OBRAS COMPLETAS - TOMO 1 - J.K. - CONTINUACIÓN -

 SEGUNDA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN 

Amigos: Hoy quiero explicar que hay una manera de vivir naturalmente, espontáneamente, sin la constante fricción de la autodisciplina, sin la batalla constante del ajuste. Pero para comprender lo que voy a decir, tengan la bondad de considerarlo no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente. Deben sentirlo; porque la realización plena de la vida puede darse sólo cuando tanto sus emociones como sus pensamientos actúan en armonía. Cuando ustedes viven en armonía completa de la mente y el corazón, entonces la acción es natural, espontánea y exenta de esfuerzo. Las mentes, en su mayoría, buscan la seguridad. Queremos estar seguros. Investimos de autoridad a aquéllos que nos ofrecen esta seguridad, y les rendimos culto como nuestra autoridad porque nosotros mismos buscamos una certidumbre a la cual la mente pueda aferrarse, en la que pueda sentirse a salvo, segura. Si consideran la cuestión, encontrarán que casi todos ustedes vienen a escucharme porque están buscando certidumbre -certidumbre del conocimiento, certidumbre de un objetivo, de una verdad, de una idea- a fin de poder actuar a base de esa certidumbre, escoger por medio de esa certidumbre. La opción y las acciones de ustedes no despiertan el verdadero discernimiento o la verdadera percepción, porque están constantemente comprometidos en acumular conocimientos, experiencias, en descubrir distintas formas de ganar, en buscar autoridades que les proporcionen seguridad y consuelo, en esforzarse por desarrollar el carácter. Esperan, mediante todos estos intentos de acumulación, tener la garantía de la certidumbre; certidumbre que les quita toda duda y ansiedad, que les proporciona -al menos así lo esperan- la certeza de la opción. Con el pensamiento de la certidumbre, escogen confiando en ganar más comprensión. Así, en la búsqueda de certidumbre, se origina el miedo de ganar y perder lo ganado. De este modo, la vida se convierte en una escuela donde aprendemos a sentirnos seguros. ¿Acaso no es eso la vida de ustedes? Una escuela donde aprenden, no a vivir, sino cómo estar seguros. Para ustedes, la vida es un proceso de acumular, no una cuestión de vivir.

SEGUNDA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN Amigos: Hoy quiero explicar que hay una manera de vivir naturalmente, espontáneamente, sin la constante fricción de la autodisciplina, sin la batalla constante del ajuste. Pero para comprender lo que voy a decir, tengan la bondad de considerarlo no sólo intelectualmente, sino también emocionalmente. Deben sentirlo; porque la realización plena de la vida puede darse sólo cuando tanto sus emociones como sus pensamientos actúan en armonía. Cuando ustedes viven en armonía completa de la mente y el corazón, entonces la acción es natural, espontánea y exenta de esfuerzo. Las mentes, en su mayoría, buscan la seguridad. Queremos estar seguros. Investimos de autoridad a aquéllos que nos ofrecen esta seguridad, y les rendimos culto como nuestra autoridad porque nosotros mismos buscamos una certidumbre a la cual la mente pueda aferrarse, en la que pueda sentirse a salvo, segura. Si consideran la cuestión, encontrarán que casi todos ustedes vienen a escucharme porque están buscando certidumbre -certidumbre del conocimiento, certidumbre de un objetivo, de una verdad, de una idea- a fin de poder actuar a base de esa certidumbre, escoger por medio de esa certidumbre. La opción y las acciones de ustedes no despiertan el verdadero discernimiento o la verdadera percepción, porque están constantemente comprometidos en acumular conocimientos, experiencias, en descubrir distintas formas de ganar, en buscar autoridades que les proporcionen seguridad y consuelo, en esforzarse por desarrollar el carácter. Esperan, mediante todos estos intentos de acumulación, tener la garantía de la certidumbre; certidumbre que les quita toda duda y ansiedad, que les proporciona -al menos así lo esperan- la certeza de la opción. Con el pensamiento de la certidumbre, escogen confiando en ganar más comprensión. Así, en la búsqueda de certidumbre, se origina el miedo de ganar y perder lo ganado. De este modo, la vida se convierte en una escuela donde aprendemos a sentirnos seguros. ¿Acaso no es eso la vida de ustedes? Una escuela donde aprenden, no a vivir, sino cómo estar seguros. Para ustedes, la vida es un proceso de acumular, no una cuestión de vivir.

