EL CAMINO DE LA INTELIGENCIA -J.K. - 3. EL FUTURO DEL HOMBRE -

 3. EL FUTURO DEL HOMBRE 

Achyut Patwardhan: Señor, existe una sensación general de una crisis que se profundiza. Tal sensación se debe a distintos factores del medio ambiente: la carrera armamentista, la polución, los problemas económicos, y subyaciendo todo esto, una sensación de decadencia moral. En una nación como la India, este sentimiento es todavía más intenso. Sería conveniente estudiar la relación existente entre esta crisis moral interior y sus manifestaciones externas que amenazan la supervivencia humana. El problema que se plantea es el siguiente: ¿Podemos descubrir por nosotros mismos esta relación entre la crisis interna del individuo y la externa? 

Romesh Thapar: Señor, quisiera añadir algo a lo que acaba de decir Achyutji. Como persona que ha venido analizando estos problemas durante los últimos veinticinco o treinta años, presentando una perspectiva al respecto, miro al mundo y observo que se está hundiendo. Cuando veo el problema de mi país, veo que, para el año 2000, nuestra sociedad deberá estructurarse para una población de mil millones de personas. Me doy cuenta que la estructuración de esta sociedad no podrá realizarse de la misma manera que la ya hecha en otras sociedades. Para ser honesto con mi gente, debo decir que la estructuración tiene que ser de una índole especial, el apuntalamiento social debe ser especial. Pero con este hundimiento del mundo y con el papel que actualmente están jugando las comunicaciones, pienso que los sistemas de valores que persigo a tientas, están siendo atacados constantemente e incluso pueden estar destruyendo esos elementos modernizantes que existen dentro de la sociedad. Ante tal situación me pregunto: ¿es posible descubrir una nueva forma de pensamiento que me proteja de este horrendo argumento? Porque si soy incapaz de reestructurar mi sociedad sobre la base de los principios justos, aislándola de la corrupción que tiene lugar por doquier, estableceré una sociedad que sea brutal e injusta.

T.N. Madan: Quisiera hacer una aclaración sobre el primer punto que se ha tocado. Yo no sé de ninguna época, cultura o nación en que la gente no haya pensado que existía una crisis moral. Por ello, creo que la primera cuestión sería definir la naturaleza de nuestra crisis moral. De lo contrario, nos dejaríamos impresionar muy directamente por los problemas más inmediatos y pensaríamos que nuestro tiempo es el peor de todos, que el mejor tiempo fue el pasado o pensaríamos en términos de utopías. Así que, en primer lugar, ¿podríamos definir la naturaleza de esta crisis moral? Y la clave de esto podría encontrarse en lo que el señor Thapar estuvo diciendo. Adherimos a aquellos valores que consideramos que eran buenos, pero es posible que dichos valores ya no existan porque el mundo se ha contraído. Lo que es válido para la comunidad de un pueblo no servirá a nivel mundial. Parece como si hubiéramos quedado atrapados en una hendidura, representada por los cambios que nos vemos obligados a soportar y el sistema de valores que hemos heredado y que naturalmente consideramos precioso. ¿Cómo hemos de resolver el dilema entre la aceptación de un mundo que se está contrayendo y un mundo de valores que no queremos abandonar, del que no queremos alejarnos? 

Rajni Kothari: Señor, yo diría que este sentimiento de crisis moral aparece de tiempo en tiempo, básicamente cuando las instituciones se encuentran en quiebra. Hay diferentes puntos de vista acerca de la crisis actual. Uno de ellos es el de que estamos atravesando un período de transformaciones tan rápidas que necesariamente tiene que ocurrir una crisis de esta índole. Como consecuencia, tendremos que reestructurar, hasta cierto punto, todo esto. No veo claramente los principios generales de un sistema alternativo, de una nueva forma de reestructurar la actividad del hombre o su intelecto; y al no existir nada que sustituya lo que se está derrumbando, aparece este sentimiento de crisis moral. 

Ashish Nandy: Sinceramente, no veo una verdadera crisis moral. Aunque hay una crisis moral en gente como nosotros, cosa que sucede desde hace muchos años. Yo soy un gran partidario del hombre común y corriente y no creo que él sufra una crisis moral, sino que sufre una crisis de supervivencia.

Q: Uno de los hechos más significativos es que hoy disponemos de una serie de medios tecnológicos que producirán un gran impacto en el futuro del hombre. Al trabajar como científico en el mundo de la informática, estoy al corriente de algunos de los importantes logros que están teniendo lugar en este campo. Y lo que yo quisiera aprender en este seminario es cómo cuantificar y reflexionar acerca de estos sistemas de valores, de forma que esas máquinas que vendrán en el futuro, computadoras electrónicas que tendrán la capacidad de aprender y pensar, sean capaces de hacer elecciones correctas.

Sudhir Kakkar: Yo no estoy de acuerdo con ese sentimiento de crisis moral y tampoco con el pesimismo expresado por los que han intervenido. 

PJ: Me pregunto por qué estamos usando el término «moral». ¿Está pasando el ser humano por una crisis de igual naturaleza que la sufrida en el pasado? ¿O, debido a una serie de circunstancias especiales, producto de las presiones que generaron los actos de los seres humanos -la ingeniería genética, la informática y la capacidad ilimitada de las computadoras para hacerse cargo de las funciones de la mente humana- se trata de una crisis de orden completamente distinto? No es sólo una crisis moral; hemos tenido crisis morales en el pasado; pero la que actualmente está conmoviendo la mente humana hasta sus mismas raíces es de un orden muy diferente. Creo que es hora de que estudiemos este aspecto: que el problema al que tiene que hacer frente el hombre de hoy es una crisis de supervivencia. Con el desarrollo de la tecnología moderna, la genética y la informática, se están investigando sistemas que pronto podrán hacerse cargo de las funciones de la mente humana; y no hay que descartar que ésta pueda ir atrofiándose. De ser así, ¿no deberíamos empezar a pensar en la crisis que hoy enfrentamos? Tal vez dentro de unos pocos años ya nos sea imposible hacerlo. Si existe una amenaza para las raíces mismas de la mente humana, para la supervivencia de lo que llamamos humano, entonces, ¿cuál es la acción del hombre? ¿Existe tal amenaza? ¿Es posible hacerle frente? Si es así, ¿con qué medios, con qué instrumentos propios podemos encararla? 

AP: ¿Puedo explicar el punto que he propuesto? Consideremos el caso de Sajarov, el científico que, obligado por las circunstancias, inventó la bomba de hidrógeno, pero que más tarde, al darse cuenta de la inmensa amenaza que constituía para la supervivencia humana, trató de buscar caminos para hacerle frente a la crisis. En el caso de los científicos esto puede ser dramático; pero la crisis es un hecho tanto para el campesino de pueblo como para el ciudadano común de la ciudad. Bajo la presión de las circunstancias ambientales se está produciendo un auténtico reto a la integridad del hombre. 

JU: Existe una crisis política, científica, social y también moral. ¿Cuál es su solución? ¿Es la fe? 

Jai Shankar: Todos hemos hablado acerca de una crisis moral. La cuestión es si existe para todos. Por ejemplo, no creo que haya crisis moral para los fabricantes de computadoras o de armamentos, o para quienes los compran, ni para aquellos que desean detentar a toda costa el poder. En el otro extremo, como dice el Dr. Nandy, se encuentra la gente pobre, no enfrenta ninguna crisis moral sino una crisis de supervivencia. Por tanto, ¿de qué crisis estamos hablando? En realidad no se trata de una crisis moral per se, sino más bien del resultado de una disociación entre conocimiento y moralidad. 

KV: A propósito de cuanto se está diciendo, ¿podemos preguntamos qué papel juega el miedo en este conocimiento amoral? 

PJ: No creo que nadie cuestione la premisa de que un instrumento no es ni moral ni inmoral. Solamente lo es la aplicación que puede dársele. Nadie puede detener la fabricación de esos instrumentos, pero se puede controlar su aplicación, la forma en que son utilizados. 

RK: Creo que el señor Jai Shankar se está refiriendo a una parte integral de la naturaleza de la ciencia moderna, cuya motivación y fuerza dinámica es la manipulación, la conquista de la naturaleza y el reordenamiento de la sociedad. Y no es que no exista una perspectiva moral tras la ciencia moderna. Hay una perspectiva moral que nos ha permitido ser conscientes de cierta clase de conocimiento manipulativo que resulta ser amoral. Creo que Achyutji ha señalado esto en el caso de Sajarov, también es así en Einstein. Tras llevar a cabo sus descubrimientos, se sintieron apenados por lo que había ocurrido como consecuencia. Yo creo que Jai Shankar está hablando de algo que es inherente a la naturaleza del conocimiento moderno y que tiende a hacer amorales la ciencia y la tecnología. 

JS: ¿En qué momento un instrumento deja de serlo para convertirse en el amo? He aquí la pregunta. Usted da por sentado que los instrumentos siempre pueden ser controlados, por mi parte creo que podría haber instrumentos que le sorprendan a uno; de hecho ya lo hacen, le controlan dejándole a uno muy poca libertad. 

O. V. Vijayan: Yo me estaba preguntando si esta crisis es actual o si, por el contrario, no es la repetición de una crisis perenne, con un marco de referencias moderno, contemporáneo. ¿Cuál es la causa de este colapso de la moralidad? 

JU: Es verdad que el desarrollo científico y político ha afectado a la conciencia humana. Sin embargo, creo que si se fortaleciera esa conciencia o lo que está en el centro de ella, siempre sería para ella posible ser el amo de los instrumentos que crea. El problema consiste en despertar esa conciencia humana de modo que pueda dominarlos.

KV: ¿En qué momento los instrumentos se convierten en amos? 

RK: Se está produciendo una increíble conmoción de conciencia a nivel del hombre de la calle. De hecho, la contracción a la que se refería Romesh no es sólo la producida por la tecnología y las telecomunicaciones, sino también la existente entre las capas alta y baja de la sociedad. Y tal contracción hace surgir nuevas formas y maneras de actuar que la mente ha descubierto. Yo carezco de respuesta para tales problemas, es un proceso extremadamente complicado. Está en marcha un proceso tan radical de transformación de la conciencia que me pone nervioso. 

K: Si se me permite señalarlo, no creo que la crisis se halle en absoluto en la moralidad o en los valores. Pienso que está en la conciencia y en el conocimiento. A menos que los seres humanos transformen radicalmente esa conciencia, terminaremos en guerras sangrientas. ¿Ha conseguido el conocimiento transformar alguna vez al hombre en absoluto? Esta es la crisis real. Según los modernos descubrimientos, el hombre ha vivido veinticinco mil años. Durante estos doscientos cincuenta siglos no ha experimentado un cambio radical. Sigue estando angustiado, atemorizado, deprimido, solo; sigue siendo agresivo, infeliz, etc. La crisis está ahí y está también en los conocimientos modernos. ¿Qué estragos ha causado el conocimiento? ¿Acaso han significado algo en la transformación del hombre? Esa es la verdadera pregunta. Hemos de comprender, no de una forma intelectual, verbal, sino en lo más profundo de nuestro ser, la naturaleza de nuestra propia conciencia y si esa tremenda acumulación de conocimiento de los últimos ciento cincuenta años ha servido para el progreso o la destrucción del hombre; o si juega algún papel en su transformación. 

PJ: ¿De qué tipo de conocimiento está usted hablando? Podría clarificarnos su concepto del mismo cuando pregunta: «¿qué papel juega el conocimiento en la transformación del hombre?»

TNM: Seguramente aquí existe un problema para comunicarnos y comprendernos unos a otros. Estaba intentando explicarme a mí mismo lo que Krishnaji quiso decir con su observación sobre el conocimiento, y pensaba que quizás lo que quería dar a entender era su deseo de que fuéramos humanos a través de la experiencia, de transformar conocimiento en experiencia. Ahora bien, esto también sería, en cierto nivel conocimiento; el conocimiento de los científicos. Déjenme que, por un momento, me convierta en abogado del diablo y diga que la rúbrica del científico es bastante mala, pero que su concepto de la rectitud moral puede ser todavía peor. Recordemos que quienes crearon las computadoras no lo hicieron para darle mayor libertad al ser humano. Creo que deberíamos averiguar si el problema está en la crisis moral, en la naturaleza del conocimiento o en la adquisición de conocimiento. 

PJ: Parece que estuviéramos dando vueltas y más vueltas al tema del conocimiento. Usted habla de la conciencia, que contiene no sólo conocimiento sobre máquinas, computadoras, etc., sino sobre cosas mucho más potentes como pueden ser el miedo, la envidia, la codicia, la soledad, el sufrimiento, etc. Esto no es un conocimiento en el sentido que se le da normalmente al término, aunque usted pueda considerarlo como parte del proceso del conocimiento porque surge de la experiencia. 

