OBRAS COMPLETAS - TOMO 1 -J.K. - CONTINUACIÓN -

 SÉPTIMA PLÁTICA EN OMMEN 

Pregunta: El otro día usted estuvo hablando de la inmortalidad. Dijo que no había ni aniquilación ni continuación. Dijo que hablaría más adelante sobre el tema. ¿Tendría la bondad de explicarlo más?

 KRISHNAMURTI: Sólo somos conscientes de la dualidad, al menos durante la mayor parte de nuestro día. Hay en nosotros un conflicto constante de dualidad: la persona que va a lograr y lo logrado, el actor y la acción. Así, en nuestra mente está todo el tiempo este sentido de la dualidad, el “yo” y el “no yo”. Ahora bien, sólo cuando la mente y el corazón se hallan libres de esto, en esa integridad donde ambos se han liberado de todo sentido de dualidad, en ese estado de plenitud, tiene su existencia la inmortalidad. Ahora miramos la inmortalidad como si fuera una continuación del “yo”. Cuando hablamos acerca de la inmortalidad, queremos que lo individual, el “yo”, continúe en el curso del tiempo, indefinidamente, permanentemente.

Sólo somos conscientes, en su mayor parte, del “yo”. Sólo tenemos memoria de ese “yo” y nada más. Ocasionalmente, tenemos una vislumbre de ese algo permanente, de la realidad, pero con mayor frecuencia estamos conscientes de ese “yo”, el “yo” de Krishnamurti, de X, Y o Z. Por lo tanto, estando todo el tiempo conscientes de ese “yo”, queremos que ese “yo” continúe. Pensamos que, de lo contrario, hay aniquilación. Ahora bien, para mí el “yo” no es sino el resultado del conflicto, de la resistencia, y queremos prolongar eso, este “yo”, este conflicto. Queremos perfeccionar este “yo”. Mientras que, si estamos por completo libres del conflicto, entonces, en eso está la inmortalidad. Ya no hay más una cuestión de tiempo, ya no hay más un “yo” perdurando continuamente, sin muerte, a lo largo del tiempo. Cuando la mente está libre del “yo”, lo cual sólo puede acaecer en la acción, entonces en ello está la realización de la inmortalidad, la existencia intemporal. Vea, eso no puede imaginarse, usted no puede concebir mentalmente qué es la inmortalidad. No puede filosofar al respecto. Ello tiene que ser percibido y comprendido. Permítame exponerlo de otro modo. La inmortalidad existe, pero para realizarla uno debe empezar con lo transitorio. La inmortalidad se encuentra en lo transitorio, no lejos de lo transitorio. Ahora bien, nosotros descartamos lo transitorio y tratamos de encontrar lo permanente, mientras que yo digo: Preste atención a lo transitorio y encontrará lo permanente, porque cuando descubre cuáles son los valores transitorios de su acción, nacidos del corazón y de la mente, en esa transitoriedad está la plenitud de lo perdurable, de lo eterno. Inherentemente, en lo transitorio mismo se encuentra lo permanente. Miramos la inmortalidad como un medio de escape o como un fin para ser alcanzado después de pasar por una serie sucesiva de experiencias. Para mí, la inmortalidad es estar libre de todo sentimiento de conflicto, y uno puede estar libre de todo sentimiento de conflicto cuando ha comprendido los valores genuinos, y para comprender los valores genuinos uno debe conocer toda la transitoriedad que lo rodea. 

Pregunta: Nosotros evadimos las experiencias dolorosas o desagradables. ¿Cómo podemos interesarnos en todas las experiencias?

KRISHNAMURTI: ¿Por qué evade uno la experiencia? Porque teme que no entenderá el pleno significado de esa experiencia. A causa de que no puede entender el pleno significado de esa experiencia, sufre. Por lo tanto, la evita y, en consecuencia, escoge desde el temor, entre experiencias agradables y experiencias desagradables. Por eso, las experiencias que usted escoge no le entregan su plena significación. Uno sólo puede afrontar sin temor la experiencia, cuando no espera recoger el resultado de esa experiencia. 

Pregunta: ¿Hay un control natural de nuestros pensamientos y emociones, que no sea la disciplina?

 KRISHNAMURTI: Investigué esto bastante a fondo la semana anterior; hablé acerca de la disciplina y lo inútil de la disciplina, así que lo examinaré brevemente y espero que lo comprenda. La autodisciplina, ¿no nace de la memoria? O sea, cuando uno no comprende plenamente una experiencia, ésta deja una huella y a eso lo llamamos memoria; esa memoria está tratando todo el tiempo de moldearlos en nuestra acción. Es decir, la memoria actúa como un patrón, respecto del cual la mente y el corazón tratan de ser consecuentes todo el tiempo. De aquí la necesidad de la autodisciplina. Mientras que, si usted es capaz de afrontar cada experiencia con una mente libre, con frescura, entonces comprenderá esa experiencia, y el surco de la memoria no continuará actuando como un patrón.

Vea, nosotros nos disciplinamos porque en nuestras acciones hay una división. Están el observador y el actor, la mente que mira y la persona que actúa. Por lo tanto, la mente está operando todo el tiempo como una guía. La mayor parte de nuestros pensamientos, de nuestra mente, se compone de “debo” y “no debo”. No hay acción completa. La mente es un guardián que vigila y controla, que domina; por lo tanto, cuando uno actúa, tal acción es muy limitada. Mientras que si uno actúa con armonía tanto de la mente como del corazón, es decir, con la totalidad del ser, entonces no hay un controlador aparte de la acción; en consecuencia, la autodisciplina es inútil. 

Pregunta: Las personas que han tenido una vislumbre de la verdad dicen que en tales momentos ha desaparecido su conciencia del “yo”. ¿Por qué, no es posible para esas personas permanecer en ese estado? ¿Cuál es la causa de su regreso a la conciencia del “yo”? 

KRISHNAMURTI: La primera parte de esta pregunta, si se me permite decirlo, está erróneamente planteada. El interlocutor dice: “Las personas que han tenido una vislumbre de la verdad dicen que en tales momentos ha desaparecido su conciencia del yo’ “. Sólo cuando uno está libre de ese sentimiento de conciencia de sí mismo, conocerá lo permanente, lo eterno. Vean, aquí el interlocutor implica un regreso desde una realidad que él ha percibido, para volver a ser la conciencia de sí mismo. Por lo tanto, hay un sentido de impermanencia y un sentido de lo permanente. La mayoría de nosotros se aferra todo el tiempo, si ha captado una vislumbre de la realidad, a lo permanente; y así trata de hacer verdadero lo permanente, por medio de la memoria. Yo digo que olviden lo permanente. Ni siquiera piensen al respecto; sólo estén atentos a lo impermanente.