Ahora bien, yo diferencio entre el vivir y el acumular. Un hombre que vive de verdad, no tiene sentido de acumulación. Pero el hombre que busca certidumbre y seguridad, que busca un refugio desde el cual pueda actuar -el refugio del carácter, de la virtud-, ese hombre piensa en la vida como una acumulación y, en consecuencia, la vida se vuelve para él un proceso de aprendizaje, ganancia y lucha. Donde existe la idea de acumulación y ganancia, tiene que haber un sentido del tiempo y, en consecuencia, la acción es incompleta. Si estamos constantemente ocupados con una futura ganancia, con un futuro del que habremos de obtener provecho, desarrollo, mayor fuerza de adquisición, entonces nuestra acción en el presente tiene que ser, por fuerza, incompleta. Si nuestras mentes y nuestros corazones están buscando continuamente ganar, lograr, tener éxito, entonces nuestra acción, cualquiera que fuere, carece de un verdadero significado; nuestros ojos están fijos en el futuro, nuestras mentes sólo se interesan en el futuro. Por lo tanto, toda acción en el presente crea insuficiencia. De esta insuficiencia surge el conflicto, al cual tratamos de superar por medio de la autodisciplina. Discriminamos en nuestras mentes entre las cosas que deseamos ganar, a las que llamamos lo esencial, y las cosas que no deseamos adquirir, a las que llamamos lo no esencial. De este modo, hay una batalla constante, una continua lucha; en esta discriminación tiene su origen el sufrimiento. Explicará este punto de otra manera, porque a menos que lo vean y de verdad lo entiendan, no podrán comprender plenamente lo que habré de decir más adelante. Hemos hecho de la vida una escuela de aprendizaje continuo. Pero para mí la vida no es una escuela, no es un proceso de acumular en lo interno. La vida es para ser vivida naturalmente, plenamente, sin esta constante batalla de los conflictos, sin esta discriminación entre lo esencial y lo no esencial. En esta idea de la vida como una escuela, se origina el constante deseo de logro, de éxito y, por consiguiente, la búsqueda de un objetivo, el deseo de encontrar la verdad suprema, Dios, la perfección final que nos dará -al menos así lo esperamos- certidumbre; de aquí nuestros intentos continuos de ajustarnos a ciertas condiciones sociales, a exigencias morales y éticas, al desarrollo del carácter y al cultivo de las virtudes. Estas pautas y exigencias, si realmente reflexionamos sobre ellas, vemos que no son sino refugios desde los cuales actuamos, refugios desarrollados a causa de la resistencia. Ésta es la vida que vive la mayor parte de la gente, una vida de lucha constante para ganar, para acumular; por lo tanto, es una vida de insuficiencia en la acción. Siempre llevamos en nuestras mentes la idea de ganancia, la cual divide a la acción en pasada, presente y futura; debido a eso, jamás hay comprensión completa de la acción en sí. La mente piensa todo el tiempo en la ganancia y, por esto, no encuentra un sentido en la acción que la ocupa. Éste es, entonces, el estado en que vivimos. Para mí, ese estado es totalmente falso. La vida no es un proceso de acumular internamente, no es una escuela en la que tenemos que aprender, en la que tenemos que disciplinarnos, en la que existen esta lucha y resistencia constantes. Donde impera este permanente adquirir en lo interno, este deseo de acumulación, tiene que haber insuficiencia, la cual da origen al anhelo; si uno no anhela, no acumula. Y donde hay anhelo, no hay discernimiento, aun cuando pueda pasar por el proceso de la opción. Entonces ustedes me preguntan: “¿Cómo puedo librarme de este anhelo? ¿Cómo puedo librar a mi mente de este proceso de acumular en lo interno? ¿Cómo he de vencer estos obstáculos? Usted dice que la vida no es una escuela para que aprendamos en ella, pero ¿cómo he de vivir naturalmente? Enséñeme el camino por el que debo transitar, el método que debo practicar todos los días para vivir plenamente”. Entiendo que éste no es el modo de considerar el problema. La cuestión no es cómo han de vivir plenamente sino, más bien, qué los impulsa a esta constante acumulación; la cuestión no es cómo podrán librarse de la idea de adquirir, de acumular; antes bien, se trata de descubrir qué es lo que da origen en ustedes a este deseo de acumular. Espero que vean la diferencia Ahora consideran el problema desde el punto de vista de librarse de algo, de lograr el sentido de no adquisición, lo cual es exactamente igual que desear adquirir alguna cosa, ya que todos los opuestos son lo mismo. Entonces, ¿qué es lo que nos impide vivir naturalmente, armoniosamente? Yo sostengo que es este proceso de acumular, esta búsqueda de certidumbre. Entonces desean saber cómo librarse de la búsqueda de certidumbre. Les digo que no aborden el problema de este modo. La futilidad de la ganancia tendrá sentido para ustedes sólo cuando se hallen realmente en conflicto, cuando estén plenamente conscientes de la falta de armonía en sus acciones. Si no ven que están atrapados en el conflicto, entonces continúen del modo actual; si son en absoluto inconscientes de la lucha y del sufrimiento, si no se dan cuenta de su propia falta de armonía, entonces sigan viviendo como viven. No traten de ser espirituales, porque ni siquiera saben lo que eso significa. El éxtasis de la comprensión adviene sólo cuando hay un gran descontento, cuando se destruyen todos los valores falsos que los rodean. Si no están descontentos, si no se dan cuenta de la intensa falta de armonía que hay dentro y alrededor de ustedes, entonces no podrán encontrar sentido en lo que les digo sobre la futilidad de la acumulación. Pero si existe en ustedes esta divina rebelión, comprenderán cuando digo que la vida no es una escuela para aprender en ella, que la vida no es un proceso de acumulación constante, un proceso que contiene en sí este continuo anhelo que nos ciega. Entonces, esa rebelión misma, ese mismo sufrimiento, les proporciona la comprensión, porque despierta en ustedes la llama de la percepción alerta. Y cuando estén plenamente conscientes de que el anhelo los ciega, verán su pleno significado, y esta percepción disipa el anhelo. Entonces estarán libres del anhelo, libres de la acumulación interna. Pero si son inconscientes de esa lucha, de esa rebelión, no pueden sino continuar con la vida que viven, en un estado semidespierto. Cuando las personas sufren, cuando están atrapadas en el conflicto, ese sufrimiento mismo, ese conflicto debería mantenerlas intensamente despiertas; pero casi todas ellas sólo preguntan cómo librarse del anhelo. Cuando uno comprende el significado pleno que tiene el no desear adquirir, acumular, entonces ya no existe la lucha para librarse de algo.

Expresémoslo de otra manera: ¿Por qué pasan ustedes por el proceso de la autodisciplina? Lo hacen a causa del miedo. ¿Por qué tienen miedo? Porque anhelan seguridad, la seguridad que nos da un patrón social, una creencia religiosa o la idea de adquirir virtud. Entonces comienzan a disciplinarse. O sea, cuando la mente se halla esclavizada por la idea de la ganancia o el amoldamiento a un patrón, hay autodisciplina. El hecho de que estén despiertos al sufrimiento, no es sino la indicación de que la mente está procurando librarse de todos los patrones; pero cuando ustedes sufren, tratan inmediatamente de aquietar ese sufrimiento drogando a la mente con lo que llaman consuelo, seguridad, certidumbre. De ese modo, continúan con este proceso de buscar certidumbre, la cual no es otra cosa que un hipnótico. Pero si comprenden la ilusión de la certidumbre (y pueden comprenderla únicamente en la intensidad del conflicto; sólo a partir de éste puede tener comienzo una verdadera investigación), entonces el anhelo que da origen a la certidumbre, desaparece. La cuestión no es, entonces, cómo librarse del anhelo; es más bien ésta: ¿Nos hallamos plenamente conscientes cuando hay sufrimiento? ¿Están ustedes plenamente conscientes del conflicto, de la falta de armonía en la vida que los rodea y en su propia vida interna? Si lo están, entonces en esa llama de la conciencia alerta hay verdadera percepción, sin esta constante batalla del ajuste, de la autodisciplina. Sin embargo, el hecho de ver la falsedad de la autodisciplina no significa que uno puede ceder a la imprudencia, a la acción impetuosa. Por el contrario, la acción nace, entonces, de un estado de integridad.

