entonces, el verdadero significado de “atención”? 

K: ¿O diría usted, más bien, que para descubrir lo que es la atención, deberíamos discutir lo que es la inatención? 

DB: Sí. 

K: Y a través de la negación, llegar a lo positivo. ¿Qué ocurre cuando estoy inatento? En mi inatención, me siento solo, deprimido, ansioso, etcétera. 

DB: La mente comienza a dividirse y entra en confusión. 

K: Se produce la fragmentación. Y, en mi falta de atención, me identifico con muchas otras cosas. 

DB: Sí, y ello puede ser placentero, pero también puede ser doloroso.

K: Descubro, más tarde, que lo que era placentero, se convierte en dolor. Todo eso es, por lo tanto, un movimiento en que no hay atención. ¿Correcto? ¿Estamos llegando a alguna parte? 

DB: No lo sé. 

K: Yo siento que la atención es la solución verdadera para todo esto: ¡Una mente que está en verdad atenta, que ha comprendido la naturaleza de la inatención y se ha alejado de ésta! 

DB: Pero en primer lugar, ¿cuál es la naturaleza de la inatención? 

K: Indolencia, negligencia, interés en uno mismo, contradicción interna; todo eso es la naturaleza de la inatención. 

DB: Sí. Vea, una persona que sólo se interesa en sí misma, puede sentir que está atendiendo, pero está meramente ocupándose de sí misma. 

K: Sí. Si en mi existe una contradicción interna y presto atención con el fin de no ser contradictorio conmigo mismo, eso no es atención.

DB: ¿Podemos aclarar esto? Porque comúnmente uno podría pensar que esto es atención. 

K: No, no lo es. Es meramente un proceso de pensamiento, que dice: “Soy tal cosa, no debo ser tal otra”. 

DB: Entonces, lo que usted dice es que este intento de llegar a ser algo, este devenir, no es atención. 

K: Sí, correcto. Porque el devenir psicológico genera inatención. 

DB: Sí. 

K: ¿No es muy difícil, señor, estar libre del devenir? Ésa es la raíz del problema: terminar con el devenir psicológico, con ese querer llegar a ser esto o aquello. 

DB: Sí. No hay atención, y por eso existen estos problemas. 

K: Sí, y cuando usted señala eso, el prestar atención también se vuelve un problema. 

DB: La dificultad está en que la mente juega tretas, y al tratar de habérselas con esto, vuelve otra vez a hacer lo mismo. 

K: Por supuesto. ¿Puede la mente, que está tan repleta de conocimientos, de vanidad, de contradicción interna y todo lo demás, llegar a un punto en que, psicológicamente, se sienta incapaz de moverse? 

DB: No hay parte alguna hacia la cual moverse. 

K: ¿Qué le diría usted a una persona que ha llegado a ese punto? Yo acudo a usted; estoy lleno de esta confusión, de esta ansiedad y de un sentimiento de desesperación, no sólo por mí mismo, sino por el mundo. Llego a ese punto y quiero abrirme paso a través de eso. Por lo tanto, ello se vuelve un problema para mí. 

DB: Entonces estamos de vuelta en lo mismo; es otra vez un intento de llegar a ser otra cosa. 

K: Sí. Eso es lo que quiero averiguar. ¿Es ése, pues, el origen de todo esto? ¿El deseo de “llegar a ser”? 

DB: Debe tratarse de algo muy próximo a eso. 

K: ¿Cómo examino, entonces, sin ese movimiento del devenir, del llegar a ser, todo este complejo problema de mí mismo? 

DB: Parece como si uno no hubiera tomado en cuenta lo total. No hemos considerado la totalidad del devenir cuando usted dijo: “¿Cómo puedo prestar atención?”. Una parte de ello pareció desprenderse inadvertidamente, convirtiéndose en el observador. ¿Correcto? 

K: El devenir psicológico ha sido la maldición en todo esto. Un hombre pobre anhela ser rico, y el rico anhela ser más rico; ése es, todo el tiempo, el movimiento del devenir, tanto externa como internamente. Y aunque ello trae consigo muchísimo dolor, y a veces placer, este sentimiento de “llegar a ser”, de realizarse, de lograr algo psicológicamente ha convertido mi vida en todo eso que es. Ahora me doy cuenta de ello, pero no puedo detenerlo. 

DB: ¿Por qué no puede detenerlo? 

