DIARIO 2 - J.K. - 6 DE OCTUBRE DE 1973

 6, Octubre, 1973 

Hay un árbol solitario en un terreno que ocupa un acre completo; es un árbol viejo y sumamente respetado por todos los otros árboles del cerro. 

En su soledad domina el ruidoso torrente, las colinas y la cabaña que está al otro lado del puente de madera. 

Uno lo admira al pasar junto a él, pero al regresar lo contempla de una manera más pausada; su tronco es muy amplio y está profundamente incrustado en la tierra; es sólido e indestructible. 

Sus ramas son largas, oscuras y curvadas; tienen sombra abundante. 

En los anocheceres se recoge dentro de sí mismo, inabordable; pero mientras dura la luz del día es accesible y acogedor. 

Está íntegro, jamás ha sido tocado por el hacha o la sierra. 

En un día soleado, uno se sentaba debajo dei árbol y sentia su venerable ancianidad; y por estar a solas con él, percibía uno la profundidad y belleza de la vida. 

El viejo aldeano pasó cansadamente junto a uno, que se hallaba sentado en un puente contemplando la puesta dei sol; el hombre estaba casi ciego y rengueaba, llevando un atado en una mano y un palo en la otra

Era uno de esos atardeceres en que los colores del crepúsculo se reflejaban en cada roca, árbol y arbusto; la hierba y los campos parecían tener su propia luz interior. 

El sol acababa de ponerse detrás de un cerro redondeado, y en medio de estos extravagantes colores apareció la estrella vespertina. 

El aldeano se detuvo frente a uno y miró esos asombrosos colores y nos miró. 

Permanecieron mirándose el uno al otro y, sin pronunciar una palabra, el aldeano reanudo su penosa marcha. 

En esa comunicacíón hubo afecto, delicadeza y respeto, no el necio respeto sino el de los hombres religiosos. 

En ese instante, todo tiempo y pensamiento habían dejado de existir. 

Esos dos seres eran totalmente religiosos, no contaminados por la creencia, la imagen, las palabras o la pobreza. 

A menudo pasaron el uno junto al otro en ese camino entre los pedregosos cerros, y cada vez que se miraban, había el júbilo de la percepción, del discernimiento total. 

 Venía, acompañado de su mujer, desde el templo que está al otro lado del camino. 

Ambos estaban silenciosos, profundamente impresionados por los cantos y el culto. 

Aconteció que uno caminaba detrás de ellos y captó el sentimiento de su reverencia, la fuerza de su determinación para llevar una vida religiosa. 

Pero eso moriría pronto, a medida que se vieran envueltos en la responsabilidad para con sus hijos , quienes vinieron corriendo hacia ellos. 

Él tenía alguna clase de profesión, en la que probablemente era muy capaz, porque poseía una casa grande. 

El peso de la existencia lo arrastraría consigo y, aunque concurriera al templo con frecuencia, la batalla proseguiría inevitablemente. 

La palabra no es la cosa; la imagen, el símbolo, no son lo real. 

La realidad, la verdad no es una palabra. 

Ponerla en palabras es destruirla; y su lugar es ocupado por la ilusión. 

El intelecto puede rechazar toda la estructura de la ideología, de la creencia con todos sus atavíos y el poder que las acompaña, pero la razón puede justificar cualquier creencia, cualquier ideación. 

La razón es el orden del pensamiento, y el pensamiento es la respuesta de lo externo. 

Y debido a que es lo externo, el pensamiento fabrica lo interno. 

Ningún hombre puede vivir solamente con lo externo, y entonces lo interno llega a ser una necesidad.

Esta división es el terreno donde tiene lugar la batalla entre el «yo» y el «no yo». 

Lo externo es el dios de las religiones y las ideologías; lo interno trata de conformarse a esas imágenes y entonces sobreviene el conflicto. 

No existe ni lo externo ni lo interno, sino solamente lo total. 

El experimentador es lo experimentado. 

La fragmentación es demencia. 

Esta totalidad no es meramente una palabra; existe cuando la división como lo externo y lo interno ha cesado por completo. 

El pensador es el pensamiento. 

Mientras uno estaba paseando sin un solo pensamiento , solamente observando sin el observador, percibió subitamente la presencia de lo sagrado que el pensamiento jamás ha sido capaz de concebir.

Uno se detiene, observa los árboles, los pájaros, observa al transeunte; no es una ilusión ni algo con que la mente se engaña a si misma. 

Está ahí, en los ojos de uno, en todo el ser. 

El color de la mariposa, es la mariposa. 

Los colores que el sol había dejado se estaban desvaneciendo y, antes de que cayera la noche, se dejó ver la tímida luna nueva para desaparecer en seguida detrás del cerro.

DIARIO 2 - J.K - 4 DE OCTUBRE DE 1973

4, Octubre, 1973 

Cuando era un muchacho, acostumbraba él a sentarse bajo un gran árbol que estaba cerca de un estanque donde crecían flores de loto; éstas eran de color rosa y tenían un aroma muy intenso. 

Desde la sombra de ese espacioso árbol, observaba él las delgadas culebras verdes y los camaleones, las ranas y las serpientes acuáticas. 

Su hermano, junto con otros, solía venir para llevárselo a la casa.* 

Era un sitio agradable aquel bajo el árbol, con el río y el estanque. 

Parecia haber tanto espacio, y dentro de éste el árbol creaba su espacio propio. 

Todas las cosas necesitan espacio. 

Todos esos pájaros en los alambres del telégrafo, posándose tan igualmente separados en un tranquilo atardecer, formaban el espacioo para los cielos. 

* Al igual que en otras partes de este libro, Krishnamurti está describiendo su propia infância.

Los dos hermanos acostumbraban sentarse con muchos otros en la habitación de las pinturas; había un canto en sánscrito y después completo silencio; era la meditación del anochecer. 

El hermano más joven solía dormirse hecho un ovillo y despertaba solamente cuando los otros se levantaban para irse. 

La habitación no era demasiado grande, y encerradas entre sus paredes estaban las pinturas, las imãgenes sagradas. 

Dentro de los estrechos confines de un templo o una iglesia, el hombre da forma al vasto movimiento del espacio. 

Es igual en todas partes; en la mezquita ello es retenido en las elegantes líneas de las palabras. 

El amor tiene necesidad de un gran espacio. 

A ese estanque venían a veces culebras y, en ocasiones, la gente; había escalones de piedra por los que se descendia hacia el agua donde florecían los lotos. 

El espacio que crea el pensamiento es mensurable y, en consecuencia, es limitado; su producto son las culturas y las religiones. 

Pero la mente se halla repleta con el pensamiento y está hecha de pensamiento; su conciencia es la estructura dei pensamiento, y dentro de esa mente hay muy poco espacio. 

Pero este espacio es el movimiento del tiempo, de aqui hasta allá, desde su centro hacia sus limites exteriores de conciencia, estrechándose o expandiéndose. 

El espacio que el centro crea para si mismo, es su propia prisión. 

Sus relaciones provienen de este espacio reducido, pero para vivir es indispensable que haya espacio; el espacio de la mente niega el vivir. 

La vida dentro de los estrechos confines dei centro es conflicto, angustia y dolor -y eso no es vivir. 

El espacio, la distancia entre uno y el árbol, es la palabra, el conocimiento, que es tiempo. 

El tiempo es el observador; quien crea la distancia entre él mismo y los árboles, entre él y lo que es.

Sin el observador cesa la distancia. 

La identificación con los árboles, con otra persona o con una fórmula, es la acción del pensamiento en su deseo de protección, de seguridad. 

La distancia lo es desde un punto a otro, y para alcanzar ese punto es necesario el tiempo; la distancia existe solamente cuando hay una dirección, interna o externa. 

Él observador produce una separación, una distancia entre él y lo que es; de esta separación se desarrollan el conflicto y el dolor. 

La transformación de lo que es, ocurre solamente cuando no hay separación ni tiempo entre el que ve y lo visto. 

En el amor no hay distancia. 

El hermano murió, y no había movimiento en ninguna dirección que lo alejara del dolor. 

Este no-movimiento es el cese del tiempo. 

El río comenzaba entre los cerros y las verdes sombras, y con un bramido penetraba en el mar y los horizontes infinitos. 

Los hombres viven en compartimientos con gavetas, y carecen de espacio: son violentos, brutales, agresivos y dañinos; se separan y se destruyen unos a otros. 

El río es la tierra y la tierra es el rio; ninguno de ellos puede existir sin el otro. 

Las palabras no tienen fin, pero la comunicación es verbal y no verbal. 

Escuchar lo verbal, la palabra, es una cosa, y escuchar lo no verbal es otra; lo uno es irrelevante, superficial y conduce a la inacción; lo otro es acción no fragmentaria, es el florecimiento de la bondad.

 Las palabras nos han provisto de bellas paredes, pero no de espacio. 

Los recuerdos, la imaginación, son la agonía del placer, y el amor no es placer. 

La larga y delgada culebra verde estaba ahí esa mañana; era delicada y se hallaba ahí casi entre las hojas verdes; se quedaría allí, inmóvil, esperando y vigilando. 

Se veía la gran cabeza del camaleón; yacía a lo largo de una rama y cambiaba sus colores con bastante frecuencia. 

DIARIO 2 - J.K. - 3 DE OCTUBRE DE 1973

 3 de Octubre,1973 

Tan temprano en la mañana hacía bastante frío en el aeropuerto; el sol acababa de asomar. 

Todos estaban muy arropados y los pobres cargadores tiritaban; se oía el ruido habitual en un aeropuerto, el rugido de los jets, las charlas estridentes, las despedidas y el despegue. 

El avión estaba atestado de turistas, hombres de negocios y otros que se dirigían a la ciudad santa, a la suciedad y apiñamiento humano. 

Pronto la inmensa cadena de los Himalayas se puso rosada al sol de la mañana; estuvimos volando hacia el sudeste y por centenares de millas estos inmensos picos parecían colgar en el aire, bellos y majestuosos. 

El pasajero del asiento contiguo estaba sumergido en un periódico; al otro lado del pasillo había una mujer que se concentraba en su rosario; los turistas hablaban ruidosamente tomándose fotos entre ellos y fotografiando las montañas distantes; todos estaban ocupados en sus cosas y no tenían tiempo para observar la maravilla de la tierra y su serpenteante río sagrado, en la sutil belleza de esas inmensas cumbres que se estaban tornando rosadas. 

Más lejos, al fondo del pasillo, había un hombre a quien se le estaban rindiendo considerables muestras de respeto; no era joven, parecía tener el rostro de una persona instruida, era rápido de movimientos y estaba pulcramente vestido. 

Uno se preguntaba si alguna vez habría visto la verdadera gloria de esas montañas. 

Pronto se levantó y vino hacia el pasajero del asiento contiguo; le pidió cortésmente cambiar de lugar con él. 

Se sentó, presentándose, y preguntó si podia mantener una conversación con nosotros. 

Hablaba en inglés con cierta vacilación, eligiendo las palabras cuidadosamente porque este idioma no le era demasiado familiar; tenía una voz suave y clara y sus maneras eran agradables. 

Comenzó diciendo que se sentía muy afortunado por estar viajando en el mismo avión y por tener esta conversación. 

«Por supuesto, he oído hablar de usted desde mi juventud y solo el otro día escuché su última plática acerca de la meditación y el observador. 

Soy un estudioso, un pandit, y practico mi propio tipo de meditación y disciplina.» 

Las montañas se alejaban hacia el este y debajo de nosotros el río trazaba diseños amplios y acogedores.

 «Usted dijo que el observador es lo observado, que el meditador es la meditación, y que solo hay meditación cuando el observador está ausente. 

Me gustaría ser instruido al respecto. 

Para mí, la meditación ha consistido en el control del pensamiento fijando la mente en lo absoluto.» 

El controlador es lo controlado, ¿no es así? 

El pensamiento es su pensamiento; sin las palabras, sin imágenes ni pensamientos, ¿hay un pensador?

El experimentador es la experiencia; sin experiencia no existe el experimentador. 

El controlador dei pensamiento está hecho de pensamiento; es uno de los fragmentos del pensamiento, llámelo como quiera llamarlo; el agente externo, por sublime que sea, sigue siendo un producto del pensamiento; la actividad del pensamiento es siempre exterior y origina fragmentación.

 «¿Puede la vida vivirse de algún modo sin control? 

¿Ésta es la esencia de la disciplina?.» 

Cuando se ve como un hecho absoluto , como una verdad, que el controlador es lo controlado,surge entonces una clase por completo diferente de energía que transforma lo que es. 

El controlador jamás puede transformar lo que es; puede controlarlo, reprimirlo, modificarlo o escapar de ello, pero nunca puede ir más allá y por encima de ello. 

La vida puede y debe ser vivida sin control alguno. 

Una vida controlada nunca es cuerda, sana; engendra inacabable conflicto, desdicha y confusión.

«Éste es un concepto totalmente nuevo.» 

Si se me permite señalarlo, esto no es una abstracción, una fórmula. 

Solamente existe lo que es. 

El dolor no es una abstracción; uno puede extraer de él una conclusión, un concepto, una estructura verbal, pero eso no será «lo que es», el dolor. 

Las ideologías carecen de realidad; sólo existe lo que es. 

Jamás puede transformarse lo que es, cuando el observador se separa de lo observado. 

«¿Es ésta su experiencia directa?» 

Sería algo completamente vano y estúpido si se tratara meramente de estructuras verbales del pensamiento; hablar de cosas así seria hipocresía. 

«Me hubiera gustado descubrir gracias a usted, qué es la meditación, pero ahora no hay tiempo, ya que vamos a aterrizar.» 

Había guirnaldas cuando llegamos, y el cielo invernal era intensamente azul.

DIARIO 2 - J.K. - 2 DE OCTUBRE DE 1973

 2 de Octubre, 1973 

La conciencia es su contenido; el contenido es la conciencia. 

Toda acción es fragmentaria cuando está fragmentado el contenido de la conciencia. 

Esta actividad engendra conflicto, desdicha y confusión; entonces el dolor es inevitable. 

A esa altura, uno podía ver desde el aire los verdes campos, cada uno por separado del otro en forma, tamaño y color. 

Un torrente bajaba para encontrarse con el mar; mucho más allá estaban las montañas cubiertas de espesa nieve. 

Por todo el país se veían desparramadas grandes ciudades y pueblos; sobre las colinas había castillos, iglesias y casas, y más lejos estaban los vastos desiertos de color pardo, dorado y blanco. 

Después aparecía nuevamente el mar azul y más tierras con densos bosques. 

El país entero era rico y bello. 

É1 paseaba por ahí esperando poder encontrarse con un tigre, y lo encontró. 

Los lugareños habían venido a contarle a su posadero que en la noche pasada un tigre había matado a una ternera, y que regresaría esa noche para matar otra vez.

 ¿Querrían ellos verlo? 

Construirían una plataforma en lo alto de un árbol y desde ahí podría uno ver al gran asesino; atarían también una cabra al árbol para estar seguros de que el tigre vendría. 

