LA TRANSFORMACIÓN

 38.

LA TRANSFORMACIÓN
Pregunta: ¿Qué entiende usted por transformación?
KRISHNAMURTI: Es evidente que tiene que haber una revolución radical. La crisis mundial la exige. Nuestras vidas la exigen. Nuestros incidentes, empeños y ansiedades de todos los días la exigen. Nuestros problemas la exigen. Tiene que haber una revolución radical, fundamental, porque todo en torno nuestro se ha derrumbado. Aunque en apariencia haya orden, en realidad hay lenta descomposición y destrucción: la ola de destrucción está constantemente alcanzando a la ola de vida. Tiene, pues, que haber una revolución; pero no una revolución basada en una idea. Semejante revolución es tan sólo la continuación de la idea, no una transformación. Y una revolución basada en una idea trae derramamiento de sangre, destrucción, caos. Del caos no se puede establecer el orden; no es posible que produzcáis deliberadamente el caos con la esperanza de que el orden surja de ese caos. No sois los elegidos de Dios para implantar un orden nacido de la confusión. Esa es la manera errónea de pensar de los que desean producir creciente confusión para luego establecer el orden. Por estar momentáneamente en posesión del poder, se figuran que conocen todos los medios de crear orden. Observando toda la catástrofe -la repetición constante de las guerras, los incesantes conflictos entre las clases sociales y entre los pueblos, la tremenda desigualdad económica y social, la diferencia de capacidades y dones naturales, el abismo entre los que disfrutan de extraordinaria dicha y tranquilidad, y los que viven prisioneros del odio, del conflicto y de la miseria-, observando todo eso, se ve que es necesaria una transformación completa, ¿no es cierto? Esta transformación, esta revolución radical ¿es una finalidad o es de momento a momento? Bien sé que nos agradaría que fuese la finalidad a alcanzar, ya que es tanto más fácil pensar en términos de lejanía, de futuro. Al final nos habremos transformado, al final seremos felices, al final hallaremos la verdad; pero, mientras tanto, continuemos como hasta ahora. Una mente que así piensa en términos de futuro, es incapaz de actuar en el presente; y por lo tanto una mente así no busca la transformación, simplemente la rehuye. ¿Qué entendemos por transformación? La transformación no es en el futuro; jamás puede serlo. Sólo puede ser ahora, de momento en momento. ¿Qué entendemos, pues, por transformación? Es, sin duda, algo muy sencillo: ver lo falso como falso y lo verdadero como verdadero. Ver también la verdad en lo falso, y ver lo falso en aquello que ha sido aceptado como la verdad; ver lo falso como falso y lo verdadero como verdadero es transformación. Porque cuando veis muy claramente que algo es la verdad, esa verdad es libertadora. Cuando veis que algo es falso, esa cosa falsa se desprende. Cuando veis que las ceremonias son simples y vanas repeticiones; cuando veis la verdad acerca de ellas y no las justificáis, prodúcese la transformación, porque otra atadura ha desaparecido. Cuando veis que la división de la sociedad en clases es falsa, que ella engendra conflictos, miseria y desunión entre las personas; cuando veis la verdad al respecto, esa verdad resulta libertadora. La percepción misma de esa verdad es transformación. Y como estamos rodeados de tantas cosas falsas, el percibir de instante en instante esa falsedad, es transformación. La verdad no se acumula; ella es de momento en momento. Lo que se acumula, lo acumulado es la memoria; y mediante la memoria jamás podréis hallar la verdad. La memoria, en efecto, pertenece al tiempo; el tiempo es el pasado, el presente y el futuro. El tiempo, que es continuidad, jamás puede descubrir aquello que es eterno. La eternidad no es continuidad. Lo que perdura no es eterno. La eternidad está en el instante. La eternidad está en el “ahora”. El “ahora” no es reflejo del pasado, ni continuación del pasado hacia el futuro a través del presente. Una mente que está deseosa de una transformación futura, o que encara la transformación como objetivo final jamás podrá hallar la verdad. La verdad, en efecto, es algo que tiene que surgir de momento a momento, que debe ser descubierto cada vez de nuevo; y, por cierto, no puede haber descubrimiento alguno por medio de la acumulación. ¿Cómo podréis descubrir lo nuevo si estáis agobiados por lo viejo? Es tan sólo cuando desaparece esa carga que descubres lo nuevo. Para descubrir lo nuevo, lo eterno, en el presente y de momento a momento, se requiere una mente extraordinariamente alerta, una mente que no busque resultados, una mente que no trate de llegar a ser algo. Una mente que se esfuerce por llegar a ser algo no puede nunca conocer la plena beatitud del contentamiento; no del contento de la fácil satisfacción, ni del contento que trae el logro de un resultado, sino del contento que se produce cuando la mente ve la verdad en lo que es y lo falso en lo que es. La percepción de esa verdad es de instante en instante, y esa percepción se detiene al hablar de ese instante. La transformación no es una finalidad, un resultado. La transformación no es un resultado. El resultado implica residuo, una causa y un efecto. Donde hay causalidad, tiene forzosamente que haber efecto; el efecto es simplemente el resultado de vuestro deseo de transformación. Cuando deseáis veros transformados, seguís pensando en términos de devenir; y aquello que es devenir no puede nunca conocer aquello que es ser. La verdad es ser de momento en momento; y la felicidad que continúa no es felicidad. La dicha es el estado atemporal del ser. Ese estado atemporal puede producirse tan sólo cuando hay tremendo descontento; no el descontento que ha hallado una vía de escape, sino el descontento que no tiene salida ni escapatoria y que ya no busca realización. Sólo entonces, en ese estado de supremo descontento, puede surgir la realidad. Esa realidad no se compra, ni se vende, ni se repite; no puede ser captada en libros. Tiene que ser captada de momento a momento, en la sonrisa, en la lágrima, bajo la hoja muerta, en los pensamientos errabundos, en la plenitud del amor. El amor no es diferente de la verdad. El amor es ese estado en el cual el proceso del pensamiento en función del tiempo ha cesado completamente. Y donde hay amor hay transformación. Sin amor, la revolución carece de sentido pues en tal caso ella es mera destrucción, decadencia, una miseria, desgracia creciente y cada vez mayor. Donde hay amor hay revolución, porque el amor es transformación de instante en instante.