Pregunta: ¿Puede haber felicidad cuando ya no hay más ninguna conciencia del “yo”? ¿Puede uno sentir siquiera algo, si la conciencia del “yo” se ha extinguido? 

KRISHNAMURTI: Ante todo, ¿qué entiende uno por la conciencia del “yo”? ¿Cuándo es usted consciente de este “yo”? Uno es consciente de sí mismo como “yo”, como una entidad, cuando sufre, cuando experimenta frustración, conflicto, lucha. Usted pregunta: “Si ese ‘yo’ no existe, ¿qué hay allí?” Le contesto que lo descubrirá sólo cuando su mente esté libre de ese “yo”; por lo tanto, no lo pregunte ahora. Cuando su mente y su corazón estén en armonía, cuando ya no se encuentren atrapados en el conflicto, lo sabrá. Entonces no preguntará qué es aquello que siente, qué piensa. En tanto exista esta conciencia del “yo”, tiene que existir el conflicto de la opción, desde el cual surgen las sensaciones de felicidad e infelicidad. O sea, que este conflicto le da el sentido de la conciencia limitada, del “yo”, con el cual la mente se identifica. Usted descubrirá esa vida que no se identifica con el “yo” o el “tú”, esa vida que es eterna, infinita, sólo cuando esta conciencia limitada se disuelva a sí misma. No es usted quien disuelve esa conciencia limitada; ella misma se disuelve. 

Pregunta: El otro día usted habló de la memoria como un obstáculo para la verdadera comprensión. Recientemente tuve la desgracia de perder a mi hermano. ¿Debo tratar de olvidar esa pérdida?

  KRISHNAMURTI: El otro día expliqué lo que entiendo por memoria. Trataré de explicarlo otra vez. Después de que usted ha visto una hermosa puesta del Sol, vuelve a su casa o a su oficina y empieza a vivir otra vez en esa puesta del Sol; dado que su casa o su oficina no son como usted quisiera que fueran, no son hermosas, para escapar de esa fealdad vuelve al recuerdo de esa puesta del Sol. De este modo, crea en su mente una distinción entre su casa, que no le proporciona alegría, y la cosa que le produce un gran deleite, la puesta del Sol. Así, cuando se enfrenta con circunstancias que no son agradables, regresa al recuerdo de lo que es gozoso. Pero si, en lugar de volverse a un recuerdo muerto, tratara de cambiar las circunstancias desagradables, estaría viviendo con intensidad en el presente y no en el pasado muerto. De esta manera, cuando uno pierde a alguien a quien amaba intensamente, ¿por qué este constante mirar hacia atrás, ese constante aferrarnos a eso que nos daba placer, este anhelo de tener otra vez a esa persona? 

Todos pasan por esto cuando experimentan una pérdida semejante. Escapan del dolor de esa pérdida volviendo al recuerdo de la persona que se ha ido, o viviendo en un futuro, en la creencia en el más allá -lo cual es también una especie de memoria-. Debido a que nuestras mentes se han desnaturalizado a causa del escape, a causa de su incapacidad para afrontar el sufrimiento abiertamente, con frescura, tenemos que volver sobre el recuerdo, y así el pasado invade al presente. El problema no es, entonces, si usted debe o no debe recordar a su hermano, a su mujer o a sus hijos; es, más bien, una cuestión de vivir de manera completa, total, en el presente, aunque eso no implica que sea indiferente hacia aquéllos que son cercanos a usted. Cuando vive de manera completa, total, en esa intensidad existe la llama del vivir, la cual no es la mera impresión de un acontecimiento. ¿Cómo ha de vivir uno de manera completa en el presente, de modo que la mente no se pervierta con recuerdos del pasado y anhelos del futuro, que son también memoria? Otra vez, la cuestión no es cómo debe uno vivir completamente. Porque cuando usted pregunta cómo, está buscando un método, un medio. Y, a mi entender, un método destruye la comprensión. Si uno sabe qué es lo que le impide vivir completamente, entonces uno mismo, desde su propia percepción alerta y su propia comprensión, se liberará de ese impedimento. Lo que le impide liberarse es su búsqueda de certidumbre, su anhelo continuo de ganancia, de acumulación, de logro. Pero no pregunte: “¿Cómo he de triunfar sobre estos obstáculos?”, porque todo triunfo no es sino un proceso de ulterior ganancia, de ulterior acumulación. Si esta pérdida está creando realmente sufrimiento en usted, si le genera realmente un dolor intenso -no superficial-, entonces no preguntará cómo; verá inmediatamente la futilidad de mirar hacia atrás o hacia adelante en busca de consuelo. Cuando la mayoría de las personas dice que sufre, ese sufrimiento no es sino superficial. Sufren, pero al mismo tiempo anhelan otras cosas: anhelan consuelo, tienen miedo y buscan maneras y medios de escapar. El sufrimiento superficial va siempre acompañado por el deseo de bienestar. El sufrimiento superficial es como un arado superficial del suelo; no consigue nada. Sólo cuando uno labra el suelo profundamente, hasta alcanzar la profundidad plena de la reja del arado, hay riqueza. En el estado de sufrimiento completo, hay comprensión completa; en ella, los obstáculos de los recuerdos -tanto del pasado como del futuro- dejan de existir. Entonces uno está viviendo en el presente eterno. Vea, comprender un pensamiento o una idea no implica sólo concordar con ella intelectualmente. Hay diversas clases de recuerdos: está el recuerdo que se impone a sí mismo sobre usted en el presente, el recuerdo hacia el cual usted se vuelve de manera activa y el recuerdo de anticipación que se proyecta hacia el futuro. Todas estas cosas le impiden vivir completamente. Pero no empiece a analizar sus recuerdos. No pregunte: “¿Qué recuerdo está impidiendo mi vivir completo?” Cuando pregunta de ese modo, no actúa; sólo examina intelectualmente la memoria, y un examen así carece de valor porque trata con una cosa muerta. De una cosa muerta no puede surgir la comprensión. Pero si de verdad está alerta en el presente, en el momento de la acción, entonces todos estos recuerdos entran en actividad y usted no necesita pasar por el proceso de analizarlos. 