Vea, si a usted le duele algo, toma alguna clase de medicina y, por el momento, se olvida de ese dolor, pero el dolor vuelve otra vez. De igual modo, tenemos una vislumbre ocasional de lo permanente, pero más a menudo tenemos conciencia de lo impermanente, de lo transitorio, del conflicto, y es natural que la mente se aferre a esa vislumbre, en la esperanza de hacer que dure lo permanente. Si la mente se aferra a lo permanente, eso no puede ser sino una droga, porque está tratando de escapar de lo impermanente, del conflicto, de lo transitorio, de modo que aquello a lo que se aferra no puede ser verdadero, porque entonces eso permanente no es más que un escape. Por lo tanto, no es verdadero. Mientras que si usted comprende la causa del conflicto, si comprende el significado de su acción, entonces en eso hay permanencia, no existe el ir y venir de lo real a lo falso. Así que no se ocupe de lo permanente, comprenda más bien lo transitorio, comprenda la causa del conflicto que le impide comprender lo permanente. Pregunta: 

¿Hay algo que le impida a uno ser esa verdad de la que usted habla, si uno asiste a una ceremonia y disfruta esa ceremonia por su belleza (como otro podría disfrutar una bella pintura o joyas o lo que fuera), y cuando uno participo en la ceremonia por sí misma y no con el fin de ganar poder o títulos o cualquiera de esas cosas?

 KRISHNAMURTI: Pasamos regularmente por esto. Si usted disfruta las ceremonias, ¡disfrútelas! ¿Por qué quiere una razón para ello? Usted nunca formularía esta pregunta en relación con la música. Nunca dice: “¿Debo disfrutar la música?”, o “¿debo disfrutar una pintura?” Entonces, ¿por qué dice?: “¿No debo disfrutar las ceremonias?” Mi punto de vista en relación con las ceremonias es muy sencillo. Pienso que donde hay falta de virtud, hay ceremonias. Lo siento, no soy dogmático ni duro. Para mí, las ceremonias no tienen sentido, no tienen significación. Son creadas por los hombres, a causa del temor. Les damos toda clase de significados, decimos que ayudan, que son hermosas, que de ellas emana un poder, todas esas cosas. Uno asiste a esas ceremonias para sentirse sensorialmente elevado, sensorialmente gratificado, y todos abrigamos la esperanza de que, gracias a esas ceremonias, de un modo u otro nos estamos acercando más y más a la verdad, que ellas ayudarán al hombre a coordinar su cuerpo, sus ideas, etc. A mi entender, las ceremonias actúan como una droga. Ayudan a olvidar momentáneamente. Así que no compare a las ceremonias con la música, con la pintura, con las bellas obras de arte. La música, el arte, no nacen del temor; son una expresión natural y espontánea; mientras que las ceremonias son creadas -a causa del temor y en busca de la divinidad y de la conducta virtuosa- para impulsar a la gente en cierta dirección. Por favor, ésa es mi opinión, y no sé si muchísimas personas se están sintiendo incómodas. Para averiguar si es usted un esclavo de la ceremonia -porque, después de todo, uno es esclavo de una cosa KRISHNAMURTI: Pasamos regularmente por esto. Si usted disfruta las ceremonias, ¡disfrútelas! ¿Por qué quiere una razón para ello? Usted nunca formularía esta pregunta en relación con la música. Nunca dice: “¿Debo disfrutar la música?”, o “¿debo disfrutar una pintura?” Entonces, ¿por qué dice?: “¿No debo disfrutar las ceremonias?” Mi punto de vista en relación con las ceremonias es muy sencillo. Pienso que donde hay falta de virtud, hay ceremonias. Lo siento, no soy dogmático ni duro. Para mí, las ceremonias no tienen sentido, no tienen significación. Son creadas por los hombres, a causa del temor. Les damos toda clase de significados, decimos que ayudan, que son hermosas, que de ellas emana un poder, todas esas cosas. Uno asiste a esas ceremonias para sentirse sensorialmente elevado, sensorialmente gratificado, y todos abrigamos la esperanza de que, gracias a esas ceremonias, de un modo u otro nos estamos acercando más y más a la verdad, que ellas ayudarán al hombre a coordinar su cuerpo, sus ideas, etc. A mi entender, las ceremonias actúan como una droga. Ayudan a olvidar momentáneamente. Así que no compare a las ceremonias con la música, con la pintura, con las bellas obras de arte. La música, el arte, no nacen del temor; son una expresión natural y espontánea; mientras que las ceremonias son creadas -a causa del temor y en busca de la divinidad y de la conducta virtuosa- para impulsar a la gente en cierta dirección. Por favor, ésa es mi opinión, y no sé si muchísimas personas se están sintiendo incómodas. Para averiguar si es usted un esclavo de la ceremonia -porque, después de todo, uno es esclavo de una cosa cuando no ha descubierto su verdadero valor- para averiguar si es realmente libre para actuar como un ser humano completo, descubra por sí mismo el verdadero valor de las ceremonias. Para descubrirlo, no diga “es buena” o “es mala”. Sea totalmente imparcial respecto de ella, y entonces descubrirá si tiene valor. Pero tanto el ritualista como el no ritualista son parciales; por consiguiente, carecen de verdadero discernimiento. Para comprender una cosa, despréndase de ella y entonces examínela. 

Pregunta: Una acción, ¿tiene que expresarse necesariamente en el mundo físico para ser completo? Por ejemplo, si un hombre odia a otro hasta el punto de querer herirlo, ¿será su acción completa sólo si lo hiere o lo mata, o puede librarse de este sentimiento de violencia y aprender del mismo modo, enfrentándolo internamente? 

KRISHNAMURTI: ¿Por qué quiere usted herir a otro? Puede ser porque desea algo de él y él no se lo da, y entonces usted se enoja y a cambio de eso quiere lastimarlo, o puede que él lo haya despojado de algo, o que usted esté celoso. El le ha quitado algo o él no le ha dado lo que usted deseaba. Usted ha sido despertado a su propia insuficiencia, a su pequeñez, a su vacuidad y, para huir, para escapar de eso, se enoja, quiere herir. Al herir, ¿consideraría usted una acción completa esa acción nacida del temor, nacida del sentimiento de soledad? Para mí, no es una acción completa. ¿No es simple esto? Yo sé que aquí han tenido lugar discusiones acerca de si ustedes deben salir y matar gente porque me han escuchado hablar acerca de una acción completa. ¡Qué pérdida de tiempo! O bien no comprenden el significado de mis palabras o entienden meramente los significados superficiales. ¡Espere un minuto! Usted quiere herir a otro cuando usted está consciente de su propia soledad, cuando está obligado a enfrentarse con su propio vacío, y entonces reacciona contra la persona que lo fuerza a esa vacuidad consecuente, y si actúa desde ahí, eso no es más que una reacción. Mientras que si descubre cuál es la causa de ese sentimiento de soledad y se libera de esa causa y entonces actúa, en eso hay armonía, ésa es una acción completa.