LA CONFUSIÓN DE LA MENTE

 37.

LA CONFUSIÓN DE LA MENTE
Pregunta: He escuchado todas las pláticas de usted y he leído todos sus libros. Con toda seriedad le pregunto: ¿Cuál puede ser el objeto de mi vida si como usted dice, todo pensamiento ha de cesar, todo conocimiento ha de ser suprimido, y todo recuerdo ha de perderse? ¿Cómo relaciona usted ese estado de ser -sea lo que él fuere según usted- con el mundo en que vivimos? ¿Qué relación tiene ese ser con nuestra triste y dolorosa existencia?
KRISHNAMURTI: Queremos saber qué es ese estado que sólo puede surgir cuando todo conocimiento, cuando el reconocedor, no existe; queremos saber qué relación tiene ese estado con nuestro mundo de diarias actividades, diarios empeños. Sabemos qué es ahora nuestra vida: triste, penosa, constantemente temerosa, nada permanente. Eso lo sabemos muy bien. Y queremos saber qué relación hay entre este estado y aquél; y, si dejamos de lado el conocimiento, si nos liberamos de nuestros recuerdos y demás, cuál es el objeto de la existencia. ¿Qué objeto tiene la existencia tal como ahora la conocemos, no en teoría sino realmente? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia diaria? Nada más que el sobrevivir -¿no es así?-, con todas sus miserias, con todos sus pesares y confusión, sus guerras, destrucciones, y demás. Podemos inventar teorías, podemos decir: “Esto no debiera ser, sino alguna otra cosa”. Pero todas esas son teorías, no son hechos. Lo que conocemos es la confusión, el dolor, el sufrimiento, los antagonismos interminables. Y también, por poco que nos demos cuenta, sabemos cómo ocurre todo eso. Porque el objeto de la vida día tras días, de instante en instante, es destruirnos unos a otros, explotarnos unos a otros, ya sea como individuos o como seres humanos colectivos. En nuestra soledad, en nuestra miseria, tratamos de utilizar a otros, intentamos huir de nosotros mismos, por medio de la diversión, de dioses, del conocimiento, de toda forma de creencia, de la identificación. Tal es nuestro objeto, consciente o inconsciente, tal como ahora vivimos. ¿Y existe un propósito mas profundo, más amplio y trascendente, un fin que no sea de confusión, de adquisición? ¿Y ese estado espontáneo tiene alguna relación con nuestra vida diaria? Eso, por cierto, no tiene absolutamente ninguna relación con nuestra vida. ¿Cómo puede tenerla? Si mi mente es confusa, angustiada, solitaria, ¿como puede ella estar en relación con algo que no pertenezca a la misma? ¿Cómo puede la verdad estar en relación con la falsedad, con la ilusión? Pero eso no lo queremos admitir. Porque nuestra esperanza, nuestra confusión, nos hace creer en algo más grande, más noble, que, según decimos, tiene relación con nosotros. En nuestra desesperación buscamos la verdad, esperando que en el descubrimiento de la misma nuestra desesperación habrá de desaparecer. Podemos ver, pues, que una mente confusa, una mente transida de dolor, una mente que capta su propio vacío, su soledad, jamás podrá encontrar aquello que está más allá de sí misma. Aquello que está más allá de la mente sólo puede surgir cuando las causas de confusión, de desdicha, han sido disipadas o comprendidas. Todo lo que he estado diciendo, de lo que he estado hablando, es cómo comprendernos a nosotros mismos. Porque, sin conocimiento propio, lo otro no adviene, lo otro es sólo una ilusión. Mas si comprendemos el proceso total de nosotros mismos, de instante en instante, entonces veremos que, al despejarse nuestra propia confusión, lo otro adviene. Entonces vivenciando aquello tendrá una relación con esto. Pero esto jamás tendrá relación con aquello. Estando de este lado de la cortina, estando en la oscuridad, ¿cómo puede uno tener la vivencia de la luz, de la libertad? Mas una vez que haya vivencia de la verdad, entonces podréis vosotros relacionarla con este mundo en que vivís. Si jamás hemos conocido lo que es el amor, sino tan sólo constantes reyertas, desdichas, angustias, conflictos, ¿cómo podemos vivenciar ese amor que nada tiene que ver con todo esto? Pero una vez que tengamos la vivencia de eso, entonces no necesitamos molestarnos en hallar la relación. Entonces el amor, la inteligencia, funcionan. Mas para vivenciar ese estado, todo conocimiento, recuerdos acumulados, actividades identificadas con uno mismo, tienen que cesar para que la mente sea incapaz de proyectar sensación alguna. Entonces, vivenciando eso, habrá acción en este mundo. Ese es por cierto el objeto de la existencia: ir más allá de la actividad egocéntrica de la mente. Y, habiendo vivenciado ese estado -que la mente no puede medir-, entonces la vivencia misma de eso trae consigo una revolución íntima. Entonces, habiendo amor, no hay problema social; no hay problema de ninguna especie cuando hay amor. Es porque no sabemos amar que tenemos problemas sociales, y sistemas de filosofía sobre el modo de habérnoslas con nuestros problemas. Y yo digo que estos problemas jamás podrán resolverse por sistema alguno, ya sea de la izquierda, de la derecha o del centro. Ellos podrán ser resueltos -nuestra confusión, nuestras miserias, nuestra autodestrucción- tan sólo cuando podamos vivenciar aquel estado que no es autoproyectado.