K: Investiguemos eso. En parte, el llegar a algo me interesa porque al final de ello hay una recompensa; también estoy eludiendo de ese modo el dolor o el castigo. Y en ese circuito estoy atrapado. Ésa es, probablemente, una de las razones por las que la mente continúa tratando de llegar a algo, de devenir internamente. Y la otra razón tal vez sea una ansiedad o un temor profundamente arraigado, de que si no llego a esto o a aquello, estoy perdido. Me siento perplejo, inseguro, y por eso la mente ha aceptado estas ilusiones y dice: “No puedo poner fin a este proceso del devenir”. 

DB: ¿Pero por qué la mente no termina con eso? También tenemos que investigar el problema que implica estar atrapado en estas ilusiones. 

K: ¿Cómo me convence usted de que estoy preso en una ilusión? No puede, a menos que yo lo vea por mí mismo. Y no puedo verlo debido a que mi ilusión es muy fuerte. Esa ilusión ha sido alimentada, cultivada por la religión, por la familia, etc. Está tan profundamente arraigada, que me niego a desprenderme de ella. Eso es lo que ocurre con un gran número de personas. Dicen: “Quiero hacer esto, pero no puedo”. Dada, pues, esa situación, ¿qué pueden hacer? ¿Les ayudarán las explicaciones, la lógica y todas las diversas teorías contradictorias? Obviamente, no. 

DB: Porque todo eso es absorbido dentro de la estructura. 

K: ¿Qué es lo que sigue, entonces? 

DB: Vea, si alguien dice: “Quiero cambiar”, también está ahí el deseo de no cambiar. 

K: Desde luego. El hombre que dice; “Quiero cambiar”, también tiene en el fondo de su mente: “En realidad, ¿por qué debería yo cambiar?”. Ambas cosas marchan juntas. 

DB: Tenemos, pues, una contradicción. 

K: Hemos vivido en esta contradicción. La hemos aceptado. 

DB: ¿Pero por qué deberíamos haberla aceptado? 

K: Porque es un hábito. 

DB: Pero cuando la mente es sana, no aceptará una contradicción. 

K: Pero nuestra mente no es sana. La mente está tan enferma, es tan corrupta, tan confusa, que aun cuando usted señala todos los peligros que hay en esto, ella se niega a verlos. ¿Cómo, pues, ayudamos a un hombre que está preso en esto, a que vea claramente el peligro del devenir psicológico? Expresémoslo de ese modo. El devenir psicológico implica identificación con una nación, un grupo y todas esas cosas. 

DB: Sí, aferrarse a opiniones. 

K: Opiniones y creencias; he tenido una experiencia que me brinda satisfacción y voy a aferrarme a eso. ¿Cómo me ayuda usted a liberarme de todo esto? Yo escucho sus palabras -parecen completamente ciertas pero no puedo salir de todo eso. Me pregunto si hay otro factor, otro modo de comunicación que no se base en las palabras, en el conocimiento, en las explicaciones, en la recompensa y el castigo. ¿Existe otro modo de comunicarse? Mire, en eso también hay peligro. Yo estoy seguro de que existe un modo que no es verbal, analítico o lógico, lo cual no significa falta de sensatez.

DB: Tal vez exista. 

K: Mi mente siempre se ha comunicado con otra mediante palabras, explicaciones, lógica o sugestión. Debe haber otro elemento que se abra paso a través de todo eso... 

DB: A través de la incapacidad de escuchar. 

K: Sí, la incapacidad de escuchar, la incapacidad de observar, de oír, etc. Debe haber un modo diferente. He conocido a algunos hombres que han estado con cierto santo, y dicen que en su compañía se resuelven todos los problemas. Pero cuando esos hombres vuelven a su vida cotidiana, están otra vez en el viejo juego. 

DB: No había inteligencia en eso, ya lo ve. 

K: Ése es el peligro. En presencia de aquel hombre -el santo- que está tranquilo y sin pronunciar palabra, ellos se sienten tranquilos y piensan que sus problemas se han resuelto. 

DB: Pero esto proviene aun del exterior. 

K: Por supuesto. Es como ir a la iglesia. En una iglesia antigua o en una catedral, uno se siente extraordinariamente tranquilo. Es la atmósfera, la estructura, usted sabe; la atmósfera misma hace que uno se sienta tranquilo. 

DB: Sí, comunica lo que entendemos por quietud; lo comunica de manera no-verbal. 