Pregunta: La liberación que usted nos explica y que usted mismo ha alcanzado, ¿es todo? ¿O es la llave para la puerta que conduce a condiciones aún más elevadas de vida universal? 

KRISHNAMURTI: Si usted tiene un dolor y alguien lo alivia de ese dolor, usted no pregunta: “¿Eso es todo?” ¿Por qué formula una pregunta semejante? ¡Porque no comprende realmente qué significa la liberación! Para mí, es un devenir eterno, pero usted sólo puede conocerla cuando la mente está libre de este esfuerzo incesante, continuo, que también es un devenir, pero transitorio. Lo que crece, lo que se desarrolla no es eterno, y nosotros somos conscientes de este crecimiento incesante, de esta expansión del corazón y de la mente, y todo eso es logro, realización. Usted dice: “Si no me realizo, si no crezco, ¿cuál es el sentido?” Sabrá cuál es el sentido cuando su mente y su corazón hayan comprendido el verdadero valor de este crecimiento incesante. Por lo tanto, comprenda eso, no lo que está más allá de la liberación o si la liberación es una puerta que se abre a una vida más grandiosa. Comience con esa cosa que corroe su mente y su corazón, ese crecimiento incesante, ese deseo de crecer más y más. La liberación es para mí un devenir infinito, pero uno tiene que comprender eso, este devenir intemporal. El tiempo existirá en tanto haya un esfuerzo, el esfuerzo de perseguir la virtud, el esfuerzo para desarrollar, el carácter, el esfuerzo respecto de la posesión de voluntad, respecto de la opción. Todas estas cosas indican una limitación temporal, este esfuerzo incesante de crecer con el cual nos identificamos como la conciencia personal, como el “yo”. Cuando la mente esté libre de eso, usted sabrá qué es la liberación. No puede imaginar qué es este devenir intemporal, no puede representárselo. Si pudiera imaginarlo, ello tendría que nacer necesariamente de opuestos; por lo tanto, no podría ser verdadero. Así que no empiece con eso, no trate de representarse qué es esta cosa. Por favor, trate de empezar con algo de lo cual usted está consciente, con algo que conoce, este conflicto, este sufrimiento, esta batalla continua de la opción -estas cosas existirán mientras la mente y el corazón estén anhelando el logro, el éxito, la ganancia, un resultado-. Y esta búsqueda del resultado, de la ganancia, del logro, existen porque uno está vacío. Uno quiere encubrir ese vacío, quiere llenarlo; todo el tiempo queremos acumular y la acumulación misma crea el vacío. La propia persecución del logro venera vacuidad. Si usted realmente ve esto, si de verdad lo siente, entonces no escapará, entonces cerrará todas las vías de escape y se enfrentará con esa soledad; la acción pura surge de ahí.

Pregunta: ¿Debe una experiencia ser recordada hasta que se la comprende, o no debe recordarse en absoluto? 

KRISHNAMURTI: Usted no puede olvidar una experiencia que no ha comprendido. Ésta permanece. Pero si ha comprendido una cosa, se acabó. La mente está libre para afrontar la vida de una maneras fresca, nueva. Son las experiencias que no han sido comprendidas completamente las que crean una barrera, las que dan a la mente una memoria agotada, las que nos impiden vivir de nuevo cada día. Por lo tanto, no es cuestión de recordar o no recordar una experiencia particular, sino de afrontar todas las experiencias de una manera nueva, con abierta franqueza; usted puede afrontar así una experiencia sólo cuando su mente no está buscando un resultado o cuando no está formada, moldeada por la consecuencia con un principio que se origina en la memoria, en la limitación. Nuestras mentes están presas en todas estas cosas y, por lo tanto, no podemos afrontar abierta y francamente nuestras experiencias. Por eso digo: Esté plenamente atento a cómo actúa su mente y a cómo siente su corazón, dese cuenta si ello nace de la búsqueda de una recompensa o si nace de escapar del temor. Y entonces, cuando está libre de todas estas cosas porque las ha comprendido, no porque las haya desechado, entonces puede afrontar las experiencias. Entonces tiene una mente y un corazón rápidos como para poder seguir el movimiento de la sabiduría, y en eso hay éxtasis. 

Pregunta: Tenga la bondad de explicar la diferencia entre conciencia alerta y vigilancia.

KRISHNAMURTI: En la vigilancia existe siempre el deseo de obtener algo; en la conciencia alerta hay percepción directa. ¿Cuándo vigila uno? En primer lugar, ¿por qué hay uno que vigila? ¿Quién es el que vigila? Ustedes lo llaman el yo superior, el que vigila al inferior. O sea, que hemos establecido una dualidad, una división, una diferencia en nuestra acción, porque no abordamos esa acción de manera plena, completa, tanto con la mente como con el corazón. Por consiguiente, discriminamos, como un observador, como alguien que vigila, que considera sus actos. Así, ese observador está continuamente guiando, moldeando; nunca participa en el acto, está siempre aparte, es siempre objetivo. Eso no es conciencia alerta, porque esa vigilancia crea dualidad, hay siempre una discriminación. Mientras que la conciencia alerta es acción completa en la cual la mente y el corazón son una sola cosa. Cuando uno hace algo naturalmente, con gran interés, de manera simple y espontánea, no hay un observador; al igual que cuando uno ama, no hay una entidad que vigile ese acto. Pero hay un observador cuando nuestra acción nace del temor o cuando hemos entendido incompletamente una experiencia; es el “debo” y el “no debo”, donde la mente está siempre sobre aviso. Espero, pues, que vea la diferencia entre conciencia alerta y vigilancia. No tiene nada que ver la una con la otra. Cuando usted tiene un interés natural y espontáneo, actúa armoniosamente, totalmente, sin esta división del observador, o sea, la mente que se ocupa de analizar la acción. Sólo cuando su mente y su corazón no están plenamente interesados, nace el observador, la dificultad, el control, la disciplina impuesta por el observador. Uno puede llamarlo el yo superior, pero sigue siendo una dualidad. 