HABLANDO CLARO

Hola don X, me han preguntado por qué insisto año tras año en la publicación del Libro de la Vida...

...Y usted que respondió?

En principio escucho con atención, exploramos la pregunta, entonces  supe que se esperaba de la lectura, en general había en la mayoría de ellos la necesidad de una respuesta que pusiera fin a la incertidumbre...

...Cual fue su enfoque?

Oh, fue muy secillo y claro, los remití a que exploraran en la intoducción del libro. Lo publico nuevamente a continuación:


Introducción 

En 1934, Krishnamurti dijo: «¿Por qué queremos ser estudiantes de libros, en lugar de ser estudiantes de la  vida? Averigüen qué es falso en el medio que los rodea, con todas sus opresiones y crueldades, y entonces  descubrirán qué es lo verdadero». Señaló repetidamente que «el libro de la vida», siempre cambiante, con una  vitalidad que no puede ser contenida por el pensamiento, era el único digno de «leerse», ya que todos los demás  estaban llenos de información falsa. «La historia de la humanidad se halla en ustedes; allí están la vasta  experiencia, los miedos profundamente arraigados, las ansiedades, el dolor, el placer y todas las creencias que el  hombre ha acumulado a lo largo de milenios. Ustedes son el libro». 

Esta obra, El Libro de la Vida, Meditaciones diarias con Krishnamurti, está dispuesta en un orden que  reproduce en cierto modo la manera como Krishnamurti desarrollaba sus pláticas. Comenzaba habitualmente con la  acción de escuchar y la relación existente entre el estudiante y el auditorio, y terminaba con cuestiones que emergen  naturalmente cuando la vida está en orden y una profundidad mayor empieza a aflorar a la superficie de la  conciencia. Durante sus últimos días, en 1985 y 1986, habló del espíritu creativo y la posibilidad de un estilo de vida  totalmente nuevo. Esta obra contiene fragmentos de esas pláticas. 