Pregunta: ¿Piensa usted que es correcto criar a los hijos con una educación religiosa?

KRISHNAMURTI: Contestaré esta pregunta indirectamente, porque cuando ustedes comprendan lo que voy a decir, podrán contestarla específicamente por sí mismos. Vea, estamos influidos no sólo por las condiciones externas, sino también por una condición interna que desarrollamos. Al criar a un niño, los padres lo someten a muchas influencias y circunstancias limitadoras, una de las cuales es la educación religiosa. Ahora bien, si dejan que el niño crezca sin semejante obstáculo, sin influencias limitadoras, ya sea internas o externas, entonces el niño, a medida que vaya madurando, comenzará a cuestionar y descubrirá inteligentemente por sí mismo. Entonces, si desea religión, la tendrá, tanto si usted prohibe o si alienta en él la actitud religiosa. En otras palabras, si la mente y el corazón del niño no son influenciados ni obstaculizados, ya sea por normas externas o internas, entonces él descubrirá genuinamente lo verdadero. Esto requiere una gran percepción, una gran comprensión. Ahora bien, los padres quieren influir en el niño de un modo u otro. Si usted es muy religioso, quiere inducir al niño en el sentido de la religión; si no lo es, trata de alejarlo de la religión. Ayude al niño a ser inteligente; entonces él descubrirá por sí mismo el verdadero significado de la vida. 

Pregunta: Usted habla de la armonía del corazón y la mente en la acción. ¿Qué es esta acción? ¿Implica un movimiento físico, o la acción puede tener lugar cuando uno está completamente quieto y a solas?

 KRISHNAMURTI: La acción, ¿no implica pensamiento? ¿No es acción el pensamiento mismo? Usted no puede actuar sin pensar. Sé que mucha gente lo hace, pero su acción no es inteligente, no es armoniosa. El pensamiento es acción, la cual es también movimiento. Además, nosotros pensamos aparte de nuestro sentimiento, estableciendo así a otra entidad separada de nuestra acción. De este modo dividimos nuestras vidas en tres partes distintas: pensar, sentir, actuar. Por eso usted pregunta: “¿Es la acción puramente física? ¿Es puramente mental, o es emocional?” Para mí las tres cosas son una sola: pensar-sentir-actuar, no hay distinción. En consecuencia, puede usted estar solo y quieto por un rato o puede estar trabajando, moviéndose, actuando; ambos estados pueden ser acción. Cuando comprenda esto, no separará entre el pensar, el sentir y el actuar.

Para la mayoría de las personas, el pensar no es sino una reacción. Si es meramente una reacción, ya no es más un pensar, porque entonces carece de creatividad. La mayoría de los que dicen que piensan, no hace otra cosa que seguir ciegamente sus propias reacciones; tiene ciertas normas, ciertas ideas conforme a las cuales actúa. Estas personas han memorizado, y cuando dicen que piensan no hacen sino seguir estos recuerdos. Tal imitación no es un pensar; es un reflejo, una reacción. El genuino pensar existe sólo cuando uno descubre el verdadero valor de estas normas, de estas ideas preconcebidas, de estas seguridades.

Para exponerlo de una manera distinta: ¿Qué es la mente? La mente es el habla, el pensamiento, la consideración, la comprensión; es todas estas cosas y es también sentimiento. No podemos separar el sentir del pensar; la mente y el corazón son completos en sí mismos. Pero como a causa del conflicto hemos creado innumerables escapes, surge la idea del pensamiento como algo aparte del sentimiento, como algo aparte de la acción; en consecuencia, nuestra vida es incompleta, está fragmentada. 

Pregunta: Entre sus oyentes hay personas viejas y débiles de mente y cuerpo. También pueden encontrarse los adictos a las drogas, a la bebida y al tabaco. ¿Qué pueden hacer estas personas para cambiarse a sí mismas, cuando encuentran que no pueden cambiar por más que anhelan hacerlo?

 KRISHNAMURTI: Que permanezcan como están. Si de verdad anhelan cambiar, cambiarán. Vea, es justamente eso: intelectualmente ustedes anhelan cambiar, pero emocionalmente siguen atraídos por el placer de fumar o por el consuelo de una droga. Entonces preguntan: “¿Qué debo hacer? Quiero dejar esto, pero al mismo tiempo no quiero dejarlo. Por favor, dígame cómo puedo hacer ambas cosas”. Suena divertido, pero es realmente lo que ustedes preguntan. Ahora bien, si abordan el problema totalmente, no con la idea de querer o no querer, dejar o no dejar, descubrirán si realmente desean o no desean fumar. Si encuentran que en realidad lo desean, entonces fumen. De ese modo descubrirán el verdadero valor de ese hábito, sin llamarlo constantemente inútil mientras continúan con él. Si abordan el acto de manera completa, total, entonces no dirán: “¿Debo dejar de fumar o no?” Pero ahora desean fumar porque eso les proporciona una sensación placentera, y al mismo tiempo no lo desean porque mentalmente ven el absurdo que implica. Por lo tanto, comienzan a disciplinarse diciendo: “Tengo que sacrificarme; tengo que abandonar esto”. 

Pregunta: ¿No está usted de acuerdo en que el hombre ganará el reino de los cielos mediante una vida totalmente dedicado al servicio, como la de Jesús?