Pregunta: Uno empieza a desatar un nudo y encuentra que hay una docena de otros. ¿Dónde debe uno empezar y dónde ha de terminar?

KRISHNAMURTI: Si usted desata el nudo de una dificultad porque ha encontrado una solución para ese nudo, entonces habrá una docena de otros nudos. Si yo desato, si desenredo una dificultad, un problema buscando una solución, entonces desarrollo otros nudos. Casi todos buscan una salida a una dificultad, buscan una solución. No se interesan en el desatar mismo, sino en una solución, en una salida para esa dificultad. Si yo tengo una dificultad, no quiero buscar una solución a la dificultad. Sé que hay soluciones, innumerables soluciones, pero quiero averiguar cuál es la causa de ese problema, y cuando he comprendido realmente la causa de ese problema, no voy a crear ningún otro nudo, ningún otro problema. Si de verdad comprendo un problema completamente, totalmente, entonces no hay otros problemas. Por favor, considérelo y lo verá. A causa de que no afrontamos una cosa completamente, creamos muchas otras. Vamos de una cosa a otra. La vida se convierte en una serie de problemas porque no hemos sido capaces de comprender o de abordar por completo una sola cosa. Por lo tanto, depende de cómo desata usted el nudo, no de qué solución aplica para ello, depende de la manera como lo hace, con qué percepción lo hace. Puede desatar un nudo observándolo, analizándolo cuidadosamente, mentalmente y, en consecuencia, creando otra serie de problemas; o puede hacerlo en un estado de conciencia alerta, afrontando ese problema totalmente, abordándolo con la mente y el corazón, con la totalidad del ser, y entonces el problema se disuelve. 

 De ese modo, todo lo que usted encara, es capaz de encararlo totalmente, libremente y, en consecuencia, aquello que encara no deja una cicatriz a la que usted llama problema. 

Pregunta: Usted contó de un niño a quien se le habló de la reencarnación cuando preguntó acerca de la muerte. El niño estaba llorando por la muerte de un compañerito de juegos. ¿Qué habría hecho usted o qué le habría dicho para ayudarle a comprender? 

KRISHNAMURTI: Lo que voy a decir suena tan absurdamente simple, que espero lo comprenda. Yo personalmente le diría a ese niño: Mira una flor, se marchita y muere. Puedo decirlo porque no temo a la muerte, es una cosa natural, inevitable. Todas las cosas deben gastarse y morir. A causa de que uno teme a la muerte, no es capaz de afrontarla sencillamente. No hablo de aceptar lo inevitable. Todos hacemos eso. Es una forma tonta de mirar la vida. Por lo tanto, si uno no tiene miedo, no da razones complicadas tales como la reencarnación. ¿Qué puede comprender el niño acerca de la reencarnación? Usted piensa que él la comprende porque usted misma se siente satisfecha con la idea. Si mamita está satisfecha, entonces yo debo satisfacerme con ello. Usted le transmite esa atmósfera de satisfacción y el niño, siendo muy sensible, la capta. Entonces, ¿cuál es la causa de que usted tema a la muerte? Porque primero dice: “No sé qué vida hay más allá”, y dice eso porque esta vida no ha sido plena. Uno se interesa en lo que hay después de la tumba, en el más allá, sólo cuando esta vida no le ha entregado su riqueza, su plenitud. Si esta vida es rica, si cada día que vive es inmenso, completo, entonces no siente temor por el mañana; recurre al mañana cuando el hoy se ha desintegrado.

En la reencarnación hay siempre muerte, hay siempre un comienzo y una muerte. Esa idea no lo libera a uno realmente del temor, lo pospone momentáneamente, eso es todo. Uno puede estar unido con su amigo, su amante, su hermano o quien fuere, pero la muerte sigue existiendo. Uno se satisface con esa idea porque momentáneamente le ofrece satisfacción. Por lo tanto, como le ofrece satisfacción, la transmite a su hijo, a su vecino, a cualquier otra persona, porque todos ellos están anhelando satisfacción. Y así ellos recogen su idea y así han creado una sociedad maravillosa, una organización maravillosa en la cual todos creen en la reencarnación, y usted piensa que ha resuelto el problema. No soy sarcástico, sólo le estoy mostrando que donde existe esa idea de la reencarnación, tiene que haber también, al mismo tiempo, una muerte. Por lo tanto, usted no ha comprendido realmente, sólo ha escapado. Lo que crea el miedo a la muerte es la insuficiencia, y la insuficiencia no es superada por una idea o por seguir un patrón o por vivir conforme a cierto conjunto de normas, Cuando la mente está libre de todas estas normas, hay comprensión de los valores genuinos. Entonces hay un acto completo, y en ese acto, en ese vivir completamente -el cual es acción en lo infinito-, no hay comienzo ni final y usted no teme a la muerte. Vea, uno no puede explicar todo esto a un niño. Si se tratara de un niño muy pequeño, yo le hablaría acerca de la flor, la mostraría a él o a ella y, a medida que el niño o la niña fuera creciendo, lo discutiría, despertaría su propia inteligencia, no empujaría mis ideas en su mente. Mire, para comprender la verdad, uno tiene que tener una mente exquisitamente flexible, una mente muy sutil. Porque el movimiento de la sabiduría es muy veloz y, para seguirlo, uno tiene que estar libre de trabas, y toda insuficiencia que crea la memoria, nos pone trabas, es una limitación, y una mente así no puede comprender. Por lo tanto, usted conocerá ese devenir imperecedero sin final ni comienzo, cuando esté viviendo completamente. No diga: “¿Es eso todo o me llevará más lejos?” Entonces su día no es rico ni sencillo, entonces su acto no es completo, porque usted está siempre ocupándose de cosas futuras. Su acción es, entonces, meramente un medio para un fin. Una acción así sólo puede ser incompleta. Mientras que si vivo completamente en la acción, no tendrá miedo de la muerte, y la reencarnación se vuelve, entonces, algo muy pequeño.

¿Sabe?, si uno está viviendo sin ese sentido del “yo”, lo cual implica el descubrimiento de los valores genuinos, entonces ya no está más limitado por el tiempo. Ahora, estamos limitados por el tiempo. Hay ayer, hoy y mañana, no una cosa completa sin comienzo ni final. Ese devenir intemporal, ese devenir en el que no hay tiempo, en el que no existe la división de pasado, presente y futuro, sólo puede usted comprenderlo cuando su mente está libre de toda opción, porque la opción crea los opuestos. Y en el verdadero discernimiento, que no tiene su origen en los opuestos, hay una viviente realidad intemporal.