K: Quisiera discutir qué es la conciencia y cuál es la naturaleza del conocimiento. Aparentemente, estos dos factores están dominando el mundo. El pensamiento es conocimiento. El conocimiento es experiencia. Conocimiento, memoria, pensamiento, acción; ése es el ciclo en el que el hombre ha estado atrapado durante veinticinco mil años. Creo que eso nadie puede discutirlo. Ese ciclo ha sido un proceso de acumulación de conocimiento y de funcionamiento del mismo ya fuera de una manera hábil o no. Ese proceso se almacena en el cerebro como memoria, y la memoria responde por medio de la acción. Este es el ciclo en el que el hombre se encuentra atrapado, siempre dentro del campo de lo conocido. Ahora bien, ¿qué cambiará al hombre? Ese es un problema. El otro es la conciencia. La conciencia es su contenido; ese contenido forma la conciencia. Todas las supersticiones, las creencias, las divisiones de clases, las huellas brahmánicas1 , todo eso cae dentro del ámbito de la conciencia. El ídolo, la creencia, la idea de dios, el sufrimiento, el dolor, la ansiedad, la soledad, la desesperanza, la depresión, la incertidumbre, la inseguridad, todo eso también se halla dentro de la conciencia humana. No es mi conciencia sino la conciencia humana; porque, vaya a donde vaya, Rusia o América, usted se encuentra con el mismo problema. Los seres humanos llevan consigo esta compleja carga de conciencia que contiene todas las cosas que el pensamiento ha reunido. 

RK: Quisiera tener una definición del contenido de la conciencia. ¿Es todo lo que el pensamiento ha reunido? ¿Quiere usted decir que ambos son colindantes? 

K: Trataremos eso luego. Cuando usted estudia su propia conciencia, ya sea científico, filósofo o gurú, usted encuentra sus propias ansiedades e incertidumbres, todo eso constituye su conciencia. Y esa conciencia es el terreno en el que se asienta toda la humanidad. 

JS: ¿Eso es todo? ¿Es la conciencia la suma de todos esos añadidos o es algo más? 

GN: Si afirma usted que el contenido de la conciencia es la suma de los pensamientos pasados, de las cosas que el hombre ha conocido, nada queda que agregar. La pregunta es si la conciencia es la suma de esos conocimientos y pensamientos pasados, todo eso reunido, o si hay algo más. 

K: ¿Es esa la pregunta? 

RK: ¿Hay en la conciencia algo que no sea un conjunto de ansiedad y miedo?

JS: En nuestra tradición se habla también de la conciencia pura, una conciencia que no es un agregado de sufrimiento, ansiedad y desesperación. Hay que considerar que uno sea algo más que la suma de esos elementos. 

K: Incluso, afirmar que existe algo como una conciencia pura, forma parte de nuestra conciencia. ¿Aceptaría usted que todo lo que el pensamiento ha reunido, ya sea la superconciencia o la conciencia última o conciencia pura, es todavía parte de la conciencia, es todavía parte del pensamiento, el cual nace del conocimiento y que, por tanto, es completamente limitado? Todo conocimiento es limitado. No existe un conocimiento completo de la computadora, de la bomba atómica ni de nada. 

PJ: ¿Es la conciencia una reunión de muchos fragmentos de distinto tipo o, por el contrario, tiene una cualidad holística? 

TNM: La conciencia tiene que estar integrada. 

K: Si es limitada, no es holística. 

TNM: Si no es holística, ¿qué pasa con el conocimiento? 

K: La conciencia es conocimiento. ¿Acaso no diría usted que toda nuestra existencia es experiencia? De la experiencia tanto si es científica, emocional o sexual, adquirimos 

(1 Brahmanismo: Sistema religioso y social de la India antigua, caracterizado por el sistema de castas y el panteísmo)

conocimientos. Y ese conocimiento se almacena en el cerebro como memoria. La respuesta de la memoria es pensamiento. Dígase como se diga, ése es el proceso. 

K: El miedo es producto del pensamiento y no al revés. ¿Admitiría usted que el pensamiento surge del conocimiento, y que éste jamás puede ser completo acerca de nada? Por eso el pensamiento es siempre limitado, y todas nuestras acciones -ya sean científicas, espirituales o religiosas- son limitadas. Así pues, la crisis está en el conocimiento, que es conciencia. 

PJ: La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿es el miedo independiente del pensamiento? ¿Aparece el pensamiento como una reacción al miedo? ¿Cómo surge el miedo? 

JS: Usted ha dicho que el pensamiento nace del conocimiento. 

K: Eso es un hecho. 

SK: Bien, yo estaba sugiriendo que hay un paso intermedio, que fuera del conocimiento, surge primero el miedo, que el miedo es el padre del pensamiento y no al revés. 

JU: El conocimiento se construye a sí mismo mediante un proceso: el conocimiento previo es reemplazado por el nuevo; hay una conquista del conocimiento por el conocimiento. En resumen, el conocimiento cabalga sobre sus propios hombros. 

KV: ¿Es eso entonces lo que constituye la conciencia o no? Upadhyayaji dice que sí, pero algunos de nosotros no estamos de acuerdo. 

K: No he entendido del todo ese argumento.

PJ: No estamos comunicándonos; tal vez si usted expusiera de una forma más completa el problema de conocimiento. pensamiento y conciencia, resultaría más sencillo llegar a un acuerdo. 

K: Señor, ¿qué es la realidad? Quisiera examinar esa cuestión. ¿Qué es la naturaleza, el árbol, el tigre, el ciervo? La naturaleza no es una creación del pensamiento; y lo que no está creado por el pensamiento es realidad. El pensamiento ha creado todo cuanto conozco, todos los templos, iglesias y mezquitas. No hay nada sagrado acerca del pensamiento; todos los rituales, las misas, (las namas 1) , las oraciones, etc., todo eso es invención del pensamiento. Así que me pregunto: ¿qué es el pensar? Si usted me pregunta mi nombre, le respondo inmediatamente porque estoy familiarizado con él; pero si me formula una pregunta más compleja, me lleva tiempo investigar para contestarle. Así que examino en mi memoria tratando de hallar la respuesta o recurro a los libros o converso con alguna persona para encontrar la respuesta. Por tanto: hay una respuesta inmediata, una respuesta en el tiempo, y otra que dice: «Realmente, no sé». Pero nosotros nunca decimos «no sé». Contestamos siempre desde la memoria. Y esa memoria se halla en las células de mi cerebro, consecuencia de la tradición, de la educación, de la experiencia, de la percepción, lo escuchado, etc. Yo soy todo eso. He nacido en India, me eduqué en el extranjero y el contenido de mi conciencia es el resultado de la cultura india, de la europea, de la italiana; el contenido de mi conciencia es el resultado de innumerables conversaciones y debates con científicos y religiosos. Mi conciencia soy yo, no soy distinto de mi conciencia. Por tanto, el observador es lo observado. Eso es un hecho. Mi conciencia es la conciencia de la humanidad; no está separada. Y esa conciencia ha conocido conflictos, dolor. Ha inventado a dios. El individuo ha vivido veinticinco mil años en esta miseria, inventando tecnología y utilizándola para destruirse unos a otros. 

(1 Nama: Salutación, reverencia, saludo, adoración)

¿Qué voy a hacer al ver todo esto? Lo que yo soy es el resto del mundo; yo soy el mundo. Esto no es una idea intelectual sino un hecho. Soy un hombre corriente, no soy del tipo sumamente intelectual. He buscado gurús, pero no me han ayudado; tampoco conseguí ayuda alguna de los políticos ni de los científicos; por el contrario, me han destruido -dejando a un lado las conveniencias tecnológicas, las comunicaciones, etc.-. Sus bombas atómicas y su tecnología militar están creando continuas guerras. Durante los últimos cinco mil años hemos tenido guerras cada año. Esto es un hecho histórico. ¿Me ayudará esta inmensa acumulación de conocimientos a cambiar todo esto? Esa es la verdadera crisis. He confiado en todo el mundo para que me ayudase y he tenido que descartar por completo toda posible ayuda. Creo que la crisis está ahí y no en el mundo tecnológico, en el intelectual o en el totalitario. 

RK: ¿No estará atribuyendo a todo cierta homogeneidad? Le está otorgando las mismas características a diferentes civilizaciones y sistemas religiosos, a modernos sistemas de científicos y a sistemas de pensamiento que crean guerras por todo el mundo. 

K: Por supuesto, no veo ninguna diferencia. 

RK: No me resulta difícil aceptar que el ser humano constituye un resultado de todos esos factores. Pero no veo que se le pueda dar a todos las mismas características. 

K: Físicamente usted es más alto que yo, yo soy más bajo, y en el aspecto psicológico existen también ciertas tendencias características que dependen de culturas que siguen ciertos valores. 

TNM: En cierto nivel somos diferentes. Pero en la dimensión de lo que somos creo que tiene razón. Existe una universalidad básica para las dificultades humanas, ya sea que viva en la jungla amazónica o en una ciudad moderna. Pero seguramente existe una diferencia en cuanto a lo que disponemos, bien sea una computadora o una máquina de coser.

RK: No se trata de una cuestión de diferenciación, sino de las distintas corrientes de conciencia que han existido en el pasado. Usted habla de un período de veinticinco mil años. ¿Se puede comparar acaso el punto de vista del conocimiento científico, moderno y homocéntrico, y su impacto en la conciencia, con las antiguas corrientes de conciencia? En otras palabras, la experiencia y la acumulación de experiencia, ¿no nos ofrece alternativas en este momento histórico, o estamos condenados? 

PJ: En tanto continuemos dentro de nuestra conciencia conocida, preocupada por algo mejor o algo peor, continuamos estando atrapados en las garras de algo de lo cual no parecemos capaces de salir. Krishnaji está aludiendo a un salto cuántico y nosotros seguimos dentro de la estructura del tiempo. Tal vez en el futuro podamos ver esto claramente, pero ¿podemos hacerlo con los medios con que miramos el mundo, que son los que tenemos? ¿Podemos de algún modo llegar a ese punto, desde el lugar donde miramos? Si no es así andaremos en círculos, podremos ser mejores, más o menos morales, más o menos destructivos, pero seguiremos atrapados en este entramado. Creo que ahí está el problema. 

JS: Señor, entiendo su angustia, pero sigo sin comprender el problema. Si esta es la manera en que nos hemos comportado durante veinticinco mil años, sin mostrar el menor cambio no veo cómo podremos volver a un punto en el que las cosas sean más deseables de lo que lo son. Si esto es lo que somos, no veo cómo podemos dar el salto cuántico. 

RK: Ese es mi punto de vista. 

K: Al cabo de veinticinco mil años soy lo que soy. Todos vemos esto. Hitler ha dejado su huella sobre nosotros, y lo mismo han hecho Buda y Jesús, en el caso de que hayan existido. Mi condicionamiento es el resultado de todo eso. Mi pregunta es: ¿es posible vivir sin estar condicionados? Y yo respondo que sí; que es posible estar completamente descondicionado. 

Nueva Delhi, 4 de noviembre de 1981

EL CAMINO DE LA INTELIGENCIA - J.K. - 2. EN EL ESCUCHAR ESTÁ LA TRANSFORMACIÓN

2. EN EL ESCUCHAR ESTÁ LA TRANSFORMACIÓN 

Achyut Patwardhan: Las mentes reflexivas se han dado cuenta de que existe una cierta degeneración en lo más profundo del cerebro humano. ¿Sería posible que investigásemos el origen de esa degeneración? ¿Podemos iniciar nuestra investigación con una mente que diga: «veo el hecho de esa degeneración, desconozco sus causas, pero deseo investigar»? 

Brij Khare: Me pregunto si podemos descubrir los instrumentos que vamos a utilizar para llevar a cabo esa investigación. ¿Cuáles son, en realidad, los que necesitamos para tal fin? 

PJ: ¿Es el cerebro el instrumento para esta indagación y estamos indagando en el movimiento del cerebro? ¿Puede el instrumento investigarse a sí mismo? 

AP: ¿Es posible limpiar el cerebro de la fuente de polución? 

PJ: ¿Podemos trabajar esas dos preguntas de forma conjunta? ¿Son adecuados los instrumentos de que disponemos, para explorar la naturaleza de este movimiento? Y si forman parte de esa polución, ¿pueden investigarla? Por tanto, ¿no deberíamos investigar los instrumentos? 

BK: Yo me estoy preguntando también si se trata realmente del problema de los instrumentos o bien podemos ver directamente el desorden, porque entonces cabría que nos preguntásemos qué se deriva de él. En cierto modo, la degeneración parece implicar un proceso en el tiempo. Pero, de forma clara, hay desorden. 