Muchos temas se reiteraban a lo largo de sus enseñanzas. Su visión consiste en la total y comprensiva  observación de la condición humana, en la que cada aspecto de la vida se halla interconectado. El Libro de la Vida presenta pasajes sobre un tema nuevo para cada semana del año, y cada tópico se desarrolla a través de siete días.  Estas citas se identifican por su fuente bibliográfica, y se hace referencia a ésta en cada pie de página. Los lectores  que se interesen en explorar a mayor profundidad temas específicos, están invitados a acudir a los textos completos  contenidos en los libros de los cuales dichos temas han sido extractados. 

Krishnamurti comenzó a hablar públicamente en 1929 con una voz que Aldous Huxley describió como plena de  una «autoridad intrínseca». Su poderosa exploración en la naturaleza de la verdad y la libertad ha resultado en  millones de ejemplares de sus pláticas y diálogos publicados y traducidos a casi todos los idiomas del mundo. 

Krishnamurti, aunque tímido y retraído, ofreció centenares de pláticas, pronunciadas sin notas previas ni  preparación alguna, las cuales desarrollaban esencialmente un tema primordial: la verdad puede ser descubierta por  cualquiera de nosotros, sin la ayuda de autoridad alguna; al igual que la vida, está siempre presente, en un solo  instante. Sus pláticas cubren la escala completa del conflicto y el interés, tanto en lo personal como en lo social. Al  observar la profundidad y el alcance de nuestra conducta tal como se revela en el instante de la observación, surge la  acción indispensable para transformarnos a nosotros mismos y a nuestra sociedad. Cuando alguien que asistía a sus  pláticas le preguntó por qué hablaba y qué quería lograr, Krishnamurti respondió: Quiero revelarles algo, quizás el  modo de descubrir qué es la realidad -no el modo en el sentido de un sistema, sino cómo proceder al respecto-. Y  si ustedes pueden descubrir esto por sí mismos, no habrá uno que les habla, hablaremos todos sobre ello, todos  expresaremos esa realidad de nuestras vidas, donde quiera que nos encontremos [...]. La verdad no puede ser  acumulada. Lo que se acumula es destruido siempre, siempre se deteriora. La verdad jamás puede deteriorarse,  porque sólo puede ser descubierta de instante en instante, en cada pensamiento, en cada relación, en cada  palabra, en cada gesto, en una sonrisa, en las lágrimas. Y si ustedes y yo podemos descubrir eso y vivirlo -el  vivirlo es, en sí mismo, el descubrimiento-, entonces no nos convertiremos en propagandistas; seremos seres  humanos creativos; no seres humanos perfectos, sino creativos, lo cual es inmensamente distinto. Por eso, creo,  estoy hablando, y quizá por eso están ustedes escuchando. 

Sólo existe el problema; no hay respuesta; en la comprensión del problema está su disolución. A menudo, cuando se le formulaba una pregunta, Krishnamurti respondía: «Averigüemos qué entendemos por...», examinando  así la pregunta y abriéndola a la investigación en vez de dar inmediatamente una respuesta. Para Krishnamurti,  sondear una pregunta o un problema alimentaba esa investigación de un modo mejor que estar persiguiendo lógica e  intelectualmente la búsqueda de una respuesta. Los extractos que figuran en este libro son presentados al lector como  interrogantes que podrían haberse planteado sin que el lector sintiera el impulso de una respuesta inmediata. 

Krishnamurti señalaba que el diálogo con sus oyentes en las pláticas que ofrecía no era intelectual y no se  hallaba anclado en pensamientos e ideales. Dijo: Después de todo, el propósito de estas pláticas es comunicarnos el  uno con el otro; no es el de imponerles una determinada serie de ideas. Las ideas jamás cambian la mente, jamás  originan su transformación radical. Pero si, como individuos, podemos comunicarnos el uno con el otro, al mismo  tiempo y en el mismo nivel, entonces quizás habrá una comprensión que no es tan sólo propaganda... de modo que  estas pláticas no tienen ninguna manera la intención de disuadirlos ni persuadirlos acerca de nada, ya sea de  hecho o subliminalmente. 

En casi todas sus pláticas públicas y en sus diálogos, Krishnamurti usaba los términos «humanidad» u  «hombre» cuando se refería a la totalidad del género humano. Pero en la última parte de su vida se interrumpía 

frecuentemente para decir a su auditorio: «Por favor, cuando digo "hombre", me refiero también a la mujer. Así que  no se enojen conmigo». 