K: Eso no es nada. ¡Es como el incienso! 

DB: Es superficial. 

K: Totalmente superficial; ¡se evapora como el incienso! De modo que dejemos de lado todo eso. Y entonces, ¿qué nos queda? Ningún agente externo, ningún dios, ningún salvador. ¿Qué me ha quedado? ¿Qué hay ahí que pueda ser comunicado, que pueda abrirse paso a través del muro que han levantado los propios serse humanos? ¿Es amor? Esa palabra se ha corrompido, está cargada, sucia. Pero purificando esa palabra, ¿es amor el factor que irrumpirá a través de este enfoque ingenioso y analítico? ¿Es amor el elemento que está faltando? 

DB: Bueno, tenemos que discutirlo; tal vez la gente desconfíe algo de esa palabra. 

K: ¡Yo desconfío más allá de las palabras! 

DB: Y, por lo tanto, como la gente se resiste a escuchar, también resistirá al amor. 

K: Por eso dije que es una palabra peligrosa. 

DB: El otro día estuvimos diciendo que el amor contiene inteligencia. 

K: Por supuesto. 

DB: Que es afecto también; entendemos por amor esa energía que también contiene inteligencia y afecto; todo eso... 

K: ¡Ahora espere un momento! Usted tiene esa cualidad y yo estoy atrapado en mi desdicha, en mi ansiedad, etc.; usted, con esa inteligencia, está tratando de penetrar esta masa de oscuridad. ¿Cómo lo hará? ¿Actuará eso? Si no, los seres humanos están perdidos. ¿Entiende, señor? Por lo tanto, hemos inventado a Jesús, Buda, Krishna, imágenes que se han vuelto absurdas, superficiales y carentes de sentido. ¿Qué haré, entonces? Pienso que ése es el otro factor. Atención, percepción, inteligencia y amor; usted me trae todo esto y yo soy incapaz de recibirlo. Digo: “Suena atractivo; lo percibo, pero no puedo retenerlo en mí”. No puedo retenerlo, porque en el momento que salgo de esta habitación, ¡estoy perdido! 

DB: Ése es realmente el problema. 

K: Sí, ése es el verdadero problema. ¿Es el amor algo externo, como el cielo?; todas esas cosas son externas. ¿Es el amor algo externo que usted me trae, que usted despierta en mí, que usted me da como un obsequio? ¿O en mi oscuridad, en mi ilusión y sufrimiento, existe esa cualidad? Obviamente no, no puede existir. 

DB: Entonces, ¿dónde está? 

K: De eso se trata, justamente. El amor no es suyo ni mío; no es personal, no es una cosa que pertenezca a alguien; el amor no es eso.

DB: Ése es un punto importante. De manera similar, usted estuvo diciendo que el aislamiento no pertenece a ninguna persona en particular, aunque tendemos a pensar que el aislamiento es un problema personal. 

K: Por supuesto. Eso es común a todos nosotros. Tampoco la inteligencia es personal. 

DB: Pero eso va otra vez contra todo nuestro pensar. 

K: Lo sé. 

DB: Todos dicen que tal persona es inteligente y tal otra no. Ésta puede ser, entonces, una de las barreras para toda la cosa: que detrás del pensamiento normal de cada día, está el pensamiento más profundo de la humanidad; pero nosotros generalmente nos sentimos separados, y decimos que estas diversas cualidades nos pertenecen o que no nos pertenecen. 

K: De acuerdo. Es la mente fragmentaria la que inventa todo esto.

DB: Ha sido inventado, Sí, pero nosotros lo hemos recogido e incorporado verbalmente y no verbalmente, por deducción, desde la infancia. En consecuencia, ello nos penetra, es el fundamento mismo de todos nuestros pensamientos, de todas nuestras percepciones. Tenemos, pues, que cuestionarlo. 

K: Lo hemos cuestionado: hemos dicho que la pena no es “mi” pena, que la pena es humana, etc., etc. 

DB: ¿Pero cómo puede la gente ver eso, si una persona que experimenta pena siente que ésa es su pena personal? 

K: Pienso que ello se debe en parte a nuestra educación, y en parte a nuestra sociedad y a las tradiciones. 

DB: Pero es algo que está implícito en todo nuestro modo de pensar. ¡Tenemos que saltar fuera de eso! 

K: Sí. Saltar fuera de eso se vuelve un problema, y entonces, ¿qué he de hacer? 

