OBRAS COMPLETAS - TOMO 1 - CONTINUACIÓN -

Ommen, Holanda, 1933 

PRIMERA PLÁTICA EN OMMEN

 Si es posible, quisiera que durante las tres semanas que va a durar, este campamento sea diferente de los otros campamentos que tuvimos hasta ahora. Durante estas tres semanas procuraré expresar con claridad mis ideas. Por favor, traten de comprender su plena significación; no se vayan, cuando termine el campamento, con sólo una nueva serie de ilusiones encubriendo las ilusiones viejas. Si lo que digo no está claro, formulen preguntas y lo explicaré una y otra vez, no importa cuán a menudo tenga que hacerlo. Si todos pensáramos de la misma manera, ustedes no estarían aquí en esta reunión. Pero durante estas pláticas voy a tratar de explicar las diferencias, de modo que nos comprendamos el uno al otro. Seamos francos, no tratemos de asentir a cosas que no comprendemos. Al presente, siento que ustedes no están seguros acerca de lo que pienso. Durante los numerosos campamentos anteriores, hasta el de hoy, siento que jamás hemos tratado de averiguar lo que cada uno piensa realmente. Ustedes nunca han estado muy seguros de lo que pienso ni de lo que ustedes mismos piensan. El punto importante no es si ustedes están atados por antiguas tradiciones o viejos sistemas de pensamiento, sino que se den cuenta realmente de lo que piensan, que estén totalmente seguros del propio pensar. Entonces, si yo digo algo que se opone a lo que ustedes piensan, no hay arreglo posible. Porque todo arreglo destruye la plenitud de acción. Esto no quiere decir que ustedes deban adoptar mis ideas y forzarse a considerar la vida como yo lo hago. Por favor, no piensen que al combinar sus ideas con las mías van a realizar un todo unificado. Es en la plena realización de un recto pensar que puede haber integridad. Me temo que la mayoría de ustedes procura llegar a un arreglo interno. Esto, entre otras cosas, trataré de explicarlo durante estas tres semanas.

Si estuvieran contentos y felices con la vida, no vendrían aquí. Casi todos están aquí porque perciben que hay mucha crueldad, mucho sufrimiento en el mundo, y como ustedes mismos forman parte de él, quieren averiguar si es posible una comprensión verdadera y perdurable respecto de este caos aterrador. Porque, sin esta comprensión, existe un temor constante a la absoluta vacuidad de la mente y el corazón. Esto podemos discutirlo simple y francamente, sólo cuando ustedes saben por sí mismos lo que realmente piensan; pero si no saben lo que piensan, entonces me temo que no van a comprender lo que trato de decir. Muchos de ustedes vienen a estas reuniones con el deseo de encontrar un nuevo conjunto de creencias y sistemas en los cuales puedan refugiarse confortablemente. Pero yo no puedo ofrecérselos, puesto que no hay refugios ni escapes respecto de la vida. Estas creencias son trampas e ilusiones que destruyen por completo la comprensión. Inconscientemente, ustedes anhelan siempre estas ilusiones consoladoras; es natural, pues, que lo que digo les cause decepción, perplejidad. Escuchan lo que digo, pero mis palabras los dejan en una gran confusión. Ahora, antes de continuar con lo que quiero decir, por favor, déjenme aclarar uno o dos puntos. Yo no estoy hablando a un auditorio con una sola mente, un corazón, una creencia; no hablo a un grupo de personas que vienen aquí por placer o a causa del hábito, o a un núcleo de oyentes con espíritu sectario. No hablo a una asamblea de meros reformadores. No me dirijo a un grupo; estoy hablando a individuos. Porque únicamente cuando estamos por completo solos en lo interno, somos capaces de discernir lo verdadero. Permítanme repetir que no soy un reformador. No estoy aquí para reformarlos, para forzarlos a seguir un nuevo conjunto de creencias. Por favor, comprendan lo que esto significa. La mayoría de ustedes quiere moldearse conforme a cierto patrón, ajustarse a una serie de ideas, de creencias. Ahora bien, este intento de forzar a la mente y al corazón según una creencia, un modelo, debe crear inevitablemente conflicto y sufrimiento. Por lo tanto, no estoy creando un nuevo sistema para que ustedes lo sigan, no les estoy ofreciendo una nueva serie de creencias que les sirvan como guía. Las personas quieren encajar en un molde, porque piensan que vivir de acuerdo con un patrón puede ser más fácil, más seguro y más libre de sufrimiento que vivir sin tal patrón. Luchan para hacer que sus vidas mentales y emocionales encajen a la fuerza en los surcos de un sistema establecido. Entonces, habiéndose amoldado, tratan de forzar a otros para que reformen sus vidas. Y a esto lo llaman ayudar y reformar al mundo, servir a la humanidad y otras frases que suenan muy bien.