 5 de agosto de 1933


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 SEXTA PLÁTICA EN OMMEN 

Hay tanto dolor, tanto sufrimiento, y uno llega a estar tan consciente de esa insuficiencia para hacer algo al respecto, que comienza a buscar qué es la verdad. A causa de que uno sufre, piensa que puede descubrir la terminación de todo sufrimiento, y así sale uno en busca de esa plenitud o de esa verdad, Dios o el nombre que quieran darle. Para mí, la búsqueda misma es, en esencia, no verdadera. Para mí, una persona que busca la verdad, que manifiesta ir a la búsqueda de la verdad, jamás la encontrará, porque su búsqueda de la verdad, de esa plenitud, habrá nacido de un opuesto. Por lo tanto, cuando buscarnos la verdad, estamos buscando esa comprensión o esa plenitud lejos de aquello que somos. Si estamos en conflicto, si nos encontramos en medio de un gran dolor o si percibimos una tremenda vacuidad, buscamos naturalmente su opuesto, y a eso que consideramos un objetivo, una finalidad, lo llamamos verdad, Dios. Así, nuestra búsqueda de la verdad sólo puede nacer de un opuesto. Por lo tanto, la cosa que descubrimos en nuestra búsqueda jamás puede ser verdadera y, no obstante, todos anhelamos constantemente la verdad y luchamos por alcanzarla, por descubrir qué es. Para mí, el hombre que busca la verdad y el que explica y describe la verdad, son ambos falsos. Uno está buscando la verdad a partir de un opuesto, y el otro que la describe, que dice “yo sé”, están ambos presos en la ilusión. El que dice “yo sé” tiene que ser limitado. Cuídense de una persona que dice que sabe, porque la verdad no es para que uno la sepa; es. Hay dos cosas diferentes respecto de la verdad. Una es la percepción objetiva y la otra es inherentemente en sí misma, única. ¿Por qué, pues, estamos continuamente atrapados en la lucha, en la búsqueda de la verdad? Pienso que es porque esperamos que, al realizar esta verdad, esta plenitud, este Dios, se disolverán todas nuestras dificultades. O, a causa de que nuestras dificultades son tan grandes, nuestros problemas tan innumerables, tratamos de escapar, de huir hacia algo que concebimos como verdadero. Para la mayoría de la gente, la búsqueda de la verdad no es sino un escape, y una acción originada en este escape, nacida con el deseo de buscar la verdad, no puede generar comprensión. Carece de significación alguna, de plenitud. Nos esforzamos en buscar a Dios, en buscar qué es la verdad. Con ese deseo de encontrar, actuamos. A mi entender, tal deseo nace del temor, del anhelo de escapar de nuestras innumerables dificultades. Por lo tanto, nuestra acción, nuestro diario vivir, nuestros pensamientos, nuestras emociones, todas estas cosas no tienen un valor inherente, porque esa acción tiene como motivo el deseo de ganar, de obtener, de realizar la verdad, y actuamos desde ese anhelo. Por consiguiente, la acción en sí misma ha perdido su significado. Si ustedes son amables conmigo porque yo les doy algo a cambio, entonces esa amabilidad no tiene sentido, porque están buscando una recompensa. De igual modo, cuando buscamos la verdad y actuamos desde esa búsqueda, nuestra acción no tiene sentido, porque para comprender la acción dependemos de un resultado, atendemos al efecto de la acción antes que a la acción misma. Nuestra acción es, entonces, juzgada por el efecto, por la sensación, por el elogio de otros y por el éxito que alcanza. Así, la acción pierde intrínsecamente su valor, porque todo el tiempo estarnos pendientes de un resultado, de una recompensa. En nuestra búsqueda que nace del temor, del escape, de ir en busca de una solución, nuestra acción pierde su propio significado intrínseco. Sólo en la acción misma está la totalidad de lo eterno. Si nos damos cuenta de que actuamos de este modo, entonces no buscamos la verdad por medio de la acción, sino en la acción misma. Para mí, la acción es un estado de percepción alerta en aquello que uno está haciendo. Cuando estamos alerta, los recuerdos del pasado, los obstáculos del pasado, las cosas que no hemos comprendido plenamente en el pasado, entran en actividad sin que tratemos de analizar el subconsciente. Ésa es la verdadera percepción alerta. Si, mientras estamos actuando, somos plenamente conscientes del significado de todo lo que hacemos, en eso radica la verdadera comprensión de nuestras acciones.

Ahora consideramos la acción como un medio para obtener algo, Decimos: Por medio de la autodisciplina encontraremos la verdad; por medio de actos virtuosos realizaremos la plenitud; por medio del amor, del servicio, realizaremos a Dios. Por consiguiente, el servicio, el amor, la bondad, la virtud -a todo lo cual llamamos acción- pierden su significado, porque todo el tiempo estamos buscando una recompensa en el otro extremo. Cuando nos damos cuenta de esto, cuando lo comprendemos no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente, cuando sentimos la futilidad de un acto semejante, cuando estamos alerta de ese modo, entonces, mientras actuamos en las cosas cotidianas, todos los recuerdos y los obstáculos del pasado entran en actividad, con lo cual nos liberamos de ellos sin analizarlos. Donde hay autoanálisis, está la muerte de la acción. Cuanto más y más analizamos, tanto menos y menos actuaremos de manera natural, plena y espontánea. En este autoanálisis hay un esfuerzo cada vez mayor y, por ende, la acción se limita. En una acción así están siempre el observador, el que vigila y la cosa que actúa; en consecuencia, hay siempre una dualidad. La acción nacida del autoanálisis no es armoniosa ni completa. Una acción semejante jamás puede revelarnos su pleno significado. Mientras que si estamos plenamente atentos en la acción -lo cual es, para mí, la verdadera acción-, entonces, en esa llama, todos nuestros obstáculos del pasado, nuestros recuerdos, nuestra falta de comprensión, adquieren existencia plena y liberamos nuestra mente de esa limitación.