KRISHNAMURTI: Espero que no le choque cuando le diga que el hombre no ganará el reino de los cielos de esa manera. Ahora vea lo que está diciendo: “Mediante el servicio obtendré algo que deseo”. Su declaración implica que usted no sirve de manera completa; busca obtener una recompensa por su servicio. Dice: “Mediante una conducta virtuosa conoceré a Dios”. Es decir, lo que le interesa realmente no es la conducta virtuosa sino conocer a Dios; separa así a Dios de la conducta virtuosa. Pero no es mediante el servicio, ni mediante el amor o la adoración o la plegaria, sino sólo en la acción misma, donde se encuentra la verdad, Dios, ¿Comprende? Cuando usted pregunta: “¿Ganaré el reino de los cielos mediante el servicio?”, su servicio no tiene sentido, porque usted se interesa fundamentalmente en el reino de los cielos, se interesa en obtener algo a cambio; es una especie de trueque, como lo es la mayor parte de nuestra vida. Por lo tanto, cuando dice: “Mediante la virtud, mediante el amor, llegaré, realizaré”, lo que le interesa es la realización, la cual no es más que un escape, una forma de imitación. Por eso, su amor o su acto virtuoso no tiene sentido. Si usted es bondadoso conmigo porque puedo darle algo a cambio, ¿qué significación tiene su bondad? Ése es todo el proceso de nuestra vida. Tenemos miedo de vivir. Sólo cuando alguien cuelga una recompensa ante nuestros ojos, nos decidimos a actuar, y entonces actuamos no por la acción misma, sino con el fin de obtener esa recompensa. En otras palabras, actuamos por lo que podemos conseguir gracias a la acción. Lo mismo ocurre con nuestras plegarias. O sea: debido a que nuestra acción carece en sí misma de significado, a que creemos que necesitamos un estímulo para actuar correctamente, hemos puesto delante de nosotros una recompensa, algo que deseamos, y confiamos en que ese aliciente, ese juguete nos dará satisfacción. Pero cuando actuamos con la esperanza de una recompensa, la acción en sí misma nada significa. Por eso digo que están atrapados en este proceso de recompensa y ganancia, en este obstáculo nacido del temor, todo lo cual se deriva en conflicto. Cuando vean esto, cuando tengan plena conciencia de esto, entonces comprenderán que la vida, la conducta, el servicio, todo, tiene significación en sí mismo. Entonces uno ya no pasa por la vida con el propósito de obtener alguna otra cosa, porque sabe que la acción misma tiene un valor intrínseco. Entonces no es meramente un reformador, es un ser humano; conoce esa vida que es flexible y, por lo tanto, eterna. 

8 de septiembre de 1933

OBRAS COMPLETAS - TOMO 1 - CONTINUACIÓN -

 PRIMERA PLÁTICA EN FROGNERSETEREN 

Amigos: Nuestra búsqueda misma de una comprensión de la vida, de su significado, nuestra lucha por abarcar toda la esencia de la vida o de descubrir la verdad, destruye nuestra comprensión. En esta plática voy a tratar de explicar que donde existe una búsqueda con el fin de comprender la vida, de descubrir su significado, esa búsqueda misma pervierte nuestro juicio. Si sufrimos, deseamos una explicación de ese sufrimiento; sentimos que si no buscamos, si no tratamos de descubrir el sentido de la existencia, no estamos progresando o ganando en sabiduría. Así, hacemos constantemente un esfuerzo para comprender, y en esa búsqueda de comprensión establecemos, consciente o inconscientemente, una meta hacia la cual somos impulsados. Establecida una meta, el ideal de una vida perfecta, tratamos de ser auténticos respecto de esa meta, de ese propósito. Lo mismo con un principio o una creencia; una vez establecidos, procuramos ser auténticos al respecto. Así es como tratamos de ser fieles a una experiencia que no hemos comprendido sino sólo parcialmente. Mediante este proceso afirmamos una dualidad. A causa de que no entendemos lo inmediato con sus problemas y sus convenciones, a causa de que no comprendemos el presente, establecemos una idea, una meta, un propósito hacia el cual tratamos de avanzar.

Como no nos hallamos preparados para estar alerta en el acto de afrontar al sufrimiento totalmente tal como se presenta -puesto que no tenemos la capacidad de enfrentarnos directamente a la experiencia-, tratamos de establecer una meta y ser consecuentes con ella. De tal modo, desarrollamos una dualidad en la acción, en el pensamiento y en el sentimiento, y de esta dualidad surge un problema. En ese desarrollo de la dualidad, radica la causa del problema. Todos los ideales deben serlo, por fuerza, respecto del futuro. Una mente dividida, una mente que se esfuerza en pos del futuro, no puede comprender el presente y, de ese modo, desarrolla una dualidad en la acción. Ahora bien, habiendo creado un problema, un conflicto, y sin poder afrontar de manera total el presente, tratamos de encontrar una solución para el problema. Eso es lo que constantemente hacemos, ¿no es así? Todos tenemos problemas. Casi todos ustedes están aquí porque piensan que voy a ayudarles a resolver sus numerosos problemas, y se sentirán decepcionados cuando les diga que no puedo resolverlos. Lo que voy a hacer es tratar de mostrarles la causa del problema, y entonces ustedes, al comprenderla, podrán resolver el problema por sí mismos. El problema existe mientras la mente y el corazón actúan divididos. O sea, cuando hemos fijado una idea en el futuro y tratamos de ser consecuentes con ella, somos incapaces de afrontar de manera completa el presente; así, habiendo creado un problema, tratamos de buscar una solución, la cual no es sino un escape. Imaginamos que encontramos soluciones para diversos problemas, pero al encontrar soluciones no los hemos resuelto verdaderamente, no hemos comprendido la causa del problema. Tan pronto hemos resuelto un problema surge otro, y así continuamos hasta el fin de nuestras vidas, buscando soluciones a una interminable serie de problemas. En esta plática quiero explicar la causa del problema y la manera de disolverla. Como he dicho, un problema existe en tanto hay reacción, ya sea una reacción a pautas externas o una reacción a pautas internas, como cuando dicen: “Debo ser fiel a esta idea”’, o “debo ser fiel a esta creencia”. Las personas más educadas han descartado las pautas externas, pero han desarrollado pautas internas. Descartarnos una norma externa porque hemos creado una norma interna a la cual tratamos de ser fieles, una norma que continuamente está guiándonos y moldeándonos, una norma que origina dualidad en nuestra acción. En tanto haya normas a las cuales tratemos de ser fieles, habrá problemas y, en consecuencia, existirá la continua búsqueda de solución para estos problemas.