Pues bien, yo no deseo reformarlos. Lo que quiero hacer es ayudarlos a que perciban las barreras que los rodean; cuando las hayan discernido, podrán librarse de ellas por sí mismos, y no reformarse para encajar en algún otro patrón. Cuando ustedes mismos se abran paso por estos patrones y sistemas, su acción se torna espontánea. Entonces ya no está atada por la mera costumbre, ya no nace del mero hábito. Cuando se liberan de las numerosas barreras que encierran a la mente y al corazón, la realidad puede fluir sin obstáculos. Tal vez ahora la existencia de ustedes sea muy plácida y satisfactoria, lo cual quizá sea tomado por una vida de comprensión, pero en realidad pueden haberse protegido meramente contra problemas y conflictos acudiendo a creencias, ideales y explicaciones. Pero están conscientes de la existencia, únicamente cuando hay conflicto, pena y sufrimiento; gracias a eso adviene la verdadera comprensión de la vida. Por ejemplo, un tobillo luxado: en tanto esté cuidadosamente vendado y no se use, puede que no duela, pero cuando se usa, la sangre bulle a través de él y ocasiona dolor. De igual modo, tienen ustedes muchas ideas tergiversadas y juicios extraviados, de los cuales son por completo inconscientes. Se revelan sólo a causa del conflicto y el sufrimiento, siempre que no los evadan. Cuando toman conciencia, mental y emocionalmente, de estas barreras, sin volver a moldearse conforme a otro patrón, la libertad respecto de estas limitaciones es un avance inteligente, sin que haya una disciplina y un control autoimpuestos. Casi todos piensan sólo en términos de reforma, pero no en un cambio completo, revolucionario. Insisten, por ejemplo, en el valor de la disciplina.

 Creen que pueden reformarse sólo mediante un rígido autocontrol. Creen, o bien en una disciplina artificial impuesta externamente tal como la que imponen la sociedad, la religión y las condiciones económicas, o en una disciplina interna conforme a la cual se gobiernan a sí mismos. Un hombre adopta ya sea un patrón externo a modo de faro por el cual guía sus pensamientos, o crea un patrón interno que guía sus acciones. Ése es el caso con la mayoría de la gente. Yo no creo en la disciplina reformadora. Para mí, la disciplina es meramente destructiva, limita el corazón y la mente. Más adelante volveremos a esta cuestión. Hablo de ella aquí sólo para señalar que, desde mi punto de vista, no puede haber reforma en cuanto a la disciplina. Puesto que ustedes creen en ella, puesto que su estructura de pensamiento se basa en la disciplina, en el control, en la autoridad, surge naturalmente una confusión entre lo que yo digo y las convicciones de ustedes. Al descubrir que las antiguas creencias, tradiciones e ideales ya no tienen ningún significado profundo, buscan ustedes nuevos ideales, una nueva ética y nuevos conceptos para reemplazar a los viejos. Así, van de un maestro a otro, de una secta o religión a otra, esperando que, al juntar muchos finitos, tendrán el infinito, como la abeja que junta miel. O bien buscan un cambio que redituará una sensación nueva y más intensa, o en lugar de eso existe el deseo de una profunda seguridad interna por medio de un nuevo sistema de creencias e ideales y de sus exponentes. ¿Cuál de estas cosas están buscando? Si no buscan ninguna de estas cosas, ni sensación ni seguridad, entonces hay en ustedes un profundo anhelo de comprender la vida misma, porque se dan cuenta de que únicamente desde esta comprensión puede haber un nuevo concepto de moralidad y acción. Pero para captar plenamente el significado de esto, la mente debe estar libre del deseo de seguridad y de sensación. Ésta es una de las tareas más difíciles: preservar la mente y el corazón de la conformidad y del conocimiento acumulativo, que se vuelven meramente una garantía contra el presente siempre cambiante o contra el futuro. El fondo de reserva de estas garantías crea la conciencia limitada del “yo”. Entre estas garantías protectoras y el movimiento de la vida, tiene que surgir inevitablemente el conflicto. Para escapar de este conflicto, la mente crea más seguridad e ilusiones, volviéndose más y más intrincada y limitada. Tomen el caso de un hombre rico; siente temor al vacío que existiría en su vida si perdiera sus posesiones. Como teme esto, trata de asegurarse cada vez más, mediante el continuo intento de aumentar esas posesiones.