Para comprender lo que estoy diciendo, ustedes tendrán que experimentarlo. He escuchado a muchas personas decirme: “Lo que usted sostiene no es práctico, no sirve”. En primer lugar, para averiguar si es práctico tienen que experimentar con ello, tienen que ponerlo a prueba. Entonces, cuando traten de comprender aquello de que hablo, dirán: “Lo que usted afirma es muy complicado, no puedo entenderlo”. Ahora bien, esto es lo que digo y voy a probarlo y a hacerlo tan simple como pueda. Nuestra acción tiene siempre un motivo. Nuestra acción nace de una reacción, de un recuerdo, de buscar una recompensa, un logro, la verdad, o tiene su origen en el amor a otra persona o en el amor a nuestro país, etc. Yo digo que una acción así, nacida del amoldamiento, de la autoridad, no puede revelarnos la plenitud de sus significado -sólo en esa plenitud está la totalidad de lo eterno-. Y como las acciones de la mayoría de la gente se basan en esas cosas, no se vayan por eso a lo opuesto y digan: “Debo descubrir desde qué estoy reaccionando”. No digan: “Tengo que actuar sólo desde mí mismo, no desde una reacción”. Yo les digo: Tomen conciencia, dense cuenta cuando actúan, de que están actuando en busca de una recompensa. Eso es muy simple, ¿verdad? Dense cuenta plenamente de su acción, de que están actuando a causa de un deseo de recompensa, de logro, de éxito, o a causa del temor, del escape. En el momento en que tomen plena conciencia de eso, la causa desaparecerá porque la habrán comprendido. Sólo pueden hacer eso cuando la mente y el corazón están plenamente ocupados con ese acto y en armonía total con él. 

Pregunta: Sí en la acción hay armonía entre la mente y el corazón, ¿dónde interviene la voluntad?

KRISHNAMURTI: El interlocutor desea saber: “Si la acción nace de la armonía de mente y corazón, ¿dónde interviene la voluntad?” Ahora bien, ¿qué entiende usted por voluntad? ¿No es el empleo del esfuerzo para superar, para vencer? La voluntad es el centro mismo del esfuerzo, el esfuerzo dirigido con el deseo de ser consecuentes, el esfuerzo destinado a conquistar. De modo que, cuando hay conflicto, tiene que haber esfuerzo, y en ese conflicto se origina la voluntad, una resistencia para superar ese conflicto. Para expresarle de una manera diferente: Donde hay conflicto, hay una conciencia del “yo”. El “yo” está identificado con la conciencia de sí mismo, con la voluntad. Por lo tanto, la voluntad es sinónimo de esa conciencia propia, de ese conflicto. ¿Por qué hay conflicto? ¿Por qué cada uno de nosotros está en conflicto? Creo que es porque tenemos en nuestras mentes esta idea del progreso continuo, del esfuerzo, de una serie interminable de logros, de que la perfección se halla no en ángulo recto con estos pasos innumerables hacia la perfección; pensamos que la perfección está al final de una serie de logros, de éxitos. Para mí, la perfección está en ángulo recto con esa idea. El conflicto surge también porque estamos aislados, porque somos conscientes de esa insuficiencia y tratamos, por medio de la opción, de llenar esa insuficiencia. Por lo tanto, donde hay opción tiene que haber esfuerzo, y en consecuencia, tiene que haber voluntad. Esperamos poder discernir mediante la opción. Esperamos que, eligiendo esto frente a aquello, habremos aprendido expandiendo nuestro corazón y ampliando nuestra mente, y que habiendo optado de ese modo estaremos más cerca de la perfección. Entiendo que el discernimiento es imposible por medio de la opción. Para expresarlo de otra manera: Por medio de la voluntad usted no puede discernir, no puede comprender, porque la voluntad es creada por la resistencia. Deseamos tener carácter, deseamos virtud, y para desarrollar el carácter y tener virtud, es necesario el esfuerzo. Mientras que, para mí, un hombre de carácter, un hombre de voluntad, jamás puede comprender la plena libertad de la vida, porque su carácter y su voluntad se basan en la resistencia. Por favor, si empleo la palabra equivocada, pasen por alto las palabras. La voluntad se desarrolla mediante la discriminación. En la discriminación no hay comprensión. La discriminación crea resistencia. Siendo opción, tiene que crear resistencia, y esa resistencia da origen a la conciencia de la voluntad. Es como embalsar un río. Hay un torbellino, un movimiento intenso, un remolino de agua. Entonces se quita el dique y el agua fluye libremente. Para mí, ese dique representa la lucha por la virtud, este constante desarrollo del carácter. Esta continua lucha por optar no es sino una resistencia nacida de la discriminación. Por eso digo: No opten; disciernan. El discernimiento no se encuentra entre dos opciones, entre esto y aquello, sino que es la libertad con respecto a ambos. Cuando usted tiene que decidir entre dos cosas, ¿qué hace? Calcula, sopesa, considera meramente los opuestos. ¿Qué ocurre, en cambio, cuando tiene que decidir algo vital, algo inmenso, que requiere toda su concentración, todo su interés? No calcula, no sopesa. Su pensamiento y sus emociones actúan en conjunto, y de ello surge un genuino discernimiento. Esto es lo que ocurre en todos los casos cuando uno tiene que hacer algo vital. No elige, actúa de todo corazón. Eso es lo que ustedes llaman intuición. Deliberadamente, yo no uso esa palabra porque, desde mi punto de vista, ha sido muy desfigurada. Así que, en el desarrollo de la voluntad, crean ustedes más resistencia; por lo tanto, generan más discriminación y, en consecuencia, un conflicto mayor en cuanto a la opción. La lucha de ustedes es infinita, el esfuerzo es continuo. Cuando usted actúa naturalmente, espontáneamente, fácilmente, no está ejerciendo la voluntad. Actúa desde esa plenitud, no por efecto de la voluntad. No tiene que hacer un esfuerzo, no tiene que controlar, disciplinarse, limitarse, no tiene que elegir; actúa. Sólo cuando hay conciencia del sí mismo, del yo, la cual es resultado del conflicto, de la resistencia nacida de la discriminación, entra en acción la voluntad.

 Pregunta: Para las personas que son incapaces de protegerse de la completa degradación, tal como la debilidad mental, que son víctimas de sus pasiones, los morfinómanos, etc., ¿no tiene que ser considerado más bien como una ayuda el pertenecer a una religión, una secta o cosas por el estilo?