Estas pautas, estas normas internas existen mientras no afrontamos de manera total las experiencias e incidentes de la vida. En tanto haya un principio que guíe nuestras vidas y al cual tratemos de ser fieles, tiene que haber dualidad en la acción y, por ende, un problema. Esa dualidad existirá en tanto haya conflicto, y el conflicto existe dondequiera se encuentra la limitación de la conciencia propia, el “yo”. Aun cuando hayamos descartado las normas externas y hayamos encontrado para nosotros mismos un principio interno, una ley interna a la cual tratamos de ser fieles, sigue habiendo discriminación en nuestros actos y, por esto, la comprensión es incompleta. Sólo cuando comprendemos, cuando ya no vamos en busca de la comprensión, hay una existencia fluida y sin esfuerzos. Por lo tanto, cuando digo que no busquen una solución, que no vayan a la búsqueda de un objetivo, no quiero decir que deban volverse a lo opuesto y estancarse. Mi pregunta es: ¿Por qué buscan una solución? ¿Por qué son incapaces de afrontar la vida abiertamente, desnudamente, de manera simple y plena? Es porque todo el tiempo están tratando de ser consecuentes. Por lo tanto, ejercitan la voluntad para vencer el obstáculo inmediato; hay, conflicto, y ustedes no procuran descubrir la causa del conflicto. Para mí, esta continua búsqueda de la verdad, de la comprensión, de una solución para los diversos problemas, no es progreso; este ir de un problema a otro no es evolución. Sólo cuando la mente y el corazón afrontan de manera completa cada idea, cada incidente, cada experiencia, cada expresión de la vida, sólo entonces puede haber un devenir constante que no es estancamiento. Pero la búsqueda de una solución, búsqueda que llamamos erróneamente progreso, no es otra cosa que estancamiento. 

Pregunta: ¿Quiere usted decir que tarde o temprano e inevitablemente, todos los seres humanos obtendrán, en el curso de la existencia, la perfección, la liberación completa respecto de todo cuanto los ata? Si es así, ¿por qué hacer un esfuerzo ahora?

KRISHNAMURTI: Vea, yo no estoy hablando de la masa. Para mí no existe esta división del individuo y la masa. Les hablo a ustedes como individuos. Después de todo, la masa no es sino usted mismo multiplicado. Si usted comprende, transmitirá comprensión. La comprensión es como la luz que disipa la oscuridad. Pero si usted no comprende, si lo que digo lo aplica tan sólo al otro hombre, al hombre de allá afuera, entonces no hace sino aumentar la oscuridad. Por lo tanto, quiere saber si usted -no este hombre imaginario de la masa- obtendrá inevitablemente la perfección. Si así fuera, piensa, ¿por qué hacer esfuerzo alguno en el presente? Estoy completamente de acuerdo. Si piensa que realizará inevitablemente el éxtasis del vivir, ¿por qué preocuparse? Sin embargo, por estar atrapado en el conflicto, hace usted un esfuerzo. Lo expondré de un modo diferente: es como decir que un hombre hambriento encontrará inevitablemente un medio para satisfacer su hambre. ¿Cómo le ayudará hoy que usted le diga que él será alimentado de aquí a diez días? Durante ese tiempo puede estar muerto. Así que la pregunta no es: “¿Existirá finalmente la perfección para mí como individuo?” Es, más bien: “¿Por qué hago este esfuerzo incesante?”

En mi sentir, un hombre que está persiguiendo la virtud, ha dejado de ser virtuoso. No obstante, es lo que hacemos todo el tiempo. Tratamos de ser perfectos, nos comprometemos en este esfuerzo incesante por ser alguna cosa. Pero si hacemos un esfuerzo porque realmente estamos sufriendo y ansiamos librarnos de ese sufrimiento, entonces nuestro interés principal no es la perfección; no sabemos qué es la perfección, sólo podemos imaginarla o leer al respecto en los libros. Por consiguiente, tiene que ser ilusoria. Lo que nos interesa fundamentalmente no es la perfección, sino la pregunta: “¿Qué es lo que da origen a este conflicto que exige esfuerzo?” 

Pregunta: ¿No es siempre perfecto el hombre espiritual? 

KRISHNAMURTI: Un hombre espiritual puede que lo sea, pero nosotros no. Es decir, tenemos un sentido de la dualidad; pensamos en un hombre superior que es perfecto y en un hombre inferior que no lo es, y pensamos en el superior como procurando dominar al inferior. Por favor, trate de seguir esto por unos instantes, ya sea que concuerde o discrepe. Usted sólo puede conocer el presente conflicto; no puede conocer la perfección mientras se halla en conflicto. Así que no necesita interesarse en la perfección, en la cuestión de si el hombre es o no es perfecto, si el espíritu es o no es perfecto, si el alma es perfecta o no lo es; eso no le concierne. Pero sí le concierne, por cierto, lo que da origen al sufrimiento. Vea, un hombre confinado en una prisión se interesa en destruir esa prisión para ser libre; no se ocupa de la libertad como una idea abstracta. Ahora bien, usted no se interesa en la causa del sufrimiento, sino en el modo de escapar del sufrimiento hacia la perfección. Por consiguiente, quiere saber si, como individuo, realizará alguna vez la perfección. Yo le digo que eso no es lo fundamental. Lo fundamental es: ¿Tiene usted conciencia en el presente, percibe en el presente, de manera completa, las limitaciones que crean el sufrimiento? Si conoce la causa del sufrimiento, gracias a eso sabrá qué es la perfección. Pero no puede conocer la perfección antes de estar libre del sufrimiento. Ésa es la causa de la limitación. Por lo tanto, no pregunte si alguna vez obtendrá la perfección, si el alma es perfecta o si el Dios que hay en usted es perfecto; tome, más bien, plena conciencia de las limitaciones de su mente y de su corazón. Y estas limitaciones puede descubrirlas sólo cuando actúa, cuando no trata de imitar una idea o una guía o un principio. Vea, nuestras mentes están obstruidas con patrones nacionales e internacionales, con normas que hemos recibido de nuestros padres y normas que nosotros mismos hemos desarrollado. Afrontamos la vida guiados por estas normas. En consecuencia, somos incapaces de comprender. Sólo podemos comprender cuando nuestras mentes son de verdad sencillas, frescas, entusiastas, no cuando están agobiadas por las ideas. Ahora cada uno de nosotros tiene muchas limitaciones, limitaciones de las que somos por completo inconscientes. La pregunta misma: “¿Existe la perfección?”, implica la conciencia de la limitación. Pero uno no puede descubrir estas limitaciones analizando el pasado. El intento de analizarse es destructivo, pero es lo que ustedes tratan de hacer. Dicen: “Sé que tengo muchas limitaciones; por lo tanto, las examinaré. Buscaré y descubriré cuáles son mis barreras y limitaciones y entonces seré libre”. Cuando proceden así, no hacen sino crear un nuevo conjunto de barreras, de obstáculos. Para descubrir realmente los falsos patrones y las barreras del pasado, tienen que actuar con percepción plena en el presente, y en esa actividad toman conciencia de todos los obstáculos ocultos. Experimente y lo verá. Comience por moverse con percepción plena, con una conciencia plenamente despierta en la acción, y verá que tiene innumerables barreras, creencias, limitaciones que le impiden actuar libremente.