Él les explicó que no le agradaría ver que mataran a una cabra para su placer. Así que el asunto fue abandonado. 

Pero en ese mismo anochecer, cuando el sol descendía tras de una ondulada colina, el posadero quiso dar un paseo en automóvil con la esperanza de que, por casualidad, pudieran ver al tigre que había matado a la ternera. 

Viajaron adentrándose unas cuantas millas en el bosque; oscureció totalmente y, con los faros delanteros encendidos, iniciaron el regreso. 

Habían perdido toda esperanza de ver al tigre mientras regresaban. 

Pero justo cuando tomaban una curva, ahí estaba el tigre, sentado sobre sus cuartos traseros en medio del camino, enorme, rayado; con los ojos brillantes ala luz de los faros. 

El automóvil se detuvo y el animal vino hacia ellos gruñendo, y los gruñidos estremecían el auto; era sorprendentemente grande y su larga cola, negra en la punta, se movia lentamente de un lado a otro. 

Se le veía fascinado. 

La ventanilla fue abierta y el tigre pasó gruñendo; él sacó la mano para acariciar esa inmensa energia selvática, pero el posadero tiró apresuradamente de su brazo; más tarde le explicó que el tigre pudo habérselo arrancado. 

Era un animal magnífico, pleno de majestad y poder. 

Por todo ese país había tiranos que le negaban al hombre la libertad, ideólogos que moldeaban su mente, sacerdotes con sus siglos de tradición y creencia esclavizando al hombre; políticos que con sus inacabables promesas estaban generando corrupción y divisiones. 

Por todas partes el hombre está atrapado en el conflicto incesante, en el dolor y en las deslumbradoras luces del placer. 

Todo es tan completamente insensato: el dolor, los esfuerzos y las palabras de los filósofos. 

Muerte, infelicidad, afán, lucha permanente del hombre contra el hombre. 

Esta compleja variedad, modificada por cambios dentro del patrón placer-dolor, constituye el contenido de la conciencia humana, moldeado y condicionado por la cultura en la que ésta se ha nutrido, con sus presiones religiosas y económicas. 

La libertad no se encuentra dentro de los límites de una conciencia semejante; lo que se acepta como libertad es, en realidad, una prisión que se ha hecho soportable en cierto modo gracias al avance de la tecnología. 

En esta prisión hay guerras, guerras que la ciencia y el lucro han hecho cada vez más destructivas. 

La libertad no se halla en el cambio de unas prisiones por otras, ni en el cambio de gurús con su absurda autoridad. 

La autoridad no trae consigo la cordura del orden. 

Por el contrario, engendra desorden, y en este suelo es donde crece y prospera la autoridad. 

La libertad no está fragmentada. 

Una mente no-fragmentada, una mente total, es una mente en libertad. 

Ella «no sabe» que es libre; lo sabido, lo conocido está dentro del área del tiempo -el pasado, a través del presente, hacia el futuro-. 

Todo movimiento es tiempo, y el tiempo no es un factor de libertad. 

La libertad de optar es negación de la libertad; la opción existe solamente donde hay confusión. 

La claridad de percepción, el discernimiento directo, es libertad con respecto al dolor de la opción. 

La luz de la libertad es el orden total. 

Este órden no es hijo del pensamiento, porque toda actividad del pensamiento implica el cultivo de la fragmentación. 

El amor no es un fragmento del pensamiento del placer. 

La percepción de este hecho es inteligencia. 

El amor y la inteligencia son inseparables, y de ello fluye la acción que no engendra dolor. 

El orden es la base fundamental de esa acción.

DIARIO 2 - J.K - 30 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 30, Septiembre, 1973 

Era una larga serpiente amarillenta que cruzaba el camino bajo una higuera de Bengala. 

Él volvía de un prolongado paseo cuando vio a la serpiente. 

La siguió desde muy cerca hasta un montículo de tierra; vió como escudriñaba el interior de cada agujero, completamente ajena a la presencia de él, aunque estaba casi encima de ella. 

Era más bien gruesa y tenía un gran bulto en medio de su largo cuerpo. 

Los aldeanos, de cámino a sus casas, habían cesado de hablar y observaban; uno de ellos nos advirtió que se trataba de una cobra y que sería mejor andarse con cuidado. 

La cobra desapareció dentro de un agujero y él reanudó su camino. 

Retomó al otro día intentando ver a la cobra nuevamente en el mismo sitio. 

No había ninguna serpiente ahí, pero los aldeanos habían puesto un pote chato de leche, algunas caléndulas, una piedra grande con unas cuantas cenizas encima y unas pocas flores más.

Ese lugar se había vuelto sagrado, y ya todos los dias habría flores nuevas; todos los aldeanos de los alrededores sabían que ese sitio se había vuelto sagrado. 

Unos meses más tarde él regresó a aquel lugar; había leche, flores recién cortadas, y la piedra había sido decorada nuevamente. 

Y la higuera de Bengala estaba un poco más vieja. 

El templo dominaba el Mediterrâneo azul; se hallaba en ruinas y solo quedaban las columnas de mármol. 

Fue destruido en una guerra pero seguia siendo un santuario sagrado. 

Una tarde, con el sol iluminando los mármoles, mientras se encontraba uno solo, percibió la atmosfera sagrada; no había alrededor visitantes que perturbaran con su charla interminable. 

Las columnas se estaban tornando de oro puro y el mar lejano se veía intensamente azul. 

Preservada y guardada bajo llave estaba ahí la estatua de la diosa; era permitido verla solamente a horas determinadas y así estaba perdiendo ella la belleza de lo sagrado. 

El mar azul permanecia inmutable. 

Era una encantadora cãsita de campo con un césped que había sido apisonado, segado y escardado por más de un año. 

Todo el lugar se hallaba bien cuidado, era próspero y alegre; detrás de la casa había un pequeño huerto; era un bello lugar, con un arroyo apacible y silencioso que corría junto a él . 

La puerta se abrió y la sujetaron con una escultura del Buda que fue colocada en su sitio de un puntapié.

 El dueño de casa no tenía conciencia alguna de lo que estaba haciendo; para él, era un tope de puerta.

 Uno se preguntó si aquel hombre hubiera hecho lo mismo con una estatua que reverenciara él, porque se trataba de un cristiano. 

La gente niega las cosas sagradas de los otros, pero conserva las propias; las creencias de otro son supersticiones, pero las de uno mismo son razonables y reales.

 ¿Qué es lo sagrado? 

Según dijo, había recogido el objeto en una playa; era una pieza de madera lavada por el mar, con la forma de una cabeza humana. 

Estaba hecha de madera dura y había sido moldeada por las aguas y pulida por muchas estaciones. 

Él la había traído a la casa colocándola sobre la repisa de la chimenea,; la contemplaba de cuando en cuando y admiraba lo que había hecho. 

Un día le puso alrededor algunas flores, y después eso se repitió cotidianamente. 

Se sentia incómodo si no había flores frescas todos los dias; y, poco a poco, ese trozo de madera moldeada se volvió una cosa importante en su vida. 

No habría permitido que nadie la tocara excepto él mismo (los demás podrían profanarla); antes de tocarla, se lavaba las manos. 

La cosa se había convertido en algo santo, sagrado, y solamente él era el alto sacerdote de ella; la representaba; ella le enseñaba cosas que él jamás hubiera sabido por sí mismo. 

Su vida se había llenado con eso y, según decía, era inexpresablemente feliz.

 ¿Qué es lo sagrado?

 No las cosas hechas por la mente o por la mano o por el mar. 

El símbolo nunca es lo real; la palabra hierba no es la hierba del campo; la palabra dios no es dios. 

La palabra jamás contiene lo total, por ingeniosa que sea la descripción. 

La palabra «sagrado» no tiene por sí misma significado alguno; se vuelve sagrada únicamente en su relación con algo, ilusorio o real. 

Lo real no son las palabras de la mente; la realidad, la verdad no puede ser tocada por el pensamiento.

 Donde está el percibir, no está la verdad. 

El pensador y el pensamiento deben llegar a su fin para que la verdad sea. 

Entonçes, «lo que es», es lo sagrado -ese antiguo mármol con el sol dorado sobre él, esa serpiente y el aldeano-. 

Donde no hay amor nada es sagrado. 

El amor es totalidad; en el amor no existe la fragmentación.

DIARIO 2 - J.K. - 29 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 29 de Septiembre, 1973 

Las lluvias estaban llegando a su término y el horizonte ondulaba con nubes doradas y blancas; hinchadas por el viento, se remontaban al cielo verdeazul. 

Todas las hojas de todos los arbustos lucían lavadas y limpias, relumbrantes bajo el sol mañanero. 

Era una mañana deliciosa, la tierra se regocijaba y parecia haber una bendición en el aire.

 Desde esa habitación situada en los altos, podia verse el mar azul, el río que fluía hacia su interior, las palmeras y los mangos. 

La respiración se detenía ante la maravilla de la tierra y la inmensa configuración de las nubes. 

Era muy temprano, había mucha quietud y el ruido aún no había comenzado; escaso tráfico cruzaba el puente, tan sólo una larga fila de carretas de bueyes cargadas con heno. 

Años después llegarían los autobuses con su bullicio y su polución de la atmósfera. 

Era una bella mañana, una mañana plena de dicha y poesía. 

Los dos hermanos eran conducidos en un automóvil hacia un pueblo próximo para que visitarán al padre, a quien no habían visto por cerca de quince años o más. 

Debían marchar a pie una corta distancia por un camino muy mal conservado. 

Llegaron hasta un estanque, un depósito de agua que tenía en todos sus costados escalones de piedra, los que conducían hacia abajo, donde estaba el agua pura. 

En un extremo había un templete que tenía en su cúspide una pequeña torre cuadrada y más bien angosta; alrededor de la misma se veían muchas imágenes de piedra. 

En la galeria del templo que dominaba el gran estanque, había unas cuantas personas absolutamente inmóviles como esas imágenes de la torre, y se hallaban entregadas a la meditación. 

Más allá del agua, justo detrás de algunas casas, se encontraba la casa donde vivía el padre. 

Este salió cuando los dos hermanos se aproximaron, y ellos lo saludaron prostemándose completamente y tocando sus pies. 

Eran tímidos y esperaron que él hablara, como era la costumbre. 

Antes de pronunciar una palabra, entró él en casa para lavarse los pies, porque los muchachos los habían tocado. 

Era un brahmín muy ortodoxo, y nadie podia tocarlo excepto otro brahmín, y sus dos hijos se habían contaminado por haberse mezclado con otros que no eran de su clase y por haber comido alimentos cocinados por no-brahmines. 

Por lo tanto, él lavó sus pies y se sentó en el piso, no demasiado cerca de sus contaminados hijos.

Hablaron por un tiempo, y se acercaba la hora de la comida. 

El los despidió porque no podia comer con ellos ya que habían dejado de ser brahamines. 

El debía de sentir afecto por ellos, porque después de todo eran sus hijos a quienes no había visto por tantos años. 

Si la madre de ellos hubiera estado viva, podría haberles servido de comer, pero seguramente no habría comido con sus hijos. 

Ambos; padre y madre, deben de haber sentido un afecto profundo por sus hijos, pero la ortodoxia y la tradición prohíben cualquier contacto físico con los mismos. 

La tradición es muy fuerte, más fuerte que el amor. 

La tradición de la guerra es más fuerte que el amor; la tradición de matar para comer y matar al que llamamos enemigo, niega la sensibilidad y el afecto humano; la tradición de largas jornadas de trabajo engendra una eficiente crueldad; la tradición del matrimonio pronto se convierte en esclavitud; las tradiciones de rico y del pobre los mantienen apartados uno de otro. 

Cada profesión tiene su tradición propia, su propia élite que genera envidia y enemistad. 

Las ceremonias tradicionales y los rituales que, por todo el mundo, se profesan en los lugares del culto, han separado al hombre del hombre, y las palabras y los gestos no tienen ningún sentido. 

Un millar.de ayeres, por plenos y hermosos que puedan ser, niegan el amor. 

Se cruza por un raquítico puente, al otro lado de una corriente fangosa que se une al rio grande y ancho; y se llega entonces a un villorio de casas de adobe. 

Hay gran cantidad de niños gritando y jugando; las personas mayores se encuentran en los campos o se dedican a la pesca o al trabajo en la ciudad cercana. 

En una pequeña habitación oscura, la ventana es una abertura en el muro; las moscas no penetraban en esta oscuridad. 

Hacía fresco ahí adentro. 

En ese pequeño espacio había un tejedor con un gran telar; no sabia leer pero, habiendo sido educado a su manera, era cortês y estaba totalmente absorto en sus labores. 

Sacó del telar una tela exquisita, con bellos diseños en oro y plata. 

Cualquiera fuera el color del lienzo o de la seda, él podia tejer, dentro de los dibujos tradicionales, lo más fino y mejor. 

Había nacido para esa tradición; era pequeño, gentil y estaba ansioso por demostrar su maravilloso talento. 

Uno lo contemplaba, veia asombrado y con amor en el corazón, cómo de los hilos de seda producía la más fina de las telas. 

La pieza tejida tenía una gran belleza, nacida de la tradición.

DIARIO 2 - J.K - 28 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 28, Septiernbre, 1973 

El enorme perro acababa de matar una cabra; lo habían castigado severamente y lo habían atado, y ahora estaba gimiendo y ladrando. 

La casa se encontraba rodeada por un alto muro, pero de algún modo la cabra había logrado penetrar y el perro la cazó y la mató. 

El dueño de la casa indemnizó al de la cabra con palabras y dinero. 

Era una casa grande rodeada de árboles, y el césped nunca estaba completamente verde por más que lo regaran. 

El sol era cruelmente intenso y todas las flores y arbustos tenían que ser regados dos veces al día; la tierra era pobre y el calor diurno casi marchitaba la vegetación. 

Pero los árboles se habían desarrollado alcanzando un gran tamaño, y daban una sombra confortable a la cual podia uno sentarse temprano en la mañana cuando el sol se encontraba todavia detrás de los árboles. 

Era un buen lugar si uno quería sentarse quietamente y abandonarse a la meditación, pero no si uno deseaba soñar despierto o perderse en alguna ilusión satisfactoria. 

Esas sombras eran demasiado severas, demasiado exigentes, porque todo el lugar estaba entregado a esa clase de quieta contemplación. 

Uno podría complacerse en amables fantasias, pero pronto habría de descubrir que el lugar no invítaba a las imágenes del pensamiento. 

Sentado, con un lienzo que le cubría la cabeza, sollozaba; su mujer acababa de morir. 

Él no deseaba que sus hijos vieran sus lágrimas; ellos también estaban llorando, sin comprender en absoluto lo que había sucedido. 

Madre de muchos hijos, había estado sintiéndose mal, y últimamente había caído muy enferma; el padre, se sentaba a la cabecera de la cama y parecia no moverse de ahí. 

Y un día, después de algunas ceremonias, se llevaron a la madre. 