KRISHNAMURTI: Miren, amigos, si ustedes son personas así, necesitan tener una droga. Entonces deben tener religión, deben tener sectas. Si son bebés, deben tener niñeras, y las niñeras los cuidarán como se cuida a los bebés. Usted dice: “Yo no soy un débil mental y no soy una víctima de mi pasión, pero algún otro lo es. ¿No es eso necesario para él?” ¿Por qué lo considera a él? ¿Tiene miedo por él? ¿Está actuando desde la piedad, desde la compasión por él? Usted dice: “Le daré lo que es necesario para él, una religión, una secta y cosas por el estilo”. Usted adopta una actitud superior, lo que llama una actitud considerada, y le da una religión y dice: “¿Acaso no es necesaria para él?” Por lo tanto, dándole una droga lo mantiene tan débil mentalmente como antes. Esa es siempre la actitud de las diferencias de clase. El hombre que dice: “Le daré a usted lo que es necesario”, lo mantiene siempre en ese nivel inferior al de él, mantiene esa diferencia. Esto ha ocurrido siempre así en el curso de los tiempos. El hombre que posee conocimiento trata al otro como si fuera un imbécil, le da lo que es necesario y lo mantiene ahí. O procedemos a la inversa. Decimos: “Despertaré a ése que está en un nivel inferior y lo llevaré hacia una actitud más elevada”, lo cual es otra forma de piedad. Entiendo que si una secta, una religión, es una limitación para usted, es una limitación para todos. Si, como sostengo, no puede haber un mediador entre la verdad y uno mismo, entonces un sacerdote es tan innecesario para usted como para el hombre que es un débil mental. Vea, queremos despertar a la gente a cierto resultado, a cierta imagen, a cierto patrón. No queremos dejar que se despierte sola y descubra, queremos incitarla a adoptar un punto de vista particular. Para mí, la importancia no está en las religiones, en las sectas y en todo eso, sino en que el hombre pueda despertar y percibir la causa de estas cosas. Cuando se despierte por sí mismo, romperá con la causa sin que usted le ofrezca una panacea, sin que le provea el narcótico que, según usted espera, habrá de despertarlo; no lo despertará.

Lo mismo puede aplicarse a la autodisciplina, a todo. Así que la pregunta apropiada es: ¿Necesita usted eso? ¿Necesita la religión, la secta, la autodisciplina, la imposición de la autoridad para andar derecho, para que le hagan comportarse correctamente, para que sus actos sean virtuosos? Ése es el modo como yo plantearía la pregunta. ¿Necesito todo eso, lo necesito yo, no algún otro? Al liberarme de esa prisión, no sólo derrumbaré mis propios muros sino que ayudaré a que otro pueda derrumbar los suyos también. Se trata de ayudarlo a comprender la causa, no ayudarlo a derrumbar los muros, porque si usted lo ayuda meramente a destruir el muro, él construirá otro muro. 

Pregunta: Usted menciona al discernimiento como un acto de intuición pura. ¿Qué es la intuición pura y cómo puede uno saber que es pura, verdadera? 

KRISHNAMURTI: Como dije, el discernimiento es sin opciones. Piense en ello. En tanto la mente esté atrapada en la opción, no puede haber percepción directa de lo verdadero, porque la opción se basa en el agrado y el desagrado, en el deseo, y todo deseo enceguece. Una acción nacida de tal deseo, de tal opción, tiene que crear conflicto, y uno sólo puede tornarse consciente de ese conflicto, no de lo que es la verdadera intuición. Cuando usted me pide que le explique qué es la verdadera intuición, le digo: Lo sabrá cuando su acción esté libre de las opciones.

 do y las consecuencias han sido tan desastrosas, tan dolorosas; por eso damos vueltas tratando de averiguar qué es la verdadera acción, qué es la intuición pura, de modo que podamos captarlo intelectualmente y moldear nuestras mentes y nuestros corazones a tal efecto. Cuando nos damos cuenta, cuando tomamos plena conciencia de que nuestras acciones mismas tienen su origen en este escape, en este miedo, cuando realmente percibimos eso, entonces de ello surge una acción natural exenta de todo conflicto. En su mayor parte, nuestra intuición se basa en la sensación. Nos gusta una idea que nos da satisfacción, placer, y decimos: “Es una idea intuitiva”, y nos aferramos a ella porque la deseamos. Por lo tanto, ya no es más una idea pura, una cosa pura en sí misma. Ocurre con mucha frecuencia, que escuchan hablar de la idea de la reencarnación y la aceptan en el acto y dicen: “Es una idea intuitiva, siento que es verdadera”. Tiene que ser así, y llaman a eso una idea intuitiva o intuición. No es intuición en absoluto. A causa de que desean esta idea de la reencarnación, a causa de que encuentran en ella satisfacción, consuelo, y que les permite posponer su discernimiento en el presente, se sienten alentados a aferrarse a esa idea. No estamos discutiendo si la reencarnación es o no es un hecho. Eso lo investigaremos en otra ocasión. Tiene muy poca importancia. En tanto haya un anhelo, un deseo de consolación, de seguridad, no puede haber intuición, no una intuición verdadera. Así que, mientras se encuentre atrapado en eso, no trate de averiguar qué es la intuición. Dese cuenta de que está atrapado y libérese de ello, y en ese acto hay intuición; un acto así ha nacido de la intuición. Quizá piense usted que lo que digo es una manera negativa de abordar la vida. No lo es. Lo que ustedes han estado haciendo es, para mí, una manera negativa de vivir: establecer una representación mental y vivir de acuerdo con ella, es lo que ustedes llaman una manera positiva de vivir, la cual no es sino un escape. Lo mismo está implicado en esta pregunta: “¿Qué es la intuición? ¿Cómo sabrá uno cuándo es pura?” Usted sabrá que es pura cuando no haya conflictos, cuando tras ella haya plenitud, tanto de la razón como del sentimiento. Pero para tener una acción así nacida de esa intuición, su mente y su corazón deben estar enteramente libres del temor, del logro, del éxito y demás. Por lo tanto, atienda primero a eso y no a lo que es la intuición.

Pregunta: Yo estoy en discordancia con mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones; debido a eso, me siento insatisfecha. La razón es que no hay comprensión entre mi esposo y yo, pero no puedo abandonarlo porque está enfermo. ¿Cuál es su consejo para que yo pueda llegar a una comprensión mejor? 

KRISHNAMURTI: En primer lugar, nos aferramos a otros porque nosotros mismos estamos vacíos. Esperamos que el otro nos enriquezca. Ésa es la razón por la que poseemos a las personas. Por lo tanto, también eso crea falta de armonía. Ése es, entonces, uno de los aspectos. La interlocutora quiere saber qué debe hacer, porque se siente insatisfecha viviendo con esa persona, el marido. O bien depende usted de él para su propia suficiencia interna que él no le proporciona, lo cual hace que usted se sienta insatisfecha, o usted desea proporcionársela a él y él no quiere aceptarla, con lo cual sigue estando insatisfecha. O él no le agrada, y por eso se siente insatisfecha. Si reflexiona acerca de estos tres puntos, la pregunta estará contestada. No le aconsejo lo que debe hacer. Usted sabe, dependemos el uno del otro para nuestra fuerza para nuestra plenitud. Marido y esposa, hermanos y hermanas, etc. Cuando no nos proporcionan eso, nos sentimos completamente perdidos y absolutamente insatisfechos. Acudimos a otro para realizarnos, acudimos a otro en busca de amor, de estímulo, porque nos sentimos solos, aislados. Nos volvemos hacia otro e incrementamos esa soledad. 