DB: Tal vez podamos ver que el amor no es personal. 

K: La tierra no es la tierra inglesa ni es la tierra francesa, ¡la tierra es la tierra! 

DB: Estaba pensando en un ejemplo que tenemos en Física: si el científico o el químico está estudiando un elemento como el sodio, no dice que es su sodio, o que algún otro estudia “su” sodio. Y, desde luego, ellos comparan notas, etcétera. 

K: De acuerdo. El sodio es el sodio. 

DB: El sodio es el socio, universalmente. Del mismo modo, tenemos que decir que el amor es el amor, universalmente. 

K: Sí. Pero mi mente rehusa ver eso debido a que soy terriblemente personal, y me intereso terriblemente “en mi y mis problemas”. Me niego a desprenderme de eso. Cuando usted dice que el sodio es el sodio, eso es muy simple, puedo verlo. Pero cuando me dice que la pena es común a todos nosotros, esto es difícil de ver. 

DB: Es algo que no puede lograrse con el tiempo, pero ya lo ve, le tomó bastante tiempo a la humanidad comprender que el sodio es el sodio. 

K: ¿Es el amor algo común a todos nosotros? 

DB: Bueno, en cuanto que existe, tiene que ser común. 

K: Por supuesto. 

DB: Puede no existir, pero si existe, tiene que ser común. 

K: No estoy seguro de que no exista. La compasión no es “yo soy compasivo”. La compasión está ahí, es algo que no pertenece al “yo”. 

DB: Si decimos que la compasión es lo mismo que el sodio, ésta es universal. Entonces la compasión de una persona es igual a la de otra persona. 

K: Compasión, amor e inteligencia. Usted no puede tener compasión sin inteligencia. 

DB: ¡Entonces digamos que la inteligencia también es universal! 

K: Obviamente. 

DB: Pero nosotros tenemos métodos para probar el nivel de inteligencia en personas particulares. 

K: Oh, no. 

DB: Tal vez todo eso forme parte de la cosa que nos está obstaculizando. 

K: Parte de esta divisiva, fragmentaria forma de pensar. 

DB: Bueno, puede haber un pensar holístico, aunque no estemos en eso todavía. 

K: Entonces el pensar holístico no es pensar; es algún otro factor. DB: Algún otro factor que aún no hemos investigado. 

K: Si el amor es común a todos nosotros, ¿por qué estoy ciego a él?

DB: Pienso que en parte es porque la mente se intimida; se niega completamente a considerar un cambio tan fantástico de concepción en la manera de mirar las cosas. 

K: Pero usted acaba de decir que el sodio es el sodio. 

DB: Vea, tenemos muchísimas evidencias de eso en toda clase de experimentos, desarrollados mediante una gran cantidad de trabajo y experiencia. No podemos hacer eso con el amor. No podemos entrar en el laboratorio y comprobar que el amor es amor. 

K: Oh, no. El amor no es conocimiento. ¿Por qué la mente se niega a aceptar un factor muy obvio? ¿Es el temor de abandonar mis viejos valores, patrones y opiniones? 

DB: Pienso que probablemente se trate de algo más profundo. Es difícil de determinar, pero no es algo simple, aunque lo que usted sugiere es una explicación parcial. 

K: Es una explicación parcial, lo sé. ¿Será la profundamente arraigada ansiedad, el anhelo de estar totalmente seguros? 

DB: Pero eso se basa otra vez en la fragmentación. 

K: Por supuesto. 

DB: Si aceptamos que estamos fragmentados, es inevitable que necesitemos sentirnos totalmente seguros, porque al estar fragmentados estamos siempre en peligro. 

K: ¿Es ésa la raíz de ello? ¿Es este impulso, esta exigencia interna, este deseo de estar totalmente seguros en nuestras relaciones con todas las cosas? ¿Es el anhelo de seguridad? Por supuesto, ¡la seguridad completa sólo existe en la nada! 

DB: No es la exigencia de seguridad lo que está mal, sino las fragmentaciones. El fragmento no puede estar seguro. 

K: Eso es cierto. De igual modo que cada país, al tratar de estar seguro, no está seguro. 

DB: Pero la completa seguridad podría alcanzarse si todos los países se unieran. El modo en que usted lo ha expuesto, suena como si debiéramos vivir eternamente en la inseguridad. 

K: No, eso lo hemos aclarado bien. 