La casa había quedado extrañamente vacía sin el perfume que la madre le había dado, y ya nunca fue la misma casa, porque ahora reinaba en ella el dolor. 

El padre lo sabía; los niños habían perdido a alguien para siempre, pero hasta ahora no habían conocido el significado del dolor. 

El dolor está siempre ahí, no podemos meramente olvidarlo, no podemos encubrirlo mediante alguna forma de entretenimiento -religioso o de otra clase-. 

Podremos escapar de él, pero siempre estará ahí para encontramos nuevamente. 

Uno podrá entregarse a alguna clase de culto, o abandonarse a alguna creencia consoladora, pero el dolor aparecerá otra vez sin que se le invite. 

El florecimiento del dolor es amargura, cinismo o algún comportamiento neurótico. 

Puede volverlo a uno agresivo, violento y desagradable en el modo de conducirse, pero el dolor estará ahí en nuestro corazón, esperando y acechando. 

Hagamos lo que hagamos, no podemos escapar de él. 

El amor que conocemos, termina en el dolor; el dolor es tiempo, el dolor es pensamiento. 

Derriban el árbol y no derramamos una lágrima; matan un animal para nuestro gusto; la tierra es destruida para nuestro placer; nos educan para matar, destruir -el hombre contra el hombre-. 

La nueva tecnologia y las máquinas están reemplazando los pesados trabajos del hombre, pero no podemos acabar con el dolor mediante las cosas que ha producido el pensamiento. 

El amor no es placer. 

Ella vino desesperada en su dolor; hablaba expresando a borbotones todas las cosas por las que había pasado, la muerte, las insensateces de los hijos con su dedicación a la política, con sus divorcios, sus frustraciones y su amargura, y la completa inutilidad de una vida carente de sentido. 

Ella ya no era joven; en su juventud se había divertido, había tenido un interés pasajero por la política, un poco por la economia y, más o menos, había llevado la clase de vida que casi todos llevan. 

Su marido había muerto recientemente y todo el dolor parecia abatirse sobre ella. 

Se tranquilizó mientras hablábamos. 

Cualquier movimiento del pensar es la profundización del dolor.

<<El pensamiento con sus recuerdos, con sus imágenes de placer y dolor, con su soledad y sus lágrimas, con su autocompasión y sus remordimientos, es el terreno donde arraiga el dolor. 

Escuche lo que se está diciendo. 

Simplemente preste atención -no a los ecos del pasado, no a la superación del dolor o al modo de escapar de su tortura- escuche con el corazón, con todo su ser lo que ahora se está diciendo. 

Su dependencia y apego han preparado el suelo para su dolor. 

Al descuidar el estudio de sí misma y la belleza que ello trae consigo, ha estado alimentando su dolor; todas sus actividades egocêntricas la han conducido a este dolor. 

Simplemente escuche lo que se está diciendo; permanezca con el dolor, no se aleje de él. 

Cualquier movimiento dei pensar es el fortalecimiento del dolor. 

El pensamiento no es amor. 

En el amor no existe el dolor.»

DIARIO 2 -J.K. - 27 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 27, Septiembre, 1973 

Era un templo en ruinas, con sus largos corredores descubiertos, sus portones, las estatuas decapitadas y los átrios desiertos. 

Se había convertido en santuario para pájaros, monos, loros y palomas. Algunas de aquellas estatuas eran todavia imponentes en su belleza; tenían una serena dignidad. 

Todo el lugar se hallaba sorprendentemente limpio, y uno podia sentarse en el suelo para observar a los monos y a los pájaros parlanchines. 

Alguna vez, hace muchísimos años. el templo debió haber sido un lugar floreciente con miles de adoradores, con guimaldas, incienso y plegarias, 

La atmosfera de aquello aún persistia -las esperanzas de esas personas, sus temores y su reverencia-. 

El santuario sagrado había muerto mucho tiempo atrás. 

En estos momentos los monos se estaban perdiendo de vista a medida que aumentaba el calor, pero los loros y las palomas tenían sus nidos en los agujeros y grietas de los altos muros. 

Este antiguo templo en ruinas se hallaba demasiado lejos de los pobladores de la aldea como para que ellos continuaran destruyéndolo. 

De llegar hasta él, hubieran profanado el vacío. 

La religión se ha convertido en superstición y adoración de imágenes, en creencia y ritual. 

Ha perdido la belleza de la verdad; el incienso ha ocupado el sitio de la realidad. 

En vez de la percepción directa, está en su lugar la imagen tallada por la mano o la mente. 

El único y verdadero interés de la religión es la transformación total del hombre. 

Y todo el circo que se desarrolla en torno a la religión es un desatino. 

Por eso es que la verdad no puede encontrarse en ningún templo, iglesia ni mezquita, por hermosos que sean. 

La belleza de la verdad y la belleza del mármol son dos cosas diferentes. 

Una abre la puerta a lo inconmensurable, y la otra aprisiona al hombre; una conduce a la libertad, y la otra es la esclavitud del pensamiento. 

El romanticismo y el sentimentalismo niegan la verdadera naturaleza de la religión, que tampoco es un juguete dei intelecto. 

El conocimiento en el área de la acción, es necesario para que uno funcione con eficiencia y objetividad, pero el conocimiento no es el medio para la transformación del hombre; el conocimiento es la estructura dei pensamiento, y éste es la monótona repetición de lo conocido, por modificado y ampliado que esté. 

No hay libertad por los caminos dei pensamiento, de lo conocido. 

La larga serpiente yacía muy quieta, paralela al reborde seco de los arrozales, voluptuosamente verde y brillante bajo el sol matinal. 

Tal vez se hallaba descansando o acechaba a alguna rana descuidada. 

Las ranas se enviaban por entonces a Europa para ser comidas como una exquisitez. 

La serpiente era larga, amarillenta y se mantenía inmóvil; tenía casi el color de la tierra reseca y resultaba difícil distinguiria, pero la luz del día se reflejaba en sus oscuros ojos. 

La única cosa que se movia, hacia dentro y fuera, era su negra lengua. 

La serpiente no podia advertir la presencia del observador que se hallaba un poco detrás de su cabeza. 

La muerte estaba en todas partes esa mañana. 

Uno podia escucharla en la aldea -los grandes llantos mientras el cuerpo era transportado envuelto en un lienzo; un milano se abatía velozmente sobre un pájaro; algún animal estaba siendo muerto y se oían sus lamentos agónicos-. 

Ello era así día tras día; la muerte siempre está en todas partes, como el dolor. 

La belleza de la verdad y sus sutilezas no se encuentran en las creencias ni en el dogma; nunca están donde el hombre pueda encontrarlas, porque no existe un sendero que conduzca a esa belleza, que no es un punto fijo, un refugio protector. 

Ella tiene su propia delicadeza, y su amor no puede ser medido ni puedé uno retenerlo, experimentarlo.

No tiene un valor comercial que pueda usarse y descartarse. 

Está ahí cuando la mente y el corazón se encuentran vacíos de las cosas del pensamiento. 

El monje o el pobre no están cerca de la verdad, y tampoco lo está el rico; ni el intelectual ni el hombre talentoso pueden tocarla. 

Quien dice que conoce la verdad, jamás se ha acercado a ella. 

Estar muy lejos del mundo implica, tarde o temprano, vivirla. 

Esa mañana los papagayos chillaban revoloteando en tomo al tamarindo; su inquieta actividad, el ir y venir, empiezan muy temprano. 

Se veían como rayas brillantes de color verde con inertes picos rojos. 

Nunca parecían volar en línea recta, siempre lo hacían zigzagueando y chillando mientras volaban.

Ocasionalmente, venían a detenerse en el parapeto del balcón; entonces uno podia observarlos, pero no por mucho tiempo porque volvían a ir se con su extravagante y ruidoso vuelo. 

El único enemigo que tienen parece ser el hombre, que los encierra en jaulas.

DIARIO 2 -J.K. - 25 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 25, Septiembre, 1973 

Él miraba por la ventana las verdes colinas onduladas y el oscuro bosque, iluminados por el sol matinal.

 Era una bellay agradable mañana, había nubes magníficas más allá del bosque, nubes blancas con perfiles ondulantes. 

No es extraño que los antiguos dijeran que los dioses tenían su morada entre las nubes y las montañ

as. 

Por todas partes se veían estas nubes enormes contra un cielo azul y deslumbrante. 

Él no tenía un solo pensamiento y solo estaba contemplando la belleza del mundo. 

Debe de haber estado junto a esa ventana por un tiempo, y entonces ocurrió algo; ocurrió inesperadamente, sin invitación. 

Uno no puede invitar ni desear tales cosas, sea consciente o inconscientemente. 

Todo pareció replegarse y dejar espacio solamente a aquello, lo innominable, lo que no puede encontrarse en ningún templo, iglesia o mezquita, ni en página impresa alguna. 

Uno no lo encontrará en ninguna parte, y cualquier cosa que pueda encontrar, no será aquello. 

Con muchas personas en esa inmensa estructura que está cerca del Golden Hom (Estambul), él se hallaba sentado junto a un mendigo que vestia harapos desgarrados. 

Con la cabeza agachada, éste musitaba alguna plegaria. 

Un hombre comenzó a cantar en árabe. 

Tenía una voz esplêndida; toda la cúpula y el gran edifício se llenaban con esa voz que parecia estremecer la construcción. 

Tenía un efecto extraño sobre todos los que allí se encontraban; ellos escuchaban las palabras y la voz con un gran respeto, y al propio tiempo estaban hechizados. 

Él era un extraño entre todos ellos; lo miraban y luego lo olvidaban. 

La inmensa sala estaba llena y pronto se produjo un silencio; ellos ejecutaron su ritual y, uno a uno, fueron saliendo. 

Sólo quedaron êl y el mendigo; luego, el mendigo también se fue. 

La gran cúpula estaba silenciosa y el edifício quedo vacío, el ruido de la vida estaba muy lejos. 

Si uno pasea alguna vez solo en lo alto de las montañas, entre las rocas y los pinos, habiéndolo dejado todo muy abajo en el valle, cuando no se escucha un solo susurro entre los árboles y todo pensamiento se ha ido marchitando, entonces es posible que «lo otro» (the otherness) venga a uno.

 Si lo retenemos, ello jamás volverá; lo que uno retiene es el recuerdo de algo que ha muerto y desaparecido. 

Lo que se retiene no es lo real; el corazón y la mente son demasiado pequeños, sólo pueden contener las vanas cosas del pensamiento. 

Y uno se aleja más del valle, mucho más, dejándolo todo allá abajo. Después puede volver y recobrarlo si lo desea, pero esas cosas habrán perdido ya su importancia. 

Uno jamás volverá a ser el mismo.

Después de un largo ascenso de varias horas que lo llevó más alla de la línea que demarcan los ârboles, él se encontraba ahi, entre las rocas y el silencio que solo tienen las montañas; se veian unos pocos pinos deformados.

No había viento y todo estaba completamente quieto. 

Mientras regresaba, avanzando de roca en roca, oyô de pronto el sonido de una cascabel, y saltó. 

La serpiente, corpulenta y casi negra, estaba a unos pocos pasos de distancia; enroscada, con el cascabel en medio de la espiral se hallaba lista para atacar. 

La cabeza triangular, la lengua bífida oscilando hacia dentro y fuera, con sus agudos y oscuros ojos vigilantes y se la veía dispuesta para el ataque si él se hubiera aproximado. 

Durante toda esa media hora o más, sin hacer un solo guiño, lo miraba fijamente con sus ojos sin párpados. 

Desenroscándose lentamente, mientras mantenia la cabeza y la cola dirigidas hacia él, comenzo a alejarse tomando la forma de una «U», y cuando él hizo un movimento de aproximación, se enrosco al instante lista para atacar. 

Jugaron este juego durante un rato; la serpiente se estaba cansando y él dejô que ella prosiguiera su camino. 

Era una cosa realmente aterradora, corpulenta y mortífera. 

Uno debe estar solo con los ârboles, las praderas y los torrentes. 

Jamás está uno solo si carga con las cosas del pensamiento, con sus imâgenes y problemas. 

La mente no debe estar llena con las rocas y nubes de la tierra; tiene que hallarse vacía, como el vaso nuevo recién hecho. 

Entonces podrá uno ver algo en su totalidad, algo que nunca ha sido. 

Si «uno» está ahi, no puede verlo ; para verlo debe uno morir. 

Uno puede pensar que es la cosa más importante del mundo, pero no lo es; puede tener todas las cosas que el pensamiento ha producido, pero son cosas  viejas, usadas y empiezan a desmoronarse. 

El valle estaba inesperadamente fresco y, cerca de las chozas, las ardillas se hallaban aguardando sus nueces. 

Estaban habituadas a que se las alimentara diariamente en la mesa dentro de la cabaña. 

Eran muy amigables, y si uno no llégaba a tiempo comenzaban con su regaño mientras los grajos esperaban afuera ruidosamente.

DIARIO 2 - J.K - 24 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 24, Septiembre, 1973  

Una nueva conciencia y una moralidad totalmente nueva son indispensables para producir un cambio radical en la actual cultura y en la estructura social. 

Esto es obvio; sin embargo, las izquierdas y las derechas y los revolucionários parecen pasarlo por alto.

 Cualquier dogma, cualquier fórmula, cualquier ideología forma parte de la vieja conciencia; son las fabricaciones dei pensamiento, cuya actividad implica fragmentación -la izquierda, la derecha, el centro-.

 Esta actividad conducirá inevitablemente a matanzas de derecha o de izquierda, o al totalitarismo. 

Esto es lo que ocurre alrededor de nosotros. 

Uno ve la necesidad dei cambio social, económico y moral, pero las respuestas provienen de la vieja conciencia donde el pensamiento es el actor principal. 

La confusión, el desorden y la desdicha que los seres humanos llevan en sí, están dentro del área de la vieja conciencia y, sin cambiar eso profundamente, toda actividad humana, política, económica o religiosa, sólo nos conducirá a destruirnos unos a otros y a la destrucción de la tierra. 

Esto es igualmente obvio para toda persona cuerda y razonable. 

Uno debe ser luz para sí mismo; esa luz es la ley. 

No existe otra ley. 

Todas las otras leyes son hechas por el pensamiento y, en consecuencia, son fragmentarias y contradictorias. 

Ser luz para uno mismo es no seguir la luz de otro, por razonable, lógica, histórica o convincente que sea. 

Uno no puede ser luz para sí mismo si se encuentra en la oscura sombra de la autoridad, del dogma, de la conclusión. 

La moralidad no la produce el pensamiento; no es el resultado de presiones ambientales; no pertenece al ayer, a la tradición. 

La moralidad es hija del amor, y el amor no es deseo y placer. 

El goce sexual o sensorio no es amor. 

Alto en las montañas era difícil que hubiera pájaros; se veia algunos cuervos, uno que otro venado y, ocasionalmente, algún oso. 

Las enormes sequoias, silenciosas, estaban en todas partes y convertían en enanos a los demás árboles.

 Era una región magnífica y completamente apacible porque la caza estaba prohibida. 