Q: ¿Nos llevará a alguna parte el examen de los instrumentos? 

PJ: No creo que las dos preguntas sean independientes la una de la otra.

AP: Descubro que los instrumentos son inadecuados y los aparto. Me digo que solamente puedo ver que existe este rápido proceso degenerativo que amenaza la supervivencia humana. Ahora bien, ¿cómo debo entender esto? 

PJ: Decimos que existe un estado de degeneración, tanto fuera como dentro, que forma parte de la misma condición humana pero que, al haberse acelerado el proceso degenerativo, dicha degeneración está en la puerta y dentro de uno. Empecemos preguntándonos con qué instrumentos vamos a investigar. A menos que nos formulemos esta cuestión, seguiremos dando vueltas en el círculo vicioso de la degeneración. 

K: Creo que todos estamos de acuerdo en que existe degeneración, en que hay un proceso de corrupción, tanto moral e intelectual como físico. Hay caos, confusión, dolor y desesperación. Pensar es ser invadido por el dolor. Ahora bien, ¿cómo nos acercaremos a esta condición presente? ¿Lo haremos como cristianos, budistas, hindúes, musulmanes o comunistas? ¿O bien trataremos el problema sin adoptar ninguna posición, ninguna postura? Los comunistas concuerdan con que el dolor es la carga de la humanidad, y que si queremos cambiar ese estado es necesario reacondicionar la sociedad. Si logramos dejar de lado todos nuestros puntos de vista, tal vez podamos, realmente, enfrentarnos al problema de la degeneración. El problema es muy serio. El conocimiento, ya sea el del mundo tecnológico o del psicológico, o el obtenido a través de la tradición, de los libros, etc., parece encontrarse en la raíz de todo el proceso de degeneración. Investiguemos este punto. Observo el caos que existe por doquier, la inseguridad, la enorme confusión y desesperanza. ¿Cómo debo acercarme a ellas? Está completamente claro que carezco de respuesta para este problema de degeneración que existe dentro de mí. Supongamos que he leído el Vedanta y que ahí encuentro la respuesta; o que soy marxista y que pienso que la solución está allí y que sólo es necesario hacer modificaciones en el sistema. Tales posiciones viciarán la indagación. Por eso no quiero afirmar nada que no se base en hechos observables. 

PJ: Krishnaji ha introducido un nuevo elemento en esta investigación que exige un profundo examen, al afirmar que el conocimiento per se -ya se trate de conocimientos tecnológicos, de la pericia o de todo lo adquirido por el cerebro humano a lo largo de milenios- constituye en sí el origen de la degeneración. Ante todo, debo ver ese reto, ese desafío. Pero, ¿cómo he de verlo, cómo he de responder a él? 

Q: Ese reto puede ser completamente falso. 

PJ: Tengo que descubrir la verdad o la falsedad de ello. 

BK: Yo sigo diciendo que tal vez no estamos preparados, ya sea anatómica, fisiológica o biológicamente, para enfrentarnos a la situación, y que carecemos de los instrumentos adecuados. Lo que pregunto es: ¿existe una causa original de todo esto? 

K: ¿Cuál es esa causa? ¿Podemos descubrirla? No se trata de que examinemos los síntomas, porque todos los conocemos. Pero, ¿podemos descubrir, a través de una investigación objetiva, cuál es el efecto del conocimiento en nuestras mentes y en nuestros cerebros? Esto es lo que ha de ser examinado, y entonces esa causa quedará al descubierto. ¿Podemos encontrar un enfoque diferente? 

JU: Hay dos puntos desde los cuales podemos analizarlo; uno es el del individuo y el otro el de la sociedad. Los problemas surgen porque el individuo se cree intrínsecamente libre, pero, al mismo tiempo, una parte de él se halla en interacción con la sociedad. El individuo es, que existe dentro de mí. Supongamos que he leído el Vedanta y que ahí encuentro la respuesta; o que soy marxista y que pienso que la solución está allí y que sólo es necesario hacer modificaciones en el sistema. Tales posiciones viciarán la indagación. Por eso no quiero afirmar nada que no se base en hechos observables. 

PJ: Krishnaji ha introducido un nuevo elemento en esta investigación que exige un profundo examen, al afirmar que el conocimiento per se -ya se trate de conocimientos tecnológicos, de la pericia o de todo lo adquirido por el cerebro humano a lo largo de milenios- constituye en sí el origen de la degeneración. Ante todo, debo ver ese reto, ese desafío. Pero, ¿cómo he de verlo, cómo he de responder a él? 

Q: Ese reto puede ser completamente falso. 

PJ: Tengo que descubrir la verdad o la falsedad de ello. 

BK: Yo sigo diciendo que tal vez no estamos preparados, ya sea anatómica, fisiológica o biológicamente, para enfrentarnos a la situación, y que carecemos de los instrumentos adecuados. Lo que pregunto es: ¿existe una causa original de todo esto? 

K: ¿Cuál es esa causa? ¿Podemos descubrirla? No se trata de que examinemos los síntomas, porque todos los conocemos. Pero, ¿podemos descubrir, a través de una investigación objetiva, cuál es el efecto del conocimiento en nuestras mentes y en nuestros cerebros? Esto es lo que ha de ser examinado, y entonces esa causa quedará al descubierto. ¿Podemos encontrar un enfoque diferente? 

JU: Hay dos puntos desde los cuales podemos analizarlo; uno es el del individuo y el otro el de la sociedad. Los problemas surgen porque el individuo se cree intrínsecamente libre, pero, al mismo tiempo, una parte de él se halla en interacción con la sociedad. El individuo es, parcialmente, una entidad; pero, de forma global, es el producto de la sociedad. A fin de examinar la cuestión, hemos de prestar atención a los problemas generados por el individuo y por la sociedad, de forma separada. La relación que el individuo mantiene consigo mismo y la relación que mantiene con la sociedad son, en realidad, procesos dentro de la misma sociedad. No voy a remontarme a un lejano pasado, sino que me ceñiré a los últimos tres o cuatro siglos de civilización. Quisiera insistir en que el problema yace en la naturaleza de la relación entre el individuo y la sociedad. Hay momentos en los que el individuo adquiere una gran importancia, y en otros es la sociedad la que los adquiere. ¿Cuál es la naturaleza de la relación entre ambos y cómo se altera el equilibrio? ¿Será en la transmisión del conocimiento o de la experiencia donde se ha de ver la relación entre ellos? 

K: Me pregunto si tanto el individuo como la sociedad no son abstracciones. Lo real es la relación humana. Usted puede llamarla relación social, pero el hecho es esa relación que se establece entre usted y el otro, ya sea íntima o no. Descubramos si somos individuos o si estamos programados para pensar que lo somos. Yo me pregunto muy seriamente si el concepto de individuo es real. Usted piensa que lo es y actúa como tal; de ahí surgen los problemas, y después usted se pregunta acerca de la relación entre sociedad e individuo. Pero la sociedad es una completa abstracción. Lo que es real, es la relación entre dos seres humanos, lo cual es la sociedad. 

JU: ¿Dice usted que no existe el individuo? Estamos trabajando en dos niveles de ilusión. 

PJ: Upadhyayaji dice que el individuo no existe pero que se engaña a sí mismo de que él es. Tampoco la sociedad es, pero tenemos la ilusión de que es. Mientras «existan» esas dos ilusiones -la existencia individual y la social- habrá un conflicto entre las dos que deberá ser resuelto. 

G. Narayan: Aunque tanto el individuo como la sociedad sean meras ilusiones, hemos hecho una realidad de ambas y ahí están todas las consecuencias. 

K: ¿Está usted diciendo que el cerebro ha sido programado como individuo, con su propia expresión, libertad, desarrollo, etc., y como opuesto a la sociedad? ¿Admite usted que el cerebro ha sido programado? No la denomine relación; él está programado para pensar de ese modo. Por tanto no se trata de una ilusión. Programar es una ilusión, pero no lo programado. 

AP: Afirmar que el individuo o la sociedad son ilusiones es decir que nos hemos formado un problema imaginario, que estamos discutiendo de forma meramente especulativa. En realidad, lo que estamos discutiendo es la condición humana. La cual es un hecho; el hombre se está deteriorando, es egoísta, desgraciado, se halla en conflicto y a punto de autodestruirse. Esto no puede negarse. Krishnaji dice que tanto los tradicionalistas como los marxistas están programados. 

PJ: Achyutji, usted no está comprendiendo el verdadero sentido. Krishnaji dice que no hay que llamarlo ilusión porque no lo es en tal sentido. No es que el cerebro la haya creado; sino que él, en sí mismo es eso, porque ha sido programado para serlo.

K: Si usted lo denomina ilusión, entonces la ilusión es lo programado. Por lo tanto, si usted deja de programar al cerebro, que es ilusión, barre con todo el asunto. La computadora1 está programada y nosotros también. 

JU: Si barro con todo eso, ¿qué sucede con la relación? 

K: Dejemos los «si» y los «pero». ¿Vemos, en realidad, el hecho -no la teoría- de que no somos individuos? 

RMP: Siempre que hablamos de relación, damos por sentado que hay dos puntos entre los cuales la establecemos. Mi hipótesis es que antes de examinar la relación, debemos investigar esos dos puntos. Porque hablar de ella sin tenerlos en cuenta se vuelve meramente académico. 

BK: ¿Incluiremos en esta investigación a los animales, a la mente animal? Porque si fuera así no deberíamos hablar de los últimos tres o cuatro siglos, sino remontarnos a los tiempos en que vivíamos en los árboles. 

K: ¿A qué se refiere, señor? 

PJ: Me estoy refiriendo a lo que usted dice acerca de que el cerebro está programado. ¿A dónde vamos desde allí? Usted ha dicho que la actividad egocéntrica -el individuo tal como es, un poco más elaborado- ha de ser negado en cada detalle. Pero cuando observamos lo exterior o lo interior -ya que la preponderancia de ambos es alternativa- la interacción entre los dos es siempre evidente. Usted puede denominarlo individuo y sociedad, o como mejor le parezca, pero siempre están los dos. Yo lo he creado. Esa es la cuestión. Por tanto, como dice

1 La palabra inglesa «computer» se repite con frecuencia en varios capítulos. La traducción «computadora» es la adecuada para los países de habla hispana en la América Latina, pero no así para España, donde se utiliza «ordenador», derivada del francés «ordinateur». Al tener que elegir una traducción, hemos optado por «computadora» que así aparecerá a lo largo del texto. Rogamos disculpas para todas las personas que están acostumbradas a usar la otra traducción. (N. del T.)

Rimpocheji, no podemos dejar de lado al individuo y hablar exclusivamente de la relación, porque tenemos que examinar los dos puntos. 

K: Yo cuestiono eso. Digo que solamente existe la relación. 

PJ: ¿Establece usted la relación fuera del contexto de los dos? 

K: Sí. Es decir, el cerebro se relaciona a sí mismo con el pasado. El cerebro es el pasado. 

PJ: Entonces, ¿quién se relaciona con quién? 

K: No se relaciona con nadie. Funciona dentro de su propio círculo, dentro de su propia zona. Es obvio.

SP: Pero, señor, este cerebro se relaciona con otros cerebros, con los que tiene ciertas semejanzas. 

PJ: Sunanda, ¿escuchó lo que él dijo acerca de que usted nunca se está relacionando con otro, de que es el cerebro mismo el que crea ese «otro» con el que luego se relaciona? 

K: ¿Puede repetir lo que dije? 

GN: Usted dice que no existe relación porque el cerebro crea al «otro» y luego se relaciona con éste. De hecho solamente existe el cerebro humano.

K: El cerebro solamente se preocupa de sí mismo, de su propia seguridad, de sus problemas, de su propio dolor; y el «otro» es también esto. El cerebro jamás se relaciona con nada. No existe el «otro», puesto que ese «otro» no es más que la imagen creada por el pensamiento, que es el cerebro. 

RB: ¿Está usted diciendo que la relación misma es parte de la programación? 

K: No, apartémonos de la palabra «programa». 

RB: No existe el «otro» y no existe la relación. 

K: No. La relación se produce siempre entre dos. 

S: ¿Quiere usted decir que no hay «otro»? 

K: Usted existe, pero mi relación con usted se basa en la imagen que yo me he formado de usted. Por tanto, me relaciono con la imagen que yo mismo poseo. 

BK: Pero parte del cerebro está también cuestionando eso. 

K: Aclaremos esto. Mi relación con usted se basa en el pensamiento que tengo acerca de usted, la imagen suya que he creado. Por lo tanto, la relación no es con usted sino con la imagen que tengo. Así pues, no hay relación. 