Krishnamurti hablaba con extraordinaria sencillez, no como lo hace un gurú o un maestro religioso con una  enseñanza derivativa, con un vocabulario especial, o que se halla atado a alguna secta u organización. El  requerimiento por sus enseñanzas claras y auténticas fue creciendo a medida que recorría el mundo. Desde 1930  hasta su muerte en 1986 hablo a auditorios cada vez más numerosos en Europa, Norteamérica. Australia,  Sudamérica y la India. 

Esta obra contiene pasajes tomados de pláticas publicadas e inéditas, de diálogos y escritos entre los años 1933  y 1968. Entre éstos se encuentra el primer libro popular de Krishnamurti, leído extensamente por el público: La  educación y

el significado de la vida, escrito bajo un gran roble en Ojai, California, y publicado en 1953 por Harper  & Row, el editor que habría de continuar, por más de treinta años, publicando sus obras en Norteamérica. Su  siguiente libro, La libertad primera y última, fue publicado en 1954 también por Harper & Row, con un largo  prefacio de su amigo Aldous Huxley. 

Los Comentarios sobre el vivir fueron manuscritos entre 1949 y 1955, sobre páginas sin márgenes, y carecen  de correcciones o borraduras. Aldous Huxley había alentado a Krishnamurti a escribirlo, y el manuscrito, preparado  por D. Rajagopal, se publicó en 1956. En esencia, es una crónica de las entrevistas de Krishnamurti con personas  que venían para verlo y hablarle, y hay en estas páginas la sensación del encuentro de dos amigos que conversan y  exploran sin vacilación ni temor. Los capítulos de esta obra se inician a menudo con una breve descripción del  paisaje, del clima o de animales cercanos. Desde la simplicidad de este mundo natural se llega, con una fácil  transición, al paisaje interno de confusión, ansiedad y creencias -las preocupaciones generales y personales que la  gente traía a sus encuentros con Krishnamurti-. Algunas entrevistas no fueron publicadas en aquellos primeros tres  volúmenes de Comentarios sobre el vivir, y aparecen aquí por primera vez. En parte de estas entrevistas no  publicadas con anterioridad, Krishnamurti usó la expresión «pensamiento-sentimiento» para describir una respuesta  unitaria. 

El Arte de vivir (Live Ahead) y El propósito de la educación (Think on These Things) fueron preparados en  1963 y 1964 por la amiga de Krishnamurti Mary Lutyens, y publicadas por Harper & Row. Estos dos libros  contienen un compendio de seleccionadas preguntas y respuestas provenientes de conversaciones con los jóvenes;  fueron tan bien recibidos, que ha llegado a considerárselos como clásicos religiosos y literarios. A estos libros siguió  una extensa obra que abarca más de cincuenta volúmenes. 

Krishnamurti se consideraba personalmente poco importante e innecesario para el proceso de comprender la  verdad, de vernos a nosotros mismos. En cierta ocasión, se atribuyó la condición de un teléfono, un mecanismo para  ser usado por aquel que escuchaba. Dijo: Lo que dice quien les habla tiene poca importancia en sí mismo. Lo  realmente importante es que la mente, sin esfuerzo alguno, esté tan atenta que se halle todo el tiempo en un estado  de comprensión. Si no comprendemos y tan sólo escuchamos las palabras, nos llevaremos nada más que una serie  de conceptos o ideas, estableciendo de un modo un patrón al cual trataremos entonces de ajustarnos en nuestras  vidas cotidianas o en las así llamadas vidas espirituales. 

Podría ser útil, a medida que uno avanza en la lectura, estar alerta sobre el modo como Krishnamurti  consideraba la relación entre dos personas en busca de la verdad. En 1981 dijo: Somos como dos amigos que, en un  bello día, estamos sentados en el parque conversando sobre la vida, hablando de nuestros problemas,  investigando la naturaleza misma de nuestra existencia, y preguntándonos seriamente por qué la vida se ha vuelto  un problema tan grande, por qué, aunque intelectualmente somos muy refinados, nuestra vida cotidiana es tan  penosa, tan carente de sentido, excepto para la supervivencia -la cual es más bien incierta-. ¿Por qué la vida, la  existencia diaria, se ha convertido en una tortura semejante? Podemos acudir a la iglesia, seguir a algún líder  político o religioso, pero la vida diaria es un desorden permanente; aunque haya ciertos períodos ocasionalmente  gozosos, felices, nuestra vida se halla siempre rodeada por una nube de oscuridad. Y estos dos amigos, como lo  somos ustedes y quien les habla, están discutiendo juntos de una manera cordial, quizá con afecto, con solicitud,  con interés, si es de algún modo posible vivir nuestra vida cotidiana sin un solo problema.