Cada animal, cada árbol, cada flor estaban protegidos. 

Sentado bajo una de esas macizas sequoias, uno percibía intensamente la historia del hombre y la belleza de la tierra. 

Una ardilla roja con aspecto de bien alimentada, pasó elegantemente junto a uno y se detuvo a pocos pies de distancia, vigilando y preguntándose qué hacía uno allí. 

La tierra estaba reseca pese a que cerca había un arroyo. 

No se movía una hoja, y entre los árboles reinaba la belleza del silencio y al avanzar lentamente por el estrecho sendero, a la vuelta de un recodo había una osa con cuatro cachorros que tenían el tamaño de gatos grandes . 

Corrieron presurosos para trepar a los árboles mientras la madre se enfrentaba con uno sin hacer un solo movimiento, sin un solo sonido. 

Nos separaban unos cincuenta pies; era un animal enorme, de color pardo, y se hallaba preparado. 

Uno le volvió inmediatamente la espalda y se alejó. 

Cada cual comprendió que no había temor ni intención de hacer daño, pero igualmente se alegró uno de encontrarse entre los protectores árboles, con las ardillas y los reñidores grajos. 

La libertad consiste en ser luz para uno mismo; entonces la libertad no es una abstracción, una cosa invocada por el pensamiento. 

La verdadera libertad lo es con respecto a la dependencia, al apego, al anhelo de experiencias. 

Ser luz para uno es estar libre de toda la estructura dei pensamiento. 

Es en esta luz que toda acción tiene lugar, y por eso la acción jamás es contradictoria. 

La contradicción existe cuando esa ley -la luz- se separa de la acción, cuando el actor está separado de la acción. 

El ideal, el principio, es el estéril movimiento deí pensar, el cual no puede coexistir con esta luz; el uno niega a la otra. 

Esta luz, esta ley, está separada de uno mismo; donde hay un observador, esta luz, este amor no existe.

 La estructura del observador está construida por el pensamiento, que nunca es nuevo, que nunca es libre. 

No hay un «cómo», no hay sistema ni práctica alguna. 

Sólo existe el ver -que es el hacer-. 

Uno tiene que ver, no a través de los ojos de otra persona 

Esta luz, esta ley, no es pertenencia de nadie, ni de uno mismo ni de algún otro. 

Sólo existe la luz. 

Esta luz es amor.

DIARIO 2 - J.K. - 23 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 23, Septiembre, 1973 

Estaba de pie, solo, en la margen baja deL río; no era un río muy ancho y él podia ver algunas personas en la otra orilla. 

Si éstas hubieran hablado en voz más alta, casi habría alcanzado a escucharlas. 

En la estación de las lluvias el río se encuentra con las aguas abiertas del mar. 

Había estado lloviendo por vários dias, y el no se había abierto paso entre las arenas hacia el mar que lo esperaba. 

Con las lluvias copiosas estaría otra vez limpio y uno podría nadar seguro en él. 

El río era lo suficientemente ancho como para contener una isla larga y estrecha, con verdes arbustos, unos pocos árboles bajos y una pequeña palmera. 

Cuando las aguas no eran demasiado profundas, el ganado las cruzaba para apacentar en la isla. Era un río agradable y amistoso, especialmente en esa mañana. 

Estaba de pie ahí sin nadie en los alrededores, solo, libre y distante, tendría catorce años o menos . 

Ellos lo habían encontrado a él y a su hermano muy recientemente, y ya lo rodeaba toda la agitación y la súbita importancia que le habían asignado


 (Krishnamurti escribe aquí acerca de su propia niñez en Adyar, cerca de Madras.)


 " Era" el centro del respeto y la devoción, y en los años venideros estaría a la cabeza de organízaciones y grandes propiedades. 

Todo eso y la disolución de esas organízaciones, todavia estaba por venir. 

De pie ahí, solo, perdido y extrañamente lejano, era su primer y perdurable recuerdo de aquellos dias con sus acontecimientos. 

Él no recuerda su infancia, las escuelas y los castigos. 

Años más tarde, el mismo maestro que lo lastimaba, le contó que acostumbraba a apalearlo prácticamente todos los días; él solía llorar y lo dejaban afuera, en el balcón, hasta que la escuela se cerraba y el maestro venia a pedirle que se fuera su casa; de lo contrario, hubiera seguido ahí olvidado en el balcón. 

Según le dijo este hombre, lo apaleaba porque él no podia escuchar ni recordar nada de lo que había leído o le habían enseñado. 

Más tarde, el maestro no podia creer que ese niño fuera el hombre que había pronunciado la plática que acababa de escuchar. 

Estaba sumamente sorprendido e innecesariamente respetuoso. 

Todos aquellos años pasaron sin dejar cicatrices ni recuerdos en su mente; sus amistades, sus afectos, aun esos años con quienes lo habían maltratado -de algún modo ninguno de estos eventos, amable o brutal, ha dejado huellas en él-. 

En años recientes, un escritor le preguntó si podia rememorar todos aquellos sucesos más bien extraños, y el modo en que él y su hermano fueron descubiertos y los otros acontecimientos, y cuando él contestó que no podía recordardos y sólo podia repetir lo que otros le habían contado, el hombre, con un ademán despectivo, declaro que eso era pretexto y simulación. 

Pero él nunca había bloqueado conscientemente ningún suceso, agradable o desagradable, impidiendo que penetrara en su mente. 

Los acontecimientos venían, no dejaban huella alguna y morían. 

La conciencia es su contenido; el contenido constituye la conciencia. 

Ambos son indivisibles. 

No existen el yo y el tú, sólo el contenido que estructura la conciencia como el «yo» y el «noyo». 

Los contenidos varían según la cultura, las acumulaciones raciales, las técnicas y capacidades adquiridas. 

Éstas se fragmentan como «el artista», «el científico», y así sucesivamente. 

Las idiosincrasias son las respuestas del condicionamiento, y el condicionamiento es el factor común del hombre. 

Este condicionamiento es el contenido, la conciencia. 

Ésta, a su vez, es dividida como lo consciente y lo oculto. 

Lo oculto se vuelve importante porque nunca hemos mirado la conciencia como un todo. 

Esta fragmentación se produce cuando el observador no es lo observado, cuando el experimentador es visto como diferente de la experiencia. 

Lo oculto es como lo manifiesto. 

La observación -escuchar lo manifiesto- es ver lo oculto. 

Ver no es analizar. 

En el análisis están el analizador y lo analizado, una fragmentación que conduce a la inacción, a la parálisis. 

En el ver no existe el observador, y así la acción es instantánea; no hay intervalo alguno entre la idea y la acción. 

La idea, la conclusión, es el observador -el veedor separado de la cosa que es vista-. 

La identificación es un acto del pensamiento, y el pensamiento es fragmentación. 

La isla, el río y el mar siguen todavia ahí, y también las palmeras y los edificios. 

El sol surge por entre las masas de nubes apretadas que se remontan a los cielos. 

Con sólo un taparrabo los pescadores estaban arrojando sus redes para pescar algunos míseros pececillos. 

La pobreza que se acepta de mala gana, es una degradación. 

Tarde en el anochecer era agradable estar entre los mangos y las flores perfumadas.

 ¡Qué bella es la tierra!

DIARIO 2 - J.K. - 22 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 22, Septiembre, 1973 

Una mujer estaba cantando en la casa vecina; tenía una voz maravillosa y los pocos que la escuchaban se hallaban fascinados. 

El sol se ponía entre los mangos y las palmeras, intenso en verdes y dorados. 

Ella cantaba ciertos cantos devocionales y la voz se volvia cada vez más exquisita y dulce. 

Escuchar es un arte. 

Cuando escuchamos alguna música clásica occidental o a esta mujer sentada en el piso, puede ocurrir que nos sintamos románticos o que haya recuerdos de cosas pasadas o que el pensamiento con sus asociaciones cambie nuestra disposición de ánimo o que haya insinuaciones del futuro. 

O puede ser que uno escuche sin ningún movimiento del pensar, desde la quietud completa, desde el silencio total. 

Escuchar al propio pensamiento, o al mirlo posado en una rama, o escuchar lo que se está diciendo sin que haya una sola respuesta del pensamiento, da origen a una signifícación por completo diferente de la que produce el movimiento del pensar. 

Este es el arte de escuchar, de escuchar con atención total; entonces no existe un centro que esté escuchando. 

El silencio de las montañas tiene una profundidad que nó tienen los valles. 

Cada uno posee su propio silencio; el silencio que hay entre las nubes y que existe entre los árboles, tienen una diferencia inmensa. 

El silencio entre dos pensamientos es intemporal; el silencio del placer y el del miedo son tangibles. 

El silencio artificial que puede fabricar el pensamiento, es muerte; el silencio entre ruidos es ausencia de ruido pero no es el silencio, tal como la ausencia de guerra no es la paz. 

El sombrio silencio de una catedral, del templo, es un silencio de siglos y belleza especialmente construido por el hombre. 

Está el silencio del pasado y el del futuro, el silencio del museo y el del cementerio. 

Pero todo esto no es el silencio. 

El hombre había permanecido sentado, inmóvil, a la orilla del hermoso río; estuvo ahí por más de una hora. 

Vendría al mismo lugar todas las mañanas, recién bañado, y cantaria en sánscrito por algún tiempo, y al cabo de un rato quedaria perdido en sus pensamientos sin que pareciera importarle el sol, al menos no el sol de la mañana. 

Un dia vino y empezó a hablar acerca de la meditación. 

No pertenecía a ninguna escuela de meditación; las consideraba inservibles, sin ninguna significación real. 

El hombre estaba solo, era célibe y hacía mucho tiempo que había desechado las costumbres del mundo. 

Había controlado sus deseos y moldeado sus pensamientos; vivia una vida solitaria. 

No era áspero ni presumido ni indiferente. 

Estas cosas estaban olvidadas desde hacía ya algunos años. 

La meditación y la realidad constituían su vida. 

Mientras él hablaba y buscaba a tientas las palabras correctas, el sol se iba poniendo y un profundo silencio descendia sobre nosotros. 

El hombre cesó de hablar. 

Después de un rato, cuando las estrellas se encontraban muy cerca de la tierra, dijo: «Éste es el silencio que yo he estado buscando en todas partes, en los libros, entre los maestros y dentro de mi mismo.>>

He encontrado muchas cosas, pero no esto. 

Vino sin que lo buscara, sin que lo invitara.

 ¿He desperdiciado mi vida en cosas que carecen de importância? 

Usted no se imagina por las que he pasado, los ayunos, los sacrifícios y las prácticas. 

Llegué a ver la futilidad de eso hace mucho tiempo, pero jamás di con este silencio.

 ¿Qué debo hacer para permanecer en él, para conservarlo, para retenerlo en mi corazón? 

Supongo que usted dirá, “no haga nada ya que uno no puede invitarlo” . 

Pero, ¿he de seguir vagando por este país, con esta repetición, con este control? 

Sentado aqui soy consciente de este silencio sagrado; a través de él contemplo las estrellas, aquellos árboles, el rio. 

Aunque veo y siento todo esto, no estoy realmente ahí. 

Como dijo usted el otro día, el observador es lo observado. 

Ahora veo lo que eso significa. 

La bendición que buscaba no es para que uno la encuentre mediante búsqueda alguna. 

Ya es tiempo de que me vaya. El rio se tomo oscuro y las estrellas se reflejaban en sus aguas cerca de las márgenes. Poco a poco los ruidos del día iban llegando a su fin y comenzaban los suaves sonidos de la noche. 

Uno observaba las estrellas y la tierra en sombras, y el mundo estaba muy lejos. 

La belleza, que es amor, parecia descender sobre la tierra y todas sus cosas.

DIARIO 2 -J.K - 21 DE SEPTIEMBRE DE 1973

21, Septiembre, 1973 

Es bueno despertarse sin mi solo pensamiento con sus problemas . 

La mente ha descansado al producir orden dentro de sí misma; por eso el sueño es tan importante.

O la mente genera orden en su relación y acción durante las horas de vigilia -lo cual le da completo descanso mientras duerme- o durante el sueño ella procurará arreglar sus asuntos a su propia satisfacción. 

A lo largo del día habrá nuevamente desorden causado por múltiples factores,y durante las horas de sueño la mente tratará de desenredarse de esta confusión. 

La mente, el cerebro, sólo puede funcionar còn eficiencia, objetivamente, cuando hay orden. 

El conflicto, en cualquiera de sus formas, es desorden. 

Basta considerar por todo Io que la mente pasa en cada día de su vida: el intento de poner orden mientras duerme y el desorden que impera durante las horas de vigilia. 

Éste es el conflicto de la vida que se desarrolla día tras día. 

El cerebro puede funcionar unicamente cuando está seguro, no en medio de la contradicción y la confusión. 

Por eso trata de encontrar esa seguridad en alguna fórmula neurótica, pero el conflicto empeora. 

El orden es la transformación de todo este enredo. 

Cuando el observador es lo observado hay orden completo. 

En la pequeña senda que corre junto a la casa, sombreada y tranquila, una niñita estaba sollozando desgarradoramente, como sólo los niños pueden hacerlo. 

Tendría cinco o seis años y era pequena para su edad. 

Estaba sentada en el suelo, con las lágrimas derramándose por sus mejillas. 

É1 se sentó a su lado y le preguntó qué le había sucedido, pero ella no podia hablar, el llanto le quitaba toda la respiración. 

Debían haberla golpeado, o tal vez  se había roto su juguete favorito o le habían negado, mediante palabras duras, algo que deseaba. 

Apareció la madre, sacudió a la niña y la introdujo en la casa. 

A él apenas si lo miró, porque eran extraños el uno para el otro. 

Unos días después, mientras él paseaba por la misma senda, la niña salió de la casa y, toda sonriente, caminó con él por un corto trecho. 

La madre debió seguramente haberle dado permiso para acompañar a un desconocido. 

É1 paseaba frecuentemente por esa senda sombreada, y la niña saldría a saludarlo junto con su hermano y una hermanita. 

¿Olvidarán ellos alguna vez sus heridas y sus pesares, o poco a poco se fabricarán escapes y resistencias? 

La conservación de esas heridas psicológicas parece constituir la naturaleza de los seres humanos, y es por esto que sus acciones resultan distorsionadas. 

¿Puede la mente humana no ser lastimada ni herida jamás? 

No ser lastimado es ser inocente. 

Si uno no está lastimado, naturalmente no lastimará a otro. 

¿Es esto posible? 

La cultura en que vivimos, de hecho ocasiona heridas profundas en la mente y el corazón. 

El ruido y la polución, la agresión y la competencia, la violencia y la educación -todas estas cosas y muchas otras contribuyen a la agonia humana-. 

Sin embargo, tenemos que vivir en este mundo de brutalidad y resistência: somos el mundo y el mundo es lo que somos. 

¿Qué cosa es la que se siente lastimada? 

La imagen que cada uno se ha fabricado de sí mismo, eso es lo que se siente lastimado. 

Extrañamente, estas imágenes son las mismas en todo el mundo, con algunas modificaciones. 