BK: Lo que no entiendo es cómo se produce la programación. 

K: Señor, la computadora está programada. Creerá en dios, en los Vedas o en cualquier cosa que se le diga. Mi cerebro también ha sido programado para creer que soy hindú, cristiano, creer en dios o no creer en él. Dejemos esto por el momento. Estábamos diciendo que no hay «otro». Por lo tanto, no hay relación con el «otro». 

AP: Yo cuestiono eso. 

K: Lo estoy examinando. Mi cerebro es el cerebro común a la humanidad, no es mi cerebro. Ese cerebro común, que ha existido desde hace cinco o diez millones de años, que ha almacenado experiencias, conocimientos, etc., se ha formado una imagen del mundo y también, por ejemplo, de mi esposa. Ella está ahí simplemente para mi propio placer, para cubrir mi soledad; existe en mí como una imagen que el pensamiento ha creado. De este modo, no hay relación. Pero si, realmente, me doy cuenta de ello y cambio todo ese movimiento, tal vez podamos saber lo que es el amor. Entonces, la relación es totalmente diferente. 

AP: Usted ha enunciado algo. ¿Es eso una descripción o un hecho? 

K: Es una descripción para comunicar un hecho. Cuestionemos el hecho, no la descripción. 

AP: Yo cuestiono el hecho. Digo que el hecho es que el mundo está lleno de gente, dividida en nacionalidades, etc. No puedo permitir el simplificar en extremo la situación, reduciendo todo el problema a lo que está sucediendo en el cerebro, porque algo está aconteciendo afuera, algo está sucediendo dentro de mí y existe una interacción; ese es el problema 

K: Usted dice que hay interacción entre mi mundo psicológico y el mundo. Y yo afirmo que solamente hay un mundo: mi mundo psicológico. No se trata de una extremada simplificación, sino todo lo contrario. 

Q: Usted dice que la relación que mantengo con mi esposa, es mi ideal o mi imagen, pero ¿cómo se produce esta imagen? Pues para que la imagen llegue a ser, es necesario que uno exista como individuo. He creado su imagen, pero para esto ella debe estar ahí fuera como un objeto. Algo tiene que haberla provocado. 

Q: Usted ha quitado el objeto. 

K: No he sido yo. 

PJ: Estamos hablando de degeneración. Cualquiera que haya observado cómo opera la mente se dará cuenta de la validez de la afirmación de Krishnaji; es decir, que puedes ser físicamente un ser humano pero que para mí no eres más que la imagen que hay en mi mente y que, por tanto, mi relación es con esa imagen. 

K: Por tanto, no hay interacción, no hay un «tú» con el que el «yo» pueda relacionarse. 

AP: Tengo una dificultad. A menos que uno acepte la existencia de otro individuo, está desvalorizando o negando cuanto surge como desafío de ese «otro», lo cual tiene tanta realidad como mis deseos o respuestas. No son más válidos que los de la otra persona. 

Q: Usted está quitando el objeto que pone algo en movimiento, que es una realidad. 

GN: El cerebro crea su propia imagen que impide una relación real. De hecho, todo el problema surge cuando el cerebro se relaciona con su propia imagen. 

AP: ¿Es sui generis el movimiento que surge de la imagen o el cerebro es una respuesta ante un desafío exterior? Yo digo que es esto último.

PJ: La respuesta está en el cerebro. 

K: El cerebro es el centro de todas las reacciones sensoriales. Veo una mujer y se despiertan las respuestas sensoriales. El cerebro crea entonces la imagen de la pareja durmiendo, el sexo y todo eso. La respuesta sensorial queda almacenada en el cerebro que luego reacciona como pensamiento, a través de los sentidos, de la memoria, y todo el resto. A partir de ahí, en cuanto esta sensación se encuentra con una mujer, se ponen en funcionamiento todos los mecanismos sensoriales. Luego, se crea la imagen; y es esa imagen y no la mujer la que se convierte en algo de suma importancia. Puede que la mujer sea necesaria para mi placer, etc., pero ya no habrá relación con ella, excepto en lo físico. Es bastante sencillo. 

AP: Un cierto temor ronda por mi mente: ¿Es éste un proceso de egocentrismo refinado? 

K: Eso es lo que estoy diciendo. 

BK: ¿Podemos dar un paso más? ¿Puede ser que haya una relación mental? Las imágenes pueden ser manipuladas, modificadas y perfeccionadas. ¿Es posible entonces que se produzca una relación mental?

 K: Por supuesto; eso es lo que hace el cerebro continuamente. 

PJ: Surge entonces la verdadera pregunta. ¿Cuál es la acción o el reto que desata el final de toda esta maquinaria de producción de imágenes, para que se haga posible un contacto directo? Esta es la trampa en que hemos caído, la vemos pero seguimos con el mismo patrón. 

K: Así es. ¿Por qué funciona el cerebro de forma tan mecánica?

PJ: ¿Qué desafío, qué acción podrá romper ese funcionamiento mecánico, de forma que se produzca un contacto directo? 

RB: ¿Contacto con qué? 

PJ: Contacto directo con «lo que es». 

K: Aclaremos esto. El cerebro está habituado a este movimiento sensorial e imaginario. ¿Qué romperá esta cadena? He ahí la pregunta básica. 

JU: La deducción es que todo cuanto surge, surge de nuestros sentidos. Nada procede de los retos exteriores.

K: Ya dije que no existe lo exterior, solamente existen las respuestas que el cerebro da a ciertas reacciones, lo cual es conocimiento. 

S: ¿Está usted diciendo que no hay exterior ni interior, sino solamente cerebro? 

K: Sí. 

JU: Usted establece una afirmación. He escuchado lo que usted dijo. No entra en mi cerebro el hecho de que no haya un reto exterior; que la imagen nazca en la maquinaria de producción de imágenes del propio cerebro; que el yo sea el que proyecte las imágenes que tiene del otro. Todo eso no entra en mi cerebro.

K: ¿Por qué? 

JU: Es algo nuevo para mi. 

BK: Está programado de forma diferente. 

PJ: La pregunta es, ¿cuál es su relación conmigo o con Upadhyayaji o con X? ¿Acaso no es usted un reto para mí? 

K: ¿Qué quiere decir con «usted»? 

PJ: ¿Acaso no es un reto para este cerebro la afirmación de Krishnaji o la forma en que lo ha preguntado o cuanto ha estado diciendo? 

K: Lo es. 

PJ: Pues si lo es, es que entonces existe un movimiento distinto al del propio cerebro. 

K: K hace una afirmación. Eso solamente constituirá un reto para usted si puede responder a él. De otra forma no lo es. 

PJ: No lo entiendo. 

AP: Mire, alguien pasa a mi lado y no produce en mí impresión alguna; no hay registro y, por tanto, no hay respuesta. Cabe la posibilidad de que algo esté sucediendo y de que yo no responda en modo alguno. Y, por el contrario, sucede que alguien me dice algo e, inmediatamente, se produce mi reacción.

K: ¿Por qué? 

JU: Es algo nuevo para mi. 

BK: Está programado de forma diferente. 

PJ: La pregunta es, ¿cuál es su relación conmigo o con Upadhyayaji o con X? ¿Acaso no es usted un reto para mí? 

K: ¿Qué quiere decir con «usted»?

 PJ: ¿Acaso no es un reto para este cerebro la afirmación de Krishnaji o la forma en que lo ha preguntado o cuanto ha estado diciendo? 

K: Lo es. 

PJ: Pues si lo es, es que entonces existe un movimiento distinto al del propio cerebro. 

K: K hace una afirmación. Eso solamente constituirá un reto para usted si puede responder a él. De otra forma no lo es. 

PJ: No lo entiendo. 

AP: Mire, alguien pasa a mi lado y no produce en mí impresión alguna; no hay registro y, por tanto, no hay respuesta. Cabe la posibilidad de que algo esté sucediendo y de que yo no responda en modo alguno. Y, por el contrario, sucede que alguien me dice algo e, inmediatamente, se produce mi reacción.

K: Bien, he aquí el reto, ¿cómo responde usted a él? ¿Como budista, como cristiano, hindú, musulmán, como político, etc.? Tal vez responda con la misma intensidad del reto o no responda en absoluto. Para que haya un reto, usted y yo debemos enfrentarnos uno al otro, no físicamente, sino de alguna forma.

 JU: Si usted es un reto, ¿por qué está negando que el reto pueda venir de fuera? 

K: Eso es algo completamente diferente. El reto que viene de fuera es el que el pensamiento ha creado. El comunista desafía al creyente. El comunista es un creyente que desafía a otra creencia, de modo que esto se vuelve una protección; una reacción en contra de la creencia. Pero eso no es un reto. El que les habla carece de creencias. Y desde ese lugar establece su reto. Lo que es muy diferente al reto externo. PJ: ¿Cuál es el desafío de no centro? 

K: ¿Si usted desafía mi reputación o cuestiona mi creencia? yo reacciono porque necesito protegerme, y usted está desafiándome desde su imagen. Es un reto entre dos imágenes creadas por el pensamiento. Pero si usted desafía a K, que es el reto de lo absoluto, eso es algo completamente diferente. 

PJ: Necesitamos volver al punto donde empezamos...

S: Mi cerebro, que es una máquina de formación de imágenes, responde al del otro de la misma manera que al reto creado por una persona como usted. ¿No responde, acaso, de la misma forma? 

PJ: Así es. Pero la pregunta es, ¿cómo ha de terminar este movimiento? 

K: ¿Cómo ha de terminar este ciclo de experiencia, conocimiento, memoria, pensamiento, acción; acción que vuelve a ser conocimiento conformando el círculo en el que usted está atrapado? 

PJ: ¿Está preguntando cómo ha de terminar el flujo de la causalidad? Ese proceso que usted ha mostrado, el del reto, la sensación y la acción, ¿no muestra que esa acción retorna para ser almacenada?

 K: Por supuesto, evidentemente. Eso es lo que estamos haciendo. 

JU: ¿Regresa lo que se ha ido o vuelve algo nuevo? 

PJ: Actúa y, mientras lo hace, otras muchas causas concurren en ello. Todo el asunto regresa y queda almacenado nuevamente. 

CN: Hemos estado diciendo que el programa funciona así: experiencia, conocimiento, memoria, acción. La acción fortalece la experiencia y esto se repite. 

JU: En tal proceso, lo que sale no regresa como era, sino con algo especial que se le ha añadido. ¿Cuál es esa cualidad especial que se le agregó?

RMP: ¿En todo el proceso del pensamiento? según Upadhyayaji, existe este punto fijo, que es lo interno y lo externo. Si pudiéramos discutirlo, tal vez nos resultaría más fácil comprender. 

GN: No estamos negando la realidad del mundo exterior porque ahí está la naturaleza, los otros seres humanos, los objetos. Todo es real; la guerra, las nacionalidades y la otra persona son reales. Lo que queremos decir es que realmente no existe contacto; que lo único que se produce es el contacto con nuestra propia imagen, lo cual no constituye contacto alguno. 

PJ: De lo que se deduce que no existe verdadera libertad en absoluto, porque, atrapados en esto, no puede haber libertad. 

GN: Eso no niega la existencia del mundo exterior, y volvemos al tema de la sociedad y yo. 

AP: Uno no niega el mundo exterior como objetos, sino que niega la realidad de ese mundo como personas. 

PJ: No, se niega la realidad de las imágenes del mundo exterior que su mente ha creado. 

JU: Acepto que quien crea las imágenes es responsable del proceso. Ha podido llegar tan lejos gracias tan sólo a un proceso de causalidad. Cuando regresa, lo hace con nueva experiencia, deseos y requerimientos. ¿Qué cosa es ese nuevo factor y de dónde procede? 

PJ: ¿Cómo tiene lugar esa acumulación de conocimiento? Lo que era verde ha regresado amarillo, al igual que sucede en una hoja, en un fruto.

RMP: ¿En todo el proceso del pensamiento? según Upadhyayaji, existe este punto fijo, que es lo interno y lo externo. Si pudiéramos discutirlo, tal vez nos resultaría más fácil comprender. 

GN: No estamos negando la realidad del mundo exterior porque ahí está la naturaleza, los otros seres humanos, los objetos. Todo es real; la guerra, las nacionalidades y la otra persona son reales. Lo que queremos decir es que realmente no existe contacto; que lo único que se produce es el contacto con nuestra propia imagen, lo cual no constituye contacto alguno. 

PJ: De lo que se deduce que no existe verdadera libertad en absoluto, porque, atrapados en esto, no puede haber libertad. 

GN: Eso no niega la existencia del mundo exterior, y volvemos al tema de la sociedad y yo. 