8 DE DICIEMBRE , PRIMERA COMUNIÓN

Este es un relato vivido por el Narrador, su madre, Margarita no era una católica practicante pero respetaba las tradiciones familiares. Pese a que su hogar era de clase pobre hizo un sacrificio para vestirlo adecuadamente para la ceremonia, no quiero agobiarlos con detalles.

Lo que sí recuerdo que era un niño apacible y a la vez con cierta rebeldía para sus ocho años, en la preparación que tenía lugar en la iglesia del barrio tuvo discusiones con el catequista quien tuvo que recurrir al párroco para que lo convenciera de la verdad de la existencia de la santísima trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero. Al cura se le puso difícil la explicación y optó por decir que era un Sagrado Misterio...el niño sintió que eran solo palabras cuya fuerza consistía en la repetición de esa creencia.

Tomó la comunión en pleno "pecado", sólo porque amaba a su madre y quería verla feliz. 😇


UN SUEÑO EXTRAÑO

Parece que tiene algo significativo para contar, ¿de qué se trata Narrador?

Parece que de tanto hurgar en el conocimiento de sí mismo apareció en un sueño una especie de respuesta muy extraña...

 En qué consistió el asunto, si lo puede comunicar...  

Sí, consta de una sola imagen en movimiento...a ver si lo puedo narrar en forma comprensible, téngame un poco de paciencia don X...hay una playa desierta en una especie de isla que luego descubrí representaba mi vida. Una mansa marea avanzaba y a su paso iba borrando los recuerdos de mi vida desde el hoy hasta mi nacimiento hasta convertirme en Nada...Cuando desperté comprendí que no estaba amnésico, los hechos del pasado continuaban en la memoria pero ya no los juzgaba.

¿Y qué signicado le atribuye a todo esto?

Uy, inmenso, una especie de calma y renovación, y un sentido de infinitud imposible de comunicar en palabras, menos mal que usted escucha y no me juzga...todo esto parece desvaríos de un loco.

Don X dibujo una sonrisa y se transformó en el mar de mis sueños.

 náufrago empresario durmiendo en su computadora portátil en la playa - isla desierta fotografías e imágenes de stock

 

  

 

UN JUEGO MILENARIO

 Tenía la particularidad de jugarse en un espacio limitado, los contendientes eran dos y representaban los derechos de primacia del uno sobre el otro. Habían dividido su mundo en dos parcelas antagónicas.

Las posibilidades eran tres, ganar perder o empatar...Era el campo de batalla cuadrado con 64 casilleros y los ejércitos enfrentados constaban de tres filas de representantes que a su vez simbolizaba las diferentes clases sociales.

A este juego se le llamó ajedrez.

Un juego más complejo es el humano con infinitas variantes...pero en síntesis es lo mismo, el juego de la dualidad que aun permanece vigente salvo honrosas excepciones.


 

EXTRAÑEZA...

 ¿A qué se debe ese estado de extrañeza Narrador? 

Uy, es casi indescriptible don X...

Tal vez si lo conversamos se aclare el panorama...

Bueno, para comenzar diré que me sorprende este regreso al lugar donde viví por veinte años. En gran parte ha cambiado, algunos amigos han muerto y la ciudad se ha renovado para bien. Pongo en la columna del haber el cariño recibido de parte de hijos y nietos...

Aquí me gustaría señalar el hecho de que usted está comparando lo nuevo con lo ya vivido hay una gran pérdida de energía en ese proceso, en ese balance existe una memoria de un pasado que ya no existe, ¿verdad?

Así es señor X, da la impresión que en lo psicológico uno muere por partes, hay un residuo que se niega a desaparecer...¿a qué se debe?

Véalo por usted mismo...esos residuos quedan registrados porque en su momento no se vivieron con plenitud...

Ya, es eso y veo también que hay no solo lo personal sino también procesos inconscientes que corresponden a toda la humanidad...hummm....esto requiere una meditación profunda, gracias don X su amistad le pone luz al asunto.

 

 


ME GUSTA CUANDO CALLAS...

Hoy amanecimos con un poema de Pablo Neruda entre los labios, tuvo un enorme significado y a la vez cuesta ponerlo en palabras que brotan de la Nada misma mejor dejemos que el poeta lo exprese a su manera...


   15

ME gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

 

EL LAGO...