La esencia de la imagen que uno tiene, es la misma que la del hombre que se encuentra a miles de kilometros de distancia. 

De modo que uno es ese hombre o mujer. 

Las heridas propias son las heridas de otros miles: uno es el otro. 

¿Es posible no ser lastimados jamás? 

Donde existe una herida, no hay amor. 

Si uno se halla lastimado, el amor es entonces mero placer. 

Cuando uno descubre por sí mismo la belleza de no ser lastimado jamás, sólo entonces desaparecen realmente las heridas pasadas. 

En la plenitud del presente, el pasado ha perdido su carga. 

É1 nunca ha sido lastimado pese a las muchas cosas que le sucedieron, halagos e injurias, amenazas y seguridad. 

No es que él fuera insensible o inconsciente; no tenía una imagen de sí mismo, ni conclusión ni ideologia alguna, 

La imagen es resistencia, y cuando ésta no existe hay vulnerabilidad pero no hay heridas psicológicas.

Uno no puede buscar ser vulnerable, altamente sensible, porque aquello que se busca y encuentra, es otra forma de la misma imagen. 

Se trata de comprender este movimiento total, no sólo verbalmente, sino que es necesario hacerlo con un discemimiento directo e instantáneo. 

Darse cuenta de su estructura íntegra sin reserva alguna. 

Ver la verdad de todo ello es el fin dei constructor de la imagen. 

La laguna estaba desbordándose y mostraba miles de reflejos. 

Se tornó oscura y los cielos se abrieron.

DIARIO 2 -J.K. - 20 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 20, Septiembre, 1973 

Esta mañana el río se veía particularmente hermoso; el sol acababa de asomarse sobre los árboles y el pueblo se encontraba oculto entre ellos. 

El aire estaba muy quieto y no había una sola onda sobre el agua. 

El día iba a ser muy caluroso pero ahora estaba más bien fresco, y un mono solitário se hallaba sentado al sol. 

Estaba siempre ahí, solo, enorme y pesado. 

Desaparecía durante el día y volvia a aparecer en las madrugadas sobre la copa del tamarindo; cuando comenzaba a hacer calor, el árbol parecia tragárselo. 

Los papamoscas de color verde-oro se encontraban sobre el parapeto junto a las palomas, y los buitres todavia descansaban en las ramas más altas de otro tamarindo. 

Había una inmensa quietud y uno estaba sentado en un banco, perdido para el mundo ... 

Al regresar del aeropuerto por una sombreada carretera, con los papagayos roji-verdes chillando alrededor de los árboles, uno advirtió, atravesado en el camino, algo que parecia un gran envoltorio.

Cuando el auto llegó cerca, el envoltorio resulto ser un hombre que yacía casi desnudo cruzado en la carretera. 

El automóvil se detuvo y nos bajamos. 

Su cuerpo era grande y su cabeza muy pequeña. 

Miraba fijamente por entre las hojas al cielo asombrosamente azul. 

Nosotros también miramos para ver qué miraba él, y el cielo contemplado desde la carretera se veia realmente azul y las hojas eran realmente verdes. 

El hombre era mal formado, y ellos me dijeron que se trataba de uno de los idiotas del pueblo. 

Jamás se movia, y el auto hubo de avanzar esquivándolo muy cuidadosamente. 

Los camellos con su carga y los niños con sus gritos pasaban junto a él sin prestarle la más mínima atención. 

También pasó un perro describiendo un amplio círculo. 

Los papagayos se hallaban atareados con su griterío. 

Las granjas, los aldeanos, los árboles; las flores amarillas se ocupaban de su propia existência. 

Esa parte del mundo está subdesarrollada y no hay ninguna organización que vele por tales personas.

Son llagas abiertas, humanidad sucia y apiñada, y el río sagrado prosigue su camino. 

La tristeza de la vida estaba en todas partes, y bajo el cielo azul, muy alto en el aire volaban los buitres, volaban en círculos, por horas, sin mover sus pesadas alas, vigilandoy aguardando. 

¿Qué es la cordura y qué es la locura? 

¿Quién es cuerdo y quién está loco?

¿Son cuerdos los políticos? 

¿Los sacerdotes, están locos? 

Los que se comprometen con ideologias, ¿están cuerdos? 

Somos controlados, moldeados, apremiados por todos ellos, ¿y estamos cuerdos?

¿Qué es la cordura? 

Es ser íntegro, no fragmentado en la acción, en la vida, en toda clase de relaciones -ésa es la esencia misma de la cordura-. 

Cuerdo significa total, sano y santo. 

La locura es neurosis, psicosis, desequilibrio, esquizofrenia, cualquier nombre que uno quiera ponerle; implica estar fragmentado, dividido en la acción y en el movimiento de la relación que constituye la existencia. 

Engendrar antagonismo y división, que es el oficio de los políticos que nos representan implica cultivar y sostener la locura, ya se trate de los dictadores o de los que ejercen el poder en el nombre de la paz o de alguna forma de ideologia.  

No hay más que mirar lo que es el clero. 

Se interpone entre uno y lo que ellos consideran que es la verdad, el salvador, dios, el cielo, el infierno.

El sacerdote es el intérprete, el representante; es el que tiene las llaves para el cielo; él es quien ha condicionado al hombre mediante la creencia, el dogma, el ritual; él es el verdadero propagandista. 

Ha condicionado al hombre porque éste desea comodidad, seguridad y le tiene espanto al mañana. 

Los artistas, los intelectuales, los científicos, tan admirados y lisonjeados, ¿están cuerdos? ¿O viven en dos mundos diferentes -el mundo de las ideas y la imaginación con su expresión compulsiva, totalmente separado de la vida cotidiana de placer y dolor que llevan? 

El mundo que nos rodea está fragmentado y así somos cada uno de nosotros, y la expresión de ello es el conflicto, la confusión y la desdicha; uno es el mundo y el mundo es uno. 

La cordura implica vivir una vida de acción sin conflicto. 

La acción y la idea son contradictorias. 

El ver es el hacer, y no la ideación primero y luego la acción de acuerdo con la conclusión. 

Esto engendra conflicto. 

El analizador mismo es lo analizado. 

Cuando el analizador se separa como algo diferente de lo analizado, genera conflicto, y el conflicto es el área del desequilibrio. 

El observador es lo observado y en eso radica la cordura, lo total, lo sagrado; y con lo sagrado está el amor.

DIARIO 2 - J.K. - 19 DE SEPTIEMBRE DE 1973

  19, Septiembre, 1973 

El monzón había llegado. 

El mar se veia casi negro bajo las densas nubes oscuras, y el viento desgarraba los árboles.

Lo vería por unos cuantos días con lluvias torrenciales; luego éstas se detendrían durante un día o algo así, para comenzar nuevamente. 

Las ranas croaban en todas las charcas y el aire estaba impregnado con el delicioso aroma que traen las lluvias. 

La tierra se hallaba limpia otra vez y en pocos dias más estaria asombrosamente verde. 

Las cosas crecían casi a la vista de uno; saldría el sol y todas las cosas de la tierra resplandecerían.

Habría cantos en la madrugada y las pequeñas ardillas llenarían toda la región. 

En todas partes brotarían las flores, las silvestres y las cultivadas, el jazmín, la rosa y la caléndula.

Cierto día, en la carretera que conduce al mar, mientras uno paseaba bajo las palmeras y los árboles cargados de lluvia, mirando miles de cosas, un grupo de niños estaba cantando. ¡Parecían tan felices, tan inocentes y tan por completo ajenos al mundo! 

Uno de ellos, una niña, nos reconoció y se acerco sonriendo, y caminamos por un rato tomados de la mano. Ninguno dijo una palabra y cuando llegamos cerca de su casa, ella saludó y desapareció en el interior. 

El mundo y la familia van a destruirla, y ella también tendrá hijos y llorará por ellos, y el mundo también los destruirá con sus arteros recursos. 

Pero esta tarde, estaba ella feliz y ansiosa por compartir su felicidad tomada de la mano de alguien. 

Una tarde, cuando habían cesado las lluvias y el cielo del oeste se veia dorado, al volver por la misma carretera, dejamos atrás a un joven que portaba un fuego en un pote de barro. 

Excepto por el limpio taparrabo se hallaba completamente desnudo, y detrás de él dos hombres llevaban un cuerpo muerto. 

Eran dos brahamines, estaban recientemente lavados, limpios y caminaban manteniéndose bien derechos. 

El joven que sostenía el fuego debía de haber sido el hijo dei hombre muerto; todos avanzaban muy rápidamente. 

El cuerpo iba a ser incinerado en alguna playa apartada, 

Era todo tan simple, tan distinto de los féretros elaborados cargados de flores y seguidos por una larga fila de bruñidos automóviles o de plañideras que caminaban tras dei ataúd -la tenebrosa oscuridad que hay en todo eso-. 

Aquí veía uno un cadáver decentemente cubierto que, en la parte trasera de una bicicleta, era conducido hacia el rio sagrado donde irían a quemarlo. 

La muerte está en todas partes, y nosotros jamás parecemos capaces de vivir con ella. 

Es algo oscuro, atemorizador, que debe ser eludido, algo de lo que nunca hay que hablar. 

A la muerte hay que mantenerla lejos de la puerta cerrada. 

Pero ella está siempre ahí. 

La belleza del amor es muerte, y uno no conoce ni lo uno ni lo otro. 

La muerte es dolor y el amor es placer, y ambos no pueden encontrarse nunca; deben mantenerse apartados, y la división es angustia y agonía. 

Esto ha sido así desde el principio del tiempo, esta división y el conflicto interminable. 

Siempre existirá la muerte para aquellos que no ven que el observador es lo observado, que el experimentador es lo experimentado. 

Esto es como un vasto rio en que se halla atrapado el hombre con todos sus dioses mundanos, sus vanidades, sus penas y su conocimiento. 

A menos que abandone en el río todas las cosas que ha acumulado y nade hacia la costa, la muerte estará siempre junto a su puerta, esperando y vigilando. 

Cuando él deja el río, no hay costa alguna, la ribera es la palabra, el observador. 

Él lo ha abandonado todo, el rio y la ribera. 

Porque el río es tiempo y las orillas son los pensamientos del tiempo; el río es el movimiento del tiempo y a él pertenece el pensamiento. 

Cuando el observador abandona todo lo que él es, entonces el observador no existe. 

Esto no es muerte. 

Es lo intemporal. 

Uno no puede conocerlo, porque aquello que se conoce pertenece al tiempo; uno no puede experimentarlo; el reconocimiento es producido por el tiempo. 

Liberarse de lo conocido es liberarse del tiempo. 

La inmortalidad no es la palabra, el libro, la imagen que uno ha fabricado. 

El alma, el yo, el atman, es hijo del pensamiento, el cual es tiempo.

Cuando el tiempo no existe, no existe la muerte. 

Hay amor. 

El cielo del oeste había perdido su color, y asomando en el horizonte estaba la luna, joven, tímida y tierna. 

Todo parecia estar pasando por la carretera: el casamiento, la muerte, la risa de los niños y alguien que sollozaba. 

Cerca de la luna había una estrella solitaria. 

DIARIO 2 - J.K. - 18 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 18 de Septiembre,1973 

Todavia sigue siendo uno de los valles más hèrmosos que existen. 

Completamente rodeado por los cerros, se halla repleto de naranjales. 

Hace muchos años, había muy pocas casas entre los árboles y los huertos, pero ahora hay muchas más; las carreteras son anchas, el tráfico más denso y hay más ruido, especialmente en el extremo occidental del valle. 

Pero los cerros y los altos picos permanecen iguales, incontaminados por el hombre. 

Hay muchos senderos que conducen a las altas montañas; y uno camina incesantemente por ellos, topándose con osos, serpientes de cascabel, ciervos y, en cierta ocasión, se encontro con un lince. 

Se hallaba delante, en el declive del sendero, ronroneando y restregándose contra las rocas y los troncos bajos de los árboles. 

La brisa venía desde lo alto dei desfiladero y así podia uno estar muy cerca de él. 

El animal estaba divirtiéndose realmente, contento con su mundo. 

La corta cola levantada, las orejas puntiagudas proyectadas hacia adelante, el pelo color bermejo limpio y lustroso, se hallaba por completo inconsciente de que había alguien justo detrás de él, a unos veinte pies de distancia. 

Descendimos por el sendero como una milla, sin que ninguno de los dos hiciera el menor ruido. 

Era realmente un animal fabuloso, lleno de gracia y belleza. 

Había un estrecho arroyo delante de nosotros; con el deseo de no asustarlo, cuando uno llegó a su lado murmuro un suave saludo. 

En ningún momento miró él en derredor, hubiera sido una pérdida de tiempo; en vez de eso, se movió como un rayo y desapareció por completo en pocos segundos, 

No obstante, habíamos sido amigos por un tiempo considerable. 

El valle está impregnado con el perfume casi dominante de los azahares, especialmente en las madrugadas y en los atardeceres. 

Llenaba la hábitación, el valle y cada rincón de la tierra, y el dios de las flores bendecía el lugar. 

El verano seria realmente caluroso, y eso tenía su propia peculiaridad. 

Muchos años antes, cuando uno venía aqui, había una atmosfera maravillosa; todavia existe, aunque en grado menor. 

Los seres humanos la están echando a perder, como parecen echar a perder casi todas las cosas. 

Será como antes. 

Una flor puede marchitarse y morir, pero volverá con toda su belleza.

¿ Alguna vez se han preguntado los seres humanos por qué equivocan el camino, por qué se vuelven corruptos, indecentes en su conducta -agresivos, violentos y astutos? 

No es bueno culpar al ambiente, a la cultura o a los padres. 

Necesitamos descargar la responsabilidad de este deterioro en otros o en algún acontecimiento. 

Las explicaciones y las causas son una salida cómoda. 

Los antiguos hindúes llamaban a esto el karma -lo que uno ha sembrado es lo que cosecha-. 

Los psicólogos ubican el problema en el regazo de los padres. 

Y lo que dicen las personas que se llaman religiosas, se basa en sus dogmas y creencias. 

Pero cl problema sigue ahí. 

Luego están los otros, que nacen generosos, benévolos, responsables. 

Ni el medio ni presión alguna los alteran. 

Permaneceu siendo como son a pesar de todo el alboroto.

 ¿Por qué? 

Cualquier explicación tiene escaso significado. 

Todas las explicaciones son escapes, eluden la realidad de lo que es. 

Y esto es lo único que importa. 

Lo que es puede ser totalmente transformado con la energia que se derrocha en explicaciones y en la búsqueda de las causas. 

El amor no está en el tiempo ni en el análisis, ni en las lamentaciones o en las recriminaciones. 

Está ahí cuando se hallan ausentes el deseo de dinero, de posición, y las astutas supercherías del yo.

DIARIO 2 - J.K - 17 DE SEPTIEMBRE

 17,Septiembre,1973 

Ese anochecer, mientras uno caminaba por el bosque, había una sensación de amenaza. 