AP: Uno no niega el mundo exterior como objetos, sino que niega la realidad de ese mundo como personas. 

PJ: No, se niega la realidad de las imágenes del mundo exterior que su mente ha creado. 

JU: Acepto que quien crea las imágenes es responsable del proceso. Ha podido llegar tan lejos gracias tan sólo a un proceso de causalidad. Cuando regresa, lo hace con nueva experiencia, deseos y requerimientos. ¿Qué cosa es ese nuevo factor y de dónde procede? 

PJ: ¿Cómo tiene lugar esa acumulación de conocimiento? Lo que era verde ha regresado amarillo, al igual que sucede en una hoja, en un fruto.

K: Señor, lo que estoy diciendo es que el conocimiento -el conocimiento psicológico- tal y como existe ahora, es la corrupción del cerebro. Entendemos este proceso muy bien. Usted pregunta cómo ha de romperse esa cadena. Creo que la cuestión central es el conocimiento psicológico, que corrompe el cerebro y, por lo tanto, corrompe el mundo, corrompe los ríos, los cielos, las relaciones, todo. ¿Cómo ha de romperse esta cadena? Ahora bien, ¿por qué formula esta pregunta, por qué desea romper esta cadena? Es una pregunta lógica. ¿Tiene tal ruptura una causa, un motivo? Si es así, entonces usted ha vuelto a la misma cadena. Porque si me produce sufrimiento y, por tanto, quiero salir de ello, me veré encadenado de nuevo; y si me causa placer diré: «por favor, déjenme tranquilo». Por lo tanto, yo mismo debo tenerlo claro. No puedo persuadirle a usted para que lo tenga claro, pero en lo que a mí concierne debo permanecer sin motivo o dirección alguna. 

Satyendra: Es una cuestión fundamental y por ello seguimos preguntándonos: «¿cómo rompo la cadena?» Pero la pregunta que yo formulo ahora es si con el cerebro que poseemos será posible conseguirlo. Soy consciente de mí mismo. ¿Puedo preguntarlo de esta manera?; ¿se tratará básicamente de una forma de mirar las cosas?; ¿es una cuestión de razonamiento, de lógica? 

K: No, no se trata de un asunto de análisis, sino de una observación plena de lo que está sucediendo.

 Sat: ¿Sin que la mente forme una imagen? 

K: El cerebro es el centro de todas las respuestas sensoriales. Éstas han creado la experiencia, el pensamiento y la acción; y el cerebro, que se encuentra atrapado en esto que es parcial, nunca es completo. Por lo tanto, contamina todo lo que hace. Si usted admite esto una sola vez, no como una mera teoría sino como un hecho, el círculo quedará roto.

PJ: Prácticamente, todas las enseñanzas que tienen que ver con el proceso meditativo, han considerado a los sentidos como un obstáculo para poner fin a este proceso. ¿Qué papel otorga usted a los sentidos en la liberación de la mente? 

RB: Creo que lo que está diciendo no es correcto. Todas esas enseñanzas no han considerado a los sentidos como un obstáculo, porque cuando hablaban de «sentidos» incluían a la mente. Jamás establecieron una separación entre mente y sentidos. 

PJ: Después de todo, según lo he entendido, todas las prácticas yoguísticas, todas las tapas1 y ascetismos tratan de destruir el movimiento de los sentidos hacia el objeto. 

K: Ignoro lo que han dicho los antiguos sabios. 

Papila Vatsyayan: Creo que en el pensamiento antiguo de la India, denominado generalmente hinduismo, no se pretende negar los sentidos. Es ése un punto crucial en toda nuestra cultura, donde comenzó todo esto, con el Katha Upanishad y su percepción sensorial. La imagen que ellos tienen es el carruaje y los caballos. Sí, los caballos, los sentidos, son primitivos y no tienen por qué ser destruidos, sino comprendidos y controlados. Ellos son los agentes de la realidad exterior, no niegan lo exterior. 

PJ: Yo pregunto cuál es el papel de los sentidos.

1 Tapas: Ascetismo, penitencia, sacrificios. 

K: Los sentidos, como el pensamiento, crean el deseo. Sin la interferencia del pensamiento, tienen muy escasa importancia. 

PJ: ¿Los sentidos no tienen importancia? 

K: Tienen su lugar. Si veo un hermoso árbol, esto es belleza, la hermosura de un árbol es algo impresionante. ¿Dónde interfiere el deseo con los sentidos? He ahí la cuestión. No se trata de saber si los sentidos son importantes o no lo son, sino dónde comienza el deseo. Si uno entiende esto, ¿por qué ha de darle tan extraordinaria importancia? 

RB: Parece que se estuviera contradiciendo. 

K: No.

RB: Señor, usted ha dicho -no ahora, sino al principio- «si usted puede observar con todos sus sentidos...» Así que no puede negar su importancia. 

K: No rechazo los sentidos. He dicho que si usted responde a ese árbol, si lo mira, envuelto por la luz del sol después de la lluvia, lleno de belleza, hay una respuesta total en la que no existe «yo», ni pensamiento, ni centro desde donde se responda. Eso es la belleza, no el cuadro, ni el poema, sino la respuesta total de todos nuestros sentidos ante ese hecho. Nuestra respuesta no es así porque el pensamiento ha creado una imagen a partir de la cual surge el deseo. No hay contradicción en lo que dije. 

PJ: Si puedo hacerle una pregunta, Upadhyayaji, ¿qué piensan los seguidores del Vedanta acerca de los sentidos? 

JU: Según el Vedanta, sin observador no es posible la observación. 

PJ: ¿Y los budistas? 

S: Dicen que solamente existe visión cuando no está presente el que ve. No hay diferencia entre el que ve y la visión. 

K: El observador es lo observado. Simplemente, vean lo que está sucediendo aquí. Nos preocupamos de cuál es la actitud del Vedanta o del Budismo, pero no nos movemos de nuestra posición. No estoy criticando, pero volvamos al punto fundamental: el cerebro está atrapado en este movimiento. Y ustedes se están preguntando cómo se ha de romper esa cadena que ha construido el pensamiento, el cual es limitado porque ha nacido del conocimiento que, a su vez, es incompleto. El conocimiento ha creado esta cadena, y ustedes se preguntan: ¿cómo se ha de romper tal cadena? ¿Quién formula esta pregunta? 

S: El prisionero. 

K: Usted es eso. ¿Quién hace la pregunta? 

S: Aquel que es en sí mismo incompleto, ése es el que la formula. 

K: Sólo obsérvelo. El cerebro está atrapado en esto. ¿Es él quien hace la pregunta o es el deseo el que dice: «¿Cómo voy a salir de esto?». Yo no me hago ninguna pregunta. ¿Ve usted la diferencia? 

AP: Entiendo. Cuando usted dice si es el cerebro o el deseo quien hace la pregunta, quedo bloqueado.

PJ: ¿No hacemos la pregunta? 

K: Solamente existe esta cadena, eso es todo. No hagan la pregunta. En el momento en que formula la pregunta está tratando de encontrar una respuesta y, por lo tanto, no está observando la cadena. Usted es eso, no puede hacer ninguna pregunta. Vamos al próximo punto, ¿qué sucede cuando usted hace eso? Cuando lo hace, no hay movimiento. El movimiento ha creado esto, y cuando no hay movimiento ello termina. Hay una dimensión completamente distinta. Así pues, he de comenzar por no hacer preguntas. Pero, en realidad, ¿es la cadena un hecho para mí? Esta cadena es deseo, deseo en el sentido de respuestas sensoriales. Si todos los sentidos responden, no hay deseo. Pero sólo cuando las respuestas sensoriales son parciales, el pensamiento interviene y crea la imagen. De esta imagen surge el deseo. ¿Es, por tanto, un hecho que ésta es la cadena en la que el cerebro opera y que, haga lo que haga siempre será así? 

BK: ¿Cómo podemos estar más en contacto con esa observación? 

K: Mire, cuando tengo un dolor físico me tomo inmediatamente una pastilla, voy al médico, etc. El mismo movimiento es adoptado por la psique, que dice: «¿Qué voy a hacer? Dame una pastilla, ofréceme una salida». El problema se presenta en el momento en que usted quiere salir de ello. Soy capaz de enfrentarme al dolor físico pero ¿puede el cerebro afectado por un sufrimiento psicológico decir: «es así, no me moveré de ello»? Es así. Observe luego lo que pasa. El verdadero proceso espiritual es esta búsqueda escéptica, esta investigación escéptica. Esa es la verdadera religión. 

Madrás, 14 de enero de 1981


EL CAMINO DE LA INTELIGENCIA - J.K. - 1. ILUSIÓN E INTELIGENCIA

 1. ILUSIÓN E INTELIGENCIA 

Rimpoche: Señor, cuando el observador observa, es la matriz del pensamiento y de la memoria. En la medida en que el observador observa desde esa matriz, no le resulta posible ver sin nombrar, ya que el nombrar surge de esa matriz. ¿Cómo podrá el observador liberarse de dicha matriz? 

Krishnamurti: Quisiera saber si vamos a analizar este punto como un problema teórico, como una abstracción o si, por el contrario, lo vamos a encarar de forma directa, sin teorías. 

Jagannath Upadhyaya: Este problema se encuentra directamente vinculado a nuestra vida diaria. 

K: Señor, ¿quién es el observador? Damos por sentado que el observador nace de esa matriz o que él es la matriz. ¿O el observador es el movimiento global del pasado? ¿Es esto un hecho para nosotros o sólo una idea? ¿Se da cuenta el observador de que es el movimiento total del pasado y de que mientras esté observando, aquello que es observado jamás podrá ser exacto? Creo que éste es un punto importante. ¿Puede el observador, que no es más que el movimiento total del pasado, con todos sus condicionamientos, viejos y nuevos, darse cuenta de que está siendo condicionado? 

Achyut Patwardhan: El observador, cuando mira un hecho, lo hace con todos sus viejos condicionamientos, samskar1 . Por tal motivo, no puede ver el hecho tal como es. 

JU: ¿Podemos aceptar esto? 

K: ¿Nos encontramos todos en el mismo punto de Rimpocheji cuando hace esta pregunta? El observador está hecho de pasado y, en la medida en que se encuentra enraizado en ese pasado, ¿es capaz de ver la verdad de un hecho? Si no se da cuenta de que es un observador condicionado, se producirá una contradicción entre él y lo observado, y la contradicción significa división. 

AP: En la medida en que no vea esto claramente, habrá conflicto en el acto de ver. 

K: Señor, surge entonces la pregunta: ¿es posible para el observador comprenderse a sí mismo, descubrir sus limitaciones y condicionamientos y, de esta manera, no interferir en la observación?

RMP: Ese es el problema básico. Siempre que intentamos observar, el observador está interfiriendo en la observación Quisiera saber si hay un método para poner fin a ese «yo» que está interfiriendo. 

K: El observador es la práctica, el sistema, el método. Debido a que es el resultado de todas las prácticas pasadas, de todos los métodos, experiencias, conocimientos, rutinas y procesos mecánicos de repetición, él es el pasado. Por consiguiente, si usted introduce un nuevo sistema, método o práctica, eso se hallará también en el mismo campo. 

RMP: ¿Qué puede hacerse entonces?

1 Samskar: impresiones mentales del pasado.

K: Estamos llegando a ese punto. Pero veamos, primero, qué estamos haciendo. Si aceptamos un método a un sistema, su práctica hará más mecánico al observador. Cualquier sistema servirá tan sólo para reforzar al observador. 

JU: Entonces estamos en un punto muerto. 

K: No, al contrario. Por eso pregunto si el observador se da cuenta de que él es el resultado de toda experiencia, del pasado y el presente. En esa experiencia se incluyen métodos, sistemas, prácticas y las diversas formas de sadhana1 . Y usted pregunta ahora si todavía existen nuevos sistemas, métodos y prácticas, lo que demuestra que continúa en la misma dirección. 

JU: Creo que no solamente es posible rechazar por completo el pasado, sino también el presente. El pasado puede ser anulado mediante la observación, pero la fuerza del presente no desaparecerá a menos que el pasado sea anulado. Uno siempre está relacionado con el momento presente. 

AP: En realidad, presente y pasado no son más que uno, no se hallan separados. 

JU: Por tanto deberíamos anular el presente. Cuando esto suceda quedarán eliminadas las raíces del pasado.

AP: ¿Entiende usted por presente, este momento presente de observación?

K: Este momento presente en observación es la observación de todo el movimiento del pasado. ¿Cuál es la acción necesaria que pone fin a ese movimiento? ¿Es ésa la pregunta?