Pregunta: Yo estoy en discordancia con mis pensamientos, mis sentimientos y mis acciones; debido a eso, me siento insatisfecha. La razón es que no hay comprensión entre mi esposo y yo, pero no puedo abandonarlo porque está enfermo. ¿Cuál es su consejo para que yo pueda llegar a una comprensión mejor? 

KRISHNAMURTI: En primer lugar, nos aferramos a otros porque nosotros mismos estamos vacíos. Esperamos que el otro nos enriquezca. Ésa es la razón por la que poseemos a las personas. Por lo tanto, también eso crea falta de armonía. Ése es, entonces, uno de los aspectos. La interlocutora quiere saber qué debe hacer, porque se siente insatisfecha viviendo con esa persona, el marido. O bien depende usted de él para su propia suficiencia interna que él no le proporciona, lo cual hace que usted se sienta insatisfecha, o usted desea proporcionársela a él y él no quiere aceptarla, con lo cual sigue estando insatisfecha. O él no le agrada, y por eso se siente insatisfecha. Si reflexiona acerca de estos tres puntos, la pregunta estará contestada. No le aconsejo lo que debe hacer. Usted sabe, dependemos el uno del otro para nuestra fuerza para nuestra plenitud. Marido y esposa, hermanos y hermanas, etc. Cuando no nos proporcionan eso, nos sentimos completamente perdidos y absolutamente insatisfechos. Acudimos a otro para realizarnos, acudimos a otro en busca de amor, de estímulo, porque nos sentimos solos, aislados. Nos volvemos hacia otro e incrementamos esa soledad. La soledad se vuelve cada vez más profunda y sólo tratamos de escapar de ella. Así, cuando usted se da cuenta de eso, cuando realmente advierte que ninguno puede ayudarla a que se realice, que ninguno, excepto su propia comprensión, puede darle total plenitud interna, entonces soporta los detalles menores, tales como tener un esposo enfermo en cama. Entonces no surge el problema, no se suscita la cuestión de optar entre permanecer con él o abandonarlo. Por favor, considérelo. La opción respecto de lo que debemos hacer surge, como en este caso, cuando sentimos que nuestro marido, nuestro hermano, etc., no puede darnos esa plenitud. Por lo tanto, nos preguntamos: “¿Hacia quién me volveré? ¿Hacia otro hombre, otra mujer?”, en la esperanza de lo que el otro nos dará en lugar de lo que nos falta en el que ya tenemos. Mientras que, si comprende plenamente -no si lo acepta desde el punto de vista mental o intelectual-, si siente y piensa de verdad que es totalmente imposible que alguien pueda completarla internamente, entonces actuará sin tener en cuenta las circunstancias. 

Pregunta: ¿Es posible el amor impersonal mientras las fuerzas del sexo aún nos impulsan hacia vínculos de amor que, por altamente armonioso que sea, sigue siendo personal?

KRISHNAMURTI: La vida es energía creativa. Es la mente la que fragmenta esa energía en mental, emocional y sexual; debido a que está usted atrapado en la pasión, en la lujuria, ha dividido la energía y quiere transmutarla de una u otra manera mediante las prácticas. A causa de que no vive una vida completa, hay una pasión fuerte que lo domina. Yo digo que, si viviera plenamente, no existiría este conflicto de sexo, mente y emoción. 

Pregunta: ¿Hasta dónde está usted a favor de recomendar dirigir esas fuerzas hacia centros más elevados, por medio de prácticas ocultas? 

KRISHNAMURTI: Usted sabe, pensamos que mediante prácticas, haciendo una cosa una y otra vez, estamos obteniendo algo. Yo no creo en las prácticas, pienso que son nocivas. Por favor, no diga: “¿Acaso no debo practicar el piano?” Lo que usted llama prácticas ocultas, consiste en instalar en su mente cierto conjunto de ideas que usted repite, que practica de modo tal que, esta cosa contra la cual está luchando, es gradualmente sumergida, reprimida, y usted piensa que ha transmutado el sexo llevándolo a un plano más elevado. El sexo es sexo, no puede transmutarlo. Pero usted puede, o bien quedar preso en esa energía que se vuelve devastadora o puede vivir en esa energía tan plenamente, de manera tan total, que sus actos sean completos. Tiene que reflexionar sobre esto muy cuidadosamente. No diga: “Me siento sexual; por lo tanto, voy a vivir completamente en eso”. A causa de que nuestras mentes y nuestros corazones están tan poco despiertos, son tan incompletos, tan inmaduros, encontramos deleite en la pasión. Llena nuestras mentes y nuestros corazones. Toda la civilización moderna está edificada sobre eso, sobre la sensación, porque siendo tan pequeños esperamos, por medio de las prácticas, vencer esa pequeñez -la cual tiene su existencia en nuestra mente y en nuestro corazón- y así transmutar nuestro sexo llevándolo a un plano más elevado. Así pues, mientras la mente y el corazón estén atrapados en las pequeñeces, usted tendrá todos estos problemas sexuales. Si la mente y el corazón son ricos, plenos, grandes, entonces estas cosas tendrán una importancia secundaria. Si usted es verdaderamente creativo al actuar como un ser humano completo, entonces no surge este problema. Entonces no hay problema. El problema existe sólo cuando el corazón y la mente están divididos en la acción contra sí mismos, y para superar esa división usted desea practicar, ¡Qué absurdo! De ese modo, mediante estas prácticas continuas, empequeñece más y más su mente y su corazón.

Por lo tanto, para comprender realmente y estar libre, descubra si su mente y su corazón están mutilados por el amoldamiento. Donde hay amoldamiento, no podrá haber liberación de la vida. El amoldamiento existe en tanto usted busque una recompensa, un logro, la creación de la autoridad; la consecuencia de ello es la limitación, la reducción de la libertad. En tanto haya limitación de la mente y del corazón, existirán todos los otros problemas, y si está buscando una solución -cuando dice “transmutar” eso es lo que está haciendo, buscando una solución-, una salida, un escape, está limitando meramente esa energía creativa, la cual es pensamiento, sentimiento, todo, la totalidad de su ser. 

4 de agosto de 1933