El sol estaba poniéndose en esos instantes, y las palmeras se levantaban solitarias contra el cielo dorado del oeste. 

Los monos ya se hallaban en la higuera de Bengala aprestándose para la noche. 

Casi nadie utilizaba el sendero y muy raramente se encontraba uno con otro ser humano. 

Se veían muchos ciervos que, recelosos desaparecían en medio de la espesa vegetación. 

No obstante, la amenaza estaba ahí, en todas partes, pesada y penetrante, y uno miraba por sobre el hombro. 

No quedaban animates peligrosos; los habían alejado de ese lugar, que se hallaba demasiado cerca del pueblo en expansión. 

Uno se sentia contento de dejar el bosque y volver a caminar por las calles iluminadas. 

Pero al anochecer siguiente, los monos estaban tranquilos y se veían algunos ciervos aqui y allá, mientras el sol se ocultaba detrás de los árboles más altos; la amenaza había desaparecido. 

Por el contrario, los árboles, los arbustos y las pequeñas plantas le daban a uno la bienvenida. 

Uno se encontraba entre sus amigos, se sentia completamente seguro y acogido con sumo agrado. 

El bosque lo aceptaba a uno, y era un verdadero goce pasear por ahí en todos los atardeceres. 

La selva es diferente. 

Allí hay peligro físico, no sólo por parte de las serpientes, sino de los tigres que se sabe existen en ese lugar. 

Mientras uno caminaba por ahí una tarde, hubo de pronto un silencio anormal; los pájaros cesaron en su parloteo, los monos se quedaron absolutamente callados y todo parecia retener el aliento. 

Uno se quedó quieto. 

Y del mismo modo, subitamente, todo volvió a la vida; los monos jugaban y se molestaban unos a otros, los pájaros iniciaron su canto nocturno y uno pudo advertir que el peligro había pasado. 

En los montes y bosquecillos, donde el hombre mata conejos, faisanes, ardillas, hay una atmósfera por completo diferente. 

Se penetra en un mundo donde ha estado el hombre con su rifle y su peculiar violencia. 

Entonces el bosque pierde su tierna suavidad, su bienvenida, y con ello se ha perdido aqui cierta belleza; aquel alegre susurro ha desaparecido. 

Uno tiene solamente una cabeza, y cuidarla es algo maravilloso. 

No hay maquinaria ni computadora electrónica que puedan compararse con ella. 

Es tan vasta, tan compleja, tan enteramente capaz, sutil y productiva... 

Es el depósito de la experiencia, del conocimiento y la memória. 

De ella brotan todos los pensamientos. 

Lo que ha producido es completamente increíble: el daño, la confusión, los padecimientos, las guerras, las corrupciones, las ilusiones, los ideales, el dolor y la desdicha; las grandes catedrales, las bellas mezquitas y los templos sagrados.

Es fantástico lo que ha hecho y puede hacer la cabeza. 

Pero hay una cosa que aparentemente no puede hacer: cambiar por completo su comportamiento al relacionarse con otra cabeza, con otro hombre. 

Ni el castigo ni la recompensa parecen cambiar su conducta, ni parece transformarla el conocimiento. 

El «yo» y el «tú>> permanecen invariables. 

Ella nunca se da cuenta de que el yo es el tú, de que el observador es lo observado. 

Su amor es su deterioro; su placer es su agonía; los dioses de sus ideales son sus destructores. 

Su libertad es su propia prisión; la educan para vivir en esta prisión, haciéndola solo más cómoda, más agradable. 

Tenemos solamente una cabeza, hay que cuidarla, no hay que destruirla. ¡Es tan fácil corromperla! 

Él siempre tuvo esta extraña falta de distancia entre él mismo y los árboles, los ríos y las montañas.

Ello no fue algo cultivado; uno no puede cultivar una cosa como ésa. 

Jamás hubo un muro entre él y otro ser humano. 

Lo que ellos le hacían, lo que le decían jamás parecia herirlo, ni tampoco le afectaba el halago. 

De algún modo siempre permaneció totalmente ileso. 

No fue un retraído ni un solitario, sino que fue como las aguas de un rio. 

Tuvo muy pocos pensamientos; y ningún pensamiento en absoluto cuando estaba solo. 

Su cerebro estaba activo cuando hablaba o escribía, pero de otro modo estaba quieto y activo sin movimiento alguno. 

El movimiento es tiempo, y la actividad no lo es. 

Esta extraña actividad, sin una dirección predeterminada, parece proseguir esté uno despierto o dormido. Él se despierta a menudo con esa actividad de la meditación; algo de esta naturaleza se está desarrollando casi todo el tiempo. 

Él jamás lo ha invitado ni rechazado. 

Cuando despertó la otra noche, estaba muy despierto, y se dio cuenta de que algo como una bola de fuego, de luz, se introducía en su cabeza, en el centro mismo de ella. 

Estuvo observando el hecho objetivamente por un tiempo considerable, como si eso le estuviera sucediendo a alguna otra persona. 

No era una ilusión -algo evocado por la mente- El amanecer estaba próximo y él podia ver los árboles por entre la abertura de las cortinas.

DIARIO 2 - J.K - 16 DE SEPTIEMBRE DE 1973

 16, Septiembre, 1973

 Durante la mañana, las calles del pequeño pueblo se hallaban vacías, pero más allá la región estaba colmada de árboles, praderas y brisas susurrantes. 

La única calle principal se encontraba iluminada y todo lo demás yacía en la oscuridad. 

El sol se levantaría dentro de unas tres horas. 

Era un amanecer claro bajo la luz de las estrellas. 

Las cumbres nevadas y los glaciares aún estaban en sombras y casi todo el mundo dormía. 

Los estrechos senderos de la montaña tenían tantas curvas que uno no podia avanzar muy rápidamente, el auto era nuevo y hermoso, de buenas líneas y gran potencia. 

En el aire de la mañana, el motor funcionaba con mayor eficiencia. 

En la carretera, ese automóvil era una cosa muy bella de verse,y cuando ascendia tomaba cada recodo con la firmeza de una roca. 

El amanecer estaba próximo, y se veia la forma de los árboles y el largo perfil de los cerros y de los viñedos; iba a ser una mañana encantadora. 

Entre los cerros el ambiente era fresco y agradable. 

El sol se había levantado ya y el rocio cubría las hojas y los prados. 

A él siempre le gustó la mecânica; desmantelaba el motor de un automóvil y cuando éste volvia a funcionar era tan bueno como si fuera nuevo. 

Mientras uno está conduciendo el vehículo, la meditación parece llegar con toda naturalidad. 

Uno se halla atento a la campiña, a las casas, a los campesinos en el sembrado, a la forma del auto que avanza y al cielo azul entre las hojas; ni siquiera se da cuenta de que la meditación ocurre, esta meditación que comenzó hace milénios y habrá de continuar perpetuamente. El tiempo no es un factor en la meditación, ni lo es la palabra -la palabra es el meditador-. 

Toda la tierra está bañada por la luz de una efímera mañana. 

Dos hombres se hallaban disputando a gritos con muchos gestos y con las caras enrojecidas. 

La carretera pasa por una larga avenida de árboles , y la ternura de la mañana se va desvaneciendo. 

El mar se extendía ante uno y en el aire se percibía el perfume de los eucaliptos. 

Era un hombre pequeño, delgado y de fuertes músculos; había venido de un país muy lejano, y estaba tostado por el sol. 

Después de unas pocas palabras de saludo, se lanzó a emitir críticas. 

¡Qué fácil es criticar sin saber cuáles son realmente los hechos! 

Dijo: «Puede que usted sea libre y que viva realmente todo aquello de que habla, pero fisicamente se halla en una prisión protegida por sus amigos. 

Usted no sabe lo que está pasando a su alrededor. 

Hay personas que han asumido la autoridad, aun cuando usted mismo no es autoritário». 

No estoy seguro de que usted esté en lo cierto respecto de esta cuestión. 

Para conducir una escuela o cualquier otra cosa, tiene que haber cierta responsabilidad, y ésta puede y debe existir sin las implicaciones autoritarias. 

La autoridad es totalmente perjudicial para la cooperacion, para que podamos discutir cosas juntos. 

Esto es lo que hacemos en todo el trabajo en que estamos empeñados. 

Éste es un hecho real. 

Si puedo señalarlo, nadie se interpone entre mi y otras personas. 

«Lo que usted está diciendo es de la máxima importancia. 

Todo lo que usted escribe y dice debe ser impreso y hecho circular por un pequeno grupo de personas serias y consagradas. 

El mundo está estallando y a usted lo pasa por alto.» 

Me temo otra vez que usted no se da cuenta totalmente de lo que sucede. 

En un tiempo, un pequeño grupo tomó la responsabilidad de propagar lo que se había dicho. 

Ahora, también, un pequeño grupo ha asumido la misma responsabilidad. 

Si a uno se le permite señalarlo nuevamente, usted no se da cuenta de lo que está sucediendo. 

Él hizo varias críticas más, pero éstas se basaban en presunciones y opiniones efímeras. 

Sin defender nada, uno indico lo que realmente está ocurriendo. 

Pero... qué extraños sòn los seres humanos...

Los cerros retrocedían alejándose, y ya lo rodeaba a uno el ruido de la vida cotidiana, el ir y venir, el dolor y el placer. 

Un árbol solitário sobre un montecillo era la belleza de la tierra. 

Y a gran profundidad en el valle había un torrente, y junto a él corria un ferrocarril. Uno debe dejar el mundo para ver la belleza de ese torrente.

DIARIO 2 - J.K - 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973

15, Septiembre, 1973 

Es bueno estar solo. 

Estar solo es hallarse muy lejos del mundo y, no obstante, caminar por sus calles. 

Estar solo, subiendo por el sendero junto al veloz y ruidoso torrente de la montaña que rebosa con el agua de la primavera y las nieves derretidas, es estar atento a ese árbol solitário, único en su belleza. 

La otra soledad de un hombre en medio de la calle, es el dolor de la vida; él nunca está solo, distante, incontaminado y vulnerable. 

La saturación de conocimientos engendra interminable desdicha. 

Ese hombre que camina por las calles encerrado en si mismo, es la urgencia interna de expresiôn, con sus frustraciones y padecimientos; ese hombre nunca está verdaderamente solo. 

El movimiento de esa soledad es el dolor. 

Este torrente de la montaña estaba repleto y crecido con las nieves disueltas y las lluvias de la temprana primavera. 

Podia escucharse el ruido de las grandes piedras empujadas por la fuerza de las aguas torrenciales. 

Un alto pino de cincuenta años o más se derrumbó en el agua; ésta lavaba el camino dejándolo limpio.

El torrente se veia fangoso, de color pizarra. 

Mas arriba, los campos se encontraban cubiertos de flores silvestres. 

El aire era puro y todo respiraba encantamiento. 

Los altos cerros todavia estaban nevados, y los glaciares y grandes picos retenían aún las nieves recientes; se mantendrían blancos durante todo el verano. 

Era una montarña prodigiosa y uno podría haber seguido caminando perpetuamente, sin que lo afectaran jamás los empinados cerros. 

Había en el aire un perfume nítido y fuerte.

Ese sendero estaba desierto, nadie bajaba o subia por él. 

Uno se hallaba a solas con aquellos oscuros pinos y las aguas torrenciales. 

El cielo tenía ese sorprendente azul que sólo se ve en las montañas. 

Uno lo contemplaba a través de las hojas y los enhiestos pinos. 

No había allí nadie con quien hablar y la mente no parloteaba. 

Una urraca blanquinegra pasó volando y desapareció en el monte. 

El sendero llevaba muy lejos dei ruidoso torrente y el silencio era absoluto. 

No era el silencio que sigue al ruido; no era el silencio que adviene con la puesta del sol, ni era ese silencio que llega cuando la mente se apaga. 

No era el silencio de los museos y las iglesias, sino algo que no tenía relación alguna con el tiempo y el espacio. 

No era el silencio que la mente elabora por sí misma. 

El sol ardia y las sombras eran agradables. 

Sólo recientemente descubrió él que no había un solo pensamiento durante estos largos paseos por las calles atestadas o por los solitários senderos. 

El siempre había sido así, desde que era niño; ningún pensamiento penetraba en su mente. 

El sólo observaba y escuchaba, nada más. 

Nunca surgia el pensamiento con sus asociaciones. 

No había formación de imágenes. 

Un día, de pronto se dio cuenta de lo extraordinário que eso era; a menudo intento pensar, pero no acudia pensamiento alguno. 

En estos paseos, con gente o sin ella, todo movimiento del pensar estaba ausente. 

Esto es estar solo. 

Por encima de los picos nevados iban formándose nubes densas y oscuras; probablemente llovería más tarde, pero ahora las sombras eran muy definidas con el sol claro y brillante. 

Aún persistia en el aire aquel grato perfume, y las lluvias habrian de traer un olor diferente. 

Habia un largo camino de descenso hacia el chalet.

DIARIO 2 - JK

 PREFACIO

 En septiembre de 1973, Krishnamurti comenzó de pronto a llevar un diario. Por cerca de seis semanas, hizo anotaciones en un cuademo de notas. En el primer mes de ese período, estuvo en Brockwood Park, Hampshire, y por el resto del tiempo se alojó en Roma. 

Reanudó el Diário dieciocho meses después durante su permanencia en California. 

Casi todas las anotaciones comienzan con una descripción de algún escenario natural que él conoce íntimamente, aunque en sólo tres ocasiones esas descripciones se refieren al lugar en que él se encuentra en ese momento. 

Así, la primera página de la primera anotación, describe la arboleda que hay en el parque de Brockwood, pero en la segunda página es obvio que su mente se encuentra en Suiza. 

No es sino hasta que para en California, que vuelve a dar una descripción de su ambiente actual. 

En el resto de las anotaciones, evoca lugares en los que ha vivido, y lo hace con tanta nitidez, que ello demuestra la intensidad con que su mente registra los escenarios naturales, intensidad vívida que surge de la agudeza de su observación. 

Este Diário revela también hasta qué grado su enseñanza se inspira en el contacto que él mantiene con la naturaleza. A lo largo de toda la obra, Krishnamurti se refiere a sí rnísmo en tercera persona como «él», e incidentalmente, nos cuenta algo acerca de él mismo, cosa que no había hecho con anterioridad.

MARY LUTYENS


BROCKWOOD PARK, HAMPSHIRE 

14, Septiembre, 1973 

El otro dia, volviendo de un largo paseo en medio de campos y árboles, pasamos por el bosquecillo* que está cerca de la gran casa blanca. 

Al trasponer la escalerilla y penetrar en la arboleda, uno percibió instantáneamente un sentimiento inmenso de paz y quietud. 

Nada se movia. 

Parecia un sacrilégio atravesar el bosquedllo, hollar el suelo; resultaba profano el hablar, incluso el respirar. 

Las enormes sequoias estaban absolutamente inmóviles; los índios americanos las llaman los árboles silenciosos, y ahora se hallaban verdaderamente silenciosos. 

Hasta el perro había dejado de perseguir a los conejos. 