Digo, por lo tanto, que el autoanálisis, el análisis para descubrir la causa en el pasado, es falso. Ustedes no pueden descubrir jamás desde aquello que está muerto, sino sólo desde lo que está vivo; y lo que está vivo se halla siempre en el presente y no en el pasado. Lo que deben hacer es enfrentarse al presente con plena percepción alerta. 

Pregunta: ¿Quién es el salvador de almas? 

KRISHNAMURTI: Si uno piensa por un instante en la frase “el salvador de almas”, ve que no tiene sentido. ¿Qué es lo que queremos decir con “un alma”? ¿Una entidad individual? Por favor, corríjame si me equivoco. ¿Qué queremos decir cuando hablamos acerca de un alma? Nos referimos a una conciencia limitada. Para mí, sólo existe esa vida eterna, en contraste con la conciencia limitada que llamamos el “yo”. Cuando ese “yo” existe, hay dualidad: el alma y el salvador de almas, lo inferior y lo superior. Usted puede comprender la completa unidad de la vida sólo con la cesación de la conciencia del sí mismo, del “yo”, la cual crea la dualidad. Para mí, la inmortalidad, ese devenir eterno, no tiene nada en común con la individualidad. Si el hombre puede liberarse de sus numerosas limitaciones, entonces esa libertad es la vida eterna; la mente y el corazón conocen la eternidad. Pero el hombre no puede descubrir la eternidad mientras existe la limitación.

Por lo tanto, la pregunta: “¿Quién es el salvador de almas?”, pierde toda significación. La pregunta se suscita porque miramos la vida desde el punto de vista de la conciencia autolimitada que llamamos el “yo”. Por eso decimos: “¿Quién me salvará? ¿Quién salvará mi alma?” Nadie puede salvarlo. Ustedes han mantenido esa creencia por siglos y, no obstante, están sufriendo; sigue habiendo un caos completo en el mundo. Usted, mismo tiene que comprender; nada puede darle sabiduría excepto su propia acción en el presente, la cual debe crear armonía exenta de conflicto. Sólo de ahí puede surgir la sabiduría. 

Pregunta: Algunos dicen que su enseñanza es sólo para los eruditos y los intelectuales y no para las masas, las que están predestinadas a la lucha constante y al sufrimiento en la vida cotidiana. ¿Está de acuerdo? 

KRISHNAMURTI: ¿Usted qué dice? ¿Por qué debería yo estar de acuerdo o en desacuerdo? Tengo algo que decir y lo digo. Me temo que no es el erudito el que comprenderá. Tal vez esta breve historia aclare lo que quiero decir: Cierta vez, un mercader que tenía un poco de tiempo disponible, fue a ver a un sabio de la India y le dijo: “Tengo una hora para concederle; por favor, dígame qué es la verdad”. El sabio contestó: “Usted ha leído y estudiado muchos libros. Lo primero que tiene que hacer, es suprimir todo lo que ha aprendido”. Lo que yo digo no sólo es aplicable a la clase ociosa, a las personas que se supone son inteligentes, muy educadas -empleo deliberadamente las palabras se supone-, sino también a las así llamadas masas. ¿Quienes mantienen a las masas en la dura faena cotidiana? Los inteligentes, los que son supuestamente instruidos, ¿no es así? Pero si fueran de verdad inteligentes, encontrarían una manera de liberar de la dura faena cotidiana a las masas. Lo que yo digo es aplicable no sólo a las personas instruidas, sino a todos los seres humanos.

Usted tiene tiempo libre para escucharme. Puede que diga: “Bien, lo he entendido un poco; por lo tanto, voy a usar ese poco de comprensión para cambiar al mundo”. Pero de ese modo no cambiará ni modificará al mundo. Puede que escuche por un rato y quizá piense que ha comprendido algo y se diga: “Voy a usar este conocimiento para reformar al mundo”. Tal reforma sería meramente a base de remiendos. Pero si de verdad comprendió lo que estoy diciendo, creará perturbación en el mundo -esa inquietud emocional y mental que da origen a un mejoramiento de las condiciones-. Es decir, si comprende tratará de crear un estado de descontento a su alrededor, y eso puede hacerlo sólo si cambia usted mismo; no puede hacerlo si piensa que lo que digo es aplicable sólo para el erudito y no para usted. El hombre en la calle es usted. Así que la pregunta es: Usted, ¿comprende lo que estoy diciendo? Si se halla intensamente atrapado en el conflicto, necesita descubrir la causa de ese conflicto. Ahora bien, si está plenamente consciente del conflicto, encontrará que su mente trata de escapar, procura evitar tener que enfrentarse de un modo completo con ese conflicto. No es cuestión de si me comprende o no, sino si usted, como individuo, está plenamente alerta, despierto como para enfrentarse de un modo completo con la vida. ¿Qué le impide hacerlo? Ése es el punto clave. Lo que le impide afrontar la vida de un modo total es la continua acción de la memoria, de un patrón mental que da origen al temor.