 EL LAGO

El lago era muy profundo, con peñascos que se elevaban a ambos lados. Uno podía divisar la otra orilla, boscosa, con nuevas hojas primaverales; y aquella margen del lago era más escarpada, con más árboles y un follaje tal vez más espeso. Esa mañana el agua se hallaba en calma y su color era verde azulado. Es un bello lago. Había cisnes, patos y, ocasionalmente, un barco con pasajeros.
Como uno estaba de pie a la orilla, en un parque bien cuidado, se encontraba muy cerca del agua, un agua absolutamente incontaminada cuya estructura y belleza parecían penetrar dentro de uno. Se podía percibir el aroma del aire suavemente fragante y del verde césped, y había una sensación de unidad con ello mientras uno se movía con la lenta corriente, con los reflejos y la quietud profunda del agua.
Era una cosa extraña experimentar una sensación tan grande de afecto, afecto no por alguna cosa o por alguien, sino la plenitud de lo que puede llamarse amor. Lo único que importa es sondear en la profundidad misma de ello, no con la pequeña mente tonta y sus incesantes murmullos del pensamiento, sino con el silencio. El silencio es el único medio o instrumento que puede penetrar en algo que elude a una mente contaminada.
Nosotros no sabemos lo que es el amor. Conocemos sus síntomas, el placer, la ansiedad, la pena, etcétera. Tratamos de resolver los síntomas, lo cual se vuelve un vagar en medio de la oscuridad. Gastamos en esto los días y las noches, y pronto ello termina en la muerte.
Mientras uno estaba allí, a la orilla del lago, contemplando la belleza del agua, todos los problemas humanos, los problemas de las instituciones, la relación del hombre con el hombre (que es la sociedad), todo ello encontraría su lugar exacto si uno pudiera penetrar silenciosamente en esta cosa que llamamos amor.
Hemos hablado muchísimo sobre ello. Todo joven dice que ama a alguna mujer, el sacerdote a su dios, la madre a sus hijos, y por supuesto, el político juega con ello. En realidad, hemos estropeado la palabra cargándola de sustancia sin sentido, la sustancia de nuestros propios yoes estrechos y mezquinos. En este contexto pequeño, limitado, tratamos de encontrar lo otro y, dolorosamente, retornamos a nuestra confusión y desdicha de todos los días.
Pero eso estaba allí, en el agua, en todo lo que había alrededor, en la hoja, en el pato que trataba de deglutir un gran trozo de pan, en la mujer inválida que pasaba... No era una identificación romántica ni una aguda verbalización racionalizada, sino que estaba allí, tan real como ese automóvil o ese barco.
Es lo único que dará respuesta a todos nuestros problemas. No, no una respuesta, porque entonces no habría más problemas. Tenemos problemas de todas clases y tratamos de resolverlos sin ese amor, y así se multiplican y crecen. No hay manera de aproximarse al amor o de retenerlo, pero a veces, si permanecemos al borde del camino o junto al lago, observando una flor o un árbol o al granjero labrando la tierra, si permanecemos en silencio, no soñando ni fantaseando ni sintiéndonos cansados, sino en un intenso silencio entonces tal vez el amor llegue a nosotros.
Cuando llegue, no tratemos de retenerlo, no lo atesoremos como una experiencia. Una vez que nos toque ya no volveremos a ser los mismos. Dejemos que sea eso lo que actúe y no nuestra codicia, nuestra ira o nuestra justa indignación social. El amor es realmente muy bravío, indómito, y su belleza nada tiene de “respetable”.
Pero nunca lo queremos, porque sentimos que podría ser demasiado peligroso. Somos animales domesticados, dando vueltas en una jaula que hemos construido para nosotros mismos, una jaula con sus contiendas, sus disputas, sus imposibles líderes políticos, sus gurús que explotan nuestra vanidad y la de ellos mismos con gran refinamiento o con bastante crudeza. En la jaula podemos tener anarquía u orden, el que a su vez cede su puesto al desorden. Y esto ha continuado por muchos siglos, avanzando explosivamente y retrocediendo, modificando los patrones de la estructura social, terminando tal vez con la pobreza aquí o allá. Pero si establecemos que todo esto es lo más esencial, entonces perderemos lo otro.
Permanezcamos solos de vez en cuando y, si somos afortunados, el amor podría llegar a nosotros en una hoja que cae o desde aquel distante árbol solitario en medio de un campo vacío.
JK
La imagen puede contener: montaña, cielo, exterior, naturaleza y agua
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A MODO DE ACLARACION...

 Hola don X, aunque existe el dicho: "no aclares que oscurece", igual he preferido correr los riesgos pertinentes. Es sabido por mis amigos de Facebook que repito una y otra vez pasajes diarios del Libro de la vida, divididos día por día a lo largo de un año. Esta selección de textos fue aprobada en vida de usted...

¿Y cuál es el problema Narrador?

Desde mi punto de vista ninguno pues la verdad es nueva de instante en instante.