Uno permanecia quieto, atreviéndose apenas a respirar, sintiéndose intruso porque había estado charlando y riendo; y penetrar en esta arboleda sin saber lo que allí había fue una sorpresa y una conmoción, la conmoción de una bienaventuranza inesperada. 

El corazón latia más lentamente, estupefacto ante esa maravilla. 

Ése era el centro de todo este lugar. 

Cada vez que uno penetra ahora en la arboleda existe esa belleza, esa quietud, esa extraña quietud. 

Uno podrá venir cuando lo desee y ello estará ahí, pleno, esplêndido e innominable. 

Cualquier forma de meditación consciente no es la cosa real; jamás puede serlo. 

El intento deliberado de meditár no es meditación- 

* Árboles muy raros, incluso sequoyas, crecen en el bosquecillo de Brockwood-  

Ello debe ocurrir; no puede ser invitado. 

La meditación no es un juego de la mente, ni del deseo y el placer. 

Todo intento de meditación es la negación misma de ello. 

Sólo hay que estar atento a lo que uno piensa y hace, y nada más. 

El ver, el escuchar, es el hacer, sin que en ello exista sentido alguno de recompensa o castigo. 

La destreza en la acción radica en la destreza del ver, del escuchar. 

Toda forma de meditación conduce inevitablemente al engaño, a la ilusión, porque el deseo ofusca, ciega. 

Era un magnífico atardecer y la suave luz primaveral cubría la tierra. 

JIDDU KRISHNAMURTI Y LA REENCARNACIÓN

sábado, 9 de marzo de 2024

JIDDU KRISHNAMURTI Y LA REENCARNACIÓN

 

Jiddu Krishnamurti y la Reencarnación.

Mi hermano John murió en los primeros días de enero de 1972. Esto fue completamente inesperado y un gran choque para mí. El conoció a Krishnaji durante tanto tiempo como yo y muchas veces lo divirtió con sus historias y aventuras personales. Krishnaji acababa de llegar de Europa y estaba viviendo en Malibú en la casa de Mrs. Zimbalist. Le telefonié para darle las tristes nuevas diciéndole que deseaba verlo. El me invitó que viniera al día siguiente a almorzar con él. Me dio sus condolencias muy afectuosamente. A la hora de la mesa fui directamente al punto: “¿Sobreviviría John a su muerte corporal en alguna forma más sutil? Sí o no”. Hubo un momento de silencio. -“Mi sentir corporal agregué- es que él está al lado mío precisamente ahora”.

“Por supuesto que él está precisamente aquí al lado de usted” dijo Krishnaji-. “El está muy cerca de usted y continuará estándolo por algún tiempo”.

Dos horas después todavía estábamos sobre el asunto de la muerte y el más allá. El se refirió a que la parte de la personalidad que sobrevive a la muerte del cuerpo es como un eco en lugar de un cuerpo astral, como los teósofos le llamaban, el eco de la persona que vivió sobre la tierra, dependiendo la duración de su vida en el otro lado, de la fuerza de su personalidad individual en la tierra. “El eco de la doctora Besant por ejemplo dijo él- durará por largo tiempo puesto que ella tenía una muy fuerte personalidad”.

-“Su punto de vista aquí es muy similar al de los teósofos” dije.

-“Con una importante diferencia” dijo él- “No hay substancia permanente que sobreviva a la muerte del cuerpo. Ya sea que el ego dure un año, diez años o un millón de años. Finalmente tiene que terminar”.

La conversación fue una de las más reveladoras e iluminadoras que nunca había tenido con Krishnaji, o algo que yo le hubiera oído sobre este asunto de la muerte y la supervivencia.

Al terminar esto, Mrs. Zimbalist hizo notar que era una lástima no haber grabado esta conversación, ya que aguijoneado por mi insistente preguntar e indagar y ayudado por la simpatía de Mrs. Zimbalist Krishnaji había explorado lo que para nosotros era una nueva dimensión, sobre este fascinante tema.

Krishnaji tiene una extraordinaria capacidad para recordar, cuando él quiere hacer uso de este don, y unos pocos días después, urgido por Mrs. Zimbalist: él, Alain Naudé y Mrs. Zimbalist recrearon toda la conversación que fue grabada, con Naudé preguntando a Krishnaji esencialmente las mismas preguntas que yo había hecho. Esto se hizo en un ambiente mucho más quieto, naturalmente, y siendo las preguntas de Naudé más frías e intelectuales. Ellas no tenían la urgencia y la fuerte emoción de mi enfoque, porque yo estaba herido en aquella ocasión. De todas maneras, me sentí fascinado cuando oí la grabación. Esta no había sido publicada aún, pero aquellos pocos que la habían oído han señalado su fuerte impacto. Krishnaji me ha dado permiso para publicarla en conexión con este breve trabajo y aparecerá en el apéndice.

APÉNDICE

UNA CONVERSACIÓN
Krishnamurti, Alain Naudé, Sra. Mary Zimbalist
Enero 14 de 1972


Krishnamurti
Alain Naudé
Sra. Zimbalist

Krishnamurti: Decíamos que el otro día Sidney Field vino a verme. Su hermano John murió recientemente. Ustedes lo conocieron. Sidney estaba muy interesado en saber si su hermano estaba viviendo en un nivel diferente de conciencia; si se encontraba allí John como una entidad para nacer a una próxima vida. Y si yo creía en la reencarnación, y qué significaba eso. Y así por el estilo tenía cantidad de preguntas. Sidney estaba pasando por un tiempo muy difícil por la muerte de su hermano a quien él amaba y a quien nosotros conocimos durante años y años. Y así, partiendo de esta conversación dos cosas se presentaron. Primera, ¿hay un ego permanente? Si existe tal cosa como algo permanente, entonces ¿cuál es su relación del presente al futuro? Porque si usted admite o acepta o cree o afirma que hay un ego permanente, entonces la reencarnación. . .

Alain N... Es inevitable.

Krishnamurti. No inevitable. Yo no diría inevitable. Es plausible, porque el ego permanente, para mí, sí es permanente, puede ser cambiado en diez años. Puede encarnar en forma diferente en diez años.

Alain N. Todos hemos leído esto en los escritos hindúes. Leímos acerca de niños que recordaban la vida pasada. Sobre una niña pequeña quien dijo: “¿Qué estoy haciendo aquí? Mi casa está en otra aldea. Yo estoy casada, etc. etc. Tengo tres hijos”. Y en muchos casos yo creo que esto ha sido verificado.

K. Yo no sé. Así, allí está eso. Si no hay entidad permanente, entonces ¿qué es la reencarnación? Ambas involucran tiempo. Ambas involucran un movimiento en el espacio. Siendo el espacio el ambiente, las relaciones, las presiones, existiendo todo eso dentro de ese espacio, tiempo.

A. Dentro del tiempo y de las circunstancias temporales.

K. Esto es la cultura, etc.

A. Dentro de alguna especie de ambiente social.

K. Así, ¿hay allí un yo permanente? Evidentemente no. Pero Sidney dijo: “Entonces ¿por qué siento que John está conmigo? Cuando entro al cuarto sé que él está allá. Yo no me estoy engañando, no lo estoy imaginando -lo siento a él allá como siento a mi hermana quien ayer estaba en ese cuarto. Esto es tan claro y tan definido como esto.

A. Y también, señor, cuando usted dice “evidentemente no”. ¿Explicaría usted eso?

K. Pero, espere, si él dice mí hermano está allí, yo dije: “por supuesto que él está allí”, porque ante todo, usted tiene sus asociaciones y memorias de John y esas son proyectadas, y esas proyecciones son sus recuerdos.

A. Así, lo que el John que está contenido dentro de usted es eso.

K. Es eso. Y cuando John vivía estaba asociado con usted. Su presencia está con usted. Mientras que él estaba viviente, usted podía no haberlo visto en todo el día, pero su presencia estaba en ese cuarto.

A. Su presencia estaba allí y quizá esto es lo que la gente quiere decir cuando habla de una aura.

K. No, el aura es diferente. No nos adelantemos aún.

A. - ¿Puedo interrumpir? Cuando usted dice que él estaba en ese cuarto sea vivo o muerto, ¿estaba allí algo externo a su hermano y su hermana que estaban allí o estaba eso en su conciencia?

K. Estaban ambas, en su conciencia y fuera de su conciencia. Yo puedo proyectar a mi hermano y decir que él estaba conmigo la noche pasada, sintiendo que estaba conmigo. Eso puede emanar de mí, o John, que murió hace diez días su atmósfera, sus pensamientos, su manera de conducirse, aún permanecían allí aún cuando físicamente él ya podía no estar allí.

A. El moméntum psíquico.

K. El calor físico.

Z. ¿Está usted diciendo que allí hay una especie de energía, para decirlo de un modo diferente, la cual se desprende de los seres humanos?

K. Hay una fotografía de un estacionamiento tomada cuando hubo allí muchos carros y la foto los mostraba, aunque en realidad allí no había carros, la forma de los carros que habían estado allá, fue lo que mostraba la fotografía.

A. Sí, yo la vi.

K. Esto es calor que el carro había dejado, quedó sobre el negativo.

A. Y también, un día, cuando estábamos todos viviendo en Gstaad, la primera vez que fui su huésped en Gstaad, estábamos viviendo en “Les Capris”, usted salió para América primero que nosotros y yo fui a su departamento. Usted estaba allí y a la vez camino de América, y su presencia estaba allí extremadamente fuerte.

K. Así es eso.

A. Su presencia era tan fuerte que uno sentía que podía tocarla. Esto no fue simplemente porque yo hubiera estado pensando en usted antes de entrar al departamento.

K. Por tanto, hay tres posibilidades; Yo proyecto hacia afuera mi recuerdo y mi conciencia, o bien pesco la energía residual de John.

A. Como un aroma que pudiera perdurar.

K El pensamiento de John o la existencia de John está aún allí.

A. Esta es la tercera posibilidad.

Z. ¿Qué quiere usted decir por “La existencia de John”?

A. -¿Qué John está realmente allí como antes de morir? La tercera posibilidad.

K. Yo vivo en un cuarto por cierto número de años. La presencia de ese cuarto contiene mi energía, mis pensamientos mis sentimientos.

A. Ello contiene su propia energía y cuando nos cambiamos a una nueva casa a veces toma tiempo antes de que podamos deshacernos de la persona que estuvo antes allí, aunque usted no la hubiera conocido.

K: Así, esas son las tres posibilidades. Y otra es el pensamiento de John, porque John se apegaba a la vida. Los deseos de John están allá en el aire, no en el cuarto.

A: En forma inmaterial.

K: Sí, ellos están allí justamente como un pensamiento.

A: ¿Y esto quiere decir que John está consciente y allí hay un ser que es autoconsciente llamándose a sí mismo John pensando esos pensamientos?

K: Lo dudo.

A: Pienso que es lo que la gente que cree en la reencarnación postularía.

K: Vea lo que ocurre, señor. Esto hace cuatro posibilidades y la idea de que John, cuyo cuerpo físico se ha ido, existe en pensamiento.

A: ¿En su propio pensamiento o en el de alguien más?

K: En su propio pensamiento.

A: - ¿Existe como una entidad pensante?

K: Existe como una entidad pensante.

A: Es un ser consciente.

K: Esto es (escuchen esto, es muy interesante) John continúa porque él es el mundo de la vulgaridad, de la codicia, de la envidia, de la bebida y de la competencia. Este es el patrón común del hombre. Eso continúa y John puede ser identificado con eso o es eso.

A: John es los deseos, los pensamientos, las creencias, las asociaciones.

K: Del mundo.

A: Las cuales están encarnadas y son materiales.

K: Lo cual es el mundo en el cual está cada uno.

A: Es algo grande lo que usted está diciendo. Sería muy bondadoso que usted pudiera explicarlo un poco más. Cuando usted dice que John persiste, que John continúa, porque es la continuación de lo vulgar en él siendo lo vulgar lo mundano, lo material y las asociaciones.

K: Eso es, temor, deseo de perder, posesión.

A: Deseo de ser una entidad.

K: Así es, porque eso es una cosa común del mundo. Él es del mundo y el mundo por esto encarna.

A: Usted dice que el mundo encarna.

K: Tome como ejemplo la masa del pueblo. Ellos están atrapados en esa corriente y esa corriente sigue. Yo puedo tener un hijo quien es parte de esa corriente y en esa corriente está también John como un ser humano atrapado en ella. Y mi hijo puede recordar algunas de las actividades de John.

A: Pero usted está diciendo algo diferente.

K: Sí.

A: Usted está diciendo que John está contenido en todas las memorias que todas las distintas gentes tienen de él. A ese respecto podemos ver que él existe. Porque yo recuerdo a un amigo mío muerto no hace mucho y era muy claro para mí pensar en eso que de hecho él estaba muy, muy vivo en las memorias de todas las gentes que lo habían amado.

K: Así es precisamente.

A: Por lo tanto, él no estaba ausente del mundo, él estaba aún en la corriente de los acontecimientos a los cuales llamamos el mundo, y que son las vidas de diferentes seres quienes se habían asociado con él. En este sentido vemos que él puede quizá vivir para siempre.

K: A menos que él rompa con eso, salir fuera de la corriente. Un hombre que no es vulgar (permítaseme usar esa palabra, vulgar representa todo esto: codicia, envidia, poder, posición, odio, deseo, todo eso. Llamemos a eso vulgar) A menos que yo me libre de lo vulgar, continuaré representando el conjunto de la vulgaridad, la total vulgaridad del hombre.

A: Sí, yo seré esa vulgaridad por perseguirla y de hecho encarnar en ella dándole vida.

K: Por lo mismo, yo encarno en esa vulgaridad. Esto es: primero puedo proyectar a John, mi hermano.

A: En mi pensamiento, mi imaginación o recuerdo de él. El segundo punto, yo puedo recoger su energía kinética que aún se encuentra a su alrededor.

K: Su aroma, su gusto, su manera de hablar.

A: La pipa que estaba aún sin fumar sobre el escritorio la carta a medio terminar.

K: Todo eso.

A: Las flores que recogió en el jardín.

K: Tercero. El pensamiento permanece en el cuarto.

A: ¿Permanece el pensamiento en el cuarto?

K: Los sentimientos.

A: Uno pudiera decir que es el equivalente psíquico de su energía kinética.

K: Sí.

A: Su pensamiento permanece casi como un olor material, como un olor físico.

K: Así es.

A: La energía del pensamiento permanece como un viejo saco que usted ha colgado.

K: El pensamiento, la voluntad, si él tiene una muy fuerte voluntad, deseos y pensamientos activos, eso también permanece.

A: Pero eso no es diferente del tercer punto. El tercer punto es que el pensamiento permanece, el cual es voluntad, el cual es deseo.

K: El cuarto punto es el del río de la vulgaridad.

A: Esto no es muy claro.

K: Mire, señor, yo vivo una vida ordinaria, como millones y millones de gentes.

A: Sí, persiguiendo metas, esperanzas y temores.