 Creen que pueden reformarse sólo mediante un rígido autocontrol. Creen, o bien en una disciplina artificial impuesta externamente tal como la que imponen la sociedad, la religión y las condiciones económicas, o en una disciplina interna conforme a la cual se gobiernan a sí mismos. Un hombre adopta ya sea un patrón externo a modo de faro por el cual guía sus pensamientos, o crea un patrón interno que guía sus acciones. Ése es el caso con la mayoría de la gente. Yo no creo en la disciplina reformadora. Para mí, la disciplina es meramente destructiva, limita el corazón y la mente. Más adelante volveremos a esta cuestión. Hablo de ella aquí sólo para señalar que, desde mi punto de vista, no puede haber reforma en cuanto a la disciplina. Puesto que ustedes creen en ella, puesto que su estructura de pensamiento se basa en la disciplina, en el control, en la autoridad, surge naturalmente una confusión entre lo que yo digo y las convicciones de ustedes. Al descubrir que las antiguas creencias, tradiciones e ideales ya no tienen ningún significado profundo, buscan ustedes nuevos ideales, una nueva ética y nuevos conceptos para reemplazar a los viejos. Así, van de un maestro a otro, de una secta o religión a otra, esperando que, al juntar muchos finitos, tendrán el infinito, como la abeja que junta miel. O bien buscan un cambio que redituará una sensación nueva y más intensa, o en lugar de eso existe el deseo de una profunda seguridad interna por medio de un nuevo sistema de creencias e ideales y de sus exponentes. ¿Cuál de estas cosas están buscando? Si no buscan ninguna de estas cosas, ni sensación ni seguridad, entonces hay en ustedes un profundo anhelo de comprender la vida misma, porque se dan cuenta de que únicamente desde esta comprensión puede haber un nuevo concepto de moralidad y acción. Pero para captar plenamente el significado de esto, la mente debe estar libre del deseo de seguridad y de sensación. Ésta es una de las tareas más difíciles: preservar la mente y el corazón de la conformidad y del conocimiento acumulativo, que se vuelven meramente una garantía contra el presente siempre cambiante o contra el futuro. El fondo de reserva de estas garantías crea la conciencia limitada del “yo”. Entre estas garantías protectoras y el movimiento de la vida, tiene que surgir inevitablemente el conflicto. Para escapar de este conflicto, la mente crea más seguridad e ilusiones, volviéndose más y más intrincada y limitada. Tomen el caso de un hombre rico; siente temor al vacío que existiría en su vida si perdiera sus posesiones. Como teme esto, trata de asegurarse cada vez más, mediante el continuo intento de aumentar esas posesiones.