¿Entonces...?

Surge la duda si la repetición frecuente no convierte a sus dichos en una rutina y pierden su valor intrínseco.

He notado que algunos de sus amigos se interesan de verdad y hay también quienes poseen ese librito. Con la advertencia hecha es suficiente, lo demás es responsabilidad del lector.

¡Gracias don X!

LA REBELIÓN

 Cuando el Narrador se encontró por primera vez con los escritos de Jiddu Krishnamurti, el impacto fue tremendo. Hubo una serie de reacciones contradictorias, por una parte sus señalamientos los sentí como extraordinariamente verdaderos, pero otra parte de mí se rebelaba y quería deshacerse de él y sus dichos.

¿Y que hizo usted? Preguntó don X

¡Ah, varias cosas, lo primero fue tratar de recurrir al conocimiento, entonces descubrí el profundo desconocimiento de muchos temas...

¿Qué esperaba encontrar?

Algo que demostrara que K estaba equivocado, mi ego se sentía desnudo, desprotegido....fue un año muy intenso...a veces quería retirarme del mundo y en otras ocasiones presentaba batalla...hasta que descubrí que todo conocimiento es limitado por más sutil y profundo que fuese.

Un día estaba descansando antes de retornar al trabajo cuando ocurrió algo inesperado. Comencé a sentir una sensación de giro en el sentido contrario al de las agujas del reloj y de pronto estaba flotando en el espacio de la habitación y podía ver a mi propio cuerpo acostado y escuchar los sonidos de la casa. No lo quiero agobiar con un relato muy largo...ese cuerpo en el espacio podía atravesar las paredes y moverse a voluntad, esto ocurrió muchas veces y luego regresaba al cuerpo físico. En una ocasión el cuerpo flotante sintió la presencia de algo invisible que lo abarcaba todo su fuente de energía parecía provenir desde detrás de mí, quise girar y ver pero me fue imposible, ni siquiera pude nombrar esa especie de Nada...

En la cara de don X se dibujó una sonrisa.

LA MADRE DEL NARRADOR

Por el año 1914 el abuelo Marcos y su familia vivían en Energía, una estación del ferrocarril en la provincia de Buenos Aires. El ferrocarril era por entonces propiedad de los ingleses y Marcos era allí jefe de estación. El 9 de julio de ese año nace mi madre y fue anotada en el registro civil como Julia Florinda Martina....al poco tiempo pasó un cura bautizando a los nacidos en esa zona...y a él le pareció más adecuado llamarla Margarita y desde entonces todos la llamaron así.
Ella fue una persona sencilla y dulce como las margaritas.

PONIENDO ORDEN

¡Que la muerte nos sorprenda vivos!

Esta frase impregnó al Narrador e inmediatamente se puso a la tarea de poner orden, ¿y en qué consistió esto?...cuando hubo un espacio de silencio no inducido...mirar el contenido total de su memoria psicológica.
Lo primero que surgió fue un conglomerado de situaciones contradictorias, imágenes, palabras, sentimientos. Todo pertenecía a hechos pasados. Vimos que había un factor común, ¿a qué o quién le sucedía todo esto? Esos fragmentos es el yo divisivo. Pido perdón a quienes en mi ignorancia pude haber lastimado. Eso ocurrió en un instante pero para poder contarlo el narrador necesitó tiempo.
No hay olvido, solo el hecho de quitar la carga emocional para que no quieran revivivr en el presente que es su forma de perdurar y repetirse. Ojalá haya sido claro. Un abrazo para todos ustedes.

EL HOMBRE QUE CONOCÍA EL INFINITO

Ayer tuve una tarde especial, dijo el Narrador, ocurrió que al ver un film escucho mencionar a Ramanujan un matemático hindú...

¿Y que tuvo de particular ese momento?

Oh, don X, se disparó un flash retrospectivo, reviví con total claridad el momento ocurrido hace más de cuarenta años...una conversación con el doctor Héctor Viñuela...yo era un joven que no aceptaba afirmaciones que no fueran demostrables y él nombró entonces a Ramanujan para dar un ejemplo de cómo un científico presentaba intrincados teoremas sin presentar las pruebas o demostraciones de cómo había llegado a saber que estaba en lo cierto, y Héctor agregó que la verdad se basta a sí misma teniendo luz propia.

Esa declaración, ¿lo convenció?

No, para nada... mi rebeldía rechazaba todo esto, es más olvidé el nombre de Ramanujan hasta el día de ayer...pero ahora siento distinto y usted lo sabe...aprendí a distinguir Verdad de Realidad.