JU: Lo que yo estoy diciendo es que el pasado se apoya en este momento, y también en él es donde construimos el edificio del futuro. Por tanto, para liberarse tanto del pasado como del futuro, es necesario romper el momento en el presente, a fin de que el pasado no tenga sitio en donde apoyarse, ni el futuro posea un punto desde el cual se proyecte. ¿Es esto posible? 

K: ¿Puede terminar ese movimiento del pasado que genera el presente, que se va modificando a medida que se mueve, y que se convierte en el futuro? 

JU: Mediante el proceso de observación negamos el pasado. Al hacerlo, también negamos el presente; y dejamos de construir el futuro que se basa en los deseos creados por el pasado. Sólo permanece la observación. Pero incluso ese momento de observación es un momento. A menos que lo rompamos no seremos libres de la posibilidad del surgimiento del pasado y de la creación de futuro. Por tanto es necesario que el momento presente, el momento de la observación sea roto. 

K: ¿Está usted diciendo, señor, que en el estado de atención presente, en el ahora, concluye el pasado, pero que esa misma observación, que da fin al pasado, tiene sus propias raíces? 

JU: No digo eso. Yo no acepto el hecho de que el pasado genere el presente y éste a su vez el futuro. En el proceso de observación, tanto la historia del pasado como la del futuro quedan disueltas. Pero el problema es que dichas historias confluyen en este momento. A menos que este momento sea negado, tanto el pasado como el futuro actuarán de nuevo. Para simplificar, quisiera denominar «existencia» al momento «en que se está». Se tiene, pues, que romper dicho momento y, consecuentemente, habrá que romper también todas las demás tendencias ya sea que reflejen el pasado o proyecten el futuro. ¿Es eso posible?

1 Sadhana: Disciplina espiritual.

K: Esta pregunta tiene para usted una importancia capital y quiero comprenderla bien antes de contestarla. Voy a formularla sin darle contestación: El pasado es movimiento, que queda detenido con la atención. ¿Al dar por concluido el pasado, puede desaparecer ese segundo, ese momento, ese acontecimiento mismo? 

JU: Me gustaría clarificar todavía más: este momento, es un momento «existente». 

K: En cuanto usted utiliza la palabra «existencia», ésta tiene una connotación. Debemos ver esto muy cuidadosamente. 

Pupul Jayakar: No es estable. 

JU: Me gustaría denominar este momento como kshana bindu1 , el momento del tiempo. La «Condición» de ese momento, su «esencia» ha de ser rota. ¿Es eso posible? En el movimiento de la observación no existe el pasado ni la posibilidad del futuro. Yo ni siquiera le llamaría momento de observación, porque carece de todo poder de existencia. Cuando no existe pasado o futuro, tampoco puede haber presente. 

K: ¿Puedo hacer la pregunta de otra manera? Soy el resultado del pasado. El «yo» es la acumulación de recuerdos, experiencia y conocimiento, lo cual es pasado. El «yo» es siempre activo, es un continuo impulso. Y ese impulso es tiempo. Por ello, cuando este impulso, como un «yo», se enfrenta al presente, sufre una modificación, pero continúa siendo «yo» y se proyecta en el futuro. Este es el movimiento de nuestra existencia diaria. Y lo que usted pregunta es, ¿puede ese movimiento, que es el «yo», el centro, cesar y abolir el futuro? ¿Es así, señor?

JU: Sí. 

K: Y mi pregunta es: ¿puede el «yo», que es conciencia, reconocerse como movimiento del pasado; o es el pensamiento el que lo impone como una idea, que es el pasado? 

JU: ¿Puede repetir la pregunta? 

K: Yo, mi ego, el centro desde el cual opero, esta entidad autocentrada tiene miles, millones de años. Constituye la presión constante del pasado, los resultados acumulados del pasado. La codicia, la envidia, el sufrimiento, la ansiedad, los miedos, la agonía, todo eso es el «yo». ¿Es ese «yo» una manifestación verbal, una conclusión de palabras, o por el contrario es un hecho, como lo es este micrófono? 

JU: Sí, es así; aunque no de forma absoluta; no es algo autoevidente. 

AP: ¿Por qué? ¿De qué depende? 

JU: Cuando digo que es así, lo afirmo solamente en términos de pasado o de futuro. Sin embargo, no es lo uno ni lo otro. Por tanto no lo acepto como una verdad trascendental. Sólo lo puedo admitir en el plano de la realidad cotidiana. 

AP: Pero usted está diciendo que es el creador del contexto. 

 1 Kshana bindu: Punto del que nacen todos los espacios.

JU: El «yo» es una creación del pasado. ¿Cuál es su significado? El «yo» es la historia del pasado. 

K: Que constituye la historia del hombre que se ha afanado, que ha luchado, sufrido, que tiene miedo, que vive en el dolor y todo lo demás. 

P. Y. Deshpande: Es la historia del universo, no la del «yo». 

K: Es el «yo». No pretendamos creer que es la del universo. 

JU: El «yo» es historia, que puede ser rota mediante la observación. 

AP: Él dice que estos hechos no se encuentran relacionados con el centro como observador. 

K: La existencia carece de autoexistencia. Es una declaración descriptiva al observar, no es un hecho.

JU: Es historia, nada tiene que ver con la observación. 

PJ: Él dice: «yo soy esto, yo soy aquello, soy historia». Es una declaración descriptiva. El observar, no tiene existencia. 

K: Vayamos con calma. El «yo» es el movimiento del pasado, la historia de la humanidad, la historia del hombre. Y tal historia es el «yo». Se expresa a sí mismo siempre en mi relación con los otros. Por tanto, en las relaciones con mi mujer, mi marido, mis hijos o amigos están operando el pasado con sus imágenes; por eso está dividiendo mi relación con los demás.

JU: Eso sucede mientras no haya atención. Con la atención el momento quedará roto y con él todas las relaciones. 

PYD: En el momento de atención todo queda disuelto. K: Usted está diciendo que en ese punto de atención todo desaparece. Pero, ¿desaparece también en la relación con mi esposa? 

JU: No. Esa no es mi experiencia. Yo no tengo historia no he creado ninguna historia. La historia es independiente del «yo». 

AP: Él dice que es producto de la historia y que ha aceptado esa identidad. 

K: Pero si usted es producto de la historia, es también el resultado del pasado; y ese pasado interfiere en su relación con los demás. Y mi relación con los otros produce conflicto. Por tanto, mi pregunta es: ¿puede ponerse fin a ese conflicto ahora? 

JU: Sí. Finalizará porque se ha roto el momento. 

PJ: Concluirá en el instante de atención y con él se dará fin a la totalidad del pasado. 

Radha Burnier: Eso es absolutamente teórico. 

JU: Estoy hablando desde la experiencia. La atención es una experiencia, una experiencia especial que niega el pasado.

AP: La atención no puede ser una experiencia, porque entonces sería algo imaginario. Es parte del pasado porque existe un observador separado de lo observado y, de esta manera no hay atención. 

K: Esta es la razón por la que, en un principio, hice la pregunta de si estamos discutiendo teorías o hechos cotidianos. Rimpocheji, creo que su pregunta inicial consistía en saber si esa historia, ese movimiento pasado que está continuamente presionando nuestras mentes, nuestros cerebros y relaciones, puede concluir de manera que no impida la pura observación. El sufrimiento, el miedo, el placer, el dolor y la ansiedad que constituyen la historia humana, ¿pueden concluir en este instante, de manera que el pasado no interfiera o impida la observación pura? 

RMP: Sí, ésa fue la pregunta inicial. 

K: Usted preguntó, si entendí correctamente, ¿existe una forma de meditación, un método o sistema que haga concluir el pasado? 

RMP: Siempre que tratamos de observar el pasado, éste interviene. En ese momento, la observación se convierte en algo inútil. Esto es lo que mi propia experiencia me dicta. 

K: Por supuesto, obviamente. 

RMP: Entonces, ¿cómo se puede observar sin que interfiera el observador? 

K: ¿Cuál es la cualidad o naturaleza del observador? Cuando usted dice que el observador es todo el pasado, ¿es él consciente de sí mismo como pasado? 

RMP: No lo creo.

K: No, no es consciente. 

RB: ¿O quizás lo sea parcialmente? 

RMP: No. En el momento de la observación no es consciente del pasado. 

K: De momento no estamos observando; nos limitamos a examinar al observador. Nos preguntamos si el observador puede ser consciente de sí mismo. 

RMP: ¿Quiere decir usted en el momento de la observación? 

K: No, no en ese momento; olvidémonos de la observación. Lo que estoy preguntando es si el observador puede conocerse a sí mismo. 

RMP: Sí. Él puede entender el pasado y también su condicionamiento. 

K: ¿Puede entender su condicionamiento como lo observaría un extraño, o está alerta de sí mismo como ser condicionado? ¿Ve usted la diferencia, señor? 

RMP: No está claro si la observación hecha por la mente humana es dual o es ella misma. ¿Es dualidad la conciencia de sí mismo? 

K: No sé nada acerca de dualidad. No quiero utilizar palabras que no comprendemos. Para simplificar la cuestión: ¿puede el pensamiento ser consciente de sí mismo?

RMP: No. 

RB: ¿Es eso lo mismo que decir, se puede ser consciente de la envidia, de la ira, etc. como alguien distinto a uno mismo? 

K: ¿Me doy cuenta de que estoy furioso? ¿Hay conciencia de la ira en el momento en que surge? Por supuesto, la hay. Yo puedo ver el despertar de la envidia. Veo una hermosa alfombra y surge la envidia, surge la codicia de ella. Ahora bien, en ese conocer, ¿es el pensamiento consciente de que hay envidia o la envidia misma es consciente? Soy envidioso y conozco el significado de la palabra «envidia». Conozco la reacción y el sentimiento. ¿Es ese sentimiento la palabra? ¿Es la palabra la que crea el sentimiento? ¿Si la palabra «envidia» no existiera, habría envidia? Por tanto, ¿hay una observación de la envidia, el sentimiento sin la palabra? No lo sabemos exactamente pero, ¿existe algo a lo que posteriormente ponemos nombre? 

PJ: ¿El nombrar que crea el sentimiento? 

K: Eso es lo que estoy diciendo. La palabra se ha convertido en algo más importante. ¿Puede usted liberar la palabra del sentimiento o es esa palabra la que crea el sentimiento? Veo la alfombra. Hay percepción, sensación, contacto y pensamiento, como la imagen de poseerla; y entonces surge el deseo. Y la imagen que ha creado el pensamiento es la palabra. Por lo tanto, ¿es posible observar esa alfombra sin la palabra, lo cual quiere decir que no hay interferencia del pensamiento? 

RMP: Observar una alfombra, un objeto externo... Puede ser visto sin interferencia. 

K: Entonces, ¿es posible observar sin la palabra, sin el pasado, sin el recuerdo de envidias anteriores?

 RMP: Es difícil. 

K: Si me permite señalarlo, señor, no se hace difícil. Pero primero, aclaremos lo siguiente: la palabra no es la cosa; la descripción no es lo descrito. Sin embargo, para la mayoría de nosotros la palabra se ha convertido en algo tremendamente importante. Para nosotros, la palabra es pensamiento. Sin palabra, ¿existe «pensamiento», tal y como normalmente se lo entiende? La palabra influye nuestro pensamiento, el lenguaje lo moldea, de manera que nuestro pensamiento existe con la palabra, con el símbolo, con la imagen, etc. Y ahora preguntamos, ¿puede usted observar ese sentimiento que hemos verbalizado como envidia, sin la palabra, lo que significa sin el recuerdo de pasadas envidias? 

RMP: Ese es el punto que no vemos. Tan pronto como comienza la observación, el pasado, como pensamiento, interfiere siempre. ¿Podemos observar sin la interferencia del pensamiento? 

K: Yo digo rotundamente que sí. 

JU: La clave consiste en ver que el caminante no es diferente del caminar. El mismo caminar es el caminante. 

K: ¿Es una teoría? 

JU: No, no lo es. De otra manera no sería posible mantener: un diálogo. 

K: ¿Es eso así en la vida cotidiana?

JU: Sí. Cuando nos sentamos aquí es sólo en ese nivel de relación. Estamos aquí para ver el hecho de lo «que es». Separamos al actor de su acción. Entonces, se convierte en historia. Cuando comprendamos que, a través de la observación, el actor y su acción son uno, entonces habremos roto la historia, que es pasado. 

AP: ¿Tenemos definitivamente claro que no existe distinción entre la relación y el hecho de relacionarse? 

JU: Lo aclararé. Hay un carro que está cargado, ¿en dónde se apoya y descansa toda la carga que contiene? Descansa sobre aquel punto de la rueda que hace contacto con el suelo. Es sobre ese punto preciso sobre el que se apoya toda la carga. La vida es un punto en el que se apoya la historia como pasado y futuro. Cuando mantengo ese momento presente existente en el campo de la observación, se rompe. Por lo tanto, el carro y su carga se rompen. 