Para librarse de esta búsqueda de seguridad y poder, ustedes crean mentalmente su opuesto. Pero, al hacerlo, están creando meramente otro conjunto de seguridades, sólo que las llaman con nombres diferentes. Este opuesto es nada más que otra forma de seguridad, aun cuando la llamen amor, humildad, servicio, seguimiento de la verdad. Tratan de ser sinceros respecto de este nuevo opuesto, glorificándolo con los nombres de paz, humildad, servicio, como opuestos a la seguridad, al poder. Abandonan cierto grupo de ideas, de conceptos y crean unos nuevos que se convierten en la seguridad que buscan. Y los protegen tan cuidadosamente como el rico guarda su tesoro, tanto por parte del grupo como del individuo. Por lo tanto, han cambiado -si a esto se le puede llamar cambio en absoluto- meramente de un grupo de ideas a otro con nombres diferentes, pero bajo la nueva envoltura son los mismos deseos, las mismas esperanzas de seguridad. Para mí, no hay tal cosa como la seguridad; sin embargo, es lo que casi todos buscan constantemente, aun cuando cada cual pueda disfrazarla con una palabra distinta. Con el deseo consciente o inconsciente de alguna clase de seguridad, vienen ustedes a escucharme; toman mis palabras y fabrican con ellas la estructura de lo que anhelan. De esta contradicción surgen la confusión y la apariencia de una cualidad negativa en aquello que digo. Por esta razón, descubran qué es lo que están buscando. Si encuentran que realmente desean seguridad, entonces investiguen eso profundamente, completamente, con la totalidad del ser. Así comprenderán que la seguridad no existe. Cuando descubran eso, puede que se vuelvan hacia lo opuesto, puede que traten deliberadamente de adquirir inseguridad, la cual será sólo otra forma de seguridad. Cuanto más ahondan en la investigación de su seguridad, tanto más floja se vuelve ésta. Carece de consistencia. Perdería todo su asidero en ustedes, pero tienen miedo de soltarla porque temen al vacío que entonces podría sobrevenir a la mente y al corazón. Para descubrir por ustedes mismos qué es lo que están buscando, tiene que haber franqueza; franqueza, no sinceridad. Uno puede ser sincero respecto de una idea, pero la idea puede ser una ilusión, puede ser totalmente falsa. Los tontos son sinceros respecto de una idea o de alguna cosa. Después de todo, no hay una gran diferencia entre el tonto que es sincero respecto de una sola idea y aquéllos que tratan de ser sinceros respecto de muchas ideas. La sinceridad implica dualidad. Implica al actor y la cosa o persona o idea respecto de la cual él trata de ser sincero. De esta dualidad surge una contradicción hipócrita. La franqueza no admite dualidad y, en consecuencia, no existe ese permanente esfuerzo por ser alguna cosa, el cual, otra vez, engendra hipocresía. La sinceridad encubre a menudo la trivialidad, pero la franqueza, ese abierto reconocimiento de lo que es, revela una gran riqueza.

Ahora bien, en el intento de descubrir cuáles son sus deseos, no traten de controlar su pensamiento y su emoción. Más bien, permitan a la mente estar despierta de tal manera, que todos los impedimentos, las trabas que ahora abruman al pensamiento, se revelen a sí mismos. En el descubrimiento de estos obstáculos, comprenderán la actividad de sus deseos ocultos. El hombre mantenido en la esclavitud puede liberarse sólo si destruye sus cadenas. De modo que la comprensión de aquello que es, puede darse sólo cuando la mente se halla libre por completo de los impedimentos que ha creado y está creando para sí misma. Siendo francos, pueden ustedes descubrir sus propias limitaciones, sus propias ilusiones complicadas. Pero si son meramente sinceros, jamás podrán descubrirlas, porque tratan constantemente de actuar conforme a un ideal, lo cual les impide la comprensión de lo verdadero. Sólo cuando la mente se ha desenredado de la ilusión, existe el éxtasis de la vida perdurable. 

27 de julio de 1933