DB: Requerir seguridad tiene sentido, pero nosotros lo intentamos de un modo incorrecto. ¿Cómo le comunicamos que el amor es universal, no personal, a un hombre que ha vivido completamente en el angosto surco del logro personal? Parece que el primer punto es: ¿Cuestionará él su estrecha personalidad “única”? 

K: La gente la cuestiona; todos ven la lógica de lo que estamos discutiendo y, sin embargo, curiosamente, los que son muy serios en estos asuntos, han tratado de encontrar la totalidad de la vida por medio del hambre, de la tortura, usted sabe, toda clase de métodos. Pero uno no puede aprehender o percibir o ser lo total, por medio de la tortura. ¿Qué haremos, entonces? Digamos que tengo un hermano que se niega a ver todo esto. Y como yo siento un gran afecto por él, quiero que salga de la fragmentación. Y he tratado de comunicarme con él verbalmente, y a veces no verbalmente, con un gesto o una mirada; pero todo eso pertenece aún a lo externo. Y quizá sea ésa la razón de que él se resista. ¿Puedo hacerle notar a mi hermano que esta llama puede despertarse en él mismo? Eso significa que él debe escucharme, pero mi hermano se niega a escuchar. 

DB: Parece que hay algunas acciones que no son posibles. Si una persona está presa en cierto pensamiento, como la fragmentación, entonces no puede cambiarlo, porque hay una gran cantidad de pensamientos detrás de ése. 

K: Por supuesto. 

DB: Pensamientos que esa persona no conoce. Por lo tanto, no está realmente libre para emprender esta acción, debido a toda la estructura de pensamientos que se lo impide. 

K: ¿Cómo, entonces, ayudo -uso esa palabra con gran precaución- a mi hermano? ¿Cuál es la raíz de todo esto? Hablamos de la posibilidad que él tiene de percibirlo, pero todo eso es verbal, puede ser explicado de diferentes maneras: la causa, el efecto y todas esas cosas. Después de que he explicado todo esto, él dice: “Tú me has dejado donde estoy”. Y mi inteligencia, mi afecto, responden: “Yo no puedo abandonarlo”. ¿Significa eso que estoy ejerciendo presión sobre él? No estoy usando ninguna clase de presión, o de recompensa; mi responsabilidad es que no puedo abandonar a otro ser humano. No es la responsabilidad del deber y toda esa pesada carga, sino que es la responsabilidad de la inteligencia para decirle a él todo eso. Existe en la India una tradición de que uno a quien llaman el Buda Maitreya, juró que no llegaría a ser el supremo Buda hasta que hubiera liberado también a los otros seres humanos. 

DB: ¿A todos? 

K: Sí. Ya ve, la tradición no ha cambiado nada. ¿Cómo puede uno, si tiene esa inteligencia, esa compasión, ese amor -que no pertenecen a un país, a una persona, a un ideal o a un salvador- transmitir esa pureza a otro? ¿Viviendo con él, hablándole? Uno ve que todo eso puede volverse mecánico. 

DB: ¿Diría usted que esta cuestión jamás ha sido verdaderamente resuelta? 

K: Así lo pienso. Pero nosotros tenemos que resolverla, ¿entiende? No ha sido resuelta, pero nuestra inteligencia dice: Resuélvela. No, pienso que la inteligencia no dice, resuélvela; la inteligencia dice que éstos son los hechos, y que tal vez algunas personas lo captarán. 

DB: A mí me parece que, en realidad, hay dos factores: uno es la preparación, por medio del razonamiento, para demostrar que todo eso tiene sentido; y entonces, a partir de ahí, es posible que algunos lleguen a captarlo. 

K: Hemos hecho eso, señor. Uno ha desplegado el mapa, y él ha visto todo muy claramente: los conflictos, la desdicha, la confusión, la inseguridad, el devenir. Todo eso es sumamente claro. Pero al final del capítulo, él está de vuelta en el comienzo. O tal vez tiene una vislumbre de ello, y su anhelo de aprehender esa visión fugaz y de aferrarse a ella, la convierte en un recuerdo. ¿Entiende? ¡Y toda la pesadilla empieza! Al enseñarle el mapa muy claramente, ¿podemos también hacerle ver algo mucho más profundo que eso, algo que es amor? Después de todo esto, él anda a tientas. Pero el peso del cuerpo, del cerebro, de la tradición; todo eso lo hace retroceder. De modo que hay una constante batalla; y pienso que toda la cosa es un gran error. 