AP: Cuando usted dice que se rompen, ¿es esa atención una experiencia suya? Si lo que dice es un hecho, la pregunta que hizo Rimpoche debería quedar contestada. Si no ha sido contestada, cuanto se ha dicho es teoría. 

RMP: Eso no responde a mi pregunta. 

K: Señor, su pregunta primera fue: ¿puede el pasado concluir? Es una pregunta muy sencilla porque toda nuestra vida es el pasado. Es la historia de toda la humanidad, la dimensión inmensa, la profundidad, el volumen del pasado. Y estamos haciéndonos una pregunta muy simple y, a la vez, muy compleja: ¿Puede esa vasta historia, cuyo caudal recuerda al de un inmenso y caudaloso río, finalizar? Ante todo, ¿reconocemos su inmenso volumen, no las palabras, sino su volumen real? O, por el contrario, es simplemente la teoría de que todo eso constituye el pasado. ¿Comprende mi pregunta, señor? ¿Reconoce uno el gran peso del pasado? Surge entonces la pregunta, ¿cuál es el valor de ese pasado? Es decir, ¿cuál es el valor del conocimiento?

JU: Sí. Cuando nos sentamos aquí es sólo en ese nivel de relación. Estamos aquí para ver el hecho de lo «que es». Separamos al actor de su acción. Entonces, se convierte en historia. Cuando comprendamos que, a través de la observación, el actor y su acción son uno, entonces habremos roto la historia, que es pasado. 

AP: ¿Tenemos definitivamente claro que no existe distinción entre la relación y el hecho de relacionarse? 

JU: Lo aclararé. Hay un carro que está cargado, ¿en dónde se apoya y descansa toda la carga que contiene? Descansa sobre aquel punto de la rueda que hace contacto con el suelo. Es sobre ese punto preciso sobre el que se apoya toda la carga. La vida es un punto en el que se apoya la historia como pasado y futuro. Cuando mantengo ese momento presente existente en el campo de la observación, se rompe. Por lo tanto, el carro y su carga se rompen. AP: Cuando usted dice que se rompen, ¿es esa atención una experiencia suya? Si lo que dice es un hecho, la pregunta que hizo Rimpoche debería quedar contestada. Si no ha sido contestada, cuanto se ha dicho es teoría. 

RMP: Eso no responde a mi pregunta. 

K: Señor, su pregunta primera fue: ¿puede el pasado concluir? Es una pregunta muy sencilla porque toda nuestra vida es el pasado. Es la historia de toda la humanidad, la dimensión inmensa, la profundidad, el volumen del pasado. Y estamos haciéndonos una pregunta muy simple y, a la vez, muy compleja: ¿Puede esa vasta historia, cuyo caudal recuerda al de un inmenso y caudaloso río, finalizar? Ante todo, ¿reconocemos su inmenso volumen, no las palabras, sino su volumen real? O, por el contrario, es simplemente la teoría de que todo eso constituye el pasado. ¿Comprende mi pregunta, señor? ¿Reconoce uno el gran peso del pasado? Surge entonces la pregunta, ¿cuál es el valor de ese pasado? Es decir, ¿cuál es el valor del conocimiento? 

RMP: Es el punto de realización. 

AP: La realización real es imposible porque en ese punto interviene el pensamiento. 

K: No hay realización por la interferencia del pensamiento. Pero, ¿por qué? ¿Por qué debería interferir el pensamiento cuando usted me pregunta: qué lugar tiene el conocimiento en mi vida? 

RMP: Puede tener su propia utilidad. 

K: Sí, el conocimiento tiene su lugar limitado, pero psicológicamente no lo tiene. ¿Por qué el conocimiento, el pasado, ha de apoderarse del otro campo? 

PJ: ¿Qué es lo que usted busca, señor, con esa pregunta? Pregunto esto porque la recepción de esta pregunta se encuentra también en el campo del conocimiento

K: No. Es la razón por la que le estoy preguntando algo muy sencillo: ¿Por qué ha de intervenir el conocimiento en mi relación con otro? ¿Es la relación con otro un recuerdo? Recuerdo significa conocimiento. Mi relación con ella o con usted se convierte en recuerdo cuando, por ejemplo, pienso «usted me ha herido», «ella me ha elogiado»; por lo tanto, «ella es mi amiga», «usted no lo es». Cuando la relación se basa en la memoria, en el recuerdo, existe división y conflicto. Por tanto, no hay amor. ¿Cómo puede ponerse fin en la relación a esa memoria, a ese recuerdo que impide el amor? 

AP: La pregunta original, con la que iniciamos la conversación, ha desembocado en una nueva pregunta. 

K: Yo la formulo ahora: ¿Cuál es la función del cerebro? 

RMP: Almacenar recuerdos. 

K: ¿Y eso qué significa? Registrar como un grabador. ¿Por qué debe grabar lo que no es estrictamente necesario? Yo tengo que recordar donde vivo o cómo he de conducir un automóvil. Debe quedar grabado lo que tiene una utilidad; pero ¿por qué debe registrar también el que ella me insulte o usted me alabe? Es ese registro el que constituye la historia del pasado: el halago, el insulto. Pregunto, ¿puede eso detenerse? 

RMP: Si estoy pensando, es muy difícil... 

K: Voy a mostrarle que no lo es. 

RMP: Señor, usted pregunta por qué no se registra solamente lo que es necesario; pero el cerebro no sabe lo que es necesario. Ese es el motivo de que lo registre todo. 

K: No, no. 

RMP: El registrar es involuntario.

K: Por supuesto. 

RMP: Entonces, ¿cómo podemos hacerlo sólo con lo que es necesario? 

K: ¿Por qué se ha convertido en algo involuntario? ¿Cuál es la naturaleza del cerebro? Necesita seguridad -seguridad física- pues de otro modo no puede funcionar. Ha de tener alimento, ropa y cobijo. ¿Existe acaso otra forma de seguridad? Sin embargo, el pensamiento ha inventado otras: soy hindú y tengo mis propios dioses. El pensamiento ha creado la ilusión y en ella el cerebro busca refugio, seguridad. Pero ¿se da cuenta el pensamiento de que la creación de esos dioses, etc., es una ilusión y, por tanto, los aparta, de forma que no tenga que ir a una determinada iglesia, ni realizar rituales religiosos, ya que todos son producto del pensamiento, en los cuales el cerebro ha encontrado cierta clase de ilusoria seguridad? 

JU: El momento de autoprotección es también pasado. El romper ese hábito de autoprotección es también un punto, y es en ese punto que descansa toda la existencia. Ese atma1 que es samskriti2 ha de ser negado también. Es la única salida. 

K: Para la supervivencia, la supervivencia física, no sólo la suya y la mía sino la de toda la humanidad, ¿por qué nos dividimos en hindúes y musulmanes, en comunistas, socialistas o católicos? 

RMP: Eso es la creación del pensamiento, que es ilusoria. 

 1 Atma: El espíritu, la parte más abstracta de la naturaleza humana. 2 Samskriti: Cultura, civilización. Aquello que tiene origen.

K: Sin embargo nos agarramos a ella. Usted, se considera hindú, ¿por qué? 

RMP: Es por supervivencia, un reflejo de supervivencia. 

K: ¿Es supervivencia? 

AP: No lo es, porque es el enemigo de esa supervivencia. 

PJ: A cierto nivel podemos entendernos, pero eso no pone fin al proceso. 

K: Porque no usamos nuestro cerebro para descubrirlo, para decir que esto es así: tengo que sobrevivir.

 PJ: Usted dice que el cerebro es como un grabador que registra. ¿Tiene otras funciones el cerebro, otras cualidades? 

K: Sí, la inteligencia. 

PJ: ¿Cómo se logra despertarla? 

K: Mire, yo me doy cuenta de que no hay seguridad en el nacionalismo y, por lo tanto, permanezco fuera: ya no sigo siendo indio. Veo que tampoco hay seguridad en el hecho de pertenecer a una determinada religión, y por eso no pertenezco a ninguna. ¿Qué significa eso? Observo cómo las naciones luchan entre sí, las comunidades luchan entre sí, las religiones luchan entre sí, observo esa estupidez y la propia observación despierta la inteligencia. Ver aquello que es falso es el despertar de la inteligencia. 

PJ: ¿Qué es ese ver?

K: Al observar cómo Inglaterra, Francia, Alemania, Rusia o Estados Unidos se lanzan las unas contra las otras, veo lo estúpido que es. Ver la estupidez es inteligencia. 

RB: ¿Quiere decir usted que en la medida que uno ve esto, llega a su fin ese registro innecesario? 

K: Sí. Ya no sigo siendo un nacionalista. Es una cosa extraordinaria. 

Sunanda Patwardhan: ¿Quiere decir usted que en cuanto dejo de ser nacionalista, se detiene todo registro innecesario? 

K: Sí, en lo que respecta al nacionalismo. 

RB: ¿Quiere usted decir que cuando uno observa que la seguridad o la supervivencia son absolutamente un mínimo y elimina todo lo demás, cesa el registro? 

K: Por supuesto, naturalmente. 

JU: Una canción ha concluido y otra se inicia; la nueva ha sido registrada sobre la vieja. Esa música vieja y destructiva queda anulada y la nueva melodía, buena y armoniosa, toma su lugar. ¿Es ése el futuro de la humanidad? 

K: No, mire, eso es teoría. ¿Ha dejado usted de ser budista?

JU: No lo sé. El pasado, como historia, ha conformado la imagen en mi cerebro. Mi condición de ser budista es el pasado, un pasado histórico. 

K: Pues deséchelo; o, lo que es lo mismo, vea la ilusión de ser budista. 

JU: Eso es correcto. 

K: Ver la ilusión es el inicio de la inteligencia. 

JU: Pero quisiéramos ver que cuando una cosa se destruye, otra no la reemplaza. 

K: ¿Podemos abordarlo de manera diferente? Nos hallamos rodeados de cosas ilusorias y falsas. ¿Debemos ir observándolas una por una, paso a paso, o, por el contrario, podemos observar esa ilusión en su totalidad y así ponerle fin? ¿Es posible ver el movimiento completo de la ilusión, el movimiento del pensamiento que crea la ilusión, y de esa manera concluirlo? 

JU: Es posible. 

K: ¿Es eso una teoría? Porque desde el momento en que entremos en teorías, nada tendrá sentido. 

JU: Sólo es posible si podemos romper el proceso de autoprotección. La forma de este proceso puede sufrir una transformación, pero él en sí mismo no habrá concluido. Incluso es una ilusión el creer que algo tiene existencia. Miles de tales ilusiones se destruyen y otras tantas nuevas surgen. Eso no es sadhana1 , sucede de continuo. Hasta el momento hemos estado hablando de las ilusiones más groseras; ciertamente esas se rompen. Pero una nueva imagen está siempre dándose forma a sí misma, y creando sus propias estructuras mentales.

AP: Lo que él dice es que ese proceso de negación da lugar a ilusiones nuevas y más sutiles. 

K: No. Al ser limitado el pensamiento, todo cuanto él crea -dioses, conocimientos, experiencias, etc.- es limitado. ¿Ve usted la limitación del pensamiento y de su actividad? Si es así, ello termina, no hay más ilusión. 

RMP: Este punto, este pensamiento, vuelve a surgir. 

K: Por eso he dicho, señor, que el pensamiento tiene que hallar su propio lugar, que es sólo el de lo práctico, sin ocupar ningún otro, pues si ocupa algún otro lugar es una ilusión. El pensamiento no es amor. ¿Existe el amor? Usted está de acuerdo en que el pensamiento es limitado, pero ¿ama usted a la gente? No quiero teorías. ¿Qué es lo fundamental de todo esto? ¿Qué es lo fundamental de todo ese conocimiento suyo, Gita, Upanishads o lo que sea? ¿Lo hemos entendido o seguimos todavía en el nivel de lo verbal? 

RMP: No, no estamos en ese nivel. 

K: Cuando descubrimos las limitaciones del pensamiento, se produce el florecimiento de algo. ¿Está sucediendo, está teniendo lugar realmente eso? 

RMP: Ahora puedo reconocer de forma más profunda las limitaciones del pensamiento. 

Benarés, 13 de noviembre de 1978 

 1 Sadhana: Práctica espiritual.


LA EDUCACIÓN Y EL SIGNIFICADO DE LA VIDA - J.K.