Pregunta: Según usted, parece no haber conexión entre el intelecto y la inteligencia. Pero habla de una inteligencia despierta como uno podría hacerlo respecto de un intelecto adiestrado. ¿Qué es la inteligencia y cómo puede ser despertado? KRISHNAMURTI: Adiestrar el intelecto no da como resultado la inteligencia. Antes bien, la inteligencia adviene cuando uno actúa en perfecta armonía, tanto intelectual como emocionalmente. Hay una diferencia inmensa entre intelecto e inteligencia. El intelecto es meramente pensamiento que funciona independientemente de la emoción. Cuando el intelecto, sin tener en cuenta a la emoción, es adiestrado en una dirección particular, uno puede tener un gran intelecto pero no tiene inteligencia, porque en la inteligencia hay una capacidad inherente tanto de sentir como de razonar; en la inteligencia ambas capacidades están igualmente presentes de manera intensa y armónica. Ahora bien, la educación moderna desarrolla el intelecto, ofreciendo más y más explicaciones de la vida, más y más teorías, sin la armoniosa calidad del afecto. Así, hemos desarrollado mentes hábiles para escapar del conflicto; en consecuencia, nos satisfacen las explicaciones que nos dan los científicos y los filósofos. La mente -el intelecto- está satisfecha con estas innumerables explicaciones, pero la inteligencia no lo está porque, para comprender, el corazón y la mente tienen que estar completamente unidos en la acción. O sea, ahora ustedes tienen una mente comercial, una mente religiosa, una mente sentimental. Sus pasiones no tienen nada que ver con los negocios; la mente utilitaria de todos los días no tiene nada que ver con sus emociones, y ustedes dicen que esta condición no puede ser cambiada. Dicen que si introducen las emociones en los negocios, éstos no pueden ser bien manejados o ser honestos. Así, dividen la mente en compartimentos: en un compartimento guardan su interés religioso, en otro sus emociones, en un tercero su interés por los negocios, el cual nada tiene que ver con su vida intelectual y emocional. La mente comercial trata a la vida meramente como un medio de ganar dinero para vivir. Así es como continúa esta existencia caótica de ustedes, esta división que hacen de la vida.

Si realmente usaran su inteligencia en los negocios, o sea, si sus emociones y su pensamiento actuaran armoniosamente, sus negocios podrían fracasar. Probablemente fracasarían. Y es probable que los dejaran fracasar si realmente sintieran el absurdo, la crueldad y la explotación que contiene esa forma de vivir. Hasta que realmente lo aborden todo en la vida con inteligencia en vez de hacerlo meramente con el intelecto, ningún sistema en el mundo salvará al hombre de la incesante y dura lucha por el pan. Pregunta: Usted habla a menudo de la necesidad de comprender nuestras experiencias. ¿Querría explicar qué entiende por comprender una experiencia en el verdadero sentido? KRISHNAMURTI: Para comprender una experiencia plenamente, debemos llegar a ella de una manera nueva cada vez que la afrontamos. Para comprender una experiencia, ha de tener usted una claridad abierta y natural de mente y corazón. Pero nosotros no abordamos las experiencias de la vida con esa actitud. La memoria nos impide abordar la experiencia abiertamente, desnudamente. ¿No es así? La memoria nos impide encarar la experiencia de un modo total; por lo tanto, nos impide comprenderla completamente, ¿Cuál es, entonces, la causa de la memoria? Para mí, no es sino el signo de una comprensión incompleta. Cuando afrontamos una experiencia de modo total, cuando la vivimos plenamente, esa experiencia o ese acontecimiento no deja la cicatriz del recuerdo. Sólo cuando vivimos parcialmente, cuando no nos enfrentamos a la experiencia de un modo total, hay recuerdo; sólo en la insuficiencia hay recuerdo. ¿No es así? Tomemos, por ejemplo, nuestra consecuencia con un principio. ¿Por qué somos consecuentes? Porque no podemos afrontar la vida de una manera abierta, franca; por lo tanto, decimos: “Debo tener un principio que me guíe”. De aquí la lucha constante por ser consecuentes, y con esa memoria como trasfondo, encaramos cada acontecimiento de la vida. Así, nuestra comprensión es incompleta porque abordamos la experiencia con una mente ya cargada. Sólo cuando nos enfrentemos a todas las cosas, cualesquiera que fueren, con una mente aliviada de sus cargas, sólo entonces, tendremos verdadera comprensión.

“Pero”, dicen ustedes, “¿qué he de hacer con todos los recuerdos que tengo?” No pueden descartarlos. Pero pueden afrontar de manera total la experiencia siguiente; entonces verán cómo esos recuerdos del pasado entran en acción, y entonces es el momento de encararlos y disolverlos. Por consiguiente, lo que produce una verdadera comprensión no es el residuo de muchas experiencias. No podemos encarar totalmente las nuevas experiencias cuando el residuo de las experiencias pasadas carga nuestra mente. Sin embargo, ése es el modo como las encaramos. O sea, nuestra mente ha aprendido a ser cauta, a ser astuta, a actuar como una señal, a dar un aviso; por lo tanto, no podemos encarar de manera plena ningún acontecimiento. Para liberar de la memoria a la mente, para liberarla de esta carga de la experiencia, tenemos que encarar la vida plenamente; en esa acción entran en actividad los recuerdos del pasado y se disuelven en la llama de la percepción alerta. Pónganlo a prueba y lo verán. Cuando se vayan de aquí se encontrarán con los amigos; verán la puesta del Sol, las largas sombras. Estén plenamente atentos en estas experiencias y encontrarán que suben a la superficie toda clase de recuerdos; en la aguda percepción alerta comprenderán la falsedad y la fuerza de estos recuerdos y podrán disolverlos. Entonces afrontarán en estado de atención total cada experiencia de la vida. 

6 de septiembre de 1933