DB: ¿Cuál es el error? 

K: El modo en que estamos viviendo. 

DB: Ahora ya hay mucha gente que debe ver eso. 

K: Nos hemos preguntado si el hombre ha torcido el rumbo y penetró en un valle del que no hay modo de escapar. No puede ser así; eso es demasiado deprimente, demasiado aterrador. 

DB: Pienso que algunas personas podrían objetar tal cosa. El mero hecho de que eso sea aterrador, no lo convierte en falso. Pienso que usted tendría que dar alguna razón más firme para explicar por qué siente que eso es falso. 

K: Oh, sí. 

DB: ¿Percibe usted en la naturaleza humana alguna posibilidad de un cambio real? 

K: Por supuesto. De lo contrario, todo carecería de sentido; seríamos monos, máquinas. La facultad de un cambio radical es atribuida a algún agente externo; por consiguiente, acudimos a eso y en eso nos perdemos. Si no acudimos a nadie y estamos completamente libres de toda dependencia, entonces la soledad es común a todos nosotros. Eso no es aislamiento. Es un hecho obvio que cuando uno ve todo esto -la estupidez e irrealidad de la fragmentación y la división- uno está naturalmente solo. Ese sentimiento de madura soledad, es común a todos los seres humanos, no es personal. 

DB: Sí, pero el sentimiento corriente de soledad es personal, en el sentido de que cada persona lo experimenta como propio. 

K: El aislamiento (loneliness) no es soledad; no es la soledad creativa del hombre libre de toda dependencia (aloneness). 

DB: Yo pienso que todas las cosas fundamentales son de carácter universal; lo que usted dice, por tanto, es que cuando la mente profundiza en sí misma, penetra en algo universal. 

K: Correcto. 

DB: Lo llamemos o no absoluto. 

K: El problema es hacer que la mente penetre a una gran, gran profundidad dentro de sí misma. 

DB: Sí. Ahora se me ha ocurrido algo. Cuando empezamos por considerar un problema particular, nuestra mente es muy poco profunda; después pasamos a algo más general. La palabra “general” tiene la misma raíz etimológica que “generar”; el género es la generación común... 

K: Generar, por supuesto. 

DB: Cuando pasamos a algo más general, se genera una profundidad. Pero avanzando más todavía, lo general sigue estando limitado, porque es pensamiento. 

K: Completamente de acuerdo. Pero para penetrar profundamente, se requiere no sólo un valor tremendo, sino el sentimiento de estar siguiendo constantemente el mismo curso. 

DB: Bueno, eso no es realmente diligencia; sigue siendo limitado, ¿verdad? 

K: Sí, la diligencia es demasiado limitada. Acompaña a una mente religiosa en el sentido de que en la acción de esa mente, en sus pensamientos, etc., hay diligencia, pero ésta es aun limitada. Si la mente puede ir de lo particular a lo general, y de lo general... 

DB: ...a lo absoluto, a lo universal. Pero muchas personas dirían que eso es muy abstracto y nada tiene que ver con la vida cotidiana. 

K: Lo sé. Sin embargo, es una cosa muy práctica, no es una abstracción. 

DB: De hecho, la abstracción es lo particular. 

K: Absolutamente. Lo particular es sumamente peligroso. 

DB: También es sumamente abstracto, porque uno sólo puede llegar a lo particular mediante una abstracción. 

K: Por supuesto, por supuesto. 

DB: Pienso que esto puede ser parte del problema. Casi todos sienten que desean algo que realmente les afecte en su vida cotidiana. No quieren perderse meramente en palabras; por lo tanto, dicen: “Todas estas insípidas generalidades no nos interesan”. Es verdad que lo que estamos discutiendo debe operar en la vida cotidiana, pero la vida cotidiana no contiene la solución de sus propios problemas. 

K: No. La vida cotidiana es lo general y lo particular. 

DB: Los problemas humanos que surgen en la vida cotidiana, no pueden resolverse ahí. 

K: De lo particular, es preciso moverse hacia lo general; de lo general, moverse a mayor profundidad aún, y allí tal vez se encuentre la pureza de lo que llamamos compasión, amor e inteligencia. Pero eso implica entregar nuestra mente, nuestro corazón, todo nuestro ser a esta investigación. Esta vez hemos hablado durante mucho tiempo; creo que hemos llegado a alguna parte.

 27 de septiembre de 1980, Brockwood Park, HAMPSHIRE