K: Yo vivo esa acostumbrada vida. Un poco más refinada, un poco más elevada o más baja a lo largo de la misma corriente. Yo sigo esa corriente. Yo soy esa corriente. Yo, siendo esa corriente, estoy abocado a continuar en esa corriente, la cual es la corriente del “yo”. No soy diferente de los millones de las otras gentes.

A: Por lo tanto, está usted diciendo, señor, que aún muerto yo continúo porque las cosas que era yo mismo, continúan.

K: En el ser humano.

A: Por lo tanto, yo sobrevivo. Yo no era diferente de las cosas que llenaba y preocupaban mi vida.

K: Así es.

A: Desde luego que estas cosas que llenaban y preocupaban mi vida, sobreviven por decirlo así, yo sobrevivo puesto que ellas lo hacen.

K: Correcto. Es el cuarto punto.

A: La pregunta es acerca del quinto. Hay una entidad consciente, pensante, que sabe que es consciente cuando todo el mundo dice: “Allí va el pobre viejo John” aun cuando lo han puesto en la tierra, hay una entidad consciente que inmaterialmente dice: “Muy gracioso, ellos han puesto este cuerpo en la tumba pero yo tengo consciencia de estar vivo”.

K: Sí.

A: Esta es la pregunta que pienso que es difícil de contestar.

K: Sidney ha hecho esta pregunta.

A: Porque nosotros vemos que todo mundo existe en estas otras formas después de la muerte.

K: Usted está haciendo la pregunta, ¿acaso John cuyo cuerpo fue quemado, cremado acaso esa entidad continúa viviendo?

A: ¿Acaso esta entidad continúa teniendo conciencia de su propia existencia?

K: Yo pregunto si hay un John separado.

A. Usted dijo al principio “¿Hay tal cosa como un ego permanente?” Usted dijo: “Evidentemente no”.

K: Cuando usted dice que John, mi hermano, está muerto y pregunta si está viviendo, viviendo en una conciencia separada, yo pregunto si él estuvo alguna vez separado del río.

A: Sí.

K: ¿Sigue usted lo que estoy diciendo, señor?

A: ¿Hubo allí un John vivo?

K: Cuando John estaba vivo, era diferente del río?

A: La corriente llenaba su conciencia de sí mismo. Su conciencia del mismo era la corriente conociéndose a sí misma.

K: No, señor. Vaya despacio. Esto es algo complicado. El río de la humanidad es cólera, odio, celos, búsqueda de poder posición, trampas, corrupción, contaminación. Esta es la corriente. De ese río es mi hermano John. Cuando él existió físicamente, tenía un cuerpo material, pero psicológicamente era todo eso. Por lo tanto, ¿fue él alguna vez diferente de esto? ¿De esta corriente? O, ¿tan sólo físicamente diferente y por lo tanto, pensaba que él era diferente. ¿Sigue usted mi punto?

A: Había una entidad que era autoconsciente…

K: Como John.

A: El era autoconsciente y la corriente estaba en relación con él.

A: Mi mujer, mi hijo, mi amor.

K: Pero ¿era John enteramente diferente de la corriente? Este es mi punto. Por lo tanto, lo que está muerto es el cuerpo. Y la continuación de John es parte de esa corriente. Yo, como su hermano, querría pensar de él como separado porque él vivió conmigo como un ser separado físicamente. Internamente él perteneció a la corriente. Por lo tanto, ¿había allí un John que fuera diferente de la corriente? Y, si él era diferente, entonces ¿qué ocurre? Yo no sé si usted sigue esto.

A: Hay una corriente desde fuera y hay una corriente desde dentro. La vulgaridad que se ve en la calle, es diferente al hombre que se siente a sí mismo estar actuando en el momento de esa vulgaridad. Yo insulto a alguien. Esto es vulgaridad. Usted ve esa vulgaridad desde afuera y dice que ese es un acto vulgar. Yo que estoy insultando a alguien, veo el acto en una forma diferente. Yo siento la vida autoconsciente en el momento en que insulto. De hecho, yo insulto porque hay una conciencia actuando como un “yo”. Me estoy protegiendo a mí mismo, por tanto, insulto.

K: Mi punto es, esto es lo que está ocurriendo con cien millones de gentes. Millones de gente. Mientras yo estoy nadando en esa corriente, ¿soy acaso diferente? ¿Es el verdadero John diferente de la corriente?

A: ¿Existió alguna vez un John?

K: Este es todo mi punto.

A: Hubo una determinación consciente la cual se sintió a sí mismo ser John.

K: Sí, pero yo puedo imaginarlo. Yo puedo inventar que soy diferente.

A: Había imaginación, pensamiento, llamándose a sí mismo John.

K: Sí, señor.

A: Ahora, ¿acaso ese pensamiento sigue llamándose a él mismo John?

K: Pero yo pertenezco a esa corriente.

A: Usted siempre pertenece a la corriente.

K: No existe entidad separada como John, quien fue mi hermano y quien ahora está muerto.

A: ¿Está usted diciendo que allí no había individuo?

K: No, esto es lo que nosotros llamamos permanente. El ego permanente es esto.

Z. El cual pensamos que es individual.

K: Lo individual, lo colectivo, el “yo”.

A: Sí, la creación del pensamiento, la cual se llama a sí mismo “yo”.

K: Sí, eso es de esa corriente.

A: Así es.

K: Por lo tanto, ¿acaso hubo alguna vez un John? Hay solamente un John cuando él esté fuera de la corriente.

A: Así es.

K: Así, primero estamos tratando de descubrir si hay un ego permanente que encarna.

A: La naturaleza del ego es impermanente.

K: La reencarnación es en toda el Asia y entre la gente moderna que cree en ella, digamos, que hay un ego permanente. Usted emplea muchas vidas hasta que pueda ser disuelto y absorbido en Brahma y todo eso. Ahora, ¿existe, desde el principio una entidad permanente una entidad que dura por siglos y siglos? No hay tal entidad permanente y esto es evidente. Me gusta pensar que soy permanente. Mi permanencia se identifica con mis muebles mi esposa, mi marido, las circunstancias. Estas son palabras e imágenes del pensamiento. Realmente yo no poseo esta silla. La llamo mía.

A: Exactamente. Piensa usted que es una silla y usted se la apropia.

K: Me gusta pensar que la poseo.

A: Pero esto es nada más una idea.

K: Así, observe esto: No existe “yo” permanente. Si hubiera un “yo” permanente éste sería esta corriente. Ahora bien, dándome cuenta que yo soy como el resto del mundo, que no hay un K. separado o un John como mi hermano, entonces yo puedo encarnar si yo salto fuera de la corriente. Encarnar en el sentido de que el cambio puede tener lugar fuera de la corriente. En la corriente no hay cambio.

A: Si hay permanencia ésta es fuera de la corriente.

K: No, señor, la permanencia, la semipermanencia, es la corriente.

A: Y por lo tanto, no es permanente. Si esa fuera permanente no sería la corriente. Por lo tanto, si hay una entidad. entonces esa debe existir fuera de la corriente. Por lo tanto, aquello que es verdad, la cual es permanente, no es algo.

K: No está en la corriente.

A: Correcto.

K: Cuando Naudé muera, mientras que él pertenece a la corriente, esa corriente y su fluir es semipermanente.

A: Sí, eso sigue. Es una cosa histórica.

K: Pero si Naudé dice, yo encarnaré, no en la próxima vida, ahora, mañana, lo cual quiere decir: yo me saldré de la corriente, él no pertenece ya a la corriente, por lo tanto, no hay nada permanente.

A: No hay nada que reencarne; por lo tanto, aquello que reencarna, si la reencarnación es posible, no es permanente de ninguna manera.

K: No, esa es la corriente.

A: Eso es muy temporal.

K: No lo ponga de esa manera.

A: Una entidad separada no es real.

K: No, mientras yo pertenezca a la corriente.

A: Yo realmente no existo. . .

K: No hay entidad separada. Yo soy el mundo.

A: Esto es así.

K: Cuando yo me salgo del mundo, ¿hay un “yo” que continúa?

A: Exactamente. Eso es hermoso.

K: Así, lo que estoy tratando de hacer es justificar la existencia de la corriente.

A: ¿Es eso lo que estamos haciendo?

K: Por supuesto, cuando yo digo que debo tener muchas vidas y por lo mismo debo ir a través de la corriente.

A: Entonces, lo que tratamos de hacer es tratar de establecer que somos diferentes de la corriente.

K: No lo somos.

A: No somos diferentes de la corriente.

K: Así, señor ¿qué ocurre entonces? Si no existe un John permanente, o Naudé o Zimbalist, ¿Qué ocurre? Recuerde usted, señor, creo haber leído en la tradición Tibetana o en alguna otra tradición, que cuando una persona muere, cuando está agonizando el sacerdote o el monje se acerca y envía toda la familia fuera, cierra la puerta y dice al hombre moribundo -“Mire usted, está muriendo déjese ir- deje todos sus antagonismos, todas sus mundanalidades toda su ambición, déjelo ir, porque usted va a encontrarse con una luz en la cual usted será absorbido si usted lo permite. Si no, usted regresará. Lo cual es regresar a la corriente. Estará de nuevo en la corriente.

A: Sí.

K: Así, ¿qué ocurre a usted si se sale de la corriente?

A: Usted se sale de la corriente, usted cesa de ser, pero de todas maneras, el “yo” que usted era, era solamente creado por el pensamiento.

K: El cual es la corriente.

A: La vulgaridad.

K: La vulgaridad. ¿Qué ocurre si usted sale de la corriente? El salirse es la encarnación. Sí, señor, pero esto es una cosa nueva en la que usted está entrando. Es una nueva dimensión que viene a ser.

A: Sí.

K: Ahora, ¿qué ocurre? ¿Sigue usted esto? Naudé se ha salido de la corriente. ¿Qué ocurre? Usted no es un artista. No es un hombre de negocios. No es un político. Toda esa identificación es parte de la corriente.

A: Todas las cualidades.

K: Todas las cualidades. Cuando usted descarta todo eso ¿qué ocurre?

A: Usted no tiene identidad.

K: La identidad está aquí. Digamos por ejemplo, Napoleón o cualquiera de esos llamados líderes mundiales, ellos mataron, ellos asesinaron, ellos hicieron todos los errores imaginables, ellos vivieron y murieron en la corriente, ellos eran de la corriente. Esto es muy sencillo y muy claro. Hay un hombre que sale de la corriente.

A: ¿Antes de la muerte física?

K: Por supuesto, de otra manera no habría caso.

A: Por lo tanto, otra dimensión nace.

K: ¿Qué ocurre?

A: El final de la dimensión que es familiar para nosotros es otra dimensión, pero esa no puede nombrarse en forma alguna porque toda postulación está en términos de la dimensión en la que estamos.

K: Sí. Pero suponga que usted, viviendo ahora. . .

A: Se sale de ella.

K: Se sale de la corriente, ¿qué ocurre?

A: Esto es muerte, señor.

K: No, señor.

A: Esto es muerte, pero no muerte física.

K: Ve usted, usted se sale de ella, ¿qué ocurre?

A: Nada puede decirse sobre lo que ocurre.

K: Espere, señor. Ve usted, ninguno de nosotros sale del río y estamos siempre desde el río tratando de llegar a la otra orilla.

A: Es como una gente hablando de un profundo sueño cuando despierta.

K: Esto es así señor. Pertenecemos a esta corriente todos nosotros. El hombre pertenece a la corriente y desde la corriente quiere llegar a la otra orilla, sin dejar nunca el río. Ahora el hombre dice muy bien, yo veo la falacia de todo eso lo absurdo de mi posición.

A: Usted no puede hablar de otra dimensión desde la vieja dimensión.

K: Por tanto, dejo ésta. Así, la mente dice: “¡Fuera!” Él se sale y ¿qué ocurre? No lo verbalice.

A: Lo único que se puede decir sobre esto en términos de la corriente, es silencio. Porque éste es el silencio de la corriente y también puede decirse que es la muerte de la corriente. Por lo tanto, en términos de la corriente esto a veces se llama olvido.

K: Usted sabe lo que significa salir de la corriente. No carácter.

A: No memoria.

K: No, señor, vea No carácter porque en el momento en que usted tiene carácter, eso es de la corriente: en el momento en que usted dice que es virtuoso o no virtuoso , usted es de la corriente. Salirse de la corriente es salirse de esta total estructura. Así, la creación, como la conocemos, está en la corriente, Mozart, Beethoven, ¿sigue usted?- los pintores, todos ellos están aquí.

A: Yo pienso quizá, señor, que algunas veces, los que están en la corriente, están vivificados, como si dijéramos, con algo que es de más allá.

K: No, no, no puede ser. No diga estas cosas porque yo puedo crear en la corriente. Puedo pintar maravillosos cuadros. ¿Por qué no? Puedo componer las más extraordinarias sinfonías, toda la técnica. . .

A: ¿Por qué son ellas extraordinarias?

K: Porque el mundo las necesita. Existe la necesidad, la demanda y el suplirla. Yo estoy diciendo a mí mismo qué ocurre al hombre que realmente sale fuera. Aquí en el río, en la corriente, la energía está en conflicto, en contradicción, en lucha, en vulgaridad; pero esto va a seguir todo el tiempo.

A: Yo y usted.

K: Sí. Esto sigue todo el tiempo. Cuando él se sale de allí no hay conflicto, no hay división como mi país y su país.

A: No división.

K: No hay división. Así ¿cuál es la calidad de ese hombre, de esa mente que no tiene sentido de división? Esto es pura energía, ¿no es así? Por tanto nuestro interés es esta corriente y el salir de ella

A: Esta es meditación, esta es verdadera meditación, porque la corriente no es vida. La corriente es totalmente mecánica.

K: Yo debo morir a la corriente.

A: Todo el tiempo.

K: Todo el tiempo y por lo tanto debo negar, no negar, yo no debo estar mezclado con John quien está en la corriente.

A: Uno debe repudiar las cosas de la corriente.

K: Eso significa que yo debo repudiar a mi hermano.

A: Debo repudiar tener un hermano. ¿Ve usted lo que esto significa?

K: Veo que mi hermano pertenece a esto y como me he salido de la corriente mi mente está abierta. Pienso que esto es compasión.

A: Cuando la corriente es vista desde esto que no es de la corriente.

K: Cuando el hombre de la corriente sale de ésta y mira, entonces él tiene compasión.

A: Y amor.

K: Así, vea usted, señor, la reencarnación que es encarnar una y otra vez, está en la corriente. Esto no es muy consolador. Yo vengo a usted y le digo: “Mi hermano murió ayer” y usted me dice esto. Yo lo llamo a usted un hombre terrible y cruel. Pero usted está llorando por usted mismo, usted está llorando por mí, por la corriente. Esto es el motivo por lo que la gente no quiere saber. Yo quiero saber dónde está mi hermano, no lo que él es.



K R I S H N A M U R T I
El Cantor y la Canción
(Memorias de una amistad)
Sidney Field Povedano
EDITORIAL ORIÓN
MÉXICO
1988