 La Educación y el Signiicado de la Vida 

Cuando se viaje alrededor del mundo, se observa hasta qué grado extraordinario la naturaleza humana es la misma, ya sea en India o en América, en Europa o Australia. Puede corroborarse este hecho especialmente en los colegios y universidades. Estamos produciendo, como por molde, un tipo de ser humano cuyo principal interés en la vida es encontrar seguridad, llegar a ser un personaje importante, o meramente divertirse con la mínima reflexión posible. La educación convencional hace sumamente difícil el pensamiento independiente. La conformidad conduce a la mediocridad. Ser diferente del grupo o resistir el ambiente no es fácil, y a menudo es peligroso, mientras rindamos culto al éxito. La urgencia de alcanzar éxito en la vida, que es la recompensa que esperamos por nuestro trabajo, ya sea en lo material o en la llamada esfera espiritual, la búsqueda de seguridad interna o externa, el deseo de conformidad, todo este proceso ahoga el descontento, pone fin a la espontaneidad y engendra el temor, y el temor obstruye la inteligente comprensión de la vida. A medida que se envejece, la mente se embota y se insensibiliza el corazón.

En la búsqueda de bienestar y comodidad generalmente nos refugiamos en un rincón de la vida donde encontramos un mínimo de conflictos, y entonces tenemos miedo de salir de ese refugio. Este temor a la vida, este temor a la lucha y a las nuevas experiencias, mata en nosotros el espíritu de aventura. Toda la educación que hemos recibido nos hacer temer el ser diferentes a los demás o el pensar de distinta manera a la norma establecida por la sociedad, que aparentemente respeta la autoridad y la tradición. Afortunadamente hay unos pocos que son sinceros; que están deseosos de examinar los problemas humanos sin prejuicios de ninguna clase; pero en la gran mayoría de nosotros no existe el espíritu de la conformidad ni el de la rebeldía. Cuando sin la actitud de comprensión cedemos a las circunstancias del ambiente, el espíritu de rebeldía que pudiéramos haber tenido desaparece y nuestras responsabilidades pronto le ponen fin. La rebeldía es de dos clases: la violenta, que es una mera reacción, sin entendimiento, contra el orden establecido; y la rebeldía profundamente psicológica de la inteligencia. Hay muchos que se rebelan contra la ortodoxia establecida sólo para caer en otras ortodoxias, en otras ilusiones y en ocultas indulgencias para sí mismos. Lo que generalmente sucede es que nos separamos de un grupo o de un círculo de ideales y nos identificamos con otros grupos u otros ideales creando así una nueva norma de pensamiento contra la cual tendremos que rebelarnos más adelante. La reacción sólo produce oposición y la reforma necesita reformas ulteriores. Pero hay una rebeldía inteligente que no es reacción y que viene del conocimiento propio, como consecuencia de la comprensión de nuestros pensamientos y sentimientos. Es sólo cuando nos enfrentamos con la experiencia tal como se presenta sin evitar perturbaciones, que mantenemos alerta nuestra inteligencia; y la inteligencia sumamente alerta es intuición, que es la única verdadera guía de la vida. Ahora bien, ¿qué significa la vida? ¿Para que vivimos y luchamos? Si nos educamos simplemente para lograr honores, o alcanzar una buena posición, o ser más eficientes, poder dominar a los demás, entonces nuestras vidas estarán vacías y carecerán de profundidad. Si sólo nos educamos para ser científicos, eruditos aferrados a los libros, o especialistas apasionados por el conocimiento, entonces estaremos contribuyendo a la destrucción y a la miseria del mundo.

Aunque existe una más alta y más noble significación de la vida, ¿qué valor tiene la educación si no la descubrimos jamás? Podemos ser muy instruidos, pero si no tenemos una honda integración de pensamiento y sentimiento, nuestras vidas resultan incompletas, contradictorias y atormentadas por innumerables temores; y mientras la educación no cultive una visión integral de la vida, tiene muy poca significación. En nuestra civilización actual hemos dividido la vida en tantos departamentos que la educación tiene muy poco significado, excepto cuando aprendemos una profesión o una técnica determinada. En vez de despertar la inteligencia integral del individuo, la educación lo estimula para que se ajuste a un molde, y por lo tanto, le impide la comprensión de sí mismo como un proceso total. Intentar resolver los muchos problemas de la vida en sus respectivos niveles, separados como están en varias categorías, indica una completa falta de comprensión. El individuo se compone de diferentes entidades, pero el acentuar esas diferencias y el estimular el desarrollo de un tipo definido, lleva a muchas complejidades y contradicciones. La educación debe efectuar la integración de estas entidades separadas, porque sin integración la vida se convierte en una serie de conflictos y sufrimientos. ¿De qué vale que nos hagamos abogados, si perpetuamos los pleitos? ¿De que vale el conocimiento, si continuamos en la confusión? ¿De que valen las habilidades técnicas e industriales si las usamos para destruirnos? ¿Cuál es el valor de la existencia si nos ha de llevar a la violencia y a la completa desdicha? Aunque tengamos dinero o podamos ganarlo, aunque disfrutemos de nuestros placeres y tengamos nuestras organizaciones religiosas estamos en conflicto con nosotros mismos. Debemos establecer la diferencia entre lo personal y lo individual. Lo personal es accidental; y entiendo por accidental las circunstancias de nacimiento, el ambiente en que nos hemos criado, con su nacionalismo, sus supersticiones, sus diferencias de clase y sus prejuicios. Lo personal o accidental es sólo momentáneo, aunque ese momento dure toda la vida. Y como los actuales sistemas educativos están basados en lo personal, accidental o momentáneo, tienen como resultado la perversión del pensamiento y la inculcación de temores para la propia defensa.

Todos nosotros hemos sido adiestrados por la educación y el ambiente para buscar el medro personal y la seguridad, y para luchar en beneficio propio. Aunque lo disimulemos con eufemismos, hemos sido educados para las varias profesiones dentro de un sistema basado en la explotación y el miedo adquisitivo. Tal adiestramiento tiene inevitablemente que traer confusión y miseria para nosotros y para el mundo, porque crea en cada individuo barreras psicológicas que lo separan y lo mantiene aislado de los demás. La educación no es meramente asunto de adiestrar la mente. La instrucción contribuye a la eficiencia, pero no produce integración. Una mente educada de esta manera es la continuación del pasado, y no está en condiciones de descubrir lo nuevo. Es por eso que para averiguar en qué consiste la verdadera educación, tenemos que examinar la total significación de la vida. Para la mayor parte de nosotros el significado de la vida como un todo no es de primordial importancia, y nuestra educación subraya los valores secundarios haciéndonos simples conocedores de alguna rama del saber. Aunque el saber y la eficiencia son necesarios, el recalcarlos demasiado sólo nos leva al conflicto y a la confusión. Hay una eficacia inspirada por el amor, que va mucho más lejos y es mucho más grande que la eficacia inspirada por la ambición; y sin amor, que es lo que nos da una comprensión integral de la vida, la eficacia sólo engendra crueldad. ¿No es esto lo que está sucediendo actualmente en todas partes del mundo? Nuestra educación actual está acoplada a la industrialización y a la guerra, siendo su fin principal desarrollar la eficiencia, y nosotros nos encontramos atrapados en esta maquinaria de competencia despiadada y mutua destrucción. Si la educación nos ha de llevar a la guerra, si nos enseña a destruir o ser destruidos, ¿no ha fracasado totalmente?

Todos nosotros hemos sido adiestrados por la educación y el ambiente para buscar el medro personal y la seguridad, y para luchar en beneficio propio. Aunque lo disimulemos con eufemismos, hemos sido educados para las varias profesiones dentro de un sistema basado en la explotación y el miedo adquisitivo. Tal adiestramiento tiene inevitablemente que traer confusión y miseria para nosotros y para el mundo, porque crea en cada individuo barreras psicológicas que lo separan y lo mantiene aislado de los demás. La educación no es meramente asunto de adiestrar la mente. La instrucción contribuye a la eficiencia, pero no produce integración. Una mente educada de esta manera es la continuación del pasado, y no está en condiciones de descubrir lo nuevo. Es por eso que para averiguar en qué consiste la verdadera educación, tenemos que examinar la total significación de la vida. Para la mayor parte de nosotros el significado de la vida como un todo no es de primordial importancia, y nuestra educación subraya los valores secundarios haciéndonos simples conocedores de alguna rama del saber. Aunque el saber y la eficiencia son necesarios, el recalcarlos demasiado sólo nos leva al conflicto y a la confusión. Hay una eficacia inspirada por el amor, que va mucho más lejos y es mucho más grande que la eficacia inspirada por la ambición; y sin amor, que es lo que nos da una comprensión integral de la vida, la eficacia sólo engendra crueldad. ¿No es esto lo que está sucediendo actualmente en todas partes del mundo? Nuestra educación actual está acoplada a la industrialización y a la guerra, siendo su fin principal desarrollar la eficiencia, y nosotros nos encontramos atrapados en esta maquinaria de competencia despiadada y mutua destrucción. Si la educación nos ha de llevar a la guerra, si nos enseña a destruir o ser destruidos, ¿no ha fracasado totalmente?

Para lograr la verdadera educación, debemos evidentemente comprender el significado de la vida integral, y para ello tenemos que adquirir la capacidad de pensar con rectitud y fidelidad, más bien que seguir una línea de pensamiento. Un pensador consecuente es un apersona irreflexiva, porque se ajusta a una norma. Repite frases y piensa rutinariamente a lo largo de un surco. No podemos comprender la existencia de un modo abstracto o teórico. Comprender la vida es comprendernos a nosotros mismos y estos es conjuntamente el principio y el fin de la educación. La educación no es la simple adquisición de conocimientos, ni coleccionar y correlacionar datos, sino ver la significación de la vida como un todo. Pero el todo no se puede entender desde un solo punto de vista, que es lo que intentan hacer los gobiernos, las religiones organizadas y los partidos autoritarios. La función de la educación es crear seres humanos integrados, y por lo tanto, inteligentes. Podemos adquirir títulos y ser eficientes en el aspecto mecánico sin ser inteligentes. La  inteligencia no es mera información; no se deriva de los libros ni consiste en la capacidad de reaccionar hábilmente en defensa propia o de hacer afirmaciones agresivas. Uno que no haya estudiado puede ser más inteligente que un erudito. Medimos la inteligencia en términos de títulos y exámenes y hemos desarrollado mentes astutas que esquivan los vitales problemas humanos. Inteligencia es la capacidad para percibir lo esencial, lo que “es” y educación es el proceso de despertar esta capacidad en nosotros mismos y en los demás. La educación debe ayudarnos a descubrir valores permanentes para que no nos conformemos meramente con fórmulas y lemas. La educación nos debe ayudar a demoler las barreras sociales y nacionales en lugar de reforzarlas, porque éstas crean antagonismos entre los hombres. Desgraciadamente el actual sistema de educación nos torna en seres serviles, mecánicos y profundamente irreflexivos. Aunque nos despierta el intelecto, interiormente nos deja incompletos, ridículos, incapaces de crear. Sin una comprensión integral de la vida, nuestros problemas individuales y colectivos crecen y se agudizan en todos sentidos. El objetivo de la educación no es sólo producir simples eruditos, técnicos y buscadores de empleos, sino hombres y mujeres integradas, libres de temor, porque sólo entre tales seres humanos puede haber paz duradera. Es en la comprensión de nosotros mismos que el temor se desvanece. Si el individuo ha de luchar con la vida de momento a momento; si ha de hacer frente a sus complejidades, a sus miserias y repentinas exigencias, tiene que ser infinitamente flexible, y por lo tanto, estar libre de teorías y normas determinadas de pensamiento.

La educación no debe estimular al individuo a que se ajuste a la sociedad, ni a que se manifieste en armonía negativa con ella, sino que debe ayudarlo a descubrir los verdaderos valores que surgen como resultado de la investigación desapasionada y de la comprensión de sí mismo. Cuando no hay conocimiento propio, la auto expresión se convierte en autoafirmación, con todos sus conflictos ambiciosos y agresivos. La educación debe despertar en el individuo la capacidad para comprenderse a sí mismo, y no simplemente entregarse a la complacencia de la auto expresión. ¿De que sirve el instruirse si en le proceso de vivir nos estamos destruyendo? Ante la serie de guerras devastadoras que hemos sufrido una tras otra, tenemos que llegar a la conclusión obvia de que hay algo radicalmente erróneo en la educación de nuestros niños. Creo que la mayor parte de nosotros nos damos cuenta de ello, pero no sabemos como afrontar el problema. Los sistemas educativos o políticos no cambian misteriosamente; se transforman cuando nosotros cambiamos fundamentalmente. El individuo es de primordial importancia, no el sistema; y mientras el individuo no comprenda el proceso total de su propia existencia, no hay sistema, sea de derecha o de izquierda, que pueda traer orden y paz al mundo.